lunes, 26 de mayo de 2014

El largo adiós del Sub Comandante Marcos

Las últimas palabras públicas del vocero zapatista



En La Realidad, Planeta Tierra.
Mayo del 2014.
Compañera, compañeroa, compañero:
Buenas noches, tardes, días en cualesquiera que sea su geografía, su tiempo y su modo.
Buenas madrugadas.
Quisiera pedirles a las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta que vienen de otras partes, especialmente a los medios libres compañeros, su paciencia, tolerancia y comprensión para lo que voy a decir, porque éstas serán mis últimas palabras en público antes de dejar de existir.
Me dirijo a ustedes y a quienes a través de ustedes nos escuchan y miran.
Tal vez al inicio, o en el transcurso de estas palabras vaya creciendo en su corazón la sensación de que algo está fuera de lugar, de que algo no cuadra, como si estuvieran faltando una o varias piezas para darle sentido al rompecabezas que se les va mostrando. Como que de por sí falta lo que falta.
Tal vez después, días, semanas, meses, años, décadas después se entienda lo que ahora decimos.
Mis compañeras y compañeros del EZLN en todos sus niveles no me preocupan, porque de por sí es nuestro modo acá: caminar, luchar, sabiendo siempre que siempre falta lo que falta.
Además de que, que no se ofenda nadie, la inteligencia de l@s compas zapatistas está muy por arriba del promedio.
Por lo demás, nos satisface y enorgullece que sea ante compañeras, compañeros y compañeroas, tanto del EZLN como de la Sexta, que se da a conocer esta decisión colectiva.
Y qué bueno que será por lo medios libres, alternativos, independientes, que este archipiélago de dolores, rabias y digna lucha que nos llamamos “la Sexta” tendrá conocimiento de esto que les diré, donde quiera que se encuentren.
Si a alguien más le interesa saber qué pasó este día tendrá que acudir a los medios libres para enterarse.
Va pues. Bienvenidas y bienvenidos a la realidad zapatista.
I.- Una decisión difícil.
Cuando irrumpimos e interrumpimos en 1994 con sangre y fuego, no iniciaba la guerra para nosotras, nosotros los zapatistas.
La guerra de arriba, con la muerte y la destrucción, el despojo y la humillación, la explotación y el silencio impuestos al vencido, ya la veníamos padeciendo desde siglos antes.
Lo que para nosotros inicia en 1994 es uno de los muchos momentos de la guerra de los de abajo contra los de arriba, contra su mundo.
Esa guerra de resistencia que día a día se bate en las calles de cualquier rincón de los cinco continentes, en sus campos y en sus montañas.
Era y es la nuestra, como la de muchos y muchas de abajo, una guerra por la humanidad y contra el neoliberalismo.
Contra la muerte, nosotros demandamos vida.
Contra el silencio, exigimos la palabra y el respeto.
Contra el olvido, la memoria.
Contra la humillación y el desprecio, la dignidad.
Contra la opresión, la rebeldía.
Contra la esclavitud, la libertad.
Contra la imposición, la democracia.
Contra el crimen, la justicia.
¿Quién con un poco de humanidad en las venas podría o puede cuestionar esas demandas?
Y en ese entonces muchos escucharon.
La guerra que levantamos nos dio el privilegio de llegar a oídos y corazones atentos y generosos en geografías cercanas y alejadas.
Faltaba lo que faltaba, y falta lo que falta, pero conseguimos entonces la mirada del otro, su oído, su corazón.
Entonces nos vimos en la necesidad de responder a una pregunta decisiva:
“¿Qué sigue?”
En las tétricas cuentas de la víspera no entraba la posibilidad de plantearnos pregunta alguna. Así que esa pregunta nos llevó a otras:
¿Preparar a los que siguen en la ruta de la muerte?
¿Formar más y mejores soldados?
¿Invertir empeños en mejorar nuestra maltrecha maquinaria de guerra?
¿Simular diálogos y disposición para la paz, pero seguir preparando nuevos golpes?
¿Matar o morir como único destino?
¿O debíamos reconstruir el camino de la vida, ése que habían roto y siguen rompiendo desde arriba?
El camino no sólo de los pueblos originarios, también de trabajadores, estudiantes, maestros, jóvenes, campesinos, además de todas las diferencias que se celebran arriba, y abajo se persiguen y se castigan.
¿Debíamos inscribir nuestra sangre en el camino que otros dirigen hacia el Poder o debíamos voltear el corazón y la mirada a los que somos y a los que son lo que somos, es decir los pueblos originarios, guardianes de la tierra y la memoria?
Nadie lo escuchó entonces, pero en los primeros balbuceos que fueron nuestras palabras advertimos que nuestro dilema no estaba entre negociar o combatir, sino entre morir o vivir.
Quien hubiera advertido entonces que ese temprano dilema no era individual, tal vez hubiera entendido mejor lo que ha ocurrido en la realidad zapatista los últimos 20 años.
Pero les decía yo que nos topamos con esa pregunta y ese dilema.
Y elegimos.
Y en lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo.
En lugar de construir cuarteles, mejorar nuestro armamento, levantar muros y trincheras, se levantaron escuelas, se construyeron hospitales y centros de salud, mejoramos nuestras condiciones de vida.
En lugar de luchar por ocupar un lugar en el Partenón de las muertes individualizadas de abajo, elegimos construir la vida.
Esto en medio de una guerra que no por sorda era menos letal.
Porque, compas, una cosa es gritar “no están solos” y otra enfrentar sólo con el cuerpo una columna blindada de tropas federales, como ocurrió en la zona de Los Altos de Chiapas, y a ver si hay suerte y alguien se entera, y a ver si hay un poco más de suerte y el que se entera se indigna, y otro poco más de suerte y el que se indigna hace algo.
En el entretanto, las tanquetas son frenadas por las mujeres zapatistas, y a falta de parque fue con mentadas de madre y piedras que la serpiente de acero tuvo que echarse para atrás.
Y en la zona norte de Chiapas, padecer el nacimiento y desarrollo de las guardias blancas, recicladas entonces como paramilitares; y en la zona Tzotz Choj las agresiones continuas de organizaciones campesinas que de “independientes” a veces ni el nombre tienen; y en la zona de la Selva Tzeltal la combinación de paramilitares y contras.
Y una cosa es gritar “todos somos marcos” o “no todos somos marcos”, según el caso o cosa, y otra la persecución con toda la maquinaria de guerra, la invasión de poblados, el “peinado” de montañas, el uso de perros adiestrados, las aspas de los helicópteros artillados alborotando los copetes de las ceibas, el “vivo o muerto” que nació en los primeros días de enero de 1994 y alcanzó su nivel más histérico en 1995 y el resto del sexenio del ahora empleado de una trasnacional, y que esta zona de Selva Fronteriza padeció desde 1995 y a la que se suma después la misma secuencia de agresiones de organizaciones campesinas, uso de paramilitares, militarización, hostigamiento.
Si hay algún mito en todo esto no es el pasamontañas, sino la mentira que repiten desde esos días, incluso retomada por personas con altos estudios, de que la guerra contra los zapatistas sólo duró 12 días.
