miércoles, 17 de diciembre de 2014

El Nuevo Código de Convivencia y el “cerco policial” a los manifestantes

Tras los anuncios de postergar el debate legislativo

 Por Mariano Pacheco

El año parlamentario cerró con un impasse en el tratamiento de las reformas al Código de Faltas). El oficialismo manifestó voluntad de diálogo” para retomar el tema en 2015. Las organizaciones sociales en alerta. Ayer se movilizaron, aunque decena de carreros fueron “cercados” por la policía.



Todo pareció hacerse como en una escena montada para reforzar el poder que la Policía de la provincia de Córdoba tiene en la gestión del gobernador José Manuel De la Sota. Poder que es precisamente el punto que lleva a una gran cantidad de organizaciones sociales y amplios sectores de la ciudadanía a cuestionar las políticas de seguridad provinciales (incluso, algunos académicos hablan de “Estado Policial”).
Hoy, cuando comenzaban a dirigirse al punto de convocatoria de la Marcha contra el Nuevo Código de Convivencia (las reformas al cuestionado Código de Faltas), los uniformados volvieron a mostrar, nuevamente, cuál es el modo de abordar las temáticas sociales. En este caso: el “modus operandi” que impidió a la ciudadanía expresar su “derecho a la protesta”. Desde temprano, al menos nueve barrios en donde la Cooperativa de Carreros y Recicladores La Esperanza tiene un desarrollo organizativo, se toparon con un cerco policial. Así confirmó ante este medio su presidente, Carlos Andrada (alias “Purruca”). Vecinos de Las Flores; Villa Los Galpones y La Tela; Las Violestas; Guiñazú; El Tropezón; San Pablo; Ciudad de Los Cuartetos y Villa Retiro no pudieron llegar a la movilización que pretendía decir No al Código de Faltas frente a la Legislatura.
Más tarde, complicados por otro “piquete policial”, quienes se encontraban en Bv. San Juan y General Paz, fueron “auxiliados” por los que se concentraron en Colón y General Paz (frente al Correo), ya que estaban siendo fuertemente hostigados por la policía, que no les permitía marchar.
La marcha –no tan númerosa como habían pensado que sería antes de que se postergue el debate en el recinto parlamentario– culminó por la tarde, con un acto que se improvisó en las inmediaciones de la Legislatura, que permaneció vallada. Los Carreros de “La Esperanza” y las “chicas” de Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), fueron los últimos en hablar.

Triunfo momentáneo

José “Bichi” Luque, referente del Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos, subrayó que “la decisión del oficialismo de posponer el tratamiento de las reformas es el triunfo de las casi 60 organizaciones que asistimos el jueves pasado a la audiencia en la Legislatura”. Por su parte, el abogado Sergio Job destacó -en diálogo con El Argentino- que desde 1994 “la legislatura cordobesa aprobó sistemáticamente innumerables reformas al Código de Faltas y leyes anexas, que sólo ampliaron el control sobre los sectores populares”. De allí que el letrado, vinculado a las organizaciones sociales y derechos humanos, haya destacado la importancia de la protesta, y afirmó que el nuevo año los encontrará nuevamente en las calles, a todos aquellos que no estén dispuestos “a no bajar la voz”, ni a “quitarle el cuerpo a las luchas”.

martes, 16 de diciembre de 2014

Entrevista a Claudio Lozano, de paso por Córdoba

“No hay salida por el lado del ajuste conservador”

Por Mariano Pacheco
(Nota publicada en la edición Córdoba del diario El Argentino)

Claudio Lozano, diputado nacional de Unidad Popular (UP), conversó ayer con este medio, un rato antes de participar junto al doctor Medardo Ávila Vázquez  de una mesa-debate sobre “Bienes Comunes, sistema productivo y distribución de la riqueza” en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba.


