jueves, 20 de agosto de 2026

Josefina Ludmer: Psicoanálisis y literatura

Clases del 3 y 4 de septiembre de 1985 (Facultad de Filosofía y Letras- UBA)

 

¿Qué son las relaciones entre psicoanálisis y literatura?

Del mismo modo, ustedes pueden construir una teoría sobre esto, del mismo modo que en referencia a la ideología, pasamos también, podríamos decir, por tres etapas, dos de ellas coexistentes. O sea, en una primera etapa, todo esto deriva de Freud, por supuesto en las primeras etapas, toda la relación entre psicoanálisis y literatura deriva de los escritos de Freud y fue trabajada por el propio Freud y por muchos de sus seguidores. Pero, para dividir la problemática, podemos decir que en una primera etapa se hizo fundamentalmente psicoanálisis del autor. Otra vez estamos ante la presencia masiva del autor en el siglo XIX y a principios del siglo XX. Entonces, uno se pregunta por qué en todas las teorías, tanto en la teoría de la ideología como en la teoría del psicoanálisis como en la estilística, donde se leían todas las desviaciones como expresión de la subjetividad, por qué toda esa importancia del sujeto y del autor, y de la idea de que la expresión del sujeto y el mundo interno del sujeto es lo más importante para la ciencia del hombre. ¿Pueden explicarlo ustedes? Traten de pensarlo, a lo mejor más adelante pueden explicarlo. ¿Por qué en un momento determinado casi todas las ciencias, o las reflexiones aunque no estén constituidas en ciencias, eligen un punto, se preocupan por un punto y hablan de ese punto desde todos los puntos de vista? Incluso la literatura también se hace cargo de eso mismo, porque la literatura importante de principios de siglo y de gran parte del siglo XIX también pone mucho el acento en el sujeto, en sus sueños, en sus recuerdos, en su vida interior. Piensen en Proust, en sus obsesiones. Y eso tiene que ver también con las reflexiones sobre el autor, con las reflexiones sobre que la lengua, en sus desvíos, reproduce o trasunta el espíritu del autor. Después de eso se corta y el conjunto de las ciencias pasa a interesarse, por ejemplo, por el texto, por el discurso, por la lengua, y termina el interés por el autor, por el sujeto; el sujeto queda desprestigiado, a nadie le interesan los sueños. De todos modos, esto sirve para que ustedes reflexionen sobre por qué se van cambiando los intereses y los centros de reflexión. En el psicoanálisis tenemos lo mismo. Hay una primera etapa en donde se analiza la obra o el texto para mostrar los mecanismos del autor, los mecanismos psicopatológicos del autor; se toma la obra literaria como si fuera un paciente que habla. O sea, acá fíjense que sigue la idea de la obra como expresión y de la lectura como interpretación; están siempre ligadas expresión e interpretación. Entonces, el analista, y estos primeros textos de lectura psicoanalítica eran no solamente los textos de Freud sobre “Dostoievski y el parricidio”, “Un recuerdo infantil de Leonardo”, [donde] eso se ve bien claro, sino los textos de Marie Bonaparte sobre Poe, de 1930 más o menos, o de Laforgue sobre Baudelaire, que aplicaban exactamente este mismo criterio: tomar el cuerpo de obras del escritor y analizar fundamentalmente los personajes como encarnaciones proyectivas de sus distintos “yo”, o si no, de sus distintas imágenes familiares internas (su madre, su padre, etc.). Mostrar el complejo de Edipo y mostrar de qué modo la obra era para el escritor simplemente, podríamos decir, una pantalla o un lugar donde descargaba sus conflictos. La concepción de la escritura catártica, la escritura como abreacción, la teoría de la abreacción, la teoría de que cuando se encuentra y se revive el trauma, con la idea de que había un trauma solo en una vida. Hay una película de Hitchcock que está hecha sobre esto, Cuéntame tu vida: cuando se llega al momento culminante del trauma y se lo revive, se cura. Concepción absolutamente equivocada de lo que es el psicoanálisis en dos sentidos: uno en que sea uno el trauma y, en segundo lugar, el hecho de que la reminiscencia es liberación. Cualquiera que se haya analizado sabe que no hay nada de eso, o sea que la toma de conciencia no es liberación de algo, no es curación, sino otra cosa. A esta teoría se la llamó “abreacción”. Se pensaba que el escritor, además, se salvaba de la neurosis o de la psicosis porque ponía en escena, en los personajes, todo su mundo interior. Fíjense que la obra aparece como elaboración y liberación, y también como juego y sueño. Esto lo tienen en el texto de Freud que van a leer. O sea, la literatura, una obra literaria, es como una formación del inconsciente. ¿Qué es una formación del inconsciente? Son los sueños, los síntomas, los lapsus, los actos fallidos, en general, donde aparece algo reprimido; también los delirios, las alucinaciones, etc. Aparece algo reprimido, pero en las formaciones del inconsciente, según las teorizó Freud, lo reprimido aparece siempre disfrazado, desviado, desplazado, etc., pero, de todos modos, ha franqueado la barrera de la represión. La idea es que tenemos una zona –no voy a hacer psicoanálisis de divulgación acá, pero simplemente explico esto para los que no lo tengan muy claro–, hay una zona donde estarían todos los elementos reprimidos que pueden ser afectados –ideas, fantasías, impulsos, etc.–, y esos elementos reprimidos por la vida social, por las prohibiciones, etc. en determinado momento salen, pero salen disfrazados. Entonces, las formaciones del inconsciente son siempre transacciones, dice Freud: por un lado, se deja salir, pero, por otro lado, [se] lo disfraza para que no se lo reconozca. Entonces, se cumplen los dos deseos, se cumple el deseo del impulso que empuja por salir y se cumple el deseo de la represión al disfrazarlo. Formaciones de compromiso, transacciones, etc.; allí, en el análisis de esas formaciones del inconsciente, encontró Freud el camino del psicoanálisis, fundamentalmente a través de los sueños. Entonces, la obra literaria sería como un sueño; sería como una formación del inconsciente donde uno puede leer los deseos reprimidos del escritor y su disfraz. Ahora, uno se dice, ¿qué me importan los deseos del escritor?, pero, dice Freud, eso da placer porque, en cierto modo, el escritor, para poder contar eso, disfraza formalmente, o sea, hace arte, para poder pasar de contrabando sus deseos reprimidos y poder por fin decirlos a otros. Un poco la idea del artículo de “El poeta y la fantasía”, “El poeta y los sueños diurnos”: la forma, el arte, sería un poco el señuelo que el escritor tira para que el otro lea, entre en ese mundo y se libere por identificación con los deseos reprimidos del escritor. Y también goce con esa forma con que él disfrazó lo reprimido. Pero, volviendo a esto, en la primera fase, entonces, decíamos que se analizaban los textos interesándose en el escritor; se analizaban también los personajes, los temas y los motivos, tal cual, digamos, cualquier análisis literario que se hacía a fin de siglo o a principios de este. Se hacía exactamente con las mismas normas, uno desde la perspectiva psicoanalítica, otro desde la perspectiva ideológica, otro desde la perspectiva simplemente positivista de análisis de la literatura, pero todos analizaban los personajes, los temas, los motivos, las opiniones, los símbolos, los contenidos, fundamentalmente, en su relación, en el caso del psicoanálisis, con la biografía del escritor. O sea, para explicar todos sus conflictos reprimidos, las relaciones, por ejemplo, en las obras de Poe, de deseo con las mujeres muertas o con los cadáveres, para todo eso, había que ver, como contexto fundamental, la biografía del autor. La biografía de Poe mostraba que él había visto morir a su madre cuando tenía 3 años y que había quedado, dice Marie Bonaparte, prendado del cadáver en cierto modo y habría reproducido después esa búsqueda de la belleza en la mujer muerta. Esa combinación de biografía y de obra como expresión es típica –como les decía– de toda la fase de investigaciones literarias y específicamente, en este caso, del psicoanálisis. Después de esto, o concomitante con esto, porque también Freud, en cierto modo, lo hizo, está lo que podíamos llamar ya no psicoanálisis del autor, sino psicoanálisis de la obra, del texto. ¿Qué pasa con el psicoanálisis del texto? Ya no interesa el escritor, se toma el texto como si fuera el texto de una fantasía o de un sueño y se le aplica, en cierto modo, la técnica de Freud de interpretación de los sueños; no la técnica con que Freud analizaba a veces la literatura, sino la técnica propia del psicoanálisis, la técnica con que Freud analizaba sueños. Es decir, una cosa es lo que un teórico hace y dice con la literatura y otra cosa es lo que hace en su campo teórico mismo. En este caso, se aplicaba lo que era la teoría misma del psicoanálisis. Entonces, ¿qué es lo fundamental del análisis de la obra desde este punto de vista? La obra aparece como un escenario, como una fantasía. ¿Qué es una fantasía, un fantasma? Y ahí en el texto que tienen ustedes, que en alemán se llama “El poeta y la fantasía”, no “El poeta y los sueños diurnos”; lo que pasa es que se creó todo un problema de traducción alrededor de la palabra “fantasía”, porque en algunas lenguas hay doble palabra para la fantasía psicoanalítica y para las otras fantasías. Nosotros no tenemos doble palabra, pero es todo sueño diurno, como dice la otra traducción, toda ensoñación, todo hacerse uno las ideas de lo que es uno mismo, de lo que va a llegar a hacer, etc. Esos son los sueños diurnos conscientes o las fantasías conscientes, y aparte está la fantasía inconsciente, las fantasías de las cuales uno nunca se entera, pero que aparecen en los sueños, en los síntomas y en otras formaciones del inconsciente. Estas fantasías inconscientes son, sobre todo, tres o cuatro fundamentales, y casi todas tienen que ver con el origen, es el modo en que un sujeto explica su origen. Por ejemplo, la fantasía de escena primaria o de relación entre los padres, el modo en que un sujeto explica el origen de su sexualidad con la fantasía de seducción, el modo en que un sujeto explica el origen de la diferencia entre los sexos con la fantasía de la castración. Pero, aparte, hay fantasías que se constituyen como relatos, como novelas, como la fantasía de la novela familiar que Freud explicó también como presente en todos nosotros, y con la cual trabajó Marthe Robert para hacer una obra donde explica toda la ficción; toda la novelística y la cuentística, etc. como fundada sobre esa fantasía. Hay dos etapas de la novela familiar –les aclaro que, según Freud, todos hemos pasado por esa, a algunos nos quedan bastan tes restos de eso–. Hay una fase preedípica, hasta los tres años, y una fase edípica, a los tres años. En la primera fase, el chico ante cualquier herida de los padres, que puede ser el nacimiento de un hermano, pero también puede ser que no le lleven el apunte, que lo reten, etc., piensa y se dice a sí mismo, y se ve en los juegos, que él no es hijo de sus padres, que él es un huérfano, hijo de reyes o de personas muy importantes que lo han dejado acá, a cargo de estos tipos que ocasionalmente son sus padres, pero que en algún momento él va a ir a buscar a sus verdaderos padres y los va a encontrar. Esta primera fase está en cuentos, cantidad de cuentos y folklore, etc., que informan de lo que podría ser la literatura fantástica o maravillosa en esos casos. La segunda etapa es la etapa edípica, o sea, lo que supone que el chico está ligado con la madre; casi todos los ejemplos son alrededor del Edipo masculino como, en general, todo el psicoanálisis es una teoría que, en su origen, funciona absolutamente centrada en la problemática masculina. Entonces, el varón está ligado con la madre y quiere que el padre desaparezca del mapa, entonces, ¿qué hace? Lo que imagina a los tres años es que él no es hijo de este padre. Fíjense que antes ninguno de los dos le convenía como padre, ahora es al padre al que él no quiere, la madre sí, es la verdadera. Y el padre, su verdadero padre –esto se llama “la teoría del bastardo” según Marthe Robert–, dice Marthe Robert, en toda la ficción, su verdadero padre está lejos y tiene que ir a buscarlo, tiene que salir de viaje, toda la novelística de los viajes, etc., a buscar ese padre que se ha quedado allí y el que está acá es un intruso. Entonces, aparece muy lateralmente, dice Freud, en esta segunda versión de la novela familiar, que la madre es prostituta; dice Freud, con los valores victorianos de la época, que la madre ha tenido más de un hombre, el padre que anda por allí, su verdadero padre, y este otro, que es un segundo hombre que tiene la madre, que no es su verdadero padre, que dice que es su padre, pero al cual él va a demostrar que no es, buscando y trayendo al verdadero. Estas dos fases de la novela familiar, dice Freud, caen en el inconsciente, son olvidadas y reprimidas totalmente; pero, dice Marthe Robert, y dicen otros críticos, alimenta, como todo eso que cae al inconsciente, alimenta las ficciones, los cuentos y forma la base de la literatura y, fundamentalmente, de la narración. Aquí tienen ustedes, al mismo tiempo, el ejemplo de lo que es una fantasía, qué es un relato, qué es un escenario, qué es una representación en que el sujeto aparece y a veces el sujeto se contempla como si fuera un espectácu lo. Todos tenemos la experiencia de esto, no vale la pena extenderse. Esto sería, para este segundo enfoque del psicoanálisis del texto, lo que pondría en escena una obra literaria. ¿Por qué sería lo mismo que un sueño? Porque un sueño es un relato, es una escena, en general, donde el sujeto se contempla. Entonces, mañana partimos de acá y seguimos adelante con esto. 109

