Había visto las primeras 4 temporadas de FAUDA diciéndome a cada instante: “los que aparecen como los buenos son los malos”. Y funcionó. Como serie, la producción israelí es atrapante.
No tengo “problemas ideológicos” a la hora de disfrutar una ficción (aunque, obviamente, prefiero “La batalla de Argel”, de Pontecorvo”, a “La caída del halcón negro”, de Scott), pero con esta 5º temporada dudé un poco. No es para menos, de por medio está el 7 de octubre de 2023, ya que la ficción audiovisual no estrenaba episodios desde enero de ese año.
Más allá de imprecisiones históricas y la clara simpatía de sus realizadores, la serie no dejaba de incitar a ser vista por apasionados de este tipo de historias llevadas a las pantallas. Aunque este último tramo la simpatía ya se transforma en burda propaganda, al modo clásico de los films o las series de género bélico, centrados en la “lucha contra el terrorismo”.
Así y todo, vi la temporada completa, incluyendo esos dos
episodios en cuyo inicio se aclara que “pueden saltearse” sin alterar la
comprensión de la historia. Capítulos dedicados al 7 de octubre de 2023. Allí
la ficción es bastante fiel a la realidad, no a la de los hechos sino a la de
todo el aparato progandístico sostenido por el Estado Terrorista de Israel, el Estados
Unidos gobernado por Trump y, lamentablemente, la Argentina bajo mandato de
Javier Milei, tridente que contrasta con el aislamiento internacional de Netanyahu
y el repudio generalizado, sobre todo de la juventud europea, frente al
genocidio sionista perpetrado en Gaza.
FAUDA (“caos” en árabe) ya no sólo aborda el mal llamado “conflicto”
palestino-israelí, a través de la historia de una unidad especial de las
Fuerzas de Defensa de Israel, sino que en esta última temporada se lleva la
vara más allá, y se incorpora a los europeos como parte de este “eje del mal”
del terrorismo que merece ser aniquilado, no sin previa tortura legitimada como
política de Estado, y ahora también, como espectáculo de plataformas.






