martes, 7 de abril de 2020

Diez hipótesis para un Manifiesto Desde Abajo y a la Izquierda


EPÍLOGO AL LIBRO DESDE ABAJO Y A LA IZQUIERDA. MOVIMIENTOS SOCIALES, AUTONOMÍA Y MILITANCIAS POPULARES (CUARENTA RÍOS, 2019)

POR: Mariano Pacheco


1) La Nueva Izquierda Autónoma (NIA) entiende que hace falta desarrollar una profunda renovación teórica, político-identitaria y organizacional para poder enfrentar con eficacia el Nuevo Orden Mundial regido por la lógica depredadora del capital y ensayar construcciones de los pueblos capaces de edificar sociedades pos-capitalistas.

2) La NIA asume que se necesita un nuevo lenguaje y nuevos conceptos que caminen junto a las nuevas prácticas que pujan por la emancipación.

3) Asumiendo que “nada de lo humano le resulta ajeno”, la NIA pretende realizar una crítica radical de todo lo existente (lógicas capitalistas, coloniales, patriarcales, micro-fascismos que se están llevando puesta no solo a la especie sino al planeta mismo).

4) La NIA plantea que, entre la herencia de las corrientes teórico-políticas y las experiencias de lucha y organización de los siglos XIX y XX y la invención de nuevas perspectivas en lo que va del siglo XXI, hay todo un campo de indagación por explorar, en el cual será necesario algunas liberarse un poco del pasado, y otras, estudiar para aprender de él, así como se necesitará operar un fuerte proceso de selección para realizar una mezcla entre saberes contemporáneos y pretéritos, y enlazar colores, símbolos y tradiciones que puedan pivotear sobre el marxismo libertario, el nacionalismo popular revolucionario (peronismo en Argentina; Latinoamericanismo en el continente; decolonialidad en el tercer mundo) y autonomismo de los nuevos movimientos sociales.

5) La NIA postula al movimiento de trabajadores (hoy por hoy conformado tanto por el sector asalariado como por el precariado) como aquel sujeto capaz de conformar y acaudillar a distintos sectores populares capaces de erigirse en un sujeto de cambio social (entendiendo que el sujeto no está ni predeterminado estructuralmente ni se construye en una mera articulación discursiva, sino en un arduo y lento proceso de organización autónoma y lucha antagonista).

6) La NIA asume que el modo en que se vaya organizando ese proceso de liberación nacional y emancipación social será una invención de cada proceso particular (en función de cómo se desenvuelva la lucha de clases en cada momento y lugar determinado).

7) La NIA cultiva una lógica de complementaridad de dinámicas a la hora de pensar el proceso revolucionario. Es decir, asume que la complejidad del proceso de cambio social implica motorizar una serie de herramientas y dispositivos que incluso por momentos se tornan contradictorios entre sí, pero de los cuales no se puede prescindir (movimientos populares de base y organizaciones político-revolucionarias; luchas sociales-reivindicativas de masas y construcción de zonas autónomas políticamente controladas; doble poder, intervención en el Estado y nueva institucionalidad-no estatal; procesos locales y nacionales; nacionales e internacionales; etc).

8) La NIA asume que no así como no hay proceso revolucionario sin teoría revolucionaria, tampoco hay proceso de cambios si no se construye una épica capaz de estar a al altura de los desafíos histíricos, y una mística que vincule las ideas y acciones con los sentimientos.

9) La NIA entiende que no hay proceso de cambio social sin proceso de participación popular activa, directa, pero que tampoco alcanza con los momentos de espontaneidad, sino que hace falta gestar vanguardias sociales y retaguardias militantes que no serán factibles de construir sin la imprescindible formación de cuadros políticos integrales con vocación de protagonizar cambios revolucionarios.

10) Los principios que guían a la NIA son:

A- La igualdad: como punto de partida y no como meta.

B- La fraternidad: asumiendo la diversidad del ser humano.

C- La libertad: como tendencia a la des-alienación y búsqueda por darse las propias opciones existenciales, sin ataduras sobrenaturales ni supersticiones de ningún tipo.

D- La autonomía: tanto en el plano singular (sujetos que no sean ni sumisos ni obedientes) como colectivo, entendiendo que autonomía implica autogobierno (que sea el pueblo quien mande a través de su presencia y no a través de sus representantes); autogestión (libre asociación de productores de bienes de uso, sin patrones) y autocuidado (aspiraciones por resolver de un modo no violento los conflictos interpersonales internos y autodefensa para resolver los posibles ataques externos).

lunes, 6 de abril de 2020

Policías y pandemia

Una polémica en dos frentes

Por Mariano Pacheco*


La cuarentena generalizada y obligatoria, decretada por el gobierno nacional en función de “priorizar la seguridad del conjunto de la población”, según argumentó el presidente Alberto Fernández, trajo aparejada la obvia decisión de garantizar, por parte del Estado, que esa medida se efectivizara. Por algo en las ciencia sociales suele citarse hasta el cansancio la frase de Max Weber, que sostiene que es el Estado quien concentra “el uso legítimo de la fuerza”. Entonces, las fuerzas policiales, destinadas a garantizar “la ley y el orden”, se despliegan en todo el territorio nacional.
Hasta aquí, la explicación lógico-racional. “En teoría”, como se dice popularmente. ¿Pero qué ocurre cuando se inscribe una argumentación lógico-racional en su geohistoricidad? Sucede que las cosas, al fin y al cabo, no son como se supone que deberían ser (dejamos de lado, aquí, una discusión que por lateral no deja de ser profunda y necesaria, acerca del carácter de aparato de dominación de todo Estado, incluso de aquellas gestiones progresistas, más aún: incluso de todo gobierno popular y hasta de orientación socialista).
Entonces las fuerzas de seguridad en 2020 salen a patrullar las calles de la Argentina y en poco tiempo los videos con imágenes de abuso policial se multiplican por aquí y por allá, y se encienden las luces de alerta. No es para menos, si se tiene en cuenta que las policías en la posdictadura de algún modo fueron quienes se dedicaron a hacer con los jóvenes de la clase trabajadora y los sectores populares, en una suerte de “guerra de baja intensidad”, aquello que los militares hicieron con las militancias políticas durante la última dictadura de manera generalizada. Por supuesto, pueden entenderse estos casos contemporáneos de violación de los derechos humanos como casos de excepción, pero debería atenderse no sólo a las cifras anuales de asesinatos, torturas, detenciones ilegales realizadas por las policías (que son muy altas) sino también a su formación.
Por eso resulta fundamental asumir que, si no existe un riguroso control civil, político, sobre el proceder de las fuerzas de seguridad, lo más probable es que se desaten por parte de éstas casos generalizados de violación de los derechos más elementales de la población.