--¿Cómo ve la situación actual de la provincia?
--Lo que se observa es una provincia ligada fuertemente al complejo sojero y automotriz y, en ese marco, un impacto socio-ambiental complicado y que está asistiendo a un cuadro recesivo, que sobre todo se siente en el rubro automotriz. Y por otro lado, asistimos a una tendencia de desarticulación de lo que eran opciones a las propuestas dominantes. Me refiero al proceso de evaporación de la perspectiva política de Luis Juez, en esta especie de asociación que viene haciendo con el radicalismo de Oscar Aguad y el PRO de Mauricio Macri, abandonando un polo que podría haber permitido un proceso de democratización en la provincia.
--Teniendo en cuenta que dentro del electorado que no vota a la derecha, un sector apoya al Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) y otros canalizan sus expectativas a través de la fracción progresista del kirchnerismo. ¿Cuál sería el espacio al que se dirige centralmente UP?
--Formo parte de una experiencia política que no tiene una vocación testimonial, por más que estamos dispuestos a dar testimonio, pero nuestra propuesta tiende a interpelar al conjunto de la población. Además, estamos en un momento en el que se consolidan un conjunto de opciones de carácter netamente conservadoras (Massa-Macri), y que en el caso de Scioli involucran directamente a la herencia del propio gobierno. Incluso dentro del FA-UNEN puede verse candidatos que replican las mismas lógicas conservadoras. En ese contexto también puede verse que hay un cuadro de agravamiento de la situación social y que se expresa no solo en que hay conflictos a lo largo y a lo ancho del país, sino que además hemos tenido tres paros generales en los últimos tres años, cuando en los ocho anteriores no hubo ninguno. Esto nos indica que hay que construir una nueva alternativa para el país. No hay salida por el lado del ajuste conservador. Desde Unidad Popular nos proponemos darle un marco institucional a todas esas luchas sociales que se vienen dando y construir un gran frente político.
--¿Y con quien podría darse esa experiencia?
--Nosotros venimos haciendo en Buenos Aires un camino con la gente de Patria Grande, que es un espacio que aún se está constituyendo y tiene presencia en varias provincias y con el Partido de los Trabajadores y del Pueblo. Después, hay realidades provinciales y hasta municipales que hay que contemplar, con sus experiencias locales. Por otro lado, independientemente de lo que hagan las agrupaciones, creemos que hay muchos votantes que no acompañarán al kirchnerismo si este transita por su espectro más conservador. Y lo mismo podría decirse del FA-UNEN. Así que vemos un espacio muy amplio, al que hay que sumarle a todos esos movimientos sociales que vienen peleando contra el frackin, contra la megaminería y la sojización y que necesitan una propuesta institucional distinta a las existentes. 


domingo, 14 de diciembre de 2014

Sobre La sangre de la aurora, la novela de Claudia Salazar Jiménez

El cuerpo como campo de batalla. 
Reflexiones en tres escenas

Por Mariano Pacheco

“Convertido en un campo de batalla, tu cuerpo ha quedado absolutamente vulnerable”
(Claudia Salazar Jiménez, La sangre de la aurora)



PRIMERA ESCENA: “Chat”
Hace unos pocos días, conversando por el “ciberespacio” con un amigo argentino que actualmente vive en Colombia, le comentaba sobre la publicación argentina (cordobesa) de La sangre de la aurora, la novela de la escritora peruana Claudia Salazar Jiménez, y también, sobre su presentación en Córdoba.
El libro invita a pensar la historia social reciente del hermano país latinoamericano desde una perspectiva novedosa. El cuerpo y el deseo, son puestos a funcionar desde voces de mujeres (Marcela, la militante;  Melanie, la fotoperiodista; Modesta, la comunera), a través de las cuales podemos acercarnos a la violencia política que atravesó el Perú durante la década del 80 del siglo pasado. Tres historias, tres mujeres en bandos distintos dentro del ámbito de la guerra interna del país. La matanza generalizada de mujeres en los tiempos de guerra; el silencio en los tiempos de paz. 
Me contaba mi amigo –un camarada que luego de librar importantes batallas políticas en el país se radicó en Colombia para aportar desde allí a la lucha que diversas organizaciones sociales y derechos humanos vienen transitando desde hace años, en la búsqueda por una salida “pacífica y justa” al conflicto armado que ya lleva décadas– este compañero –decía– me relataba por chat algunas impresiones sobre su reciente visita al Perú. Cito brevemente un tramo de la charla:
“Vi un cagazo bárbaro en la gente, y una negación histórica muy grande. Por ejemplo, yo pregunté por la toma de la residencia del embajador japonés, ¿te acordás? Fueron los del MRTA (). Habrá sido a mediados de los 90. Y de eso no queda nada, pero nada de nada: ni un lugar, ni un recuerdo. Tampoco nadie que te quiera hablar del episodio. A la sede diplomática la demolieron, y a pesar de que hubo dos meses de quilombo internacional, cientos de muertos, etcétera, no queda nada... o sea, una política de Estado, que en nombre de la lucha antisubversiva, logró borrar la memoria social y con ello, estigmatizar y atemorizar a todo el que pretenda luchar contra el neoliberalismo, que en Perú no se interrumpió desde fujimori”.

