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jueves, 25 de abril de 2024

Reseña de "Lo que no te conté", novela de Julieta Tonello



Por Mariano Pacheco, para Perfil cultura

 

   

 ROSARIO: CIUDAD DE SUICIDIOS, AMORES Y ASESINATOS


Salud mental, violencia urbana, neurótico entramado familiar, miedos íntimos, ansiedades personales. Lógica de narrativa epistolar, presencia de la oralidad en la escritura, monólogo interno pasado al papel que busca dar cuenta de un entrelazamiento de las tragedias íntimas, sociales– que atraviesan muchas veces nuestras vidas. Todo eso puede leerse en esta primera novela de Julieta Tonello, texto en donde el fluir de la conciencia, de las fantasías, de los fantasmas también, resultan fundamentales. Si para muchas personas cuesta realizar aquello que Freud caracterizó como el “trabajo del duelo” cuando alguien cercano muere: ¿cómo tramitar un intento de suicidio y sobrellevar la idea siempre presente de que “eso” puede volver a suceder?

 

Todo aquello que con estas temáticas podría aparecer como una suerte de “novela familiar del neurótico”, sumergida en una encerrona narrativa de tipo “familiarismo burgués”, es trabajado en Lo que no conté de una manera que logra destaponar la madriguera: el intento de suicidio de la madre, el hecho violento de la muerte de un amigo, la muerte de un gato querido o de un adorado naranjo (como en Mi planta de naranja lima, de Vasconcellos), conecta aquí con la violencia urbana de una ciudad real que no se oculta en los procedimientos de la ficción. Rosario, o más precisamente, la zona sur de la ciudad (con sus marcas de bares y de plazas), se presenta de manera ambivalente y contundente: “la belleza de estos lares se abre sólo para quienes han crecido aquí, pero resulta invisible para los visitantes o los recién llegados”, dice/ escribe la protagonista, quien remata: “amo a mi barrio a pesar de su fama”.

 

La novela publicada por Casa grande logra captar algo de esa mutación subjetiva que acontece en estos años en una ciudad tan dinámica que se viene viendo atravesada por aquello que el narco instala en la vida cotidiana: el miedo. Pero también y en simultáneo– por los miedos que trae la vida adulta, y la dificultad por hacerse de una vida en medio de los fantasmas que nos acompañan en el trajinar de una existencia: los amores posibles y los que nos negamos por miedo o indecisión; los modelos que abominamos pero que nos determinan comportamientos; los enredos de los que muchas veces no podemos salir.

 

¿Qué puede un libro en el encuentro con un lector, con una lectora? Nunca se sabe y allí radica uno de los bellos secretos de la producción literaria. En Lo que no te conté, de Julieta Tonello, la propia materialidad del objeto y sus encantos aparece en lo que este cronista considera una de las partes más logradas de la novela: la narración de una “fiesta familiar de navidad”, el cuerpo que lo sintomatiza todo en las horas previas a la noche buena (antes de que sea la tarde del 25 de diciembre, cuando “las cosas volvían a la normalidad”) y la imagen lectora de un 24: “pasé los dedos por el lomo del cuero para reconfortarme: con un libro a la derecha del plato me sentía más segura. No sé bien quien soy cuando no estoy leyendo ni escribiendo, pero sí sé que me siento menos yo”.

 

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