***
Puede sospecharse que hay motivos aún más profundos en el proceder de las policías que aquellos que de algún modo circulan en la doxa. La lógica diría: en las grandes ciudades, sobre todo en los conurbanos, muchas personas pobres viven en condiciones de hacinamiento. Ergo: se intenta justificar a quienes violan la cuarentena, y se entiende que sobre esa violación de la ley actúan las fuerzas de seguridad, pero en lugar de hacerlo “de derecho”, cometen “excesos de hecho”.
Pero resulta que la situación parece ser mucho más complicada. Obviamente lo antedicho sucede, pero la proliferación de videos, y de relatos que circulan mostrando los abusos policiales dan cuenta de que, con “la cancha libre”, las policías no sólo cometen excesos mientras intentan hacer que se cumpla la ley, sino que violan sus propios protocolos en actos que ni siquiera se justifican desde la lógica de búsqueda de garantizar la ley.
A los numerosos casos de videos que han circulado por redes sociales, en los que puede verse a efectivos policiales deteniendo y “verdugueando” a distintas personas que circulan por ciudades del país que iban o regresaban del kiosco, del cajero automático, de llevar alimentos a un familiar mayor, se suman otros, aún más graves, como el sucedido el martes 31 de marzo en la localidad cordobesa de Alta Gracia, cuando la policía directamente ingresó a un domicilio para detener a un joven “que habían visto circular por la calle”. En el allanamiento ilegal los efectivos golpearon a varios familiares del muchacho antes de llevárselo preso.
Mariela Díaz, referente de la OLP e integrante de Los Encuentros de Feminismo Popular de la provincia de Córdoba –consultada por este cronista-- reflexionó al respecto:
El abuso policial siempre fue moneda corriente para los sectores populares de Córdoba y esta emergencia agudiza aún más la represión que se sufre en los barrios. Represión que tiene un fuerte componente de clase, que se evidencia en tanto las fuerzas de seguridad no entran a tirar tiros al aire a cualquier barrio privado o de clase media, sino a los barrios populares, a los que el poder les otorga la venia para amedrentar, sobre quienes el Estado despliega el monopolio de la fuerza. La situación en las cárceles también es otra de las preocupaciones que se viven en los barrios, dónde se piensa en madres, padres, hijos, hermanos y parejas privadxs de su libertad que no tienen sentencia, o que están detenidxs por delitos excarcelables pero que por no contar con los medios económicos para pagar un abogado, tienen que quedar encerradxs y apartadxs de su núcleo familiar. La falla no es solo de la policía, sino el sistema judicial, que destina grandes proporciones de recursos para ´combatir´ los delitos contra la propiedad privada, pero muy pocos para atender casos de violencia de género o abuso de niños y niñas”.

***
El de los pequeños poblados donde es prácticamente ridículo sostener la presencia policial para garantizar la cuarentena es otro de los caos emblemáticos de lo que acontece en estos días. Es más, en algunos lugares hasta está resultando contraproducente, como en Villa de Soto, donde se insiste que la gente quede adentro de sus casas cuando en algunos lugares necesitan sostener una dinámica que no pondría en riesgo de contagio a mucha gente que, sin embargo, podría agilizar labores que permitan una mayor capacidad de producir alimentos para enfrentar la crisis, como señala Juan Herrero, dirigente del Movimiento Campesino de Córdoba, quien nos cuenta asimismo que, cada día, a las ocho de la noche, hacen sonar la sirena de los bomberos del lugar, y comienza una suerte de toque de queda.
Desde la Patagonia, el docente e investigador universitario Ariel Petruccelli también nos relata que allí donde se encuentra (Mallín, Bariloche), la situación de cuarentena rigurosamente vigilada por la policía está trayendo numerosos e innecesarios problemas a la población, ya que comenzaron las heladas por las noche, el alimento escasea y ha comenzado la época en que los pobladores del lugar acopian leña y realizan las últimas changas de la temporada, dos actividades prohibidas que han dejado a mucha gente sin dinero para comprar leña y sin posibilidades de salir a buscarla. “Se está quebrando asimismo la solidaridad horizontal que suele haber en este lugar, porque la policía controla que no viajen más de dos personas por vehículo y no todo el mundo aquí tiene como trasladarse”, explica Petruccelli, quien aclara que el almacén más cerca de su manzana está a 6 kilómetros de distancia. Y agrega: “los organismos de derechos humanos de la región vienen alertando a las autoridades sobre la situación, pero tampoco los municipios cuentan con la infraestructura necesaria para abordar, por ejemplo, el reparto de comida en zonas donde las distancias son muy grandes, y la movilidad oficial, extremadamente reducida (una sola camioneta de Desarrollo social en algunos municipios). También allí a las ocho de la noche suenan las sirenas y se ponen en marcha dispositivos de control riguroso.
Son casos que ejemplifican que ni siquiera las fuerzas de seguridad cometen abusos pensando en evitar posibles desbordes sociales (tampoco estaría justificado, obviamente, pero tendría al menos alguna “lógica”). Lo que está de fondo es algo más profundo: es la impunidad de creer que pueden hacer lo que quieren sin padecer consecuencias; es un goce ante el dolor de los demás.

***
Uno de los problemas de legitimar las lógicas de temor y control, y abuso, es que legitiman e incitan las dinámicas civiles de microfascismo. Se pasa del consentimiento disimulado al apoyo abierto, y también, al ejercicio efectivo de una violencia horizontal que se acopla a la violencia vertical ejercida por las fuerzas de seguridad del Estado: es la famosa “vecinocracia” de la que viene hablando el investigador Esteban Rodríguez Alzueta, a quien hemos consultado, con el afán de continuar abriendo discusiones en torno a cómo abordar estas problemáticas:
En la provincia de Buenos Aires estamos asistiendo a una suerte de policiamiento de la cuarentena. Lo cual es un problema, porque las policías que tenemos no están entrenadas para el diálogo y la persuasión sino para la desconfianza y la confrontación, no están formadas para ponerse en el lugar del otro sino para que el otro se acomode a su posición. De modo que no siempre se puede esperar de la policía comprensión. Encuentran en este contexto las condiciones perfectas para hacer lo que les gusta hacer: imponer orden y, de esa manera, certificar la autoridad que se arrogan. Si esto sucede ahora, nos preguntamos qué pasará si el día de mañana se llega a declarar el toque de queda y el estado de sitio, es decir, no queremos imaginarnos las cosas que podrán hacer muchos policías si tienen ampliadas sus facultades. No se nos escapa que la policía no es un bloque unidimensional, que los policías no viven a la policía de la misma manera. Pero también es cierto que cuando hablamos de la policía estamos pensando en sus prácticas rutinarias, en los modos de actuar y hablar enmarcados en rituales más o menos informales. Esas prácticas no están hechas precisamente de buenos modales sino de mucho maltrato y destrato. Entonces, dudamos que a la policía se la pueda resetear de un día para el otro. Por eso, entregarle a esta policía este poder es un gran problema para las libertades ciudadanas, y puede agregarle más intranquilidad, meterle más presión a los actores más pobres, sobre todos a aquellos que encuentran en el espacio público un campo de vitalidad”.

***
El afán de intervención en el ámbito de la opinión pública se ha multiplicado con la cuarentena. Entre otros, especialistas de las ciencias sociales han comenzado a poner en circulación sus miradas y, con algunas de sus intervenciones, se ha desatado la polémica respecto del componente ético, y de responsabilidad política, que las intervenciones académicas tienen –o deberían tener-- en la vida nacional. El caso más emblemático fue el de Gabriela Seghezzo y Nicolás Dallorso, dos investigadores del CONICET que coordinan el Observatorio de Seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), publicada por el diario Página/12 el sábado 28 de marzo. En dicho texto, titulado “Elogio a la policía del cuidado”, se argumenta que el aislamiento obligatorio por la pandemia es una situación excepcional que ha permitido visibilizar que la labor cotidiana de las policías en este contexto se asemeja más “a las tareas de cuidado que a las de una persecución y represión penal”.
Entre otros de quienes salieron al cruce de estas opiniones fue Nacho Saffarano, quien en su texto “Miserias de la investigación”, publicado en la Revista Espartaco, sostiene:
Parece que se trata de recurrir a ´los que saben´ para darle de comer al público habitual de Página|12; para engrosar el menú de argumentos progresistas para explicar por qué ahora la Policía (y la Gendarmería y el Ejército) nos cuidan de verdad, aunque hasta hace apenas dos semanas eran los actores fundamentales del delito organizado. Apelar a investigadorxs del CONICET no debe ser mera casualidad. A la mayoría de lxs lectores de Página|12, el discurso bélico del ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires Sergio Berni frente a la Policía bonaerense seguramente le haya parecido un exceso. ¿Qué mejor entonces, que recurrir a docentes universitarixs e investigadorxs de instituciones de prestigio para que repitan lo mismo que el castrense ministro, pero con la fraseología del progresismo?”.
En otro artículo (“Normas, controles y cuidados”), publicado en el portal Lobo suelto, Sebastián Stavisky reflexiona sobre el rol actual de las y los cientistas sociales, y asegura que una función fundamental que podrían jugar sería la de “poner en cuestión” el uso, tanto mediático como gubernamental, de las metáforas bélicas para el abordaje de un problema que es, ante todo, atribución del ministerio de salud, antes que del de seguridad o defensa, y analizar los potenciales efectos que tales formas de elaboración de la situación actual puedan producir en la ruptura del lazo social”.
La polémica sobre el accionar ilegal de las policías está instalada, y en muchos ámbitos, se espera una señal, un mensaje del Presidente Alberto Fernández, que ya ha felicitado por cadena nacional a los agentes de las fuerzas de seguridad del Estado, pero aún no ha condenado los abusos perpetrados por estas mismas fuerzas.

