jueves, 17 de octubre de 2019

Acha: “El peronismo es el resultado de un juego múltiple de fuerzas en conflicto”

Entrevista al historiador y ensayista Omar Acha

Por Mariano Pacheco*


Reconversión peronista post dictadura, menemismo, la era K y los indicios del "fernandismo".


Omar Acha es docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires. También ensayista y un estudioso del peronismo. Entre sus libros publicados se destacan Los muchachos peronistas. Origenes olvidados de la juventud peronista (1945-1955), Planeta, 2011; Crónica sentimental de la Argentina peronista. Sexo, inconsciente e ideología (1945-1955), Prometeo Libros, 2013; y recientemente, La Argentina peronista, red editorial, 2019, un libro de 83 páginas que forma parte de la colección 90 intervenciones (90 libros de hasta 90 páginas para leer en 90 minutos), en el que comienza afirmando que “que el país como tal se transformó en un escenario donde lo sucedido a propósito del peronismo pasó a ordenar los temas decisivos de la política, de la experiencia social y de la vida cotidiana”. En este diálogo con Zoom, Acha contribuye con sus reflexiones a que sigamos intentando pensar la coyuntura actual que atraviesa el país inscribiéndola en un proceso histórico más amplio, donde el peronismo y el mundo popular durante la posdictadura están en el centro de la escena.


En primer lugar, Omar, quisiera que pudieras compartir alguna reflexión sobre el peronismo de posdictadura. Es decir: pensar qué pasó, después del terror, con el peronismo –en general--, pero también –más específicamente— con lo que se denominaba su columna vertebral, el movimiento obrero, la clase obrera peronista. Indagar en las mutaciones, tanto del mundo popular como de esa identidad y experiencia política.

Respecto del peronismo, el primer dato concreto, después de la dictadura, es la derrota electoral, que es una novedad. Y ahí la pregunta respecto de qué nos dice esa derrota. En principio diría que hay dos grandes cambios, fácilmente perceptibles. Por un lado el desplazamiento, en el escenario del poder peronista –que es un escenario múltiple, con diversos actores, que poseen sus proyectos, muchas veces enfrentados, otras veces bajo el mudo de alianzas o pactos—del sindicalismo. De algún modo el proyecto de la renovación peronista –Cafiero, De la Sota— venía a hacer del peronismo un partido más clásico, en el sentido liberal, con una organización más tradicional, y dejar su movimientismo de lado. Pero una de las consecuencias fue, al menos en términos de perspectiva, el desplazamiento del famoso tercio sindical en la configuración del movimiento peronista. Y por otro lado, el desvanecimiento de una pugna muy poderosa, que se plantea sobre todo en los años setenta, pero que venía ya con antecedentes, entre sectores que podríamos denominar más ortodoxos y una izquierda peronista. Ese esquema se desvanece, si bien persisten algunos segmentos de la izquierda peronista en los años ochenta y noventa (e incluso en la actualidad), sin embargo, fueron minoritarios dentro del movimiento y carecieron de la fuerza necesaria para disputar su orientación. Creo que estos son los datos de partida. Y una de las consecuencias fue el ascenso al poder de los políticos en el escenario de las definiciones político-ideológicas del peronismo. Creo que esto es el dato central. Eso no quiere decir que se haya erosionado una conexión entre el peronismo y la clase trabajadora, sino que se modificó, y ese es uno de los datos que modificó la historia política reciente de la Argentina. Porque no sólo se modificó ese vínculo, sino más en general, el lugar de la clase trabajadora –y no sólo industrial, o con empleo fijo, estable-- dentro del panorama nacional.


Luego viene el menemismo, que uno puede pensarlo como peronismo del revés (hace todo lo contrario a lo que indican las tres banderas históricas), a partir del cual se gestan una serie de modificaciones que producen, entre otras cuestiones, nuevos repertorios de protesta y modos de organización popular, que de algún modo desembocan en la insurrección del 19 y 20 de diciembre de 2001. Vos en uno de tus trabajos, creo que en La nueva generación intelectual, decís que uno de los grandes ausentes en ese momento de crisis (2001/2002), son los nombres de Perón y Evita. Pasada ya más de una década de la publicación de ese texto y casi dos de aquellas jornadas, ¿qué podrías decir hoy respecto de esa ausencia?; o más bien, ¿se podría pensar que, más allá de la ausencia de las estructuras tradicionales del peronismo en la protesta social, hubo algo del peronismo que persistió allí y estuvo presente por abajo, como reverso de ese peronismo que era el partido del orden neoliberal en el gobierno?