Alumna: ¿Cuál es la diferencia entre polifonía y dialogismo?

Profesora: La diferencia que yo creo que existe en la teoría de Bajtín entre polifonía y dialogismo es la siguiente: polifonía es simplemente la presencia de cantidad de voces, y dialogismo la incorporación en relación de diálogo y, por lo tanto, de adhesión o cuestionamiento o parodia, de dramatización, etc., de más de una voz. Cuando yo digo “polifónica”, digo novela que tiene varias voces, lo cual no necesariamente implica el dialogismo. Pero de ahí viene la confusión: casi siempre, cuando hay una cantidad de voces, entran en un tipo de relación dialógica. Una marca más bien el hecho de que existan las voces y la otra marca el hecho de que estas voces interactúen. Alumno: A mí no me quedó claro lo de las literaturas que no representan la realidad. Profesora: No es lo mismo la idea de representación de la realidad. La idea de representación de la realidad es una idea que es una concepción de la literatura y tiene muy claramente una concepción de la literatura, porque funciona por parte de escritores, fundamentalmente de los escritores realistas del siglo XIX, pero también por parte de los lectores que leen literatura, ya sea la del siglo XIX o toda otra literatura. Yo puedo leer la literatura, según la concepción que tenga de la literatura, de miles de modos [distintos]. Uno de esos modos es leerla como representación de la realidad, o sea, [considerar] que eso existe. No hay obra de cultura que no lleve el sello de su época, que no lleve algún dato de su contexto histórico, todas lo llevan, todas lo transportan, cualquier historiador puede venir y leer una obra de literatura fantástica como representación de la realidad. Yo lo último que he leído genial de Darnton es el cuento “Caperucita Roja” tal cual estaba narrado en el siglo XVIII, antes de que lo tomara Perrault: cómo corría el cuento en el folklore, donde el lobo se la comía absolutamente a Caperucita Roja y no tenía ninguna posibilidad de resucitar ni nada de eso, leída como representación del hambre popular. Una literatura que aparece pintando la situación de hambre de las clases populares que se contaban el cuento unos a otros un poco para satisfacer eso, la idea de que cualquiera podía ser comido por otro, porque la situación era extrema. Perrault, por supuesto, lo toma y Darnton explica por qué introduce todas esas modificaciones a partir de las cuales pasa a ser un cuento infantil. Pero todo puede ser leído como representación de la realidad, y cualquier obra literaria puede ser escrita como representación de la realidad. O sea, es una postura de crítica literaria y una lectura también. Entonces, cualquier testimonio de cultura remite a una época. Otra cosa es que, voluntaria o exclusivamente, se diga que la literatura representa la realidad y ninguna otra cosa más, eso ya es una concepción de la literatura más estrecha. Una cosa es representar, o sea, decir algo sobre la realidad y otra cosa es querer cambiarla, son dos cosas distintas. Entonces, algunos han pensado que, representando la sociedad en sus aspectos injustos o negativos, se la cambia, algunos piensan eso, piensan que el realismo produce cambios sociales; es una concepción, como cualquier otra. O que la comedia corrige las costumbres porque hace reír de las cosas que están mal, es una concepción como cualquier otra. Otras dicen que la literatura no cambia nada, o que esa no es la función de la literatura. En cada uno de estos elementos –y en esto es en lo que nosotros tenemos la intención de inquietarlos– están las distintas posturas sobre lo mismo. Eso en cuanto a la realidad. Las escuelas de las vanguardias, desde Baudelaire, fin de siglo en adelante, pasando por el surrealismo, el futurismo y todas las escuelas de vanguardia, siempre aparecen como antirrea listas y antinaturalistas, y siempre postulan que la literatura, el arte, es artificio, es construcción, que no tiene nada que ver con la realidad, y denuncian, en general, estas escuelas la teoría de la representación de la realidad como la teoría del arte burgués por excelencia. Alumna: ¿Qué sentido tiene el uso? Profesora: Fundamentalmente para construir otras obras literarias, pero también para incorporar a la lengua. ¿Por qué no usar la literatura para la vida? También hay teorías de la literatura que dicen que lo que provee la literatura es un marco para la experiencia y son modelos de vida también. Entonces, el uso allí sería para producir literatura, para incorporar a la lengua, para producir cambios en la vida, muchos usos, no solamente para contemplarse. Por supuesto que todas las reflexiones sobre el uso nacen con la teoría de Wittgenstein sobre los juegos del lenguaje y la conexión fraterna, podríamos decir, de Wittgenstein con Bajtín (el hermano de Bajtín estudió con Wittgenstein). Ahí hay una conexión muy fuerte y por eso los préstamos y los elementos de prepragmática que se ven en Bajtín. Alumna: Yo quiero preguntar si la teoría de la producción fue tomada de la concepción científica del arte que estimula las glándulas del cuerpo provocando adrenalina. Profesora: No, no tiene nada que ver con esa teoría, sino que tiene que ver con la teoría de uso de los objetos en la sociedad. Los objetos son para ser usados. Por supuesto que en nuestra sociedad fundamentalmente no todos los objetos son para ser usados, sino que cada vez más la parte de ostentación, o sea, un uso simbólico y no uso real de un objeto, es cada vez mayor. Entonces, el autor es productor como es un obrero que fabrica una cajita, un tenedor o un plato: eso es para ser usado. Fíjense que este es el modelo de la no representación, el plato, el tenedor y la cajita no representan nada.

