Don
Federico, uno de los primeros poetas y dramaturgos que leí en mi vida. Aún
conservo en uno de los estantes de mi biblioteca el ejemplar de “Antología
poética” y de “Bodas de sangre”.
En mayo
tuve la oportunidad de arrimarme a la Residencia de Estudiantes de Madrid,
donde el escritor vivió en una habitación hasta finales de 1928 (y donde
conoció, entre otros, a Luis Buñuel y Salvador Dalí).
La
exposición, curada por los investigadores Andrew Anderson, Melissa Dinverno y
Christopher Maurer, se organizó en cinco secciones, con manuscritos, bocetos,
fotografías, cartas, dibujos, vídeos, expedientes de censura, vestuario
original. “Golpe, guerra y ruptura”; “Rutas del exilio”; “El largo regreso”; “Caminos
de apertura”; “Hacia el futuro” son los nombres de las secciones en las que se
presentaron más de 350 objetos.
Este minucioso trabajo de selección de materiales emprendido por una familia persistente en preservar una memoria frente al destructivo y homicida fascismo, inspira en mi búsqueda empecinada de archivista y genealogista una inquietud en torno a ese enigma que aún ha quedado sin resolver: ¿existen grabaciones de Lorca en su paso por radios de Buenos Aires?


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