lunes, 19 de enero de 2015

Jesús María: mucho más que un festival de Folclore

Crónica de un recorrido por las calles de la ciudad

Por Mariano Pacheco


En ambos lados de la vía por la que alguna vez pasó el tren de pasajeros, y por la que ahora –de tanto en tanto– transitan los vagones de carga que se llevan del lugar gran parte de su producción agropecuaria, se erige durante los días que dura el  Festival de Doma y Folclore de Jesús María una gran feria, en la que pueden encontrarse todo tipo de producciones, desde artesanías en cuero hasta queso y salame, pasando por vestimenta de uso cotidiano hasta muñecos de duendes y revistas culturales realizadas por jóvenes de la ciudad y sus alrededores. Lo que abunda son los puestos de comidas, donde un choripán puede conseguirse a $25 y una cerveza de litro a $30. Por supuesto, para obtener los mejores precios hay que caminar, aunque a veces sus variantes tienen tan solo unos metros de distancia. Incluso uno ofrece: “comprando el vaso de acero inoxidable, te lo llenamos con la bebida que vos quieras gratis”. El vendedor aclara: “no estábamos vendiendo nada, pero con este cartel y las canciones de La Mona la gente se empezó a parar en el puesto”. 


Además de las pizzerías, bares y restaurantes que están establecidos en los alrededores del predio donde se realiza el festival, otros “comedores” se montan con carpas y lonas, donde las familias se agolpan por conseguir un lugar en el cual poder comer, beber y, a la vez, poder ver bien los números artísticos que cada sitio ofrece. También en el denominado “teatrino”, algunas bandas del lugar y sus alrededores (como Colonia Caroya), ofrecen sus ritmos Latinoamericanos y sus canciones de folclore en el recital organizado por la Municipalidad local. Turistas que esperan que el “cucú gaucho” salga de su casita, pobladores del lugar, de todas las edades, que dan vueltas una y otra vez por allí y jóvenes –incluso adolescentes– que tienen al festival anual como espacio de reunión de amigos, y donde hacer otros tantos nuevos. Parejas establecidas y recientemente conformadas, abuelas con sus nietos, padres y madres con sus hijos, todas y todos parecen haberse puesto las “pilchas” que mejor les quedan para lucirse en un evento que tal vez tiene la misma –o incluso mayor importancia– que las “jineteadas” y números musicales que pueden verse adentro, con entradas que de todos modos no resultan tan ajenas a la realidad económica de un trabajador medio. “Además se puede entrar con comida y bebida de afuera”, remarca un joven del lugar que conversa brevemente con este cronista, botella de gaseosa y de fernet en mano, quien se aleja junto con un amigo al que le tocó llevar el  hielo.


jueves, 15 de enero de 2015

Este fin de semana

 9º Encuentro de cantautores en Alta Gracia 
y Teatro Independiente en las Sierras Chicas

  
Hoy a la noche: las canciones de Sol Pereyra y la dramaturgia del Toto Lopez


Continúa en las Sierras Chicas el ciclo
del Grupo de Teatro “Los de la Vuelta”


El teatro independiente cordobés continúa con sus obras por las Sierras Chicas. Durante este fin de semana, el grupo de teatro “Los de la Vuelta” comenzará su recorrido, el jueves 15 en la Vieja Capilla de Río Ceballos (ubicada frente a la plaza céntrica), con la presentación del unipersonal “El garra”, interpretado por Toto López, con dirección de Susana Paloma y texto de Eva Bertaina. El sábado en el Recodo del Sol, con la actuación de Paula Martinez, se llevará a los escenarios “La gran cloaca del mundo”, de Vicente Zito Lema. Para finalizar el recorrido de la semana, tendrá lugar en la Casa de la Cultura de Unquillo la obra “El cerrojo”, una obra de Humberto Constantini, con la actuación de Erika Puglisi (entrada, $60). Todas las funciones comienzan a las 22 horas. Las de jueves y viernes son con entradas “a la gorra”.

Más de 30 artistas se presentarán
este año en el 9º Encuentro de cantautores de Alta Gracia


La Librería y Espacio Cultural Hora Libre (situada en la calle Urquiza 27 de Alta Gracia), será la sede del 9° Encuentro de cantautores, una iniciativa organizada el promotor cultural local Adolfo Barrera.
Este año visitarán la ciudad del Tajamar más de 20 artistas de la escena local, nacional e internacional. Entre ellos se destacan Sol Pereyra y Julián Venegas. Por otra parte, el artista Pablo Bisio pintará un mural en el que intentará representar cada noche del encuentro. 
El evento no se suspende por lluvia. Además de los shows de los artistas, el evento contará con una serie de actividades libres y gratuitas: el jueves 15 y el domingo 18, desde las 19 horas en el reloj público de la ciudad, se presentarán Santi Ortiz y Franki Funky, y Diego Marioni. Por otra parte, los homenajes a Gustavo Cerati (viernes 16) y Raúl Carnota (sábado 17) se realizarán en Chaco Resto Bar (calle Paraguay 230).
A continuación, la grilla día por día:
Jueves 15: Martín Leguizamón, María Pien y Mariana Paraway, Luciana Mocchi, Georgina Hassan y Sol Pereyra.
Viernes 16: Agos Del Río, Pablo Dacal, Papina de Palma, Beto Caletti y Nano Stern.
Sábado 17: Santi Torres, Cecilia Zabala y Francisco Heredia. Cantautores Cordobeses: Enrico Barbizi, Marcos Luc, Lucas Heredia, Horacio Sosa, Ariel Borda, Jenny Nager. Cantautores Rosarinos: Rubén Goldín, Adrián Abonizio, Sandra Corizzo, Sergio Sainz, Julián Venegas.
Domingo 18: Genaro Garbarino, Maru Chamella y Mariano Vélez, Lula Fernández, José Luis Aguirre y Alberto Suárez.


martes, 13 de enero de 2015

¿LA DÉCADA EMPASTADA?

Manifiesto resistencia bacteriana


Por Colectivo Editorial Crisis


Producir medicamentos para las personas sanas es el leitmotiv que anima a la industria farmacéutica desde hace treinta años. Tras él, una imparable maquinaria comercial dispuesta por las empresas más rentables del planeta, procuran cada día “venderle remedios a todo el mundo”. Para conseguirlo precisan de un aliado clave: la industria del entretenimiento, dueña del acceso directo a la subjetividad social y el inconsciente colectivo. En esta guerra biopolítica de posiciones también operan las tecnologías de la salud y el bienestar, tanto en su faz cosmética como en las mil formas de moldear los cuerpos según las imágenes dominantes de lo bello o las exigencias del rendimiento y la productividad. La Argentina peronista, sumida en su ciclo de prosperidad y consumo, se ha rendido, coqueta y laboriosa, ante esta sintética trinidad del nuevo espíritu del capitalismo. El siglo XXI nos encontró unidos y empomados.
El poder médico vacila entre la oposición moral y un redituable sometimiento, con inclinaciones mayoritarias hacia esta segunda opción. Pero su impotencia es expresión del modo en que lo público está siendo reformateado, mas allá del alcance de los mandamientos disciplinares. Las corporaciones empresarias doblegaron sin atenuantes a las corporaciones profesionales, e impusieron el festival de los medicamentos de venta libre. La seducción publicitaria y la promesa de soluciones instantáneas dejaron en ridículo las pretensiones científicas de los galenos. Las empresas del rubro gastan en promoción casi el doble del monto destinado a investigación y desarrollo. En nuestro país, según las mediciones de la Cámara Argentina de Agencias de Medios, la Industria Farmacéutica incrementó sus inversiones en publicidad a razón de un 50 por ciento anual (+50,8 por ciento en 2003, +46,7 en lo que va del 2014). La expansión de los farma-bussines hacia un universo de afecciones que hasta hace poco no eran consideradas patológicas disolvió las fronteras que tradicionalmente separaban el territorio de lo sano y las ciénagas de la enfermedad.
Lejos de su identidad original como instrumento de curación, los medicamentos se han transformado en uno de los bienes económicos más agresivos y pujantes. La salud es percibida hoy como una “cadena de suministro mundial” y, como sucede desde hace una década con la industria alimenticia, la racionalidad financiera que anima estas cadenas no está en condiciones (porque ni se lo propone) de garantizar el acceso de las poblaciones pobres a las medicinas necesarias, debido a su escasez en los servicios públicos y a sus elevados precios en el sector privado. En la medida en que las políticas estatales se han sumado a la impronta de derramar medicamentos de forma compulsiva, allí donde soluciones estructurales podrían operar como remedio antes que aparezca la enfermedad, el papel de lo sanitario ha sido reformulado quizás de manera irreversible.
Los cuestionamientos más severos surgen de los suburbios informes de la microbiótica. Las multitudes bacterianas están en pie de guerra y han decidido conquistar el poder de inmunizarse frente a los antibióticos. Indignados frente al mal uso de estos medicamentos, debido al exceso de prescripciones médicas y a su masiva utilización en la cría de carnes para la ingesta humana, los microorganismos están desarrollando una sorprendente habilidad para mutar de forma acelerada. La Organización Mundial de la Salud considera que las llamadas “bacterias asesinas” representan ya una importante amenaza global. A partir de un estudio difundido este año bajo el título “Resistencia a los antibióticos: informe mundial sobre la vigilancia”, un alto funcionario de la entidad dijo: “si no tomamos medidas importantes para mejorar la prevención de las infecciones y no cambiamos nuestra forma de producir, prescribir y utilizar los antibióticos, el mundo sufrirá una pérdida progresiva de estos bienes de salud pública mundial cuyas repercusiones serán devastadoras”. El mismo doctor, el japonés Keiji Fukuda, agregó: “el mundo está abocado a una era post-antibióticos en la que infecciones comunes y lesiones menores que han sido tratables durante decenios volverán a ser potencialmente mortales”.
Lejos del tono apocalíptico de los celadores del cuerpo humano, la industria farmacéutica se esmera en el desarrollo de un nicho clave, el de las píldoras para la mente. Es la consagración de la utopía narcótica. Pastas para todas y todos, en virtud de una incesante búsqueda del sentirse bien. Para trasponer los márgenes del rendimiento individual. Y para diseñar una tabla química de flotación, que nos permita surfear los deshilachados pantanos del ser social. La captura de la atención, la conquista del sueño y el combate contra la depresión, son los objetivos estratégicos de esta máquina delirante que ansía alcanzar, a corto plazo, la quimera de la disponibilidad total: intelecto vegetal.
Diciembre es nuestro mes de la saturación. Apoteosis del consumo festivo, masivo, a veces salvaje. Diciembre es el tiempo de la crisis, de su latencia. Diciembre es la amenaza de una desconexión. Y de múltiples apagones. Diciembre es la inminencia de un electrón perdido, que salta por los aires, para anunciar el arribo de un nuevo ciclo, ¿una repetición sin diferencia?


lunes, 12 de enero de 2015

HOY, EN BUENOS AIRES, OPERAN DEL CORAZÓN A VICENTE ZITO LEMA

¡FUERZA COMPAÑERO!


 Un corazón tan fuerte y sensible a la vez no puede más que resistir, como lo hizo todos estos años. Para quienes no lo conocen (debería ser recontraconocido, pero por ser un intelectual crítico en todos sus sentidos se le han cerrado muchas puertas en estos años), Vicente fue abogado de presos políticos en los 70 (Santucho, Tosco y tantos otros pudieron dar cuenta de su calidad humana). Poeta, periodista, dramaturgo, narrador, pensador, psicólogo social, tallerista en donde lo convocaran... que decir, uno de esos militantes integrales siempre dispuesto a trasmitir su experiencia a las nuevas generaciones. A la distancia, geográfica pero no afectiva, mi aliento para este compañerazo. Espero tengamos noticias pronto.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Los libreros: Un homenaje a los amigos conversadores

Breve relato para despedir el año

Por Mariano Pacheco


Corren tiempos en los que las grandes cadenas de comercialización de libros llevan al objeto a un punto de fetichización tal que una novela, ensayo, compilación de cuentos o poesías –cuando no una obra de teatro- son puestos –“expuestos”- ante el consumidor como cualquier otro producto podría ser colocado en una góndola de supermercado. En fin, no es que crea, como un alma bella, que el libro no sea una mercancía, que las editoriales no sean empresas con sus trabajos tercerizados, que quienes los vendan no pertenezcan al rubro “comerciantes” y quienes los producen obreros de la “tecla y la internet” (otrora tinta y papel). Así y todo, si tuviese rápidamente que detenerme a pensar en una analogía, diría que una librería –una Librería, y no simplemente un sitio donde se comercializan libros- y sus libreros, son más parecidos a una ferretería de barrio que a “farmacity”, o como sea que se llamen esos sitios (donde se super-explota a sus trabajadores) más parecidos a cualquier otra cosa menos a una farmacia.
Si uno no sabe nada de nada –y sé que se siente entrar a un negocio a pedir algo que uno no sabe ni como se llama- no tiene más remedio que entrar en conversación con el ferretero, explicarle el problema, la solución que uno imagina que podría ir. El ferretero pasa entonces de vendedor a interpretador. Cuando alguien sabe del tema –lo he visto, me he quedado pasmado frente a ese tipo de diálogos- las figuras de vendedor y comprador se desdibujan por un rato, y la conversación logra por un instante suplantar al simple acto comercial. Algo así pasa cuando uno, en vez de entrar a un negocio donde venden libros, ingresa en una librería.
Con cualquier mudanza –sobre todo si uno se va lejos- ese acto íntimo y amistoso en el que puede convertirse ir a comprar uno o varios libros se ve afectado. De allí la importancia de encontrar rápidamente una librería amiga o algún amigo o conocido que tenga la amabilidad de facilitarnos la tarea.
Mis primeros libros los compré en Quilmes, en la adolescencia. La librería El Monje ya era un emblema local por ese entonces y tuve la suerte de trabar amistad con Guada, la hija de Néstor Arias y Berenice Blanco, entonces dueños y trabajadores del lugar. Allí recibí las primeras recomendaciones, seguramente me evité de leer algunos “bodrios”, me deslumbré con algunos títulos que marcaron mi vida (la obra de teatro de Jean Paul Sartre “A puerta cerrada”, por ejemplo). Un daño colateral de El Monje fue los préstamos de libros, que Andrea Gallegos –ex trabajadora del lugar- me facilitaba con frecuencia, siempre con el indistinguible sello de El Monje.
Al mudarme a Córdoba, a instancias del amigo Fernando Aiziczon, uno de los primeros lugares que conocí fue El Espejo. Desde entonces, cada mes, compro allí casi todos mis libros. Como aquel ferretero de barrio, la librería está atendida por lectores, verdaderos conocedores de los productos que exhiben, que contra la tendencia comercial hegemónica, no son precisamente los libros de autoayuda o de novela histórico-erótica escritas por mujeres de avanzada edad. Entrar a El Espejo es quebrar por un instante la temporalidad acelerada de la ciudad –¡y sí, a varios kilómetros de sus sierras, Córdoba capital no es una isla, sino otra de las grandes ciudades Latinoamericanas!-, sus ritmos vertiginosos, sus urgencias. Entrar a El Espejo no es simplemente realizar una transacción comercial, sino toparse con el íbero, Alexis o Guille, quienes mientras realizan sus tareas conversan sobre temas del día, porque siempre están informados de lo que pasa en la realidad que habitan, o sobre la reedición de algún clásico, un nuevo título de algún contemporáneo o el nuevo número de alguna revista. Como buenos vendedores que son, uno termina llevándoles el libro que iba a buscar, más algún otro recomendado por quien lo atendió (“A vos que te interesa tal tema, viste que salió tal título, se reeditó tal otro…”, y así). Y vale, porque no solo de pan vive el hombre –y la mujer-, pero sin pan es difícil que lo haga.
Algo similar a lo que sucede cuando uno ingresa a El Espejo pasa con Espartaco y Ana, Juan del Café y Librería de El ALBA –que supo combinar estantes de libros con mesas y sus vasos o tazas- o Joaquín y Carla, que en la librería Punto de Encuentro buscan permanentemente hacer del lugar un verdadero lugar de encuentro. También en otros rincones de la geografía provincial, como en Alta Gracia, donde Adolfo de Hora Libre busca combinar el amor por los libros con la música y la promoción artística de quienes habitamos la ciudad del Tajamar.

Vi en internet que el “Día del librero” es el 26 de abril, pero no importa, sabemos que las efemérides pueden ser también letra muerta, y acá estamos hablando de letra viva. Además, como toda efeméride, ese día corre el riesgo de ser un festejo al frívolo mercado de los libros. Para este fin de año preferí escribir este breve texto, fuera de fecha –como “fuera de foco” se encontraba el personaje en esa película de Woody Allen- para saludar y rendir un homenaje a los amigos libreros. A los nuevos, y por qué, a todos aquellos que uno se fue cruzando en el camino.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Sobre el 19 y 20 de diciembre de 2001

Política y movimientos sociales 
(Extracto de un ensayo publicado en el libro Socialismo desde abajo
Herramienta editorial, Buenos Aires, 2013)

Por Mariano Pacheco

Si es cierto -como alguna vez afirmó Gabriel Sarando, leyendo a Martín Heidegger- que cada generación gesta su héroe, y si es cierto, asimismo, que las jornadas del 19/20 de diciembre de 2001 funcionan como símbolo insoslayable de lo que en otras oportunidades hemos denominado como Nueva Izquierda Autónoma, cabe preguntarnos, a casi una década de la rebelión, cuanto de aquellas apuestas ha quedado consolidado en experiencias organizativas; cuanto han avanzado estos procesos, cuánto han logrado disputar poder.


Hacernos estas preguntas implica, desde el vamos, reconocer que las huellas de diciembre de 2001 aún persisten en la actualidad. Y, por supuesto, implica concebir la crisis no como mal a conjurar, sino en su positividad (en términos políticos y no en sus aspectos económicos, en las carencias materiales que implica en las condiciones de vida de las clases populares, claro está). La crisis como momento propicio para rever que hacemos, quienes somos, hacia dónde vamos. No en vano se ha insistido (Sheldon Wolin ha sido uno de ellos) en que los grandes enunciados de la filosofía política surgen de los momentos de crisis (contra ellas, insiste Wolin). También Eduardo Rinesi, en su libro Las máscaras de Jano. Notas sobre el drama de la historia, ha destacado que las crisis “son momentos enormemente productivos, de desentumecimiento, de desperezo, de apertura de la historia”. Como la crisis es el corazón íntimo y el reto mayor del pensamiento político, no deberíamos apresurarnos a huir de ella, a querer dar cuenta de ella (desde un lugar externo), sino que el desafío es poder permanecer actuando y pensando en el interior mismo de la crisis.
En este sentido, las jornadas del 19/20 son de vital importancia, entre otras cosas, porque colocaron a la política misma en otro lugar. Es más, tal como señaló en su momento Raúl Cerdeiras en un artículo publicado en la revista Acontecimiento (que fundó y dirige desde hace dos décadas), la insurrección permitió hacernos nuevamente la pregunta: “¿Qué es la política?”.
Si entendemos a la política como invención, como subversión de lo existente, o como señaló Alain Badiou en su artículo  “La hipótesis comunista”, como “acción colectiva organizada por determinados principios, que aspira a desplegar las consecuencias de una nueva posibilidad que en la actualidad se encuentra reprimida por el orden dominante”, entonces, la participación en el proceso electoral y la gestión del Estado –binomio por excelencia de la democracia formal- no pueden concebirse como momentos fundamentales de una política revolucionaria (que no es lo mismo que entender que nunca, allí, se ven plasmados momentos de las relaciones de fuerzas entre los proyectos –de clase- enfrentados en la sociedad). Siguiendo al Nico Poulantzas de Estado, poder y socialismo, podríamos decir que el Estado “condensa no sólo la relación de fuerzas entre fracciones del bloque de poder, sino igualmente la relación de fuerzas entre éste y las clases dominadas”.
Claro que los matices de la gestión estatal pueden ser demasiado amplios. Nadie está negando la abismal diferencia que pueda existir, por ejemplo, entre una dictadura sangrienta que reprime y clausura cualquier tipo de derecho, y un gobierno progresista que promueva reformas que amplíen los derechos sociales y laborales, los derechos humanos en general. Pero no deja de ser gestión de lo existente, regido por la lógica dominante de la representación. Cuando esa lógica se quiebra, entonces, es que estamos a las puertas o transitando ya hacia otra cosa, hacia la subversión del orden existente.
Por supuesto: pensar desde la crisis implica concebir que el motor de los cambios está en el conflicto y que, precisamente porque es el conflicto el motor del cambio, no podemos saber, de antemano, cuales pueden llegar a ser los resultados. Por eso una política revolucionaria se asienta sobre las bases conceptuales de la contingencia, del carácter abierto de los procesos históricos. Por eso, conceptualmente, es absurdo cuestionar los límites del movimiento de la clase.
En este sentido, diciembre de 2001 opera como símbolo generacional, porque fue allí el momento donde más claramente fue puesta en cuestión la legitimidad de las clases dominantes, luego del aplastamiento, a sangre y fuego, de las apuestas revolucionarias de los 60 y 70. Que no se haya logrado, como en Bolivia o en Venezuela, expresar esos cambios en las correlaciones de fuerzas en el Estado, no quiere decir que debamos quitarle mérito a lo sucedido, sino tan sólo resaltar los límites, no impugnando la experiencia sino proyectándola. Porque no caben dudas, si hablamos desde la inmanencia de las experiencias, que fueron aquellos días (semanas, meses) momentos de apertura a la impugnación del orden social, de sus clasificaciones y jerarquizaciones, de sus lenguajes. En fin, que hubo, durante ese período de aceleración temporal, política. Y queda claro, desde la perspectiva que se viene sosteniendo en estas líneas, que no hay propiamente política -para decirlo con las palabras del Rinesi de Política y tragedia. Hamlet, entre  Hobbes y Maquiavelo- sino “cuando ese carácter presuntamente inmutable y necesario del Orden es desnaturalizado, conmovido, puesto en cuestión”.
Momento de condensación, entonces, de una puesta en crisis, de un sacudón de la cosmovisión posdictatorial, que venía insistiendo, una y otra vez, en que no se podía cuestionar el pacto de los consensos de la representación. Porque si después de 1983 la política funcionó cada vez más como conservación de lo existente, como espectáculo (reforzado por una predominancia cada vez mayor de la virtualidad televisiva), las jornadas de diciembre de 2001 recuperaron, nuevamente, un lugar central para la corporalidad –según supo destacar María Pía López- en la  política, entendida como ejercicio de interpretación de la historia y transformación de la sociedad, quebrando así el “terror dictatorial” presente en los cuerpos y las subjetividades durante el período “democrático”. Y si insisto con el carácter simbólico de 2001, es porque en ese período se condensan y se proyectan experiencias previas, tanto a nivel nacional como internacional (en Argentina, la pueblada de Cutral Có en 1996; en Nuestra América, la insurrección zapatista en enero de 1994; en 1999, en el “primer mundo”, se produce la manifestación contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio, la OMC, en Seattle, que da inicio a una serie de protestas a nivel mundial). Son las resistencias del nuevo siglo, si tomamos la periodización “soviética” propuesta por algunos historiadores como Erik Hobsbawm, para quienes el siglo XX culmina con la caída de los socialismos reales en 1989.
Por último, quisiera afirmar que el predominio de las (actuales) prácticas preformativas, por sobre las (futuras) instituciones (por no decir Estado, que trae más confusiones que aclaraciones) que deberíamos gestar para auto-regir el comportamiento social, no implica negar la necesidad de que el movimiento se solidifique. Implica, simplemente (y no por simple menos fundamental), afirmar su primacía ontológica (así como ontológicamente, el mundo que ya desde ahora vamos gestando, tiene una preponderancia por sobre el mundo que nos obstaculiza el impulso y obstruye nuestro flujo creativo. En este sentido, es un mundo que es preciso aniquilar –más que superar–, pero no es el fundamento a partir del cual definimos nuestro ser-hacer).
Y la afirmación de esta primacía tiene consecuencias políticas fundamentales. En este sentido, haciéndonos eco de las palabras del Louis Althusser de El marxismo como teoría “finita”, podemos decir que nunca jamás, por principio, el partido –decía él, nosotros diremos el movimiento- debe considerarse “Partido de gobierno”, porque su función es ser el instrumento número uno de la “destrucción” del Estado burgués. Aun apoyando o participando de un gobierno, insiste, debe estar fuera del Estado. Porque sin esa autonomía, no saldremos jamás del Estado burgués, por más “reformado” que este sea.
Hay política desde abajo, por el cambio social –entonces–, cuando nuestra clase logra organizarse, librar batallas (¡y ganarlas!), conquistar mejores condiciones de vida, gestar otras formas de vínculos, otros valores y otra subjetividad; una institucionalidad propia, diferente a la hegemónica. Proyectar una política popular revolucionaria, que logre cambiar la correlación de fuerzas, entonces, es un desafío para la próxima década. Gestar un movimiento político de masas capaz de proyectar toda la experiencia acumulada en estos años a sectores cada vez más amplios del pueblo trabajador. Otro país, y ya no el eterno retorno de lo mismo...



sábado, 20 de diciembre de 2014

Cómo vivimos el 20 de diciembre de 2001


Crónica de la “Batalla de Plaza de Mayo” 
(en cuatro escenas)

Por Mariano Pacheco

Según las noticias de primera hora, el día había amanecido con siete nuevos muertos: tres en Rosario, dos en el Gran Buenos Aires, uno en Cipolletti y uno en Santa Fe. Los heridos contabilizados ascendían a 137 y los detenidos 551.


“El PJ, a través de Menem, Ruckauf y Duhalde, apoyaron el estado de sitio”. Así venía la mano, según informaban en los diarios. “Clima de barricada en Córdoba, hubo 15 heridos y 30 detenidos”. “Enfrentamiento a balazos en Rosario”; “Otro día violento en Entre Ríos. Autoridades atrincheradas en la policía”; “La Plata: protesta con incidentes”.
Los vecinos que participaban de los distintos Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) que integraban la Coordinadora Aníbal Verón, estuvieron yendo de acá para allá toda la mañana: cobrando los planes sociales ($160); comprando algunos regalos y comida para las fiestas; “saldando” deudas, especialmente con los almacenes; cruzándose a lo del vecino para comentar las últimas novedades; arrimándose al Galpón Popular a conversar con sus pares de la organización.
Ellos, como tantos otros, eran quienes formaban parte de lo que aquel día el diario Clarín llamó “el ejército de pobres” que en el último año se había incrementado en 3 millones de personas, es decir,  8.260 por día, aproximadamente.
A las 10.15 del 20 de diciembre de 2001, una muchedumbre se concentró en Plaza de Mayo. A los 15 minutos, la montada avanzó sobre las Madres de Plaza de Mayo. Luis Zamora fue el único “político” que pudo pasearse entre la multitud. El repudio a las lógicas de la representación, presente desde hacía meses en el ambiente político argentino, comenzaba a profundizarse en aquellos momentos.
A las 13 se cumplieron 12 horas desde la renuncia de Domingo Cavallo. El mismo que siendo ministro de Economía durante la presidencia de Carlos Menem había implantado el Plan de Convertibilidad. El mismo que promovió las privatizaciones para cancelar la deuda… y generar un nuevo endeudamiento del país. El mismo que defendió a capa y espada la desregulación de la economía, provocando un proceso abismal de desocupación y precarización laboral, ahora debía enfrentar el enfurecimiento popular. Él y el presidente radical Fernando De la Rúa, que ese año lo colocó como ministro de Economía nuevamente y le otorgó luego “poderes especiales”.
–“Ahí veíamos en la tele que estos milicos hijos de puta le tiraron los caballos encima a las viejas, loco, y nosotros hace un par de semanas tuvimos un compromiso con las Madres, que nos íbamos a bancar en la lucha. Así que si tocaron a las viejas es como si tocaran a nuestras viejas, loco, yo voy a ir a poner el pecho ahí. Él siempre dice loco, ¿viste?; recién ahora empezó a decir compañeros. Claro, Quito estaba con todas las pilas y con todo el compromiso desde la Marcha de la Resistencia, que desde el Movimiento de Desocupados compartimos con las Madres de Plaza de Mayo. Antes de eso, Quito ni siquiera sabía quiénes eran las Madres, pero desde que compartimos aquellos piquetes en la Plaza y se enteró que, cariñosamente, a las Madres podía decírseles Viejas, las adoptó como una bandera de dignidad y lucha”, escribió Pablo Solana por aquellos días, en un crónica ficcionalizada.
Ya desde el día anterior, diversos combates se habían desarrollado en todo el país: cortes de rutas en tres ciudades de Entre Ríos; en Chaco y corte del puente interprovincial General San Martín (Chaco-Corrientes). En Capital Federal,  un masivo “cacerolazo” nocturno, con  una gran marcha a Plaza de Mayo.
 –Che, cumpas, ¿está todo listo? –apuró Tony.
–Sí, vamos yendo, porque el gordo ya no llega –respondió Mariano. –Capaz hay bardo para viajar y lo vemos directamente en la estación.
 –¿Y cómo carajo llegamos hasta la plaza? –preguntó una de las chicas que integraba aquél puñado de jóvenes piqueteros que se dirigía, desde Claypole, a la Capital Federal.
 –Y… subimos al bondi  y le decimos que nos lleve o nos lleve –respondió uno de los chicos.
Al subir al colectivo Griselda intentó el método de la persuasión:
–¿Nos lleva a Burzaco, jefe? El chofer miró gruñón.
–Lo que pasa es que vamos a un velorio –remató.

II-
A las 14 horas se desarrollaron enfrentamientos en Mar del Plata, Córdoba, Río Negro, Mendoza, Neuquén y Chubut. La marcha piquetera, que estaba programada para realizarse a Plaza de Mayo, fue levantada a último momento por la dirección de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC).
 “La abuela, que medio que no ve ni escucha y medio que no entiende, preguntó cuando nos vio salir: ´¿esta lucha es para defender los Planes de Empleo?´ . Y le contestó Marisa ´¡Esta lucha es por el cambio social, compañera!´”.
En Lanús, la asamblea general del MTD había resuelto marchar a Plaza de Mayo. “Con los que estén dispuestos”, se escuchó decir al Pelado Pablo, ya que la cosa estaba bien jodida. No era como otras veces, que se podía ir en familia y llevar a los chicos.
“Don Sixto, parco en hablar con nosotros, los más pendejos, después en el colectivo se me arrimó, y me dijo: ´Yo tenía 15 años, y fui con mi padre el 17 de octubre´. Así, eso solo me dijo el viejo. Volvió a su asiento, y se quedó mirando por la ventana. ¡El viejo había estado el 17 de octubre, y ahora, cuando me hablaba, le brillaban los ojos!”.
--Los ojos bien abiertos, cumpas. ¡A ver si caemos en cana antes de llegar!
El grupo de jóvenes piqueteros de Almirante Brown ya estaba en las calles de la Capital, luego de haber logrado sortear diversos obstáculos: tomar un colectivo desde Claypole hasta la estación de Burzaco; subir al último tren que desde allí partió hacia Constitución, antes de que la empresa decidiera cortar los servicios. Por fin, al llegar, pasar por los controles de seguridad.
 –Bueno, formemos grupos de dos y empecemos a caminar. En la Plaza nos juntamos todos y vemos –dijo Mariano, mientras tomaba a Griselda de la mano y emprendía la marcha. Era un viejo método, que había aprendido en las primeras pintadas que realizaron cuando comenzaron la militancia en los colegios secundarios. “Siempre que se esté por pudrir –les había contado un compañero con mayor experiencia política– se distribuyen de a dos o tres. Si son dos, un hombre y una mujer, mejor, así se hacen la parejita inocente”. Y así hicieron ese 20 de diciembre.
La Plaza de Mayo era un verdadero hervidero. Más y más gente se dirigía allí, al histórico lugar de reclamos y festejos; de protestas y esperanzas.
“La policía persiste en la orden de desalojar la Plaza. Dos hermanos están encadenados al piso de la Plaza, cerca de la pirámide. Un muchacho joven, con el torso desnudo esgrime una cruz, de rodillas. Otro hombre, de mediana edad, grita, gesticula, monologa dirigiéndose a La Rosada. Los periodistas se abalanzan. Son las 15 horas. El hombre dice tener trabajo, pero preocuparse por aquellos que lo han perdido. Quiere saltar la valla que separa a los manifestantes de la Casa de Gobierno. Lo empujan. Sigue protestando y, en unos pocos segundos, se saca los pantalones y los calzoncillos. Está desnudo. Los policías quedan desconcertados. No saben qué hacer. Durante segundos no saben qué utilizar contra un hombre desnudo. Por fin lo suben a un celular”, apuntó en un cuaderno Mariano Rodolfo Martín, minutos después de ver las imágenes por la televisión.
La Federal, desbordada, se retira en un colectivo, rompiendo los vidrios traseros, para no dejar de disparar en el repliegue. A las 15.15 aparecen los hidrantes: la gente les tira cosas desde los balcones. A la media hora se incendia una boca del subte A, en Avenida de Mayo y Diagonal Norte.
–¡Llegamos tarde! –dijo ella. Él no respondió: estaba anonadado, observando aquello que creyó producto de su imaginación.
Entonces, cientos de personas, jóvenes en su mayoría, combatían sobre la Avenida de Mayo contra las “fuerzas del orden”. Los rostros cubiertos con remeras. Armaban barricadas con carteles publicitarios, los prendían fuego. Cuando la caballería avanzaba todos los muchachos y también las chicas les arrojaban piedras. Cuando los gases lacrimógenos caían, los manifestantes los devolvían.
–Acaban de matar a un pibe… recién… acá –dijo una voz entre la multitud.
–¡Sí, estos hijos de puta están tirando con plomo!
A pesar de esa advertencia, ni Mariano, ni Griselda, ni el resto de los cientos de presentes en aquella esquina, estimaron retirarse del lugar.
–Che, perdimos a todos, ahora sí que no los encontramos más –dijo Griselda. Al instante Mariano respondió:
–No importa, esto ya se transformó en revuelta; que cada uno haga lo que pueda. Se desvanecía así, todo el esquema organizativo y de seguridad que, previendo que se desatara una represión, habían acordado antes de salir.
Cuando abrió su mochila para sacar las remeras y chalinas palestinas que habían llevado para cubrirse el rostro, miró para la esquina y observó que, entre la multitud, se encontraba un grupo de militantes de la CTD Aníbal Verón de La Plata. Se acercaron a saludar, pero enseguida comenzaron las corridas y los perdieron.
En Avenida de Mayo y 9 de Julio se armó un foco importante de resistencia. Allí, Mariano y Griselda encontraron nuevamente a Tony, La Tota y el resto de sus cumpas del MTD de Almirante Brown… y también, a sus pares de Lanús y de San Francisco Solano. Estaban todos: los muchachos y las chicas del grupo de seguridad, los que participaban en el día a día de la organización barrial de los movimientos y también, todos los “referentes” de esos MTD. Entre los miles de resistentes se hallaba uno, que por entonces, era uno más de la muchedumbre: Darío Santillán.

III-
–Estamos todos –dijo Mariano.
En aquel instante un colectivo quedó atravesado en la intersección de las dos avenidas: la multitud corrió a refugiarse tras él. Como en una guerra de posiciones, se ganaba un tramo sobre el enemigo. Todos comenzaron los aplausos: un joven arrojaba una bomba molotov sobre el colectivo. Y luego otro aplauso… y otro… hasta que ya nadie aplaudió: ninguna de las “molos” se había encendido. Nuevas corridas, nuevos piedrazos y nuevos aplausos: esta vez para los motoqueros que, encolumnados, avanzaban sobre las fuerzas de seguridad y tras ellos, toda la multitud, enardecida y a los gritos, hostigando nuevamente a la policía que, otra vez, debía retroceder.
A las 16.10 De la Rúa convocó a la “unidad nacional” y le pidió apoyo al PJ. A las 17 (¡por fin tomando cartas en el asunto!) las dos CGT convocaron a un paro por tiempo indeterminado. A esa hora ya se sumaban a la lista cuatro jóvenes muertos en las cercanías a Plaza de Mayo. A las 17.30 el presidente del Senado Ramón Puerta, aclaró que el PJ no se sumaría al “Gobierno de unidad” convocado por la Alianza.
Durante horas se avanzó y se retrocedió enfrentando a las fuerzas de seguridad, que agotaron sus municiones. Ya caída la tarde la situación se había tornado complicada: la tanqueta que iba y venía sobre la 9 de Julio, sumada al despliegue policial que de una punta a la otra de la avenida comenzaba a avanzar, despejó por completo el foco de resistencia del que participaban los muchachos y las chicas de los MTD del Conurbano Bonaerense.
La multitud, dispersa, corría por las calles laterales. El sol se retiraba y comenzaban algunos saqueos; algunos saqueadores fueron silbados y abucheados por la multitud cuando intentaban vaciar algún pequeño comercio. Algunos militantes se llevaron “algo”, pero de las empresas y negocios “grandes”. Sergio, de un grupo de contrainformación se llevó una cámara filmadora: “No la robo, la expropio para las luchas del pueblo”, gritó exaltado. Uno de los referentes del MTD de San Francisco Solano corrió con unas zapatillas nuevas… sólo media cuadra, hasta que escuchó una voz que le gritaba: “Boludo, tenés una de cada color”. Entre nervios y risas Alberto volvió al lugar a llevarse las dos del mismo par.
Otros militantes se dedicaron a señalar lugares para romper y prender fuego: “a esa sí, que es una multinacional”, gritó Carlitos. “A ésa también, que es una privatizada”. “Sí, sí, dale a los móviles de Oca”, insistió Chile, como le decían cariñosamente sus cumpañeros del MTD. “No, boludo, ese coche no, ¿no ves la pinta que tiene? Debe ser de un laburante”.
A las 19.12 horas los gobernadores se reunieron en Merlo, provincia de San Luis. Hasta que renuncia Ramón Puerta, los ofrecimientos para el interinato como presidente rozaron a De la Sota y Reutemann. Ambos rechazaron la oferta por el mismo motivo: querían quedarse hasta 2003 y completar el mandato que De La Rúa dejaba vacante. La Asamblea Legislativa debió reunirse dentro de las 48 horas siguientes y elegir un nuevo presidente. Pero nadie quería asumir por dos o tres meses para luego convocar a elecciones. Sin embargo sólo el que aceptara eso sería elegido: es que Eduardo Duhalde lo necesitaba para poder presentarse como candidato. Cuando finalmente quedó Ruckauf, el Cabezón se puso de punta y lo vetó. Rodríguez Saá, el Adolfo, parecía ser el candidato…
“Qué cagazo, qué cagazo, lo echamos a De la Rúa, los hijos de Cordobazo”. Eran las 19.45 y esa consigna era coreada en varias barricadas, que aún se mantenían en pie: tras 740 días de gobierno, De la Rúa había presentado su renuncia. A las 19.52, luego de la última foto en su despacho, se retiró en helicóptero, tal como Isabelita lo había hecho en 1976.
Era la primera vez que una rebelión popular culminaba con la expulsión de un gobierno constitucional. La primera vez en la historia argentina que se sucedían combates masivos con las fuerzas represivas en pleno microcentro porteño (antecedentes similares, pero no en el microcentro, los podemos encontrar en la Semana Roja de 1909 y la huelga general insurreccional de 1936.). La democracia de los cuerpos se había impuesto a la frugal república del voto, según palabras del periodista Modesto Emilio Guerrero.
De la Rúa había renunciado. Me enteré en un bar cuando miré por la vidriera, luego de encontrarme en una esquina con otros compañeros que salían de un edificio en el cual se habían escondido, al igual que yo en una remisería, luego de los últimos tiroteos y detenciones que la policía había realizado después de despejar los alrededores del Congreso. Ya era de noche y el último foco de resistencia ubicado por Belgrano y Entre Ríos había sido despejado. A mi compañera de entonces la había perdido en una esquina, cuando la tanqueta despejó la 9 de Julio y los compañeros se replegaron por otra calle. Al volver el cansancio me rendía. Abrí la ventana del colectivo y mientras el viento golpeaba en mi cara, lo único que pensé fue: estoy vivo.

IV-
Habían pasado exactamente 24 horas desde el comienzo del fin; cuando De la Rúa intentó asumir un gesto de autoridad y  anunció por cadena nacional  la implementación del Estado de Sitio por 30 días.
Tan solo 24 horas. Parecía una película pero era real. En dos horas el país entero se había puesto de pie: a los cinco minutos del anuncio presidencial comenzaron a sonar las cacerolas. Primero en Belgrano y Barrio Norte. Luego se sumaron Palermo, Flores, Chacarita, Liniers y Villa Crespo. A los diez minutos ya empezaban las juntadas en diversas esquinas y a la hora el Congreso y la Plaza de Mayo estaban repletos de gente.
Increíble, pero así fue. 122 supermercados y comercios del Gran Buenos Aires y 17 de la Capital Federal fueron saqueados durante el día 19. A las 0 horas del 20, 100 mil personas  entonaron el Himno Nacional en Plaza de Mayo y a los veinte minutos  caravanas de manifestantes se concentraban simultáneamente en la Quinta de Olivos y en Palermo, frente al domicilio del ministro de Economía que, media hora más tarde, ya no lo sería.  A las 0.50 comenzó la represión en Plaza de Mayo y ahí lo inesperado: cientos fueron los que  resistieron a cascotazos las balas de goma y gases lacrimógenos. Minutos más tarde empezaba el fuego. Al comenzar a arder las palmeras de la Plaza de Mayo ya estaba todo dicho… el país entero se encendía: había comenzado la insurrección.