viernes, 11 de septiembre de 2026

Sarmiento, el gran escritor



Sarmiento, el político que no tenía empacho en “ahorrar sangre de gaucho”, fue al mismo tiempo un gran escritor.

“Facundo” es un libro increíble, ayer lo releí un buen rato para preparar una columna de radio y reparé en que su inicio, de algún modo, es precursor del comienzo de “A sangre fría” de Truman Capote; es un texto que no sólo puede leerse como ensayo, crónica de época, perfil o biografía, sino también como relato de no-ficción.

Sus tres primeros capítulos son para releer una y otra vez: las figuras del rastreador, el baqueano, el cantor, el gaucho malo; su idea de que las ciudades son enclaves de civilización en medio del desierto, que el mal de la Argentina es su extensión, todo puede discutirse en su perspectiva político-ideológica pero no en lo brillante de la construcción del relato.

Me quedo acá y comparto dos breves extractos de dos maestros de la crítica y el ensayismo:

 

“Es sin duda el fundador de una escritura nacional y de una construcción de su propia biografía en el mismo acto de proceder a la polémica, de ser polémico en su misma esencia. Las polémicas fundan naciones. Y en el caso de Sarmiento, fundan un tipo específico de burgués que organiza su pensamiento y su ética personal alrededor de la confianza productiva de sus medios de expresión… movimientos de su escritura, que hacen del Facundo un escrito desmesurado que todavía nos sorprende”.

(Horacio González, “sarmiento y nosotros”).

  

Facundo es un caso claro (el más claro diría en toda la literatura argentina) de un texto escrito con una finalidad práctica y extraliteraria que ha ido ganando espacio en la literatura hasta convertirse en un clásico. Los procedimientos de construcción se han hecho más nítidos y han subordinado a los contenidos políticos y a las declaraciones ideológicas. Por una paradoja que es típica en la historia de la literatura este escritor panfletario y comprometido se ha convertido hoy en un escritor para escritores y el Facundo es un laboratorio de formas y de registros estilísticos y de resoluciones narrativas”

(Ricardo Piglia, “Lectura enemiga”).

 

El otro gran texto de Piglia es “Sarmiento, escritor”.

 

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