En realidad, diría que ese apagamiento de los nombres de Perón y Evita en el lenguaje de los grupos peronistas es algo que se puede rastrear desde 1955, cuando surgieron los llamados neoperonismos, en los cuales esos nombres permanecían en el trasfondo, y aparecían otros, dentro de una tradición fluida y porosa como la del peronismo, y en otros momentos retornaba la centralidad de esos nombres. Ahora, en el caso del menemismo, creo que se presenta una propuesta hegemónica diferente, que es cambiar el lugar del peronismo respecto de la estructura de clases en la Argentina, donde una cierta configuración de la burguesía local y de las burguesías transnacionales aparecen como el referente central, y las clases trabajadoras, como un sector subordinado al modelo de acumulación. Pero eso no significa que la vida popular se haya apagado durante esos años. Y eso es un dato central de esta breve historia, en el sentido de que usualmente se señala al peronismo como superestructura que viene a domesticar la vida popular y, precisamente, lo que la historia reciente nos muestra –vos diste el ejemplo del 2001, pero podríamos identificar otros momentos también— es que hay una opacidad viviente y múltiple difícil de interpretar. Por ejemplo: no sabemos muy bien por qué De Narváez le gana las elecciones a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires, o por qué luego triunfa el macrismo, no sólo con un voto de las clases medias o altas sino que también tuvo una repercusión entre las clases trabajadoras, y me parece que ese es el enigma central para develar.


El kirchnerismo, de algún modo, combinó un movimiento que implicó un proceso de reperonización de la discusión política en Argentina, pero a su vez –vía la transversalidad, la incorporación al proyecto de otros sectores no peronistas, la retórica de los derechos humanos, etcétera— se alejó bastante de ciertos parámetros del peronismo clásico. ¿Qué pensás vos del kirchnerismo, en este punto de su relación con el peronismo?

En la medida en que entiendo que el peronismo no supone una orientación ideológica precisa, sino más bien una identidad flexible, la idea básica que podría compartir es en base a una frase de Perón mismo, que en los años setenta, decía: “no es que yo cambié, el que cambió fue el mundo”. Entonces no se trata de una lógica de fidelidades o de traiciones a ciertas banderas, sino más un olfato para poder construir poder, dentro de una identidad que es maleable, que tiene ciertos referentes, pero cuyas orientaciones sociales y económicas son maleables y pueden encontrar énfasis diversos. En tal sentido, el kirchnerismo fue y es una de las versiones posibles del peronismo. Lo mismo puede decirse del menemismo. Hubo muchos sectores que decían que eso no fue peronismo, sino una traición a esas banderas, pero la perspectiva del tiempo hoy nos da una mirada mucho más sabia al respecto, que nos permite decir que eso también fue peronismo y abrir la diversidad de lo que fue y es: una tradición que se está reinventando permanentemente. La coyuntura actual, en ese sentido, es muy interesante, porque no sabemos qué puede llegar a hacer Alberto Fernández una vez que esté en la presidencia, si llega a existir algo así como el “Albertismo”… ni el propio Alberto lo sabe.


Hoy se podría pensar, sin embargo, más en un “Fernandismo” que en un Albertismo. Es decir, un proceso a partir del cual, en esta confluencia de Alberto con Cristina, surge otra cosa. ¿Cómo lo ves?

Creo que uno de los elementos centrales para poder evaluar las posibilidades de acción de un gobierno de este tipo consiste en analizar los recursos con los que cuenta. Las acciones posibles están fuertemente condicionadas por las capacidades y los límites para poder llevar adelante ciertas reformas, propuestas. Y ahí, lamentablemente, el panorama no es muy auspicioso. Las condiciones macroestructurales que han condicionado al segundo gobierno de Cristina, y al de Mauricio Macri (y voy a poner acá entre paréntesis todas las barbaridades de las medidas que ha tomado el macrismo), no se han transformado. Entonces lo que sucede es que se torna un misterio qué puede ocurrir. Alberto ya viene anunciando que los problemas no se van a resolver rápidamente, que los compromisos asumidos con el FMI van a ser respetados, pero no fue demasiado explícito con las medidas a tomar.


Claro, y habrá que ver qué tipo de agenda popular se pueda construir también. En ese sentido, te quería preguntar: ¿qué pensás de este fenómeno que se produce con el peronismo, que aún sin estar presente muchas veces de manera directa en las ciertas luchas que se puedan librar, luego, en las coyunturas electorales, sigue siendo la única opción que a nivel popular se visualiza como capaz de enfrentar a lo más crudo del neoliberalismo, en este caso concentrado en la figura de Macri?

