viernes, 3 de febrero de 2017

Reseña de Cartas y otros textos de Gilles Deleuze


Libros para el cambio social*

Por Mariano Pacheco


Si bien, tal como señaló David Lapouje, Gilles Deleuze no consideraba su correspondencia como parte de su obra en curso, hoy resulta fundamental para sus lectores poder conocerlas, junto con otros textos de juventud y algunas entrevistas. Textos que ayudan a completar el panorama del filósofo de nuestro siglo, si seguimos el comentario de Michel Foucault acerca de que el siglo XXI “sería deleuziano”.
La correspondencia compilada en este libro incluye nombres de destacados pensadores contemporáneos a Deleuze, como Félix Guattari, Pierre Klossowski y el propio Foucault, aunque solo se conservan las cartas enviadas por el autor de Diferencia y repetición, ya que no solía guardar las que recibía.
En esta edición, publicada en 2016 por editorial Cactus, Lapoujade cierra el tríptico de textos póstumos de Deleuze, que incluyen los volúmenes La isla desierta y Los dos regímenes de locos. Cartas y otros textos reúne trece cartas, cinco dibujos realizados por el propio Deleuze, cinco textos escritos cuando tenía entre 20 y 22 años, las notas sobre un Curso sobre Hume (1957-1958), un prefacio a la edición estadounidense de Francis Bacon. Lógica de sensación y otros siete textos que abordan temas tan disímiles como el pensamiento de Descartes, la música de Pierre Boulez o un detallado análisis sobre el masoquismo.
Profundas implicancias filosóficas y políticas pueden desprenderse de las publicaciones de estos textos hasta ahora desconocidos de Deleuze. Y por supuesto, también intensas inplicancias existenciales, como la que puede apreciarse a partir de la lectura de este comentario en el que, a través de una carta, Deleuze le recomienda a Guattari escribir, siempre, a pesar de las condiciones en las que se lo haga: “La idea de que las condiciones no son todavía buenas para hacerlo, o bien porque las cosas no andan bien en el incendio actual, o bien porque usted mismo no está bien, me parece falsa; ya que remite a decir que se puede escribir realmente cuando la cosa va bien, en lugar de ver en la escritura un factor modesto pero activo y eficaz para liberarse por un tiempo de los incendios y andar uno mismo mejor”.

Palabras aparte merece la entrevista que Raymond Bellour –que había leído El antiedipo por recomendación de Foucault- le hace a Deleuze y Guattari en la primavera de 1973.Con un previo acuerdo de que la desgravación sería revisada por los tres, y que el reportaje se publicaría en la legendaria revista Les tempes modernes (cuya línea política no coincidía con los autores de Capitalismo y esquizofrenia), el reportaje finalmente nunca llegó a publicarse. Hoy los lectores de habla hispana tenemos a mano este documento imprescindible para leer y releer aquel libro emblemático a la luz de algunas coordenadas que sus autores ofrecen en este diálogo, en donde texto y contexto se entrecruzan para volver más provechosa la lectura de un libro que, entre otras cuestiones, fue cuestionado por su opacidad. “Decirles: ustedes son pequeños flujos, arréglensela con eso, me parece que no es en absoluto una observación abstracta. Es ya muy liberador. Cuando uno se vive como un flujo en busca de otros flujos ya no hay falta”, sostienen Deleuze y Guattari en este reportaje, donde refiriéndose al Antiedipo sostienen: “No decimos que es un libro, decimos que es un elemento que se llama ´libro´ en un conjunto exterior. El libro no vale por su interioridad, por las páginas que encierra, vale por la relación a la multitud de las conexiones fuera del libro”.
La entrevista funciona así como una suerte de guía para leer libros. No el Antiedipo, o no solo, sino libros, textos en general. “Hay una manera totalmente distinta de leer un libro que es, una vez más, tratarlo en su relación con lo no-libro. Eso quiere decir algo muy preciso: alguien lee un libro y no se pregunta a cada página o a cada frase: ¿qué quiere decir eso? Lee un libro y, en mi parecer, es así que se lee la poesía, espontáneamente, a saber: ello fluye o no fluye”, asegura Deleuze, y más adelante agrega: “es por eso que empleamos el término de ´máquina´. Es del dominio del tomacorriente. Para la máquina que no funciona, hace falta otro toma u otra máquina”.
Una máquina en búsqueda de aliados y no de gestar un rebaño (“no les proponemos algo, no nos animaríamos. Solamente tenemos la impresión de que podemos tener una especie de eco con ellos”). Una máquina que, lejos de lo que ha sido acusado el texto a través de los años, no es para nada “abstracto”, sino que se enlaza con una clínica que no es la de diván, sino la del movimiento. “Harás tus experiencias. Eso nos parece un buen esquizoanálisis”, afirman, a la vez que sostienen que, lo que somos, solo podemos saberlo “a la salida de experimentaciones”.
En fin, la entrevista convida energías para tomar otros textos de esta dupla y, de nuevo, salirse de ellos. Tomar las calles, las plazas y reunirse con otros para construir un modo de vida no fascista. Porque tal como afirma Guattari respecto del esquizoanálisis, éste “no puede ser sino la conjunción de diferentes experiencias locales, de consideraciones del deseo, se trate de un profesor en su clase, de una comunidad que cambia su modo de vida, de un psicoterapeuta en su consultorio, de un grupo de cuidadores en un hospital psiquiátrico, de un grupo de militantes que quieren cambiar las relaciones en sus prácticas. Si en un momento dado, hay conjunción de diferentes prácticas que conciernen al deseo, que hacen que haya conjunción de una crítica de la burocratización de la organización, crítica de las relaciones pedagógicas opresivas, crítica de las relaciones sugestivas y alienantes de los contratos psicoterapéuticos, entonces se constituirá una actividad de análisis que estará en el cruce de toda una serie de luchas políticas”.

