miércoles, 27 de marzo de 2019

EL NIETZSCHE DE DELEUZE


REEDITADO EN ARGENTINA POR EDITORIAL CACTUS

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)
  


La reciente publicación del pequeño libro Nietzsche, de Guilles Deleuze, permite a los lectores de lengua española acercarse de manera simultánea a la filosofía de los pensadores más importantes de los siglos XIX y XX.


En 1965 Gilles Deleuze tenía 40 años y hacía una década larga que era profesor de filosofía. Ese año, siguiendo las pistas de un Nietzsche que había escrito que su Así habló Zaratustra era un libro “alegre y demoledor”, Deleuze escribe su propio Nietzsche, en una clave alegre y demoledora también.
Si bien para entonces ya había escrito sobre Hume y estaba a unos años del umbral filosófico (en su vida, en Francia, en occidente) que implicó la publicación de sus libros Diferencia y repetición y Lógica del sentido (en 1968 y 1969) y, por la misma época, su cruce con Félix Guattari (que desembocará en la redacción de Antiedipo, primer tomo de Capitalismo y esquizofrenia publicado en 1972), este pequeño pero intenso libro sobre el autor de Genealogía de la moral es un verdadero golpe de martillo a la tradición filosófica vigente hasta entonces.
Resulta conveniente destacar que, así como Martin Heidegger fue el “filósofo oficial” del régimen nazi, Nietzsche fue algo así como el “alma espiritual” del Tercer Reich, y que la labor realizada por los comunistas italianos Giorgio Colli y Mazzino Montinari (que retrabajaron las traducciones) fue fundamental para entender la recepción que el “loco de Turín” tuvo en el ámbito de las izquierdas y el pensamiento crítico tras la finalización de la segunda guerra mundial.
La nueva edición de las obras de Nietzsche permitió, entre otras cuestiones, “despegar” al autor de Ecce Homo de las tergiversaciones operadas por su hermana Elisabeth, quien durante años monopolizó lo que se suponían era libros de Nietzsche y no eran más que “cortes/pegues” de fragmentos que quedaron consagrados en el Nietzsche-Archiv organizado por ella, quien se casó con Bernard Forster, un hombre particularmente antisemita, con quien marchó a fundar una colonia aria en Paraguay (episodio narrado magistralmente por Ricardo Piglia en su cuento “El fluir de la vida”). “Deleuze llega a calificar como “suprema traición” la operación de Elisabeth de intentar poner a Nietzsche al servicio del nacionalsocialismo, y encuadra esta “fatalidad” dentro del rasgo de “parientes abusivas” que figura en el cortejo de cada “pensador maldito”.
Momento de auge de luchas anticoloniales y anticapitalistas, pero también de ascenso de un profundo cuestionamiento a los “modos soviéticos” de construir el socialismo (crítica anti-estalinista), los años sesenta/setenta serán también los momentos en los que aparece fuertemente el cuestionamiento a Hegel y una búsqueda por ligar el pensamiento de izquierda con una genealogía que recuperaba algunos autores malditos como Nietzsche y Spinoza. Obviamente, el rescate de Nietzsche que hacen tanto Gilles Deleuze como Michel Foucault en la Francia de esos años será fundamental para entender el crecimiento exponencial del autor del Anticristo en el último medio siglo.
Si bien Deleuze ya había publicado tres años antes un libro (más extenso y profundo)  sobre este autor (Nietzsche y la filosofía), el Nietzsche cobra un relieve particular porque, entre otras cosas, logra una profunda concentración de ideas en un desarrollo extremadamente breve.
Con dos bellos y breves capítulos titulados “La vida” y “La filosofía”, Deleuze logra entrar en los núcleos centrales del pensamiento y el devenir biográfico nietzscheano: la cuestión de la locura, de las “comunidades de amigos”, el vínculo entre pensamiento y vida, la salud y la enfermedad, los conceptos de muerte de Dios, eterno retorno y transvaloración de todos los valores, la función crítico-creadora del filósofo (“médico” que diagnostica síntomas; “artista” que modela tipos; “legislador” que determina el rango, que opera como genealogista).
El libro cuenta además con un diccionario donde Deleuze describe los principales personajes de Nietzsche (de Ariadna a Zaratustra, pasando por Dionisio y Cristo), y una selección de 34 extractos de textos de sus principales libros.
La edición de este libro, que hace años no se conseguía en el mercado editorial argentino, resulta un verdadero convite a introducirse a las lecturas de Nietzsche y de Deleuze, a revisitar sus planteos intempestivos para seguir desarrollando el pensamiento crítico en este convulsionado siglo XXI.