No haré un recuento detallado. Alguien con un poco de espíritu crítico y seriedad puede reconstruir la historia, y sumar y restar para sacar la cuenta, y decir si fueron y son más los reporteros que los policías y soldados; si fueron más los halagos que las amenazas e insultos, si el precio que se ponía era para ver el pasamontañas o para capturarlo “vivo o muerto”.
En esas condiciones, algunas veces sólo con nuestras fuerzas y otras con el apoyo generoso e incondicional de gente buena de todo el mundo, se fue avanzando en la construcción aún inacabada, es cierto, pero ya definida de lo que somos.
No es entonces una frase, afortunada o desafortunada, según se le vea desde arriba o desde abajo, la de “aquí estamos los muertos de siempre, muriendo de nuevo, pero ahora para vivir”. Es la realidad.
Y casi 20 años después…
El 21 de diciembre del 2012, cuando la política y el esoterismo coincidían, como otras veces, en predicar catástrofes que siempre son para los de siempre, los de abajo, repetimos el golpe de mano del 1 de enero del 94 y, sin disparar ni un solo tiro, sin armas, con nuestro solo silencio, postramos de nuevo la soberbia de las ciudades cuna y nido del racismo y el desprecio.
Si el primero de enero de 1994, miles de hombres y mujeres sin rostro atacaron y rindieron las guarniciones que protegían las ciudades, el 21 de diciembre del 2012 fueron decenas de miles que tomaron sin palabras los edificios desde donde se celebraba nuestra desaparición.
El sólo hecho inapelable de que el EZLN no sólo no se había debilitado, mucho menos desaparecido, sino que había crecido cuantitativa y cualitativamente hubiera bastado para que cualquier mente medianamente inteligente se diera cuenta de que, en esos 20 años, algo había cambiado al interior del EZLN y de las comunidades.
Tal vez más de alguno piense que nos equivocamos al elegir, que un ejército no puede ni debe empeñarse en la paz.
Por muchas razones, cierto, pero la principal era y es porque de esa forma terminaríamos por desaparecer.
Tal vez es cierto. Tal vez nos equivocamos al elegir cultivar la vida en lugar de adorar a la muerte.
Pero nosotros elegimos no escuchando a los de afuera. No a quienes siempre demandan y exigen la lucha a muerte, mientras los muertos los pongan otros.
Elegimos mirándonos y escuchándonos, siendo el Votán colectivo que somos.
Elegimos la rebeldía, es decir, la vida.
Eso no quiere decir que no supiéramos que la guerra de arriba trataría y trata de imponer de nuevo su dominio sobre nosotros.
Supimos y sabemos que una y otra vez habremos de defender lo que somos y como somos.
Supimos y sabemos que seguirá habiendo muerte para que haya vida.
Supimos y sabemos que para vivir, morimos.
II.- ¿Un fracaso?
Dicen por ahí que no hemos logrado nada para nosotros.
No deja de sorprender que se maneje con tanto desparpajo esta posición.
Piensan que los hijos e hijas de los comandantes y comandantas deberían disfrutar de viajes al extranjero, de estudios en escuelas privadas y luego de altos puestos en la empresa o la política. Que en lugar de trabajar la tierra para arrancarle con sudor y empeño el alimento, deberían lucirse en las redes sociales divirtiéndose en los antros, exhibiendo lujos.
Tal vez los subcomandantes deberían procrear y heredar a sus descendientes los cargos, las prebendas, los templetes, como hacen los políticos de todo el espectro.
Tal vez deberíamos, como los dirigentes de la CIOAC-H y de otras organizaciones campesinas, recibir privilegios y paga en proyectos y apoyos, quedarnos con la mayor parte y dejar a las bases sólo unas migajas, a cambio de que cumplan las órdenes criminales que vienen de más arriba.
Pero es cierto, no hemos logrado nada de eso para nosotros.
Difícil de creer que, 20 años después de aquel “nada para nosotros”, resultara que no era una consigna, una frase buena para carteles y canciones, sino una realidad, la realidad.
Si el ser consecuentes es un fracaso, entonces la incongruencia es el camino del éxito, la ruta al Poder.
Pero nosotros no queremos ir para allá.
No nos interesa.
En esos parámetros preferimos fracasar que triunfar.
III.- El relevo.
En estos 20 años ha habido un relevo múltiple y complejo en el EZLN.
Algunos han advertido sólo el evidente: el generacional.
Ahora están haciendo la lucha y dirigiendo la resistencia quienes eran pequeños o no habían nacido al inicio del alzamiento.
Pero algunos estudiosos no se han percatado de otros relevos:
El de clase: del origen clase mediero ilustrado, al indígena campesino.
El de raza: de la dirección mestiza a la dirección netamente indígena.
Y el más importante: el relevo de pensamiento: del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo; de la toma del Poder de Arriba a la creación del poder de abajo; de la política profesional a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos; de la marginación de género, a la participación directa de las mujeres; de la burla a lo otro, a la celebración de la diferencia.
No me extenderé más sobre esto, porque ha sido precisamente el curso “La Libertad según l@s zapatistas” la oportunidad de constatar si en territorio organizado vale más el personaje que la comunidad.
En lo personal no entiendo por qué gente pensante que afirma que la historia la hacen los pueblos, se espante tanto ante la existencia de un gobierno del pueblo donde no aparecen los “especialistas” en ser gobierno.
¿Por qué les da terror el que sean los pueblos los que manden, los que dirijan sus pasos propios?
¿Por qué mueven la cabeza con desaprobación frente al mandar obedeciendo?
El culto al individualismo encuentra en el culto al vanguardismo su extremo más fanático.
Y ha sido eso precisamente, el que los indígenas manden y que ahora un indígena sea el vocero y jefe, lo que los aterra, los aleja, y finalmente se van para seguir buscando alguien que precise de vanguardias, caudillos y líderes. Porque también hay racismo en la izquierda, sobre todo en la que se pretende revolucionaria.
El ezetaelene no es de ésos. Por eso no cualquiera puede ser zapatista.
IV.- Un holograma cambiante y a modo. Lo que no será.
Antes del amanecer de 1994, pasé 10 años en estas montañas. Conocí y traté personalmente a algunos en cuya muerte morimos un mucho. Conozco y trato desde entonces con otros y otras más que hoy están aquí como nosotros.
Muchas madrugadas me encontré a mí mismo tratando de digerir las historias que me contaban, los mundos que dibujaban con silencios, manos y miradas, su insistencia en señalar algo más allá.
¿Era un sueño el mundo ése, tan otro, tan lejano, tan ajeno?
A veces pensé que se habían adelantado, que las palabras que nos guiaron y guían venían de tiempos para los que no habían aún calendarios, perdidos como estaban en geografías imprecisas: siempre el sur digno omnipresente en todos los puntos cardinales.
Luego supe que no me hablaban de un mundo inexacto y, por lo tanto, improbable.
Ese mundo ya andaba con su paso.
Ustedes, ¿no lo vieron? ¿No lo ven?