*Nota publicada en la web del periódico Resumen Latinoamericano.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Veto al trabajo autogestionado




La política ProPatronal de Vidal y Macri*

Por Mariano Pacheco


El reciente veto de María Eugenia Vidal a la expropiación de dos fábricas recuperadas aprobadas por los diputados y senadores bonaerenses se inscribe en una estrategia más general del macrismo, que apunta a criminalizar las respuestas creativas que los trabajadores tuvieron en años de crisis y, seguramente, volverán a tener si el rumbo de la economía sigue sin cambios, más allá de los anuncios de Cambiemos.

En Europa no se consigue
En 2002, los obreros de Raimat, la fábrica dedicada a la elaboración de tapas situada en la localidad de Bernal (distrito de Quilmes),  se hicieron cargo de la producción, luego de que la empresa quebrara. Posteriormente la denominaron Cooperativa Presidente Néstor Kirchner y hoy son más de un centenar los trabajadores que participan de la experiencia que ya lleva cuatro décadas de producción en la zona sur del Conurbano Bonaerense. En septiembre de 2015 un tribunal provincial de San Luis solicitó la quiebra y el remate de la fábrica, por una deuda contraída por sus antiguos dueños. En agosto del año pasado, a expensas de la Diputada provincial Evangelina Ramírez (FpV), habían logrado suspender por el lapso de noventa días la orden de desalojo que pesaba sobre sus espaldas y en diciembre la Cámara de Senadores de la provincia de Buenos Aires convirtió en Ley (tras su aprobación en Diputados) el proyecto que promueve la expropiación del inmueble donde funciona la cooperativa de trabajo. Pero las alegrías, dicen, suelen durar poco. En enero, la gobernadora María Eugenia Vidal vetó la expropiación, tanto de la ex Raimat como de la ex Rench.
La fábrica que ahora emplea a 65 personas y fue nombrada Cooperativa de Precisión Limitada (CDP) lleva ya más de tres décadas de existencia. Produce cerraduras bancarias y de precisión. Situada en la localidad de Don Torcuato, distrito de Tigre, es la única de este tipo que produce en Sudamérica. La quinta en el mundo (las otras cuatro están ubicadas en Estados Unidos). En julio de 2013, cuando llegaron a la fábrica y la encontraron clausurada, los cuarenta empleados con que contaba entonces la empresa decidieron ocuparla, asesorados por el abogado Luis Alberto Caro, del Movimiento de Fábricas Recuperadas. En su momento, la Justicia accedió a una “quiebra con continuidad” y les dio la posesión a sus trabajadores, compartida con los dueños de la empresa, aunque éstos nunca llegaron a participar.
Ahora, ambas experiencias corren peligro de extinción, y sus trabajadores, de engrosar el ejército de desempleados que no deja de engrosarse en la Nueva Argentina.