*Nota publicada en la Agencia Paco Urondo

viernes, 3 de abril de 2020

Cuarentena y movimiento de repliegue para la creación



Por Mariano Pacheco*
 
La pandemia del coronavirus en el mundo, la implantación de la cuarentena generalizada y obligatoria en la Argentina han trastocado nuestras vidas cotidianas, pero también, algunos de los pilares de los modos en que concebimos nuestro estar en el mundo, y nuestras relaciones con los demás. ¿Seremos entonces capaces de replantearnos nuestras existencias singulares y colectivas?
La cuarentena y ciertas posibilidades de salirnos de los moldes en los que nos hallamos encorsetados. La romantización de la crítica a la romantización y el hablar por los demás. Algunas reflexiones para seguir llenando de preguntas a esta coyuntura.


Desnormalizar la crítica
De manera insistente, en los años setenta del siglo XX, los filósofos franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari subrayaron que no hacía falta desplazarse para devenir, porque de lo que se trataba era de habilitar el paso de flujos para que se encontraran por debajo de los códigos sociales que estratifican (“no se trata de escapes personales sino de fugas colectivas”). Estos planteos, gestados hace medio siglo –y setenta años después de que Sigmund Freud postulara la primacía del inconsciente en la vida psíquica-- parecen sonar en nuestra contemporaneidad –muchas veces-- como novedades. Es que los consensos progresistas de la época suelen ser pre-freudianos.
El virus que recorre el mundo, de alguna manera, ha infectado también uno de los pilares fundamentales de nuestra contemporaneidad. A saber: que nuestros yoes son muy importantes.
Cabe destacar que la decisión del Estado nacional, de decretar una cuarentena generalizada y obligatoria para toda la población de la Argentina (argumentando razones de salud pública para “cuidar a sus ciudadanos”) puso en crisis cierta concepción (digamos: liberal de izquierda, progresista) a partir de la cual se cuestiona el orden vigente, muchas veces, pero se lo hace subrayando (quizá de manera excesiva) el rol que las individualidades juegan en un proceso histórico. Está claro que desde el minuto uno hubo quienes denunciaron de esta decisión, argumentando que se trataba de un avance represivo del Estado sobre las libertades, pero el hecho es que la mayoría de la población (incluso las militancias estructuradas en partidos, movimientos y organizaciones) hemos aceptado que, ante la posibilidad de contagio masivo, su consecuente colapso del sistema público de salud e incluso, aunque en menores casos, la muerte, convenía acatar la cuarentena y tratar de reordenar nuestras vidas en función de ella. ¿Obediencia? Si el quedarnos en nuestras casas va más allá de la perspectiva del autocuidado, singular y colectivo, puede ser un problema, pero quizás no tanto si esta decisión se asume en tanto que prudencia.
Así que, al parecer, cuando las situaciones son críticas –como ésta que atravesamos-- la ficción de que cada quien hace lo que quiere colapsa. Y colapsa porque histórica y ontológicamente el individuo no está primero. Fue una verdad de perogrullo, sostenida de Marx a Perón durante todo el siglo XX y gran parte del XIX (“el hombre como ser gregario, animal social”; “No hay hombre que se realice en una comunidad que no se realice”), pero una verdad que en las últimas décadas se ha visto profundamente cuestionada, y ahora vuelve a resurgir con fuerza.
Obviamente, el otro discurso, el del “pacto de unidad” en función de enfrentar entre todos y todas este “enemigo externo e invisible” también entró en crisis, porque enseguida se mostró que con o sin virus, la realidad de las clases sociales no es una vieja metáfora sociológica, ni un argumento del pasado, y no es para todos igual el modo de enfrentar la situación. De hecho ya hoy se habla de “Quedate en tu barrio” y no sólo “en tu casa”, porque es inviable para las mujeres y hombres de los sectores populares cumplir esa consigna como lo hacen las personas de los sectores medios y medios altos, e incluso sectores de trabajadores en mejores condiciones.
La pandemia, entonces, parece ofrecer condiciones para derribar dos grandes mitos del liberalismo: el que coloca al individuo (“ciudadano libre”) por sobre todas las cosas, y el asume que todos los individuos, en tanto ciudadanos, somos iguales frente a la ley, pero también, frente una adversidad natural o una enfermedad.


¿Movimientos de retirada?
En su libro Los fantasmas de mi vida, el crítico cultural Mark Fisher plantea que la era neoliberal ha privado a los artistas (gradual, pero sistemáticamente) de los medios para crear lo nuevo, ya que se ha producido una declinación drástica del tiempo y la energía social necesaria para sumergirse en los productos culturales. De allí que insista en que, para producir lo nuevo, se necesiten momentos de retirada (de la sociabilidad, de las formas culturales pre-existentes), situación que se torna cada día más difícil en nuestro mundo contemporáneo.
El problema no es que nos dejan solos, es que no nos dejan lo suficientemente solos”, supo decir Gilles Deleuze alguna vez. ¿Una recaída sobre la concepción liberal? Para nada, si se entiende que uno no es nunca uno (o una), porque no existe el individuo (indiviso: no dividido): cada quien es ya multiplicidad; una singularidad múltiple en co-relación con los otros seres (humanos, animales, vegetales) que habitan este planeta.
La hipersocialización contemporánea (pasamos los días y las noches rodeados de voces que leemos o escuchamos: de la radio, la televisión, la computadora, el teléfono celular), muchas veces, no nos permite realizar ese movimiento de retirada, a la vez que nos comunica todo el tiempo, pero no nos junta, no nos reúne, no nos permite gestar un estar en común. “No carecemos de comunicación, por el contrario nos sobra, carecemos de creación. Carecemos de resistencia al presente” escribieron Deleuze y Guattari en su último libro, ¿Qué es la filosofía?, allá por 1991.
El desafío pasa quizás por ejercer ese doble movimiento a partir del cual podemos, por un lado, estar más solos (solas), y por otro, encontrarnos más. Esto implica descentrarse un poco, salir del ensimismamiento del yo que interactúa pero no escucha, no tiene en cuenta a los demás.
La cuarentena puede ser un infierno (el “infierno son los otros” sartreano, que ya hemos aclarado en alguna nota anterior, no son todos los otros sino aquellas situaciones con los demás de las que no podemos salir, de las que no nos podemos sustraer), o bien, puede ser el modo de experimentar nuevas formas de relacionarnos con quienes compartimos la morada, y su vez, con nosotros/nosotras mismas (tampoco esencializar el nosotros y nosotras, dirían Deleuze/Guattari, puesto que molecularmente, nunca somos plenamente ni hombres ni mujeres).
El movimiento de retirada para la creación quizás no sólo debería ser entendido en su especificidad artística, sino de un modo más amplio, como actitud existencial: ¿cómo fabricamos nuestras existencias, nuestros vínculos? Ciertos feminismos, las diversidades (bien llamadas minorías, no porque son menos, o pocos, sino porque buscan sustraerse de la norma mayoritaria: blanca, heterosexual, burguesa), vienen desde hace rato produciendo discusiones en torno a la politización generalizada de la vida: las parejas, las amistades, el mundo doméstico y laboral.