lunes, 25 de marzo de 2019

“SI ME APURÁS, TE DIGO QUE WALSH ES MEJOR QUE BORGES”


#GenealogiasInsurgentes en #ProfanasPalabras, a 42 años de la muerte de Rodolfo

Por Mariano Pacheco*
 


La frase la supo pronunciar el intelectual irreverente David Viñas. Y si bien es cierto que, tal como remarcó Ricardo Piglia en más de una oportunidad, tiene poco sentido pensar la literatura argentina en términos “futbolísticos” (es decir, de rivalidades entre equipos irreconciliables), también es cierto que la frase –provocadora, como bien le gustaba frecuentar al escritor y crítico argentino– ayuda a re-situar a Rodolfo Walsh entre los íconos emblemáticos de la cultura nacional, tanto como a Borges, Manuel Puig, Juan José Saer o Roberto Arlt. Walsh el cuentista, el traductor, el hombre de letras al que no se puede obviar. Pero también Walsh escritor dedicado al periodismo.
No es lugar ni momento para entrar en algunas discusiones que ya hemos planteado en otra oportunidad (en el libro Cabecita negra. Ensayos sobre literatura y periodismo, de hecho, le hemos dedicado a Rodolfo un extenso capítulo), pero sí plantear –al menos al pasar– que lejos de entender a Walsh como un autor argentino inscripto en lo que desde el Truman Capote de A sangre fría se denomina como Non Fiction, pensamos que el gran aporte de Rodolfo a repensar los vínculos entre literatura, periodismo y militancia, fue haber inaugurado a mediados de los años 50 ese nuevo género que podemos denominar como “Investigación-denuncia-testimonio”. De “Operación masacre” a “¿Quién mató a Rosendo?”, pasando por el “Caso Satanowsky”, nos encontramos con un modo de hacer periodismo que, a su vez, es un modo de entender la literatura (y practicarla) y una forma de posicionarse políticamente en la sociedad. He allí un legado fundamental de Walsh para lo que hoy denominamos comunicación popular.
Por otra parte, la forma en que Walsh se abocó a fundar y participar de experiencias como el periódico CGT (de la combativa CGT de los Argentinos), el Semanario Villero y el diario Noticias, primero, y de la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA) y la Cadena Informativa (CI), después, dan cuenta de una lucidez respecto a la necesidad de abordar desde múltiples herramientas y lenguajes los desafíos de intervenir y disputar el sentido (o los sentidos) que circulan en la sociedad.
Finalmente, aunque no menos importante, resultan sus escritos como cuadro de la organización Montoneros, en los cuales presenta una serie de observaciones respecto a cómo entender la comunicación en el marco de una estrategia política más general (en aquel momento: una estrategia revolucionaria de cambio social).
Por todo esto decimos que no sólo hay que leer a Walsh, sino también estudiarlo.
Por todo esto decimos que el 25 de marzo debe ser el Día de la Comunicación Popular.

#ProfanasPalabras- Pasado y presente de la Argentina y El Mundo
El programa se emite en vivo, todos los martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar)


sábado, 23 de marzo de 2019

Contra mugre y perdón. Acerca de las políticas de la memoria


ANTE UN NUEVO ANIVERSARIO DEL 24 DE MARZO 

Por mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


La memoria como trabajo, atravesado por las estrategias y las luchas antagónicas de nuestra sociedad; “Contra el Olvido” y Nunca más”, consignas para recordar, repetir, reelaborar, pero también, para problematizar, reinventar y –a veces—olvidar.


“No vamos a los muertos insepultos por nostalgia lírica, sino porque en ellos encontramos el eslabón roto, el nervio desgarrado de la historia nacional”.
Juan José Hernández Arregui


EL TERROR
“En el país de la sociedad rural todos somos ganado que avanza hacia el matadero”, dice el profesor Gómez, en 77, la novela de Guillermo Saccomanno que se inició con La lengua del malón y siguió con El amor argentino. Y más adelante, este profesor refinado de literatura inglesa, homosexual y peronista (cabecita negra) agrega:
“El terror ataca de golpe y paraliza. Después, lento, minucioso, va socavando. En tanto, uno se agarraba del a mí no me va a pasar. Todos pensábamos lo mismo. Hasta que nos tocaba. El terror se iba apropiando de uno, primero en cuestiones chicas hasta que después invadía el lenguaje entero, el que se piensa, el que se habla, el que se escribe, el del cuerpo, cada gesto...”.
En su hoy ya célebre “Carta abierta de un escritor a la Junta militar”, distribuida en el país el 24 de marzo de 1977 (antes de ser asesinado y su cuerpo secuestrado), el escritor, periodista y militante montonero Rodolfo Walsh escribe:
“El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron”.
Está claro que el terrorismo de Estado comenzó en la Argentina mucho antes del inicio de la dictadura genocida autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, y no sólo lo demuestran el accionar criminal de la Triple A (la Alianza Anticomunista Argentina que ejecutó alrededor de 2.000 personas entre 1974 y 1976) sino también el golpe-policial de marzo de 1974 en Córdoba (conocido como el Navarrazo) y el accionar sangriento del Ejército Argentino en Tucumán.
Pero también está claro –y Walsh lo demostró muy bien en su trabajo periodístico y de inteligencia popular desarrollado desde la Agencia Clandestina de Noticias que conducía- que desde el 24 de marzo de 1976 las Tres A pasan a ser las tres armas.
Quien años más tarde tematizó y analizó ese accionar criminal fue Pilar Calveiro, militante montonera en los años 70 detenida-desaparecida durante la última dictadura cívico-militar, sobreviviente del horror devenida en aguda analista sobre estas temáticas. En su libro Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina (breve pero intenso libro publicado en 2008 en la colección Puñaladas. Ensayos de punta de la editorial Colihue) descripción minuciosamente el funcionamiento de los lugares de encierro forzado: las patotas, los grupos de inteligencia los guardias, los desaparecedores de cadáveres. Y arroja los números, que por conocidos hoy no dejan de ser escalofriantes:
“Entre 1976 y 1982 funcionaron en Argentina 340 campos de concentración-exterminio, distribuidos en todo el territorio nacional en 11 de las 23 provincias argentinas, que concentraron personas secuestradas en todo el país. Su magnitud fue variable, tanto por el número de prisioneros como por el tamaño de las instalaciones”.
Calveiro también repara en la represión que operó sobre del lenguaje en aquellos años:
“Es significativo el uso del lenguaje, que evitaba ciertas palabras, reemplazándolas por otras: en los campos no se tortura, se interroga, luego los torturadores son simples interrogadores. No se mata, se manda para arriba o se hace la boleta. Nos e secuestra, se chupa. No hay picanas, hay máquinas; no hay asfixias, hay submarino. No hay masacres colectivas, hay traslados, cochecitos, ventiladores. También se evita toda mención de humanidad del prisionero. Por lo general no se habla de personas, gente, hombres, sino de bultos, paquetes, a lo sumo subversivos, que se arrojan, se van para arriba, se quiebran. El uso de las palabras sustitutas resulta significativo porque denota intenciones obvias, como la deshumanización de las víctimas…”.
Seis décadas antes, el escritor, filósofo y dramaturgo francés Jean Paul Sartre también había reflexionado sobre las atrocidades cometidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial (1938-1945), expresando que la tortura era una “empresa de envilecimiento” centrada en un intento de aniquilar la humanidad del prójimo, más allá de la información (por más útil que ésta fuera) que el verdugo pudiera obtener.
“El campo de concentración argentino fue el intento más claro del poder por apresar y desaparecer todo aquello que escapa a su control”, remata Calveiro.
Hoy sabemos -siguiendo las pistas otorgadas por los pensadores franceses Guilles Deleuze y Michel Foucault- que donde hay poder, hay resistencia, y también, que siempre hay algo que se escapa del control, que fuga, que se sustrae a las normas establecidas, por más a sangre y fuego que éstas se sostengan. El caso de la última dictadura no es una excepción.


LA MEMORIA Y… ¿NUNCA MÁS?
Parafraseando al pensador italiano Remo Bodei, diremos que la memoria es un “campo de batalla”, no un simple e inocente acto de mirada retrospectiva, sino un combate, o más bien, un lugar de conflicto, un lugar bé­lico, porque el “trabajo de memoria” es un proceso social para interpretar y dar sentidos colectivos al pasado, desde las posiciones, las pasiones y los intereses del presente. 
Por eso hoy, rodeados de apologistas del olvido y la reconciliación para perdonar las atrocidades cometidas por el Estado terrorista, cobran tanta relevancia las memorias de las resistencias pretéritas, que se enlazan con las actuales, como tan claro quedó en las coyunturas de las luchas mapuches reprimidas en la Patagonia por la “Doctrina Bulrich”, que culminaron con las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, así como los repudios a la “doctrina Chocobar” que legaliza los casos de “gatillo fácil” con los que las policías suelen exterminar a la juventud pobre y trabajadora en estos años de “democracia de la derrota”.
La emergencia de Madres de Plaza de Mayo, en 1977, fue un verdadero acontecimiento político, no sólo para nuestro país sino para el mundo entero. De allí que cuando se haya quebrado definitivamente la sobra del terror dictatorial (el 19 de diciembre de 2001), la figura de Las Madres enfrentando a los caballos de la policía que se le tiraban encima en la Plaza de Mayo fuera tan central, no sólo para desafiar el “estado de sitio” decretado por el entonces presidente Fernando De La Rúa, sino también para la insurrección popular que se propagó al día siguiente, el 20 de diciembre de 2001.
“Nunca más”, entonces, entendido como condena la fascismo, no deja de tener más que una actualidad por demás necesaria.
Ahora, ese lema, no suele ser pronunciado sólo respecto del “Terrorismo de Estado”, sino también del deseo revolucionario que recorrió el país y el mundo durante las décadas del sesenta y del setenta. Considerado totalitario, ese deseo, esas apuestas de transformación revolucionaria de la sociedad, fueron colocadas muchas veces en el lugar del Otro Terrorismo. Así, tal como señala Eduardo Grüner en el prólogo al libro Violencias de la memoria, de Jorge Jinkis, la fórmula “recordar para no repetir” no es sólo una mala teoría de la repetición –ya que al poder no le interesa solamente reprimir, sino y sobre todo producir–, esa fórmula oculta detrás del Nunca más, dicha desde el poder, puede ser también –y sobre todo– una amenaza: “Recuerden que ya sucedió una vez, no vaya a ser que les suceda de nuevo”.
Pasado del trauma, presente del síntoma, y severa advertencia hacia el futuro.


OLVIDO, JUSTICIA Y DESEO REVOLUCIONARIO
El olvido, entonces, también puede resultar fundamental para una política que se pretenda revolucionaria. Por supuesto, no un olvido que conduzca al perdón y la reconciliación, sino uno que surja del propio “trabajo de la memoria”, de esas disputas que ponen el antagonismo social en el centro de la de la pretendida “reconciliación” de lo irreconciliable, que permita emerger un proceso de resimbolización de los hechos traumáticos que hemos vivido como pueblo. En ese sentido, cabe recordar la advertencia que, de manera tan clara hizo hace ya tiempo el pensador maldito Friedrich Nietzsche, cuando en el “segundo tratado” de su Genealogía de la moral aseguró que “sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente”.
Para que emerja un orgulloso y jovial presente de lucha, entonces, un cierto olvido que permita procesar de otro modo las huellas del terror en la posdictadura, advirtiendo que, como supo resaltar Walter Benjamin en sus Tesis sobre la historia, “quienes dominan en cada caso son los herederos de todos los que vencieron alguna vez”.
Los nombres que hoy circulan en la escena política nacional, comenzando por el propio presidente Macri, no hacen más que confirmar esta hipótesis. Contra ella vamos.

*Editorial elaborada para la Revista Resistencias/Resumen Latinoamericano

Posdata:
Para finalizar estas breves reflexiones, unas canciones de rock, alusivas a la fecha, para escuchar en estos días:
“Madres”, de Caballeros de la quema: https://www.youtube.com/watch?v=ZRa3aotSZ6I
“Memoria”, de Attaque 77: https://www.youtube.com/watch?v=dlB-Tulo9cU


viernes, 22 de marzo de 2019

El Oso vive, la lucha sigue


Inauguran en La Boca Local de los Recicladores y rinden homenaje a Martín Cisneros


Recuerdo ese 26 de junio de 2004, cuando estábamos en la base del Puente Pueyrredón, después de haber pasado la noche allí acampando, tras la realización de la marcha de antorchas que el 25 a la noche había partido desde la estación Avellaneda (que ya comenzaba a ser rebautizada como estación Darío y Maxi) para conmemorar el segundo aniversario del asesinato de nuestros compañeros Kosteki y Santillán. La noticia comenzó a circular temprano: habían asesinado a otro compañero. En la Coordinadora Aníbal Verón ya habíamos padecido el asesinato de Javier Barrionuevo, durante un piquete que se realizaba en Esteban Echeverría en febrero de 2002. Ahora el crimen no pesaba sobre las espaldas de La Verón sino del entonces Comedor Los Pibes, situado también al sur, pero no del conurbano sino de la ciudad de Buenos Aires. Martín Cisneros era un militante de larga data y a Los pibes de La Boca todos los conocíamos porque, a pesar de haber transitado estructuras organizativas diferentes, en los años noventa y en las distintas coyunturas del 2000 y 2001 nos habíamos cruzado innumerables veces con Lito Borello, su principal referente, y varias de sus compañeras y compañeros.

No fui al velorio del Oso, no sé si porque me replegué hasta Almirante Brown, donde entonces vivía y militaba junto a mis compañeras y compañeros del MTD, o si porque en mis breves 23 años ya no soportaba ver enterrar a un compañero más. Si recuerdo la conversación de la coordinación del acto, planteando la necesidad de no demorar demasiado y armar una nutrida comisión que se acercara a saludar a la compañerada en ese momento tan difícil.
Mañana Martín cumpliría 59 años, la edad plena de un cuadro experimentado, esos que tanta falta nos hacen con frecuencia. Hoy la consigna “El Oso vive, la lucha sigue” lo recordó como mejor se recuerda a un militante asesinado: con nuevos proyectos para seguir combatiendo al capital.
Hoy, con una olla popular de la resistencia y una Radio Abierta de la Economía Popular se inauguró en La Boca un nuevo local de Recicladores, dando cuenta una vez más de que el precariado no deja de estar en acción.


jueves, 21 de marzo de 2019

Gelman-Cedron en la Semana de la Memoria de Profanas Palabras

En el Día de la Poesía: JUAN X 2: Gelman/Cedrón


NOTA XXV
queridos compañeros/moridos 
en combate o matados a traición o tortura/ 
no los olvido aunque ame a una mujer/
no los olvido porque amo/como
ustedes mismos amaron una vez/¿se recuerdan?/
¿bellos andaban por el aire?/¿y combatían?/
¿y el calor de una mujer les asomaba
en la cara?/¿se recuerdan?/me acuerdo
de haberles visto una mujer brillar
en medio del combate doloroso
inmortales brillaban ustedes
contra el dolor/contra la muerte
ahora que duermen calladitos
y alguna sombra dulce los tocara
acomodándolos mejor
contra los perros del olvido
Juan Gelman

Esta poesía leí el martes en el segundo programa de Profanas Palabra dedicado a Nicolas Garcia (el compañero Willy) y Agueda Verónica Somer(la Comandanta Cuca).
En el
ESPECIAL 24 DE MARZO también escuchamos "Milonga de Albornoz", un gran poema de (El Gorila) Jorge Luis Borges musicalizado por Cedrón, que también comparto:
https://www.youtube.com/watch?v=PflZWkVdE-U&t=3s
El programa se emite en vivo, todos los martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar)

domingo, 17 de marzo de 2019

Karl Marx: internacionalismo “desde abajo”, anticapitalismo y ética-política de la rebelión


A 136 años del fallecimiento del fundador del comunismo moderno

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)



Cuando Mark Fisher, recuperando los espectros de Marx puestos en escena por Jaques Derrida, planteó hace muy poco tiempo que no debíamos dejar ir al fantasma (del comunismo), porque ese gesto nos permitiría «no acomodarnos»,  nos convida a la vez un problema y un programa. Por un lado, nos muestra el rostro descarnado de la actualidad: el único fantasma de comunismo en el Nuevo Orden Mundial es el de su ausencia; por otro lado, nos incita a no dejar de recuperar y reactualizar el concepto de comunismo, y rastrear sus huellas «en el movimiento real».
Hoy me interesa rescatar de la figura de Marx la posibilidad que él encuentra en el periodismo de vincular filosofía con economía y política, con historia social y actualidad.
También la escritura periodística vinculó a Marx (junto a Federico Engels) con la militancia obrera de aquellos años. No está de más recordar que el emblemático «texto fundacional» del Manifiesto Comunista fue escrito a pedido y en nombre de la Liga Comunista, una organización política de la época, luego de un intenso vínculo que Marx y Engels sostuvieron con el activismo obrero europeo durante el período 1845-1847, período que hoy puede –además de leerse, “verse” en el film El joven Marx, de Raoul Peck--.
Por otra parte, más allá de que Marx se dedicó durante períodos extensos a componer su «obra científica» (movimiento que va de la elaboración de Los Grundrisse en 1857 a El capital, cuyo primer tomo se publica en 1867 pero que no agota el trabajo que Marx continúa hasta muerte, en 1883), también dedicó años de su vida al activismo; un activismo que también comprendía la elaboración y la escritura como un momento de la pelea («La lucha ideológica forma parte orgánica de la lucha de clases», supo afirmar Louis Althusser, en clara sintonía con el planteo leninista, que sostenía que el ideológico era uno de los tres frentes de batalla en la lucha de clases, junto con el económico y el político).
Así, Marx se dedicó a leer, resumir y tomar apuntes de numerosos libros, a pensar y elaborar conceptos, pero también a dar conferencias («Salario, precio y ganancia» es una pieza fundamental de la oratoria marxista), y a escribir textos fundamentales de una experiencia primordial a la hora de  trazar genealogías insurgentes, como fue la apuesta de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), la «Primera Internacional» donde durante casi una década (1864-1872) confluyeron comunistas, socialistas, anarquistas y otras corrientes del movimiento obrero europeo.
Más allá del abismo que existe entre ese momento embrionario del desarrollo del capitalismo visto por Marx desde Europa, y capitalismo globalizado que hoy vivimos y habitamos nosotros desde Latinoamérica, hay una serie de cuestiones del legado marxista que no nos dejan de interpelar: no sólo el estudio de un trabajo de investigación rigurosa como lo es El capital, sino también una serie de problemáticas políticas que están presentes en el recorrido que Marx realiza en un movimiento de ejercicio crítico del pensamiento que va de El Manifiesto a La Comuna de París; ciclo que se complementa con una lectura de la correspondencia que mantiene con la revolucionaria rusa Vera Zasulich a propósito de la importancia de la comuna rural rusa en una vía heterodoxa hacia el socialismo; rigurosidad del pensamiento que se expresa en la disposición a defender con argumentos sus planteos, pero también a ejercer la crítica de sus adversarios sostenida en una lectura profunda de aquellos a quienes combate (la «Crítica del Programa de Gotha» es emblemático en ese sentido).
Para finalizar este breve recordatorio de Marx, quisiera rescatar un par de cuestiones que aparecen en la «obra política» de Marx que se nos presentan hoy como potentes insumos para afrontar los debates actuales:
1) La importancia del internacionalismo proletario (o “desde abajo y a la izquierda”, para decirlo con un lenguaje más Latinoamericano) más allá de que en cada país la clase trabajadora deba emprender su lucha contra las burguesías locales; internacionalismo que va más allá de la «mera fraternidad» entre pueblos, como señala Marx en la Crítica del programa de Gotha, porque entiende que lo común es la lucha contra el capitalismo, «negocio burgués» que se sostiene por la existencia del mercado mundial (carácter cosmopolita de la producción ya señalada en El Manifiesto).
2) El anticapitalismo que da cuenta de que el trabajo asalariado es la condición de existencia del capital (antagonismo irresoluble en la sociedad burguesa).
3) La necesidad de pensar los cambios profundos en términos de transiciones: importancia de que el proletariado se constituya en partido para darse una estrategia de conquista del poder político en El Manifiesto, tema que será problematizado luego por el propio Marx a la luz de experiencias históricas como la Comuna de 1871; idea que vuelve a aparecer en el Programa de Gotha al esbozar la teoría de la «dictadura revolucionaria del proletariado» como «período político de transición» que media entre la sociedad capitalista y la comunista.
4) Reivindicación de lo comunal como «forma política» más afín a la búsqueda democrática de conjurar la escisión entre gobernantes y gobernados (como señala en La guerra civil en Francia); asimetría que, tal como ya había visualizado en sus escritos juveniles (Los Manuscritos económico-filosóficos de 1844) se asienta sobre la división entre trabajo intelectual y trabajo manual, y la primacía del primero sobre el segundo, así como la necesidad de desandar las estructuras duras de la representación y la represión (disolución del Ejército en el París insurgente de 1871 así como deconstrucción de las instituciones que consagran a funcionarios con sueldos altamente diferenciados del de quienes producen los bienes fundamentales para la existencia); y ni que hablar de la necesidad de separar a la Iglesia de las formas de organización política de una sociedad.
5) Por último, la ética de la rebelión, que pone el foco de la mirada histórica en la lucha de clases; que prioriza una lectura de la actualidad desde el punto de vista del antagonismo entre la clase-que-vive-del-trabajo y el capital; que pretende intervenir en el mundo desde una mirada que no esté opacada por la superstición; que promueva la liberación como camino para la desalienación de la humanidad frente a los fetiches de todo tipo. En fin, una ética que es una política que sostiene, como se hizo en las barricadas parisinas de la Comuna, que «simples trabajadores» pueden cuando se lo proponen «transgredir el privilegio gubernamental».


martes, 12 de marzo de 2019

#ProfanasPalabras: presentación


Desde el 12 de marzo. Martes 16 horas por Radio Eterogenia 

 Por Mariano Pacheco


#Presentación
El único cansancio que nos aqueja es el de los monólogos, explícitos o solapados.
Queremos abrir un diálogo, entablar una conversación. Incluso una polémica, de esas que suelen ser tan fructíferas y que tanto escasean en estos tiempos solemnes de falsos consensos.
Queremos intercambiar palabras, con quienes viven, e incluso con quienes han muerto.
Hay momentos en que las palabras sobran; otros en que se tornan  fundamentales.
Alguna vez, un viejo barbado escribió que se comenzaba cediendo en las palabras para finalmente ceder en los hechos. No queremos ceder en ningún aspecto, y sin embargo, no otorgamos a las palabras poderes mágicos, o sobrenaturales. Por eso preferimos las palabras profanas.
Asumiendo con la claridad la propia posición social (el oficio periodístico) queremos hablar (y escribir) políticamente, y no desde una falsa neutralidad o pretensión de independencia. Intentaremos, eso sí, hacerlo con rigor, con valentía, con honestidad, pero haciéndonos cargo de que la política es siempre un conflicto que se juega en varios campos, y uno de ellos es el de las interpretaciones; que la lucha política es siempre una lucha por la palabra y, más aún, por qué se considera o no palabra política en una sociedad.
Con ese afán de intervenir en el presente de la Argentina damos inicio a este nuevo proyecto, asumiendo a Latinoamérica como nuestra patria, y al mundo entero como nuestra casa.
No necesitamos, sabemos, ser refinados transeúntes que nos paseamos por los jardines del saber histórico, sino que necesitamos –como tan bien nos recuerda Don Federico—de la historia para la vida, para la acción, para situarnos con más fuerza en el aquí y ahora. Por eso, siguiendo las pistas que han sembrado otros –entre ellos el compañero Walter—decimos que revisitaremos ciertas figuras y fechas de antaño, sí, pero para inspirarnos,  para dejarnos rozar por esa ráfaga de aire que envolvió a quienes estuvieron antes, con el afán de tejer un secreto compromiso de encuentro, entre las generaciones del pasado, y la nuestra.