jueves, 28 de julio de 2011

Notas sobre el cuarteto Cedrón

Publicada en Prensa De Frente, julio de 2011



Alguna vez, el poeta y editor de la legendaria editorial La rosa blindada, José Luis Mangieri, dijo que no se podía entender la década del 60 sin el Cuarteto Cedrón. Seguramente, esa huella ha marcado no solamente a esa generación sino también a las posteriores. Es que este cuarteto –que nació siendo trío– de tango heterodoxo, ya lleva 46 años de recorrido musical, poético, artístico, político. De allí que Tango y quimera, el libro de Antonia García Castro publicado por la editorial Corregidor en 2010, venga a cubrir un bache fundamental de la historia cultural de nuestro país. 
Casi 300 páginas que reúnen historias, historietas, fotografías y dibujos sobre una experiencia cultural que ya tiene más de 35 discos editados, que ha realizado la banda sonora de 11 películas nacionales y extranjeras, que ha musicalizado a unos 40 autores, entre los que se destacan Francisco Urondo, Juan Gelman, Jorge Luis Borges, Bertolt Brecht, César Vallejo, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, Homero Manzi, Julio Cortázar. En fin, un cuarteto en torno del cual se han agrupado, en distintos momentos y por diferentes circunstancias, músicos y escritores, pero también pintores, cineastas, actores y editores, militantes.Pionero como cantautor (desde sus magistrales presentaciones en el Café Concert “Gotán”, allá por el año 64-65), Juan Tata Cedrón supo transitar entre los clásicos y la vanguardia. Desde Madruga, Cedrón no ha parado de musicalizar gran parte de la obra poética de Juan Gelman. Tal vez porque digan lo que digan –como escribió Paco Urondo en la presentación de ese primer disco– nos conocen por el tango, nos recuerdan por el tango, somos tangueros, para bien o para mal. Porque digan lo que digan los tangos de Cedrón me parecen muy buenos. Y además, canta como un campeón.Ahora –desde hace ya algunos años, en realidad– los seguidores de la larga trayectoria de este campeón, tenemos la oportunidad de verlo más seguido: no como en los 90, cuando venía de vez en cuando, y nos apresurábamos a visitarlo en el Foro Gandhi de la calle Corrientes, sin saber cuándo contaríamos con ese privilegio nuevamente. No, hoy en día lo sentimos más cerca, porque tras largos años de exilio en Francia y de rumbear por distintos sitios del mundo (desde 1974), se ha radicado (en 2004) nuevamente en su querida ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, el cuarteto nos ha sorprendido con nuevos discos: Frizón Frizón y Orejitas perfumadas (basado en la obra de teatro que realizaron con textos de Roberto Arlt). En el año bicentenario, un nuevo disco-doble. En el primero (Corazón de Piel Afuera), el Tata musicaliza 11 poemas de Miguel Ángel Bustos y se despacha con un solo musical, también de su autoría. En el segundo (Godino), musicaliza 14 canciones de 9 autores: un anónimo, Pedro Atieza, Luis Alposta, Evaristo Carriego, Julio Huasi, Mario Clavell y su ya clásico poeta de cabecera, Raúl González Tuñón, a quien supo entrevistar en sus años de juventud.Cedrón, que ya se fue y volvió –creo– nunca se dejará de ir, aun permaneciendo en un mismo lugar. Cedrón, nuevamente en Buenos Aires, nos alegra el corazón. Es que tal como escribió hace décadas Tuñón, en su famoso poema (musicalizado por Cedrón) La cerveza del pescador Schiltigheim, “es necesario no asustarse de partir y volver, camaradas. Estamos en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven”. 

domingo, 24 de julio de 2011

Texto publicado en el diario Sur capitalino, julio de 2011

Un fantasma conmueve a los vecinos de La Boca y de Barracas



En Milonga de Albornoz, un hermoso poema musicalizado por el tanguero Juan Tata Cedrón, Jorge Luis Borges escribió: “El tiempo es olvido, y es memoria”. Como en Las ciudades invisibles narradas por el escritor italiano ítalo Calvino, también aquí, en el sur de la ciudad de Buenos Aires, hay sitios en los cuales lo subterráneo de nuestra historia se superpone con los nuevos aportes arquitectónicos y otros atractivos turísticos. En muchos casos, la memoria de lo que fue, retornando insistentemente para no ser ayer y continuar siendo presente.
El fantasma del tango es uno de esos elementos que se resisten a ser pasado y hoy conmueve a los vecinos de La Boca y de Barracas. Es que el tango no ha dejado nunca de ser bailado, y cantado y tocado por aquí y por allá, en todas partes de la ciudad, y seguramente por eso tantos turistas llegan para aprenderlo y tantos argentinos van a convidarlo en tantos lugares del mundo.  
El tango, que ha sido reconocido como patrimonio de la humanidad y sostén de la identidad argentina (y en particular de la Ciudad de Buenos Aires), ahora busca fortalecer sus vínculos con el pasado, a partir de un proyecto de ley elaborado por la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, a través del cual se pretende lograr que el espacio delimitado por las calles Av. Pedro de Mendoza, Vieytes, Luján, Sta. María del Buen Ayre, California, Santa Magdalena, Australia, Pinedo, Carrillo, Paracas, Ituzaingo, Uspallata, Av. Martín García, Irala, Villafañe y Caboto, sea declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad. Lo que se busca con la aprobación de esta ley –que ya ha sido presentada en la Legislatura porteña– es que se garanticen los medios necesarios para la investigación, restauración, conservación y puesta en valor de los bienes arqueológicos vinculados al tango en esa zona, ya que la arqueología –dicen los promotores del proyecto– es de las únicas disciplinas que pueden responder a cuestiones relativas al origen y a las condiciones del surgimiento del tango en el espacio portuario de la ciudad.
De allí que los arqueólogos involucrados en esta iniciativa –que ya han realizado trabajos de este tipo en la ciudad– busquen, mediante la aplicación de diferentes técnicas, aportar a la reconstrucción de la historia del tango. Para ello, tomarán como punto de partida distintos sitio: casas, cafetines, almacenes, burdeles, etcétera, a partir de los cuales poder reconstruir marcas coreográficas del tango, diversos aspectos de la vida en los conventillos, del trabajo, de la comida y de las elecciones de consumo de la época, entre otros elementos.
Y si bien estos lugares, tanto en La Boca como en Barracas, son diversos y sus grados de conservación variados (algunos, por ejemplo, entremezclados o recubiertos con arreglos posteriores), muchos de ellos –sostienen los arqueólogos–, aún conservan marcas, sea en forma de rellenos de pozos o terraplenes, o bien por divisiones arquitectónicas, distribución, densidad y diversidad de artefactos.
Si bien las apelaciones a la tradición suelen tener un carácter nostálgico, en muchos casos, cuando no reaccionario (si es que plantean que todo pasado fue mejor que el presente), en este caso, la reivindicación de la memoria tiene que ver con una proyección a futuro, con un intento por evitar que se pierdan datos centrales de nuestra identidad, tanto nuestra como de las futuras generaciones.
En este sentido, este proyecto es de vital importancia para la preservación de la memoria, ya que los recursos arqueológicos del tango (como en tantos otros casos) no son renovables. De allí que su destrucción pueda causar daños irreparables. Y el tango, qué duda cabe, ha sido y es uno de los referentes centrales a la hora de comprender la forma de vida de los porteños, y por lo tanto, es un elemento insoslayable en la construcción de identidad de la ciudad. Por algo, en uno de sus poemas, Homero Manzi escribió: “Si ya sabés que la ausencia mata”. “En un corralón de Barracas”, el poema inédito de Manzi musicalizado por Cedrón en los últimos años, habla de un carretero y un caballo frisón (por el pueblo holandés llamado Frisia), que usaban para transportar la arena y los adoquines que hacían prosperar a la ciudad, durante las primeras dos décadas del siglo XX. Corralón de Barracas, símbolo del sur de Buenos Aires… ojalá que sea encontrado ahora por los arqueólogos que llevan adelante este proyecto.