La romantización al cubo
Se sabe: al decir cosas como estas, hay que estar preparados para escuchar los reproches: “no hay que romantizar la soledad, porque es un privilegio de clase”. Vaya estupidez dicho argumento.
Por un lado, porque suele hablar por los demás (rara vez suele leerse o escucharse la frase: “dicen eso porque tienen privilegios, no como en mi caso, que...”); en general, suele ser la posición paternalista de hablar por los demás, en el doble movimiento de pensar que el otro (la otra) no puede hacerlo, y el que supone que él (o ella) está en condiciones de interpretar eso que los demás no pueden decir, y enunciarlo. Por otro lado, porque en realidad, en el fondo, esa posición no hace más que romantizar la crítica a la romantización.
Algo de esto han planteado reciente Ariel Petruccelli y Federico Mare, a propósito del lema “Poder quedarse en casa también es un privilegio de clase”, del meme que se viralizó por redes sociales en estos días de cuarentena. En el texto titulado “Pandemia: paranoia e hipocresía global en tiempos de capitalismo tardío”, argumentan:
Hace años que vienen circulando dispositivos retóricos de este tipo, construidos sobre la premisa de que tal o cual cosa «también es un privilegio de clase»: vacaciones pagas, viajes turísticos, empleo formal, estudios universitarios, obras sociales, salario acorde a la canasta básica, alimentos saludables, vivienda propia y confortable, actividad intelectual, goce estético, práctica de ciertos deportes… En fin, todo aquello que podríamos englobar como satisfacción de necesidades secundarias, e incluso, a veces, necesidades básicas”, explican, para recordar luego que hay privilegio cuando hay relación de explotación/dominación, no cuando una franja del sector de explotados/dominados logra conquistar y mantener ciertos derechos (por otra parte, obtenidos en décadas de luchas) que otros sectores no. “Aún no”, deberíamos decir, si no somos pesimistas.
Por lo tanto, abajo con otros dos grandes mitos: el que inocula la culpa en quienes viven del salario de su trabajo pretendiendo que es un gesto de conciencia no disfrutar de cierto oseo que puede posibilitar la cuarentena; y el que supone que quien no percibe un salario no puede acceder al mundo cultural porque no tiene los recursos (económicos y simbólicos) para hacerlo, y sólo piensa –si es que piensa-- en resolver problemas de la mera subsistencia.
Obviamente de la mitad de la población trabajadora que no está empleada bajo relación de dependencia hay una porción enorme que la está pasando muy mal (la está pasando muy mal hace años, no sólo ahora por la cuarentena), pero pensar que los modos de resolver sus problemáticas diarias de susbsistencia no existe un entramado cultural es reforzar las miradas conservadoras, incluso fascistas, que buscan todo el tiempo reducir a las mujeres y hombres de los sectores populares a su condición más animal, menos humana.
Ésta posición desconoce, asimismo, cierta asistencia que realiza el Estado en Argentina, que se ha incrementado en medio de esta situación (insuficiente, siempre insuficiente, por supuesto) y también niega el entramado comunitario a través del cual el mundo popular se reproduce, con o sin cuarentena. Afirmar esto implica asumir un claro puesto de combate contra el sentido común reaccionario que intenta reducir el rol del Estado en la asistencia social, a la vez que se propone estigmatizar a quienes perciben esa asistencia como vagos y holgazanes, personas sin escrúpulo que quieren vivir sin trabajar, como si no fuese un trabajo ya vivir cada día, sin salario y sin medios de producción.
Por suerte, o más bien, por prepotencia de trabajo, en este país un trabajador precario, una persona desocupada, rara vez se encuentra frente a una intemperie absoluta: existen comedores y merenderos, centros de reunión barrial, organizaciones sociales, que aún en cuarentena, están sosteniendo con una militancia tenaz que quien no percibe algún programa de ayuda estatal pueda cobrar los $10.000 que ha anunciado el presidente Alberto Fernández para toda persona que se encuentra en esa situación; que quienes asistían a un comedor hoy puedan en su lugar recibir una vianda de comida ya preparada, o bolsones de alimentos.
Finalmente, esa posición estigmatizadora desconoce nuestra historicidad: miles de personas han sostenido en Argentina, por décadas, amplios consumos culturales, más allá de su grado de escolarización y de ingresos económicos. El autodidactismo en este país tiene una larga tradición en las clases trabajadoras (sin dejar de tener en cuenta los amplios grados de ignorancia que poseen amplias franjas de personas adineradas) y las manifestaciones de arte popular siempre han estado presentes en los clase subalternas, aún en tiempos de enormes dificultades para sostener la reproducción material de la vida.
Escuchar música; leer un libro; mirar una película o una serie; pintar o contemplar una imagen; diseñar; escribir; regar o arreglar plantas; jugar a las cartas o a los dados; cultivar la destreza con una pelota; mirar videos de deportes o practicar alguno; reflexionar; mirar el cielo; cultivar la conversación –de manera presencial o web-- con el único fin de escuchar y ser escuchado pueden ser actividades que, más allá de realizarse o no a menudo, pueden comenzar a ser emprendidas o profundizadas en esta cuarentena.
El afán utilitarista y productivista puede que sea una premisa burguesa. No tiene por qué ser un deber-ser de quienes vivimos de nuestro trabajo (sea o no asalariado). Democratizar el goce y promover el derecho al oseo también puede ser una tarea programática de primer orden.
Por allí pasan quizás también algunas premisas de micro-desobediencias, de insubordinaciones, de rebeldías frente a la vida puerca que nos proponen quienes hoy manejan el mundo.
*Nota publicada en Revista Zoom

martes, 31 de marzo de 2020

LA TOMA DE LA MATERA, 20 AÑOS ATRÁS


31 de marzo/ 1° de abril del año 2000

Por Mariano Pacheco*

 

Hacía exactamente una semana que habíamos terminado nuestra relación con Grillo. O más bien: era la primer ruptura, que duró un año y medio, en un vínculo que se sostuvo por años. Así que siendo sábado a la mañana y con ese estado de ánimo, mi concentración en la reunión iba y venía. ¡Y encima en medio de la discusión que definía el rumbo político-ideológico de nuestro grupo! Estaba hecho un trapo de piso, pero no decía nada. Creo que todos lo sabían, pero nadie decía nada. Urgían otras cuestiones: en el movimiento popular, en la Argentina. Después de cuatro años de militancia intensa en el Movimiento La Patria Vencerá protagonizamos una ruptura con tres de los compañeros que menos conocía personalmente, con los que menos vínculos tenía más allá de las discusiones políticas.
Cuando sonó el teléfono en la casa de Pablo y Flor ninguno de los cuatro interrumpió su concentración en el debate: los borradores de lo que sería pronto el Estrella Federal estaba en plena elaboración: las transformaciones estructurales del capitalismo; la financierización de la economía mundial; los aspectos ideológicos de dichos cambios, en fin, el neoliberalismo. También discutíamos los temas más propios: objetivos para la etapa; aspectos que caracterizábamos como estratégicos para una revolución en Argentina (la moral revolucionaria, la actitud de vanguardia de la militancia en el proceso de recomposición de fuerzas populares) y las perspectivas que, como grupo, teníamos en ese momento: centralmente, volcar todas las fuerzas militantes en pos de construir un Movimiento de Trabajadores Desocupados de alcance nacional.
El teléfono seguía sonando y seguíamos en plena discusión.
Pablo: si escuchan el mensaje vengan. Estamos desde la madrugada participando de una toma de tierras en Solano. Se está armando un asentamiento a unas cuadras de la parroquia y ya hay más de 2.000 personas, el lugar es inmenso”.
La voz inconfudible de Neka, una de las referentes del MTD de San Francisco Solano, había quedado grabada en el contestador.