Creo que efectivamente hay un rasgo de mediana duración en la cultura política argentina. Mi hipótesis es que, en las clases populares, la representación simbólica del poder estatal es incorporada en los años cuarenta/cincuenta, a través de una identificación peronista. Y esto es lo que hace que la representación intelectual y cultural de una posibilidad de estabilidad estatal se identifique con el peronismo. En otras palabras, que una estabilidad estatal no peronista es una ficción poco creíble. Hay una gran incredulidad popular respecto de las capacidades de una gobernabilidad no peronista. Y esto se vincula con una idea, en gran medida inconsciente –no porque no es sabida, sino porque es una premisa, un presupuesto del propio pensamiento—que fue incorporada por las clases populares con el peronismo. Y esto no está presente sólo en la clase trabajadora, en los sectores más bajos de la sociedad, sino también en otros segmentos. Por ejemplo ahora, ni siquiera la burguesía le cree a Macri que puede sostener la gobernabilidad.


Más allá del peronismo de posdictadura, en tu caso has trabajado muchos años sobre el peronismo clásico, y has planteado esta idea de centrar tu enfoque desde una perspectiva de un peronismo desde abajo, que pudiera indagar sobre esas zonas poco abordadas por la historiografía más tradicional. ¿Qué reflexión podrías compartir al respecto sobre este enigma que lleva por nombre peronismo?

En mi caso asumo una deformación profesional, que solemos tener los historiadores y las historiadoras, que es que siempre que pienso la coyuntura la inscribo en una temporalidad mucho más extensa. Es decir, que el ahora, nunca está dado de forma aislada, sino inscripto en una trama mucho más profunda y extensa, que a veces los actores no necesariamente perciben, pero sobre la cual podemos reflexionar. En ese sentido, diría que la idea básica que he tratado de desarrollar en mis textos sobre peronismo, es la siguiente: el peronismo no es una idea, no es una ideología, no es un proyecto unívoco, sino que el peronismo es un campo de fuerzas y de luchas donde se inscriben una diversidad de actores, grupos, clases que no tienen todos la misma orientación, los mismos intereses, ni se van transformando en el mismo sentido ni con la misma velocidad, sino que más bien es una suerte de magma, con una multiplicidad de agentes que son políticos, sociales, culturales, que construyen un resultado que no es la intención de cada uno de ellos sino más bien el resultado de un juego múltiple de fuerzas en conflicto. Entonces, frente a esa multiplicidad, los relatos tradicionales que intentan explicar al peronismo, por ejemplo, por la voluntad de Perón o Evita, o el estado peronista, es extremadamente empobrecedora y distorsionadora de esa realidad tan compleja, que es preciso investigar, que no se entrega pasivamente a la percepción, sino que requiere una elaboración, con fuentes, archivos, debates, para poder acceder a esa historia tan compleja. Es decir, que la historia del peronismo, antes y hoy, es tan diversa, múltiple y sofisticada, como cualquier gran historia del mundo que leemos en los libros más reconocidos. Entonces, de ese juego múltiple, me interesa rescatar la acción, la agencia, la pasión y la memoria de esos sectores bajos que en general son olvidados o menospreciados por esos relatos simplificadores que enfatizan el rol del estado, de los líderes y de la propaganda. Ese contrafrente que aparece oculto bajo la hojarasca de esas imágenes simplificadoras es lo que intento rescatar en mis escritos.
* Revista Zoom

miércoles, 16 de octubre de 2019

Entrevista radial a Mariano Pacheco en Viedma (sobre Desde abajo y a la izquierda)


VIEDMA: Desde abajo y a la izquierda
 
Audio de entrevista que me hicieron ayer en "Encuentro con amigxs", Radio Encuentro y EnTv Canal 5, con la conducción de Walter "Pollo" Carriqueo sobre mi libro DESDE ABAJO Y A LA IZQUIERDA. Movimientos sociales, autonomía y militancias populares (Cuarenta ríos).

AUDIO:
 http://radioencuentro.org.ar/en-el-curza-antes-en-radio-encuentro/?fbclid=IwAR3nbDL11C0COZSQ9xfogXVpBYGImhIAhThdrPIOa1WXHh3bwifN0eq5BNc

martes, 15 de octubre de 2019

"Un sindicato para la conquista del pan". Daniel Martínez de la FOB en Profanas Palabras


Entrevista radial de Mariano Pacheco

Programa emitido el 8 de octubre de 2019. Escuchalo acá:

 
 
Daniel Martínez es militante de la Federación de Organizaciones de Base (FOB), una organización de perfil libertario que proviene del denominado movimiento piquetero y que hace unos días realizó un acto en Córdoba, con todas las regionales que la integran en el país, para hacer su anuncio de incorporación a la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). En el acto estuvieron presentes dirigentes de dicho espacio, junto a referentes de Barrios de Pie y la Corrientes Clasista y Combativa.
En esta conversación con Mariano Pacheco, Martínez repasa las definiciones de la FOB, analiza la situación actual del precariado y repasa su propia historia militante, desde su actual intervención en la localidad cordobesa de Sebastián Elcano hasta sus inicios en el anarquismo, vinculados a las BIbliotecas Populares, las ferias de fanzines y el rock del Conurbano Bonaerense.