Alumna: ¿Por qué la teoría de la producción está en contra de la teoría del mercado y de la circulación?

Profesora: Esto está fundado en la teoría de Marx, teoría eco nómica desarrollada en El capital. Marx dice que para poder entender la sociedad capitalista no se puede, como hicieron los economistas burgueses, fijarse en la zona de la compra y la venta, en la zona de circulación de mercancías; no es allí, dice Marx, donde está la verdad de la sociedad capitalista, porque en la zona de circulación de mercancías cada mercancía tiene un precio y se intercambia un precio por un objeto. Y todos los sujetos en la zona de la circulación son libres e iguales, cualquiera puede ir, vender un producto, cualquiera que tiene el dinero puede comprarlo, y todo se reduce a relaciones de equivalencia y de intercambio. La verdad, dice Marx, de la sociedad capitalista está en la producción no en la circulación de las mercancías. En el momento de la fabricación, donde el obrero no tiene otra alternativa que vender su fuerza de trabajo, donde no es equivalente lo que se le paga al obrero en relación con lo que este produce. Ahí se produce lo que Marx llama la “plusvalía”, que es un excedente del cual se apropia el capitalista y que es lo que se llama la “explotación”. Cuando se dice “la explotación del obrero”, es eso, es que no se le paga por lo que él trabaja, que siempre se le va sacando un poquitito. Entonces, por analogía con Marx, que dijo que la verdad de la sociedad es la producción y no la circulación, que disfraza la plusvalía y que hacía aparecer a todos intercambiando equivalencias, había que estudiar la producción. Dejamos acá. Hasta la próxima.