***
Cruzamos una mirada entre Darío, Flor y yo. Pablo, con las llaves del auto en la mano, ya estsba listo para partir al predio al que todos en la zona denominaban La Matera. El lugar era inmenso, así que llegamos y empezamos a caminar buscando a Neka, y al cura Alberto. En el andar nos cruzamos con el Gaucho y Lili, una de las parejas referentes de Quebracho que militaban en la Comisión de Desocupados del barrio Km 35, en La Matanza, y con la que sosteníamos una asudua discusión política.
La imagen era surealista: muchas “casas” estaban improvisadas con planchuelas gigantes de tergopol. Enseguida nos enteramos que habían salido de una suerte de estructura que se encontraba en el lugar al momento de la toma; estructuras de tergopol de lo que alguna vez había sido anunciado como un plan de obras de viviendas populares que, era obvio en la Argentina neoliberal, nunca se habían terminado.
El dinamismo de la gente me sorprendió, ver a tantas vecinas y vecinos garantizar lo básico de los primeros pasos de la ocupación: organizar las manzanas y eligir delegados; respetar el trazado de calles para que no se armaran pasillos; que cada quien, en su terreno, fuera armando su lote, al menos de manera provisoria, tomando las medidas con pasos, clavando ramas en las puntas y uniéndolas con hilo.
En la tardecita de aquél sábado 1° de abril del año 2000 ya se discutía que nombre ponerle al lugar. Creo que se dijo 31 de marzo, por el día de la ocupación, pero finalmente creo que le quedó La Matera, como todos le decían al sitio en la zona.

***
En La Matera logré agarrarme uno de los últimos lotes que quedaban, bien al fondo del asentamiento. A la noche, Darío se ofreció a quedarse, para acompañarme en la guardia, mientras Pablo y Flor iban hasta su casa a buscar las cosas más necesarias y urgentes: una carpa, frazadas, una olla, algunas provisiones… y una pareja de compañeros jóvenes, vecinos de Monte Chingolo que aun no tenían su propio techo. Creo que Pablo tenía miedo de que me desmoronara. No nos conocíamos mucho, si bien ellos se había sumado al MPV después de los cortes de ruta que protagonizmaos en agosto del 97 en la zona sur. Ellos venían del Comedor Los Pibes de La Boca, y nadie preguntaba mucho pero sabíamos –¡eramos pocos y nos conocíamos mucho!-- que “la banda de Lito” era aún más conspirativa que la nuestra. Así que de cosas personales casi ni hablábamos. Pero un mes y medio antes, como parte de nuestras tareas de contactar grupos para poner en pie un MTD a nivel nacional, habíamos agarrado el destratalado Peugeot de Pablo y Flor y junto a ellos, y su bebé Juancito, tomamos con Grillo la decisión de pasar nuestras vacaciones visitando en Corrientes a Marianita, nuestra compañera de la agrupación 11 de Julio, y de paso, hacer base allí para recorrer Corrientes, y sobre todo Chaco, donde se estaba construyendo un poderoso MTD. De paso visitamos Entre Ríos, donde teníamos un contacto de un viejo cuadro del PRT. Así Pablo y Flor vieron con sus propios ojos lo enamorados que estábamos con Grillo. Seguro, como yo –quien sabe, quizás también como Grillo-- ellos se preguntaban qué había pasado. Supongo que a los 19 y 16 años cualquier estupidez es motivo para romper un vínculo.
La cuestión es que cayó la parejita a acompañar al “militante”. Tal vez haya sido Flor la de la idea, siempre más atenta a los vínculos entre los integrantes del grupo. Como sea, en La Matera, era común que los “solos” fuéramos los militantes. El resto, la mayoría, eran parejas con varios hijos. No importaba si tenían 20, 30 o 35 años. La regla era que estaban juntados o casados… y con algún que otro crío; las más de las veces, varios.

***
Ese invierno no paró de llover y las lluvias provocaron numerosas inundaciones, sobre todo en La Florida y San Martín, barrios que integraban el MTD de Solano, que entonces también se encontraba atravesado por el conflicto de la parroquia Nuestra Señora de las Lágrimas, ocupada por el cura y los vecinos que habían resuelto en asamblea desobedecer las órdenes de dejar el lugar impartidas por el Obispo Jorge Novak, referente de la Iglesia progresista que años atrás había acompañado las tomas de tierras que hicieron de Solano una enorme barriada, y también, referente en la defensa de los derechos humanos en el último tramo de la dictadura. Pero los tiempos habían cambiado, sobre todo después de la caída del muro de Berlín, el estrepitoso fracaso de la toma del cuartel de La Tablada por parte del Movimiento Todos por la Patria (organazación que tenía entre sus referentes al sacerdote Antonio Puigjané, de Quilmes) y el avance del menemismo con sus políticas socialmente justas, políticamente esclavas y económicamente serviles del imperio.
Con las inundaciones Las lágrimas se transformaron en centro de evacuados y central de operaciones de la intervención en La Matera. En la parroquia circulaban vecinos y vecinas que “bancaban” al cura, mujeres y hombres de creencias y militancias cristianas, algún militante de la guerrilla chilena, jipis que buscaban un techo y un lugar propicio para poner en pie proyectos autogestivos de artesanías, militancias diversa de las izquierdas que buscaban radicalizar el conflicto en la zona sur del conurbano, lumepenes que allí recalaban por Alberto en eso seguía siendo cura, y cobijaba a quien llegara y pidiera un lugar.

***
Fueron días difíciles los de La Matera, sobre todo esa Semana Santa en que la mayoría de los pibes y las pibas de la agrupación 11 de Julio, que había ayudado a fundar en 1996 y en la que había militado hasta fines del año anterior, se fueron de campamento, como siempre para esa fecha, mientras yo parecía haber traspasado el umbral de la adultez, con mis 19 años, el colegio secundario ya abandonado tras numerosos intentos por pasar a cuarto año y el fracaso de mis primeros intentos de trabajo asalariado hiperprecarizado.
Días difíciles en los que las amenazas de desalojo se mezclaban con las tareas en el asentamiento: primero fui delegado de manzana, luego integrante de la Comisión de Salud hasta llegar a formar parte de la Comisión Directiva en la que las militancias del MTD y el activismo cristiano de la zona, compartíamos tareas con los “punteros” del PJ, que hora tras hora perdían base social referencia política entre la población. A tal punto que un día en que, bajo la lluvia, marchamos desde Solano hasta Quilmes para reclamar al intendente frepasista que diera respuesta a las necesidades urgentes, el diario El Sol de Quilmes adjudicó en su tapa al MTD y al cura Spagnolo como organizadores de la movilización de las vecinas y vecinos del asentamiento de La Matera que culminó con una toma de la Municipalidad.
Por supuesto, no eran gratis esos protagonismos: a las amenazas de desalojo de la parroquia comenzaron a sumarse las del PJ al MTD; amenazas que se trasformaron rápidamente en acción.
Así que además de centro de evacuados y central de operaciones de la intervención en La Matera la Parroquia se convirtió en círculo de organización de la autodefensa: había un saber acumulado en las militancias, que había llegado desde los 70 hasta los 90 prácticamente intacto, a través de distintas tradiciones. Pero con el incendio de ranchos, las golpizas a la militancia y las confrontaciones en las asambleas, como suele suceder, la gente comenzó a retirarse poco a poco de los espacios de reunión y participación.