viernes, 8 de julio de 2011

Entre la autogestión y la precarización

Las paradojas de un nuevo instrumento gremial


POR: Mariano Pacheco para El Mortero

Solidari@s y Combativ@s es el lema bajo el cual más de 3.000 personas se han reunido para dar nacimiento, a partir de marzo de este año, a la Asociación Gremial de Trabajador@s, Cooperativ@s, Autogestiv@s y Precarizad@s. Los antecedentes de esta iniciativa podemos rastrearlos hacia fines de 2009, cuando un conjunto de organizaciones territoriales conformaron el Frente de Lucha por Cooperativas Sin Punteros, realizando un acampe sobre la Avenida 9 de Julio, frente al ministerio de Desarrollo Social de La Nación, luego de que el Gobierno Nacional anunciara la creación de 100 mil puestos de trabajo a través del Programa Argentina Trabaja. Desde entonces, varias organizaciones sociales vieron la necesidad de unirse para luchar no sólo por ingresar al programa, sino también por lograr un manejo autónomo de las cooperativas que integraran, defendiendo así la posibilidad de que sean los propios trabajadores los que decidan cómo, dónde y en que tiempos llevar adelante el trabajo, evitando de este modo quedar rehenes de las redes de punteros políticos que ya comenzaban a repartirse la torta anunciada por el gobierno, antes de que se implementara.
Luego de trabajar subterráneamente durante todo el 2010, la AGTCAP ya ha realizado varios plenarios en lo que va del año, con la presencia de centenares de delegados de organizaciones de distintas provincias, a partir de los cuales comenzaron a delinear algunos principios y mecanismos organizativos: crecimiento y consolidación del proyecto desde las bases, promoción de espacios democráticos y asamblearios para tomar las decisiones, entre otros.
Ana, una de las referentes barriales del Movimiento de Trabajadores Desocupados de Lomas de Zamora –integrante del Frente Popular Darío Santillán– destaca que a pesar de su nombre (“Argentina Trabaja”), este programa quedó acotado a Buenos Aires. Por eso, uno de los reclamos de la flamante AGTCAP es la nacionalización del Programa, o bien la implementación de más y mejores programas de empleo que logren tener incidencia nacional. De allí que, más que oponerse a estos programas promovidos por el Estado, esta Asociación ha surgido para exigirle que se cumpla con los derechos laborales elementales, burlados por la situación de precarización: salario mínimo que garantice cubrir la canasta familiar, seguro por accidentes y obra social, vacaciones y aguinaldo, indumentaria y herramientas acordes al trabajo realizado, jubilación. Es decir, que le exigen al Estado que garantice sus derechos, como a cualquier trabajador formal.

viernes, 1 de julio de 2011

De Cutral Có a Puente Pueyrredón
... en Venezuela


POR: Leandro Albani (Caracas, 21/06/2011)


Movimientos sociales en Argentina: 
el desafío de consolidar el poder popular

Los movimientos sociales de Argentina tienen como desafío consolidar el poder popular, que desarrollan desde hace más de una década, y alcanzar la consolidación de un proyecto más amplio con capacidad de confrontar a los poderes hegemónicos.
Así lo dijo en entrevista exclusiva para la AVN, el periodista y escritor Mariano Pacheco, autor del libro "De Cutral-Có a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados".
Para lograr este objetivo entre los movimientos sociales argentinos, que se reúnen bajo las premisas de una nueva izquierda autónoma, Pacheco explicó que se debe tener cuenta “una mixtura de experiencias en nuestra América”.
Entre ellas nombró el caso del movimiento zapatista en México y el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, que con sus experiencias “muestran que es posible autogobernarse de otro modo”.
A ellos hay que sumarles los gobiernos populares, como en los casos de Venezuela y Bolivia, que con sus proyectos “alumbran la posibilidad de dar batallas, ya no sólo desde la resistencia sino también desde las entrañas mismas del monstruo, es decir, desde el interior de esos aparatos de dominación llamados Estados”, analizó el escritor argentino.
Pacheco señaló que en la actualidad del país, los movimientos sociales “se encuentran ante un gran desafío”, como es “consolidar las experiencias de construcción de poder popular local que ya llevan más de una década”.
A esto hay que sumar la necesidad de “construir un proyecto más amplio, con capacidad de dialogar con otros sectores no organizados de nuestro pueblo y, a su vez, estar en mejores condiciones para confrontar con los poderes hegemónicos”, detalló.
En su libro, Pacheco hace un recorrido por el surgimiento de los primeros Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) a mediados de la década del 90 hasta la actualidad, donde muchas de esas experiencias, que actuaban en plena resistencia, ahora han crecido, mutado o se cobijaron bajo el ala estatal.
En la obra, el autor hace hincapié en la formación de estas organizaciones que pelearon, muchas veces en soledad, contra los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, quienes sostuvieron las recetas más ortodoxas del neoliberalismo.
El libro aborda la historia de los MTD, no sólo como un hecho cronológico sino a través de historias de vida, crónicas y análisis que van desde la educación popular, la teoría marxista, una revisión de la lucha armada en Argentina en la década del 70 hasta la literatura y la comunicación producida por los mismos movimientos.
Uno de los momentos históricos que más se aborda en De Cutral-Có a Puente Pueyrredón es la rebelión popular que se produjo en Argentina en diciembre de 2001 y que desembocó en la renuncia del presidente De la Rúa, después de una represión que dejó como saldo 39 personas muertas, nueve de ellas menores de edad.
Pacheco expresó que a 10 años de esas masivas movilizaciones en todo el país, que “pusieron en jaque a la clase política en su conjunto, el Estado ha recompuesto su legitimidad, sus instituciones se recuperaron y en algunos casos se han fortalecido”.
Para el escritor y periodista, esta situación “hace que se produzca, por un lado, una captura estatal de muchas de estas experiencias que, aún habiéndose mantenido por fuera del partido de Gobierno, comienzan a actuar bajo sus lógicas”.
“Por otro lado, se ha producido un discurso que circula con fuerza, que es el de colocar en el lugar de la política a todo aquello cuestionado por la rebelión de diciembre de 2001, y poner en el lugar de la no política a todas esas experiencias que surgieron por aquellos años”, analizó.
También reconoció que las propias organizaciones han cometido errores, como por ejemplo no tener capacidad para construir un “movimiento político de masas” que pueda “disputar en otros planos del quehacer político nacional”.
Sobre el aporte de los MTD en Argentina, así como de las fábricas recuperadas por sus obreros o de los nuevos sindicatos de base, Pacheco sostuvo: “Fueron un gran ejemplo que puso sobre el tapete que era posible hacer una política popular, desde abajo, que apuntara al cambio social, por fuera de los partidos tradicionales y la iglesia, por fuera del Estado y las lógicas de la democracia representativa, poniendo el eje de la participación, de la democracia directa como central”.




viernes, 24 de junio de 2011

Maxi, Darío, Mariano…

La “zurda loca” que lucha por otro país


POR: Mariano Pacheco para Prensa De Frente

M-D-M: La fórmula (mercancía-dinero-mercancía) a través de la cual Karl Marx se propuso explicar el funcionamiento del sistema capitalista, en el primer tomo de su clásico El capital, uno de los libros más brillantes –dicho sea de paso– creados a lo largo de la historia de la humanidad.
M-D-M: Las siglas de tres de los luchadores populares asesinados en Argentina en la última década que más han dejado marca en quienes pujamos día a día por intentar cambiar esta sociedad (por supuesto, no me olvido ni de Carlos Fuentealba, ni de los “desaparecidos de hoy”, como Luciano Arruga y Jorge Julio López, ni de tantos otros, aunque no aparezcan mencionados en estas líneas).
Es que desde que fueron asesinados, el 26 de junio de 2002 –en la denominada Masacre de Avellaneda–, Darío y Maxi han sido un ejemplo que se ha multiplicado con la incorporación de cientos de jóvenes a las agrupaciones estudiantiles de los colegios secundarios y las universidades, de los movimientos sociales en las barridas, de los colectivos culturales y comunicacionales, de resistencia contra el saqueo de los recursos naturales y la contaminación, colectivos feministas y de diversidad de géneros y tantos otros que se han mantenido a lo largo de estos años y otros tantos que han proliferado en distintos sitios del país.
El asesinato de Mariano Ferreyra a manos de la patota sindical ferroviaria (el 20 de octubre de 2010, en Barracas, luego de que los obreros ferroviarios “tercerizados” del Roca protagonizaran una protesta sobre las vías, a unos cuantos metros nomás de la actual Estación Darío y Maxi, ex Avellaneda), volvió a poner en discusión un tema que cada tanto, en los últimos años, fue apareciendo en la agenda política nacional: que una nueva corriente, viene emergiendo, desde abajo, en el interior del históricamente denominado movimiento obrero organizado. Una  tendencia sindical de base (o como se lo quiera denominar), que pone el foco en los legados clasistas, que promueve la participación y la democracia desde otras lógicas que las tradicionales. En fin, un sindicalismo que no subordina los intereses de la clase que vive del trabajo a intereses ajenos.
Cuentan que Mariano dio sus primeros pasos en la militancia en torno a las movilizaciones y actividades exigiendo juicio y castigo a los responsables materiales y políticos de la Masacre de Avellaneda. Meses después de la rebelión de diciembre de 2001.
Ahora, en muchas movilizaciones, podemos ver también, junto a las caras de Darío y Maximiliano, la de Mariano. Su asesinato, que movilizó la solidaridad de miles de personas, también puso sobre el tapete la discusión sobre la organización de los trabajadores y sus derechos a reclamar mejores condiciones laborales. Es decir, puso en boca de todos lo que ya todos sabíamos: que en este país, la mitad de los trabajadores están precarizados, es decir, son considerados trabajadores de segunda o de tercera (y eso se expresa no sólo en sus salarios, sino también en la mayor extensión y las peores condiciones en la jornada laboral). De allí que no sea redundante remarcar, una y otra vez, que esta lucha terminó con un gran triunfo, no sólo de los “tercerizados del Roca”, sino del movimiento obrero en general (1.500 trabajadores tercerizados pasaron a convenio). Y eso hay que subrayarlo, porque el movimiento avanza cuando hay conquistas, de las más pequeñas a las más grandes, sí, porque todas van aportando a recuperar la autoestima y valorar las herramientas gremiales. Y esto no es un dato menor, si tenemos en cuenta que la respuesta del sindicato ferroviario fue hacer paros sorpresivos manifestándose en contra del triunfo y solidarizándose con los imputados en la causa.
No voy a meterme aquí con el proceso judicial, que involucra no sólo a quienes dispararon las armas (Cristian “Harry” Favale, barrabrava de Defensa y Justicia, de 36 años, y Gabriel “Payaso” Sánchez, ex barra de Racing y guardatrén de la ex Roca, de 33), sino también al secretario general de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, quien se encuentra detenido desde febrero en el penal de Ezeiza. Causa que señala que estos tipos “sabían y querían” herir y matar “y emplearon los medios adecuados para ello”, según declaró la fiscalía ante los medios de comunicación hace algunos meses. Es decir, que actuaron con un claro “acuerdo previo”, convocados y organizados por delegados de la Unión Ferroviaria (UF) en el ataque a los trabajadores tercerizados de la ex línea Roca y los militantes de agrupaciones políticas que intentaban cortar las vías en reclamo. Las relaciones entre estos grupos y la dirección del sindicato es lo que se buscó desde un principio poner sobre la mesa, para que quienes mandaron a apretar el gatillo no quedaran impunes. Las relaciones entre estos sindicalistas con el resto de la CGT conducida por Hugo Moyano, y el proyecto de gobierno que se respalda en ellos es un tema espinoso, abierto a las más variadas interpretaciones y que queda en estas líneas abierto, para reflexión de cada quien.
Solamente quería recordar que apenas un año antes del crimen de Mariano, la CGT debió suspender un acto a Plaza de Mayo, luego de que su secretario adjunto, el metalúrgico Juan Belén, hubiera lanzado una frase digna del sindicalismo ortodoxo de los ’70. “Esa zurda loca que manejan desde afuera”, había declarado en un programa radial. Los periodistas entendieron que se refería a Elisa Carrió, pero Belén los corrigió. “No, no. A la CTA. La CTA es la Cuarta Internacional”, enmendó el número dos de la UOM. (Página/12, viernes, 13 de noviembre de 2009).
Así piensan estos tipos, los que mataron a Mariano. Los que dirigen gran parte de nuestros sindicatos. Pensamientos y dichos que llevaron a que sectores del propio kirchnerismo salieran a marcar sus distancias. Un caso que recuerdo ahora es el de Horacio González, uno de los referentes de la oficialista Carta Abierta, actual director de la Biblioteca Nacional, además de sociólogo y ensayista, quien (a diferencia de las canalladas escritas por supuestos progres como José Pablo Feimann), escribió en un artículo titulado “Autoretrato de un matón” (Página/12, martes 16 de noviembre): “¡Qué palabras! Las había escuchado antes, pero ahora se las decían con ganas [se refiere a frases como “son troskos”, “bichitos colorados”]. Había urgencia y sentido. Cómo refulgen esos dichos. Troskos. Bien pronunciados, como la pronuncian los muchachos, como en un exorcizo o un ritual de inmolación, ¿cómo va a ser un problema encajarles un estocada, un cohetazo? Bichitos colorados... hasta es tierna esta expresión, pero sabemos lo que quiere decir... Los que hablan son nuestros sabios del estruje y el aporreo; el pibe del tattoo, el delegado que hace reír cada vez que dice zurdaje, y lo dice cada dos por tres”.
Uno de esos bichitos colorados, troskos, fue Mariano.
Decía líneas arriba que Ferreyra había dado sus primeros pasos en la militancia alrededor de las luchas por justicia en el caso Kosteki y Santillán, meses después de la insurrección del 19/20 de diciembre de 2001. Podemos pensar entonces que Mariano es uno más de esos hijos de aquella pueblada, de la que Darío Santillán, por ejemplo, fue un protagonista activo –junto a miles–, tirando piedras, enfrentando a la represión. Esa generación de jóvenes que se viene politizando hace ya una década (o más). Que vio a los sin trabajo salir a cortar las rutas para exigir que se los tenga en cuenta en un país que parecía mirar para otro lado. Que vio a los sectores medios fastidiarse con las medidas autoritarias y represivas y salió a las calles a decir Basta (y que luego se organizó en asambleas, al igual que los “piqueteros”, y comenzó a ocupar lugares para poner a funcionar bajo una dinámica comunitaria). Que vio a  los hij@s surgir del dolor, para llenar de alegría y de colores la continuidad de la pelea emprendida tiempo atrás por las Madres y las Abuelas. Que vio a las mujeres feministas no aflojar, y realizar sus encuentros nacionales cada año. Que vio surgir colectivos de arte que comenzaron a repolitizar nuevamente su producción, vinculándola con los sectores en lucha. Que vio como ante tanta mentira de los medios empresariales de comunicación, periodistas, estudiantes y simples mortales curiosos y con ganas de crear algo nuevo, se nuclearon para generar herramientas de contrainformación (boletines, folletos, revistas, diarios, radios, páginas web, videos documentales). Que vio a los estudiantes secundarios (en varias oportunidades durante los últimos años) tomar los colegios para defender y transformar la educación pública. Que vio a los estudiantes universitarios de universidades como la de La Plata, Patagonia, Rosario y de Buenos Aires, arrancarle los gremios (los centros de estudiantes y las federaciones) a la Franja Morada. En fin, que vio resurgir las primeras luchas y procesos de organización antiburocráticos al interior del movimiento obrero organizado, pero que vio también que casi la mitad de los trabajadores se encuentran en situaciones deplorables, sobreexplotados y sin representación gremial. Y allí estuvo Mariano, aportando a la organización de esos sectores “precarizados” –como Darío y Maxi estuvieron en su momento aportando a la organización de los sin trabajo–, intentando que salieran de esa subcategoría en donde las empresas (con complicidad o aval de las burocracias sindicales y los funcionarios de gobierno en distintas escalas), los han colocado. Por supuesto, a esos muchachos tan poco amigos (de sindicatos tan poco amigos) para quienes “la zurda loca” es un mal a erradicar, dieron su estocada aleccionadora.
Hace un tiempo, el poeta argentino Eugenio Mandrini (“Testa adorada”, en Conejos en la nieve) escribía: “Nadie conoce a los locos como yo/ Por ejemplo: si un loco corre delante de una mariposa es/ porque le está abriendo paso/ ante la proximidad de una tormenta/ si un loco mueve los dedos en el aire como si/ le ardiesen las uñas, es porque/ le está tejiendo un nuevo día... Suele decirse que de noche los locos gritan,/ cuando lo cierto es que cantan...”.
Hace un tiempo ya que Mariano fue arrebatado de esta vida. Pero como el mismo habrá dicho alguna vez en relación a Kosteki y Santillán, y como hoy decimos nosotros de él, y de Darío y de Maxi: el único camino posible, si queremos rendirles homenaje, es multiplicar su ejemplo… y continuar su lucha.




martes, 21 de junio de 2011

A 9 años de la Masacre de Avellaneda

Darío y Maxi viven, 
la lucha sigue...





Algunas actividades


Jueves 23 de junio a las 19:00
en Pasco 555 (y Venezuela). 
Biblioteca Popular "Eduardo Martedí"


A 9 años del asesinato de Maxi y Darío
UNA REBELION JUVENIL RECORRE EL MUNDO


Mesa Redonda con la presencia de: 


Mariano Pacheco (FPDS). Autor de De Cutal-có a Puente Pueyrredón
Alejandro Lipcovich. Presidente de la FUBA (PO)
Pablo Ferreyra (hermano de Mariano)
Mario Hernandez. Periodista (FM La Boca - COMECI) 


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Viernes 24 jornada de debate y reflexión 
en Puan 480, Facultad de Filosofía y Letras (UBA)

- 17 hs en el pasillo del subsuelo (al lado de boquitas): Proyecciones y muestra de fotos
    - 19hs en el Bar del CEFyL: 
Ronda de debate con compañeros de militancia de Dario Santillan: 


Mariano Pacheco y Federico Orchami 

(militantes del Frente Popular Darío Santillán) 

Organiza e invita:

La Juntada de la Izquierda Independiente, actual conducción del Centro de Estudiantes

miércoles, 25 de mayo de 2011

ENTREVISTA A EDUARDO GRÜNER

Entrevista realizada por Mariano Pacheco, Juan Rey y Diana Hernández

"Yo no estoy en contra de la palabra revolución, como no estoy en contra de la palabra comunismo. Al contrario, quisiera que se la pudiera rescatar del destino maldito que ha tenido. Ahora, hay que discutir qué significa hoy en día eso, como proyecto, como movimiento, como orientación”l
Presentación.
Grüner, Eduardo . Socióogo, ensayista y crítico cultural doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Profesor de las materias Antropología y Sociología del Arte y Teoría política en la UBA. Durante los años 80 dirigió Cinégrafo, una revista de crítica de cine. Recientemente ha publicado La Oscuridad y las Luces (Edhasa, 2011), un riguroso estudio sobre la primera revolución en América Latina, realizada en Haití en 1805. Ha publicado numerosos artículos en distintos medios periodísticos y revistas especializadas, y realizado los estudios introductorios de obras como Nietzsche, Freud, Marx de Michel Foucault y La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850 de Karl Marx. Además del libro antes mencionado, ha publicado, entre otros: Un género culpable. La práctica del ensayo: entredichos, preferencias e intromisiones (Homo Sapiens Ediciones: Rosario, 1996), Las formas de la espada. Miserias de la teoría política de la violencia (Colihue, 2007), El sitio de la mirada (Norma, 2000), El fin de las pequeñas historias (Paidós, Espacios de Saber, 2002) y La cosa política o el acecho de lo real (Paidós, Espacios de Saber, 2005).
Introducción
Con este primer encuentro nos proponemos iniciar una serie de reportajes, diálogos, conversaciones y polémicas en torno al marxismo (o los marxismos) y la cultura; acerca de la política y la producción cultural vista desde una perspectiva de izquierda, radical, que rescate la rebeldía para pensar e intervenir. Nos encontramos en un momento en el cual resulta imperioso rediscutir conceptos tales como política, cultura, izquierda, revolución, entre otros. Es con ese ánimo que nos encontramos con Eduardo Grüner, quien amablemente nos recibió en su casa el 13 de mayo de 2011 para charlar sobres estos temas, sin formalismos ni pretensión de cerrar alguna discusión, sino por el contrario apostando a la apertura del debate y la reflexión permanente, aporte fundamental a la lucha contrahegemónica y por los sentidos. 

Revista Herramienta: Una de las cosas que venimos trabajando desde la revista, a partir de un libro de Omar Acha, La Nueva Generación Intelectual[1], es la reflexión acerca de la emergencia de determinados sectores que vienen intentando producir por fuera de la lógica histórica del Peronismo y también de la izquierda partidaria o tradicional en la Argentina, enmarcados en lo que venimos denominando como Nueva Izquierda… autónoma, independiente. Digamos que, a partir del Zapatismo en América Latina, de las puebladas en Argentina y todo el proceso en torno al 19/20 de Diciembre, surge un proceso político que plantea cosas novedosas en relación a la tradición de izquierda.
Eduardo Grüner: Bueno, podemos discutir mucho sobre qué pasó con todo ese proceso, pero una de las principales novedades, me parece, es esta mayor fluidez o permeabilidad horizontal entre lo político, lo cultural, lo artístico, lo literario, lo social; una cosa más abierta o en todo caso menos estructurada o menos rígida que lo que tradicionalmente han planteado los partidos de izquierda. Eso creo que es una novedad, efectivamente. Y me da la sensación de que cada vez más, aún los partidos tradicionales de izquierda, tienen que parar un poquito la oreja ante estas novedades… ojalá…
RH: Así como uno puede detectar, en el campo de lo político esas producciones, esas novedades; a nivel más de producción cultural, si analizáramos la última década, los últimos quince años en la Argentina desde una mirada de izquierda, ¿cómo ves vos ese proceso?
E.G: Bueno, producción cultural es un término de una amplitud enorme, y no hay, me parece, un desarrollo homogéneo en diferentes áreas de la cultura. La literatura, por ejemplo, sigue siendo, a pesar de todo - y cuando digo a pesar de todo, digo a pesar de la progresiva y continuada concentración editorial y de la industria cultural -, la literatura, supongo que por las propias características o naturaleza de ese trabajo, logra colarse más y tener una pluralidad mayor, sobre todo la joven literatura, que yo conozco poco… de la más joven literatura argentina quiero decir. Es un terreno diferente al del cine, donde parece haber una suerte de batalla entre la industria cultural en el sentido más pleno del término y el Estado, las industrias culturales vinculadas al Estado, por capturar las nuevas camadas. Me parece que tienen menos margen los cineastas para escaparse de alguna clase de encuadramiento, aunque fuera bajo alguna etiqueta… Yo me río siempre, digo bueno: ¿por dónde vamos? ¿Por el nuevo nuevo nuevo nuevo cine argentino? Porque desde la Década del ´60 vengo escuchando hablar del Nuevo Cine Argentino. Y muchos de los que hicieron el Nuevo Cine Argentino en la década del ´60 ya se murieron. Entonces, como más o menos todos los años hay un Nuevo Cine Argentino… Antes era Lucrecia Martel y ahora será no sé quién… Ya el concepto de nuevo se me escapa. Pero me parece que, cada vez más, experiencias que en sus inicios fueron como una apertura, como el BAFICI por decir algo, van quedando cada vez más encuadraditas, arrinconaditas en el nicho de la industria cultural vinculada al Estado. Y después tenés cosas como las artes plásticas, en el sentido más amplio del término, donde ahí la dispersión es mucho mayor en cuanto a estilos. Todavía estamos en ese terreno, me parece, por lo relativamente poco que conozco, todavía estamos viviendo los coletazos del posmodernismo; y además, eso ya hace mucho que está sometido a la lógica del mercado de manera muy manifiesta, muy fuerte. Ahí sí, cosas como esa Feria Anual de Artistas plásticos que se hace siempre en la Rural… Digo, esa feria que parecía al principio armarse como una suerte de espacio alternativo, ya es absolutamente la feria de las galerías, como la Feria del Libro terminó transformándose en la feria de las grandes editoras, sobre todo internacionales. Todo parece como que encontrara, más tarde o más temprano, su nicho de mercado, como dicen los hombres de marketing. Bueno, [al menos] la literatura [entendida] en todas sus formas y con sus diferencias internas también, porque la poesía sigue siendo como el género marginal, el que más o menos se las arregla con ediciones pequeñas en editoriales independientes. Eso siempre tuvo un espacio de circulación más alternativo, o como se lo quiera llamar. De todas maneras, planteando la cuestión general, sí me parece que después del 2001, por poner una fecha emblemática -porque no son cosas que se producen de la noche a la mañana, por supuesto… hay emergentes, acontecimientos, que condensan, digamos, una serie de movimientos subterráneos, como pudo haber sido lo del 2001 en tanto acontecimiento- pero que venían gestándose desde antes y que después del 2001 algunos volvieron a encontrar un cauce más o menos oficial u oficioso y otros siguieron su rumbo, que tienen que ver con lo que yo llamaría una mayor seriedad y un mayor rigor, por lo menos como búsqueda. No en todos los casos se logrará. Por ejemplo, una especie de retorno a la relación compleja, mediatizada, sutil, no mecánica, entre arte y política, por llamarlo de alguna manera… o literatura y política, o lo que corresponda en cada caso. En los años ´90, por las razones que todos conocemos, estaba como más disculpado hacerse el distraído con esa relación, y buscar por otro lado. Yo vengo notando en los últimos años, incluso en la Facultad, en las materias que doy en la carrera de Artes, esta mayor apertura, una mayor preocupación por encontrar vínculos, insisto, no mecánicos, no esquemáticos, entre el universo de lo político en el sentido amplio pero estricto del término y lo estético. Esta preocupación [vinculada] a la famosa fórmula llamada estetización de la políticapolitización del arte. Yo lo condenso en eso, pero es una problemática que mueve cada vez más interés.
RH: ¿Y eso lo vez a partir del 2001 entendido como proceso, o posteriormente?
E.G: No, posteriormente. Bueno, obviamente que siempre -de manera marginal, o individual, o en pequeños grupos- eso existió. Me refiero a esto como un fenómeno que uno puede considerar que es ya una suerte de cambio de paradigma, por nombrarlo de alguna manera, en la escucha y en el interés de las generaciones más jóvenes. Y en diversas formas de la producción artística se nota un cierto retorno a un realismo crítico, a un realismo problemático, que no es obviamente el naturalismo ramplón o el realismo socialista de los años ´30, o ninguna de estas tonterías; pero sí el abandono, yo diría ya más o menos definitivo, de ese paradigma posmoderno en el sentido trivial o superficial del término.
RH: En este fenómeno que mencionas, ves una crítica de fondo o una crítica que podríamos asociar al fenómeno “seissieteochista”, jugando con el nombre del programa emitido por canal 7 (TV estatal)?
E.G: Yo me refiero más a que hay una especie de situación de transición, con un mayor interés puesto en la vinculación con lo político. Ahora, a partir de ahí, si eso es verdaderamente crítico en un sentido frankfurtiano por nombrarlo de alguna forma, o es simplemente criticón como digo yo -que hago siempre esa diferencia entre el pensamiento crítico y los criticones que critican los síntomas ignorando la raíz de la cuestión-, por supuesto que ahí estamos en un serio problema. Eso que ustedes llaman el “seissieteochismo” a mi juicio no tiene nada que ver con la crítica, en el sentido profundo del término. Eso es, en el mejor de los casos, criticar al adversario; lo cual es, por supuesto, en el terreno de la política, no sólo legítimo sino necesario, pero no es pensamiento crítico. En una época, ustedes recordarán o sabrán que se hablaba del “pensamiento único”, y yo suelo decir que el “pensamiento único” no es que todos piensen lo mismo -que es absurdo, nadie podría pretender semejante entelequia-, sino que cualquier cosa que vos pienses quedás siempre encuadradito en uno de los dos bandos dicotómicos en los que se supone que está dividido el espacio político. En este caso, si no sos K, sos un gorila, de la derecha, de Clarín y de la Sociedad Rural. Como si fueran las dos únicas posibilidades y uno no pudiera tener un pensamiento crítico que suponga señalar, tomar distancia en el buen sentido del término, y señalar todo lo que le parezca señalable, de un lado y del otro, desde una posición, desde una plataforma en donde , por supuesto, estamos en contra de todo lo que significa la derecha, pero no por eso uno tendría que dejar de señalar que buena parte de esa derecha también está dentro de ese campo que se supone se opone a la derecha más salvaje o más gorila, o como se la quiera denominar. Eso es una preocupación en varios sentidos para mí. Es una preocupación política, porque veo muy acotado ese otro campo de autonomía crítica. Es una preocupación cultural, porque veo empobrecido el debate cultural en ese sentido, y el programa que ustedes mencionan es una clara muestra. Digo, ahí no hay debate. Lo que aparece, en el mejor de los casos -cuando hay algún personaje un poco más interesante como invitado- es como una discusión de amigos en el café, en donde están todos del mismo lado, parten de esa base y bueno…
RH: Una “polémica en el bar” nacional y popular…
E.G: No se discuten las premisas, digamos. No se discuten las raíces. Bueno, sobre las cosas que se discuten ahí, uno puede estar de acuerdo en un montón de cuestiones, pero si no vamos a la raíz… Yo lo ejemplifico con esto: la discusión ahí parecería ser entre los que dicen que está todo bien y los que dicen que todavía falta algo (o mucho, no importa). Entonces, frente a eso, yo siempre pregunto: a ver, falta poco, más o menos, o mucho, ¿para qué? Porque yo, para saber si efectivamente falta algo y qué es lo que falta, tengo que saber a dónde estoy yendo. No es lo mismo que se diga faltan 200 Km para llegar a Mar del Plata si yo quiero ir a Jujuy. ¿No? No me sirve para nada… Entonces, la verdad, yo creo que no falta nada en este famoso modelo; no falta nada, en el sentido de que el modelo es este. ¿Cuál es el misterio, lo que hay que profundizar tanto, desarrollar tanto? El modelo es este, y uno puede decir [que] todo lo demás es mucho peor y entonces, eventualmente, a lo mejor, si hay una segunda vuelta habrá que votar lo menos peor -que será lo que facilite ciertas condiciones para que uno desarrolle su propia política-, o no, no importa. El voto en realidad es relativamente secundario en esta discusión. Lo que sí me parece fundamental es definir cuál es el objetivo estratégico, como se decía en otras épocas. Vos después adaptarás tu táctica más o menos a eso, pero si eso no está claro y vos te identificás con lo que hay, porque lo otro podría ser peor… Y además, ¿qué es exactamente lo otro? ¿qué es exactamente? Porque no hay esa diferencia radical donde se estén jugando realmente dos –como hubieran dicho los griegos- dos leyes diferentes para la polis. No, es un tironeo. El otro día lo dije, no me acuerdo en qué radio -más bien pro oficialista-, en donde el periodista, evidentemente simpatizante del Gobierno, me preguntaba por la oposición; y todo el tiempo me inducía a que yo dijera que la oposición era idiota, torpe, imbécil. Y yo le dije: mire, todo eso es cierto, no hay ninguna duda y cualquiera que lea los diarios lo puede ver; ahora, el problema central no es que sea torpe, idiota… el problema central es que es innecesaria, porque el Gobierno está haciendo las tareas burguesas que hacen falta para arribar prontamente a un país normal, y lo está haciendo mucho mejor de lo que lo podría hacer cualquiera de los otros idiotas que andan por ahí postulándose. Y cada vez más esa derecha económica, política, etcétera, va advirtiendo que, finalmente, con el Gobierno se pueden hacer estupendos negocios a cambio de algunas concesiones más o menos redistributivas y en el campo de los derechos humanos, que son bienvenidas, y que uno no podría razonablemente estar en contra, pero que, convengamos, no afectan de manera estructural ningún poder establecido. Entonces, uno finalmente termina moviéndose en esos márgenes muy estrechos, muy pequeños. En ese terreno yo no tengo ningún inconveniente en confesar que me siento cada vez más solo. Por ejemplo, hay toda una tierra de nadie entre lo que podríamos llamar los partidos de izquierda más tradicionales, más duros, más rígidos, y Carta Abierta, por decir algo. Digo Carta Abierta porque hablo desde la inevitable posición de un pretendido intelectual, entonces ,bueno, hablo de eso. Hay toda una tierra de nadie que no está trabajada, por así decir. Entonces uno termina estando obligado a… Bueno, yo ahora le he dado -con todas las reservas del caso- mi firma al Frente de Izquierda, en el sentido de que creo que tienen que poder postularse y hacer escuchar su voz, en un momento donde la reforma electoral es tremendo lo que hizo. Está obviamente, por lo menos objetivamente, orientada al bipartidismo, perjudicando especialmente a las fuerzas de izquierda existentes o potenciales o futuras. Entonces, bueno, esa gente tiene que tener lugar para que la sociedad los escuche, pero yo mantengo todas mis reservas, mis críticas y mi independencia respecto de ello. Entonces, quiero decir, es un momento muy contradictorio -también este es un año electoral, y sabemos cómo se exacerban las posiciones y se polarizan en esos contextos- pero digo, es un momento muy contradictorio, donde, por un lado no se puede negar que hay un renovado interés por la política, pero queda encastrado y, hasta cierto punto manipulado, por esta idea dicotómica, por este binarismo, que es parte de la lógica del sistema; en donde la oposición es, por así decir, oposición de Su majestad, como se decía…
RH: Si, en ese sentido resulta paradójico que todo aquello que fue cuestionado en el 2001 como la política tradicional, hoy presenta a esas experiencias del 2001 como la “no política”.
E.G: Es complicado. Muchas veces se dice que el Gobierno kirchnerista, primero Néstor y después Cristina, son en cierto modo el producto del 2001. El equipo político, digamos así, de la clase política tradicional que, con algunas ideas renovadoras y articuladas y buena cintura política, logró remontar ese vacío de poder que planteó el 2001. Bueno, esa es una manera de entenderlo. Creo que hay mucho de verdad en eso. Pero la otra cara, de la cual nos tenemos que hacer cargo, es que es también el producto de la derrota del 2001. El 2001 fue derrotado. Entonces, hagámonos cargo de eso. Ustedes son muy jóvenes, pero del Alfonsinismo se decía “es la democracia de la derrota”. No solamente de la derrota de Malvinas, que era lo inmediato, sino de la derrota del proyecto revolucionario, con todas las críticas retrospectivas que podamos hacer a todo eso. Pero bueno, es la derrota de eso, y fue la derrota también en el sentido de que recuperamos formalmente la democracia, la cual –[como] se demostró- no bastaba para comer, educarse y todo eso. Además, recuperamos una democracia que era completamente rehén de un proyecto económico y social que sí había triunfado totalmente con el Proceso. Y digo a propósito “el Proceso”, no digo la Dictadura desaparecedora y todo eso, que también lo fue… Muchas veces, desde la corrección política se dice “oh, no digas Proceso”... ¡No señor! El lenguaje del enemigo sabe lo que habla: ¡fue un proceso de reorganización nacional a fondo! Eso fue, y eso todavía lo es. Todavía estamos en la estela, en las huellas de esa transformación. Entonces, lo que tenemos, tiene que ver con eso también, con toda esta historia de los últimos cuarenta años en Argentina.
RH: Las voces oficiosas hablan del 2001 como aquello a lo que no se quiere volver, negando no inocentemente la potencialidad creadora, rebelde, que implicó ese momento a nivel cultural, a nivel político.
E.G: Sin dudas. Desde las asambleas, las fábricas recuperadas, etcétera, claro. Pero ahí también, lo que pasó fue que ese estallido del 2001 mezcló muchísimas cosas, y fue un acontecimiento que, hasta cierto punto, nos cayó del cielo -como rayo en día sereno, decía Marx-, sin que la izquierda, aún en sus expresiones más creativas, renovadoras, estuviera preparada para procesar eso. Porque vos tenés en el 2001 desde los sectores más marginales, piqueteros, saqueando supermercados, hasta las señoras de Barrio Norte reclamando los dólares del corralito. Reclamando legítimamente, si vos querés, pero bueno… Digo, lo que habitualmente se conoce como lucha de clases, quedó como parcializado, disperso, una especie de rizoma como dirían Deleuze y Guattari. Yo dije en ese momento, en un artículo, que había que contemplar que parte de lo que había sucedido en el 2001 tenía, como si dijéramos un sustrato conservador y restaurador. Cuando una señora de clase media reclama sus dólares en el corralito porque se los afanaron, lo que está diciendo es “yo quiero ser una señora de clase media, con mis ahorros”. O, cuando un ciudadano cualquiera reclama por la corrupción estatal, dice “quiero ser un ciudadano de un país políticamente ordenado, jurídicamente transparente”. Entonces digo, también está ese aspecto de gente reclamando estar en el lugar en que los sociólogos, los economistas y los politólogos le decían que tenían que estar. La clase media con la clase media, etcétera. Todo ese mundo ordenadito fue el que apareció de pronto en descomposición en la consigna “piquete y cacerola, la lucha es una sola!”, la cual no podía durar mucho. Ahora nos damos cuenta de que eso no podía durar mucho. Que la verdad de fondo no iba a demorar en surgir. Y, efectivamente, ahí lo tenemos a Darío Santillán y todo lo que sucedió. Todos esos aspectos hay que contemplarlos cuando uno piensa en el 2001. Que era una cosa medio indecidible, no estaba todo dicho. Sabemos que solo con la consigna Que se vayan todos no se arreglaba nada, porque había que tener algo preparado para sustituir a todos esos que se iban a ir. Además, el QSVT, para el 90% de los que gritaban eso, significaba los políticos corruptos, no las clases dominantes en el sentido fuerte del término. No estaba en cuestión, en la mayoría de los casos, una transformación radical de las estructuras sociales, ni una revolución socialista. Entonces, se fueron algunos, que volvieron por la ventana; vinieron otros, más o menos nuevitos, que actuaban necesariamente con la misma lógica de los que se habían ido. Y así, más o menos, esta gente logro recomponer un sistema político, entre comillas “normalizado”, pero que responde, en lo básico, a la historia de siempre. Yo no estoy diciendo que sea lo mismo que en los noventa. No soy necio. Claro que no es lo mismo. ¡El mundo no es el mismo!. No es un problema argentino: el mundo no es el mismo. Ya, junto con los coletazos de ese proceso, comenzó la crisis capitalista a nivel mundial, y por supuesto que todo eso también se hizo notar.
RH: Algo curioso es que, desde el oficialismo, se le agradece a Kirchner haber instalado, generado, vuelto a traer, la discusión política. Ahora, ¿Ese no es un proceso previo?
E.G: Esa es una pobre idea que muchas veces se tiene de lo político. Yo digo: ¿perdón?, ¿dónde se había ido la política? Se habla de un retorno de la política. ¿Dónde se había ido? ¿Me están diciendo en serio que durante los noventa no se hizo política? ¡Caramba! Yo, desde mi modestísima posición, hice un montón de política en los noventa. Y había movilizaciones de todo tipo, desde el caso María Soledad, hasta todo eso que podríamos nombrar… que en cierta manera fueron como gimnasias proto revolucionarias, preparatorias del 2001. Uno lo puede ver así también, retrospectivamente. Y esta discusión que hay ahora, esta cosa que aparece como dicotómica pero que está todo del mismo lado, se verifica por ejemplo en algo que nadie con una mínima formación marxista puede tolerar, que es que parece que todo fuera el Estado contra el mercado; como si el Estado fuera una entelequia abstracta, que no está atravesada por los poderes de clase, por la economía, etcétera. Una especie de idealización esquemática de un keynesianismo que, en realidad, nunca existió en la historia, porque Keynes tenía claro que lo que quería en su momento era recomponer la crisis de los capitalistas. ¿O para qué se hizo el Estado de bienestar y todo eso? ¿Para hacer una revolución? ¡No! Más bien para pararla. O para evitarse otra solución, que fue la de Hitler, Mussolini y todo eso, que también fue una respuesta al mismo problema de la crisis. Estoy hablando un poco simplificadamente, por supuesto que hubo otros factores. Entonces ahora se habla del Estado, como si el Estado no perteneciera a la lógica del mercado. Se dice: “Porque en los noventa se había retirado el Estado y ahora volvió”. Perdón, pero en los noventa no se había retirado a ningún lado. Hizo falta mucha acción del Estado para privatizar todo, y hacer todos los desastres que hizo Menem. Porque había que hacer leyes, decretos, reglamentos, coimear gente y reprimir a los que se resistían. Y todo eso lo hizo el Estado. O sea que estuvo muy activo el Estado en los noventa. Y la estructura básica de ese Estado no ha cambiado. Entonces ahora hay más tironeos, el Estado le disputa un poquito más al mercado ciertas cosas. Le dice “dejame repartir un poco porque…” Y todo eso está bien, pero no es un cambio de lógica sustantivo.
RH: Sí, prima también cierta idea de reducir la política a la gestión del Estado, que se muestra con una cara progresista. Sin embargo, en términos teóricos es bastante reaccionaria la idea de que la productividad política esté en el Estado.
E.G: Es la revolución pasiva de la que hablaba Gramsci. Aún cuando haya efectos beneficiosos para la clase obrera, los sectores populares, es una lógica de arriba hacia abajo, no es una lógica apoyada en la presencia activa, la movilización de las multitudes de las que habla el amigo Negri -robándole a Spinoza, hagamos los honores que corresponden-. Entonces sí, con esa lógica… que otra vez te empobrece el lenguaje, porque si vos ahora criticas el populismo, entonces sos un Neoliberal, sos Vargas Llosa. No, yo critico estas lógicas de lo que habitualmente se llama populismo desde otra posición. Por supuesto que frente a Vargas Llosa yo voy a apoyar el populismo, pero déjenme que cuando no está Vargas Llosa diga lo que pienso…
RH: Pensando sobre la producción de sentido, o contra sentidos a los hegemónicos, de alguna manera uno puede ver que, así como la dictadura recortó el horizonte de lo posible, hoy también reformismo, o el “progresismo”, también limita esa perspectiva de lo posible en el sentido de que la política, lo progresivo, es pensada únicamente dentro de estas relaciones económicas y este sistema político. ¿Qué rol ves que juega, o que viene jugando en los últimos años lo que podría ser denominado como una intelectualidad crítica, radical, de izquierda, marxista?
E.G: Veo muy poco. Hay muchos buenos amigos en torno al campo cartabiertista. Soy muy amigo de Horacio González, fui muy amigo de Nicolás Casullo. Tengo muy buena relación con Ricardo Foster, Kaufman… con María Pía López. Son buena gente, pensante, inteligente, con honestidad intelectual. Ahora, bueno, me da la impresión de que se ha producido un distanciamiento, en donde toda esa camada de intelectuales críticos que, si vos le preguntas a cualquiera de ellos se referencian en Adorno, en Gramsci, en Sartre… han quedado como si te dijera acantonados en esta lógica que no es la que ellos defenderían conversando francamente en el café; en esta lógica de defensa unilateral de un gobierno con el cual se sienten legítimamente identificados pero que cada vez menos les deja espacio para la crítica de lo que les parezca mal. No es que no la haya habido... Sí mostraron su indignación con el caso de Mariano Ferreyra, con el caso de los indígenas Qom… Pero bueno, ¿y?... Porque si vos decís “que feo lo de los Qom” tenés que decir “¿Y Insfran? ¿Y la alianza con Insfran? ¿Hasta dónde llegamos con las consecuencias lógicas de las críticas que estamos haciendo?” Doy ese ejemplo como podría citar otros. Hablo sobre esto, porque me tocó escribir un largo artículo sobre los Qom que no he logrado publicar. Voy a ser prudente, porque por ahí todavía sale, pero por el momento no ha sido publicado. Quiero decir que, frente a eso, que por muchas complejas razones hizo que los intelectuales más conocidos, con mayor figuración pública y con una trayectoria que en muchos de esos casos es muy defendible, quedaran en ese lugar... Y frente a eso no se ve algo equivalente por el lado izquierdo. Algo que pueda trazar un puente con esa gente y que no se queden ellos mismos en la crítica de principios en bloque, brutal y petardista contra todo lo que no sean ellos mismos. Esa es la tierra de nadie que, me parece, sigue de alguna manera faltando explorar. Vamos a ver qué pasa de aquí a octubre, pero tampoco hay que poner todo el peso de la cuestión en las elecciones, porque más difícil -me parece a mí- se va a poner la situación después de las elecciones. En esa cancha se van a ver los pingos: porque, si bien no soy economista ni afecto a hacer predicciones, todo indica que la crisis va a llegar en algún momento, que el famoso “viento de cola” va a virar, al menos parcialmente. Y el famoso discurso de ayer [se refiere al discurso realizado por la Presidenta Cristina Fernández en José C. Paz, en el cual mencionó que no iba a aceptar presiones ni extorsiones], sobre el cual todo el mundo está discutiendo, es un indicador que el gobierno sabe… Porque se interpreta que fue contra la CGT y Moyano, pero el problema es que hay conflictos por todos lados que la CGT y Moyano no manejan: los petroleros, los docentes, el subte, etcétera. Algunos los maneja directamente la izquierda, otros los maneja vaya a saber qué intereses, que quizás estén a la derecha de Moyano… es un lío eso, pero evidentemente hay como una percepción de que no es tan fácil la paz social esa que tanto el gobierno como la UIA están pidiendo. Y entonces se va a poner complicada la cosa.
RH: Hace poco recordábamos que, antes de morir, David Viñas - una persona que muchos teníamos como referencia- dijo que “un intelectual crítico no puede ser oficialista”…
E.G: Yo repetí eso en un articulito y en el homenaje en la Biblioteca Nacional. Y acá hay un síntoma interesante para interesar: no pasó nada. No salió ninguno de los muchachos de Carta Abierta ni de ningún otro lado a discutir eso. Evidentemente, no se quiere discutir esa cuestión. No se quiere que aparezca como un problema que haya que pensar, hablarlo y debatirlo.
RH: Si bien esa frase nos alegró, nosotros vimos cierto riesgo en que una crítica de esa naturaleza quedara únicamente en el terreno de lo individual, que es como un contrasentido a una crítica radical, de izquierda…
E.G: Por supuesto. Claro que existe ese riesgo. La posición del intelectual siempre es una posición desgarrada, tensa, entre esto que ustedes dicen. Lo dije también en ocasión de lo de Viñas -que, por otra parte, era amigo mío-. Entonces, decía: bueno, inevitablemente aquellos que nos pensamos como intelectuales, somos individualistas pequeño burgueses. Esa es la posición en la historia, desde el famoso caso Dreyfus. Nos ponemos muy nerviosos cuando intentan bajarnos línea, cuando nos dicen lo que tenemos que decir, lo que es bueno para el Partido, movimiento, o lo que fuere. Y me parece que está bien que conservemos eso, pero estamos todo el tiempo bailando en esa cuerda floja, teniendo que cuidarnos de no caer en la crítica individual, exasperada y exacerbada a todo lo existente. Por otra parte, yo reivindico el hecho de que un intelectual se sienta identificado con un gobierno y lo defienda. Ahora, ahí se resolvió la tensión para el otro lado: perdiste o corrés el riesgo de perder toda independencia crítica; te transformás en lo que tradicionalmente se llamó un “intelectual orgánico”, pero del oficialismo.
RH: Te lo preguntábamos porque desde un sector, quizás minoritario, de gente de izquierda, ligada a experiencias sindicales, o movimientos sociales, se hace una crítica a esta figura individual, heredada desde los setenta o desde lo que fue malinterpretado como el intelectual comprometido. Siempre desde la voluntad de generar colectivos de trabajo, militancia, etcétera. En ese sentido, la pregunta es ¿vos no ves una especie de falencia, digamos, en los intelectuales de izquierda o marxistas en los últimos años? Porque, entre el funcionario partidario, de izquierda, pero funcionario partidario al fin, y el intelectual pequeñoburgués que trabaja individualmente, también hay un espacio, no? Althusser decía eso de “estar a la escucha”, de los movimientos sociales, de los que producen un sentido que todavía no está sistematizado. Veíamos con preocupación esto: ¿dónde se puede no ser Carta Abierta ni un funcionario partidario de izquierda?
E.G:Estoy totalmente de acuerdo con eso. No hemos encontrado ese lugar; no fuimos capaces, cuando apareció Carta Abierta, por ejemplo, yo fui a algunas reuniones (siempre me negué a firmar), a donde me convocaron desde mi lugar de un potencial “compañero de ruta critico” (hay etiquetas para todo). Llegó un momento en que no me llamaron más… (risas). Quiero decir que no pudimos… Efímeramente existió algo que se llamaba “el otro camino”, pero no se le pudo dar una continuidad… Hubiera sido muy interesante que apareciera un conglomerado, un movimiento abierto de intelectuales de izquierda dispuestos a dialogar con Carta Abierta y a aquellos que no se pudieran poner de acuerdo señalarlo también; hubiera sido una cosa más equilibrada y hubiera obligado, incluso, a Carta Abierta a matizar más su apoyo irrestricto, unilateral. Y hubiera obligado a la izquierda a no ser el bloque de cemento que estamos obligados a ver. Cuando empezó Carta Abierta muchos decíamos que eso estaba bien, pero que no iba a prosperar como uno hubiera querido si no tendía algún vínculo con otros sectores fuera de la intelectualidad. Incluso en la Universidad Carta Abierta no tuvo presencia masiva; mucho menos en las fábricas, en los barrios, o en los movimientos sociales. Y eso es algo que una izquierda que se diga tal no puede permitirse hacer: esa sería la diferencia específica que la izquierda podría plantar. Independientemente de que después hubiera distintos registros de discursos…
RH: En relación a la pregunta anterior, vemos que hay un montón de compañeros que desde la universidad o desde la producción teórica o cultural están vinculados a diversas experiencias de lucha, pero no logran tener visibilidad pública...
E.G: Es que es difícil. Porque hay que tomar en cuenta lo que decía antes: el casi natural constitutivo individualismo de los intelectuales, que está más allá de las personalidades o psicologías de cada uno, está inscripto casi en el ADN del trabajo intelectual que, en última instancia, es un trabajo solitario. Uno no puede escribir asambleísticamente. Cuando yo escribo frente a la máquina estoy solo conmigo mismo. Pero eso no debería impedir esto otro que ustedes dicen. Debería hacerse el trabajo desde las bases de la izquierda sobre los intelectuales de izquierda más conocidos, que pueden tener alguna llegada a los medios, para poner incluso en discusión la lógica de la vinculación de esos intelectuales con los medios, que es otra discusión muy compleja. Yo pertenezco al rango de los que clásicamente Humberto Eco llamaba los “apocalípticos”; creo que los medios son una porquería por definición. No porque Ernestina de Noble sea la dueña, o Mitre...más allá de eso, me parece que en la televisión está en la naturaleza misma del medio aunque vos lo podés llenar con contenidos mejores o peores. El programa al que ustedes se referían (6-7-8) es una demostración de que no se puede romper con esa lógica de funcionamiento del medio. Entonces, lo que tenés es el medio o el programa que dice lo contrario de lo que dice Grondona, pero que no sale de la misma lógica. Eso el sistema lo tiene armadito; la industria cultural de la que hablan Adorno y Horkheimer no es un chiste. Es realmente lo que Weber llamaba una “jaula de hierro”. Todo eso es algo que, al menos una docena de intelectuales conocidos podría poner en discusión en el espacio público, si tuviera el apoyo de una izquierda abierta; admitiendo que se deslicen criticas también a ella y donde uno no sea un funcionario o soldado que haya obediencia debida por izquierda. Ese es el tironeo en el que estamos, que es histórico, pero que cada vez que suceden cosas más dramáticas en la sociedad se vuelve a plantear. A lo mejor estamos condenados a la repetición, pero mientras uno este en este mundo, tiene que pelear para que no sea así.
RH: En qué complejidades crees que metió a la izquierda política argentina el kirchnerismo? Con todo este discurso pretendidamente de izquierda (o que toca banderas que siempre han sido de izquierda). ¿Y qué desafíos ves para esta izquierda por venir?
E.G:Son esos intersticios que no estamos sabiendo ocupar, porque también la izquierda tiene con el pueblo y consigo misma muchas deudas, políticas y teóricas. Porque ustedes dicen “el kirchnerismo”; el kirchnerismo es el fenómeno que nos tocó en los últimos ochos años, pero hay que repensar que significa el peronismo: existe esa teoría de que “si no hubiera existido el peronismo en 1945, la izquierda…”. Macana. La izquierda de ése momento, el Partido Comunista, el Partido Socialista, o los pobres heroicos anarquistas, masacrados, no tenían ninguna posibilidad; ni tenían la idea... O sea que no es que el peronismo impidió que existiera no sé qué revolución socialista en el 45 ¿quién la estaba por hacer? Eso no quita que pensemos muy seriamente qué significó el peronismo, cuáles fueron sus límites; que podemos plantear en diálogo crítico con esa historia, como para construir una diferencia que no sea el simple gorilismo de derecha. Hubo gente en su momento, Viñas… bueno, el Grupo Contorno, el propio Martínez Estrada, que venía de la derecha liberal y terminó junto a Cuba, que trataron de pensar complejamente el fenómeno. Se ha perdido mucho eso. La propia izquierda nacional que existió en un momento, el Movimiento de Liberación Nacional. O Abelardo Ramos, que ya sabemos también dónde fue a parar el “Colorado” Ramos… Pero bueno, digo, había ahí un intento de pensar más complejamente. Al trotskismo se le criticó mucho tiempo la política de “entrismo” en el Peronismo en los años 50, en la resistencia. Y yo también tengo muchas críticas que hacer a esa política, pero por lo menos uno puede decir que es un síntoma de que había una preocupación por tratar de entender eso y trabajar en plantear una alternativa, sin perder los vínculos con, en ese momento, la clase obrera realmente existente. Eso se ha perdido un poco. Porque uno puede seguir como miembro de la izquierda o como imaginario de la izquierda, uno puede seguir decidiendo ser revolucionario, pero ¿qué quiere decir hoy la revolución? El concepto de revolución hay que volver a discutirlo. Es obvio que no podemos pensar en la Revolución de Octubre, ni siquiera en la cubana. Bueno, se hizo como se pudo en un momento determinado, en condiciones y contextos que no se van a repetir, que están totalmente perdidos. El mundo cambió. El mundo capitalista cambió mucho. Yo no estoy en contra de la palabra revolución, como no estoy en contra de la palabra comunismo. Al contrario, quisiera que se la pudiera rescatar del destino maldito que ha tenido. Ahora, hay que discutir qué significa hoy en día eso, como proyecto, como movimiento, como orientación. Qué significan hoy el Estado, la Nación. Todo eso no se puede tirar a la basura como si fueran desechos arqueológicos sin volver a discutir ni usarlos como si no hubiera pasado nada en el medio. Socialismo, Comunismo, Revolución… todo eso hay que discutirlo.
RH: Vos en algunos trabajos planteas que el mejor marxismo es aquel que no se concibe como una cosa monolítica sino que tiene una apertura, que es heterodoxo. Y decís: el mejor marxismo es el que no es solamente marxismo.
E.G: Sí, es una especie de chiste… de chiste amargo, cruel o irónico, contra la idea de que el marxismo sería una especie de recetario, de fórmulas generales, que permitiría explicar todo. Por supuesto que no es así, y nunca fue así para Marx. El otro día en la Facultad de Ciencias Sociales, en unas Jornadas de Ciencias Políticas, me tocó una mesa en donde los marxistas teníamos nuestro corralito… en una mesa sobre problemas, actualidades y deudas del marxismo. Ahí nos acantonaron. Y yo empecé por citar una famosa frase de Sartre de principios de los años 60, de la Crítica de la Razón Dialéctica, que dice: “el marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo”. Y a ver, ¿qué quiere decir esto? ¿Quiere decir que ya está todo dicho con el marxismo, que no se puede pensar más? ¿Que ya tenemos los libros, vamos al Capital y encontramos todo?… Por supuesto que Sartre no quiere decir esto. Lo que quiere decir es que, hasta nuevo aviso -y por eso creo que sigue siendo vigente esa frase- estamos en el Capitalismo. [Sigue vigente] la crítica marxista al Capitalismo, no el modelo de cómo va a ser el socialismo o el comunismo. No, el marxismo es ante todo una crítica radical al capitalismo. Y sigue siendo la más rigurosa, la más profunda, la mejor argumentada, la mejor demostrada que yo conozca hasta el día de hoy. Puede ser que el día de mañana aparezca otra, pero… Entonces, mientras eso exista, el marxismo va a ser absolutamente pertinente, necesario e imprescindible. Pero el marxismo no es un conjunto de respuestas a esas preguntas, es más bien un método para generar las preguntas. Digo, haciendo una metáfora marxista, es un modo de producción de conocimiento crítico, de saberes y de efectos de verdad que, a diferencia de cualquier otra teoría moderna sobre la sociedad, la historia o la política, tiene una diferencia específica y única, que es que está basada en la práctica, que está basada en el criterio de la praxis, donde el conocimiento o la formulación teórica o la interpretación, es inseparable de la acción transformadora. Hay solamente otra teoría, para ir a la cuestión de qué diálogos se pueden imaginar, hay solamente otra teoría de la modernidad que, siendo completamente distinta y ocupándose de cosas completamente diferentes, actúa con la misma lógica: se trata del Psicoanálisis. En la teoría de Freud también es inseparable, como diría Althusser, la teoría de una práctica. Es la práctica de una teoría, pero al mismo tiempo, y en primer lugar, es la teoría de una práctica que en la propia práctica se va redefiniendo. Por supuesto, hay un par de núcleos duros fuera de los cuales estás en otra cosa que no es el marxismo. Yo decía: ser marxista no es obligatorio; ahora, si uno quiere serlo, no puede renunciar a la idea de lucha de clases, por ejemplo. No digo reducir todo a eso, porque sin duda hay una cantidad de otros fenómenos que pueden cruzarse más cercanamente o más lejanamente con eso, pero vos no podés renunciar a eso, porque sino estás en otra cosa. Ya ahí hay una pista para decir... bueno, uno puede frente a un Gobierno apoyar todas las medidas que parezcan beneficiosas; pero cuando desde que la propia presidenta de ese Gobierno todo el tiempo se insiste en que no cree en la lucha de clases… ¡como si la lucha de clases fuera Dios! Eso es como decir: “no creo en la ley de gravedad”… Bueno, subite a la terraza y tirate, y vas a empezar a creer… cuando ya sea demasiado tarde. Digo entonces, claro que están esos núcleos duros, esos fundamentos o primeros principios digamos, de los que uno no se puede bajar. Pero después, me parece que el propio Marx es un ejemplo de alguien que era de las personalidades europeas más cultas y de los intelectuales más sofisticados del siglo XIX, que nunca dejó de dialogar todo lo críticamente que hiciera falta con todas las tendencias culturales y las formas de pensamiento, no sólo de su época sino también del pasado, releyendo permanentemente eso. Leer a los grandes clásicos no es leer algo que fue genial en su momento y que entonces quedó ahí en la biblioteca como algo a lo que uno vuelve por una especie de placer arqueológico; sino que es ponerlo… levantar una productiva anacronía que, como diría Benjamin, se resignifica en este momento de peligro trayéndolo del pasado. Ese es un diálogo que hay que mantener permanentemente, para hacer esa apertura. Voy a poner un ejemplo extremo: uno de los filósofos, de los pensadores sin dudas más influyentes (si no el más influyente del siglo XX), que es Heidegger, resulta que era nazi, o bueno, pasó… No quiero entrar en la discusión de hasta qué punto lo fue… Ahora [bien], se encuentran huellas fuertísimas de Heidegger en Adorno, que lo recusó virulentamente…
RH: En Sartre también.
E.G: Y en Sartre, ni que hablar. Sartre es un discípulo rebelde que inventó una máquina nueva con eso, y lo hizo muy bien. Pero digo, toda la crítica de lo que Heidegger hubiera llamado “la metafísica de la técnica” y todo eso, pasó a la idea de la crítica de la racionalidad instrumental… en la Escuela de Frankfurt. Entonces, ¿qué quiero decir con esto? Que no es una cuestión de eclecticismo. Lo que quiero decir es que hacer pensamiento crítico desde la izquierda es, ante todo, una posición de lectura, no algo que vos ya encontrás, que con eso no podés hacer [nada] porque viene planteado por un nazi, por un burgués o por quien sea... Es lo que vos leés en él y para qué lo usás; cómo entresacás de la lógica de ese pensamiento, incluso de derecha, lo que vos podés resignificar para tu propia producción. Porque sino, si uno realmente cree que en los tres tomos de El capital ya está todo, entonces para qué te vas a tomar tanto trabajo de leer tanto y ocupar tanto espacio en la biblioteca… si con los tomos de El capital ya tenés solucionados los problemas… No, no es así. Hay que pensar todo eso de nuevo. Yo daba este ejemplo, extremo si ustedes quieren: en los últimos 10 o 15 años Badiou, Slavoj Zizek, Agamben, Roberto Expósito, Jacob Taubes -y no sé si me estoy olvidando de alguien- publicaron libros o ensayos importantes sobre San Pablo. Todos estos son intelectuales de izquierda. Algunos, como Zizek, se siguen diciendo marxistas; otros más o menos, otros no… No importa. Todos ellos son intelectuales de izquierda. Y vos decís, ¿por qué se ocupan de esta antigüedad? No importa si son creyentes o no, pero digo, es una interesante manera que han adoptado algunos intelectuales de izquierda de no hacerse los distraídos con lo que un psicoanalista llamaría como el “retorno de lo reprimido”, de toda esta discusión acerca de la teología política, cuando en verdad… Ni que hablar de lo que ha significado en las últimas décadas el tema del fundamentalismo religioso, que está haciendo política mundialmente, y de la más extrema. Y no me refiero solamente al islámico, sino por supuesto también al protestantismo de derecha norteamericano y todos esos fenómenos. Además, hay una tradición en la izquierda en general, incluso mucho antes de Marx, que pasa por Spinoza, y llega hasta Benjamin, Bloch, en donde está presente esta preocupación por lo teológico-político y todo eso. Entonces, bueno, algunos tipos – con los cuales yo no estoy de acuerdo con todo lo que dicen, pero no importa- se dieron cuenta de que uno no se puede hacer el distraído con eso, y que no basta con andar por el mundo repitiendo que la religión es el opio de los pueblos y creyendo que con eso ya explicaste todo… Este es un ejemplo extremo de una cantidad de diálogos críticos que el marxismo, el pensamiento marxista, y la izquierda en general se está debiendo. Nos está debiendo a todos.
RH: Muchas gracias, Eduardo.