MARIANO PACHECO (Conducción)
PABLO CERVIGNI (asistente de sonido)

PROFANAS PALABRAS.
Pasado y Presente de la Argentina y El Mundo.
El programa se emite en vivo, todos los martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia.

martes, 8 de octubre de 2019

Nuestras Sierras Maestras: Guevara en el siglo XXI (Relato en cuatro escenas)


Por Mariano Pacheco


Un diálogo intergeneracional imaginario; una figura simbólica; una apuesta real de cambio social.


Escena uno:
Una joven militante, conocedora del territorio en lo más profundo de las barriadas populares pero que a su vez habla y habita la lengua diversa, feminista ella, me muestra un tatuaje que se hizo: “Nuestra Sierra Maestra es el Conurbano”. Me cuenta que le gustó la frase al leerla de mi primer libro, De Cutral Có a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados.
La frase, que circuló como grito de guerra entre los integrantes del grupúsculo que conformamos junto a Darío Santillán, el Pelado Pablo y la Colorada Flor, El Negro Luis y quien escribe, funcionó como un incentivo ético fundamental a la hora de poner en pie aquella nuevas experiencias políticas que denominamos los MTD.
“Nuestra Sierra Maestra es el Conurbano”, repetía a menudo el Pelado Pablo, cuando las barriadas de la zona sur empezaron a ser pateadas por jóvenes militantes que intentábamos contribuir a cambiar las relaciones de fuerzas en momentos completamente adversos. La frase –de claras reminiscencias guevaristas--, si mal no recuerdo, estaba inspirada en la lectura de un libro que también se tornó fundamental para la generación del 2001: La montaña es algo más que una inmensa estepa verde, del comandante sandinista Omar Cabezas.

Escena dos:
Otra joven militante, que habla y habita la lengua diversa, y encuentra en el color verde una inspiración de rebeldía, feminista ella también, pateadora de espacios de militancia en el país y no sólo, me cuenta que en su biblioteca tiene –entre varios clásicos Latinoamericanos-- un libro que se titula… La montaña es algo más que una inmensa estepa verde.
Recuerdo párrafos de memoria, y pienso que hoy hay algo de ese lenguaje que puede sonar raro, hasta retrógrado. Pienso en el setentismo dosmilunero y en cuántas cosas han cambiado en los últimos años. Siento que habría que reescribir completos algunos párrafos de ese libro, incluso intervenir todo el libro, si de verdad pensamos que en las reescrituras hay un profundo juego de invención, donde se experimenta una sensación de libertad y se apuesta por desquiciar los modelos.

Escena tres:
Releo los extractos del relato de Omar Cabezas que solíamos leer junto a Darío Santillán y el grupúsculo con que el intentábamos hacer del Conurbano nuestra Sierra Maestra. Tello, uno de los jefes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, se enfrenta a la tropa de insurgentes amotinada. Los milicianos expresan que no pueden cargar una cantidad de alimentos. Están en alguna montaña perdida de Nicaragua. Tienen hambre, frío, cansancio. No desgano, porque están firmes en la lucha los muchachos. Sin embargo, él se enfurece, los insulta: “Son unas mujercitas… son unos maricas…”, les dice. Luego trata de persuadirlos, adoctrinarlos, y les da un discurso.


“Compañeros” –dice-- ustedes han oído hablar del hombre nuevo… ¿Y ustedes saben dónde está el hombre nuevo…? El hombre nuevo está en el futuro, pues es el hombre que queremos formar con la nueva sociedad, cuando triunfe la revolución… ´no hermanos´, dice: ¿Saben dónde está? Está allá en el borde, en la punta del cerro que estamos subiendo… está allá, agárrenlo, encuéntrelo, búsquenlo, consíganlo. El hombre nuevo está más allá de donde está el hombre normal… más allá del cansancio de las piernas… del cansancio de los pulmones… más allá de la lluvia… de los zancudos… de la soledad. El hombre nuevo está ahí, en el plus-esfuerzo. Está ahí en donde el hombre normal empieza a dar más que el hombre normal. Donde el hombre empieza a dar más que el común de los hombres. Cuando el hombre comienza a olvidarse de su cansancio, a olvidarse de él, cuando se empieza a negar a él mismo… Ahí está el hombre nuevo. Entonces, si están cansados, si están rendidos, olvídense de eso, suban el cerro y cuando lleguen allí ustedes van a tener un pedacito del hombre nuevo. El hombre nuevo lo vamos a comenzar a forjar aquí. Aquí se empieza a formar el hombre nuevo, porque el Frente tiene que ser una organización de hombres nuevos que cuando triunfen puedan generar una sociedad de hombres nuevos… Así que si no son teorías y en realidad quieren ser hombres nuevos, alcáncelo…”.
Cabezas cuenta que luego de eso, todos quisieron ser como el Che. Que se dieron cuenta de que el hombre nuevo se construye a costa de sacrificios y penalidades y que, mientras el hombre no se muera o caiga desmayado, siempre puede dar más. Ergo: cargaron las bolsas y subieron el cerro.