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Segunda parte

Habíamos dejado en la explicación de lo que era la novela familiar y de qué modo esa fantasía y otras habían sido usadas para analizar el texto literario. Fíjense que, en ese sentido, el texto aparece en primer lugar como un campo catártico, tanto para el autor como para el lector, es decir, el autor, en cierto modo, elabora y se libera. En segundo lugar, el texto traspone el deseo, lo realiza transformado. En tercer lugar, el texto es estructurado por ese deseo y por esa fantasía, es decir, ese relato, que es la novela familiar o cualquier otra fantasía, está sosteniendo la estructura textual. En cuarto lugar, el texto, en cierto modo –esto habría que tomarlo con un poco de distancia– es representativo y expresivo en la medida en que los impulsos, las fantasías, etc., aparecen puestos en escena o aparece expresado también en la lectura. Por lo tanto, para esta perspectiva, es una lectura del inconsciente del texto, es decir, ya no se lee como el primer enfoque, centrado en el autor, donde influye el autor tal cual aparecía en temas, motivos, personajes, estilos, etc., sino que se deja de lado al autor en este enfoque y se lee el texto como un sueño; digamos que se trata de ver cuál es su estructura profunda o su inconsciente. Esto [se hace] siguiendo el modelo de La interpretación de los sueños, con el procedimiento que se plantea en ese texto de Freud, fundamentalmente, que paso a explicar. Freud establece cómo analizar un sueño, cómo analizar cualquier formación del inconsciente, no solamente un sueño. Ustedes pueden ver para esto “El caso Signorelli” en la Psicopatología de la vida cotidiana, que son unas pocas páginas donde está en modo ejemplar puesto en escena el procedimiento de Freud, y también en La interpretación de los sueños. ¿Cuál es el procedimiento que ha sido trasladado a la lectura literaria? En primer lugar, el texto cortado en unidades. Fíjense que esto viene de 1900, y el análisis de cincuenta años después, el texto cortado en unidades, el modelo también de las sesiones en cierto modo: en las sesiones psicoanalíticas se trata de que el paciente asocie cortando en unidades el relato, ya sea del sueño o de cualquier fantasía, y asociando cada unidad, cada elemento, que puede ser un sintagma, un lexema o un conjunto verbal cualquiera, que se toma como enunciado, podríamos decir, o como unidad mínima. Cada una de estas unidades es sometida a la asociación. Ahora, en el caso del texto, ¿qué ocurre? Porque esto es un poco el traslado del relato del soñante o el traslado del procedimiento seguido en la sesión; el campo asociativo es el mismo texto u otros textos del autor, a veces hasta pueden ser otras obras literarias. Eso depende, en cierto modo, también de la lectura con que va a asociar cada una de estas unidades; tiene que seguir un camino, asociando por semejanza y contigüidad, el mismo procedimiento de la asociación de ideas que ustedes conocerán, para llegar a establecer otro texto que sería el contenido latente; la visión del contenido manifiesto es el relato del sueño, el relato de la fantasía tal cual aparece al sujeto. Estos dos textos se llaman “sentido” o “texto latente”, “sentido latente”, el inconsciente, y “sentido manifiesto” o “texto manifiesto”, el que aparece. Esto también puede recordar bastante la gramática generativa con sus dos niveles, superficial y profundo, y de hechos y obsesiones. Para el pasaje del contexto latente al texto manifiesto que se ha realizado y se ha establecido, lo que Freud establece es que ha habido un trabajo a partir del texto profundo, y lo llama así, “trabajo del sueño”. El sueño ha trabajado sobre cada uno de los elementos del texto latente o profundo o inconsciente, y los ha transformado, disfrazado, etc. hasta establecer el texto que le ha aparecido o el sueño, la fantasía, etc. o el que ha narrado. Entonces, entre un nivel y otro entra la transformación. De nuevo, la analogía con la [teoría] transformacional, la generativa, es decir, para algunos también hay producción, fíjense que Freud usa adrede ese término. En un momento determinado de la teoría literaria se asocia la lingüística generativa y transformacional, el psicoanálisis y la teoría de la producción marxista para hacer todo un paquete donde, de algún modo, se presentaba una teoría general de la literatura asociando las tres teorías; el punto fundamental en que se asociaban era ese: la existencia de dos niveles, uno manifiesto y uno latente que no se ve, está en las tres disciplinas o las tres teorías, las tres ciencias, y la existencia de un trabajo, de una producción o de una generación, que también está [en las tres]. Ese sería el procedimiento analítico. El contenido latente, pro fundo, lo que muestra es el inconsciente mismo antes de su trans formación. Dijimos ayer que las formaciones del inconsciente eran transaccionales o de compromiso: dejaban salir el deseo, dejaban salir lo reprimido, pero con la condición de ser disfrazado; lo que el análisis, entonces, mostraría es cuál era el deseo y cómo fue transformado, disfrazado, etc. –primer paso–. Segundo paso: Freud, a partir de este trabajo analítico, discierne cuáles son los elementos fundamentales del trabajo del sueño, o sea, los elementos que transforman. ¿Cuál es el trabajo de transformación? Son fundamentalmente tres elementos, a los cuales se puede agregar un cuarto: desplazamiento, condensación, simbolización. Toda trans formación del texto profundo, del texto latente, ha sido desplazada, condensada, simbolizada, etc. para mostrar figuras que ocultan completamente el original, podríamos decir. Por lo tanto, el trabajo del inconsciente es un trabajo de disfraz. Y el deseo es lo que no estaría dicho nunca; el deseo tal cual, sin disfraz, no aparece nunca. Por eso el modo de encontrar el elemento profundo, inconsciente, reprimido, que sería el deseo, el impulso, la fantasía, etc. es analizar los disfraces, los procedimientos, el modo en que esa laguna fue cubierta. Dice Freud: es como si hubiera un agujero o una laguna y encima se le tejiera algo. Analizando este tejido que lo cubre se llega a lo no dicho, y la teoría de lo no dicho es una teoría típica mente psicoanalítica. Analizar los sustitutos o los disfraces de lo no dicho, este es uno de los procedimientos clásicos del psicoanálisis que ha sido, insisto, trasladado al análisis del texto literario para encontrar su sentido profundo o el inconsciente del texto. Si ustedes quieren me puedo detener para explicar qué es condensación, desplazamiento, etc. Yo preferiría no hacerlo porque también advierto que de todo esto se va a hablar en otros momentos, lo que estoy presentando yo es una introducción sintética, pero ustedes, cuando vean la parte del sentido, de la interpretación –hay un capítulo dedicado a las teorías del sentido–, ahí va a aparecer de pronto el psicoanálisis y todos los sentidos que se postulan a partir de una teoría psicoanalítica en la literatura. Así que de nuevo se va a hablar de esto ya desde otro ángulo. De todos modos, si ustedes tienen inquietudes por esto, pueden leer La interpretación de los sueños, la Psicopatología de la vida cotidiana, “El caso Signorelli”, y “Pegan a un niño”, que es otro texto de Freud, donde se ve muy claramente, quizás con más nitidez que en ningún otro de sus textos, los caminos generativos y transformacionales de una fantasía. Estos dos pasos que venimos viendo, tanto el psicoanálisis del autor como el psicoanálisis del texto para encontrar su inconsciente, fueron realizados por Freud, ya sea en la literatura o en el trabajo general sobre los sueños del inconsciente. Ahora, acá, en la relación entre el psicoanálisis y la literatura, podríamos decir que se produce un corte con la teoría lacaniana, donde aparece, en relación con los años sesenta y en relación fundamentalmente con la lingüística y el estructuralismo, como reformulación de la teoría psicoanalítica que tiene su correlato en la teoría literaria de inspiración psicoanalítica. Así que ahora voy a pasar a referirme a eso también muy brevemente. Lo primero que hace Lacan, en cuanto a lo que nos interesa a nosotros –no es lo primero cronológico que hace Lacan–, es criticar el signo o la concepción saussureana del signo. Para Lacan no hay correspondencia biunívoca entre significante y significado, como decía Saussure; recuerden: una hoja de papel, de un lado un significante, del otro el significado; si cortamos uno cortamos el otro o, si alteramos uno también el otro [se altera]. No, dice Lacan, no hay una correspondencia biunívoca –esta crítica de la correspondencia biunívoca del signo ya había sido realizada por el Círculo de Praga–. Los lingüistas del Círculo de Praga ya habían hecho la primera crítica y habían establecido la tesis de una simetría entre los elementos del signo; Lacan va a volver a marcar esa asimetría. El significado, dice Lacan, no representa al significante, sino que, por un lado, podríamos decir, hay significantes que forman una cadena y, por otro lado, se generan significados por detención de esa cadena, lo que Lacan llama “puntuación” o “escansión”. Quiero hacer una aclaración previa: esta teoría de Lacan ha sido enunciada como epistemología del psicoanálisis. Cuando él habla de la cadena de significantes, cuando él habla de que la realidad es imposible, y otros muchos enunciados que aparecieron como consignas, su marco de referencia es la sesión. Fundamentalmente, el error consiste en extender la teoría lacaniana o la epistemología lacaniana de la sesión al universo: de la sesión a la realidad o de la sesión a la literatura, etc. La idea de que hay una cadena de significantes es simplemente un modo diferente de decir que el paciente en sesión asocia, y que ese grupo y esa cadena es lo que constituye la materialidad misma de la sesión, la materialidad misma del material que debe trabajar el analista y todo aquel que reflexione epistemológicamente sobre el proceso psicoanalítico y que haga teoría del psicoanálisis. Por lo general, teorías parciales que surgieron de un campo concreto y con un objeto absolutamente recortado son traslada das, de un modo salvaje, a otro campo, otro objeto o, simplemente, generalizadas como concepciones del mundo. Entonces, de esto se ha hecho una visión psicoanalítica del mundo, que yo quisiera de paso criticar por [ser] una extensión exagerada y absolutamente abusiva del objeto de una ciencia o del objeto de reflexión. Sobre esto se puede hablar largamente. Más adelante vamos a tener más material para reflexionar sobre este tipo de extensiones, por eso a nosotros nos interesa tanto el objeto de la teoría, no es el mismo objeto, no trabajamos sobre el mismo campo que trabaja un analista o un teórico del psicoanálisis, que trabaja sobre la oralidad, sobre la sesión, etc., con un material donde el inconsciente funciona de determinados modos, con un material donde no se puede borrar. La literatura es un lugar donde la borradura tiene uno de los lugares más importantes. Entonces, esto es una crítica previa a la enunciación de la teoría, simplemente por cansancio de ver repetir esta teoría de un modo salvaje. De todos modos, decíamos que el modelo de una cadena de significantes, que no tiene una correspondencia puntual en cada uno de