miércoles, 18 de febrero de 2026

Entrevista al filósofo chileno Rodrigo Karmy Bolton

 Por Mariano Pacheco

“La resistencia palestina abrió un nuevo ciclo

de desobediencia civil a nivel mundial”


Sobre temas poco visitados comúnmente, como el rol de la prensa respecto de la cuestión palestina, el ataque a sus universidades, la importancia de la memoria histórica en los procesos políticos actuales y la emblemática fecha del 07 de octubre de 2023 habla en esta entrevista con Revista Zoom el filósofo chileno Rodrigo Karmy Bolton.

 

Profesor e investigador del Centro de Estudios Árabes y del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, plantea que para escribir sobre Palestina se requiere poder precisar términos, ya que el sionismo promovido por el estado de Israel, al que caracteriza como un proyecto que, entre otras cuestiones, se propone la destrucción radical del lenguaje, se empecina en destituir al pueblo palestino del lugar de sujeto político, con una historia y un proyecto de nación. Así, el “borramiento” de las “memorias resistentes”, la “naturalización del horror” y la asimilación de la lucha por la descolonización, la liberación nacional y la soberanía popular, formarían parte de un mismo movimiento de esa “maquinaria israelí” que pretende borrar la figura del otro y producir un vacío, una tierra arrasada. En ese contexto, entonces, debe comprenderse la escritura y publicación del conjunto de ensayos que la chilena editorial LOM publicó recientemente bajo el nombre de Palestina sitiada. El devenir nakba del mundo (libro distribuido en Argentina por ediciones Tinta limón), en donde el trabajo intelectual es concebido como parte de una labor de “descoloniazación” y de reivindicación de una pluralidad antigua, de una multiplicidad de culturas, lenguas y religiones de aquello que, desde estas tierras podría ser pensado como una “nación crisol de singularidades”.

 

La prensa mundial, las universidades y la causa palestina

 

¿Cómo pensar la cuestión palestina en medio de la mirada hegemónica que hoy tiene en los medios de comunicación del mundo la perspectiva del sionismo, sobre luego del 7 de octubre?

 

Diría, en primer lugar, que no sólo desde el 2023, sino desde siempre, la prensa hegemónica aborda la cuestión palestina desde la lengua sionista que pretende establecer una suerte de equivalencia entre las fuerzas en conflicto, que pone el foco en la dimensión religiosa y trata de hacer una suerte de victimización permanente del Estado de Israel. Esto muestra cómo todo conflicto es siempre un conflicto de significantes. No es lo mismo hablar en términos de conflicto en un sentido vago, o en sentido religioso, que decir que, desde hace 80 años, prácticamente, asistimos a una situación de colonización. La guerra de lenguajes, entonces, se activa fundamentalmente en la cuestión del tratamiento que la prensa hace del tema, y exige a los intelectuales y organizaciones que estudian y están comprometidos con la causa Palestina, poder suspender ese flujo de significantes y abrir una discusión que no esté en el registro de los significantes-amo que la narrativa sionista instala.

 

En tu libro aparece un apartado entero para tratar de pensar la cuestión de las Universidades, no sólo las palestinas –de las que en general diría que ni se tiene registro– sino de la vida universitaria en general, y lo que ella aporta a la vida de los pueblos en general. ¿Podrías compartir alguna reflexión al respecto?

 

Las universidades palestinas y las 13 o 14 que había en Gaza, han sido sistemáticamente asediadas por el Estado de Israel: cortes de presupuesto, impedimento a los estudiantes de circular libremente desde sus casas hacia la universidad y la instalación de una racionalidad de baucher que hace que a las universidades le lleguen fondos en función de la cantidad de estudiantes que tengan, pero sin reparar en que a muchos de ellos no se les permite llegar al lugar, mucho menos se habla de aquella disposición impuesta por Netanyahu de expulsar, de deportar a muchos profesores extranjeros que daban clases en las universidades palestinas.