Cito esta conversación, no por “intimismo”, sino porque quisiera destacar la importancia de esta novela en el actual contexto histórico del Perú, donde el “neoliberalismo de guerra” que expresó la gestión del presidente Fujimori hoy tal vez aparece de un modo más solapado, pero no deja de mostrar sus huellas en la realidad política del país. Y si bien La sangre de la aurora nos habla del Perú de hace unos años, también nos está interpelando en cuanto a la actualidad de América Latina. Porque, tal vez sea una obviedad, pero no quisiera dejar de decirlo: soy de los que está convencido de pocas cosas, pero una de ellas es que, si hay alguna posibilidad de imaginar algo así como un “destino propio”, será en articulación con los pueblos hermanos Latinoamericanos. Lejos del “destino sudamericano” narrado por Jorge Luis Borges (esa suerte de eterno retorno bárbaro), sospecho que la dinámica política que se viene dando en la región en los últimos veinte años (desde el alzamiento zapatista, pongamos) da cuenta de una suerte de “privilegio geopolítico” de estas latitudes. Quiero decir, que si hay alguna perspectiva de que la humanidad ponga un “freno de mano” a la crisis civilizatoria por la que atravesamos, si hay condiciones para pensar-imaginar-concretar un mundo poscapitalista, seguramente esa nueva sociedad tendrá en estas tierras sus primeros esbozos. No por destino (determinación), sino al contrario, porque es por aquí por donde se vienen produciendo las novedades políticas más sugerentes de este nuevo siglo. Y Perú, junto con Chile, Colombia y México –más allá de sus movimientos populares– como “políticas de Estado”, son países que vienen optando por transitar las lateralidades de los procesos políticos más afines a estas ideas que vengo mencionando. “Alianza del Pacífico” es solo el nombre que nos permite resumir esta perspectiva.

SEGUNDA ESCENA: “Lecturas”
Un joven argentino, apasionado por la literatura Latinoamericana, tiene entre sus manos un libro que marcó a generaciones de lectores. Exactamente cincuenta años después de su publicación, Literatura argentina y realidad política, de Davis Viñas, parece haber sido enviado a los museos por la crítica bien-pensante. Literatura y realidad política, un vínculo tan problemático como productivo para pensar las textualidades, y sus vínculos con los cuerpos, sus sonidos, sus olores, sus sudores. Sus calenturas y pasiones, para decirlo a lo Viñas.
Literatura y política entonces, junto con dos categorías (orden de géneros y orden de clases) propuestas en los últimos años por la escritora y crítica argentina Elsa Drucaroff, como coordenadas para pensar la novela de Salazar Jiménez.
Un breve repaso por La sangre de la aurora nos permite dar cuenta de que, más allá de la deriva de Sendero Luminoso (“¿Para qué masacrar a quienes supuestamente quieres reclutar? Algo ahí no encaja”), las asimetrías de clase están en la base del proyecto revolucionario que nace desde esa situación y la profunda indiferencia (“¿A quién le importaba? ¿A quién le importábamos?”) de un Estado que para nada integró a esos sectores sociales, más que a través de “mano de obra barata” para las tareas “sucias” de la represión (“La mayoría son muy jóvenes, chiquillos imberbes, hijos de campesinos, campesinos ellos mismos). Asimetría material que también se expresa en su carácter simbólico (“En la radio suena Madonna. Abro la ventana de mi 4x4… Enciendo un Marlboro”).
De la mano de esta situación del orden de clases se inscribe la asimetría del orden de género. Si bien el patriarcado es una situación que pre-existe al capitalismo como modo de producción, no es menos cierto que la lógica del capital lejos de extenuarla la acentúa. Queda claro, a través de algunos pasajes del texto, que las mujeres pobres (y sobre todo las campesinas-indígenas), quedan más expuestas a situaciones de dominación y explotación (“Es buena gente, solamente que algo oscurita… A ti jamás te pasaría eso. ¿Acaso no has visto cómo te tratan los gorilas de la disco? Si no te ponen una alfombra roja, es porque no la tienen”) y que –en principio– la experiencia revolucionaria se planteaba dar un espacio diferente a las mujeres (“quiero saber, profesor, ¿qué papel en la revolución nos ofrece a las mujeres su partido?”). De allí que haya mujeres en la “dirección” de la organización (aunque por supuesto, el número Uno sea un hombre) y que la “guerra revolucionaria en el campo” se presente como una posibilidad de “liberación” para una joven de clase media urbana (“Un esposo y una hija eran mis lastres para la lucha. Imposible mantener el equilibrio. Ser esposa me hacía perder demasiado tiempo”). Así y todo, las asimetrías de género se reproducen al interior de la experiencia política que se pretende transformadora (“Un combatiente es disciplinado, no se deja llevar por ese impulso de sus partes. Nada nos distinguiría de un burgués reaccionario si dejamos que esa calentura nos gobierne”) y, por supuesto, también –o de manera mucho más extendida– en la clase “explotada y oprimida”. Y esto queda claro, en la novela, a través de los padecimientos que sobrelleva la campesina Modesta (“Un par de cocachos te metió Gaitán en la cabeza, bien duro ahí, todavía te duele”) y cómo esos padecimientos se retransmiten inter-generacionalmente (“Hay que mandarla al colegio. Pero él no quería. Para qué. Que se ocupe de la chacra nomás, o que aprenda a tejer. Cuando se case su marido se va a encargar de todo”).
Alguna vez, el viejo Engels escribió que el grado de emancipación de una sociedad, podía medirse “por el grado de emancipación que las mujeres tenían o habían conquistado en esa sociedad”. Seguramente ciertas resistencias a las que tuvo, tiene y tendrá que enfrentarse la novela de Claudia tengan que ver con eso. Con que, más allá de las disparidades nacionales y las desiguales conquistas en materia de género y diversidad sexual obtenidas en los distintos países de la región, aun son muchas las batallas que habrá que librar contra el machismo, y los modos de entender y habitar el mundo que ese “modelo” nos impone.

TERCERA Y ÚLTIMA ESCENA: “En busca del legado perdido”
En las primeras líneas de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx sostiene que “la herencia de todas las generaciones muertas acosa la mente de los vivos como una pesadilla”. Tal vez por eso, la “tradición” suele estar más del lado de los conservadores que de los revolucionarios, porque impone al pasado como autoridad. El legado, en cambio –más cerca de las conceptualizaciones que Walter Bénjamin realizó alguna vez sobre el concepto de historia– busca en el pasado una inspiración para continuar haciendo la historia. Seguramente por eso, en su Literatura de izquierda, Damián Taborovsky escribió que, salvo en situaciones revolucionarias, “siempre es decepcionante cuando la literatura encarna los mismos valores que la sociedad”.
Esta novela, por el contrario, si sitúa en un lugar de “ruptura” con el sentido común –el más común de todos los sentidos, como señaló Antonio Gramsci– reinante hoy en el Perú.
De allí que sea un texto que incita (¿excita?) y que, lejos de ser una literatura panfletaria –típica de los intelectuales que, políticamente se sitúan en la izquierda y estéticamente terminan coincidiendo con la derecha– se constituya en un auténtico relato crítico.
Es que tal vez sea hora de abandonarse más firmemente a la experimentación, tanto estética como política. Y, en ese sentido, quisiera rescatar que La sangre de la aurora, de Claudia Salazar Jiménez, tiene –aunque no lo parezca– una dosis de leninismo. O al menos, una cuota de cierto espíritu que le hace honor a esa frase de Lenin que sostiene: “Embarcarse… y después ver”.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Organismos de Derechos Humanos: Justicia, Creación y Digna Resistencia

En el Día Internacional de los Derechos Humanos

Por Mariano Pacheco
(Nota publicada en el periódico "Me contó el Viejo Antonio", San Francisco, Córdoba)