ellos con un significado, surge del analizado que habla indefinidamente, asociativamente, en una sesión. Entonces, digamos, el flujo verbal es detenido y puntuado por el analista. De ahí viene la teoría de Lacan de las sesiones cortas, en la detención de ese flujo, ya sea por intervención, o simplemente cuando el analista analiza el material, o simplemente por corte de la sesión. Fíjense que acá aparece de nuevo la idea de que un discurso, un flujo, debe ser cortado y que en los cortes de ese flujo es donde se restablece el sentido. Lacan dice [que en] la puntuación, [en] la escansión, recién en ese momento se recupera el sentido de todo lo que viene antes. Por lo tanto, no hay una correspondencia entre uno y uno, significante y significado, sino que el significado surge en los momentos de escansión y es retroactivo. Primer elemento. Lacan hace un cuadro, un esquema, de la relación significante significado que es “S” mayúscula barra “s” minúscula: S/s; y dice que la barra es, justamente, cuando el significante franquea la barra y pasa al significado, se corta ese flujo, se establece la significación o el sentido y se producen formas. Por lo tanto –justamente ahí estaría el arte del analista– estas formas pueden quedar como formas fijadas y eso depende del modo de analizar un texto o un discurso: según donde lo corto, voy a establecer sentidos distintos. Ustedes habrán oído muchas veces seguramente el ejemplo de “pienso, luego existo”, dicho por Lacan. Lacan dice “Pienso: luego existo” cambia totalmente el sentido, es lo que estoy pensando, es el contenido de mi pensamiento; cuando le pongo dos puntos, hay una escansión distinta, cambia totalmente el sentido. Eso para demostrar que, según cómo se corte, de qué manera se corte –y para eso están los signos de puntuación, que son tan importantes en la escritura y que, en cierto modo, en el habla no los podemos reproducir–, según donde se corte, cómo se corte o no se corte, se establece el sentido. Ese flujo de significantes, y el lenguaje en general, el discurso en general, es para Lacan el elemento fundante y el modelo mismo de la estructura del inconsciente. El inconsciente, dice él, está estructurado como un lenguaje, y esa estructura del inconsciente es, en cierto modo, la estructura que los estructuralistas pensaron para el lenguaje fundamentalmente. No es cualquier otra estructura, es una estructura de oposiciones, correspondencias, etc. que está articulada por dos figuras fundamentales: la metáfora y la metonimia, tal cual Jakobson había establecido también pare la literatura o para el movimiento del lenguaje en general. Aunque no coincide la metáfora de Lacan con la metáfora de Jakobson, pero no nos interesa por el momento meternos en esta polémica en detalle, lo que nos interesa es que en cierto modo Lacan toma fundamentalmente como punto de partida para su reflexión sobre el inconsciente como lenguaje al estructuralismo y a la teoría de Jakobson. El orden simbólico es estructurante para el sujeto. Este sería el segundo punto fundamental para la literatura. ¿Qué quiere decir esto? El orden simbólico es uno de los tres órdenes en que Lacan dividió el conjunto para poder pensarlo. Por un lado, estaría lo real, la realidad, no es exactamente lo mismo para Lacan lo real y la realidad, pero de todos modos, está lo real, del cual, él dice que es imposible para el deseo; lo real es imposible para el deseo porque el deseo inconsciente no se realiza en la realidad, por eso lo real es imposible. Cuando esta consigna pasa a funcionar en la política, por supuesto con una aplicación salvaje, tiene otro sentido totalmente distinto. Entonces, teníamos que lo real es imposible. Un orden. Lo imaginario sería el segundo orden, que es un tipo de orden dual, fundado, sobre todo, en una etapa de relación específica con la madre y que él ilustra sobre todo en la teoría del sexo. No nos detenemos tampoco en esto, porque por ahora no nos interesa, baste decir que es un orden donde pareciera que el padre todavía no ha aparecido, que se funda en imágenes duales, especulares –piensen en el mito de Narciso–. En cierto modo, condensa ese orden imaginario, es la relación con el espejo, la relación con el otro que es igual, los reflejos, las inversiones, los dobles, las simetrías, todo esto pensado o vivido sin lenguaje. Luego viene el lenguaje, que sería lo que rompe este orden dual y establece un tercer término, con la aparición del padre que resuelve el complejo de Edipo, y con el lenguaje viene la prohibición del incesto, la ley, la figura del padre y el orden del mundo. Todo eso es lo que Lacan llama el “orden simbólico”: es el lenguaje, es la sociedad, es la prohibición, es lo que él llama el “nombre del padre”, que es todo esto al mismo tiempo; cuando nosotros nacemos, encontramos ya eso, el lenguaje, la prohibición, la ley, etc., que nos precede, lo encontramos ya constituido. Y eso es, en cierto modo, lo que nos determina en nuestro inconsciente. Nosotros estamos determinados por ese orden de la prohibición, de la negación del lenguaje, etc., determinados en cuanto a la represión general de nosotros mismos. Ese es el elemento de determinación que encuentra Lacan fundamentalmente: determinación lingüística, verbal, si extendemos a la categoría de lo verbal, lo lingüístico, a todo el orden de códigos, los códigos y las leyes y, por lo tanto, el conjunto de la organización social. Esto, por un lado. Por otro lado, la crítica que hace Lacan al metalenguaje nos interesa especialmente en la medida en que cada vez más la idea de un metalenguaje, es decir, de un nivel diferente, con una formalización diferente, se aplica fundamentalmente a los lenguajes formales, matemáticos y lógicos; la idea de un nivel del lenguaje objeto es criticada cada vez más. Se trata simplemente de un juego de niveles al cual no se lo puede llamar metalenguaje porque no es un cambio de lenguaje ni de código; en los dos casos funciona el mismo lenguaje natural, como dicen los lógicos. Lacan critica el metalenguaje. Dice que en la sesión psicoanalítica, el analista no usa un metalenguaje, no usa un lenguaje de interpretación diferente del lenguaje del analizado. No existe el metalenguaje en la sesión; por lo tanto, para él no existe el metalenguaje en el análisis, porque se trata del mismo lenguaje trabajado por los mismos discursos, cortado por las mismas reflexiones y deseos que el del paciente. O sea, el analista no interpreta. No sé si alguno de ustedes tiene alguna experiencia de análisis lacaniano; en general, [el analista] se limita a acompañar al analizado y no a ponerse en un nivel de autoridad superior con un esquema interpretativo que le manda al analizado, sino que están en el mismo nivel, los dos con sus lenguajes naturales haciendo como una fraternidad y no una relación de superior inferior, de dominado-dominante, etc., que es lo que crea, en general, este tipo de relaciones con códigos interpretativos muy constituidos con alguien que no los posee. Esta crítica al meta lenguaje se transformó, en las teorías literarias en tiempos del lacanismo, en una crítica general a la interpretación. Volviendo atrás. Para analizar un texto literario lo importante, repitiendo un poco el esquema lacaniano, sería, en primer lugar, no encontrar una correspondencia uno a uno entre significante y significado; en segundo lugar, puntuar el texto, incluso se puede no puntuar el texto, si no se quiere encontrar ningún significado, porque el significado es considerado como lo que frena el flujo de la cadena significante y, al frenar el flujo, introduce un corte y, por lo tanto, reprime, corta, para el deseo. O sea, la lectura podría ser tanto puntuar, cortar, como se cortan las sesiones, para encontrar sentidos a segmentos de la cadena, o no puntuar y simplemente seguir el flujo de la cadena o seguir la cadena de los significantes con sus asociaciones posibles y simplemente descuidar el sentido, gozar con esa cadena. Todo eso a ustedes les sonará bastante familiar porque es de Barthes, más o menos posterior a 1970. ¿Qué es exactamente la teoría lacaniana transportada al campo literario y, en general, a una cantidad de otros campos de las ciencias del hombre en ese momento? No interpretar, no cortar la cadena significante, sino seguirla en un viaje que la acompaña porque ahí estaría el goce de la lectura: ¿para qué encontrar sentidos cuando en realidad cada lector puede cortar en un lugar distinto y encontrar, por lo tanto, sentidos distintos, porque, según dónde corte, se arma el sentido de otro modo? Esa es una posibilidad; la otra posibilidad es seguir la cadena. Por lo tanto, ni la sesión, ni la obra literaria comunican nada; la literatura es una contracomunicación, dice Barthes en un determinado momento. No hay ningún contenido que comunicar, sino que simplemente lo que hay es como el modelo de un viaje a hacer por el mundo y la cadena de los significantes. La literatura aparece, entonces, para esta teoría –yo he dado a Barthes como ejemplo porque es lo que todos ustedes han leído y conocen, pero también para el grupo Tel Quel, para Julia Kristeva y para muchos otros– aparece como un trabajo de y en el significante, esa es la literatura. La literatura es un trabajo de y en el significante, o sea, es tomar la cadena significante y hacer con ello, siguiendo el deseo, cualquier cosa, siguiendo las cadenas asociativas; lo que aparece después como la polifonía del texto, el texto es polifónico, está tejido de una cantidad de redes, está hecho de muchas voces, una partitura, el texto es una partitura: la puedo cortar, la puedo leer siguiendo la melodía, siguiendo las muchas melodías que se abren en cada punto de esa cadena. Otra metáfora es la del capitoné, o sea, una cantidad de líneas con puntos de encuentro, con botones donde se encuentran; otra metáfora es [la de las] redes con nudos, hay una gran cantidad, que son al mismo tiempo metáforas del inconsciente. O sea, el inconsciente estaría tejido de una cantidad de palabras, imágenes, recuerdos, restos, fantasías reprimidas, etc. que forman cadenas. Esas cadenas, donde los elementos se asocian por contigüidad o por semejanza, constituyen un tejido denso que sería el inconsciente. Por eso lo de condensación, desplazamiento, etc. es también un poco esto, es el trabajo que el inconsciente pone o que el sueño hace para sacar y transformar el relato profundo en un relato manifiesto. Entonces, lo importante son estas redes, estas cadenas, donde aparece la idea de texto en el sentido de tejido, textura, tejido de líneas, redes, etc. sin rumbo fijo, sin dirección, sin sentidos asignables, sin nada comunicable, que se muestra o se presenta como se ofrece a la lectura, como un goce de seguir esa lógica que es la lógica del significante, la de redes, asociaciones no estructurables, no cerrables, sin contenido. A esta lógica del significante, que coincidiría con la lógica del inconsciente, Julia Kristeva le asigna la función analógica de la poesía o de la literatura, la identifica. Lógica de los significantes, lógica de lo inconsciente, lógica de la literatura. El análisis lacaniano, en cierto modo, también es freudiano, pero Lacan acentúa sobre todo el aspecto verbal o lingüístico: la idea de asociación, de cadena, de redes, etc. ya la encuentran en Freud. Entonces, decíamos