La Escuela Pro-Patronales
Los recientes vetos de “La Vidal” dan cuenta de una política activa de la gestión Cambiemos contra los trabajadores en general, y contra quienes han tomado la producción en sus manos, en particular. El año pasado, en su función de flamante gobernadora, “Heidi” ya había vetado otras tres experiencias: la ex fábrica Pertinari, actualmente Acoplados del Oeste de Merlo (ADO), dedicada a la producción de acoplados, carrocerías volcadoras, semirremolques y contenedores; la cooperativa de trabajo Depende, una fábrica de cierres relámpagos situada en Villa Maipú, distrito de General San Martín y el Sanatorio Lavallol, de Lomas de Zamora. En la misma línea, el “Pibe Mauri” vetó recientemente la expropiación del BAUEN, el emblemático Hotel recuperado en 2002, situado en pleno centro porteño (Callao y Corrientes).
La escuela se venía amasando, con más prisas que pausas. Según sostuvieron desde el Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas del Instituto Gino Germani, “las empresas recuperadas han demostrado ser una alternativa viable para enfrentar el desempleo. En la actualidad, la apertura a las importaciones, el tarifazo y la recesión conforman un contexto de crisis propicio para la recuperación de nuevas empresas”.

Un modo creativo de afrontar la crisis
Recién ha pasado un mes del nuevo año y ya son 1.700 los trabajadores que han perdido sus empleos (a pesar de los “compromisos” de no despido hasta marzo de 2017 firmados por los gremios con el gobierno). Según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), esa cifra tiene que ser leída en serie con los otros 9.000 despidos registrados durante diciembre pasado (cinco mil en el sector privado y cuatro mil en el público), que se enmarcan a su vez junto con los 241.774 despidos y suspensiones que se produjeron en ámbitos públicos y privados. Claro que para el presidente Mauricio Macri el empleo “crece en Argentina”. Tal vez por eso, o por su fidelidad a su extracción de clase, o por puro cinismo, o por lo que fuere, lo cierto es que la “Cultura Pro” centrada en los vetos a las expropiaciones de las empresas recuperadas por sus trabajadores solo puede ser complementada con represión: de hecho, el correlato del veto a las expropiaciones es el desalojo de los lugares de trabajo. Y para muestra, basta en botón: pese a tener la ley de expropiación vigente hasta enero de 2018, la cooperativa de Trabajo Industrias RB fue desalojada violentamente a mediados del año pasado en la localidad bonaerense de Martínez. Fue el primer antecedente de desalojo con una ley de expropiación vigente.
La experiencia de las empresas recuperadas en Argentina fue un fenómeno que alcanzó visibilidad y perspectiva tras la crisis de surgió 2001. De hecho, un 40% fueron ocupadas por sus trabajadores durante los años 2000-2001, en un contexto en el que, alrededor de 1.000 empresas se declararon en quiebra en todo el territorio nacional (se estipula que, durante el último cuarto de siglo, el 90% de las quiebras empresariales fueron fraudulentas).
Emblemáticas fueron las experiencias de la textil Bruckman, situada en el barrio porteño de Once, y la ex ceramista Zanón, en Neuquén (hoy Fasinpat, Fábrica sin patrón), que se sumaron a la trayectoria de IMPA, la primera en poner en pie (en 1998) está dinámica en el país. En las actualidad son 367 los lugares de trabajo recuperados, que alimentan casi 16.000 familias, según datos del programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Lejos del pronóstico establecido por el sentido común (en muchos casos, el peor de los sentidos), la mayoría de las empresas abandonadas por los empresarios y recuperadas por sus trabajadores se mantuvieron en pie, conservando la fuente laboral de quienes se mantuvieron participando del proceso e incluso, en algunos casos, incrementando su personal. El 60% de las experiencias logró incorporar nuevas maquinarias con fondos propios, mientras que el 10% lo hizo con fondos estatales durante la última década.
El de la recuperación de empresas por parte de sus trabajadores no es, de todos modos, sólo un fenómeno del pasado reciente de la Argentina. En los últimos años se recuperaron en el país una imprenta y cuatro parrillas y restaurantes en la Ciudad de Buenos Aires; una fábrica de cuadernos y otra de autopartes en la localidad bonaerense de San Martín; una fábrica productora de repuestos para la industria automotriz en Rosario, entre otras experiencias relevadas que, incluso, llegaron a inspirar a trabajadores de otras latitudes, como “Officine Zero”, en Roma, y  VIO.ME, una empresa de materiales para la construcción en Grecia, donde sus trabajadores sostuvieron: “para recuperar la fábrica nos guía el ejemplo de Argentina”.