No hemos engañado a nadie de abajo. No escondemos que somos un ejército, con su estructura piramidal, su centro de mando, sus decisiones de arriba hacia abajo. No por congraciarnos con libertarios o por moda negamos lo que somos.
Pero cualquiera puede ver ahora si el nuestro es un ejército que suplante o impone.
Y debo decir esto, que ya he pedido la autorización del compañero Subcomandante Insurgente Moisés para hacerlo:
Nada de lo que hemos hecho, para bien o para mal, hubiera sido posible si un ejército armado, el zapatista de liberación nacional, no se hubiera alzado contra el mal gobierno ejerciendo el derecho a la violencia legítima. La violencia del de abajo frente a la violencia del de arriba.
Somos guerreros y como tales sabemos cuál es nuestro papel y nuestro momento.
En la madrugada del día primero del primer mes del año de 1994, un ejército de gigantes, es decir, de indígenas rebeldes, bajó a las ciudades para con su paso sacudir el mundo.
Apenas unos días después, con la sangre de nuestros caídos aún fresca en las calles citadinas, nos dimos cuenta de que los de afuera no nos veían.
Acostumbrados a mirar desde arriba a los indígenas, no alzaban la mirada para mirarnos.
Acostumbrados a vernos humillados, su corazón no comprendía nuestra digna rebeldía.
Su mirada se había detenido en el único mestizo que vieron con pasamontañas, es decir, que no miraron.
Nuestros jefes y jefas dijeron entonces:
“Sólo lo ven lo pequeño que son, hagamos a alguien tan pequeño como ellos, que a él lo vean y por él nos vean”
Empezó así una compleja maniobra de distracción, un truco de magia terrible y maravillosa, una maliciosa jugada del corazón indígena que somos, la sabiduría indígena desafiaba a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación.
Empezó entonces la construcción del personaje llamado “Marcos”.
Les pido que me sigan en este razonamiento:
Supongamos que es posible otra forma de neutralizar a un criminal. Por ejemplo, creándole su arma homicida, hacerle creer que es efectiva, conminarlo a construir, en base a esa efectividad, todo su plan, para, en el momento en que se prepara para disparar, el “arma” vuelva a ser lo que siempre fue: una ilusión.
El sistema entero, pero sobre todo sus medios de comunicación, juegan a construir famas para luego destruirlas si no se pliegan a sus designios.
Su poder residía (ya no, han sido desplazados en eso por las redes sociales) en decidir qué y quién existía en el momento en que elegían qué nombraban y qué callaban.
En fin, no me hagan mucho caso, como se ha demostrado en estos 20 años, yo no sé nada de medios masivos de comunicación.
El caso es que el SupMarcos pasó de ser un vocero a ser un distractor.
Si el camino de la guerra, es decir, de la muerte, nos había tomado 10 años; el de la vida tomó más tiempo y requirió más esfuerzo, por no hablar de sangre.
Porque, aunque no lo crean, es más fácil morir que vivir.
Necesitábamos tiempo para ser y para encontrar a quien supiera vernos como lo que somos.
Necesitábamos tiempo para encontrar a quien nos viera no hacia arriba, no hacia abajo, que de frente nos viera, que nos viera con mirada compañera.
Les decía que empezó entonces la construcción del personaje.
Marcos un día tenía los ojos azules, otro día los tenía verdes, o cafés, o miel, o negros, todo dependiendo de quién hiciera la entrevista y tomara la foto. Así fue reserva en equipos de futbol profesional, empleado en tiendas departamentales, chofer, filósofo, cineasta, y los etcéteras que pueden encontrar en los medios de paga de esos calendarios y en diversas geografías. Había un Marcos para cada ocasión, es decir, para cada entrevista. Y no fue fácil, créanme, no había entonces wikipedia y si venían del Estado Español tenía que investigar si el corte inglés, por ejemplo, era un corte de traje típico de Inglaterra, una tienda de abarrotes, o una tienda departamental.
Si me permiten definir a Marcos el personaje entonces diría sin titubear que fue una botarga.
Digamos que, para que me entiendan, Marcos era un Medio No Libre (ojo: que no es lo mismo que ser un medio de paga).
En la construcción y mantenimiento del personaje tuvimos algunos errores.
“Es de humanos el herrar”, dijo el herrero.
Durante el primer año agotamos, como quien dice, el repertorio de “Marcos” posibles. Así que para inicios de 1995 estábamos en apuros y el proceso de los pueblos estaba en sus primeros pasos.
Así que en 1995 ya no sabíamos cómo hacerle. Pero entonces es cuando Zedillo, con el PAN de la mano, “descubre” a Marcos con el mismo método científico con que encuentra osamentas, es decir, por delación esotérica.
La historia del tampiqueño nos dio aire, aunque el fraude posterior de la Paca de Lozano nos hizo temer que la prensa de paga cuestionara también el “desenmascaramiento” de Marcos y descubriera que era un fraude más. Afortunadamente no fue así. Como ésa, los medios siguieron tragando otras ruedas de molino semejantes.
Un tiempo después el tampiqueño llegó a estas tierras. Junto con el Subcomandante Insurgente Moisés, hablamos con él. Le ofrecimos entonces dar una conferencia conjunta, así podría él librarse de la persecución puesto que sería evidente que no eran Marcos y él la misma persona. No quiso. Vino a vivir acá. Salió algunas veces y su rostro puede encontrarse en las fotografías de los velorios de sus padres. Si quieren pueden entrevistarlo. Ahora vive en una comunidad, en…. Ah, no quiere que sepan dónde mero vive. No diremos nada más para que él, si así lo desea algún día, pueda contar la historia que vivió desde el 9 de febrero de 1995. Por nuestra parte sólo nos queda agradecerle que nos haya pasado datos que cada tanto usamos para alimentar la “certeza” de que el SupMarcos no es lo que es en realidad, es decir, una botarga o un holograma, sino un profesor universitario, originario del ahora doloroso Tamaulipas.
En el entretanto seguíamos buscando, buscándolas, buscándolos a ustedes, a quienes ahora están aquí y a quienes no están aquí pero están.
Lanzamos una y otra iniciativas para encontrar al otro, a la otra, a lo otro compañero. Diferentes iniciativas, tratando de encontrar la mirada y el oído que necesitamos y merecemos.
En el entretanto, seguía el avance de los pueblos y el relevo del que se ha hablado mucho o poco, pero que se puede constatar directamente, sin intermediarios.
En la búsqueda de lo otro, una y otra vez fracasamos.
A quien encontrábamos o nos quería dirigir o quería que lo dirigiéramos.
Había quienes se acercaban y lo hacían con el afán de usarnos, o para mirar hacia atrás, sea con la nostalgia antropológica, sea con la nostalgia militante.
Así para unos éramos comunistas, para otros trotskistas, para otros anarquistas, para otros maoístas, para otros milenaristas, y ahí les dejo varios “istas” para que pongan lo que sea de su conocimiento.
Así fue hasta la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, la más audaz y la más zapatista de las iniciativas que hemos lanzado hasta ahora.
Con la Sexta al fin hemos encontrado quien nos mira de frente y nos saluda y abraza, y así se saluda y abraza.
Con la Sexta al fin los encontramos a ustedes.
Por fin, alguien que entendía que no buscábamos ni pastores que nos guiaran, ni rebaños a los cuales conducir a la tierra prometida. Ni amos ni esclavos. Ni caudillos ni masas sin cabeza.
Pero faltaba ver si era posible que miraran y escucharan lo que siendo somos.
Al interior, el avance de los pueblos había sido impresionante.
Entonces vino el curso “La Libertad según l@s zapatistas”.
En 3 vueltas, nos dimos cuenta de que ya había una generación que podía mirarnos de frente, que podía escucharnos y hablarnos sin esperar guía o liderazgo, ni pretender sumisión ni seguimiento.
Marcos, el personaje, ya no era necesario.
La nueva etapa en la lucha zapatista estaba lista.
Pasó entonces lo que pasó y muchas y muchos de ustedes, compañeras y compañeros de la Sexta, lo conocen de manera directa.
Podrán decir luego que lo del personaje fue ocioso. Pero una revisión honesta de esos días dirá de cuántas y cuántos voltearon a mirarnos, con agrado o desagrado, por los desfiguros de una botarga.
Así que el relevo de mando no se da por enfermedad o muerte, ni por desplazamiento interno, purga o depuración.
Se da lógicamente de acuerdo a los cambios internos que ha tenido y tiene el EZLN.
Sé que eso no cuadra con los esquemas cuadrados que en los distintos arriba hay, pero eso la verdad nos tiene sin cuidado.
Y si esto arruina la perezosa y pobre elaboración de los rumorólogos y zapatólogos de Jovel, pues ni modos.
Ni estoy ni he estado enfermo, ni estoy ni he estado muerto.
O sí, aunque tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y de nuevo estoy aquí.
Si alentamos esos rumores fue porque así convenía.
El último gran truco del holograma fue simular enfermedad terminal, e incluso todas las muertes que ha padecido.
Por cierto, lo de “si su salud lo permite”, que el Subcomandante Insurgente Moisés usó en el comunicado anunciando la compartición con el CNI, era un equivalente a “si el pueblo lo pide” o “si las encuestas me favorecen” o “si dios me da licencia” u otros lugares comunes que han sido la muletilla en la clase política en los últimos tiempos.
Si me permiten un consejo: deberían cultivar un poco el sentido del humor, no sólo por salud mental y física, también porque sin sentido del humor no van a entender al zapatismo. Y el que no entiende, juzga; y el que juzga, condena.
En realidad ésa ha sido la parte más sencilla del personaje. Para alimentar el rumor sólo fue necesario decirle a algunas personas en específico: “te voy a decir un secreto pero prométeme que no se lo vas a contar nadie”.
Por supuesto que lo contaron.
Los principales colaboradores involuntarios del rumor de enfermedad y muerte han sido los “expertos en zapatología” que en la soberbia Jovel y en la caótica Ciudad de México presumen su cercanía con el zapatismo y el profundo conocimiento que de él tienen, además, claro, de los policías que también cobran como periodistas, de los periodistas que cobran como policías, y de l@s periodistas que sólo cobran, y mal, como periodistas.
Gracias a todas y todos ellos y ellas. Gracias por su discreción. Hicieron exactamente como suponíamos que iban a hacer. Lo único malo de todo esto, es que dudo que ahora alguien les confíe ningún secreto.
Es nuestra convicción y nuestra práctica que para rebelarse y luchar no son necesarios ni líderes ni caudillos ni mesías ni salvadores. Para luchar sólo se necesitan un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización.
Lo demás, o sirve al colectivo o no sirve.
Ha sido particularmente cómico lo que el culto al individuo ha provocado en los politólogos y analistas de arriba. Ayer dijeron que el futuro de este pueblo mexicano dependía de la alianza de 2 personalidades. Antier dijeron que Peña Nieto se independizaba de Salinas de Gortari, sin darse cuenta de que, entonces, si criticaban a Peña Nieto, se ponían del lado de Salinas de Gortari; y que si criticaban a éste último, apoyaban a Peña Nieto. Ahora dicen que hay que optar por un bando en la lucha de arriba por el control de las telecomunicaciones, así que o estás con Slim o estás con Azcárraga-Salinas. Y más arriba, o con Obama o con Putin.
Quienes hacia arriba suspiran y miran pueden seguir buscando su líder; pueden seguir pensando que ahora sí se van a respetar los resultados electorales; que ahora sí Slim va a apoyar la opción electoral de izquierda; que ahora sí en Game of Thrones van a aparecer los dragones y las batallas; que ahora sí en la serie televisiva The Walking Dead, Kirkman se va a apegar al comic; que ahora sí las herramientas hechas en china no se van a quebrar a la primera vuelta; que ahora sí el futbol va a ser deporte y no negocio.
Y sí, puede que en algunos de los casos sí le atinen, pero no hay que olvidar que en todos ellos son meros espectadores, es decir, consumidores pasivos.
Quienes amaron y odiaron al SupMarcos ahora saben que han odiado y amado a un holograma. Sus amores y odios han sido, pues, inútiles, estériles, vacíos, huecos.
No habrá entonces casa-museo o placas de metal en donde nací y crecí. Ni habrá quien viva de haber sido el subcomandante Marcos. Ni se heredará su nombre ni su cargo. No habrán viajes todo pagado para dar pláticas en el extranjero. No habrá traslado ni atención en hospitales de lujo. No habrán viudas ni hereder@s. No habrán funerales, ni honores, ni estatuas, ni museos, ni premios, ni nada de lo que el sistema hace para promover el culto al individuo y para menospreciar al colectivo.
El personaje fue creado y ahora sus creadores, los zapatistas y las zapatistas, lo destruimos.
Si alguien entiende esta lección que dan nuestras compañeras y compañeros, habrá entendido uno de los fundamentos del zapatismo.
Así que en los últimos años ha pasado lo que ha pasado.
Entonces vimos que la botarga, el personaje, el holograma pues, ya no era necesario.
Una y otra vez planeamos, y una y otra vez esperamos el momento indicado: el calendario y la geografía precisas para mostrar lo que en verdad somos a quienes son en verdad.
Entonces llegó Galeano con su muerte a marcarnos la geografía y el calendario: “aquí, en La Realidad; ahora: en el dolor y la rabia”
V.- El dolor y la Rabia. Susurros y gritos.
Cuando llegamos al caracol aquí en La Realidad, sin que nadie nos lo dijera empezamos a hablar en susurros.
Quedo hablaba nuestro dolor, quedito nuestra rabia.
Como si tratáramos de evitar que al Galeano lo ahuyentaran los ruidos, los sonidos que le eran ajenos.
Como si nuestras voces y pasos lo llamaran.
“Espera compa”, decía nuestro silencio.
“No te vayas”, susurraban las palabras.
Pero hay otros dolores y otras rabias.
Ahora mismo, en otros rincones de México y del mundo, un hombre, una mujer, unoa otroa, un niño, una niña, un anciano, una anciana, una memoria, es golpeada a mansalva, rodeada por el sistema hecho crimen voraz, es garroteada, macheteada, baleada, rematada, arrastrada entre burlas, abandonada, recuperado y velado su cuerpo, enterrada su vida.