Escena cuatro:
Octubre del 19, día 8.
La fácil es moralizar al texto, a su autor, a la organización que integró, me digo.
Lo difícil es sumergirse en el texto, intentar contextualizarlo, sumergirse en la época.
Lo complicado –pienso finalmente-- es hacer ese proceso y no quedarse sumergido allí.
¿Quién en el campo de las izquierdas puede hoy hablar esa lengua, arengar de ese modo, no dar cuenta de la necesidad de inventar nuevos modos de nombrar?, me pregunto.
Así y todo, pienso que el concepto de “Hombre nuevo” del que hablaba Ernesto Che Guevara, su búsqueda por conquistarlo, que movilizó a fracciones enteras de militancias de los pueblos del mundo, merece ser resignificado. En otras coordenadas, por supuesto, que puedan sustraerse un poco de ese afán sacrificial tan típico de la tradición religiosa.
Creo que hay todo un trabajo que en las últimas décadas los feminismos y luchas de la diversidad han venido haciendo para poner en cuestión no sólo los modos de nombrar, sino también de actuar, de relacionarse. Hay toda una “política menor” que en el nuevo milenio cobró cada vez más fuerza dentro de los movimientos populares, y seguramente hoy un Néstor Perlongher, o una Aliacia Euguren, no se sentirían tan solxs.
Me queda, de Guevara, y de las luchas de Nuestra América y el mundo que inspiró –de todos modos-- la imagen de una apuesta aún sin concretar: la búsqueda por conquistar una nueva humanidad.
Sin modelos sustanciales, sin figuras fuertes, sin retóricas profundas, las apuestas por cambiar todo lo que tenga que ser cambiado, porque nada de la humanidad nos resulte ajeno, siguen en la demora de una apuesta que las reactualice.
Una nueva izquierda –no gorila, popular, profundamente radical—deberá apostar, seguramente, por intentar forjar una nueva humanidad en medio de la vida cotidiana, con su multiplicidad de contradicciones, dificultades y problemas; cuestión insoslayable de un proyecto revolucionario, que aspire no sólo a gestar cortes con el mundo tal como está, rupturas profundas con el orden establecido, sino también que aspire a repolitizar la cotidianidad.
Allí, con Guevara, seguramente podremos reencontrarnos, en ese secreto compromiso de encuentro intergeneracional del que alguna vez habló Walter Benjamin. Para abrir una grieta. Plantear algo nuevo. Otra cosa… ¿Seremos capaces? Ya veremos. Que el futuro diga.


lunes, 7 de octubre de 2019

Entrevista a Pablo Semán

“El peronismo no es ni un destino ni una fatalidad”

Por Mariano Pacheco


Pablo Semán es sociólogo y antropólogo especializado en culturas populares y religión. Es profesor del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). En esta conversación con revista Zoom reflexiona sobre el peronismo y el macrismo, las mutaciones de la cultura obrera y del mundo popular en la posdictadura, el kirchnerismo y las posibilidades de ser del “Fernandismo”.


Para empezar, te diría si podes compartir alguna reflexión en torno al peronismo en la posdictadura, teniendo en cuenta sus mutaciones tras la muerte de Perón, el terrorismo de Estado, su proeso de “pejotización”, etcétera.