*Nota publicada en Revista Zoom.

jueves, 26 de enero de 2017

Reseña de Spinoza por las bestias


Libros para el Cambio Social
 
Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


En Spinoza por las bestias, el libro con textos del filósofo Ariel Suhamy y dibujos de Alia Daval, publicado en Argentina por la editorial Cactus (2016), se nos recuerda cómo un Baruch Spinoza abomina de la “docilidad ovejuna” con la que los filósofos, por lo general, han definido una antropología. Spinoza es revisitado en este texto para poner de manifiesto cómo el “pulidor de lentes” se las agarra con una manera antigua de definir al hombre, tal como sostienen los autores en este libro: “la definición por género (animal) y diferencia específica (razón, risa, posición erecta…). ¿Pero qué hacer con los jorobados, los tullidos… y sobre todo con la gran masa de los irracionales? No queda más que erigir la definición en norma y pretender que esos hombres van contra su naturaleza, contra la naturaleza… Triste filosofía”.
Suhamy/Davaly nos recuerdan que la filosofía de Spinoza pone al cuerpo (singular y colectivo) en el centro de la escena (“lo que distingue ´primero´ al hombre de los animales –y luego, a los hombres entre sí–, no es el alma, ni siquiera la razón: es el cuerpo”), y que el cuerpo no está separado del alma (“el alma no podría actuar sobre el cuerpo, ni el cuerpo sobre el alma, puesto que son una y misma cosa, considerada bajo dos atributos de una misma y sola sustancia”).

 Filosofía antiautoritaria y de inspiración libertaria, a su vez, la filosofía política de Spinoza es realista. Si el sueño de los tiranos es transformar a los hombres en bestias de carga, en esclavos inútiles para sí mismos --se nos recuerda--, es porque se pretende reducir una existencia a un modo de luchar por la servidumbre como si se tratara de la libertad. De allí que los tiranos liguen la libertad a la angustia, la vergüenza y el temor, en post de embrutecer al pueblo y reducirlo a una disposición ciega de obediencia.
Con un trabajo sumamente cuidadoso de composición, entreverando textos e imágenes, Spinoza por las bestias logra constituir una verdadera estrategia “plástico-narrativa”: aborda al pensador maldito a través de ambas dimensiones, poniendo de relieve la presencia de animales, bichos y bestias que aparecen en su filosofía. Así, arañas y perros, gusanos y elefantes, peces y ratas, caballos alados, gallinas y leones, abejas y palomas, serpientes y sirenas, se posan como imágenes y como conceptos, recordando una vez más que el solo conocimiento de los afectos no basta para dominarlos, y por lo tanto, que es un buen remedio “aliarse con la imaginación”. Y que “sin la alianza de imágenes, el intelecto se quedaría impotente”.