 

Las universidades palestinas, así, son centros de asedio por parte de la maquinaria israelí. Porque lo que está en juego allí es una suerte de constitución de textura cultural, en donde el sionismo no se propone convivir con los palestinos, ya que el proyecto del Estado de Israel no es mantenerlos en un solo territorio, sino que lo que se proponen es el borramiento sistemático de los palestinos y de su cultura respecto de ese territorio. Por eso en Gaza, directamente, todas las universidades han sido destruidas, y sus profesores, rectores, estudiantes, asesinados. Porque las universidades palestinas condensan ese entramado intelectual y afectivo de resistencia al asedio de Israel. Ese asedio que pretende el borramiento de ese territorio en el que la escritura puede habitar. De allí que podamos pensar que ese asedio se transforma en una imagen que condensa el devenir contemporáneo de las universidades en todo el mundo. Esas universidades en donde los pueblos se refugiaban están siendo estalladas, en Gaza en un sentido extremo, en otros sitios menos, pero con mecanismos neoliberales que buscan elitizar su experiencia, quitándole a los pueblos esa posibilidad de habitar el espacio de las universidades públicas. Y, a la vez, se busca sustraerle a la propia universidad su posibilidad de sostener una mezcla con la dinámica de la vida de los pueblos. Es aquí donde me gustaría pensar al pueblo mismo como una escritura y, a las universidades, como esos sitios en los que, más allá de las texturas coloniales u oligarcas que han podido tener, han acogido en su propia textura experiencias de los pueblos que hoy están siendo sustraídas y que podemos graficar con esas imágenes que el Ejército Israelí le devuelve al mundo, con sus soldados sacándose fotos, sonriendo, ante una universidad palestina a punto de ser demolida.

 

La memoria de la opresión y la resistencia

Toda colonización requiere el borramiento de la memoria del otro. Por eso Karmy Bolton lleva adelante, en escritos como los reunidos en Palestina sitiada…, todo un trabajo de historización, tanto de la colonización israelí como de la resistencia palestina.

 

¿Qué papel le otorgas a la memoria en los procesos políticos?


Me gusta pensar la memoria en términos indóciles. No la memoria de museo, la estratificada, porque justamente el tipo de memoria indócil, como la palestina, es la que no tiene lugar en un campo litúrgico, sino que es la que se reconstruye en la diáspora, a partir de fragmentos, de pequeños archivos, documentos y relatos que circularon entre familias, que la tía cocinó, que la abuela dijo, y así se va trasmitiendo entre generaciones. Por eso, en palabras del cineasta chileno Patricio Guzmán, diría que hay una suerte de “memoria obstinada” en el caso palestino, que resulta ser irreductible respecto del colonialismo israelí, que busca hacer un borramiento de la experiencia no sólo a través de la sustitución de una población por otra, sino también en el modo de organización de los espacios urbanos, de los que se sabe mucho menos. Lugares que ya no están, calles a las que se le cambia el nombre, e incluso los propios territorios. Por ejemplo: para Israel, la Cisjordania de Gaza debería llamarse Judea y Samaria.


Es una guerra de significantes a la que asistimos, en la que está en juego el lenguaje como lugar de hábitat que hace posible la memoria indócil. De allí que, para el pueblo palestino, sea tan relevante la cuestión de la memoria, a pesar de que la política “memoricida” sionista, que se desarrolla a partir de la destrucción de archivos, de lugares, y de aniquilamiento de la población. Una política que también es “politicida”, en el sentido de que busca aniquilar toda institucionalidad política que se dé para sí el pueblo palestino y, finalmente, “escolasticida”, un término técnico que se viene utilizando últimamente para designar el genocidio sobre las instituciones escolares, universitarias, cultuales. Y a pesar de todo esto, la memoria palestina parece ser irreductible frente a las maquinarias sionistas. Maquinarias que no son privativas del Estado de Israel, que funciona como el extremo singular de una política, de una narrativa sionista que es mucho más antigua y extensa.

 

En el libro trabajas una interpretación de los hechos del 07 de octubre desde una perspectiva diferente a la que se suele escuchar, al menos en Argentina, incluso entre quienes defienden la causa palestina. Decís que ese día se produjo un contrataque, un contragolpe de la resistencia palestina encabezada por Hamas y no una acción a la que el Estadio de Israel luego reacciona.


Una cuestión muy importante a destacar, es la de establecer una diferencia que no se suele establecer, entre la violencia del opresor y la del oprimido. Eso ya nos lo enseñó Fanon, pero que tras la caída del Muro de Berlín y la liberalización del mundo, las izquierdas parecen haberlo olvidado, y quedan en el lugar al que se quiere condenarlas, que es el lugar de una perspectiva de derechos humanos que se presenta como incompatible con, por ejemplo, la lucha armada. Y de nuevo Fanon: él ya mostró que ambas luchas no son incompatibles. Pero aquí el aparato que ha puesto en juego la narrativa sionista tendió a articular una metonimia: la de asimilar todo lo palestino a Hamas, al que se situó en el lugar de tope, de lo imposible de ser pensado, como un “punto de capiton”, según la expresión de Lacan.