Empiezo mucho más atrás: la realidad del peronismo posterior a 1955, sino la de siempre, ha sido la fragmentación y la pluralidad. Variable en su intensidad, manifestación y resoluciones, pero fragmentación al fin. Incluso durante el menemismo, en su etapa de indiscutibilidad, hubo una fragmentación latente, y la tuvo durante la época de indiscutibilidad del kirchnerismo. Por efectos de una historia que le permite acumular recursos institucionales, organizacionales, económicos e identitarios, el peronismo tiene casi asegurado un mínimo de relevancia histórica, pero el peronismo no es ni un destino ni una fatalidad y no lo digo como un detractor sino pensando en que ha sido, como lo es hoy, un dique de contención a una dinámica de disolución. No me gusta pensar en términos metafísicos algo asi como “siempre nos quedará el peronismo”, no abusemos de recursos si no vamos a asegurar su renovación. El peronismo vuelve porque hasta acá ha sabido reconstituirse. Hay experiencias políticas del mismo nivel de pregnancia histórica que no lograron reconstituirse y se disolvieron en sus fragmentos, como el varguismo o, por ahora, el PRI, o las alianzas democrático-populares que pudieron gobernar en países europeos.
Uno de los secretos de las reconstituciones peronistas anida en que el peronismo integra sus versiones del pasado con los presentes que dejan otras experiencias políticas que fracasan en el gobierno (incluso puede integrar los fracasos de su propia experiencia política en un recorrido determinado). Eso hace que el peronismo que se reconstituye y llega a triunfos nunca sea el mismo que fue antes. En la actualidad el peronismo ha logrado reconstituirse como opción electoral y política integrando los kirchnerismos, los peronismos y cada vez más, aunque con desconfianza, el antimacrismo que es mucho más extenso que el peronismo. El kirchnerismo en el gobierno extendió la peronización de los sectores populares que podría haberse debilitado por distintas situaciones históricas, y peronizó o reperonizó a una parte de los sectores medios. Y los re-peronizo o peronizo en terminos kirchneristas, que muchas veces son tan indelebles (aunque no sé, pero váyase a saber, si tan extensos) como lo fue el peronismo “histórico”. El peronismo que se recreó durante el macrismo y que desemboca en el Frente de Todos suma los peronismos del pasado con los peronismos que creó el macrismo, con el anti-macrismo que emerge después de casi un lustro de agresión política y económica a la sociedad. En ese sentido el Frente de Todos es una experiencia novedosa porque puso en el centro el tema de la unidad de una forma que, respecto de otras circunstancias, parece ser más elaborada, más dialógica, más consciente de los peligros de la división y de las potencias negativas de la verticalización permanente e indiscutible. Yo a veces me tome a broma el tema de la unidad porque me parecía ver una especie de demagogia extorsiva de la unidad, pero ha sido mucho más que eso. Hay un grupo de dirigentes que coopera más de lo que confronta entre sí, que ve el abismo ante el cual se encuentra la sociedad argentina, y que habla de igual a igual. No como amigos, tampoco como soldados, sino como dirigentes políticos de un proceso que les exige coordinación, responsabilidad con la sociedad y con la fuerza política que han logrado constituir. Es casi una bendición que tengamos eso.



¿El macrismo hizo lo suyo en estos años, no?

Cuando digo que las dinámicas económico sociales que el macrismo habilitó crean una insatisfacción generalizada, que en parte asume sus demandas, sus conflictos como “pueblo”, quiero decir en realidad algo más amplio que remite a la dinámica expoliadora y depredadora de nuestro capitalismo, a la que el tiempo del kirchnerismo alcanzo a ponerle apenas un coto relativo y en parte frágil. Es decir: que estamos ante una dinámica en que se acumulan exclusiones y demandas, desde mediados de los años 70 a hoy, no hacen más que incrementarse en el marco de una degradación general que se expresan en índices de pobreza y desempleo (y también en la calidad del empleo), acceso a bienes públicos, etcétera. Por suerte esa no es la única realidad de los sectores populares: también hay que contar las múltiples formas de organización defensiva reivindicante que ha sido el contrapunto necesario de algunos esfuerzos de la política pública en los años del kirchnerismo. Y tampoco deberíamos dejar de vincular esa capacidad crítica a muy diversas expresiones feministas que, por un lado, fueron el relevo de una dinámica de luchas, y por el otro, ampliaron la agenda de reivindicaciones y el repertorio de lucha de un conjunto de heterogeneidades que componen el mosaico de los subalternos y encuentran en esa experiencia claves para elaborar estrategias de organización y acción política.


El “mundo popular”… ¿qué pasa con el sujeto social y la cultura popular en estas décadas? Digo: si pensamos estos temas en su diferencia con la relativa “cultura obrera” que podía existir en una sociedad más homogénea, como la Argentina previa al Golpe de Estado de 1976,
¿qué sociedad nos deja el macrismo?

El mundo popular es un mundo heterogéneo y al mismo tiempo agredido sin pausa y cada vez más gravemente por el gobierno: las declaraciones de Pichetto (asociando villas y drogas y pidiendo que sean dinamitadas) no son un exabrupto. Son la verdad a voces del personal político del gobierno y la consecuencia lógica de su percepción acerca del mundo popular.

La fragmentación del mundo popular implica que es muy difícil encontrar la forma de unificar reclamos, políticas y expectativas entre, por ejemplo, piqueteros, taxistas, comerciantes con locales y manteros. La heterogeneidad tiene divisores durísimos como la localización espacial: para muchísimos argentinos nacer en una provincia pobre es casi una condena a la pobreza sin contar que también refuerzan esas condenas la lógica de las asignaciones sexogenéricas, la sospecha puesta en el “fenotipo” o en las costumbres. Y estas divisiones están correlacionadas con una multiplicidad de estilos de acción y expectativas que sólo la política puede compatibilizar si asume que que su tarea es mas producir un proceso de agregación y coordinación que el de producir una figura de síntesis. Subrayo: esta última tarea no es por completo innecesaria, pero es necesario asumir la primera tarea que señalo.

El mundo popular es, al mismo tiempo, y por suerte, un mundo de organizaciones que han ayudado a que el empobrecimiento y la violencia dirigida contra algunos grupos no hayan derivado en un repertorio de acciones desesperadas. Es necesario insistir hasta qué punto el mundo popular es un mundo de militancias de muy variados y, a veces, de nuevos tipos: ya no se trata solo de las organizaciones de los “excluidos” que son una novedad frente los “tradicionales” sindicatos. También están las organizaciones de mujeres, las que hacen reclamos ambientales, los organizaciones políticas de la izquierda independiente vinculadas al kirchnerismo y, porque no, las formas de organización popular vinculadas a muy diversas experiencias religiosas o culturales por solo nombrar a una mínima parte. Una parte del mundo popular , que vive un proceso de décadas de degradación de sus expectativas intercalado por procesos de movilidad social espuria o volátil (basados más en transferencias monetarias que en la creación de bienes públicos), sufre además procesos de ataque a su identidad y su existencia misma. En ese sentido es necesario decir que el macrismo ha preconizado la guerra de clases en su versión de los “meritorios” (básicamente herederos) contra los que para ellos son inviables y que eso deja en nuestra sociedad un rastro de violencia y dolor que todavía no sabemos cuánto nos va a costar superar.
Es así que el macrismo deja una sociedad materialmente empobrecida, con más enfrentamientos económicos y simbólicos que los que existían al inicio de su mandato. Ni unieron a los argentinos, ni combatieron la pobreza, ni crearon condiciones para dejar de crear cada vez más pobreza. En un sentido que podría parecer exagerado, se podría decir que nos dejan en “emergencia nacional”, si consideramos que la sociedad piensa, de muy distintas formas, y con bastante fundamento, que vivimos una crisis inusitada. Una sociedad que está en emergencia alimentaria a pesar de producir alimentos para cuatrocientos millones de personas y en la que los que decidieron las políticas que crearon pobreza y desempleo generalizados durante doce años seguidos (de 1989 a 2001), culpan a los desempleados y a sus hijos de “no ser empleables”, de no esforzarse de no querer trabajar. Esa es una sociedad donde sin duda hay sujetos muy poderosos que están preconizando alguna forma de exterminio aunque no lo digan en voz alta. En una sociedad en que una parte piensa que no merecen estar todos, la idea de que “es con todos” y, que de aquí no se va nadie, de que nos tenemos que arreglar entre todos, es balsámica, y es una forma de contrastar el proyecto excluyente. El proceso político de unidad del peronismo y del conjunto de la oposición, la formulación de un diálogo político y social más amplio que esa oposición --o sea, el proceso que ha pasado por la candidatura de Alberto Fernández y que hoy intenta liderar un conjunto amplio de dirigentes peronistas junto a Fernández-- tiene un carácter indudablemente positivo. El macrismo nos deja en el grado cero de la vida social, casi, casi en la guerra: el gobierno que viene tiene el desafío de reestablecer parámetros más altos de integración.



Por último, quisiera preguntarte: ¿se puede pensar al Fernandismo como un Gobierno Popular? ¿Qué contradicciones anidan en la alianza entre Alberto y el peronismo más clásico, por un lado, y Cristina y el kirchnerismo más progresista, por el otro?

