domingo, 11 de octubre de 2026

Spinoza en teatro


Pensar en español desde Holanda. Las marcas del lenguaje en la infancia. Las marcas de la humillación y la cercanía de la muerte que constituyen una determinada sensibilidad ya desde los tempranos años de una vida.


Una madre que lee a su hijo por las noches, en un dulce español. Un Baruch con su madre ya muerta que ve a un hombre ser azotado en una sinagoga. El propio Spinoza, ya joven, “marcado” por pintura roja en el frente de su casa antes de ser excomulgado y luego casi asesinado. Suerte, la del “casi”, que no tuvieron los progresistas hermanos de Witt, asesinados por una turba conservadora.


“Las personas son brutales con quien está caído. Viven contraídas en el miedo, por eso maldicen y calumnian. Maldecir a otros es una forma de protegerse”, le dice el pintor Remdrandt a Baruch, quien a su vez insta al “maestro” a irse a Pernambuco: “empezaríamos una vida nueva entre gente que quizás no es como la que observas”. Irse a Brasil, hablar en español. Una lengua menor, un pueblo que no existe todavía y un profundo anhelo de justicia. “También el Quijote, libro que te gusta tanto, hubiera querido ir a América”, le dice a Baruch su media hermana Rebeca.


Dormir como un filósofo. La cama donde otros miembros de la familia han muerto o han nacido, la cama que Baruch toma como elemento de disputa. “Dormir en donde durmieron otros antes”. El sueño, la vida, la tradición y la invención. La austeridad y la cautela. Una cama y un taburete, dos sillas y un tablero de ajedrez, un taburete para pulir lentes y eso sí, unos cuantos libros y centenares de apuntes.


El anacronismo y los cruces temporales. Los días de la peste: ¿siglo XVII o XXI? Un “Saúl oriental” pintado por Rembrandt, pero que bien “podría haber sido chino o negro” (hoy podríamos decir: “un palestino”). Un Baruch que dice: “el pueblo está sediento de sangre. Usa la religión para odiar y para linchar”. ¿Cómo no pensar en el sionismo y el ataque terrorista perpetrado por el Estado de Israel en Gaza? Spinoza y nosotres, su actualidad.


Comencé a leer este libro sobre Spinoza en el teatro en Buenos Aires, lo terminé en Madrid, tomé algunos apuntes sobre él tras mi retorno a la Argentina, para hacer una columna en la radio y después de algunos meses me topé con ellos de casualidad, buscando otra cosa, como suele suceder. Conocí a Jorge Eines y su Escuela de Teatro durante el viaje, leí libros de Diego Tatián sobre Spinoza durante los últimos 15 años de mi vida, y no dejo nunca de sorprenderme, de encontrar algo nuevo, de volver sobre lo ya visto desde otra perspectiva.


Tatián y Eines, teatro y filosofía. El diálogo como “territorio común y puente entre campos”, como señala Jorge Dubatti en el prólogo a esta publicación de Red editorial, a quien no dejo de agradecer por el envío del ejemplar y a les amigues de La Libre por hacer de nexo.


La postal es de esta bella librería del barrio porteño de San Telmo, de donde pasé a retirar hace unos meses El susurro del marrano (Spinoza en teatro). Ojalá pronto estas líneas sean llevadas a los escenarios.

 


 

 

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