Sólo algunos nombres:
Alexis Benhumea, asesinado en el Estado de México.
Francisco Javier Cortés, asesinado en el Estado de México.
Juan Vázquez Guzmán, asesinado en Chiapas.
Juan Carlos Gómez Silvano, asesinado en Chiapas.
El compa Kuy, asesinado en el DF.
Carlo Giuliani, asesinado en Italia.
Aléxis Grigoropoulos, asesinado en Grecia.
Wajih Wajdi al-Ramahi, asesinado en un Campo de refugiados en la ciudad cisjordana de Ramala. 14 años, asesinado de un tiro en la espalda desde un puesto de observación del ejército israelí, no había marchas, ni protestas ni nada en la calle.
Matías Valentín Catrileo Quezada, mapuche asesinado en Chile.
Teodulfo Torres Soriano, compa de la Sexta desaparecido en la Ciudad de México.
Guadalupe Jerónimo y Urbano Macías, comuneros de Cherán, asesinados en Michoacán.
Francisco de Asís Manuel, desaparecido en Santa María Ostula
Javier Martínes Robles, desaparecido en Santa María Ostula
Gerardo Vera Orcino, desaparecido en Santa María Ostula
Enrique Domínguez Macías, desaparecido en Santa María Ostula
Martín Santos Luna, desaparecido en Santa María Ostula
Pedro Leyva Domínguez, asesinado en Santa María Ostula.
Diego Ramírez Domínguez, asesinado en Santa María Ostula.
Trinidad de la Cruz Crisóstomo, asesinado en Santa María Ostula.
Crisóforo Sánchez Reyes, asesinado en Santa María Ostula.
Teódulo Santos Girón, desparecido en Santa María Ostula.
Longino Vicente Morales, desaparecido en Guerrero.
Víctor Ayala Tapia, desaparecido en Guerrero.
Jacinto López Díaz “El Jazi”, asesinado en Puebla.
Bernardo Vázquez Sánchez, asesinado en Oaxaca
Jorge Alexis Herrera, asesinado en Guerrero.
Gabriel Echeverría, asesinado en Guerrero.
Edmundo Reyes Amaya, desaparecido en Oaxaca.
Gabriel Alberto Cruz Sánchez, desaparecido en Oaxaca.
Juan Francisco Sicilia Ortega, asesinado en Morelos.
Ernesto Méndez Salinas, asesinado en Morelos.
Alejandro Chao Barona, asesinado en Morelos.
Sara Robledo, asesinada en Morelos.
Juventina Villa Mojica, asesinada en Guerrero.
Reynaldo Santana Villa, asesinado en Guerrero.
Catarino Torres Pereda, asesinado en Oaxaca.
Bety Cariño, asesinada en Oaxaca.
Jyri Jaakkola, asesinado en Oaxaca.
Sandra Luz Hernández, asesinada en Sinaloa.
Marisela Escobedo Ortíz, asesinada en Chihuahua.
Celedonio Monroy Prudencio, desaparecido en Jalisco.
Nepomuceno Moreno Nuñez, asesinado en Sonora.
Los y las migrantes desparecidas forzosamente y probablemente asesinadas en cualquier rincón del territorio mexicano.
Los presos a quienes se quiere matar en vida: Mumia Abu Jamal, Leonard Peltier, los Mapuche, Mario González, Juan Carlos Flores.
El continuo entierro de voces que vida fueron, silenciadas por el caer de la tierra y el cerrarse de las rejas.
Y la burla mayor es que, en cada paletada de tierra que arroja el esbirro en turno, el sistema va diciendo: “no vales, no importas, nadie te llora, a nadie le da rabia tu muerte, nadie sigue tu paso, nadie levanta tu vida”
Y con la última paletada sentencia: “aunque agarren y castiguen a los que te matamos, siempre encontraré otro, otra, otros, que de nuevo te embosquen y repitan la danza macabra que acabó con tu vida”
Y dice “Tu justicia pequeña, enana, fabricada para que los medios de paga simulen y obtengan un poco de calma para frenar el caos que se les viene encima, no me espanta, no me daña, no me castiga”
¿Qué le decimos a ese cadáver al que, en cualquier rincón del mundo de abajo, se le entierra en el olvido?
¿Que sólo nuestros dolor y rabia cuentan?
¿Que sólo nuestro coraje importa?
¿Que mientras susurramos nuestra historia, no escuchamos su grito, su alarido?
Tiene tantos nombres la injusticia y son tantos los gritos que provoca.
Pero nuestro dolor y nuestra rabia no nos impiden escuchar.
Y nuestros susurros no son sólo para lamentar la caída de nuestros muertos injustamente.
Son para así poder escuchar a otros dolores, hacer nuestras otras rabias y seguir así en el complicado, largo y tortuoso camino de hacer de todo eso un alarido que se transforme en lucha libertadora.
Y no olvidar que, mientras alguien susurra, alguien grita.
Y sólo el oído atento puede escuchar
Mientras hablamos y escuchamos ahora, alguien grita de dolor, de rabia.
Y así como hay que aprender a dirigir la mirada, la escucha debe encontrar el rumbo que la haga fértil.
Porque mientras alguien descansa, hay quien sigue cuesta arriba.
Para mirar ese empeño, basta bajar la mirada y elevar el corazón.
¿Pueden?
¿Podrán?
La justicia pequeña se parece tanto a la venganza. La justicia pequeña es la que reparte impunidad, pues al castigar a uno, absuelve a otros.
La que queremos nosotros, por la que luchamos, no se agota en encontrar a los asesinos del compa Galeano y ver que reciban su castigo (que así será, que nadie se llame a engaño).
La búsqueda paciente y porfiada busca la verdad, no el alivio de la resignación.
La justicia grande tiene qué ver con el compañero Galeano enterrado.
Porque nosotros nos preguntamos no qué hacemos con su muerte, sino qué debemos hacer con su vida.
Disculpen si entro en el pantanoso terreno de los lugares comunes, pero ese compañero no merecía morir, no así.
Todo su empeño, su sacrificio cotidiano, puntual, invisible para quien no fuera nosotros, fue por la vida.
Y sí les puedo decir que fue un ser extraordinario y además, y esto es lo que maravilla, hay miles de compañeras y compañeros como él en las comunidades indígenas zapatistas, con el mismo empeño, idéntico compromiso, igual claridad y un único destino: la libertad.
Y haciendo cuentas macabras: si alguien merece la muerte es quien no existe ni ha existido, como no sea en la fugacidad de los medios de comunicación de paga.
Ya nos ha dicho nuestro compañero jefe y vocero del EZLN, el Subcomandante Insurgente Moisés, que al asesinar a Galeano, o a cualquiera de los zapatistas, los de arriba querían asesinar al EZLN.
No como ejército, sino como rebelde necio que construye y levanta vida donde ellos, los de arriba, desean el páramo de las industrias mineras, petroleras, turísticas, la muerte de la tierra y de quienes la habitan y trabajan.
Y ha dicho que hemos venido, como Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a desenterrar a Galeano.
Pensamos que es necesario que uno de nosotros muera para que Galeano viva.
Y para que esa impertinente que es la muerte quede satisfecha, en su lugar de Galeano ponemos otro nombre para que Galeano viva y la muerte se lleve no una vida, sino un nombre solamente, unas letras vaciadas de todo sentido, sin historia propia, sin vida.
Así que hemos decidido que Marcos deje de existir hoy.
Lo llevarán de la mano sombra el guerrero y lucecita para que no se pierda en el camino, Don Durito se irá con él, lo mismo que el Viejo Antonio.
No lo extrañarán las niñas y niños que antes se juntaban para escuchar sus cuentos, pues ya son grandes, ya tienen juicio, ya luchan como el que más por la libertad, la democracia y la justicia, que son la tarea de cualquier zapatista.
El gato-perro, y no un cisne, entonará ahora el canto de despedida.
Y al final, quienes entiendan, sabrán que no se va quien nunca estuvo, ni muere quien no ha vivido.
Y la muerte se irá engañada por un indígena con el nombre de Galeano en la lucha, y en esas piedras que han colocado en su tumba volverá a andar y a enseñar, a quien se deje, lo básico del zapatismo, es decir, no venderse, no rendirse, no claudicar.
¡Ah la muerte! Como si no fuera evidente que a los de arriba los libera de toda corresponsabilidad, más allá de la oración fúnebre, el homenaje gris, la estatua estéril, el museo controlador.
¿A nosotros? Bueno, pues a nosotros la muerte nos compromete por lo que tiene de vida.
Así que aquí estamos, burlando a la muerte en la realidad.
Compas:
Dicho todo lo anterior, siendo las 0208 del 25 de mayo del 2014 en el frente de combate suroriental del EZLN, declaro que deja de existir el conocido como Subcomandante Insurgente Marcos, el autodenominado “subcomandante de acero inoxidable”.
Eso es.
Por mi voz ya no hablará la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Vale. Salud y hasta nunca… o hasta siempre, quien entendió sabrá que eso ya no importa, que nunca ha importado.
Desde la realidad zapatista.


domingo, 11 de mayo de 2014

Presentación de Montoneros silvestres en Alta Gracia

Sábado 10 de mayo de 2014, librería Hora Libre


La lluvia no detuvo la concurrencia, nutrida por cierto. A mi lado, los colegas y amigos Adrián Camerano y Pablo “El Pelado” Rodríguez. A pesar de que no pudimos hacer la actividad en el patio la sala se llenó y por más de dos horas, entablamos con los presentes un importante debate sobre las políticas de la memoria y la lucha armada en los 70, entre otros temas.

Nota de TELAM sobre presentación de Montoneros silvestres

El escritor y periodista bonaerense, Mariano Pacheco, presentó en Córdoba su libro `Montoneros Silvestres`, un trabajo de investigación que relata la historia de la organización política armada Montoneros. 


El autor, en declaraciones formuladas a Télam, comenta que cuando hace 12 años comenzó su tarea investigativa sobre el accionar de Montoneros le llamó la atención el hecho de que en el sur del conurbano confluyeran militantes de varias provincias.
"Los militantes Montoneros de otras provincias que eran perseguidos por la dictadura se trasladaban hacia la capital y el conurbano para seguir resistiendo desde la clandestinidad", comenta Pacheco y precisó que esa situación persistió durante toda la dictadura cívico militar, es decir hasta 1983, año en que la organización de resistencia popular deja de existir. 
Asimismo explica que ese refugio de militantes, en capital y el conurbano, se da a partir de la estrategia de los militares en plantear la lucha contra de la resistencia con una serie de golpes "para llevar a la militancia montonera desde la periferia hacia el centro del país, donde luego golpean muy fuerte a lo que se denominaban la columna norte y la oeste". 
"Hasta 1983, la resistencia montonera siempre estuvo activa con distintas acciones, incluso los registros militares dan cuenta de esa actividad cuando en 1978 tenían contabilizado unos 60 militantes activos de Montoneros", precisa Pacheco. 
Son alrededor de una veintena de testimonios recogidos y documentaciones, responde Pacheco al ser consultado sobre las fuentes que respaldan el texto, y añade que esas entrevistas a ex integrantes de Montoneros también "reconstruyen la historia de otros militantes asesinados y desaparecidos". 
"Es una revisión de cierto aspecto que quizás ha quedado al margen de la historia de lucha de los Montoneros por la magnitud de la represión, del horror de los campos de concentración, de los asesinatos y de las desapariciones", sostiene Pacheco.
"Este libro de alguna manera trata de que no se pierda de vista esa resistencia obrera organizada en Montoneros, que fue la única organización que presentó resistencia armada hasta el final de la dictadura", resaltó. 
En otro tramo de la entrevista también destaca que el libro que había comenzado a escribir hace 12 años tuvo como disparador para terminarlo y publicarlo el trágico episodio, ocurrido en junio de 2002, de "la muerte de mi amigo y compañero de militancia, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, porque nuestra formación militante tiene como base el escuchar a estos militantes silvestres", concluye. 
En el prólogo, Roberto Baschetti destaca "la voluntad del autor de recuperar una historia que aparecía fragmentada, perdida, olvidada, desconocida". 
"¿Quién podía suponer que un conjunto de militantes montoneros pudo hacer pie en el Sur del Conurbano Bonaerense en el medio de la más feroz dictadura cívico-militar que padecimos los argentinos en toda nuestra historia?. Y que presentó resistencia y combate", añade. 
El escritor quilmeño residente en Córdoba presentó su trabajo en el Archivo de la Memoria, en la capital mediterránea y también en el Espacio Cultural Hora Libre de la localidad cordobesa de Alta Gracia.


Montoneros silvestres en el Archivo Provincial de la Memoria

Córdoba, viernes 9 de mayo de 2014


 Estuvieron presentando el libro Ludmila Da Silva Catelo, Alicia Servetto y Adrián Camerano.  Asistieron, además de familiares y amigos, compañeros del Archivo, del Campo de la Rivera y de organizaciones políticas de la provincia.

martes, 29 de abril de 2014

Presentación de Montoneros silvestres


          9 y 10 de mayo en Córdoba y Alta Gracia

Viernes 9: 18 horas, en el Archivo Provincial de la Memoria
(Pasaje Santa Catalina 66, ciudad de Córdoba)

Presentarán el libro, junto a su autor:

Ludmila Da Silva Catela (directora del Archivo Provincial de la Memoria)
Alicia Servetto (historiadora, investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba)
Adrián Camerano (director del diario El Argentino-Edición Córdoba)



Sábado 10: 19 horas en la librería y Espacio Cultural Hora Libre
(Urquiza 65, ciudad de Alta Gracia)

Presentarán el libro, junto a su autor:

Pablo “El Pelado” Rodríguez (periodista de la Radio Local Paravachasca)
Adrián Camerano (director del diario El Argentino-Edición Córdoba)


Extracto del prólogo de Roberto Baschetti

“Este libro de investigación de Mariano Pacheco, que me ha privilegiado con el honor de prologarlo, reúne varios méritos. El primero y principal surge de la voluntad del autor de recuperar una historia que aparecía fragmentada, perdida, olvidada, desconocida. ¿Quién podía suponer que un conjunto de militantes montoneros pudo hacer pie en el Sur del Conurbano Bonaerense en el medio de la más feroz dictadura cívico-militar que padecimos los argentinos en toda nuestra historia? Y que presentó resistencia y combate. Y que no pudieron ser destruidos en su totalidad por las fuerzas represivas que los centuplicaban en número. Y a partir de esa resistencia, el relato de Pacheco nos muestra facetas desconocidas u ocultas adrede por la historia oficial”.

El libro
Este libro aborda una historia nunca antes contada. El pliegue menos visible del período de la última dictadura cívico-militar: el de la resistencia popular. Una organización Montoneros y una región geográfica determinada la zona sur del conurbano bonaerense, donde Mariano Pacheco nació y creció son el punto de partida desde el que este joven periodista y escritor actualmente radicado en Córdoba reconstruye la trama de aquellas mujeres y aquellos hombres que, pese a las adversas condiciones políticas que se vivieron en el país entre 1976 y 1983, resistieron por distintos medios el verdadero Proceso de Reorganización Nacional, aquel que marcó a sangre y fuego la historia del país.
La mayoría de las veces sin comunicación con las instancias orgánicas de la organización, los Montoneros silvestres muchachos y chicas, jóvenes, muy jóvenes en la mayoría de los casos, que desde distintas provincias se fueron perseguidos hacia Buenos Aires, y persistieron allí con su militancia, en trabajos en barrios y en sindicatos, haciendo acciones de propaganda, sabotaje y hostigamiento, reagrupándose para debatir la situación, darse ánimo ante coyunturas adversas y, sobre todo, proyectando posibilidades de continuar en su territorio la lucha por conquistar un país libre, justo y soberano, una patria socialista.
Mariano Pacheco ha realizado una investigación tan precisa como rigurosa para contar de forma apasionante un aspecto no conocido hasta ahora del período más trágico de la historia argentina del siglo XX. Tal como destaca el autor, este libro es un intento obstinado de tender un puente, de entablar un secreto compromiso de encuentro entre las generaciones del pasado y las actuales.


viernes, 25 de abril de 2014

La protesta social y la historia reciente de la Argentina

Del piquete al movimiento
(capítulo del libro de Mariano Pacheco, El colectivo, 2010)
De Cutral Có a Puente Pueyrredón. 
Una genealogía de los 
Movimientos de Trabajadores Desocupados