Si la promesa política implícita de la unidad que es la reparación se consuma tal vez haya Albertismo. Tengo la impresión de que Alberto Fernández entiende esto muy bien: el Albertismo vendrá por añadidura, como resultado y no como búsqueda. Pero en todo caso, el Frente de Todos es una alianza más amplia que el kirchnerismo aunque no es su simple negación. Las acciones del futuro gobierno están signadas por la necesidad de compatibilizar las dinámicas de acuerdos con las de conflicto. Importa más resolver este problema que le nombre de la solución.Y esto contiene una complejidad específica: frente a una derecha que se ha identificado cada vez más con gritos y programas de guerra el primer conflicto es imponer una dinámica de acuerdos. Será todo un logro hacer que seamos una sociedad y no una economía o un campo de batalla. En este sentido la emergencia alimentaria es una cuestión que va mucho más allá de la urgencia inmediata: hay que cifrar en la emergencia alimentaria algo relativo a los derechos, la ciudadanía y al arco de solidaridad que se supone que hace a una nación. Y esto no quiere decir que se suspendan otras cuestiones relativas a los derechos de los ciudadanos, pero sí que el de la emergencia alimentaria sea talvez el terreno en que más urgentemente se puede y debe dar una tarea para recomponernos como comunidad. Un planteo como este engendra un poco de intranquilidad en compañeros que creen que la política se estaría abandonando a una ilusión consensualista. Pero no es así: el conflicto principal de este momento es con la pretensión más o menos explícita de que se trate como redundante a una buena parte de la población. Y ese conflicto no tiene que tener necesariamente, mejor que no incluso, la forma de la grieta. No es que sin la grieta nos morimos: encontraremos otra forma de constituir y dirimir nuestros conflictos.
El desafío del próximo gobierno y su fuerza política es construir las disputas en las que pueda ganar: elaborar estrategias de tensión que no se abandonen al “que sea lo que Dios quiera porque total la derecha reacciona en contra hagas lo que hagas”. La estrategia argumental que diluye las especificidades de Brasil, Bolivia, Venezuela o Argentina en una generalidad y, en nombre de esa generalidad , se autoriza a cualquier conflicto porque total el resultado es cuestión de lotería y de perseverancia, y de que al final la historia nos absolverá, está siendo superada por la elaboración de la complejidad de los conflictos, por el diseño de escenarios en que dividir y bifurcar sea una maniobra que permita formar mayorías y acorralar a la minoría violenta que hoy por hoy es el macrismo. Partir al medio para quedarse con la mitad más chica no puede ser la opción de un gobierno popular: ni para sentar jurisprudencia que además es uan manera de hacer política no siempre conveniente. Por otro lado hay que saber que el futuro gobierno podrá afrontar más tensiones internas que las que contuvo el kirchnerismo porque ese es el precio y el beneficio de la unidad que, insisto, tiene un nivel político obvio (el Frente de Todos), pero tiene, también, otro nivel de unidad política que esta expresado en la posición anti-grieta de Fernández, y en una apuesta a gestar diálogos amplísimos para la formulación de políticas públicas en esta situación de emergencia social y económica profunda por la que atravesamos. 

*Nota publicada en revista Zoom, 7/10/2019. 

viernes, 4 de octubre de 2019

INFORME SANTA FE EN PROFANAS PALABRAS


Entrevistas de Mariano Pacheco a referentes de organizaciones populares de las ciudades de Santa Fe y Rosario,


SANTA FE: las experiencias del Bachillerato Popular "La Vuelta del Paraguayo", impulsado por Proyecto Revuelta en 2015, quienes en la actualidad reclaman la oficialización de esta experiencia de educación popular; del Centro Cultural y Social El Birri, quienes denuncian la desidia del Estado frente al incendio de este espacio que ya lleva más de una década de funcionamiento; de la Coordinadora de la Costa, que viene poniendo en discusión los modos en que se quiere vivir y habitar la urbe y la experiencia de Barrio 88, un partido político municipal que en 2019 obtuvo su primer concejal, tras presentarse por primera vez en la disputa electoral en 2017, luego de haberse fundado en 2015. Los testimonios de Irma Belkis, Juan Gianfelici, Marisa Ramos y Cecilia Rossini.
ROSARIO: a través de la voz de Vicky Nardi, del Centro de Día La Posta, repasamos el trabajo con jóvenes a partir del cual surgió el "Diccionario de la yeca", y con el testimonio de Jesica Pellegrini  (abogada, integrante de Ciudad futura), damos cuenta del proceso de resistencia emprendido frente a los intentos de desalojo del Tambo La Resistencia.

MARIANO PACHECO (Conducción)
PABLO CERVIGNI (asistente de sonido)


PROFANAS PALABRAS.
Pasado y Presente de la Argentina y El Mundo.

 
El programa se emite en vivo, todos los martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia. Programa emitido el 24 de septiembre de 2019.

jueves, 3 de octubre de 2019

Video-reseña de Deleuze, Marx y la política en Profanas Palabras

Comentario del libro de Nicholas Thoburn

Por Mariano Pacheco



"Este libro tiene una premisa sencilla: Deleuze y Guattari son pensadores comunistas".
Con estas palabras Nicholas Thoburn comienza su libro Deleuze, Marx y la política, recientemente publicado en Argentina por Editorial Marat, con traducción al castellano y notas de Juan Salzano.
Un nuevo insumo para seguir profundizando una serie de reflexiones en las que tantxs nos encontramos hace ya varios años: leer a Deleuze desde Marx, y a Guattari desde Lenin.

PROFANAS PALABRAS. 
Pasado y presente de la Argentina y El Mundo.

Martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia.