EL DISCO SE PRESENTÓ EL SÁBADO 3 DE DICIEMBRE
martes, 6 de diciembre de 2016
Las Tranqui Punki en La luna con gatillo
En diálogo con Mariano Pacheco, la baterista de Tranki Punki, Sofía Dem, visitó la "trinchera radiofónica" para anunciar la presentación de su primer disco: "No me digas que no pasa nada", hablar sobre la trayectoria de grupo, sus influencias musicales, los lugares en donde eligen tocar y sus modos de ver el punk en la Argentina actual. Una de las siete integrantes de una de las bandas más destacadas hoy en día en Córdoba participó del último programa de esta segunda temporada (2016) de La luna con gatillo: una crítica política de la cultura. Escuchá la entrevista:
domingo, 4 de diciembre de 2016
Miguel Mazzeo habla sobre Cooke, el peronismo y la intelectualidad crítica en la actualidad
En diálogo con Mariano Pacheco, el historiador y ensayista Miguel Mazzeo se refirió a su último libro, "El hereje. Apuntes sobre John William Cooke", en el marco del programa radial semanal "La luna con gatillo: una crítica política de la cultura".
Recientemente
publicado por la editorial El colectivo, El hereje. Apuntes de
John William Cooke, de Miguel Mazzeo, recupera el itinerario
biográfico y político del militante que comenzó su militancia
universitaria ligado al radicalismo, fue electo diputado siendo un
joven de 25 años durante el primer peronismo y culminó sus días
siendo uno de los principales ideólogos de lo que con el tiempo pasó
a llamarse la izquierda peronista o el peronismo revolucionario,
previo paso por la Cuba socialista, en la que se ganó la confianza
de Ernesto Che Guevara. Para hablar d esu figura, de su actualidad y
la actualidad del peronismo, conversamos con Miguel Mazzeo,
historiador, ensayista crítico que desde hace años viene trabajando
sobre la figura y las ideas de “El Bebe” y “El Amauta” José
Carlos Mariátegui, el símbolo más emblemático del socialismo
Latinoamericano.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Traslado de presas federales de Santa Fe a otras provincias:
¿Qué
paso con los derechos de las detenidas?*
Por
Mariano Pacheco
Desde
la Universidad Nacional del Litoral denuncian “criminalización de
la superviviencia de las mujeres” y violación del derecho a
estudiar. El viejo tema del presupuesto y la reactualización de una
disputa entre las gestión del Estado nacional, y el provincial.
El
problema viene de larga data, pero con el cambio de situación
política nacional algunas áreas de la gestión estatal se pudieron
más “sensibles” que otras y el viejo tema del presupuesto
reactualizó en Santa Fé una vieja disputa entre las gestión del
Estado nacional, y el provincial, respecto de los fondos que la
primera debe girar a la segunda.
Todo
comenzó cuando en julio pasado cinco mujeres detenidas por causas
federales en la Unidad Penitenciaria Nº 4 de la ciudad de Santa Fe
fueron trasladas hacia el Complejo Penitenciario Federal Nº 33 de
Ezeiza. Entonces, desde el Programa de Educación Universitaria en
Prisiones (PEUP) de la Universidad
Nacional del Litoral (UNL) acompañaron a los familiares de la
detenidas en su reclamo, intentaron visibilizar la problemática en
los medios de comunicación provinciales y presentaron hábeas corpus
colectivos y preventivos, que finalmente no prosperaron. Todo parecía
haber quedado ahí. Una de las cinco detenidas trasladas pertenecía
al programa educativo, que en dicho establecimiento contaba con
nueve, de las cuales solo cuatro eran presas provinciales.
Tres
meses más tarde se produce el traslado coactivo de otras cinco
mujeres más desde el mismo establecimiento santafecino hacia la
Unidad Federal N º 13 de la ciudad de La Pampa. Y otra vez, entre el
contingente de mujeres privadas de su libertad se encontraba una
integrante del Programa de Educación Universitaria en Prisiones.
Polémica
desatada
“Nosotros
denunciamos que lo que sucedió en julio fue parte de la primera
etapa de un plan masivo de movilización de las presas federales
alojadas en la ciudad de Santa Fe a cárceles federales”, comenta
Carolina D’Amelio, integrante Programa de Educación Universitaria
en Prisiones. En diálogo con la revista
Zoom,
que se hizo presente en ciudad para conversar sobre la problemática,
D’Amelio destaca el hecho de que no
se utilice ningún tipo de
criterio
en
el
traslado
de
las
mujeres:
“no
han
contemplado,
por ejemplo,
si las
detenidas tenían
hijos
menores, o
cuánto
tiempo les quedaba para salir en libertad, o
cual es el
lugar de residencia
de su familias, mucho
menos sus
trayectorias educativas o laborales”, remata
la joven académica.
Si
bien la vinculación entre las mujeres detenidas y la UNL se produce
formalmente a través de un “espacio virtual”, puesto que el
programa es “a distancia”, quienes coordinan dicha experiencia
–como D’Amelio-- establecen
un vínculo con las mujeres detenidas porque hacen un seguimiento del
proceso de aprendizaje y las asesoran en el uso de las computadoras y
la plataforma virtual. Como parte del compromiso con ese vínculo es
que han asumido la denuncia de la situación por la que atraviesan
hoy las presas y presos federales alojados en la provincia de Santa
Fe, que se estima en alrededor de 300.
La
provincia de Santa Fe no cuenta con cárceles federales en su
territorio. De allí que las personas detenidas con causas judiciales
permanezcan alojadas en establecimientos provinciales, situación por
la cual el gobierno nacional debería girar fondos para sostener
dicha situación. Pero según viene denunciando desde la gestión
provincial, esto no sucede. Al parecer la situación no es nueva: no
sólo el ingeniero Mauricio Macri no le envía fondos a Miguel
Lifschitz, sino que tampoco lo hizo antes Cristina Fernández a
Antonio Bonfatti y Hermes Binner, con lo cual la deuda rondaría en
los 90 millones de pesos. Ante esta situación, la Secretaría de
Asuntos Penintenciarios de la provincia le comunicó en abril al
Servicio Penitenciario Federal que reduciría el alojamiento de
detenidos federales, con lo cual la Nación debía resolver antes de
julio qué presos serían
relocalizados. Y ahí, precisamente ahí, se desató la polémica.
Desde
el PEUP consideran que tanto la gestión Pro como la socialista son
responsables de esta situación que atraviesan las detenidas
federales, ya que ante
un problema presupuestario brindan
una salida que solo ofrece mayor
vulneración de los derechos de las personas
privadas de su libertad. Por
otro lado, plantean
que una
solución posible a la
problemática podría
ser considerar
medidas alternativas, como lo
son la prisión
domiciliaria, que nunca
fue tenida en cuenta como variable.