La irrupción de las puebladas fue una bocanada de aire fresco para la militancia popular que no se rendía. La década del 90 presentó una situación por demás adversa para las apuestas de transformación radical de la sociedad y puso sobre el tablero un inmenso desafío: enfrentarse tanto a un enemigo poderoso que había logrado imponerse a escala global, como al estigma del fracaso (y no sólo la derrota) de las políticas revolucionarias del siglo. Como ha destacado Perry Anderson, a mediados de los años noventa “reinaban en casi todos los países latinoamericanos versiones criollas del neoliberalismo norteamericano, instaladas o apoyadas por Washington: los gobiernos de Carlos S. Menem en Argentina, Alberto Fujimori en Perú, Fernando Enrique Cardoso en Brasil, Salinas de Gortari en México, Sánchez de Losada en Bolivia, etcétera”. En este contexto, aparentemente, “los movimientos sociales[1] que quisieran legitimarse tendrían que asumir esa realidad, es decir, promover sus intereses particulares sin alterar el orden universal de la democracia liberal. En otras palabras, la revolución en el sentido de cambio social radical ligado a la lucha de las clases subalternas, era despojada del marco conceptual de la política entendida como el arte de lo posible”.[2] De ahí que la irrupción de los MTD y su consigna de Trabajo-Dignidad-Cambio Social vinieran a “patear el tablero” en nuestro país. Aunque no sólo en él. También en otros sitios de Nuestra América se desarrolló un conjunto de movimientos sociales más radicales. Como bien insiste Anderson, “allí se encuentran desde los zapatistas en México y los integrantes del Movimiento Sin Tierra (MST9 en Brasil, a los cocaleros y mineros de Bolivia, los piqueteros de Argentina, los huelguistas de Perú, el bloque indígena de Ecuador, y tantos otros. Esta constelación dota al frente de resistencia de un repertorio de tácticas y acciones, y de un potencial estratégico, superior a cualquier otra parte del mundo”.[3]
En nuestro caso, desde que los pobladores de la sureña localidad de Cutral Có se levantaron (y provocaron aquel formidable “efecto contagio” que llevó a que la mayoría de las provincias del país se encontraran con sus rutas bloqueadas) a hoy, hemos transitado ya más de 10 años. Una década en la que pasaron demasiadas cosas. Lo fundamental: el ciclo de luchas que se inicia a partir de entonces y se extiende de manera casi ininterrumpida hasta el 2003. Su pico más alto: las jornadas del 19/20 de diciembre de 2001. Su quiebre más trágico: la Masacre de Avellaneda.
Existe la discusión de si fue Cutral Có el punto de quiebre o si, por el contrario, estas puebladas se inscriben en un proceso que arranca unos años antes. Es difícil tratar de periodizar, clasificar los procesos sociales, las luchas populares. Es cierto, hay antecedentes importantes antes de Cutral Có. En septiembre de 1992, cerca de 200 obreros textiles despedidos cortaron la ruta en Trelew, quemando neumáticos. En 1993, en Senillosa, a unos 20 km de la ciudad de Neuquén, un grupo de obreros que habían sido despedidos de la obra de Piedra del Aguila interrumpieron el paso por la ruta 22. En marzo de 1994 apareció en Puerto Madryn la primera organización exclusivamente de desempleados (el Movimiento de Trabajadores Desocupados), constituida por ex trabajadores portuarios, pesqueros y de las industrias textiles y metalúrgicas. Sin embargo, de este MTD sólo quedó la sigla.
También está el Santiagazo, en diciembre de 1993. Y en 1994 la Marcha Federal. Y el 24 de marzo de 1996 la gigantesca movilización por los 20 años del golpe genocida. Por esa fecha también irrumpen los HIJOS con sus escraches.[4]
Sin embargo, Cutral Có, y a partir de allí el ciclo de luchas que se libran, tiene ese “no sé qué” que permite articular de otra manera los procesos de organización popular. Tal vez por eso nos empecinemos en remarcar la importancia de las puebladas. Porque su aporte a las clases subalternas en la recuperación de la confianza en sus propias fuerzas, en la valoración de la lucha como forma de reconquistar los derechos conculcados por las políticas neoliberales fue central. Y la posibilidad, para los protagonistas de aquellas jornadas, de recuperar la autoestima tan golpeada, no nos parece un dato menor. De alguna manera, el método del piquete aportó lo suyo para hacer visible en Argentina la irrupción de las masas plebeyas. Porque hay que decirlo: todo eso se visualizó en el centro del país luego de que la periferia clamara por soluciones urgentes para sus necesidades más elementales.
En este sentido, cabe traer aquí unas reflexiones de Pablo Seman.[5] El piquete, nos dice,  es un arma sabia: logra fuerza para los que no tienen casi ninguna. No es por nada, continúa el antropólogo argentino, que gracias a los piquetes, los sectores subalternos de Argentina, en su época de mayor debilidad histórica, consiguieron, a pesar de ello, cambiar la agenda de una sociedad que tenía por principio ignorar sus demandas.
Si bien “el Estado respondió con focalizados planes asistenciales” al reclamo de trabajo que nació en la barricada (políticas gubernamentales destinadas a acallar los reclamos de los más pobres y anticiparse, frenando a los posibles levantamientos que, intuían entonces desde la clase política, se avecinaban en un futuro próximo), surgió sin embargo, a partir de allí, un nuevo proceso de luchas populares. La tríada “cortes de ruta-asambleas-planes trabajar” inició un camino que sería recorrido a lo largo y ancho del país por vastos sectores de la militancia y de nuestro pueblo. Sobre todo por aquellos que venían realizando una reflexión acerca de los límites que la lógica de los años anteriores tenía en la construcción política: volcar los esfuerzos en construir pequeños grupos militantes, que confluyeran con otros pequeños grupos, en la búsqueda de constituir el “Partido Revolucionario de la clase”, en el mejor de los casos. En otros, cobijarse bajo el ala de algún espacio institucional, para realizar alianzas electorales, que se solían romper al otro día de la elección, luego de sacar el 0, 2 % de los votos. Y volver a cobijarse tras el ganador o tras algún perdedor pero “progre” y con posibilidades de sacar tajada en la próxima.
En fin, de alguna manera, los primeros piquetes y las puebladas protagonizados por las poblaciones del interior del país, generando las condiciones sociales que permitieron el surgimiento del denominado “movimiento piquetero”, que será el actor sociopolítico más dinámico del período 2000-2003, y que permanecerá hasta el día de hoy, organizado y con capacidad de movilización, a pesar de las crisis, de las derrotas y de las distintas formas que irá adquiriendo en los distintos períodos. En este sentido, creo que no se puede dejar de reconocer el papel jugado por los pequeños núcleos de militantes sociales y políticos del Gran Buenos Aires (y también de otros sitios del país), que percibieron en aquel momento nuevas condiciones favorables para el desarrollo de la organización popular.
Resulta paradójico que allí, donde se suponía que nada podía surgir, encontremos los primeros pasos en pos de la organización de lo que más tarde será un movimiento de masas. Allí, en esa combinación de base social “marginal” y militancia golpeada y dispersa. Recordemos: tanto los sindicatos como los partidos de izquierda, los sociólogos (y otras especies), eran reacios a concebir una recomposición del campo popular desde “tan abajo”, desde lo que consideraban campo de la decadencia absoluta y del lumpenaje.[6] Los cuestionamientos a los militantes populares que intentaban construir una política desde la dinámica social se sucedían desde uno y otro campo del saber de los especialistas (sea el de la academia o el de los revolucionarios con ciencia proletaria bajo el brazo): que eran grupos marginales, que sin el aparato no se podía comenzar a construir un proyecto, que el partido seguía siendo la herramienta más adecuada para representar los intereses de la clase; que terminarían en un radicalismo pequeñoburgués y en aventurerismos que provocarían la reacción...
Sin embargo, fue a partir de aquellos piquetes, de todo ese recorrido realizado por nuestro pueblo en forma espontánea y precaria, que se fue instalando en el país la posibilidad de organizar movimientos de masas que lucharan por reivindicaciones elementales a la vez, y no luego, o desde otra estructura diferenciada que se planteara transformar la sociedad en su conjunto. A partir de esas experiencias,  basadas en la acción directa, en la lucha de calles y de cuerpos, se irá perfilando la posibilidad de revisar lo que se venía haciendo, y reafirmar la confianza en las potencialidades de los trabajadores desocupados.
Sostenidas por  el protagonismo de todo un pueblo, hastiado de una situación económica que se tornaba insoportable y aparecía como destino perpetuo y fatal, esas experiencias visualizaron a los poderes del Estado, en particular al régimen político, como responsables de la crisis; a pesar de la desconcertante ausencia de herramientas organizativas que convocaran y condujeran el conflicto social; a pesar de la carencia de referencias públicas permanentes.
Porque todas esas experiencias, no sólo Cutral Có y Plaza Huincul, sino también Tartagal y Mosconi, Chaco, y los Cabildos de Autoconvocados en Corrientes permitirán sistematizar aprendizajes. De todas ellas se extrajeron conclusiones, se revisó lo que aportaban y lo que no, y sobre todo, se pudieron asumir los “límites” de toda acción de masas que logra obtener conquistas inmediatas pero que no se articula con un cuestionamiento de fondo al orden social vigente, causante de los males que provocaron la situación de necesidad.
Asimismo, aquellas luchas permitieron reconocer que cuando las batallas espontáneas logran solucionar un problema del momento pero no favorecen el desarrollo de organizaciones sólidas y perdurables que libren nuevos combates, que obtengan nuevas y mejores conquistas y, sobre todo, que generen la posibilidad de construir una alternativa de emancipación, el sistema logra con facilidad cooptar o anular esas experiencias y el poder de los sectores dominantes se mantiene incólume.
Aunque todo esto se fue madurando con el tiempo; fue parte de un proceso de aprendizaje; no sucedió de un día para otro. Ni siquiera de unos meses para otros. Llevó unos años de tránsito por el camino recorrido del piquete al movimiento.



