“Hoy lo que importa es situar los conflictos humanos en situaciones históricas y demostrar cómo dependen de ellas. Nuestros temas deben ser sociales, pues son los temas mayores del mundo en el cual vivimos, aquellos de los cuales hemos tomado conciencia” (Teatro popular y teatro burgués).
Por otra parte, rescata a Brecht como contemporáneo
francés, porque –afirma– permite reconectar con antiguas tradiciones nacionales,
enterradas por la burguesía, a quien denuncia por creer sólo en verdades
particulares, más allá de sus abstractas declaraciones de universalidad.
Con obras emblemáticas como “Las manos sucias”, “El
diablo y el buen dios”, “Las moscas”, “Muertos sin sepultura”, “A puerta
cerrada”, “Nekrassov” o sus reinterpretaciones de clásicos como “Las troyanas”,
Sartre trabaja en la dramaturgia su obsesión filosófico-política: la libertad.
Pero todo lo que piensa al respecto, lo hace a través de
aquella práctica específica. Por eso asegura:
“En teatro no hay más imagen que la del acto, y si uno
quiere saber qué es el teatro, hay que preguntarse qué es un acto, porque el
teatro representa el acto y no puede representar ninguna otra cosa”.
Por eso cuando Sartre piensa en teatro se remite directamente
a los griegos, a la tragedia y no en el “teatro psicológico” o en ese que
moderno acting que consiste en comprender el sustento central de una pieza a
través de “personajes” con “palabras de teatro”:
“Si es verdad que el hombre es libre en una situación
dada y que se elige en y por la situación, en el teatro es preciso mostrar
simples y humanas, y las opciones libres que se hacen en esas situaciones”.
Algo similar ya había planteado en su emblemático ensayo ¿Qué
es la literatura?, en donde escribe:
“Puesto
que estábamos situados, las únicas novelas que podíamos pensar en escribir eran
novelas en situación, sin narradores internos, sin testigos al tanto de todo…”
Algo
de esto estamos trabajando en el ciclo de verano de “Escrituras sintomáticas”-
Laboratorio de Experimentación Crítico- Narrativa de la Escuela de Literatura A.
F. Oliva

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