que el traslado a la literatura es un tras lado casi puntual en la medida en que el texto aparece casi como un texto inconsciente o con la misma lógica que el inconsciente. Por lo tanto, otro punto más, el sujeto, y aquí aparece otro de los elementos fundamentales dentro de la teoría lacaniana que es la [idea] de un sujeto dividido. Lacan escribe la $ de sujeto con una barra, que quiere decir sujeto dividido. ¿Qué quiere decir sujeto dividido, del cual hablamos ya bastante, porque aparece en casi todas las teorías contemporáneas? Es una crítica más radical al “yo” cartesiano, que es un sujeto pleno, consciente, voluntario, que sabe lo que tiene que hacer, que se conoce a sí mismo, que determina un proyecto y lo realiza, que no tiene contradicciones; sujeto que ha sido identificado con una identidad determinada, etc. Ese sujeto cae, el psicoanálisis le introduce un corte y una crítica fundamental: estamos constituidos por una parte enorme que no conocemos, que es el inconsciente. Eso es nuestro, obviamente; nosotros como sujetos alojamos una parte que nos determina, que nos hace hacer determinadas cosas y no hacer otras, que rige nuestra conducta, que rige nuestras elecciones en la vida, a veces nuestros éxitos y fracasos. Eso está con nosotros pero nosotros no tenemos idea de eso. La otra parte es la parte consciente, voluntaria, racional, lo que sería el “yo”. Entonces, este esquema, que ya Freud había diseñado con tres elementos (yo, ello y superyó), Lacan, en cierto modo, lo sintetiza con la idea de un sujeto desgarrado, dividido, con esa parte oscura. “Pienso donde no estoy”, dice Lacan; “Soy donde no pienso”. Todos modos de tratar de formular de qué lado, dónde, en qué lugar, si uno tuviera que pensar si está el inconsciente en alguna parte; pero no, no está en ninguna parte física. La idea de este sujeto dividido pasa a la literatura, insisto, porque no está en ninguna parte física el inconsciente, y el sujeto dividido, sino que es un efecto de significante. ¿Qué quiere decir esto? Que el sujeto está y no está, se borra, desaparece, según lo que ese sujeto muestre, diga en las sesiones, en los actos fallidos, en los síntomas, etc. A partir de los análisis o del análisis que se puede hacer de los sueños también, en todas las formaciones del inconsciente se muestra cómo funciona el sujeto, por eso es efecto del texto y no es algo que precede al texto. Fíjense que esta es la crítica más radical de la función expresiva del sujeto: el sujeto, el autor no tiene un tesoro previo que serían las ideas, los sentimientos, que después escribe. No existe nada de eso, dice Lacan y dicen todos los que siguen, en cierto modo, esta influencia. No, el sujeto surge a partir del texto, ahí se constituye como sujeto, surge a partir de lo que hace, es un efecto de lo que hace, es un efecto de sus sueños, de sus síntomas, de su escritura, de sus sesiones, ahí se ve dónde está el sujeto y, por lo tanto, dónde está el inconsciente. Entonces, crítica radical a la noción de un sujeto pleno, crítica radical a la concepción biunívoca entre significante y significado, crítica radical al concepto de interpretación y de meta lenguaje, crítica radical a la concepción del texto como representación y expresión y comunicación. Aparición de un sujeto dividido, de otra lógica. Sería la lógica del inconsciente, que ustedes pueden leerla muy detalladamente en La interpretación de los sueños, o sea, cuáles son todos los elementos que tiene esa lógica del inconsciente donde no hay negación, donde no hay muerte, donde no hay contradicción, donde los elementos más contradictorios coexisten y se ligan, y con una serie de otras características que quizás veamos más adelante, cuando veamos todo lo que el psicoanálisis tiene que decir sobre el sentido. Ahí va a aparecer bien la característica de esta lógica que es la lógica opuesta a lo que sería la lógica aristotélica, y que aparece como el modo de funcionamiento de la literatura. Y, finalmente, ese sujeto dividido aparece en la literatura, y acá recuerdo lo que decíamos ayer de la teoría de Julia Kristeva entre lo semiótico y lo simbólico. Ahora se ve claramente cómo ella establece esos dos principios para tratar de pensar la relación que habría entre el código, o sea, el lenguaje ordenado, comunicable, estructurado según la comunicación, según la vida práctica y coti diana, y lo semiótico, que sería todo eso que se mueve, que bulle, que aparece, digamos, en la escritura y, fundamentalmente, en la escritura de vanguardia. Lo semiótico, entonces, corta, modifica los ritmos de lo simbólico y ese es el trabajo específicamente inconsciente sobre el lenguaje que constituye la literatura, que sería el juego de los dos. Este juego de los dos, fíjense, es el modelo que está en los sueños, en los síntomas, es una transacción que está siempre puesta en Freud. Toda la aparición de un deseo es disfrazada y transa con la represión. Entonces, dicen las teorías de la literatura derivadas de esto, sujeto y literatura se dividen entre el deseo y la ley, o sea, entre realizar el deseo y [acatar] la ley, que es prohibición siempre. Está siempre dividido entre el cuerpo y la lengua; la lengua como código, como lo simbólico, y entre los impulsos y la práctica social. Este sujeto dividido, contradictorio, tironeado, produce formaciones mixtas y produce subversión de códigos, en el sentido en que los códigos estables y estructurados del lenguaje, los códigos sociales, normativos, etc. son subvertidos por el trabajo de lo otro, el otro, como Lacan llama al inconsciente. El inconsciente es el otro. El concepto de verdad que hay en Lacan, que se ha usado mucho también en la literatura, es que la verdad está en el inconsciente, [algo] que es lógico para los psicoanalistas; o sea, es un concepto de verdad adaptado a la práctica misma y a la teoría misma del psicoanálisis. Si el psicoanálisis tiene como objeto de estudio el inconsciente es lógico que la verdad esté allí. Entonces, la verdad, para los que trasladan esto, la verdad del texto está allí donde justamente aparece ese trabajo de subversión o de viaje significante. Dejo esta introducción rápida, que lo único que pretende es ubicarlos un poco en el problema, y hago una síntesis sobre lo que aportó –me inclino a decirlo en pasado– el psicoanálisis a la reflexión literaria. Lo fundamental sería la idea de que el lenguaje no es pleno, de que hay una serie de transformaciones, de que hay una serie de elementos de trabajo en el lenguaje. Y otro punto que no les dije antes, muy importante, que está en Freud, es la idea de sobredeterminación. Esta idea de la sobredeterminación tuvo una fortuna increíble y vino en todas las ciencias del hombre a cuestionar la categoría de causalidad o determinación única y lineal. O sea, cuestiona el positivismo o el sociologismo vulgar. Dice Freud que el sueño, analizado en su contenido manifiesto y latente, está sobredeterminado; quiere decir que a un elemento manifiesto corresponden una cantidad de elementos del latente. No hay una correspondencia biunívoca entre un elemento del manifiesto y un elemento del latente, no se corresponden como las dos caras de lo mismo, sino que a veces una figura del sueño, ya sea una palabra o un personaje o cualquier elemento que aparezca en un sueño, tiene en el contenido latente un montón de elementos que lo determinan, no solamente uno. Esto se llama “sobredeterminación” o “causalidad múltiple”. Y esa idea de que no hay una sola determinación tuvo una importancia fundamental: se trasladó a la literatura e indujo a pensar de otro modo, ya no de un modo tan lineal. Pero hay otro elemento muy importante que el psicoanálisis vino a traer que es la idea de causalidad retroactiva. Este concepto, que hoy maneja la ciencia pero que [ya] lo manejaba antes, y que el psicoanálisis en cierto modo generalizó, también es de un importancia fundamental. ¿Qué quiere decir esto de causalidad retroactiva? Ustedes tienen esto en “El poeta y la fantasía”. Tienen muy claramente explicado que se necesitan tres tiempos –dice Freud– para construir una fantasía, como también tres tiempos para construir el sueño: se necesita de un acontecimiento actual, presente, lo que nos pasó en ese día, primer tiempo; ese acontecimiento que, de pronto, no tiene ninguna importancia, que uno pasa por alto, aparece de golpe en el sueño y uno piensa: “¡Qué raro que esto haya aparecido acá!”. Lo que ocurre es que ese acontecimiento nos desencadenó en el inconsciente, nosotros no nos apercibimos de eso, se asoció con otra cosa, se nos asoció con algo pasado, reprimido, de la infancia, con una fantasía y nosotros ni nos dimos cuenta. Se asoció con eso, lo despertó, en cierto modo. Y con las transformaciones se constituyó el sueño, que aparece como la realización del deseo; o sea, el evento presente, vuelta hacia atrás, [hacia] un deseo no realizado que se despierta, se asocia, y trabajo del sueño, disfraz, etc., realización del deseo, que sería la utopía, que sería el futuro, es como si uno dijera: “Voy a hacer tal cosa”, cuando fantasea. Esa estructura de la fantasía es la misma estructura del sueño, tiene tres tiempos, sería el hecho de que algo presente despierte algo del pasado y se lo llama “causalidad retroactiva” o “causalidad inversa”. Por eso decíamos ayer que es muy burda la teoría que dice que con un trauma, como en la película de Hitchcock, uno se vuelve loco y que basta con revivir eso para curarse. No. Por lo menos, dice Freud, hacen falta dos acontecimientos para constituir un trauma o un conflicto: hace falta siempre un acontecimiento actual que desencadene la frustración o lo reprimido o lo no satisfecho de la infancia y del pasado. Con esos dos se constituye el conflicto. A partir de ahí aparecen los síntomas, aparece el sueño o aparece el texto literario, etc. transformando esa relación entre lo presente y lo que despertó en el pasado. Esto es interesante también por que el psicoanálisis nos hace ver el texto literario de un modo totalmente alineal, diría yo. Por eso la idea de la polifonía, de la partitura, porque se despliega el texto al mismo tiempo y yo puedo saltar de un lugar a otro y me doy cuenta perfectamente de cómo un acontecimiento en la página 200 me despierta o me lleva a un acontecimiento o a una palabra o a un significante de la página 10, y con eso yo puedo hacer toda una interpretación o puedo ligar de otro modo los elementos textuales. Ese tipo de lectura que postula siempre otro texto inconsciente, que lee así, que no se fija tanto en la reconstrucción del sentido, etc. es lo que ha traído el psicoanálisis a nuestra lectura contemporánea, ya sea de literatura como de otros textos. Insisto en que la homología o la analogía entre obra o texto y sueño o síntoma y fantasía es casi total. Para poder refutar esta teoría, o criticarla, nosotros tendríamos que demostrar que la literatura pertenece a otro orden, que no es el mismo orden tejido de lenguaje y deseo que es el del psicoanálisis. O sea, la escritura no tiene nada que ver con la escritura del sueño o con la oralidad de la sesión o con las imágenes de la fantasía. La literatura funcionaría de otro modo, con otra lógica, etc., y así criticaríamos esta lectura que las junta, que las asimila y que hace atractivo este análisis de la literatura.