Pero Hamas, como experiencia política de un pueblo, por supuesto que puede ser pensado. Es el acrónimo del Movimiento de Resistencia Palestino, que fue inaugurado en 1987 y que ha cambiado profundamente a lo largo de los últimos veinte años, a partir de su contacto cotidiano con el mundo popular palestino en la Franja de Gaza, y que ha colaborado con otros grupos como el Frente Popular por la Liberación de Palestina (un movimiento marxista que viene de los años sesenta del siglo pasado), pero también, con otra más de media docena de grupos que pertenecen a la resistencia palestina. Y esa colaboración no surge el 07 de octubre, sino mucho antes, motivada por la necesidad de dar una respuesta a los constantes bombardeos que Israel implementó en Gaza desde el año 2006, cuando su administración pasa a Hamas y, si bien los militares israelíes se retiran, lo hacen al precio de una completa confiscación del territorio, clausurando la Franja por tierra, aire y mar.

De allí que, desde alimentos o medicamentos hasta misiones humanitarias, todo lo que pasaba por allí debía tener un estricto control de Israel. Por eso es que Gaza ha quedado por fuera de todo el campo del derecho internacional. Es un hecho que Israel pudo bombardear a la Franja todas las veces que quiso, con su población de dos millones y medio de palestinos adentro (esa era la cifra a octubre de 2023), sin que le pase nada.

 

Tengamos en cuenta que, además, esa población palestina en la Franja de Gaza era en su mayoría una población refugiada de la nakba de 1848. Por eso hay quienes plantean que estamos ante la cárcel más grande del mundo. Pero yo disiento con esa perspectiva, porque incluso los presos de cualquier cárcel están recluidos bajo la sentencia de un tribunal que los acusó y condenó por un delito cometido, bajo un específico proceso jurídico, y cuentan además con un abogado. Nada de eso pasa en Gaza, que no es una cárcel sino un campo de concentración que, en determinadas zonas y en determinados momentos, se convierte deviene campo de exterminio, O incluso en su totalidad, como ocurrió después del 07 de octubre, cuando Israel emprendió su ofensiva militar para consumar la conquista total del territorio.

 

¿Y qué pasa con la resistencia palestina en ese contexto?


Me gustaría responder esto y, para terminar, compartir la siguiente reflexión: en la tradición de las izquierdas siempre estuvo muy presente el concepto de vanguardia, que podríamos pensar, en un cierto horizonte ilustrado, en términos de una estructura política que conduce a las masas, digamos así, de manera pastoral, hacia el camino de la revolución. Y, por otro lado, hay otra tradición, más anarquista, que niega el papel de las vanguardias.

 

El 07 de octubre, en cambio, lo podemos pensarlo del siguiente modo: Hamas, y la resistencia palestina que, como hemos dicho ya, es mucho más amplia que esa organización, supo enfrentarse a la maquinaria más poderosa del planeta, llevando adelante, en primer lugar, el acontecimiento de resistencia más importante de las últimas décadas. En segundo lugar, es en ese momento en que la resistencia palestina se articula como una vanguardia, pero de modo distinto a como se entendió en términos clásicos, ilustrados. Es decir, se constituye en una vanguardia que no intenta conducir a la multitud, sino iniciar un proceso. En este caso, las acciones del 07 de octubre iniciaron un proceso que excede el territorio palestino y que abrió un nuevo ciclo de desobediencia civil a nivel mundial que permite recorrer un camino cualitativamente distinto respeto del de las revueltas anteriores, porque se produce desde entonces una composición afectiva diferente, sobre todo entre las juventudes de distintos lugares del mundo, que salen masivamente a las calles o que desde gestos micropolíticos, dan por tierra con cuestiones que antes se aceptaban y ya no, como la autocensura. Se abre así, desde 2023, un espacio múltiple de resistencias multiformes.


Entonces, para las grandes oligarquías tecnológicas y financieras que tienen a Israel como un aparato decisivo de su accionar, queda flotando la idea que, después del accionar de las milicias palestinas el 07 de octubre, permanecen totalmente vulnerables. Es decir, que queda trastocado el sueño sionista de armar un Estado invulnerable, que permitiera proteger a su población de cualquier tipo de amenaza. Eso queda completamente desbaratado. Entonces, en el sentido político y militar tradicional, la derrota es evidente, pero en este otro sentido que señalo, hay una pequeña victoria de la resistencia palestina que se extiende al mundo entero.

 

 

jueves, 12 de febrero de 2026

Enrique Carpintero: Spinoza y Freud



Esta semana, en el ciclo de verano de “Lecturas sintomáticas: filosofía y salud mental” dedicado a trabajar sobre los modos actuales de leer desde Argentina y América Latina a Spinoza y Nietzsche, rescatamos dos tramos de estos libros de Enrique Carpintero (el más reciente “Spinoza militante de la potencia de vivir” y el más antiguo “El erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser”), para situar a estos autores en la estela del freudomarxismo.

Siguiendo las pistas del “spinozismo de izquierda” (tal como l recuperamos de la mano de Diego Tatián), el director de la revista y editorial Topía no deja de tener en cuenta la gran invención teórica del siglo XX: la conceptualización del inconsciente realizada por Freud, que funda así el psicoanálisis.

Carpintero o le escapa a la “tensión” que se establece entre el dualismo de Freud y el monismo de Spinoza, y sobre la base de la hipótesis de que la producción de subjetividad es corporal y rescatando la perspectiva freudiana de “series complementarias” entre factores endógenos y exógenos presentes en la producción de síntomas, insiste en subrayar que es el cuerpo el que delimita el espacio subjetivo donde se encuentran los efectos del interjuego de Eros y tanatos, de las pulsiones de vida (autoconservación) y pulsión de muerte (tendencia a la autodestrucción, compulsión a la repetición), que les camaradas marxistas-lacanianos –con razón– ubican contemporáneamente en el lugar de sujeción a los automatismo del capital.

Y es aquí donde la idea de “corposubjetivdad” elaborada por Carpintero cobra su mayor fuerza, al situar al “aparato psíquico” (con sus “leyes” del proceso primario y secundario) anudado al “aparato orgánico” (con sus “leyes” físico-químicas, anátomo-fisiológicas) y al “aparato cultural” (con sus dinámicas económicas, políticas y sociales tal como se las piensa desde Marx en adelante).

Nos queda un último encuentro del ciclo, a fin de mes, para trabajar, sobre la base de la lectura de Spinoza y Nietzsche, de Carpintero y Tatián, sobre todo aquello que nos inquieta en nuestra labor de lectura, escritura e intervención en distintos ámbitos, sean clínicos, políticos, artísticos o literarios. 

sábado, 7 de febrero de 2026

Marcha Anti-fascista/ Anti-racista en Buenos Aires

Con una subjetividad tan modelada por ese territorio virtual en el que nos encontramos inmersxs, donde el ruido, la aceleración, la distracción, la irritación, la saturación, el aturdimiento, el agotamiento nos enredan en una dispersión que dificultad nuestra capacidad de atención, básica para poder atravesar la existencia con otres, que implica no sólo el registro fundamental de la escucha y la mirada sutil, sino también de la pausa necesaria para sostener silencios (propios y ajenos), captar entredichos, elipsis y poder conversar, ejercicio elemental para ejercitar el pensamiento, ese que leva a los cuerpos a moverse, ya no sólo a resistir los padecimientos sino también luchar por dejar de ser eso que hicieron de nosotres.


Como sostenía Ignacio Lewkowicz, en tiempos de crisis donde las surgencias proliferan no podemos darnos el lujo de No- Pensar. Y para ello es necesario realizar la operación de interferir/ desacelerar/ inventar… O desaparecer, tomados por la trituradora de esta maquinaria de las extremas derechas contemporáneas que, como el actual cruel experimento libertariano en curso en Argentina, pretende correr todos los límites para abismarnos en un neofascismo tanático en el que ninguna posibilidad de vida digna para las mayorías populares sea posible.


De allí la importancia de ocupar la calle, de poner los cuerpos en movimiento para recrear la ocupación del espacio público, no sólo para poner un freno a la ofensiva reaccionaria en curso, sino para relanzar una imaginación política capaz de desbloquear las capacidades creativas que, como pueblo, hemos demostrado tener en otras desfavorables circunstancias.


Por eso hoy, una vez más, ocupamos las calles de la ciudad.

 


jueves, 5 de febrero de 2026

Acerca del film “Matate amor”

¡Buena película!

La vimos con Marie el finde y nos quedó resonando una frase de la protagonista: “el bebé está bien. El resto del mundo está mal” (o algo así). Lo menciono porque vi que los comentarios que circulan por redes y algunos medios ponen mucho el foco en la “depresión post-parto”, pero sospecho que hay cuestiones más interesantes, de fondo, en el colapso psíquico de la protagonista.

Creo que todes los que vivimos en grandes ciudades flasheamos alguna vez con la utopía de la “vida feliz campestre” o en algún pequeño pueblito del interior, tal vez sin reparar en el famoso dicho popular de “pueblo chico, infierno grande”. Muches amigues han fugado de Buenos Aires, Córdoba, Rosario o La Plata hacia zonas menos pobladas y quizás hayan encontrado algo allí. No fue mi caso: hice alguna vez esa experiencia, y hui del familiarismo y la dinámica pueblerina como quien huye de la peste.

En fin, menciono esto porque creo que el colapso de la protagonista, su imposibilidad de escribir (“acá vas a poder escribir”, le dice su marido al llegar) tiene más que ver con ese encierro en una casa alejada del resto del mundo (donde se suicidó un familiar), en la que pasa todo el día sola cuidando a su bebé y soportando a un insoportable perro (que no para nunca de ladrar o gemir, aparentemente de dolor, por encontrarse enfermo), que llevó su marido (que nunca está en la casa con ellos), que con la depresión post-parto, que juega su papel, que incluso tal vez sea el “disparador”, pero que no da cuenta del conjunto de elementos que la muestran a ella más “embolada” que deprimida (sus ganas de coger frente a la ignorancia de su pareja; las ganas de matar al perro sufriente; su imaginación proliferante; el cuidado que al fin y al cabo no deja nunca de sostener respecto de su bebé).  

Los protagónicos de Jennifer Lawrence y Robert Pattinson (Grace y Jackson) están muy bien y logran esquivar la referencia de sus papeles anteriores en X- Men o Los juegos del hambre (ella) y Harry Potter o Crepúsculo (él).


“Die, my love”, dirigida por Lynne Ramsay, está basada en la adaptación que realizaron Enda Walsh y Alice Birch de una novela de la escritora argentina Ariana Harwicz.

 

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

El "teatro de situaciones” de Jean Paul Sartre


En Un teatro de situaciones Sartre escribe:


“Hoy lo que importa es situar los conflictos humanos en situaciones históricas y demostrar cómo dependen de ellas. Nuestros temas deben ser sociales, pues son los temas mayores del mundo en el cual vivimos, aquellos de los cuales hemos tomado conciencia” (Teatro popular y teatro burgués).


Por otra parte, rescata a Brecht como contemporáneo francés, porque –afirma– permite reconectar con antiguas tradiciones nacionales, enterradas por la burguesía, a quien denuncia por creer sólo en verdades particulares, más allá de sus abstractas declaraciones de universalidad.


Con obras emblemáticas como “Las manos sucias”, “El diablo y el buen dios”, “Las moscas”, “Muertos sin sepultura”, “A puerta cerrada”, “Nekrassov” o sus reinterpretaciones de clásicos como “Las troyanas”, Sartre trabaja en la dramaturgia su obsesión filosófico-política: la libertad.


Pero todo lo que piensa al respecto, lo hace a través de aquella práctica específica. Por eso asegura:


“En teatro no hay más imagen que la del acto, y si uno quiere saber qué es el teatro, hay que preguntarse qué es un acto, porque el teatro representa el acto y no puede representar ninguna otra cosa”.


Por eso cuando Sartre piensa en teatro se remite directamente a los griegos, a la tragedia y no en el “teatro psicológico” o en ese que moderno acting que consiste en comprender el sustento central de una pieza a través de “personajes” con “palabras de teatro”:


“Si es verdad que el hombre es libre en una situación dada y que se elige en y por la situación, en el teatro es preciso mostrar simples y humanas, y las opciones libres que se hacen en esas situaciones”.


Algo similar ya había planteado en su emblemático ensayo ¿Qué es la literatura?, en donde escribe:


“Puesto que estábamos situados, las únicas novelas que podíamos pensar en escribir eran novelas en situación, sin narradores internos, sin testigos al tanto de todo…”


Algo de esto estamos trabajando en el ciclo de verano de “Escrituras sintomáticas”- Laboratorio de Experimentación Crítico- Narrativa de la Escuela de Literatura A. F. Oliva

martes, 3 de febrero de 2026

Sobre la serie “Los años nuevos”

 


A su cuidado catálogo de films y algunas pocas series viejas, ahora Mubi suma este formato de nuevas ficciones audiovisuales a su plataforma. La vimos con Marie, de a tramos, los fines de semana, así que la pude saborear sin atolondramientos.

Centrada en Madrid (estado Español), aunque con algunos breves tramos en Lyon (Francia), la historia de amor y desamor, de pasiones y desgaste de los vínculos, de amistad y relaciones familiares, de problemas laborales y consumos problemáticos de sustancias, de tristezas y alegrías, de esperanzas y estancamientos vitales, en fin, de todo aquello que el tiempo marca en los cuerpos y las subjetividades de las personas, es abordado desde una estética a contramarcha de estos tiempos: sin aceleración, ni escenas grandilocuentes y cuidando una belleza de cuerpos de gente común, para nada hegemónicos ni hipersexualizados, aunque sin pacatería, la serie trabaja de modo muy inteligente 10 episodios centrados en los días de fin e inicio de cada año, durante una década (2015- 2025).

Protagonizada por dos treintañeros que cumplen años con un día de diferencia (él, el 31 de diciembre; ella, el 1º de enero), Iria del Río y Francesco Carril interpretan los papeles de Ana y Oscar: ella una periodista que no ejerce el oficio, que anda de acá para allá en una búsqueda existencial; él, médico internista de un hospital, que lo da todo por su vocación pero que se sostiene en la vida en medio de contratos precarios que ofrece la salud pública.

La serie, creada por (y con guion de) Rodrigo Sorogoyen, Sara Cano y Paula Fabra, cuenta con una dirección múltiple: Sorogoyen está a cargo de los episodios 1, 5, 7 y 10, Sandra Romero de los capítulos 2, 3 y 4 y David Martín de los Santos de los episodios 6, 8 y 9.

El cantautor asturiano Nacho Vegas suma con su canción “Los años nuevos” (que compuso especialmente para esta serie y cuenta incluso con un videoclip que anda circulando en redes sociales) no sólo una singular banda de sonido, sino toda una atmósfera sentimental.

domingo, 1 de febrero de 2026

Acerca de "Notas sobre el hambre", de Helena Silvestre



En Notas sobre el hambre, Helena Silvestre –sin nombrarlo– rinde a su modo un homenaje al gran Glauber Rocha y su “estética del hambre”, al trabajar sobre su propio recorrido biográfico con una “colección de hechos y pensamientos”, a modo de diario, para arriesgarse a ser aquello que el otro no entiende y, a veces, ni siquiera ella misma (según confiesa).

Escribir una serie de notas (también de poemas), desde eso que mi amigo platense (por adopción), Esteban Rodríguez Alzueta, llamó “estética cruda”, pero en este caso, narrar desde la periferia de Brasil en una primera persona de mujer militante política, luego feminista, y educadora popular, y editora, y, y, y… (dirían Deleuze y Guattari), de ese “comunismo salvaje” de lxs de abajo.

Una “autobiografía política” –como la caracteriza Verónica Gago en la contratapa–, donde la voz de una mujer luchadora logra expresar, a su vez, la de tantas otras, que a veces no escriben, pero hablan, o ni siquiera hablan, pero fulminan con su silencio:

“Las mujeres de mi pueblo son, hace centenas de años, oráculos que preservan antiguas sabidurías en sus voces –calladas por la fuerza de los opresores que nos transformaron en ciervas o vidrieras de propaganda…”.

Entre paredes pobres que pueden llegar a funcionar como santuarios populares, con moradas en donde en sus paredes Cristo puede convivir con Fidel Castro (o el Che Guevara), el tiempo no funciona como medida absoluta, porque “el tiempo se imprime de manera diferente en los cuerpos con hambre”, escribe Silvestre, no para situarse en el lugar de la víctima tan típico de estos tiempos sino para con su escritura hacer justicia, ese “pasaje de quien está de rodillas a quien está de pie”, según Alain Badiou (“éramos una horda de salvajes callejeros”; “somos más malos que ellos”).

Si como escribe Helena es muy difícil, con hambre, pensar, cantar, amar, desarrollarse… también hay algo del deseo que se produce en ese saber sobre y desde el hambre.

En una muy cuidada edición de Mandacarú, acceder a este libro que me hizo llegar Lucía Tennina en librerías o buscarlo en la web del proyecto:  https://mandacarueditorial.com/

¡Recomiendo su lectura! Y me quedo con ganas de leer más de la autora.