Alguna vez, un viejo dirigente político argentino subrayó que “la justicia y la libertad” “no se regalan”, sino que “se conquistan, se defienden”, y a veces –aclaraba– “hay que morir por ellas”. Luego de que, décadas atrás, miles de personas –sobre todo jóvenes– padecieran en sus cuerpos las políticas del Terrorismo de Estado, resultaría a todas luces absurdo que un Estado no comprendiera que no debería hacer falta morir por ningún reclamo. Así y todo, la cantidad de asesinados en protestas sociales o a manos de la “violencia institucional” (los denominados casos de “gatillo fácil” o nuevas “desapariciones”), en más de 30 años de democracia, no es menor. De allí la importancia de “no olvidar” los crímenes actuales. Tal como destacó Enrique Carpinero (director de Topía, revista de psicoanálisis, cultura y sociedad), “si olvidamos esos muertos, desaparecen como muertes que simbolizan la arbitrariedad de un poder”.
La masiva “8° Marcha de la Gorra”, realizada el 20 de noviembre pasado en la capital provincial para exigir la derogación del Código de Faltas, y el importante “Festival Contra el Gatillo Fácil”, desarrollado días antes en la misma ciudad, organizado por familiares de víctimas de estos casos, lograron dar cuenta de que una importante fracción de la sociedad cordobesa está atenta a las violaciones actuales de los derechos humanos.
Hace unos años, en una visita que realizó a Buenos Aires, el pensador francés Alain Badiou sostuvo: “pasar del estado de víctima al estado de alguien que está de pie, eso es la justicia”. Sospecho que nadie que actúe de “buena fe” podría sostener hoy en día que los organismos de Derechos Humanos no son un claro ejemplo de ese proceso, de ese pasaje, que hizo –ni más ni menos- que la memoria sea entendida como un campo de batalla que alimenta los actuales combates sociales y políticos por sostener y ampliar “la justicia y la libertad” para todos aquellos que habitan este suelo que llamamos patria. De allí que produzca cierto escozor enterarse que, por tercer año consecutivo, los “Sitios para la Memoria y la promoción de los Derechos Humanos de Córdoba” lleguen al 10 de diciembre (Día Internacional de los Derechos Humanos), sin que la gestión de José Manuel De la Sota haya ejecutado la totalidad del presupuesto provincial destinado a dichos espacios. Y lo peor de todo es que 2014 no es una excepción.
En 2011, el presupuesto ejecutado fue 46,22% del total. En 2012, el 71,60%. En 2013, el 51,34 %. Este año se llega a la triste cifra de 40%, es decir, menos de la mitad.
Dichos espacios son el Archivo Provincial de la Memoria (que se creó el 22 de marzo del 2006, bajo la Ley Provincial N° 9286 y pasó a funcionar en el edificio que del ex Centro Clandestino de Detención D2, donde funcionara el Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba), y los ex CCD La Perla (que abrió sus puertas en 2009), y Campo de la Ribera (inaugurado en 2010). Los tres son espacios públicos, de entrada libre y gratuita. 
Tal como ha remarcado Emiliano Chiappero en un informe publicado en la edición Córdoba del diario El Argentino, son de una vital importancia para la sociedad cordobesa las tareas emprendidas por estos espacios. A marzo de 2014, más de 160 mil personas los habían visitado (de los cuales alrededor de 53 mil fueron en el marco de recorridos educativos, es decir con estudiantes de jardines, escuelas primarias, secundarias, terciarias y Universidad de todo el país e incluso del exterior); más de 650 docentes y estudiantes de magisterio habían participado en las diferentes propuestas de formación docente en Derechos Humanos y Memoria; más de 1.500 jóvenes, de 30 escuelas de la ciudad y la provincia, lo hicieron en el marco del Programa “Jóvenes y Memoria” y alrededor de 300 estudiantes universitarios en el marco de las “Prácticas Socio Educativas y Pasantías”. En cuanto a la elaboración de material bibliográfico, se destaca la creación de la editorial Ediciones del Pasaje, con la edición de 20 publicaciones que reflexionan sobre lo ocurrido en torno al Terrorismo de Estado en Córdoba, junto a la producción de 41 realizaciones audiovisuales.
Como puede apreciarse, la creación ha ido de la mano de la digna resistencia emprendida por “los organismos” durante todos estos años. Es una pena que el gobierno actual no esté a la altura de semejante experiencia.


martes, 9 de diciembre de 2014

Entrevista a Laura Vilches

“La banca parlamentaria no tiene 
sentido sin la movilización en las calles”

Por Mariano Pacheco
(nota publicada en el diario El Argentino-Edición Córdoba)


Laura Vilches tiene 32 años. Comenzó su militancia hace siete, en la Universidad Nacional de Córdoba y la continuó en el gremio docente. Es profesora de Lengua y Literatura en colegios secundarios. En horas asumirá como legisladora provincial, suplantando a Cintia Frencia (Partido Obrero) en la bancada en la que antes estuvo Liliana Olivero (Izquierda Socialista). En diálogo con este medio, la dirigente del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS) comenta sobre sus proyectos y expectativas en la arena parlamentaria.


--¿Cuál es el trasfondo del planteo de “rotación” en la banca?
--Bueno, en principio, es uno de los acuerdos que tenemos entre los tres partidos que integramos el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) y que ya hemos implementado en Neuquén y que responde a la concepción que tenemos, que es que la bancada no es un lugar para hacer carrera política y enriquecerse, sino que es un puesto de lucha para situarse junto a las peleas que libran los trabajadores, las mujeres y la juventud.
--También está el planteo de los ingresos económicos
--Claro, es parte del mismo planteo. En mi caso seguiré cobrando el equivalente al salario docente y la dieta la voy a donar para un “fondo de lucha”, como han hecho nuestros dirigentes Cristian Castillo y Nicolás del Caño, que en un año juntaron un millón de pesos que fueron destinados, entre otras cosas, a apoyar la lucha de los trabajadores de Lear en buenos Aires, y de Valeo y WV en Córdoba.
--Olivero-Frencia-Vilches: ¿cómo abordan la cuestión de género?
--En el caso de la Unicameral, responde a una legislación provincial, que estable cupos femeninos, pero además desde el FIT buscamos darle una impronta de género a la bancada. En Córdoba hay tres flagelos que atestiguan la violencia contra las mujeres. Los femicidios (17 en la provincia este año), que con el crimen de Paola Acosta cobró mayor relevancia pública; las redes de trata, que no podrían funcionar sin que esté involucrada la policía; y el derecho al aborto, que en la provincia se agrava más porque ni siquiera se puede acceder al aborto no punible.
--¿Qué proyectos pensas impulsar en 2015?