martes, 24 de enero de 2017

Hay que matar a los negros… y difundirlo a través de un periodista-patova


Sobre manteros, mapuches y otros negros de mierda


Por Mariano Pacheco


El desalojo de “los manteros” del barrio porteño de Once, hace unos días, va en la misma línea macrista de limpiarle la cara a la ciudad que encuentra su correlato en otras acciones como la remodelación de Plaza Constitución, en donde el transeúnte atento habrá podido ver esos afiches del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con dos cuadrados en donde el de la izquierda dice “Antes” y el de la derecha “Después”. Abajo de la primera frase, una foto de uno de esos puestos que habitualmente había frente a la Estación de trenes, con su estética típicamente tercermundista y sus vendedores con rasgos claramente Latinoamericanos. Junto a la otra frase, otra imagen: un limpio y prolijo “Carrito-Pro” (un hombre con delantal y puesto amarillo).
La Buenos Aires pensada e ideada para el “turismo blanco” es el revés de un racismo que trasciende las fronteras de la Gran Ciudad Capital, y que en estos días también pudo verse expresada en la represión desatada contra los integrantes de la comunidad Lof Cushamen en Chubut, la provincia gobernada por Mario Das Neves, quien --según denunciaron desde la comunidad mapuche-- actúa “en connivencia” con la familia Benetton, dueña de más de un millón y medio de hectáreas en la zona. El emprendimiento minero que está por detrás del conflicto, destacan los pobladores chubutenses, podría afectar la provisión de agua de toda la provincia.
No solo la represión de Infantería (que actúa en la zona junto con Gendarmería Nacional), sino los “operativos periodísticos” que acompañaron la violenta respuesta del Estado, va en la misma dirección que la represión desatada contra los manteros en Buenos Aires y el ideal de ciudad antes mencionado: un espacio donde el crisol de razas que caracterizó a la patria desde siempre sea sometido a una profunda revisión. Ya no inmigrantes europeos al estilo sarmiento para habitar el desierto, sino gringos para el paseo turístico, gringos para invertir en proyectos laborales en donde la mano de obra, cada vez más flexibilizada, sí sea de los negros de mierda de Nuestraamérica, pero lejos de la vista de los hombres y las mujeres de bien.
En simultáneo, pero en la otra punta del país, también el racismo se hizo presente para recordar que Milagro Sala continúa detenida, desde hace ya un año, junto a otros “tupaqueros” y “tupaqueras”, igual de indios (coyas, mapuches, lo mismo da), igual de negros, igual de tercermundistas que los del sur del país.
Lo preocupante, además de la abierta política represiva del Estado ante los conflictos sociales, es la tendencia que instauran las experiencias de Jujuy y Chubut: suspención del Estado de derecho bajo la mascarada de constitucionalidad.

EL PERIODISMO PATOVA
La cobertura de los conflictos sociales y gremiales desarrollada por casi todos los medios de comunicación (radio, televisión, diarios, sitios webs) viene siendo cada vez más patéticos y cada vez más lejos de cualquier parámetro ético. Me refiero a las realizadas por aquellos periodistas que trabajan para las grandes empresas del rubro, no a quienes --cada vez más-- oponen con honestidad las prácticas de su oficio a esos relatos, sean las distintas expresiones de medios de comunicación populares, autogestivos y comunitarios o incluso aquellos pequeños emprendimientos comerciales que se corren de las lógicas hegemónicas. Este tipo de cobertura no es nueva, e incluso desde hace años se estudian en las escuelas de periodismo y las carreras universitarias de comunicación. Pero con la exasperación general que se vive en la actual sociedad argentina, también las prácticas periodísticas se exasperan. Operadores políticos a sueldo vociferan en programas como los que pueden escucharse en la emisora Cadena 3 cuestiones que ruborizarían a más de un conservador y en televisión los programas de informes políticos o incluso los noticieros ya no se distinguen casi de los de chimentos, al menos en sus lógicas. 