Encierro
y micro-espacios de resistencia
Junto
a los Programas “Delito y Sociedad” y “Género, Universidad y
Sociedad”, el ya mencionado Programa
Educación Universitaria en Prisiones ha denunciado que los traslados
de mujeres detenidas constituyen un castigo “extra-legal” que
puede ser definido como “tortura” y ser calificado como
“violencia institucional contra las mujeres”. Sostienen que los
traslados pueden
ser definido como método de tortura en tanto que el Sistema
Penitenciario Federal, así
como los sistemas provinciales suelen utilizarlos selectivamente para
resolver diversas cuestiones, que van desde la sobre-población hasta
los castigos irregulares, e incluso para dirimir problemas
presupuestarios entre los servicios penitenciarios, como
en este caso.
Además,
los traslados suelen realizarse sin previo aviso, de un día para el
otro, incluso a veces en plena
madrugada. Alejadas muchas veces de sus familias por cuestiones
económicas (sobre todo aquellas que tienen a sus afectos viviendo en
el interior provincial), al ser trasladadas a otras provincias las
detenidas pasan directamente a cortar sus vínculos familiares. Esta
situación suma a la privación de la libertad las privaciones
afectivas y económicas, y en el caso de quienes están estudiando,
terminar con ese proceso.
Por
otra parte, según han denunciando desde
los espacios académicos que estudian estos
temas, la situación de
las mujeres empeora aún
más que la de los varones detenidos, porque
suelen ser ellas quienes están más expuestas al poder punitivo del
Estado, sobre todo a partir de la denominada “guerra” librada
“contra las drogas”. “La persecución selectiva de delitos
vinculados al narcotráfico ha redundado en un crecimiento
exponencial de procesos y condenas hacia personas que ocupan los
eslabones más bajos de una cadena comercial millonaria, puestos
ocupados crecientemente por mujeres”, sostienen desde el PEUP.
El
Programa Educación Universitaria en Prisiones surgió en 2005, luego
de que la Universidad Nacional del Litoral y el Gobierno de la
Provincia de Santa Fe firmaran un convenio para la puesta en marcha
del proyecto. En su documento fundacional se establecía fuertemente
la idea de que el mismo nacía para garantizar el derecho a la
educación superior de las personas privadas de su libertad. “Esto
implicaba alejarse de cualquier residuo de ideología ´tratamental´
o ´correccional´, que suele identificar a la educación en
contextos de encierro con mecanismos para lograr la ´rehabilitación´
o ´resocialización´ del preso”, explican desde el programa.
Sea
para “ocupar la mente”, “recrearse”, “despejarse”,
“aprender a respetar al otro”, “salir del encierro del
pabellón”, “participar de otro tipo de ámbito”, “pensarse
afuera por un rato”, “encontrarse con detenidos de otros
pabellones” o zafar de
esa situación de “estar todo el día en el pabellón sin hacer
nada”, o bien para “aprovechar
el tiempo en algo productivo”, o
realizar un “progreso personal”,
“hacer algo viable para trabajar” o lo que sea, las personas
privadas de su libertad suelen encontrar en estos programas
educativos un espacio para sobrellevar la
vida en prisión, o
más bien, para gestar micro-espacios de
resistencia
al encierro.
*Nota publicada en revista Zoom.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Entrevista a Mariano Pacheco en la Agencia Paco Urondo
“Siempre
creí que el peronismo era una de las grandes tradiciones de las
rebeldías argentinas”
Entrevista
a Mariano Pacheco, a partir de su libro Cabecita Negra. Ensayos sobre
literatura y peronismo. “Existe una literatura muy interesante
durante el kichnerismo que revisita desde otro lugar al peronismo, es
decir, aquello que no pudieron hacer en los ´80 o ´90 sí lo pueden
hacer los narradores actuales”.
Por
Juan Manuel Ciucci
APU:
¿Cómo surge tu interés por el cruce entre literatura y peronismo?
Mariano
Pacheco: Tiene que ver, sobre todo, con poner sobre papel el cruce
entre dos grandes pasiones de mi vida: la política y la literatura.
Desde que tengo 15 años mi vida estuvo atravesada por la militancia,
y de la mano de ella, el periodismo y la literatura. Ambos están muy
ligados con mi formación política. Y el peronismo particularmente,
de algún modo, jugò un papel preponderante en ese camino. No porque
fueran o sea peronista, nunca lo fui, porque tené en cuenta que
empecé a militar en los años 90, en pleno menemismo, con Eduardo
Duhalde como gobernador (luego principal responsable político del
asesinato de mi amigo Darío Santillán, el 26 de junio de 2002,
junto con Maximiliano Kosteki), pero sí a partir del vínculo que
desde esos mediados años 90 tuve con compañeros que venían de la
experiencia peronista. Algunos de ellos de grupos de los ´80 e
incluso vaarios de los ´70, de Montoneros particularmente. Y si bien
como joven rebelde que era, digamos, siempre estuve muy alejado de la
vida escolar, porque me iba mal, porque repetí de año y dejé
muchas veces el colegio (de hecho lo terminé de grande en un
nocturno), siempre, desde que comencé a militar, tuve mucha vocación
por la lectura, una pasión por la literatura y el cine, y ya desde
esos años primeros de formación policía me fui encontrando con
gente más grande que yo, que me fue recomendando libros. De esa
época datan cuestiones que tienen que ver con este libro: la poesía
de Juan Gelman o Paco Urondo, por ejemplo, o las canciones del
Cuarteto Cedrón musicalizando poesías; también algo de cine, que
en este libro trabajo, por ejemplo las películas Los hijos de Fierro
o Los traidores, de los grupos Cine Liberación y Cine de la Base.
Fueron cuestiones que me marcaron ya desde muy pibe, y con los años
seguí leyendo más filosofía y literatura. Y en algún momento
incluso tuve un paso por la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires, fugaz, porque no me gustó la academia.
Pero me quedó una de esas cosas que uno puede reconocerle a la
academia que es cierto orden de lecturas. Entonces fue un programa de
una materia de literatura argentina que cursé, donde había
muchísimos temas, ejes y textos, y un bloquecito era sobre abordajes
literarios del peronismo. Con los años lo que hice fue ir como
abriendo ese bloquecito de lecturas, como una especie de programa
propio de lecturas y reflexión, y de escritura de algunos textos que
fueron publicados en la Agencia Urondo, en el portal de noticias
Marcha, en Resumen Latinoamericano, en medios compañeros. Siempre
con la idea de armar un libro, porque Cabecita negra no es una
compilación de notas, sino que siempre fui escribiendo pensando en
de un libro, y en todo caso en algunos momentos fui haciendo recortes
para publicar parte de capítulos en formato de notas.
Por
último te diría que, si bien nunca asumí la identidad peronista en
mi militancia, nunca milité en un espacio que se asumiera peronista,
siempre creí que el peronismo era una de las grandes tradiciones de
las rebeldías argentinas, una marca identitaria de la clase
trabajadora en nuestro país, eso siempre me interesó como fenómeno
político. Respecto de esta pasión por la literatura te diría que,
cuando vi que tanta gente había abordado desde distintos ángulos el
fenómeno peronista, me puse a estudiarlo y a tratar de pensar qué
habían expresado esos textos en su momento histórico, sobre todo en
el período previo al último golpe de Estado. Después, con el
tiempo, me fui topando con las nuevas narrativas. Ahí surgió esta
idea (también contraria a la lógica académica, que hace un
hipertextualismo y de un cuento te saca 20 trabajos de ensayos
críticos), de tratar de nuclear en un mismo corpus gran cantidad de
textos referidos al peronismo, desde el ´45 a la actualidad. Por eso
llega a narradores como Juan Diego Icardona con su último libro
publicado, bueno, publicado hasta el año pasado, porque justo ahora
sale casi en simultáneo con este Cabecita Negra la cuarta parte de
su saga matancera. No podía dejar de decirlo, porque Juan Diego
parece que sacó Estrella federal como para que se dijera que
Cabecita negra tiene problemas con los nuevos narradores de los que
no da cuenta (risas).
APU:
En la selección, aparecen muchos autores malditos, que han sido
olvidados incluso dentro de la tradición del peronismo. ¿Cómo ha
sido trabajar esos materiales?
MP:
El libro no es sobre literatura peronista sino de literatura sobre el
peronismo. Entonces están los malditos, hay textos clásicos,
emblemáticos, y hay muchos textos antiperonistas. Me parece que
quizás una mirada populista del peronismo no los tomaría, o si lo
hace suele ser con muchos peros. Por ejemplo, el emblemático de
Borges-Casares, “La fiesta del monstruo”, o “Casa tomada” de
Cortazar, o la Eva Perón de Copi, obra de teatro a la que un comando
peronista le puso una bomba en París cuando hizo el estreno. Para mí
son los grandes textos sobre el peronismo. Otros escritos en una
clave más cifrada, como pueden ser los libros de Juan José Saer,
donde en su entramado narrativo y en su construcción estética, da
cuenta del peronismo. Eso me interesaba, junto con rescatar otros
autores como Perlongher, Fogwill, Viñas, que han producido una
literatura no peronista, pero tampoco antiperonista.
APU:
Y Rozenmacher, quien es difícil de encontrar…
MP:
Sí, el nombre del libro es de algún modo un homenaje a quien
considero un gran escritor. A quien por suerte ha rescatado hace un
tiempo la Biblioteca Nacional, publicando sus obras. Cuando yo empecé
a escribir, ese texto lo tenía fotocopiado, y con el tiempo
encontré una edición de usados en la calle corrientes. Cuando esta
edición de la Biblioteca Nacional sale ya tenía escrito ese
capítulo, no era sencillo de encontrar antes. Algo que me parece es
virtud de la gestión de Horacio González, más allá de que yo
nunca adscribí al kirchnerismo y que tengo algunas críticas con
respecto a su política cultural, me parece que esas son las cosas
que amerita encontrar compañeros de ruta en espacios como esos, con
la gestión de González creo hubo una gran publicación de textos
imprescindibles de la literatura y la ensayística nacional, que
antes no era posible conseguir.
APU:
También toma tanto desde el tango al rock, cómo la tradición
popular se va relacionando con el peronismo…
MP:
parece que el libro apuesta a trabajar desde un concepto amplio de
literatura. Por ejemplo: hay un capítulo dedicado a Capusotto, es
decir, cómo los guiones de Saborido pueden ser leídos en una clave
de literatura metida en la televisión. Y el tango, que no fue la
música oficial peronista pero que sin embargo uno puede rastrear en
poetas y letristas una gran identificación con el movimiento, y una
gran captura de ciertos sentidos de la época que se expresan en los
tangos del ´50, en especial. La literatura muchas veces así como se
restringe a la universidad, se restringe también a los libros, y hay
una gran tradición de cultura oral también, y otra literatura que
uno puede ver en películas, en guiones televisivos, en canciones de
tango o de rock. Uno también podría pensar que un cartel o una
pintada es una forma de literatura popular.
APU:
¿Cómo está dividido el libro?
MP:
Paradójicamente lo que sucede es que toda la primera parte del
libro, el corte del libro, tiene que ver con algo político y no
tanto literario, que tiene que ver con lo que significó el Proceso
de Reorganización Nacional en la Argentina. Cómo un peronismo puede
ser leído del ´45 a Isabelita, hasta el golpe, con un comentario de
que no hay prácticamente literatura peronista durante la dictadura.
Y en la postdictadura hay como dos grandes momentos: uno que tiene
que ver con una literatura anclada en la novela histórica, con Tomás
Eloy Martínez, por ejemplo. Escritores de los ´70 que escriben
sobre el peronismo en los ´80-´90, y otro a partir del 2001, cuando
se produce lo que entiendo un quiebre generacional y otra lectura del
peronismo, pero en donde ya no es una peronismo en clave actual. Es
decir, Walsh habla de Evita cuando Eva es una presencia
histórico-política del momento, como de otros episodios de la
resistencia peronista, hablan del peronismo en clave actual o sobre
su historia reciente. En cambio los narradores nuevos no, hablan con
una mirada más distanciada históricamente, por ejemplo, no hay una
literatura producida durante el kirchnerismo que hable del
kirchnerismo. Pero sí hay una literatura muy interesante durante el
kichnerismo que revisita desde otro lugar al peronismo. Es decir,
aquello que no pudieron hacer en los ´80 o los ´90 sí lo pueden
hacer los narradores actuales, como Cucurto, Saborido-Capusotto o
Incardona, construyen una trama mucho más interesante, que tiene de
fondo una crítica política, pero desde otro lugar, quizás no
tanto sobre la actualidad del peronismo, sino sobre los modos en que
históricamente se entendió el fenómeno.
APU:
Decía lo de la literatura durante el kirchnerismo, ¿cree que eso
puede llegar, una relectura desde la literatura de este ciclo que se
ha cerrado?
MP:
Habría que ver cómo se entiende el kirchnerismo pasado un tiempo,
desde una mirada más retrospectiva. Creo que ahí hay una discusión
más ensayística que literaria por ahora, respecto de si el
kirchnerismo fue un momento del peronismo o si fue otra cosa, o si
fue un mix. Y la literatura no sé si ya dará cuenta de eso, creo
que no, en una operación que critico bastante, que es que durante
mucho tiempo en pos de ciertas posiciones posmodernas o
cuestionamientos de cierto realismo burdo, se cuestionaron las
miradas políticas en la literatura. Soy un gran defensor del
realismo literario, porque no creo que necesariamente sea sinónimo
de panfletario o literatura de baja calidad o propagandística. Si
bien reivindico el panfleto y la propaganda en otra esfera, creo que
puede haber una buena literatura realista, y quizás este prejuicio
hizo que no se aborde desde allí ciertos fenómenos políticos más
actuales, que lo ameritan. Creo que las configuraciones de la
Argentina hicieron que se le preste atención más que a las
identidades políticas, a las dinámicas sociales. Ahí sí hay una
muy buena literatura vinculada a temáticas sociales contemporáneas.
Esto es cambiante de todos modos, y dependerá mucho de cómo leamos
políticamente al kirchnerismo la posibilidad o no de que emerja una
literatura que aborde al kirchnerismo, temáticamente, desde la
ficción.
u interés por el cruce entre literatura y peronismo?
Mariano
Pacheco: Tiene que ver, sobre todo, con poner sobre papel el cruce
entre dos grandes pasiones de mi vida: la política y la literatura.
Desde que tengo 15 años mi vida estuvo atravesada por la militancia,
y de la mano de ella, el periodismo y la literatura. Ambos están muy
ligados con mi formación política. Y el peronismo particularmente,
de algún modo, jugò un papel preponderante en ese camino. No porque
fueran o sea peronista, nunca lo fui, porque tené en cuenta que
empecé a militar en los años 90, en pleno menemismo, con Eduardo
Duhalde como gobernador (luego principal responsable político del
asesinato de mi amigo Darío Santillán, el 26 de junio de 2002,
junto con Maximiliano Kosteki), pero sí a partir del vínculo que
desde esos mediados años 90 tuve con compañeros que venían de la
experiencia peronista. Algunos de ellos de grupos de los ´80 e
incluso vaarios de los ´70, de Montoneros particularmente. Y si bien
como joven rebelde que era, digamos, siempre estuve muy alejado de la
vida escolar, porque me iba mal, porque repetí de año y dejé
muchas veces el colegio (de hecho lo terminé de grande en un
nocturno), siempre, desde que comencé a militar, tuve mucha vocación
por la lectura, una pasión por la literatura y el cine, y ya desde
esos años primeros de formación policía me fui encontrando con
gente más grande que yo, que me fue recomendando libros. De esa
época datan cuestiones que tienen que ver con este libro: la poesía
de Juan Gelman o Paco Urondo, por ejemplo, o las canciones del
Cuarteto Cedrón musicalizando poesías; también algo de cine, que
en este libro trabajo, por ejemplo las películas Los hijos de Fierro
o Los traidores, de los grupos Cine Liberación y Cine de la Base.
Fueron cuestiones que me marcaron ya desde muy pibe, y con los años
seguí leyendo más filosofía y literatura. Y en algún momento
incluso tuve un paso por la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires, fugaz, porque no me gustó la academia.
Pero me quedó una de esas cosas que uno puede reconocerle a la
academia que es cierto orden de lecturas. Entonces fue un programa de
una materia de literatura argentina que cursé, donde había
muchísimos temas, ejes y textos, y un bloquecito era sobre abordajes
literarios del peronismo. Con los años lo que hice fue ir como
abriendo ese bloquecito de lecturas, como una especie de programa
propio de lecturas y reflexión, y de escritura de algunos textos que
fueron publicados en la Agencia Urondo, en el portal de noticias
Marcha, en Resumen Latinoamericano, en medios compañeros. Siempre
con la idea de armar un libro, porque Cabecita negra no es una
compilación de notas, sino que siempre fui escribiendo pensando en
de un libro, y en todo caso en algunos momentos fui haciendo recortes
para publicar parte de capítulos en formato de notas.
Por
último te diría que, si bien nunca asumí la identidad peronista en
mi militancia, nunca milité en un espacio que se asumiera peronista,
siempre creí que el peronismo era una de las grandes tradiciones de
las rebeldías argentinas, una marca identitaria de la clase
trabajadora en nuestro país, eso siempre me interesó como fenómeno
político. Respecto de esta pasión por la literatura te diría que,
cuando vi que tanta gente había abordado desde distintos ángulos el
fenómeno peronista, me puse a estudiarlo y a tratar de pensar qué
habían expresado esos textos en su momento histórico, sobre todo en
el período previo al último golpe de Estado. Después, con el
tiempo, me fui topando con las nuevas narrativas. Ahí surgió esta
idea (también contraria a la lógica académica, que hace un
hipertextualismo y de un cuento te saca 20 trabajos de ensayos
críticos), de tratar de nuclear en un mismo corpus gran cantidad de
textos referidos al peronismo, desde el ´45 a la actualidad. Por eso
llega a narradores como Juan Diego Icardona con su último libro
publicado, bueno, publicado hasta el año pasado, porque justo ahora
sale casi en simultáneo con este Cabecita Negra la cuarta parte de
su saga matancera. No podía dejar de decirlo, porque Juan Diego
parece que sacó Estrella federal como para que se dijera que
Cabecita negra tiene problemas con los nuevos narradores de los que
no da cuenta (risas).
APU:
En la selección, aparecen muchos autores malditos, que han sido
olvidados incluso dentro de la tradición del peronismo. ¿Cómo ha
sido trabajar esos materiales?
MP:
El libro no es sobre literatura peronista sino de literatura sobre el
peronismo. Entonces están los malditos, hay textos clásicos,
emblemáticos, y hay muchos textos antiperonistas. Me parece que
quizás una mirada populista del peronismo no los tomaría, o si lo
hace suele ser con muchos peros. Por ejemplo, el emblemático de
Borges-Casares, “La fiesta del monstruo”, o “Casa tomada” de
Cortazar, o la Eva Perón de Copi, obra de teatro a la que un comando
peronista le puso una bomba en París cuando hizo el estreno. Para mí
son los grandes textos sobre el peronismo. Otros escritos en una
clave más cifrada, como pueden ser los libros de Juan José Saer,
donde en su entramado narrativo y en su construcción estética, da
cuenta del peronismo. Eso me interesaba, junto con rescatar otros
autores como Perlongher, Fogwill, Viñas, que han producido una
literatura no peronista, pero tampoco antiperonista.
APU:
Y Rozenmacher, quien es difícil de encontrar…
MP:
Sí, el nombre del libro es de algún modo un homenaje a quien
considero un gran escritor. A quien por suerte ha rescatado hace un
tiempo la Biblioteca Nacional, publicando sus obras. Cuando yo empecé
a escribir, ese texto lo tenía fotocopiado, y con el tiempo
encontré una edición de usados en la calle corrientes. Cuando esta
edición de la Biblioteca Nacional sale ya tenía escrito ese
capítulo, no era sencillo de encontrar antes. Algo que me parece es
virtud de la gestión de Horacio González, más allá de que yo
nunca adscribí al kirchnerismo y que tengo algunas críticas con
respecto a su política cultural, me parece que esas son las cosas
que amerita encontrar compañeros de ruta en espacios como esos, con
la gestión de González creo hubo una gran publicación de textos
imprescindibles de la literatura y la ensayística nacional, que
antes no era posible conseguir.
APU:
También toma tanto desde el tango al rock, cómo la tradición
popular se va relacionando con el peronismo…
MP:
parece que el libro apuesta a trabajar desde un concepto amplio de
literatura. Por ejemplo: hay un capítulo dedicado a Capusotto, es
decir, cómo los guiones de Saborido pueden ser leídos en una clave
de literatura metida en la televisión. Y el tango, que no fue la
música oficial peronista pero que sin embargo uno puede rastrear en
poetas y letristas una gran identificación con el movimiento, y una
gran captura de ciertos sentidos de la época que se expresan en los
tangos del ´50, en especial. La literatura muchas veces así como se
restringe a la universidad, se restringe también a los libros, y hay
una gran tradición de cultura oral también, y otra literatura que
uno puede ver en películas, en guiones televisivos, en canciones de
tango o de rock. Uno también podría pensar que un cartel o una
pintada es una forma de literatura popular.
APU:
¿Cómo está dividido el libro?
MP:
Paradójicamente lo que sucede es que toda la primera parte del
libro, el corte del libro, tiene que ver con algo político y no
tanto literario, que tiene que ver con lo que significó el Proceso
de Reorganización Nacional en la Argentina. Cómo un peronismo puede
ser leído del ´45 a Isabelita, hasta el golpe, con un comentario de
que no hay prácticamente literatura peronista durante la dictadura.
Y en la postdictadura hay como dos grandes momentos: uno que tiene
que ver con una literatura anclada en la novela histórica, con Tomás
Eloy Martínez, por ejemplo. Escritores de los ´70 que escriben
sobre el peronismo en los ´80-´90, y otro a partir del 2001, cuando
se produce lo que entiendo un quiebre generacional y otra lectura del
peronismo, pero en donde ya no es una peronismo en clave actual. Es
decir, Walsh habla de Evita cuando Eva es una presencia
histórico-política del momento, como de otros episodios de la
resistencia peronista, hablan del peronismo en clave actual o sobre
su historia reciente. En cambio los narradores nuevos no, hablan con
una mirada más distanciada históricamente, por ejemplo, no hay una
literatura producida durante el kirchnerismo que hable del
kirchnerismo. Pero sí hay una literatura muy interesante durante el
kichnerismo que revisita desde otro lugar al peronismo. Es decir,
aquello que no pudieron hacer en los ´80 o los ´90 sí lo pueden
hacer los narradores actuales, como Cucurto, Saborido-Capusotto o
Incardona, construyen una trama mucho más interesante, que tiene de
fondo una crítica política, pero desde otro lugar, quizás no
tanto sobre la actualidad del peronismo, sino sobre los modos en que
históricamente se entendió el fenómeno.
APU:
Decía lo de la literatura durante el kirchnerismo, ¿cree que eso
puede llegar, una relectura desde la literatura de este ciclo que se
ha cerrado?
MP:
Habría que ver cómo se entiende el kirchnerismo pasado un tiempo,
desde una mirada más retrospectiva. Creo que ahí hay una discusión
más ensayística que literaria por ahora, respecto de si el
kirchnerismo fue un momento del peronismo o si fue otra cosa, o si
fue un mix. Y la literatura no sé si ya dará cuenta de eso, creo
que no, en una operación que critico bastante, que es que durante
mucho tiempo en pos de ciertas posiciones posmodernas o
cuestionamientos de cierto realismo burdo, se cuestionaron las
miradas políticas en la literatura. Soy un gran defensor del
realismo literario, porque no creo que necesariamente sea sinónimo
de panfletario o literatura de baja calidad o propagandística. Si
bien reivindico el panfleto y la propaganda en otra esfera, creo que
puede haber una buena literatura realista, y quizás este prejuicio
hizo que no se aborde desde allí ciertos fenómenos políticos más
actuales, que lo ameritan. Creo que las configuraciones de la
Argentina hicieron que se le preste atención más que a las
identidades políticas, a las dinámicas sociales. Ahí sí hay una
muy buena literatura vinculada a temáticas sociales contemporáneas.
Esto es cambiante de todos modos, y dependerá mucho de cómo leamos
políticamente al kirchnerismo la posibilidad o no de que emerja una
literatura que aborde al kirchnerismo, temáticamente, desde la
ficción.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Fidel y los condenados de la tierra
A propósito de la muerte de Fidel Castro
Mariano
Pacheco
Se
fue Fidel Castro y los gusanos festejan en Miami. Fidel Castro murió
y mercenarios del mundo entero cantan loas a la parca. Incluso
algunos, disfrazados de un oficio que supo ser noble, inundan las
redes sociales comparando al prócer cubano con el genocida chileno
Augusto Pinochet. Llaman tirano a quien ya de joven entregó su vida
a combatir a la tiranía, nombran con eufemismos cobardes que
desprestigian porque no pueden situarse a la altura de tremendo
acontecimiento: ha muerto un revolucionario, uno de los dirigentes
políticos más destacados del siglo XX (y lo que va del XXI).
Mientras
tanto, lo lloran cubanas y cubanos y otros tantos Latinoamericanos
que lo sienten como un padre, un hermano, un camarada en las luchas
por la liberación y la dignificación de las mujeres y los hombres a
quienes cada día se les niega esa posibilidad: las de ser, y no solo
persistir. El otrora llamado Tercer Mundo llora un líder
excepcional.
Se
decía en décadas pasadas que a los revolucionarios muertos no se
los lloraba: se los reemplazaba. Han pasado los años, las derrotas,
las atrocidades, y hemos aprendido a llorar a nuestros muertos. Hemos
asumido que continuar su legado y mantener encendida la chispa que
haga arder la memoria de sus nombres no es tarea sencilla, pero tiene
menos peso que intentar reeamplazar lo irremplazable: porque cada
existencia es única e irrepetible, porque –caray-- ¿quien se
animaría a tratar de ser Fidel Castro? Sin embargo, el ejemplo de
Fidel –como entonces el de Guevara, el de Camilo y el de tantos
más-- brota en cada rebeldía que se sostiene ante este orden
injusto.
Pasaron
las décadas y fueron desapareciendo físicamente los grandes
dirigentes, pero también, se fueron desdibujando las referencias:
murieron Lenin y Trotsky fue asesinado, perdió la Revolución en
España y un manto de pena cubrió la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas. Pero pasaron los años y el Ejército Rojo
enfrentó valientemente al nazismo; las décadas transcurrieron y se
levantó el pueblo argelino, y el chino y vietnamita. Murieron Ho Chi
Ming y Mao Tse Tung, pero también la revolución desbarrancó hasta
no quedar un estandarte cuando el Muro de Berlín cayó.
Pasó
todo esto y Fidel Castro siguió con vida. Pero no solo. Estallaron
nuevos sueños, nuevas rebeldías y Cuba estuvo allí para hacer de
puente entre las antiguas luchas, y las nuevas. Y los rostros de
Guevara y Fidel flamearon con los del Subcomandante Marcos y los
rostros de Fidel y Guevara marcharon junto con los confederalistas
kurdos. Las luchas sociales del continente conquistaron espacios de
gobierno en Bolivia y Venezuela y allí estuvo Fidel Castro,
acompañando la emergencia de Evo Morales y Hugo Chávez Frías en
nuestraamérica que, otra vez, se mostraba digna y rebelde.
Hoy
el continente, el mundo acaso, parece atravesar nuevamente por sendas
de oscuridad y desaliento. Que la desazón no se apodere de los
ánimos de los pueblos del mundo. Allí está el rostro de Fidel, su
estrella que viene a dar cuenta de que, aún en los momentos más
difíciles, siempre se puede resistir con dignidad.
Salud
Fidel, las viejas guardias y las nuevas generaciones levantamos un
puño en alto para despedirte. Y retomar tus palabras de cuando
partió Guevara: ¡Hasta la victoria, siempre!
En los pliegues invisibles de la ciudad neoliberal
Tierra
para la vida digna
Agronegocio
y boom inmobiliario son la contracara de una complicación
estructural que padecen miles de personas en el país y en Córdoba,
provincia que
tuvo su último gran plan habitacional en 2001.
Por
Mariano Pacheco*
Las
luchas por la Tierra y la Vivienda Digna vienen siendo una de las
dinámicas de participación popular que con mayor ímpetu vienen
cuestionando las lógicas del agro-negocio y el desarrollismo
inmobiliario: las resistencias a la ciudad neoliberal en el centro
del debate sobre otros modos de entender y habitar el mundo.
Los
números se muestran ásperos y exceden a los colores políticos que
han gestionado las distintas esferas de gobiernos en lugares
diversos, pero sin lugar a dudas la tendencia “amarilla” del
actual proceso de profundización neoliberal muestran signos de
agravamiento de la situación.
Hace
apenas unos días, la Asociación Civil TECHO presentó los
resultados de su “Relevamiento de Asentamientos Informales 2016”.
El informe,
que se planteó “identificar, caracterizar y geo-referenciar los
asentamientos informales” en 10 zonas clave del país:
provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma; provincia de Córdoba;
Gran Corrientes y Gran Resistencia; departamentos Capital, Oberá,
Eldorado y San Vicente de la provincia de Misiones; Plaza Huincul,
Cutral-Có, Arroyito y Alto Valle de Neuquén; Alto Valle de Río
Negro; Orán, Rosario de la Frontera, Gran Salta y Tartagal en Salta;
San Miguel de Tucumán y Área Metropolitana de Rosario.
Según
el Relevamiento existen actualmente al menos 2.432
asentamientos
en los 11 territorios relevados, donde viven aproximadamente 650.685
familias.
Utilizando la media nacional de 4,6 miembros por cada familia, según
el informe, se estima que al menos 2.993.151.
personas viven en asentamientos informales,
en el territorio donde habita el 67% de la población del país.
Cuadricular
el espacio
Configurar,
modelar y transformar el espacio son tres modos básicos a través de
los cuales el capital organiza
el vínculo social en la
actualidad, en un contexto en el que los flujos de capitales
internacionales presentes en la ciudad como “viento de cola” del
sistema económico mundial dominan la producción del espacio con el
objetivo de crear oportunidades de inversión y frentes de negocio.
Palabras más, palabra menos, así explica al menos este complejo
entramado la investigadora de la Universidad Católica de Córdoba
(UCC) Mercedes Ferrero.
Se
sabe: las últimas décadas estuvieron signadas (y no solo en nuestro
país) por procesos de ocupación del espacio por parte de una
pequeña minoría que solo profundizaron modelos de exclusión de
masas enteras de la población, tanto en el ámbito urbano como
rural.
El
mencionado informe de la Asociación TECHO
identificó que en la provincia de Córdoba existen un total de 170
asentamientos informales, en los que viven 18.755 familias. En el 65%
de esos asentamientos los hogares no cuentan con conexión formal a
la red pública de energía eléctrica. Por otra parte, el 95% de
ellos se ven impedidos del acceso a la red pública de agua
corriente. Además, casi la totalidad (99%) están privados
de la conexión a la red cloacal pública.
Cerca
del 70% está amenazado por un factor de riesgo
(basural, ribera de un curso de agua, camino de alto tráfico,
pendiente) dentro del mismo barrio o a menos de 10 metros del mismo y
el 55% se inunda cuando llueve. Los números suenan y resuenen con
contundencia. Así y todo, el
informe no abarca a la totalidad de las personas que no poseen un
acceso adecuado al hábitat, sino sólo las que se encuentran en el
mayor estado de gravedad, como ser no contar con título de
propiedad, ni acceso regular a, por lo menos, dos de los servicios
básicos (red de agua corriente, energía eléctrica con medidor
domiciliario y/o sistema de eliminación de excretas a través de la
red cloacal formal). Así que el lector podrá sacar sus propias
conclusiones.
Tierra
para la Vida Digna
“A
quienes ocupan tierra para vivir y para producir; a quienes se
organizan por la auto-urbanización y la auto-gestión territorial; a
quienes resisten los intereses inmobiliarios por el agua, los bosques
y la vida; a quienes enfrentan los intereses del agro-negocio
luchando contra las fumigaciones, el avance de la agricultura
intensiva y promoviendo la producción de alimentos sanos”. Con
estas palabras el Encuentro Provincial de Luchas por la Tierra
convocó a su Tercer Encuentro Anual, que se realizó el pasado
sábado 19 de noviembre en la ocupación de tierras de “Parque Las
Rosas”, en la Ciudad de Córdoba.
“Contra
el despojo, la contaminación, la expulsión y la muerte que nos
ofrecen los de arriba”, según expresaron sus organizadores,
cientos de personas que habitan en espacios urbanos, rurales y
periurbanos de la provincia se congregaron durante un día para
proyectar sus intervenciones.
El
Encuentro Provincial de Tierras surgió en julio de 2014, luego de
las violentas y conflictivas jornadas que se vivieron en el año 2013
en Córdoba en torno a la temática. Se realizó en la localidad de
Piedra Blanca, una comunidad periurbana situada al sur de la capital
(cerca del Penal de Bouwer), en el predio en donde funciona una
cooperativa auto-gestionada de pollos (Gallo Rojo). Un mes después,
el fin de semana del 16 y 17 de agosto, sesionó en los terrenos de
la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba el 1°
Encuentro Nacional por la Tierra y la Vivienda, del que no se han
realizado otros encuentros, al menos hasta el momento. En noviembre
de 2015 se llevó adelante en la localidad de Cuesta Blanca el
Segundo Encuentro Provincial de Tierras, que coaguló un año intenso
de trabajo e intercambio político entre las distintas experiencias.
Desde entonces, de manera rotativa en cada lugar, funciona una vez
por mes un espacio de encuentro entre los territorios más dinámicos
del Encuentro. Allí elaboran estrategias jurídicas para enfrentar
los intentos de desalojo, se plantean ejes de articulación en torno
a la edificación, los desarrollos productivos, el acceso a servicios
y la preservación medioambiental, entre otros temas. También
funcionan como un espacio de referencia para otros conflictos, nuevos
o viejos, e incluso para agrupar a experiencias que se han conformado
alrededor de la problemática de la vivienda aunque no tanto de la
tierra, como el caso (muy conocido en Córdoba), de las 22 familias
que han sido estafadas (en el populoso barrio de Villa El Libertador)
por Héctor Raúl Messio, un desarrollista urbano que pretendió –sin
éxito– desalojarlas de sus viviendas luego de un proceso de estafa
con títulos de propiedad adulterados.
Hasta
el momento los encuentros se han realizado en espacios que venían de
protagonizar conflictos y, además de ser parte del proceso
organizativo, requerían de un amplio apoyo solidario por la
situación en la que se encontraban.
En
2014 fue en Piedra Blanca, comunidad que había protagonizado una
ocupación de tierras y estaba fuertemente intimidada por la policía.
En 2015 en el barrio Comechingones en Cuesta Blanca, comunidad que
también en 2013 había transitado un momento de fuertes conflictos,
que tuvo como salgo detenciones, represión y 15 personas imputadas
por la Justicia, incluso uno de los abogados de los ocupantes. Este
conflicto adquirió una fuerte repercusión mediática, ya que la
ocupación se realizó en una zona cercana a Villa Carlos Paz, que
algunos consideran “paradisíaca”, y en la cual han puesto sus
ojos los desarrollistas urbanos.
Este
año se eligió como sede del Encuentro las tierras en donde el
Encuentro de Organizaciones realizó una ocupación en septiembre del
año pasado. Parque Las Rosas es uno de los tantos “barrio-ciudad”
creados por la gestión de José Manuel De la Sota.
Un
gueto para la Docta
El
último gran plan habitacional provincial presentado por el
gobernador José Manuel De la Sota en Córdoba fue en 2001. Su nombre
fue “Mi Casa, Mi Vida”. El programa consistió en edificar
“barrios-ciudades” para reubicar allí a unas 28.000 personas
(según datos oficiales del gobierno provincial) consideradas
vulnerables por riesgos ambientales. Tanto Candela de la Vega, autora
de “Política habitacional y ciudadanía: el programa Mi Casa mi
Vida” (2010), como María Alejandra Ciuffolini, autora de “El
derecho a la y en la ciudad: Un estudio sociopolítico sobre el
Programa Mi casa, mi Vida” (2011) aseguran en sus trabajos que la
iniciativa gubernamental creó más exclusión social y que el
hacinamiento y la violencia se multiplicaron en estos lugares. Ambas
docentes e investigadoras de la Universidad Nacional de Córdoba
(UNC) y la Universidad
Católica
de Córdoba (UCC),
e integrantes del Colectivo
de Investigación El Llano en Llamas,
sostienen que si bien las mejoras habitacionales, de servicios y
equipamiento son indudables en estos lugares respecto de los
anteriores sitios de vivienda de sus habitantes, es igualmente cierto
que el proyecto se constituyó en la intersección de las políticas
de seguridad y de reordenamiento territorial urbano, dando lugar a un
nuevo fenómeno que es la periferización de la pobreza. Proceso que,
de alguna manera, dio paso una década después a una creciente
criminalización de la pobreza.
El
mismo colectivo de investigación realizó entre abril de 2013 y
junio de 2014 un relevamiento sobre la “criminalización de la
lucha por la tierra en Córdoba”, en el que establecen que el
porcentaje de detenidos y/o judicializados en ocasión de conflictos
por la tierra en la provincia ascendió al 80% a del total de los
casos analizados en ese período.
Criminalización
de la acción directa y desigualdad habitacional parecen ser las dos
caras de una misma moneda cordobesista. Según especialistas en la
materia, si se considera de manera conjunta el hacinamiento crítico
y las condiciones deficitarias de vivienda, el porcentaje de hogares
afectados en Córdoba es del 13%, mientras que los problemas de
propiedad afectan a un 35%. De ello resulta que casi la mitad de los
hogares de la provincia registra algún problema habitacional. Más
exactamente: el 48% de los hogares cordobeses tienen al menos uno de
los tres problemas habitacionales relevados.
Los
números por sí mismos no suelen explicar situaciones, pero a veces
ayudan a entender la gravedad de un determinado tema. En dos décadas
de gestión consecutiva, Unión por Córdoba no parece haber hecho
justicia al viejo lema peronista que sostiene que donde hay una
necesidad, existe un derecho.
*Nota publicada en la revista Zoom.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
La batalla del lenguaje
Sobre la
Paz y la Democracia
Por
Mariano Pacheco*
El
proceso de los diálogos por la Paz en Colombia han puesto sobre la
mesa de las discusiones políticas del mundo, y sobre todo en
territorio Nuestramericano, un tema de larga trayectoria en los
movimientos y organizaciones de los trabajadores. Ya años atrás, la
discusión sobre la paz en el país Vasco o en Irlanda habían
suscitado una serie de reflexiones y posicionamientos respecto del
futuro de aquellos países más allá del conflicto armado que los
atravesaba desde hacía décadas, e incluso, qué pasaría con las
«democracias» luego de que las organizaciones armadas dejaran atrás
su accionar militar.
En
estos días la palabra paz y la palabra democracia circula entre los
ámbitos políticos, académicos y comunicacionales de perspectivas
diversas, como una suerte de palabra-clave-neutral que nadie, en
principio, se plantea problematizar. Pero ya desde el vamos vemos
que, por ejemplo en Colombia, no parece ser la misma idea de paz y de
democracia que maneja el Estado a la que manejan las insurgencias, o
el pujante movimiento social que intenta «abrirse paso» también en
la negociaciones. Algo similar sucede cuando se hace referencia al
«pasaje a la política» de estas organizaciones armadas, en un
intento por situar el accionar militar de las guerrillas por fuera de
la política, reduciendo la política a un «juego institucional»,
librado en el marco de las democracias parlamentarias contemporáneas.
Alguna
vez, refiriéndose a estos regímenes, un historiador argentino las
denominó como «democracias de la derrota». Se refería al caso
nacional, pero tranquilamente podríamos pensar en una secuencia
Latinoamericana.
Polémico,
el concepto de guerra ha recorrido todos los análisis y postulados
de las militancias durante por lo menos 50 años (desde la década
del 20 a la del 70). Ha sido, asimismo, un concepto bastardeado por
las “democracias de la derrota”. Desconociendo aquella máxima
que sostiene que aun en tiempos de paz estamos
en guerra los unos contra los otros. Si
es cierto que un frente de batalla atraviesa toda la sociedad,
continua y permanentemente, y que esa situación nos coloca a cada
uno de nosotros en un campo o en otro, no es posible separar de modo
tajante la guerra de la paz. Siempre, necesariamente, somos el
adversario de alguien, por más diálogos que se establezcan. Esto no
quiere decir que no existan conversaciones, que no se postulen
acuerdos, pero reducir la democracia a la mera gestión y el consenso
es parte de una estrategia de los sectores de poder que solo buscan
perpetrar la explotación y la dominación. Porque la democracia,
vista desde el punto de vista de los sectores que pujan por
transformar nuestras injustas sociedades, es sobre todo disenso.
De
allí que la premisa de que la paz debe pasar por una agenda social
que reconozca las necesidades no resueltas por el Estado y que
derivaron en el conflicto armado, que hoy sostienen diversos sectores
del movimiento social colombiano, sea fundamental para entender a la
paz no como lo otro de la guerra, sino como su reverso, en donde el
conflicto no es anulado sino tramitado de otro modo, pero siempre
presente, así sea bajo la forma de una latencia.
Que
las fuerzas armadas de nuestros países, actuando como «ejércitos
de ocupación» de sus propias patrias, hayan usado la palabra
“guerra” para justificar sus matanzas contra los sectores
populares, no implica que sus organizaciones deban desestimar el
concepto, que en mucho casos ha guiado sus estrategias durante años.
Reconocer que “hubo una guerra» no equivale a negar que, también,
estos sectores del poder concentrado y sus fuerzas represivas
(incluidas las «paramilitares»), también hayan perpetrado una
matanza. Reconocerlo no empareja “bandos” ni iguala nada con
nada, sino que se resiste a desechar parte del arsenal conceptual,
político e identitario con el que importantes sectores de nuestros
pueblos han librado batallas contra sus opresores.
¿Cómo
hacer entonces para que la voces populares –la de las gentes
comunes y de a pie– sean tenidas en cuenta como palabras, y no como
meras voces? Es decir, ¿cómo hacer para que ese murmullo de la
protesta y la lucha callejera, de la organización de base, sea
tenido en cuenta como palabra política y no como mero ruido? Porque
la lucha política, lo sabemos, es también, siempre, una lucha por
la palabra y, antes que eso aún, por la definición misma de qué
cosa debe ser entendida como una palabra. Si la lucha política no es
sólo una lucha que involucra los cuerpos en las batallas callejeras,
en las disputas cuerpo a cuerpo contra las fuerzas que sostienen la
dominación y la explotación en cada lugar, sino que también es una
lucha por definir los sentidos y los nombres que se le otorgan a las
prácticas sociales, entonces, la intervención en el plano
simbólico, la disputa por el lenguaje en el marco de una lucha más
general por sostener la batalla cultural no puede ser sino un
elemento más, tan importante como el político y el
económico-social, en la disputa por cambiar la sociedad.
Por
supuesto, estas batallas no se libran en el vacío, y en cada
contexto las relaciones de fuerzas determinarán asimismo el énfasis
que puede poner en un concepto determinado, o incluso las estrategias
que las propias organizaciones populares deberán usar para
resignificar algunos, o incluso suplantarlos por otros.
Claro
que una política revolucionaria nunca considera la relación de
fuerzas como algo estático, y asume que el énfasis puesto en
determinados conceptos y debates varían según la coyuntura. Pero
también asume que que los propios conceptos que va creando para
explicar el mundo y su lugar en él están guiados por ciertos
principios, que como señaló alguna vez Ernesto Guevara, suelen ser
la mejor política. La flexibilidad táctica no tiene por qué
implicar ceder en los principios y mucho menos, en renunciar a la
disputa «cuerpo a cuerpo» por las palabras.
La
agenda de paz en Colombia y en otros lugares del mundo, así como los
modos en que entendamos la democracia (o su
refundación/transformación) de aquí en más, marcarán los límites
o las posibilidades de ampliarlos de aquí en más, en un contexto
continental e internacional en el que las fuerzas reaccionarias
parecen querer cerrar nuevamente todo el debate en torno a las
posibilidades de vivir en paz y en democracia tal como la vienen
entendiendo ellos. Es decir, una paz en democracia que solo garantiza
la perpetuación de la explotación y la dominación de unos pocos
selectos sobre la inmensa mayoría de los comunes.
*Nota publicada em el N°145 del periódico Resumen Latinoamericano (noviembre 2016)
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