--En principio, tenemos todavía por delante la votación del “Nuevo Código de Convivencia”, que vamos a votar en contra, porque creemos que no da respuestas a los cuestionamientos que tiene el Código de Faltas, además de que pretende reglamentar y limitar el derecho a la protesta social. Después vamos a impulsar un proyecto para que todo legislador cobre el salario de un trabajador calificado. Porque quienes están en el parlamento –esa cueva de bandidos– no habitan los mismos barrios que los trabajadores, ni mandan a sus hijos a la escuela pública ni se atienden en hospitales, sino que se han transformado en una casta que vive del Estado. Otra iniciativa es la que venimos trabajando con un sector “trans”, para que el estado y las empresas garanticen un cupo de trabajo para una población vulnerable, que en el 95% de los casos no ve otra salida más que la prostitución. Por último, también impulsaremos un proyecto para que en los lugares de trabajo haya espacios en donde se cuiden a los hijos de quienes allí trabajan.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Córdoba: Festival “El Urondo"

Para promocionar los vínculos 
entre Teatro, Política y Sociedad

Por Mariano Pacheco
(Publicada en revista Deodoro, noviembre de 2014)

Se realizó en Córdoba entre el 2 al 12 de Octubre. Un total de 17 obras se llevaron a los escenarios de las salas “La Chacarita” y “Casa Grote”. Hubo además proyección de películas, entrevistas públicas, mesas de debate, lecturas públicas de narrativa y poesía. Un espacio de encuentro que parió un nuevo colectivo de intervención cultural.




Tal vez fue el mote de “poéticas varias”, o la idea de que el Festival de Teatro no fuera solo eso, sino también un espacio de encuentro para impulsar/fortalecer los vínculos entre Teatro, Política y Sociedad. Quién sabe. El hecho es que durante diez días (del 2 al 12 de octubre), en la ciudad de Córdoba, “El urondo” se llevó adelante en las salas “La Chacarita” y “Casa Grote”. Centenares de teatristas, poetas, escritores, ensayistas, artistas independientes y activistas sociales se reunieron para dar nacimiento a esta primera edición de un Festival anual que terminó convirtiéndose en un nuevo colectivo de intervención cultural. Organizado por los grupos “Zéppelin Teatro”, “Elencos Concertados”, “Los de La vuelta” (que dirigen Jorge Villegas, Enrique Giungi y Toto López, respectivamente), también participaron los grupos “5M16”, “Des Armadero Teatro”, “Las Perez Correa”, “Teatro de ilusiones Animadas”, “La Vueltaalperro”, “BiNeural-MonoKultur”, “Rimando Entreversos” y artistas como Teti Cavo y Miguel Oyarzún.

Más allá de los escenarios
El Festival contó también con actividades por fuera de los escenarios, con entrada libre y gratuita. Una de ellas fue la proyección de “Darío Santillán, la dignidad rebelde”, la película documental de Miguel Mirra y la entrevista abierta que el periodista Dante Leguizamón le realizó al escritor Mariano Pacheco, co-autor de Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo, el joven asesinado junto a Maximiliano Kosteki el 26 de junio de 2002, en la denominada “Masacre de Avellaneda”. Otra, la presentación del proyecto artístico “Pobre arte”, de Jorge Cuello, en el que el artista rinde homenaje a las “Abuelas de Plaza de Mayo”. El evento contó con la presencia de Sonia Torres, entre otros. También, se realizó una mesa debate sobre “Teatro y dictadura-Teatro y democracia”, que contó con la participación de José Luis Arce, quien fue entrevistado por Daniela Martín.
Por otra parte, impulsado por el Grupo de Poesía Pan Comido, mates y criollos mediante, se realizó durante toda una tarde, en la Plaza Comechingona (ex Colón), una lectura colectiva de La patria fusilada, el emblemático libro de Francisco Urondo publicado en 1973, en el que aparecen en primera persona los testimonios de Ricardo René Haidar, María Antonia Berger y Alberto Camps, los tres sobrevivientes del crimen político del 22 de agosto de 1972, recordado como la “Masacre de Trelew”. Libro que Urondo construyó en base a los testimonios que grabó en la madrugada del 25 de mayo de 1973, mientras compartía cautiverio con los tres sobrevivientes, en la cárcel de Villa Devoto y los presos políticos esperaban ser liberados por una multitud que, afuera del penal, pujaba por acelerar el decreto presidencial que finalmente Héctor Cámpora firmó, y con el cual se otorgó una amnistía a los “combatientes revolucionarios” encarcelados.
Además, “El Urondo” contó con una mesa sobre “Violencia institucional”, de la que participaron Viviana Alegre (mamá del joven desaparecido Facundo Rivera Alegre); Eugenia Aravena, de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar); el Abogado de derechos humanos Claudio Oroz; representantes del Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos y madres de jóvenes victimas de gatillo fácil.