 
Tal vez teniendo en cuenta los mencionados episodios, ocurridos durante los últimos días, pueda pensarse en otorgarle un premio a Daniel Malnatti, el notero de Canal 13 (Grupo Clarín) así como la empresa de comida chatarras Mc Donalds lo hace desde hace años con sus famosos cuadritos del “Empleado del mes” (¿será este personaje el “Forro del mes”?). Lo que le ocurrió al “trabajador de prensa” en su cobertura del conflicto con los manteros de Once (en la cual llegó a decir segundos antes de que se escuchara el primer disparo de la policía que “algo tenía que pasar” porque se “respiraba la tensión en el ambiente”, y luego de la represión, se puso a recolectar las piedras que los manteros le arrojaron a las fuerzas de seguridad para mostrarlas a las cámaras), lo que le ocurrió –decía-- da cuenta de una advertencia que deberían tener en cuenta quienes –tan alejados ya de cualquier mínimo criterio de rigor periodísitico-- se dedican a operar como “periodistas-patovicas”. Malnatti, y los de su calaña, tal vez tendrán que pensar un poco que ya no están en el lugar de quien va a un lugar e intenta dar cuenta de lo que allí pasa, y por lo tanto, asumir los “riesgos” de sus dichos (el patovica de un boliche sabe que si bien suele actuar en una clara relación asimétrica, también puede “cobrar”). “¿Quien dice que nos estamos enfrentando con la policía”?, lo increpa un mantero al notero, quien responde: “Bueno, no, están cara a cara”. Tal como puede verse en el video de 26 segundos que circula por Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=3_LmdhmjhpE), “El Chipi” --como se leía en el zócalo de la pantalla que presentaban al mantero-- agrega: “estas tergiversando”. Como si fuera poco, en su actitud patotera, el periodista insiste: “entonces explicame, decime que hacen cara a cara contra la policía. Y el muchacho remata: “yo no tengo nada que explicarte Malnatti, vos vivis tergiversando las cosas, así que andá, vos vivis cambiando las cosas, tomátelas Malnatti, sos un tarado, tomátelas”. Seguramente “El Chipi” no leyó a Roberto Arlt ( o tal vez sí, pero seguro no lo tenía en mente al arrojar su frase), pero las reminisencias con El juguete rabioso son claras:
“Rajá turrito, rajá”.
Actitud similar tuvo Cecilia Moncalvo, la periodista de Perfil que días antes de la represión en Chubut escribió un artículo titulado “Denuncian vínculos de grupos mapuches con las FARC” (http://www.perfil.com/elobservador/denuncian-vinculos-de-grupos-mapuches-con-las-farc.phtml).
Con periodistas así se entiende luego que más que informarse el lector, oyente o televidente termine desinformándose. Situación que recientemente advirtió la propia Comisión Interna de Clarín, cuando ridiculizando una nota del diario referida al conflicto por los 380 trabajadores despedidos de
la planta de impresión de AGR en el barrio porteño de Pompeya (titulado “Un grupo de 40 empleados tomó con violencia un taller gráfico”), y dando una clase gratuita de periodismo, afirmaron que “lo que no se puede ni se debe hacer es disfrazar la comunicación institucional de información periodística”.
Quizá si “la grieta” se sigue ensanchando (me refiero a la grieta de odio que está cocinando cada vez más rápidamente el macrismo y los voceros mediáticos de la derecha, no a la que supuestamente vino a soldar la gestión Cambiemos), si esa grieta se amplia en los meses por venir –decía-- las bellas almas periodísticas tengan que comenzar a ejercitarse físicamente: porque como cualquier otro patova, en cualquier momento puede “cobrar”, o tendrá que empezar a correr...
Micro-fascismos o racismos de la vida cotidiana, ejercidos por “ciudadanos bien” suelen acompañar con comentarios, actitudes y omisiones estas operaciones del poder económico, político y comunicacional. Tal vez no esté de más recordar aquel bello texto escrito por Jean Paul Sartre, a modo de prólogo del libro del psiquiatra argelino Frantz Fanon. Allí puede leerse aquella famosa frase que dice: “Nuestras bellas almas son racistas”. En Los condenados de la tierra,el escritor, filósofo y dramaturgo francés también recuerda que, mientras su humanismo pretendía universalidad, sus prácticas racistas particularizaban a los colonizados, convirtiéndolos en monstruos. “Ustedes, tan liberales, tan humanos, que llevan al preciosismo el amor por la cultura, parecen olvidar que tienen colonias y que allí se asesina en su nombre”, escribe Sartre, y advierte sobre el “beneficio” que obtienen los franceses de la explotación colonial (aún de quienes se expresan en contra de ella). ,
En Argentina también parece que a veces nos olvidamos que se encarcela, se reprime y también se mata (fueron récords los índices de gatillo fácil de los últimos meses). El que calla otorga. Es más: ya no basta con expresar palabras de indignación. El boomerang de violencia ya fue lanzado. Después, como dice el dicho popular, “a llorar, a la iglesia”.

*Nota publicada en revista Zoom.

Velorio de Dario Julian Eugenio, "Icki", militante del movimiento popular La Dignidad

 Compañero Icki: !PRESENTE!


VIDEO: 

Breves imágenes del domingo 22 de enero, minutos antes de que fuera velado Dario Julian Eugenio en el local central de la CTEP, situado en el barrio porteño de Constitución. "Icki" era militante del movimiento popular La Dignidad, y falleció el sábado pasado. El año pasado había sido baleado por un sicario del Pro y nunca llegó a recuperarse bien tras la operación. El domingo sus compañeras y compañeros del campo popular se reunieron para decirle ¡Presente! Su rostro en un afiche fue acompañado por banderas, algunas con la imagen del che y desde el fondo lo observaban desde una pared los rostros de Maximiliano Kosteki, Dario Santillan y el Oso Cisneros. Y cientos que cantaban con dolor. Y con rabia. Porque acá, acá no se rinde nadie! @PachecoenMarcha

miércoles, 18 de enero de 2017

Reseña de Yo ya no. Horacio González: el don de la amistad


González según Pía López

Por Mariano Pacheco

En Yo ya no. Horacio González: el don de la amistad, publicado recientemente por la editorial Cuarenta Ríos, María Pía López recorre los vínculos políticos, intelectuales y afectivos que la unen al ex director de la Biblioteca Nacional.