***
En La Matera puse en pie la que fue mi primera casa: una humilde choza de chapa y madera construida colectivamente por nuestro grupo. Allí perdí un libro de Lenin, uno de Engels, y alguna que otra cosa más que servía para sostener nuestra seguridad: una inundación –creo que la primera-- se llevó puesto casi todo en una fría noche de esas tantas en las que llovió en ese crudo invierno.
Así que al regresar al asentamiento desde la casa de mi viejo, luego de pasar alguna noche en la búsqueda de reponerme de ese resfrío que pronto devino neumonía, me encontré en una asamblea general teniendo que dar explicaciones ante un grupo de punteros del PJ que me acusaban de ser responsable de la muerte de un bebé durante el temporal.
¿Dónde estaban los de la comisión de salud?
Como si el régimen político y el sistema económico no fueran responsables de esas muertes, que se sucedían a diario, en una Argentina que se caía a pedazos gestionada por el mismo partido para el que trabajaban esos punteros (quienes habían traicionado en esos años las banderas históricas del peronismo para llevar adelante ese modelo neoliberal), las acusaciones no eran más que el paso previo a la acción directa, en la búsqueda por corrernos de los espacios conquistados a fuerza de una militancia de base cotidiana.
Obviamente, con los ánimos así caldeados no se podía dar ningún debate, asi que rápidamente el encuentro terminó a las piñas. Entre mocos y estornudos intenté hacer surgir en mí algún tipo de lucidez frente a los muchachos peronistas a quienes no les importaba que yo llevara tatuadas en el pecho las banderas argentinas, junto con tacuaras y una estrella federal. Tampoco que hubiera sido formado políticamente por militantes montoneros. Para ellos era un zurdo más, y punto. Así que como sabía, o podía intuir como funcionaba su cabeza, rápidamente empecé a mirar los movimientos que se empezaban a dar. Me puse en guardia, aunque obviamente por peso y estatura no había forma de intimidarlos. Pero cuando pensé que era inevitable la situación, cuando me dije que era obvio que estaba por “cobrar”, lo veo al Cura Alberto que empieza a revolear piñas y me salva la situación. No voy a decir que fue Dios el que me salvó ese día, pero que su palabra en la tierra pasó a ser acción directa no me caben dudas, porque pude verlo con mis propios ojos. ¿Dónde estaba Neka ese día? No recuerdo, pero por ahí andaría, porque siempre estaba donde había que estar.

***
Duramos poco en La Matera. Después de esa asamblea reñida no hubo punto de retorno.
Nos instalamos a vivir allí para que nadie pudiera decirnos que eramos una militancia externa; pasamos el mismo frío, el mismo hambre, la misma incertidumbre que el resto de nuestras vecinas y vecinos; como ellas, y ellos, nos inundamos, padecimos resfrío y entretejimos esperanzas. Como tantas otras militancias a lo largo de la historia asumimos el compromiso y los desafíos que cada decisión implicaba: discutimos colectivamente qué hacer, asumimos con rigor cada decisión más allá de cuánto o no nos cerraba, nos preparamos para defender nuestras posiciones frente a los ataques. Discutimos en las asambleas para no perder la referencia conquistada, nos entrenamos para estar en condiciones de sostener cuerpo a cuerpo la defensa de nuestras casa si hacía falta. Aprendimos y enseñamos, según los casos, como sostener un arma si llegado el caso hacía falta usarlas. Pero no era una cuestión de decisión, sino de correlación de fuerzas. Y en sa co-relación, las fuerzas evidentemente no estaban de nuestro lado.
El asentamiento siguió su vida, y nosotros continuamos con la nuestra. A Grillo ese año la vi poco y nada. Recién en noviembre, cuando realizamos los primeros cortes de ruta coordinados de los MTD de la zona sur la volví a encontrar, en la Rotonda de Pasco, entre humos de neumáticos y sirenas policiales que no dejaban de sonar. Me puse contento de verla después de esos meses tan difíciles.
La de La Matera fue una batalla perdida, pero sólo una batalla más en ese intenso período que ya se había abierto, y que en noviembre del 2000 tuvo el pico más alto de ese año; proceso que no dejaría de crecer y desarrollarse hasta desembocar en la insurrección de diciembre de 2001.

* Relato que forma parte de “2001: Odisea en el Conurbano”,
libro de Mariano Pacheco en proceso de elaboración.

domingo, 29 de marzo de 2020

Tuñón: el poeta comunista que en esta cuarentena elegimos reivindicar


A 115 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Por Mariano Pacheco*


Raúl González Tuñón, autor del emblemático poema “La luna con gatillo”, es el escritor que hoy –en medio de la pandemia mundial del coronavirus-- elegimos reivindicar.


Más de una vez nos han preguntado por qué nuestro proyecto de producir contenidos comunicacionales para intentar ejercitar “una crítica política de la cultura” llevaba el nombre de La luna con gatillo (ver anexo). Ante nuestra respuesta (“por el poema de Raúl González Tuñón”), muchas veces nos encontramos con una nueva pregunta: ¿Y ese quien es?
No sorprenden las preguntas, si se tiene en cuenta que nos referimos a un poeta, a un periodista, a un escritor que fue una figura fundamental de la historia cultural de nuestro país, pero más asociado a la década del treinta que a la de los setenta, cuando falleció. Tuñón fue de algún modo “padrino” de figuras que hoy se pueden escuchar con mayor frecuencia, como Francisco “Paco” Urondo, y el mucho más reconocido Juan Gelman, quien tituló a su primer libro –prologado y presentado por Tuñón en 1956-- “Violín y otras cuestiones”; nombre que remite de manera directa a “El violín del diablo”, primer libro del propio Tuñón, publicado en 1926. También en el ámbito musical porteño Juan “Tata” Cedrón y su cuarteto inmortalizó muchos de sus poemas en el disco entero que le dedicó musicalizando sus textos.
Así que si, por un lado, el afán memorialista que primó en la década 2005-2015 posó su mirada sobre todo en la década del setenta, y –por otro lado-- como supo subrayar el crítico cultural británico Mark Fisher, una de las características del “realismo capitalista” contemporáneo es su incapacidad para construir recuerdos de largo plazo, es entendible que quien fuera bautizado como “el ángel guardián de los porteños” (Cedrón) y quien fuera el poeta argentino más admirado por sus pares contemporáneos españoles durante la guerra civil, hoy pueda presentarse como un desconocido ante muchas personas, incluso entre quienes pretenden –como nosotros y nosotras-- construir una contracultura de impugnación frente al Nuevo Orden Mundial vigente en la actualidad.
En un contexto de crisis provocado por la pandemia del coronavirus, cuando la discusión sobre el futuro de la humanidad comienza a ser parte de las discusiones urgentes y no faltan quienes vuelven a traer el concepto comunismo para ser pensado en la actualidad, qué mejor que rescatar a Raúl, el escritor que primero blindó la rosa, el poeta comunista.


Apuntes para una biografía
El menor de siete hijos de una pareja de españoles radicada en Argentina a fines del siglo XIX, Raúl González Tuñón nació en Buenos Aires el 29 de marzo de 1905.
En 1918 ingresa al Nacional de Buenos Aires, pero abandona antes de terminar sus estudios y se dedica a transitar la bohemia literaria. En 1924 viaja a Santa Fe, trabaja en una zapatería y recorre los bares del puerto, en donde conoce a Berner Lang, que cantaba canciones de posguerra en un instrumento casero fabricado con una lata que lleva cuerdas atadas (de allí surge el título de su primer libro, El violín del diablo, que empieza a escribir en 1922, termina en 1924 y publica en 1926, luego de ganar el año anterior el Premio Gleizer). Durante la década del 20 publica poemas en Caras y Caretas y revista Inicial, se incorpora a Proa, que dirige Ricardo Güiraldes (quien supo decir de él que, “herido de todos los dolores, no ha desaprendido el reír con optimismo y la infinita facultad de amar de sus versos”) y se vincula a la revista Martín Fierro, que integran –entre otros-- Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo; mientras tanto, sostiene relaciones con los escritores sociales del Grupo Boedo, situación que llevó a los jóvenes investigadores Emiliano Cadiano y Lucas Peralta a caracterizar a Tuñón como el “más bodeista de los martinfierristas”.
En 1926 ingresa al emblemático Crítica diario que además de renovar la tipografía y el tipo de fotografía del periodismo argentino, fue capaz de relevar el mundo popular. Esta publicación, supo incorporar escritores a su redacción. De allí que Raúl compartiera aquellos días junto a Roberto Arlt, y su hermano Enrique.
En 1928 Tuñón gana el premio Municipal de Poesía con su libro Miércoles de ceniza. Con el dinero obtenido en el premio realiza su viaje a Europa. De allí –sobre todo de su estadía parisina-- surgen algunos de sus poemas fundamentales, que serán publicados en 1930 bajo el título “La calle del agujero en la media”.
En 1931 viaja a Brasil y escribe crónicas de la revolución constitucionalista que llevará a Getulio Vargas al poder en 1932, año en el que Raúl trabaja como cronista cubriendo la “Guerra del Chaco” (conflicto entre Bolivia y Paraguay que duró hasta 1935).
En 1933 funda “Contra, la revista de los franco tiradores”, que tiene la efímera vida de cinco números, pero de vital importancia para la cultura de izquierdas de nuestro país, puesto que allí Tuñón publicó su explosivo poema titulado “Brigadas de choque”, por la cual es procesado por el gobierno de Justo, y condenado a dos años de prisión. El texto que entre otros versos sostiene una diatriba contra la burguesía (“Contra la democracia burguesa/ Contra la demagogia burguesa/ contra la pedagogía burguesa/ contra la academia burguesa/ contra/ contra/ contra el fascismo, superexpresión/ del capitalismo desesperado”) fue avalado por gran parte de sus contemporáneos, compañeros de ruta como el español Federico García Lorca y el chileno Pablo Neruda firmaran una declaración en su apoyo, así como personalidades de la talla de André Gide, Waldo Frank, André Malraux o Tristán Tzara se manifestaran “en nombre de la dignidad del pensamiento y la libertad de expresión” al enterarse de lo sucedido.
En 1934 Tuñón se afilia al Partido Comunista y al año siguiente se casa con Amparo Mon, también periodista de Crítica, con viaja a España y luego a Francia. Allí conoce a Neruda y participa (en París), del 1° Congreso de Escritores Antifascistas, al que asisten el pintor Pablo Picasso y el dramaturgo e intelectual marxista Bertolt Brecht. También en 1934 publica el libro Todos Bailan, donde aparece su personaje/alter ego “Juancito caminador”
En 1936 publica La rosa blindada y en 1937 viaja por tercera vez a España, en plena guerra civil. Corresponsal argentino en España, escribe una serie de textos que luego serán publicados bajo el título de La muerte en Madrid, Las puertas del fuego y 8 documentos hoy. Derrotada la República en España y con el avance del nazi-fascismo en Italia y Alemania, Tuñón parte hacia Chile, donde funda la Alianza de Intelectuales de Chile, junto a Neruda. Allí se radica (donde funda el diario El siglo), tras la muerte de su compañera Amparo, en 1940. Dos años después, en 1942, también muere su hermano Enrique. Dos pérdidas fundamentales en la vida de Tuñón. En Chile publicará los libros Himno de Pólvora y Nuevos poemas de Juancito Caminador. También Primer Canto Argentino, editado por el Comité de Residentes Argentinos Pro Libertad de los Presos Políticos
En 1945 regresa a Buenos Aires, pero vuelve rápidamente a Chile, luego de haber estado en la ciudad el 17 de octubre y ver el ascenso del peronismo, al que caracterizó con las mismas lentes que el partido al que pertenecía (y casi toda la izquierda), como un fenómeno de inspiración fascista (en 1974, cuando conversa con Horacio Salas, Tuñón reitera sus posiciones de entonces. Ante la pregunta de Salas, que le dice si no es “un tanto gorila” su respuesta, Raúl hace una diferenciación entre líder y “masa peronista”, pero no deja de mirar con antipatías al fenómeno que terminó siendo el más importante de la historia política nacional).
En 1948 Tuñón regresa a la Argentina e ingresa a trabajar al diario Clarín, donde permaneció hasta 1970, cuando se jubiló. En esos años finales de la década del cuarenta comenzó una relación con Irma Falcón, vínculo del que nace su hija Aurora.
En los cincuenta, en cambio, su vida amorosa pasó por su vínculo con Nélida Rodríguez Márquez, con quien tiene a Adolfo Enrique, su segundo hijo. En 1954 viaja a URSS, China, Checoslovaquia y tras su regreso a la Argentina publica Todos los hombres son hermanos.
En 1957 publica su emblemático poema “La luna con gatillo”, pero también, su libro A la sombra de los barrios amados.
En los sesenta Tuñón se convertirá en “el padrino” de la emergente generación de intelectuales de la nueva izquierda, que en una de sus fracciones fundará el emblemático proyecto editorial “La rosa blindada”, donde se publicaron los textos políticos y culturales más emblemáticos de aquellos años; experiencia en torno a la que se reunieron poetas, periodistas, pintores, músicos e intelectuales.
En 1963 Tuñón fue jurado del concurso de Casa de las Américas, en Cuba.
Continuó construyendo su obra poética hasta su muerte, ocurrida el 14 de agosto de 1974.
*Nota publicada en La luna con gatillo

viernes, 27 de marzo de 2020

Entrevista a Esther Díaz sobre filosofía y coronavirus

“Nos encontramos frente a un fenómeno que nos incita a pensar”

Por Mariano Pacheco



La filósofa argentina Esther Díaz aborda el desafío intelectual que impone el coronavirus en tiempo real: "Nos encontramos frente a un fenómeno que nos incita a pensar".

La filósofa argentina Esther Díaz fue consultada por revista Zoom para sumar su voz al coro de reflexiones que, desde distintos puntos del planeta, han circulado en estos días intentando pensar desde la filosofía las consecuencias que la actual crisis provocada por el coronavirus tendrá para la humanidad.

Etimológicamente, filosofía quiere decir: “amor por la sabiduría”. Desde su nacimiento en la Grecia anterior en cinco siglos al inicio de la era cristiana, hasta la actualidad, la filosofía supo intervenir a través de los tiempos y las geografías en los conflictos y debates fundamentales que humanidad supo atravesar a lo largo de esta historia de veinticinco siglos. Ésta no parece ser  la excepción, y durante la última semana han circulado textos de los españoles Amador Fernández Savater y Santiago Lopez Petit y, traducidos al castellano, otros del francés Alain Badiou, la norteamericana Judith Butler, el esloveno Slajov Zizek, el italiano Franco “Bifo” Berardi y el surcoreano Byung-Chul Han, entre otros. Todos los textos han sido subidos al portal argentino Lobo suelto!, donde pueden consultarse siguiendo los links que revista Zoom comparte al final de ésta conversación que hemos mantenido con la filósofa argentina, quien suma sus reflexiones sobre el rol de la filosofía en el actual contexto de crisis que ha provocado la pandemia del coronavirus.


Mujer nómade
Esther Díaz comienza la charla haciendo un doble agradecimiento, por el hecho de que se tenga en cuenta  su voz a la hora de pensar en el debate del que se ha hecho parte el elenco filosófico internacional. “En este mundo machista pocas veces se suele tener en cuenta la voz de una mujer filósofa, y mucho menos si es argentina”, comenta en diálogo telefónico con este cronista.
Durante años dedicada a cuestiones epistemológicas, Esther Díaz supo hacerse conocida en el ámbito filosófico local por su estudio y difusión de la obra de Michel Foucualt, y el año pasado y el anterior, primero a través del film de Martín Farina “Mujer nómade” y luego con su autobiografía titulada “Filósofa punk”, un público mucho más amplio tuvo noticias de la dura vida de esta mujer que hoy, con ochenta años, asume como un “desafío ético” esta dinámica que ha tomado en los últimos días: levantarse, leer tres o cuatro diarios, informarse por las redes sociales e intentar pensar lo que está pasando con el coronavirus, en una búsqueda de contribuir con su mirada a problematizar la situación que como humanidad estamos atravesando con la pandemia.


¿Puede aportar algo la filosofía a pensar lo que nos está pasando en estos días?

Creo que la filosofía está en estos momento en su apogeo, porque desde mi perspectiva, la filosofía no tiene que estar al servicio del pensamiento por sí mismo. Eso no quita que esté mal hacerlo, crear conceptos aunque no tengan ningún tipo de aplicación, dicho muy entre comillas. Pero no en momentos de crisis, donde aparece tan perturbada la vida cotidiana de todas las personas, mucho más de quienes tienen que vivir la cuarentena con niñas y niños de poca edad, o que son muchos en un espacio chico. Son momentos donde surgen muchos conflictos, sin hablar de los conflictos geopolíticos que esta situación conlleva, porque estamos aún sin saber si esta ha sido la propagación de un virus natural o estamos ante un virus de diseño. Tengamos en cuenta que hay científicos del área de la salud que están estudiando el tema, yo he hablado con algunos de aquí de la Argentina, y me dicen que es un virus tan sofisticado que no parece ser natural. Así que estamos frente a un problema que es simultáneamente de orden doméstico, científico, geopolítico y económico. Y las distopías que se cumplen. Pensemos que hace medio siglo atrás, acá en este país, Adolfo Bioy Casares escribió su novela “Diario de la guerra del cerdo”, donde cerdo es sinónimo de personas viejas, que son cazadas y asesinados por personas jóvenes. Esa distopía hoy de alguna manera se está cumpliendo, de manera mucho más sofisticada e invisible como es este virus. Sin ir más lejos, hay quienes incluso la promueven, como hace unos días el vicegobernador de Texas, que dijo que los abuelos deberían dejarse morir para que no se venga abajo la economía.


Suele darse por supuesto que la filosofía es un oficio que tiene que ver con poca gente. ¿Cómo ves eso?

Mi experiencia en estos días ha sido la contraria. Mucha gente me escribe cada día pidiendo que de clases por redes sociales, que trate de pensar esto que nos pasa en voz alta. Yo les contesto diciendo que no puedo, por un lado porque tengo otros trabajos profesionales que hacer, pero además porque no me gusta tampoco guitarrear, como se dice, porque siempre trato de hablar con algún fundamento. Pero es evidente que en estos tiempos estamos ante la necesidad de ejercitar un pensamiento rápido, algo que la filosofía no está tan acostumbrada. Por algo casi todos los filósofos con algún tipo de reconocimiento a nivel internacional han salido a dar su opinión. Hay cosas dichas –y me incluyo-- bastante débiles, y que necesitan ser pensadas, pero ello no quita que reivindiquemos nuestras intervenciones desde la filosofía. Mirá: una vez le preguntaron a Foucault si él creía que la filosofía se tenía que ocupar de los temas políticos del poder, y Foucault respondió que esa era precisamente la función de la filosofía: estudiar al poder para alertar a la población y que podamos pensar cuándo nos están invadiendo, cuándo nos están discriminando y cuándo, por decirlo de alguna manera, nos están marcando buenas rutas. Así que te diría que, por un lado, hay cierta demanda de la población hacia nosotros, pongamos por caso “profesionales del pensamiento”. Y por otro lado, está nuestra necesidad de posicionarnos. En mi caso lo siento casi como una obligación micro-militante: cada noche me acuesto pensando en qué puedo escribir al otro día, y cada mañana me levanto, leo cuatro o cinco periódicos y veo qué puedo elaborar. Lo siento como necesidad ética: los seres humanos necesitamos teorías que den cuenta de nuestra realidad, por más que a veces la gente no le diga “teorías”, todas las personas tenemos razones para hacer lo que hacemos y pensar lo que pensamos. Así que cuando nos quedamos sin razones, como parece ser el caso actual, necesitamos más que nunca pensar. Y más en esta situación inédita. He hablado con historiadores y lo que me dicen es que nunca, en la historia de la humanidad, se cerraron como ahora todas las fronteras del mundo y la humanidad se quedó haciendo más o menos lo mismo. Es decir, que nos encontramos frente a un fenómeno que nos incita a pensar.


En Hegel, filósofo emblemáticos si los hay, existe esa metáfora que sostiene que la filosofía siempre llega tarde, porque es como el búho de minerva, que levanta vuelo después del amanecer. Vos por el contrario venís insistiendo en la necesidad de ejercer un “pensamiento rápido” en esta coyuntura, ¿no?

Sí, yo estoy de acuerdo con la frase de Hegel de todos modos, y no estoy –por ejemplo-- con que hizo Zizek en estos días, hablando del futuro. Ha caído en una posición totalmente utópica, diciendo que después toda esta hecatombe que estamos atravesando la humanidad va a ser mejor. Por lo que se está viendo creo que vamos a ser peores, aunque la realidad te sorprende. En estos días, por ejemplo, pudo verse a muchos barrabravas hacer tareas solidarias. Por eso yo veo toda esta situación como una “transvaloración de todos los valores”, como decía Nietzsche. Creo que va a producirse un cambio absoluto en los valores. Es momento de pensar, porque está mutando todo; y no lo digo por deformación profesional, porque los acontecimientos mismos nos obligan a quienes nos dedicamos a este oficio a hacerlo, sino porque estoy convencida de que existe una demanda social: de nuestros alumnos, de quienes nos leen. Así que, como te decía antes, creo que es un momento en donde se dicen cosas propias del pensamiento rápido, pero no dejaría de tener en cuenta que también el pensamiento rápido necesita un background. Por ejemplo –y de esto yo me enteré hace poco tiempo-- la gente que hace jazz, que improvisa, toma clases también para improvisar, así que como ves, también la improvisación necesita disciplina. Entonces, si ya tenés una batería fuerte de conceptos como para avanzar sobre temas como estos, totalmente nuevos, lo tenes que hacer, sabiendo que tal vez podamos decir cosas que no son muy adecuadas, pero creo vale la pena arriesgarse; porque como te contaba, en el intercambio virtual que vengo teniendo en estos días con muchas personas, veo que nuestros discursos muchas veces aliviaban. Obviamente, hay otros que producen indignación. Pero sea en uno u otro caso, creo que son discursos que contribuyen a gestar líneas de fuga ante toda esta locura en la que estamos inmersos.

 *Nota publicada en revista Zoom