[1] Denominados también, en América Latina, como Nuevos Movimientos Populares –en claro contraste, por su base social, con los Nuevos Movimientos Sociales de los países centrales – Sousa Santos ha destacado que “la novedad más grande de los NMSs reside en que constituyen tanto una crítica de la regulación social capitalista, como una crítica de la emancipación social socialista tal como fue definida por el marxismo. Al identificar nuevas formas de opresión que sobrepasan las relaciones de producción, y ni siquiera son específicas a ella… denuncian los NMSs, con una radicalidad sin precedentes, los excesos de la regulación de la modernidad”. También, destacando la diversidad de estos movimientos y poniendo sobre el tapete la dificultad de encorsetarlos o definirlos en una teoría o modelo sociológico único, rescata la definición genérica que Dalton y Kuechler han dado sobre los movimientos sociales. A saber: un sector significativo de la población que desarrolla y define intereses incompatibles con el orden político y social existente y que los prosigue por vías no institucionalizadas, invocando el uso de la fuerza física o la coerciónˊ(Sousa Santos, Boaventura de, “Los Nuevos Movimientos Sociales”, en: Revista OSAL, N° 5, septiembre de 2001, ps.177-178).
[2] Tischler, Sergio, La forma clase y los movimientos sociales en América Latina”, en Revista OSAL, N° 13, abril de 2004, p. 77.
[3] Anderson, Perry, “El papel de las ideas en la construcción de alternativas”, en Nueva Hegemonía Mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales, Atilio A. Borón (comp.), CLACSO, Buenos Aires, 2002, ps.45-46
[4] El método de los escraches, que supo ser marca distintiva del agrupamiento H.I.J.O.S., fue incorporado luego por otros sectores en lucha, que se plantearon otras reivindicaciones, pero que sacaron las mismas conclusiones: “Si no hay justicia, hay escrache”. Cabe destacar que el surgimiento de H.I.J.O.S. es una bisagra para nuestra generación. Como supo decir alguna vez Esteban Rodríguez, fueron ellos los que pusieron a la militancia en otro lugar y la impregnaron de otro temperamento, pero también de otras lógicas, otros colores. Abrieron la militancia a otras experiencias, dice, y señala los ejemplos del rock, de las murgas y teatros y radios y revistas... Sospecho que el autor platense da en el blanco cuando señala que los H.I.J.O.S. le devolvieron la risa a la militancia. Porque: ¿no acierta, con Julio Cortázar, al descreer de “los revolucionarios de caras largas” y afirmar que “sin risa no hay revolución?”. Ampliaré este tema en el apartado “Notas sobre la risa, la militancia”. De todas formas, no quería dejar de destacar la importancia de HIJOS en estas cuestiones. Los textos citados son: “La palabra rodando: Un diálogo con muchos diálogos. A propósito de Zapatismo. Reflexión teórica y subjetividades emergentes de John Holloway, Fernando Matamoros y Sergio Tischler y “Peter Pan y Bob Dylan. Juventud divino tesoro, publicados respectivamente en www.dariovive.org y www.Rodríguezesteban.blogspot.com.
[5] Seman, Pablo, “Memorias”, Página/12, 9 de abril de 2007, versión digital
[6] Retomaremos la cuestión del “lumpenproletariado” en el punto  “Notas sobre el sujeto”.

sábado, 19 de abril de 2014

Entrevista en revista 23

“Son historias que merecen ser contadas”

Por Tomás Eliaschev

Mariano Pacheco acaba de publicar un libro sobre las similitudes entre la experiencia que llevaron adelante los militantes montoneros en los ’70 y el movimiento piquetero.


Mariano Pacheco fue uno de los fundadores del movimiento piquetero. Tenía menos de 20 años y corría la década del ’90 cuando a las protestas por la desocupación y la miseria crecientes se les opuso el método del corte de ruta y la asamblea. Antes de que estallara la crisis de 2001, Pacheco organizaba a las barriadas del sur del conurbano y era uno de los referentes del MTD de Almirante Brown, donde fue compañero de militancia de Darío Santillán. Pasaron ya varios años y sigue con su compromiso, aunque en estos años a fuerza de lecturas y pasión autodidáctica se convirtió en intelectual y periodista. Es autor de Kamchatka, ensayos sobre política y cultura (Alción, 2013), Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo (Planeta, 2012) y De Cutral Có a Puente Pueyrredón, una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (El Colectivo, 2010). Es periodista de la versión cordobesa de El Argentino y colabora con el portal Marcha.org.ar. Acaba de publicar Montoneros silvestres. Historias de resistencia a la dictadura en el sur del conurbano, conectando su experiencia de vida con sus inicios militantes.

–¿Qué lo llevó a escribir sobre los Montoneros?

–Di mis primeros pasos en la militancia política durante los ’90, en gran medida escuchando relatos de militantes de la zona sur del conurbano bonaerense que, durante la última dictadura, no se habían ido del país. Resistieron como pudieron, entre los que estaban. Esos relatos, escuchados durante años, me dieron siempre una sensación de mucha fortaleza para enfrentar situaciones adversas. Siempre me pareció que eran historias que merecían ser contadas a más personas, porque desmitificaban esa mirada sobre los ’70 “tardíos” que remarca el lugar de víctimas de quienes cayeron en las manos del aparato terrorista de Estado, o que sostenían que los militares habían “arrasado con todo”.

–¿Qué continuidades ve entre las luchas de los ’70 y el movimiento piquetero?

–Sobre todo esto que decía al principio: el ejemplo de enfrentar las situaciones adversas, las apuestas por cambiar la situación en la que se vive y la apuesta por experiencias radicalizadas. Si hay algo de los ’70 que retoma el movimiento piquetero es, sobre todo, una desconfianza en las instituciones de la democracia formal, y una confianza en que un pueblo en lucha, movilizado y con capacidad de confrontación con los poderes establecidos puede cambiar las relaciones de fuerzas y avanzar hacia otro tipo de experiencia política.

–¿Qué consideración hace sobre la teoría de los dos demonios?

–Es una canallada de algunos sectores políticos. Es un intento por desentenderse de lo que pasó en los ’70 por parte de una amplia franja de la sociedad argentina.

–¿Qué opina de la lectura de la militancia setentista que no tiene en cuenta la intención revolucionaria de quienes protagonizaron esas luchas?

–Hay que ser claros: muchos se movilizaban tras las banderas de la Juventud Peronista, esa que hegemonizaba Montoneros, que por más que desarrollara una importante política de masas nunca dejó de ser una organización armada, guerrillera, que tenía como estrategia la “guerra popular y prolongada”. Años después no quisieron hacerse cargo de sus decisiones o las “camuflaron” detrás de una mirada teñida por la derrota de las apuestas revolucionarias. Por eso me vi fascinado cuando a pesar de todo lo que habían pasado y en plena ofensiva neoliberal, los “montoneros silvestres” me decían que había que hacerse cargo de los errores, pero en el marco de hacerse cargo de toda la experiencia de una generación que dio su vida por hacer la revolución y construir la patria socialista.