“Corremos riesgo de extinción. Modos de pensar, hablar, actuar, están bajo amenaza. Narrar es rozar el hueco que dejan pero también que apuntalar los restos y regar la tierra para que en ella algo germine”.
Podríamos leer todo Yo ya no. Horacio González: el don de la amistad, de María Pía López, a través de estas palabras.
Publicado recientemente por Cuarenta Ríos con prólogo del cordobés Diego Tatián, el libro se constituye en uno de los mejores homenajes al ex director de la Biblioteca Nacional, no solo por lo que se cuenta en él, sino por cómo se lo hace. Es que si hay algo así como un “Gonzalismo”, éste se expresa no tanto en quienes pretenden seguir sus sendas y continuar su obra sino en sus verdaderos discípulos, es decir, aquellos irreverentes que, inspirados en González, no lo imitan, sino que crean algo nuevo a partir de las lecturas de sus libros, de sus artículos o, acaso, a partir de una voz escuchada en charlas, conferencias y clases.
Tanto Eduardo Rinesi como María Pía López han sabido cosechar la amistad de Horacio, compartir con él trayectos políticos y culturales en común y, a su vez, abrirse un espacio propio de producción, con entonación e ideas propias.
“¿El ensayo puede enseñarse?”, se pregunta la autora. La respuesta queda inconclusa, pero pareciera que no, que el ensayo puede inspirar, marear, contagiar, alucinar, pero no se puede enseñar. Yo ya no, título de este último trabajo de la ex directora del Museo del Libro y de la Lengua (que parafrasea un tramo de alguna de las novelas publicadas por González en los últimos tiempos), bordea los límites del ensayo, la autobiografía, el diario, el relato, la biografía, la novela, la crónica, ofreciendo un texto inclasificable a partir del cual el lector puede acceder no tanto a la singularidad existencial González sino al universo que supo cultivar a través de décadas de intervención pública, pero también, de charlas informales con sus más allegados, cena o café de por medio. “Conversé mucho con Horacio González en las últimas dos décadas”, afirma Pía López, a la vez que sostiene que el libro intenta ser -entre otras cosas- “memoria de esa conversación”.
La idea del riesgo no deja de acechar la narración. De allí que el libro se proponga no solo como lugar de la memoria en el que fundar un amparo, sino también como espacio a través del cual trazar una hospitalidad.
¿Quien es González, entonces? La pregunta atraviesa el libro, aunque no de modo explícito. 

“González no es un francotirador, sino un fundar de tribus”. He aquí una de las respuestas, hipotéticas, que se ensayan en el texto. Pía López hace aparecer recuerdos, no tanto personales sino -al modo saereano- recuerdos de recuerdos que otros han contado alguna vez. Así, se hace presente el González de las Cátedras nacionales de los primeros años setenta en la Universidad de Buenos Aires, el González de la escritura de temas nacionales en otro idioma durante el exilio brasileño ya finalizando la década y el González de los primeros años de la postdictadura. Para este último caso, Pía López rescata unas palabras de González, escritas para la revista Unidos y publicadas en 1987. Allí el director de la colección Puñaladas de la editorial Colihue, ante una crítica que le hicieron a la revista por ser “difícil”, arriesga que pensar es crear lugares inhabituales.
La reflexión cobra vigencia si se la piensa en el actual contexto que atraviesa la Argentina, pero también, si esta coyuntura se la pone en serie con “los años kirchneristas”. Y he aquí uno de los nudos más sagaces del libro, porque tanto González como la autora del libro fueron funcionarios (¿oficialistas?) de la “década ganada”, aunque mantuvieron siempre una actitud crítica en torno a ciertos temas. Parte de esa tensión, y de cómo uno y otro la resolvieron, aparece comentada ampliamente en distintos tramos del libro. “¿Por qué Horacio, que creía en ese gobierno y del que era parte, mantenía una reserva de distancias y de sospechas, y oía con atención a quienes cuestionaban por izquierda?”, se pregunta la autora, quien también se interroga del por qué de ese apoyo militante. Una de las respuestas que encuentra, y no solo para el Caso González sino para gran parte de su generación, son los “efectos de reparación” que el kirchnerismo ensayó frete a la tragedia anterior de los argentinos.
Me interesa, de todos modos, resaltar algunos “problemas” que Pía López cuenta que detectaron ya en su momento, y que leídos hoy, pueden entenderse de algún modo como una autocrítica. Tres cuestiones que, anudadas, pueden ser insumo para pensar las políticas culturales del kirchnerismo.
Por un lado, la autora se refiere a Carta Abierta, espacio de intelectuales oficialistas del que dice:
“Cuando dejé de ir tenía varias razones. Una era el tedio: cada vez que se hablaba críticamente, algún compañero contestaba con el listado de razones por los cuales había que seguir apoyando al gobierno. Los que discutíamos no poníamos en duda ese apoyo, sino la necesidad de pensar más allá del oficialismo de época, aunque su centro fuera el gobierno que apoyábamos”.
Por otro lado, cuenta una anécdota de censura que padeció en la Agencia de Noticias Télam, de la cual fue colaboradora, cuando aportó una nota con una mirada crítica respecto del rol que podría jugar la Iglesia Católica en relación a los gobiernos progresistas en Latinoamérica tras la mutación de Jorge Bergoglio en Papa Francisco. “Rechazaron la nota. Yo seguir colaborando”, comenta. Y agrega: “La anécdota es sintomática de lo que vendría”. El episodio narrado ocurrió en 2013, cuando el gobierno ya llevaba una década redonda de gestión del Estado nacional.
Por último, otra anécdota, esta vez del propio González. Cuenta Pía López que una vez, en una asamblea de Carta Abierta, ante el entusiasmo de algunos de sus colegas con Tecnópolis, Horacio llamó a realizar un “Librópolis”. La respuesta oficial fue el lanzamiento del “Encuentro Federal de la Palabra”… al interior de Tecnópolis.
Las tres dimensiones dan cuenta de una matriz de entender la intervención política en una de las esferas más progresistas de un gobierno en el cual también estuvieron presentes los intendentes y gobernadores cuestionados en 2001 y las empresas extractivistas obtuvieron rentas extraordinarias.
Por otro lado, resulta llamativo que Pía López califique como “comodidad intelectual” la situación de quedarse “a distancia” de un gobierno, sobre todo si se tiene en cuenta el poco o nulo espacio que quedó para aquellos intelectuales críticos que no aceptaron a las empresas de comunicación hegemónicas como tribuna anti-gobierno para expresarse.
Así y todo, y tal como sucedió durante las gestiones de gobierno de Néstor y Cristina, el modo en que Pía López aborda la figura de González, sus vínculos con él y sus intervenciones respectivas en el campo cultural de la argentina contemporánea, dan cuenta de cierta vocación por problematizar no solo el mundo tal cómo está, sino también los modos en los que se lo lee y se lo interpreta.
Por último, cabe destacar que Yo ya no es también un homenaje, un reconocimiento público de Pía hacia su maestro. Tal vez por eso escribe:
“Nuestro vínculo siempre giró sobre palabras, dichas o leídas, escuchadas o imaginadas, pendientes o imposibles. Palabras. Me enseñó la atención desaforada sobre la lengua. La de los escritores, traductores y psicoanalistas. La de los que imaginan museos para albergar esa experiencia y compartir la escucha”.
Con serios inconvenientes de salud desde hace un tiempo, Horacio asistió ya a las primeras presentaciones de este libro durante las últimas semanas de 2016. En medio de la debacle política y cultural que atraviesa el país, quien supo cosechar admiración en aulas universitarias colmadas por miles, quien dirigió una de las instituciones culturales más prestigiosas del país, aparece en numerosas fotografías difundidas en las redes sociales virtuales con una sonrisa en los labios y un dejo de nostalgia y agradecimiento hacia el puñado de amigos que lo rodearon en dichas jornadas.
¿Qué más puede pedir quien se definió como “funcionario libertario” y habitó como política el gesto de la incomodidad permanente hacia lo dado?

*Nota publicada en revista Zoom.