El fuego y la palabra
En diálogo con Deodoro, Villegas, Giungi y Toto López cuentan la trama que los llevó a organizar esta primera edición de “El Urondo”. Para Villegas, lo importante es que la identidad del festival “se vaya” construyendo, con el tiempo, y con las actividades. “La idea es visibilizar los colectivos y teatristas, los poetas y escritores que están, además de haciendo sus obras, trabajando con los movimientos sociales, con actividades anticarcelarias y otros temas. Es decir, con todos aquellos que tienen muy unida la producción artística específica y la construcción de ciudadanía”, cuenta el director de Zéppelin teatro. Y remarca que el festival no pretende “ser un espacio de consagración, sino que se propone generar encuentros. Giungi, por su parte, rescata la “generosidad” del Toto López, ya que “El Urondo” surge de la metamorfosis del Festival Clandestino, que durante años organizó el director de “Elencos Concertados”. “Creo que esa generosidad de la que habla Giungi, en realidad tiene que ver con que hubo una propuesta superadora. Así como el Festival Clandestino se organizó en una época, para intentar visibilizar aquello que se pretendía invisibilizar desde el establishment cultural local, que definía por donde tenía que pasar la estética y el que no la acataba se quedaba afuera, creemos que después de once años hay cosas que han cambiado, somos más visibilizados. Eso, por supuesto, tiene que ver con la pelea de todo un pueblo. Y esta idea de visibilizar a compañeras y compañeros militantes, tiene que ver con organizar todo ese espacio que existe, pero que está como en la diáspora. El festival fue un primer paso para conocernos y compartir una experiencia”, insiste el Toto López.
 Para Guingi, vivimos una época en donde es importante “sostener y cuidar lo que tenemos”. “Me parece que, sobre todo ellos (por Villegas y López), que son de generaciones más grandes que la mía, saben lo que cuesta vivir como estamos viviendo ahora, y como estamos trabajando en democracia, y hay que apropiarse de las libertades que hemos conquistado”, señala el teatrista. Y remata: “es uno de los puntos que tiene el festival: apostar a construir la fuerza capaz de defenderlas. Y prepararnos para lo que puede venir”. Villegas agrega que esa “apuesta militante” puede verse expresada en el hecho de que ellos tres no son “un grupo de amigos que sale a hacer un festival con su gusto”, sino que son artistas que tienen diferencias, pero que se juntan para ir armando una propuesta. “Y la identidad es clave”, agrega. “El hecho de llamarlo con el nombre de un poeta y guerrillero, muerto en combate, es toda una señal. Porque El Urondo pretende generar una discusión con estos temas”. Para cerrar, Toto López, el más grande de los tres, rescata dos frases. Una: que lo colectivo es infinitamente superior a lo individual. Y segundo, lo que decía Paco Urondo, que “todos los extremos son malos”. Y por eso tenemos que ir más allá de los extremos.