Ricardo Piglia: Literatura y psicoanálisis

Transcripción de la conferencia dictada en Buenos Aires con el auspicio de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), 7 de Julio de 1997.

 

La relación entre psicoanálisis y literatura es por supuesto conflictiva y tensa. Por de pronto, los escritores han sentido siempre que el psicoanálisis hablaba de algo que ellos ya conocían y sobre lo cual era mejor mantenerse callado. Faulkner, Nabokov, observaron que el psicoanalista quiere intervenir en aquello que los escritores, desde Home ro, han convocado, con esa rutina ceremoniosa con la que se convocan las musas, en relaciones muy frágiles y siempre tocadas por la gracia. En esa relación imposible de provocar deliberadamente, en esa situación de espera tan sutil los escritores sintieron que el psicoanálisis avanzaba como un loco furioso. Pero hay otro punto sobre el cual los escritores han dicho algo que, me parece, puede ser útil para los psicoanalistas. Nabokov y también Manuel Puig, nuestro gran novelista argentino, insistieron en algo que a menudo los psicoanalistas no perciben o no explicitan: el psicoanálisis genera mucha resistencia pero también mucha atracción; el psicoanálisis es uno de los aspectos más atractivos de la cultura contemporánea, y lo es porque todos queremos tener una vida intensa; en nuestras vidas triviales, nos gusta admitir que en algún lugar experimentamos grandes dramas, que hemos querido amar a nuestros padres y que, entonces, vivimos en un universo de gran intensidad, donde hemos logrado superar el tedio, la monotonía en la que habitualmente estamos inmersos. El psicoanálisis nos convoca a todos como sujetos trágicos; nos dice que hay un lugar en el que todos somos sujetos extra ordinarios, tenemos deseos extraordinarios, luchamos contra tensiones y dramas profundísimos, y esto es muy atractivo. Así, Nabokov veía el psicoanálisis como un fenómeno de la cultura de masas; consideraba que este elemento de atracción, donde cada uno se conecta con las grandes tragedias, las grandes traiciones, esto puede referirse a un procedimiento clásico en la cultura de masas: convocar al sujeto a un lugar extraordinario que lo saque de su experiencia coti diana. Y Manuel Puig decía algo que siempre me pareció muy productivo y que sin duda lo fue en la construcción de su propia obra. Decía Puig que el inconsciente tiene la estructura de un folletín. Él, que escribía sus ficciones muy interesado por la estructura de las telenovelas o los grandes folletines de la cultura de masas, había podido captar esta dramaticidad implícita en la vida de todos, que el psicoanálisis pone como centro de la experiencia de construcción de la subjetividad. En lo que llevo dicho se va planteando una suerte de relación ambigua: por un lado el psicoanálisis avanza sobre una zona íntima, de la cual el artista considera que es mejor esperar y no pensar; pero, por otro lado, el psicoanálisis se presenta como una especie de competencia: genera una especie de bovarismo, en el sentido de la experiencia de Madame Bovary, que leía aquellas novelistas rosas y quería vivir las. Voy a agregar dos anotaciones: sobre cómo la literatura ha usado el psicoanálisis y de qué manera el psicoanálisis ha usado la literatura. Para pensar lo primero, podemos olvidar experiencias un poco superficiales como la del surrealismo, que confundía esa espera de la gracia de la musa con un procedimiento mecánico de escritura automática: la musa es una dama suficientemente frágil como para necesitar un tratamiento más delicado que ese escribir sin pensar, dejándose llevar; es un poco ingenuo suponer que ésa sería la manera de conectarse con el inconsciente en el trabajo. Quien sí constituyó la relación con el psicoanálisis como clave de su obra es quizás el mayor escritor del siglo XX: James Joyce. Él fue quien mejor utilizó el psicoanálisis, porque vio en el psicoanálisis un modo de narrar; supo percibir en el psicoanálisis una posibilidad de construcción formal. Es seguro que Joyce conocía bien Psicopatología de la vida cotidiana y la interpretación de los sueños: su presencia es muy visible en la escritura de Ulises y del Finnegans Wake. No en los temas: no se trataba para Joyce de refinar la caracterización psicológica. No: Joyce percibió que había ahí modos de narrar; que en la construcción de una narración, el sistema de relaciones no debe obedecer a una lógica lineal, y aquí se ubica el monólogo interior. Así Joyce utilizó el psicoanálisis de una manera notable y produjo en la literatura, en el modo de narrar, una revolución de la que es imposible volver. Y me parece que el Finnegans Wake, que por supuesto es una de las experiencias literarias límites de este siglo, se construye en gran me dida sobre la estructuración formal que se puede inferir de una lectura creativa de la obra de Freud: una lectura que no se preocupa por la temática sino por el modo en que se desarrollan ciertos modos, ciertas formas, ciertas construcciones. Cuando le preguntaban por su relación con Freud, Joyce contestaba así: «Joyce en alemán, es Freud». «Joyce» y «Freud» quieren decir «alegría»; en este sentido los dos quieren decir lo mismo, y la respuesta de Joyce era, me parece, una prueba de la con- ciencia que él tenía de su relación ambivalente pero de respeto e interés respecto de Freud. Me parece que lo que Joyce decía era: yo estoy haciendo lo mismo que Freud. En el sentido más libre, más autónomo, más productivo. Joyce mantuvo otra relación con el psicoanálisis, o por de pronto con un psicoanalista, donde, en una anécdota, se sintetiza algo de esta tensión entre psicoanálisis y literatura. Joyce estaba muy atento a la voz de las mujeres. Él salía poco, estaba mucho tiempo escribiendo, y escuchaba a las mujeres que tenía cerca: escuchaba a Nora, que era su mujer, una mujer extraordinaria; escuchándola, escribió muchas de las mejores páginas del Ulises, y los monólogos de Molly Bloom tienen mucho que ver con las cartas que él le había escrito a Nora en ciertos momentos de su vida. Digamos que Joyce está muy atento a la voz femenina. Mientras estaba escribiendo el Finnegans Wake era su hija, Lucía Joyce, a quien él escuchaba con mucho interés. Lucía terminó psicótica, murió internada en una clínica suiza en 1962, Joyce nunca quiso admitir que su hija estaba enferma y trataba de impulsarla a realizar actividades diversas. Una de las cosas que hacía Lucía era escribir. Joyce la impulsaba a escribir textos y Lucía escribía, pero ella estaba cada vez más en situaciones difíciles, hasta que por fin le recomendaron que fuera a verlo a Jung. Ellos estaban viviendo en Suiza y Jung había escrito un texto sobre el Ulises. Joyce fue a verlo para plantearle el tema de su hija, y le dijo a Jung: «Acá le traigo los textos que ella escribe, y lo que ella escribe es lo mismo que escribo yo», porque él estaba escribiendo el Finnegans Wake, que es un texto totalmente psicótico, si uno lo mira desde esa perspectiva: es totalmente fragmentado, onirizado, cruzado por la imposibilidad de construir con el lenguaje otra cosa que no sea la dispersión. Entonces Joyce le dijo a Jung que su hija escribía lo mismo que él, y Jung le contestó: «Pero allí donde usted nada, ella se ahoga». Es la mejor definición que conozco de la distinción entre un artista y... otra cosa, que no voy a llamar de otra manera que así. El arte de la natación En efecto, el psicoanálisis y la literatura tienen mucho que ver con la natación. El psicoanálisis es en cierto sentido un arte de la natación, un arte de mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que está siempre tratando de hundirse. Y un artista es aquel que nunca se sabe si va a poder nadar: ha podido nadar antes, pero no sabe si va a poder nadar la próxima vez que entre en el mar. En todo caso, la literatura le debe al psicoanálisis la obra de Joyce. Él fue capaz de leer el psicoanálisis, como fue capaz de leer otras cosas. Joyce fue un gran escritor porque supo entender que había maneras de hacer literatura fuera de la tradición literaria; que era posible encontrar maneras de narrar en los catecismos, por ejemplo, que la narración, las técnicas narrativas no están atadas sólo a las grandes tradiciones narrativas sino que se pueden encontrar modos de narrar en otras experien cias contemporáneas; el psicoanálisis fue una de ellas. La otra cuestión es qué le debe el psicoanálisis a la literatura: le debe mucho. Podemos hablar de la relación que Freud estableció con la tragedia, pero no me refiero a los contenidos de ciertas tragedias de Sófocles, de Shakespeare, de las cuales surgieron metáforas temáticas sobre las que Freud construyó un universo de análisis. Me refiero a la tragedia como forma que establece una tensión entre el héroe y la palabra de los muertos. En literatura, se tiende a ver la tragedia como un género que estableció una tensión entre el héroe y la palabra de los dioses, del oráculo, de los muertos, una palabra que venía de otro lado, que le estaba dirigida y que el sujeto no entendía. El héroe escucha un discurso personaliza do pero enigmático, es claro para los demás pero él no lo comprende, si bien en su vida obedece a ese discurso que no comprende. Esto es Edipo, Hamlet, Macbeth, éste es el punto sobre el que gira la tragedia en la discusión literaria sobre género que empieza con Nietzsche y llega hasta Brecht. La tragedia, como forma, es esa tensión entre una palabra superior y un héroe que tiene con esa palabra una relación personal. Esa estructuración tiene mucho que ver con el psicoanálisis, y no he visto que ello haya sido marcado más allá de la insistencia sobre lo temático: por supuesto, en Edipo hay un problema con unos padres y unas madres, en Hamlet hay un problema con una madre, en fin. Pero en Hamlet también hay un padre que habla después de muerto. Otra forma sobre la cual pensar la relación entre el psicoanálisis y la literatura es el género policial. Es el gran género moderno; inventado por Poe en 1843, inundó el mundo contemporáneo. Hoy miramos el mundo sobre la base de ese género, hoy vemos la realidad bajo la forma del crimen; como decía Bertold Brecht, qué es robar un banco comparado con fundarlo. La relación entre la ley y la verdad constitutiva del género, que es un género muy popular, como lo era la tragedia. Como los grandes géneros literarios, el policial ha sido capaz de discutir lo mismo que discute la sociedad, de otra manera. Eso es lo que hace la literatura: discute de otra manera. Si uno no entiende que discute de otra manera, le pide a la literatura que haga cosas que mejor las hará el periodismo. La literatura discute los mismos problemas que discute la sociedad, pero de otra manera, y esa otra manera es la clave de todo. Una de estas maneras es el género policial que viene discutiendo las cuestiones entre ley y verdad, la no coincidencia entre la verdad y la ley. Poe inventa un sujeto extraordinario, el detective, destinado a estable cer la relación entre la ley y la verdad. El detective está ahí para interpretar algo que ha sucedido, de lo que han quedado ciertos signos, y puede realizar esa función porque está afuera de cualquier institución. El detective no pertenece al mundo del delito ni al mundo de la ley; no es un policía. Dupin, Sherlock Holmes, el detective privado está ahí para hacer ver que la ley en su lugar institucional, la policía, funciona mal. El detective viene a poner el lugar de la verdad que no pertenece a ninguna institución donde la verdad sea legitimada. Se plantea aquí una paradoja en la cual también estamos incluidos los argentinos hoy: cómo hablar de una sociedad que a su vez nos determina, desde qué lugar externo juzgarla si nosotros también estamos dentro de ella. El género policial da una respuesta, que es extrema: el detective, aunque forme parte del universo que analiza, puede interpretarlo porque no tiene relación con ninguna institución..., ni siquiera con el matrimonio. El detective no puede incluirse en ninguna institución social, ni siquiera la más microscópica, porque ahí donde quede incluido no podrá decir lo que tiene que decir, que es esa tensión entre la ley y la verdad. En la tragedia un sujeto recibe un mensaje que le está dirigido, lo interpreta mal, y la tragedia es el recorrido de esa interpretación; la tragedia es el modo en que el sujeto entiende mal. En el policial, el que interpreta ha podido desligarse y habla de una historia que no es la de él, se ocupa de una cuestión que no es la de él: me parece que los psicoanalistas tienen algún parentesco con esto.

martes, 18 de agosto de 2026

Federico García Lorca: 90 años del fusilamiento del escritor


Lorca, 90 años del fusilamiento del escritor por parte del franquismo durante la Guerra Civil, y el ahogamiento en sangre y fuego de la experiencia revolucionaria de la República Española.

 

Don Federico, uno de los primeros poetas y dramaturgos que leí en mi vida. Aún conservo en uno de los estantes de mi biblioteca el ejemplar de “Antología poética” y de “Bodas de sangre”.

 

En mayo tuve la oportunidad de arrimarme a la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde el escritor vivió en una habitación hasta finales de 1928 (y donde conoció, entre otros, a Luis Buñuel y Salvador Dalí).

