Por Mariano Pacheco
“La
resistencia palestina abrió un nuevo ciclo
de desobediencia civil a nivel mundial”
Sobre temas poco visitados comúnmente, como el rol de la
prensa respecto de la cuestión palestina, el ataque a sus universidades, la importancia
de la memoria histórica en los procesos políticos actuales y la emblemática
fecha del 07 de octubre de 2023 habla en esta entrevista con Revista Zoom
el filósofo chileno Rodrigo Karmy Bolton.
Profesor e investigador del Centro de Estudios Árabes y
del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad
de Chile, plantea que para escribir sobre Palestina se requiere poder precisar
términos, ya que el sionismo promovido por el estado de Israel, al que
caracteriza como un proyecto que, entre otras cuestiones, se propone la destrucción
radical del lenguaje, se empecina en destituir al pueblo palestino del lugar de
sujeto político, con una historia y un proyecto de nación. Así, el “borramiento”
de las “memorias resistentes”, la “naturalización del horror” y la asimilación
de la lucha por la descolonización, la liberación nacional y la soberanía
popular, formarían parte de un mismo movimiento de esa “maquinaria israelí” que
pretende borrar la figura del otro y producir un vacío, una tierra arrasada. En
ese contexto, entonces, debe comprenderse la escritura y publicación del
conjunto de ensayos que la chilena editorial LOM publicó recientemente bajo el nombre
de Palestina sitiada. El devenir nakba del mundo (libro distribuido en
Argentina por ediciones Tinta limón), en donde el trabajo intelectual es
concebido como parte de una labor de “descoloniazación” y de reivindicación de
una pluralidad antigua, de una multiplicidad de culturas, lenguas y religiones
de aquello que, desde estas tierras podría ser pensado como una “nación crisol de
singularidades”.
La prensa mundial, las universidades y la causa palestina
¿Cómo pensar la cuestión palestina en medio de la mirada
hegemónica que hoy tiene en los medios de comunicación del mundo la perspectiva
del sionismo, sobre luego del 7 de octubre?
Diría, en primer lugar, que no sólo desde el 2023, sino
desde siempre, la prensa hegemónica aborda la cuestión palestina desde la
lengua sionista que pretende establecer una suerte de equivalencia entre las
fuerzas en conflicto, que pone el foco en la dimensión religiosa y trata de
hacer una suerte de victimización permanente del Estado de Israel. Esto muestra
cómo todo conflicto es siempre un conflicto de significantes. No es lo mismo
hablar en términos de conflicto en un sentido vago, o en sentido religioso, que
decir que, desde hace 80 años, prácticamente, asistimos a una situación de
colonización. La guerra de lenguajes, entonces, se activa fundamentalmente en
la cuestión del tratamiento que la prensa hace del tema, y exige a los intelectuales
y organizaciones que estudian y están comprometidos con la causa Palestina,
poder suspender ese flujo de significantes y abrir una discusión que no esté en
el registro de los significantes-amo que la narrativa sionista instala.
En tu libro aparece un apartado entero para tratar de
pensar la cuestión de las Universidades, no sólo las palestinas –de las que en
general diría que ni se tiene registro– sino de la vida universitaria en
general, y lo que ella aporta a la vida de los pueblos en general. ¿Podrías compartir
alguna reflexión al respecto?
Las universidades palestinas y las 13 o 14 que había en
Gaza, han sido sistemáticamente asediadas por el Estado de Israel: cortes de
presupuesto, impedimento a los estudiantes de circular libremente desde sus
casas hacia la universidad y la instalación de una racionalidad de baucher que
hace que a las universidades le lleguen fondos en función de la cantidad de
estudiantes que tengan, pero sin reparar en que a muchos de ellos no se les
permite llegar al lugar, mucho menos se habla de aquella disposición impuesta
por Netanyahu de expulsar, de deportar a muchos profesores extranjeros que
daban clases en las universidades palestinas.
Las universidades palestinas, así, son centros de asedio
por parte de la maquinaria israelí. Porque lo
que está en juego allí es una suerte de constitución de textura cultural, en
donde el sionismo no se propone convivir con los palestinos, ya que el proyecto
del Estado de Israel no es mantenerlos en un solo territorio, sino que lo que
se proponen es el borramiento sistemático de los palestinos y de su cultura
respecto de ese territorio. Por eso en Gaza, directamente, todas las universidades
han sido destruidas, y sus profesores, rectores, estudiantes, asesinados. Porque
las universidades palestinas condensan ese entramado intelectual y afectivo de
resistencia al asedio de Israel. Ese asedio que pretende el borramiento de
ese territorio en el que la escritura puede habitar. De allí que podamos pensar
que ese asedio se transforma en una imagen que condensa el devenir contemporáneo
de las universidades en todo el mundo. Esas universidades en donde los pueblos
se refugiaban están siendo estalladas, en Gaza en un sentido extremo, en otros
sitios menos, pero con mecanismos neoliberales que buscan elitizar su
experiencia, quitándole a los pueblos esa posibilidad de habitar el espacio de
las universidades públicas. Y, a la vez, se busca sustraerle a la propia
universidad su posibilidad de sostener una mezcla con la dinámica de la vida de
los pueblos. Es aquí donde me gustaría pensar al pueblo mismo como una
escritura y, a las universidades, como esos sitios en los que, más allá de las texturas
coloniales u oligarcas que han podido tener, han acogido en su propia textura
experiencias de los pueblos que hoy están siendo sustraídas y que podemos
graficar con esas imágenes que el Ejército Israelí le devuelve al mundo, con
sus soldados sacándose fotos, sonriendo, ante una universidad palestina a punto
de ser demolida.
La memoria de la opresión y la resistencia
Toda colonización requiere el borramiento de la memoria
del otro. Por eso Karmy Bolton lleva adelante, en escritos como los reunidos en
Palestina sitiada…, todo un trabajo de historización, tanto de la colonización
israelí como de la resistencia palestina.
¿Qué papel le otorgas a la memoria en los procesos políticos?
Me gusta pensar la memoria en términos indóciles. No la
memoria de museo, la estratificada, porque justamente el tipo de memoria
indócil, como la palestina, es la que no tiene lugar en un campo litúrgico,
sino que es la que se reconstruye en la diáspora, a partir de fragmentos, de
pequeños archivos, documentos y relatos que circularon entre familias, que la
tía cocinó, que la abuela dijo, y así se va trasmitiendo entre generaciones.
Por eso, en palabras del cineasta chileno Patricio Guzmán, diría que hay una
suerte de “memoria obstinada” en el caso palestino, que resulta ser
irreductible respecto del colonialismo israelí, que busca hacer un borramiento de
la experiencia no sólo a través de la sustitución de una población por otra,
sino también en el modo de organización de los espacios urbanos, de los que se
sabe mucho menos. Lugares que ya no están, calles a las que se le cambia el nombre,
e incluso los propios territorios. Por ejemplo: para Israel, la Cisjordania de
Gaza debería llamarse Judea y Samaria.
Es una guerra de significantes a la que asistimos, en la
que está en juego el lenguaje como lugar de hábitat que hace posible la memoria
indócil. De allí que, para el pueblo palestino, sea tan relevante la cuestión
de la memoria, a pesar de que la política “memoricida” sionista, que se
desarrolla a partir de la destrucción de archivos, de lugares, y de
aniquilamiento de la población. Una política que también es “politicida”, en el
sentido de que busca aniquilar toda institucionalidad política que se dé para
sí el pueblo palestino y, finalmente, “escolasticida”, un término técnico que
se viene utilizando últimamente para designar el genocidio sobre las instituciones
escolares, universitarias, cultuales. Y a pesar de todo esto, la memoria palestina
parece ser irreductible frente a las maquinarias sionistas. Maquinarias que no
son privativas del Estado de Israel, que funciona como el extremo singular de
una política, de una narrativa sionista que es mucho más antigua y extensa.
En el libro trabajas una interpretación de los hechos del 07 de octubre desde una perspectiva diferente a la que se
suele escuchar, al menos en Argentina, incluso entre quienes defienden la causa
palestina. Decís que ese día se produjo un contrataque, un contragolpe de la
resistencia palestina encabezada por Hamas y no una acción a la que el Estadio
de Israel luego reacciona.
Una cuestión muy importante a destacar, es la de establecer una diferencia que
no se suele establecer, entre la violencia del opresor y la del oprimido. Eso
ya nos lo enseñó Fanon, pero que tras la caída del Muro de Berlín y la
liberalización del mundo, las izquierdas parecen haberlo olvidado, y quedan en
el lugar al que se quiere condenarlas, que es el lugar de una perspectiva de
derechos humanos que se presenta como incompatible con, por ejemplo, la lucha
armada. Y de nuevo Fanon: él ya mostró que ambas luchas no son incompatibles. Pero
aquí el aparato que ha puesto en juego la narrativa sionista tendió a articular
una metonimia: la de asimilar todo lo palestino a Hamas, al que se situó en el
lugar de tope, de lo imposible de ser pensado, como un “punto de capiton”,
según la expresión de Lacan.
Pero
Hamas, como experiencia política de un pueblo, por supuesto que puede ser
pensado. Es el acrónimo del Movimiento de Resistencia Palestino, que fue
inaugurado en 1987 y que ha cambiado profundamente a lo largo de los últimos
veinte años, a partir de su contacto cotidiano con el mundo popular palestino en
la Franja de Gaza, y que ha colaborado con otros grupos como el Frente Popular
por la Liberación de Palestina (un movimiento marxista que viene de los años
sesenta del siglo pasado), pero también, con otra más de media docena de grupos
que pertenecen a la resistencia palestina. Y esa colaboración no surge el 07 de
octubre, sino mucho antes, motivada por la necesidad de dar una respuesta a los
constantes bombardeos que Israel implementó en Gaza desde el año 2006, cuando
su administración pasa a Hamas y, si bien los militares israelíes se retiran,
lo hacen al precio de una completa confiscación del territorio, clausurando la Franja
por tierra, aire y mar.
De
allí que, desde alimentos o medicamentos hasta misiones humanitarias, todo lo
que pasaba por allí debía tener un estricto control de Israel. Por eso es que Gaza
ha quedado por fuera de todo el campo del derecho internacional. Es un hecho
que Israel pudo bombardear a la Franja todas las veces que quiso, con su
población de dos millones y medio de palestinos adentro (esa era la cifra a
octubre de 2023), sin que le pase nada.
Tengamos
en cuenta que, además, esa población palestina en la Franja de Gaza era en su
mayoría una población refugiada de la nakba de 1848. Por eso hay quienes
plantean que estamos ante la cárcel más grande del mundo. Pero yo disiento con
esa perspectiva, porque incluso los presos de cualquier cárcel están recluidos
bajo la sentencia de un tribunal que los acusó y condenó por un delito cometido,
bajo un específico proceso jurídico, y cuentan además con un abogado. Nada de
eso pasa en Gaza, que no es una cárcel sino un campo de concentración que, en
determinadas zonas y en determinados momentos, se convierte deviene campo de
exterminio, O incluso en su totalidad, como ocurrió después del 07 de octubre,
cuando Israel emprendió su ofensiva militar para consumar la conquista total
del territorio.
¿Y qué pasa con la resistencia palestina en ese contexto?
Me gustaría responder esto y, para terminar,
compartir la siguiente reflexión: en la tradición de las izquierdas siempre
estuvo muy presente el concepto de vanguardia, que podríamos pensar, en un
cierto horizonte ilustrado, en términos de una estructura política que conduce
a las masas, digamos así, de manera pastoral, hacia el camino de la revolución.
Y, por otro lado, hay otra tradición, más anarquista, que niega el papel de las
vanguardias.
El 07 de octubre, en cambio, lo podemos
pensarlo del siguiente modo: Hamas, y la resistencia palestina que, como hemos
dicho ya, es mucho más amplia que esa organización, supo enfrentarse a la maquinaria
más poderosa del planeta, llevando adelante, en primer lugar, el acontecimiento
de resistencia más importante de las últimas décadas. En segundo lugar, es en
ese momento en que la resistencia palestina se articula como una vanguardia,
pero de modo distinto a como se entendió en términos clásicos, ilustrados. Es decir,
se constituye en una vanguardia que no intenta conducir a la multitud, sino
iniciar un proceso. En este caso, las acciones del 07 de octubre iniciaron un
proceso que excede el territorio palestino y que abrió un nuevo ciclo de
desobediencia civil a nivel mundial que permite recorrer un camino
cualitativamente distinto respeto del de las revueltas anteriores, porque se
produce desde entonces una composición afectiva diferente, sobre todo entre las
juventudes de distintos lugares del mundo, que salen masivamente a las calles o
que desde gestos micropolíticos, dan por tierra con cuestiones que antes se aceptaban
y ya no, como la autocensura. Se abre así, desde 2023, un espacio múltiple de
resistencias multiformes.
Entonces,
para las grandes oligarquías tecnológicas y financieras que tienen a Israel
como un aparato decisivo de su accionar, queda flotando la idea que, después
del accionar de las milicias palestinas el 07 de octubre, permanecen totalmente
vulnerables. Es decir, que queda trastocado el sueño sionista de armar un Estado
invulnerable, que permitiera proteger a su población de cualquier tipo de amenaza.
Eso queda completamente desbaratado. Entonces, en el sentido político y militar
tradicional, la derrota es evidente, pero en este otro sentido que señalo, hay
una pequeña victoria de la resistencia palestina que se extiende al mundo
entero.