sábado, 16 de diciembre de 2023

Negri, emblema de la Filosofía Militante

 

 

Hoy despedimos a un combatiente de las ideas emancipatorias en todo el mundo.

Negri expresa el último capítulo de una larga lucha que viene del siglo XX, retoma el comunismo nacido al calor de la lucha obrera europea del siglo XIX y trata de pensar la nueva composición técnica y política de clase en este siglo XXI. Sus relecturas de Spinoza y Marx resultaron tan polémicas y fecundas como sus hipótesis sobre las nuevas dinámicas laborales y urbanas de estos tiempos.

Estas semanas en que me encuentro leyendo y trabajando sobre la obra de Althusser, encontré con sorpresa un texto de Toni sobre Louis, muy pujante, muy creativo, muy amoroso, en donde traza puentes ente el marxismo de lectura sintomal francés y el marxismo operaista italiano. Siempre se liga a Negri con sus compañeros de ruta Deleuze y Guattari, pero resulta más extraña (y muy productiva en términos teóricos) esta otra combinación.

Las lecturas de Negri siempre me fascinaron, sobre todo por los desacuerdos y por el modo militante de escribir sobre filosofía política. Me veía envuelto por una pasión compartida y por una divergencia programática. ¡Qué lindo cuando eso sucede! Uno se encuentra amando y discutiendo al mismo tiempo un texto, un autor, una serie de ideas.

Negri nos hereda, sobre todo, creo, la idea de Punto de Vista de la Lucha Proletaria. Desde ahí hay que pensar, escribir, vivir, es decir, amar y odiar, pelear y crear.

Qué mejor que despedirlo leyéndolo, recomendando su lectura. Había empezado y dejado y separado en estos días para el verano el primer tomo de su autobiografía, “Historia de un comunista”, de donde extraigo este breve extracto que comparto, por sus resonancias con la actualidad:

 

“La situación está bloqueada. Toni ha comprendido que hay que empezar de nuevo, reconstruir el movimiento obrero desde abajo, participando en las luchas, convencido de que muchos otros veían las cosas como él y obraban en consecuencia… Había que armarse de valor, dotarse de un nuevo método de lectura de las luchas…”.

 

Como nos gusta decir desde América Latina:

“Hasta la victoria, ¡siempre!

Patria o Muerte

Venceremos”

viernes, 8 de diciembre de 2023

La comunidad de los idiotas y la lucidez de Lars Von Trier

 

 


Hace poco volví a ver “Los idiotas”, después de dos décadas de haberla visto por primera vez y la sensación que me dejó es que, más allá de los cambios acontecidos en el mundo –y sobre todo en América Latina– en estos veinte años, en términos culturales, el film de Lars Von Trier conserva una profunda vigencia. Aun hoy adeudo leer “El idiota” de Dostoievski y ver si existe alguna relación entre novela y film.

La película fue presentada en Cannes en 1998 y es la segunda entrega del movimiento conocido como Dogma 95, el movimiento danés que puso eje en filmar sólo con luz natural, sin sonidos mezclados, sin decorados ni maquillajes, con cámara en mano.

En este caso, “los idiotas” son un grupo de personas lideradas por “Christoffer” (Jens Albinus), quien se hacen los “retrasados”, en su búsqueda por incomodar a las personas “normales”, cuestionar los propios parámetros de normalidad, y sus hipocresías. El juego como forma de rebelión, como modo de correr los límites de lo que se admite como posible. La utopía de una vida sin límites, como aquella que experimentan los miembros del grupo, pongamos por caso, singularmente, al sacar afuera a su idiota interior, o colectivamente, con la experiencia sexual orgiástica que protagonizan.

¿Pero qué pasa cuando alguien que finge un retraso mental se cruza con quienes verdaderamente se encuentran en esa situación? ¿Cuánto puede durar una grupalidad sosteniendo esa posición sin entrar en conflicto, una vez que cada quien a entrado en conflicto consigo mismo?

El film nos enfrenta a nuestros propios fantasmas: a los que aparecen cuando nos vemos frente a lo deforme, lo sucio, lo extraño, todo aquello que “la gente de bien” rechaza de los cuerpos cuando tienen algo distinto al parámetro que instaura la norma.

La felicidad de la idiotez y el sufrimiento descarnado de la normalidad se expresa de modo magistral en el personaje de “Karen” (Bodil Jorgensen, también protagonista de “Contra viento y marea”) sin lugar a dudas la heroína (o la anti-heroína), de este film conmovedor en todos sus sentidos: es su temple y su mirada (además de su historia) la que nos colocan en situación de conmoción.