 

La exposición, curada por los investigadores Andrew Anderson, Melissa Dinverno y Christopher Maurer, se organizó en cinco secciones, con manuscritos, bocetos, fotografías, cartas, dibujos, vídeos, expedientes de censura, vestuario original. “Golpe, guerra y ruptura”; “Rutas del exilio”; “El largo regreso”; “Caminos de apertura”; “Hacia el futuro” son los nombres de las secciones en las que se presentaron más de 350 objetos.

 

Este minucioso trabajo de selección de materiales emprendido por una familia persistente en preservar una memoria frente al destructivo y homicida fascismo, inspira en mi búsqueda empecinada de archivista y genealogista una inquietud en torno a ese enigma que aún ha quedado sin resolver: ¿existen grabaciones de Lorca en su paso por radios de Buenos Aires?




lunes, 17 de agosto de 2026

Gaza, poemas contra el genocidio


“Gaza, poemas contra el genocidio” (ediciones del iriente y del mediterréneo). Una selección de textos de mujeres palestinas compilados por Ignacio Gutiérrez de Terán en este libro que me traje de Madrid, y leí con fervorosa pasión, vamos a trabajar mañana en el ciclo de “Escritura y desesperación” (¡último llamado por si alguien más se quiere sumar!)

 

Lo tremendo de estos poemas es leerlos en serie con la breve presentación de sus autorxs que trae: vemos que en esta apuesta no sólo están estrechamente vinculados los términos “literatura y política”, sino que la escritura se sostiene en una puesta en juego de la vida misma.

 

Resistentes de un genocidio en curso, se indaga en este libro en el antiguo oficio de contar historias, para construir con palabras refugios y fortalezas que puedan enfrentar la maquinaria sionista de silenciamiento y muerte.

 

En estos testimonios de persistencia, de combate abierto a la desesperanza y la desesperación, no se renuncia, sin embargo, a una profunda apuesta estética: reivindicar también para los pueblos asediados por el terror las posibilidades que habilitan los juegos del lenguaje.

 

Escribir incluso cuando contar con la posibilidad de tener a mano un cuaderno o libreta, un lápiz o lapicera, puede ser tan difícil como encontrar el pan con que alimentarse. Hay quienes incluso enviaron sus textos para el libro y quedaron en el camino, asesinados por el régimen terrorista ejercido por el Estado de Israel.

 

Es que la maquinaria sionista también se cobra la vida de escritorxs, editorxs, traductorxs, periodistas, docentes e investigadores, estudiantes, cineastas, filólogos, fundadores de asociaciones de escritores, revistas y periódicos o bibliotecas (hoy mayormente reducidas a escombros), dramaturgos, ganadores de premios literarios, impulsores de talleres de escritura...

 

Frente al culturicidio llevado adelante por el régimen de Tel Avil, no deja de florecer una profusa producción literaria, junto a las fortificaciones en tierra y drones en el cielo, que levantan el estandarte estilístico de aquello que el intelectual palestino Gassán Kanafani “literatura de la resistencia”.  

 

viernes, 14 de agosto de 2026

“Vivir Sin Temer”, nuevo disco de Ana Patané



Ana Patané volvió a hacer de la suyas y salió a la cancha de las producciones artísticas y los debates culturales con su disco “Vivir Sin Temer”, donde reversiona canciones de Hermética, pero también, otras de Almafuerte y de Malón.


El cruce entre la tradición del metal pesado argentino con el de otros ritmos e instrumentos típicos de la canción popular de nuestro país e incluso de la música clásica son parte de una intervención político-ideológica muy clara respecto de los tiempos que corren (en Argentina, en Nuestra América, en el mundo) y las lecturas del pasado que desde las extremas derechas se promueven, puesto que, escuchado de conjunto, se ofrece una lúcida toma de partido en el territorio del arte poniendo en serie la tradición del movimiento obrero argentino, de las resistencias indígenas latinoamericanas y la denuncia siempre renovada de las pretensiones imperiales (primero del colonialismo Europeo, después del imperialismo yanqui) con las situaciones de explotación económico-social, dominación política y modelización subjetiva a la que nos vemos expuestas las grandes mayorías.

 

La versión del tema que da nombre a esta producción, con piano de Noelia Sinkunas, es realmente sublime, así como la incorporación de bandoneón al clásico “Atravesando todo límite” lleva a la obra a un estadio superior. Viola, chelo, violín y contrabajo se suman a estas canciones que cuentan con arreglos de Julián Hermida y contribuciones de numerosos artistas.

 

En una apuesta por romper la nostalgia sin dejar de inscribirse en un linaje a la hora de producir arte, este trabajo funciona no sólo como crónica histórica de los años del malestar, sino que se inscriben en esta cruda realidad, sino uno piensa en los viajes que se puedan hacer en el tren Sarmiento o las caminatas que se puedan emprender “por las calles de Liniers”. Ni qué hablar de los “sueños de obra social” de un changarín como “El pibe Tigre” del barrio Carlos Gardel.

 

Como si fuera poco el miércoles pasado Ana invitó a un puñado de personas para que escuchemos “en vivo” y “de cuerpo presente” en una sala el disco que, desde hoy, pueden escuchar en plataformas.

 

El lunes comparto la entrevista que le hice en la AM 830 de Buenos Aires



El disco lo pueden escuchar acá:

https://www.youtube.com/watch?v=KCEMfOG6sXM&list=RDKCEMfOG6sXM&t=1581s

 

 

jueves, 6 de agosto de 2026

Malestar subjetivo, imaginación política y escucha de lo social (Encuentros de filosofía y salud mental)

 



 ENCUENTROS DE FILOSOFÍA Y SALUD MENTAL

Cartografías del presente- Coord. Mariano Pacheco


Situarse en el corazón mismo de los conflictos que desgarran nuestro presente y, desde allí, abrirse un espacio para poder pensar. El trabajo sobre un conjunto de textos contemporáneos y una visita breve pero fundamental sobre un archivo que oriente la posición de lectura.


¿Cómo sostener una política de escucha de lo social sin arrogancia y paternalismo, pero también, sin desesperanza y resignación? Sortear las miradas apocalípticas que se regodean en los aspectos desfavorables de la realidad y en los idealismos autoindulgentes que se niegan a procesar las derrotas que hemos atravesado.


Un desafío: abordar crítica y colectivamente los problemas primordiales de la actualidad: la precarización, la deuda, el ensimismamiento, las transformaciones tecnológicas, la desorientación política, el desánimo existencial.


Repolitizar todas las esferas de nuestras vidas, en la búsqueda por indagar los sitios en donde algo diferente, anómalo a la libertad de mercado, se pone en juego como vector que permita producir lazos, fabricar comunidad, gestar y hacer durar proyectos en los cuales una nueva promesa de cambio en sentido emancipatorio no funcione como una capa más de nuestros pesares cotidianos, sino como una fiesta del pensamiento que contribuya a relanzar la imaginación política en estos tiempos de oscuridad.

 

Miércoles de 19 a 21 (hora arg)

Quincenal, virtual, arancelado

 

Inicio: 26 de agosto

Inscripción: profanaspalabras@gmail.com

 

Vamos a leer a Marx, Nancy Fraser, Santiago López Petit, Ludovica Silva, Mark Fisher, Vero Gago y Luci Cavallero, Marina Garcés, Gabriel Giorgi, Diego Sztulwark, Iñaki Gil y Concepción Cruz Rojo, Eric Sadin, Jean-Philippe Kindler, Beatrice Adler Bolton y Artie Vierkant, Natalia Castro Picón, Alain Badiou y a la Escuela de las periferias


LECTURAS

 

 

1. REVISITAR EL ARCHIVO, HOY (AGOSTO)

K. Marx: “La jornada laboral”, El capital, T. I, vol.I, cap. VIII

Nancy Fraser: “Tras la morada oculta de Marx”


Santiago López Petit: Tiempos de espera. Marx, Artaud y la fuerza del dolor

Ludovica Silva: El estilo literario de Marx

 

 

2. DEUDA, PROMESA, PRIVATIZACIÓN (SEPTIEMBRE)

Mark Fisher: “La privatización del estrés”, Realismo capitalista. ¿Hay alternativa?

Vero Gago/ Luci Cavallero: Una lectura feminista de la deuda

 

Marina Garcés: El tiempo de la promesa

Escuela de las periferias: La deriva neoliberal de los cuidados

 

 

3. DISPUTA ANÍMICA, ESCUCHA DE LO SOCIAL (OCTUBRE)

Gabriel Giorgi: Parar la oreja. Notas para una política de la escucha

Diego Sztulwark: El temblor de las ideas. Buscar una salida donde no la hay

 

Iñaki Gil/ Concepción Cruz Rojo: “Salud mental individual y colectiva frente a la guerra cognitiva”

Eric Sadin: “Las tecnologías del resplandor de los espíritus”, La era del individuo tirano

 


4. APOCALIPSIS Y EMANCIPACIÓN (NOVIEMBRE)

Jean-Philippe Kindler: “Repolitizar la buena vida, A la mierda la autoestima, dadme lucha de clases

Beatrice Adler-Bolton/ Artie Vierkant: “Portador”, Comunismo de la salud

 

Natalia Castro Picón: “La guerra en el fin del mundo”, La fiesta del fin del mundo

Alain Badiou: ¿Qué significa fracasar políticamente?; “La idea de comunismo”