Constelaciones
En sus “Tesis sobre el concepto de historia”, Walter Benjamin escribió que “articular históricamente el pasado no significa conocerlo como verdaderamente ha sido sino adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro”. Algo de eso parece haber estado presente a la hora de elegir la figura, el nombre de Francisco “Paco” Urondo para identificar esta experiencia. El riesgo de tomar figuras y nombres del pasado para dar cuenta de procesos actuales es riesgoso, se sabe, y el hilo para evitar caer en el folclore y apagar toda llama de perspectiva revolucionaria que aun pueda quedar encendida es muy delgado. Sin embargo, muchos de quienes asistimos a este Festival quedamos con una extraña sensación de inactualidad, no en el sentido de viejo sino en el de porvenir. Algo así como que una demora retrasa la llegada de algo que, por aquí y por allá ya se hace sentir. Tal vez sea que el arte no representa tanto como anuncia, y “El Urondo” es un síntoma de que hay miradas que están cambiando respecto del vínculo entre arte, política y sociedad. Miradas que retoman del ayer elementos imperceptibles desde la óptica de los vendedores de ilusiones y monumentos del pasado. Miradas que, parafraseando nuevamente a Benjamin, pretenden establecer un secreto compromiso de encuentro entre las generaciones del pasado, y la nuestra.



martes, 2 de diciembre de 2014

Entrevista a Nicolás Prividera

 “Cada época tiene su sentido común 
del que siempre es trabajoso correrse”

Por Mariano Pacheco

El jueves se presentará en el Cine Club Municipal Hugo del Carril el libro “El país del Cine. Para una historia política del Nuevo Cine Argentino”, de Nicolás Prividera. A modo de adelanto, El Argentino conversó con su autor sobre su producción poética, crítica y cinematográfica.




“El país del Cine. Para una historia política del Nuevo Cine Argentino”, es el nombre del último libro de Nicolás Prividera, publicado esta semana por la editorial cordobesa Los ríos. Un libro compuesto “por textos que proceden de fuentes y contextos variados en cuanto a su circulación, enunciados en tiempos y lugares diferentes”, puede leerse en su contratapa. “Es un caso infrecuente el de su autor: en la actividad de Prividera se hacen complementarios, por momentos indiscernibles, lo actos de escritura crítica y realización; un movimiento de interrogación y planteo sobre su práctica de alcance conceptual y creador a la vez. El origen múltiple de los textos trama una configuración que insiste en el mismo título del libro, cuyo recorrido traza una pregunta a la vez histórica y política sobre el nuevo cine argentino”. Con estas palabras, Eduardo Russo presenta este trabajo, que se presentará este jueves en la capital provincial.

UNA VOZ GENERACIONAL
En tu libro “Resto de Restos” planteas algunas hipótesis en torno a los modos de abordar el pasado y algunas posiciones en torno al presente, sobre todo desde una mirada generacional. Decis, por ejemplo, que “la época no deja mucho que desear”, que es una “época confusa” y que la mayor “limitación generacional” es haber asumido “el pasado como futuro”.
--¿Cómo te posicionaste para trabajar esta “historia política del Nuevo Cine Argentino” (NCA)?
--Lo que me interesaba era pensar en la descuidada perspectiva generacional, en dos sentidos: por un lado, en cuanto a la dificultad del NCA en asumirse como generación, y ligado a esto la poco pensada relación con la generación del 60, no en vano también conocida en su momento como NCA. Ese es un poco el núcleo del libro, y desde donde discuto con otras perspectivas más conciliadoras o apologéticas (Gonzalo Aguilar, SSergio Wolf, Eduardo Antín –Quintín-, entre otros).

A CONTRAPELO
Alguna vez planteaste que los “hijos mutantes” asumen su origen pero no quedan presos de él, ya que buscan respuestas más en el presente (e incluso en el futuro) que en el pasado. Tu película “M” fue muy cuestionada por determinados sectores y “Tierra de los padres” fue, digamos “ninguneada” en algunos festivales.
--¿Te parece que hay espacio para las miradas críticas que puedan gestarse desde el arte o pensas más bien que hay como un “sentido común progresista” del cual nos cuesta un poco salirnos?
--Cada época tiene su sentido común, del que siempre es trabajoso correrse. Ir contra la corriente implica arriesgarse a ser como mínimo malentendido. Pero es el riesgo que hay que tomar para peinar el propio tiempo a contramano y señalar sus puntos ciegos o no resueltos. En el caso del cine argentino actual, ese punto es la conflictiva relación con lo político y lo genealógico (herencia de sucesivas lecturas sesgadas de los años setenta, en que fuimos paridos).

SE PRESENTA EN CÓRDOBA 
EL LIBRO DE NICOLÁS PRIVIDERA


El libro “El país del Cine. Para una historia política del Nuevo Cine Argentino”, de Nicolás Prividera, recientemente publicado por la editorial cordobesa Los Ríos, se presentará en Córdoba el próximo jueves 4 de diciembre, desde las 20:30 horas en el Cine Club Municipal Hugo del Carril (Bulevar San Juan 49). Junto con el autor, estarán presentes Roger Koza (programador y crítico de cine) y Fernando Svetko (profesor de filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba).