martes, 9 de marzo de 2021

GRAMCSI- LINERA- COOKE… Y la filosofía de la praxis (Curso)

Grupo de Estudios coordinado por Mariano Pacheco



¿Qué trabajo teórico-político, de perspectiva realista-materialista, necesitamos hoy los pueblos Latinoamericanos, si pretendemos abrir una grieta en la que puedan visualizarse otros caminos posibles frente a la cerrazón del realismo capitalista? ¿Qué hacer con el archivo, cómo procesarlo en las nuevas coordenadas existenciales del siglo XXI?

Italia, Bolivia, Argentina. Tres militantes que supieron ligar como pocos El pensamiento y la acción política en la senda crítica abierta por Karl Marx, sospechamos, tiene aún mucho para brindar en las discusiones que necesitamos.

En ese sentido, el Grupo de Estudios se concentrará en la figura de Gramsci, realizando una introducción a su vida y a su obra y a sus conceptos fundamentales (hegemonía y voluntad nacional-popular; bloque histórico y espíritu de escisión; reforma intelectual y moral y análisis de las relaciones de fuerzas; intelectuales orgánicos y filosofía de la praxis; crisis orgánica y sentido común; guerra de posiciones y guerra de moviiento). También, al modo en que se lo ha leído desde estas latitudes (tanto nacionales como continentales). Luego recuperaremos el “gramscismo” de Linera y Cooke, sus producciones situadas en los respectivos países de intervención y algunos de sus textos que nos permitan pensar, desde y para la actualidad Nuestramericana, más allá de Bolivia y Argentina, más allá del siglo XX (no sólo porque Linera sigue con vida interviniendo en la política y el pensamiento contemporáneos, sino también porque entendemos que existe un “legado Cooke” susceptible de ser reactualizado).

Un espacio virtual para no dejar de encontrarnos, leer, reflexionar, debatir.

Frecuencia: quincenal

Inicio: 17 de marzo

Actividad arancelada

Consultas e inscripciones: profanaspalabras@gmail.com

lunes, 8 de marzo de 2021

El 8 de marzo y el feminismo popular. Entrevista a Verónica Gago (Archivo)

 #Conversaciones (2018)

 

Por Mariano Pacheco*

El Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo no fue un acontecimiento sino un proceso”, dice Verónica Gago en una conversación que mantuvimos en un bar situado en La Chacarita, a inicios de 2018 y que hoy compartimos para seguir sumando voces que contribuyan a repensarnos críticamente en y a la época. Gago es investigadora y participa activamente de las asambleas de #NiUnaMenos en Buenos Aires. Es autora del libro La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular y La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo. Integró el Colectivo situaciones y en la actualidad escribe en el diario Página/12 y el Portal Lobo suelto.



¿Cómo pensar el contexto de este 8 de marzo, respecto de las luchas feministas, pero también, del conjunto de luchas que viene librando el movimiento popular?

Me parece que lo primero sería pensar qué ha pasado desde el 8 de marzo de 2017 a hoy. Algo que estamos intentando pensar desde el movimiento feminista es que el Paro Internacional de Mujeres no es un acontecimiento, sino un proceso. ¿Esto que significa? En primer lugar que el paro no es una fecha en el calendario, sino un horizonte organizativo que nos permite desarrollar un proceso político. Y eso lo estamos sintiendo muy fuerte en la preparación de este paro porque, por un lado, se están realizando asambleas por todo el país, sean asambleas grandes en ciudades de otras provincias o bien algunas pequeñas en pueblos más alejados; por otro lado, en la Mutual Sentimiento, acá en el barrio de Chacarita, están viniendo a las asambleas de preparación del paro, todos los viernes, 1.500 mujeres, cuando el año pasado eran asambleas grandes, pero de no más de trescientas. Incluso decían algunas activistas sindicales que está habiendo asambleas en muchos lugares de trabajo. Creo que esto no es casual. Yo creo que desde el Colectivo Ni Una Menos en particular, pero sobre todo desde el movimiento feminista en general, hemos sabido desplegar durante todo el año pasado el dispositivo de la asamblea como un dispositivo que podía moverse después del paro, y también, como dispositivo de producción de una inteligencia colectiva para hacer un diagnóstico de ciertos problemas comunes. Por ejemplo: cuando hicimos la asamblea con las trabajadoras de Pepsico, luego de que fueran despedidas por la trasnacional de alimentos y montaran la carpa frente al Congreso de la Nación, junto con los trabajadores despedidos. Se pudo hacer allí algo así como el mapa de alianzas transversales que se habían construido para el 8 de marzo de 2017 y que veíamos que seguían vivas y con necesidad de encontrarse, de articularse y poder producir un diagnóstico conjunto de lo que estaba sucediendo en los lugares de trabajo, pero también, como eso que estaba pasando en los lugares de trabajo formal afectaba directamente a las trabajadoras de la economía popular. Es decir, que en esas asambleas se pudo ir produciendo una información sensible y de mucha importancia política en torno a cómo leemos la coyuntura a partir de situaciones muy concretas. Después de eso, a fines de septiembre, hicimos otra asamblea en El Bolsón, bajo la consigna “¿Dónde está Santiago Maldonado? Nuestros cuerpos, nuestros territorios”, con la idea de intentar pensar qué significa la ofensiva del capital en este momento, que avanza sobre los territorios y sobre el cuerpo de las mujeres (ofensivas que tienen en común el hecho de pensar el cuerpo de las mujeres como un territorio) y por qué hay una confluencia de una cantidad de luchas feministas, pero también de producción teórica feminista que tiene que ver con pensar la autonomía y la soberanía de los propios cuerpos, y como eso hoy conecta con luchas de territorios muy distintos que hoy están pensando su autonomía, su soberanía y su autodefensa. Esa asamblea fue muy importante, porque salió de ahí el mandato de no desacoplar la consiga de ese momento, que era “Aparición con vida de Santiago Maldonado” con la criminalización de las luchas mapuches. Pero también esta necesidad de muchas organizaciones feministas de encontrarse con las mujeres mapuches, que quizá en otro momento no se había producido una articulación directa. Después participamos de una asamblea en Jujuy, que se llamó Jaiahia de mujeres, en donde se reclamó la libertad de Milagro Sala y otros presos políticos. Me da la sensación de que todo esto que pasó no fueron hechos aislados, sino que es una situación que da cuenta de una inteligencia colectiva y un acumulado que se expresa ahora en la dinámica organizativa que se está produciendo en toda esta etapa previa al 8 de marzo de este año.



Y de las dinámicas más generales del movimiento popular en este último tiempo, ¿qué pudiste ver?

Me parece que fue importante ver en febrero, por ejemplo, que algunos dirigentes sindicales convocaran al Paro de este 8M. El año pasado era un reclamo desde el movimiento feminista hacia los sindicatos, y fue una discusión muy interesante porque mientras algunas cúpulas sindicales se rehusaban a que el movimiento de mujeres fuera el que convocara al paro (los sindicatos decían: “al paro lo convocan los sindicatos, no el movimiento de mujeres o los movimientos sociales”), hoy en día el paro ha sido reapropiado y reinventado por las mujeres, dando cuenta de una multiplicidad laboral que excede a los ámbitos sindicalizados. Creo que este año el sindicalismo está muy consciente de la fuerza que ha adquirido el movimiento feminista y por eso se ha plegado a la convocatoria. Y esto se debe en gran medida al enorme trabajo que vienen realizando muchas mujeres al interior de los sindicatos, abriendo espacios de discusión democrática y complejizando la discusión en torno a qué significa el trabajo desde el punto de vista feminista. Esto es, que pensado desde una perspectiva feminista, el trabajo incluye al reconocido y al no reconocido, al remunerado y al no remunerado, al registrado y sindicalizado y al doméstico y reproductivo. Entonces, me parece, esta discusión ha impactado en los sindicatos, y se está tejiendo con esas compañeras una alianza muy interesante. Después agregaría que esto de que el feminismo viene funcionando como caja de resonancia de todos los conflictos. Por ejemplo, acá en las asambleas que se vienen haciendo en La Chacarita, pasan las mujeres despedidas de la Casa de la Moneda, las de Hospital Posadas, las del INTI, las del Ferrocarril Sarmiento, las de Río Turbio. Es decir, puede verse que comienza a construirse un ámbito de escucha y de elaboración política. Y de esos relatos sobre la situación laboral también surgen otros que tienen que ver con la violencia de género, con el ajuste de distintos programas del Estado que impacta directamente en la calidad de vida y en la posibilidad de autonomía para las mujeres. Y también de los conflictos territoriales. Han venido compañeras de la Marcha Originaria de las Mujeres y pueblos indígenas a plantear su situación. Por eso creo que el feminismo está produciendo en estos momentos una capacidad de transversalidad que no están teniendo otras dinámicas políticas. Y esto creo que se está notando tanto en su capacidad de movilización callejera como en la trama cotidiana de organización. Hay una efervescencia de la discusión en torno a tratar de entender qué significa esta violencia contra las mujeres, contra los cuerpos feminizados en general, vinculando la violencia económica con la policial, la laboral o la violencia política en general. Y esto nos está dando mucha capacidad de hacer lecturas de lo que sucede en un barrio, en una escuela, con las familias que están estalladísimas. Y es un análisis que se está expandiendo cada vez más y que está funcionando como una suerte de alimento al interior de muchas organizaciones. En este sentido te diría, por último, que es muy potente esta capacidad que se está gestando de ligar la discusión en torno a la reproducción social con la discusión sobre el trabajo. Por ejemplo, en una de las asambleas que hicimos en estos días en la Villa 21-24 salía un interrogante colectivo en torno a qué significa parar en las condiciones en las que estamos. Y varias compañeras que atienden los comedores aclaraban que, para ellas, parar no podía ser dejar de dar de comer, pero sí elaborar estrategias determinadas para poder parar. “Que no se nos diga que como somos trabajadoras de la economía popular no podemos parar”, decían. Y agregaban: “podemos entregar crudo”. Y por si quedaban dudas aclaraban: “ese día podemos entregar la comida pero sustraer nuestro trabajo de cocinar, de servirla, de lavar los platos…”. Me pareció una síntesis muy brillante, de dar una respuesta a una responsabilidad de producción de valor social que tienen estos emprendimientos, como el comedor, y a la vez una gran imaginación política. Reflexión que culminó con la elaboración de un stencil que decía: “#8M: hoy entregamos crudo. #NiUnaMenos”.



Se habla mucho hoy del feminismo, pero es difícil pensar en una definición. Dentro de los feminismos se habla por ejemplo de un feminismo popular. ¿Qué reflexiones podrías compartirnos al respecto?

Me parece que sí, que en primer lugar hay que hablar de feminismos en plural, que da cuenta de una diversidad y pluralidad que es un punto de riqueza en este momento, porque no hay una doctrina feminista. Pero me parece importante pensar qué es esa diversidad. Las luchas del feminismo son globales en este momento, pero desde hace unos años América Latina está teniendo una importancia destacada en impulsar unas dinámicas que podríamos denominar como feminismo villero, feminismo comunitario, feminismo indígena, feminismo popular. Son nombres que se conjugan, que tienen su historia, su genealogía y tienen en común el hecho de ser un feminismo ligado a la conflictividad social. No es un feminismo estrictamente analítico, o académico o de las instituciones. Ese para mí es un primer punto. Después, me parece, en Argentina está siendo muy importante la discusión sobre el feminismo popular. Creo que distintas organizaciones y distintas compañeras lo venimos desarrollando en el sentido de eso que te decía antes respecto al paro: ¿qué significa esa ampliación del mundo del trabajo que nos permite hacer esa suerte de mapa del trabajo en clave feminista y que incluye el reconocimiento de tareas, de labores, de formas de hacer que tienen que ver con la reproducción social, es decir, lo que hacemos las mujeres todos los días para hacer posible la vida? Y eso en Argentina tiene una particularidad, que es que después de la crisis de 2001 y en continuidad con la irrupción de los movimientos sociales que politizaron la crisis, pero por sobre todas las cosas, que problematizaron acerca de qué significaba que entrara en crisis la reproducción social desde el punto de vista de estar desempleado o tener subsidios que apenas alcanzan, me parece que desde allí se desarrolló toda una trama de economías populares que se hacen cargo de pensar, de manera colectiva/comunitaria, qué es esa reproducción en términos sociales, populares, barriales, comunitarios. Experiencia que en Argentina tiene una escala de masas, porque está conectada con un qué-hacer cotidiano de comedores, merenderos, guarderías comunitarias, pero también se conectan con luchas que tienen que ver con la tierra, con la vivienda, por el territorio, contra la contaminación, contra los proyectos extractivistas. Es decir, que hay toda una interseccionalidad –para decirlo con un término viejo pero que ahora está puesto de nuevo un poco en juego– de las luchas que el feminismo conecta y que tiene que ver con una dinámica de la vida cotidiana de las mujeres y de los cuerpos feminizados pero también con una dinámica de resistir los despojos y las nuevas formas de explotación y que poco tiene que ver con cierta idea que a veces aparece relacionada con esto de que la mujer pueda tener más lugar en las listas electorales o las empresas. Me parece que eso es lo más potente que hoy por hoy se está desplegando en Argentina y en América Latina. Un feminismo radical que tiene en cuenta la dimensión de las luchas, de las rebeldías, de poner en juego la cuestión de los cuerpos, de plantear la discusión del aborto y, a la vez, conectar esas discusiones con la cuestión del trabajo, de la precarización de la vida en general. Si algo ha logrado el feminismo popular es tener un discurso en cuanto a cómo impacta la precarización de la vida en términos sociales, políticos, económicos y cómo eso es hoy una discusión clave en todos los territorios.



* Escritor, periodista, investigador popular. Director del Instituto Generosa Frattasi. Texto publicado originalmente en el Portal La luna con gatillo. Fotografía: Resumen Latinoamericano.


sábado, 6 de marzo de 2021

Taller de Análisis de Situación (A la Gorra, marzo 2021)

 FILOSOFÍA POLÍTICA Y COYUNTURA NACIONAL

(Lunes de 19 a 21 horas, frecuencia quincenal por Plataforma Zoom)

 

COORDINACIÓN: Mariano Pacheco

INICIO: ¿15 de marzo)

 


PROPUESTA

La idea es que podamos trabajar con lecturas y análisis de notas de diarios y revistas, o portales, podcast y entrevistas audiovisuales que circulen en los medios progresistas y de derecha, pero también en los proyectos de periodismo popular. Esto cruzado con algunos textos propios de la filosofía en torno a algunos ejes y preguntas, siempre priorizando el “punto de vista popular” para realizar las lecturas (trabajaremos fuerte el concepto “punto de vista popular”).

¿Qué entender por política? ¿Qué pensó la filosofía en torno al estado y la democracia? ¿Qué por estrategias y tácticas? ¿Cómo analizar las relaciones de fuerzas? ¿Qué vínculos posibles pueden gestarse entre pensamiento trágico y dialéctica? ¿Cómo pensar la relación entre teoría y práctica a través de la praxis? ¿Y entre filosofía y política a través de la lucha de clases? ¿Y la lucha de clases con la cuestión nacional y las diversidades culturales y ético-existenciales? Bueno, algo de eso estaremos trabajando junto con las noticias que vayan circulando....

INSCRIPCIONES: profanaspalabras@gmail.com

viernes, 5 de marzo de 2021

¡Te extraños Comandante! ¡Cuanta falta nos haces!

 8 años sin Chávez



Por Mariano Pacheco 

(Director del Instituto Generosa Frattasi)

El chavismo es el nombre de una inspiración Latinoamericana", así titulé alguna vez un texto que escribí sobre el proceso del hermano país. No me caben dudas de que el pueblo venezolano es el gran protagonista de la Revolución Bolivariana, así como no tengo dudas de que ese bravo pueblo supo alumbrar al continente con su experiencia en una dinámica que se fue gestando en una dialéctica con lo más lúcido de su liderazgo.

Hace poco conversábamos, ya no recuerdo bien con quien, sobre el film documental "La revolución no será televisada", donde puede verse con claridad: 1) Como el pueblo venezolano hace su 17 de octubre en abril de 2002; y 2) Cómo Chávez --siguiendo los consejos de Fidel, no claudica, no se rinde, no firma la paz vergonzante de los vencidos Asume el retroceso táctico con dignidad, a la espera de mejores tiempos. Y los mejores tiempos llegan rápidamente porque su pueblo sabe leer el gesto, sabe filtrar la información necesaria a través de militares rebeldes, y rescata a su líder, que radicaliza el proceso.

Aún recuerdo cuando en 2005 Chavez vino a la Argentina. Aún estaban humeando las brazas de diciembre de 2001 y, si bien muchas militancias de las izquierdas nos movilizamos a repudiar a Bush y su proyecto de dependencia cuya sigla de entonces era ALCA, también fuimos al estadio a escuchar al Comandante. Y quedamos maravillados: por su claridad, por su fuerza, por la confianza que sabía transmitir. Y mandamos al carajo al ALCA, y asumimos que en el destino de la Revolución Bolivariana se jugaba en gran medida la serte de toda Nuestraamérica.

Si los conductores funcionan como modelos de humanidad, como sostenía León Rozitchner, no tengo dudas de que Chávez expresó hasta el final una forma de vida que encarna los valores revolucionarios que las militancias de a pie buscamos cada día sostener como estandarte, en el combate abierto contra el realismo capitalista.

A 8 años de tu partida, sólo atinamos a decir: ¡te extraños Comandante! ¡Cuanta falta nos haces!




lunes, 1 de marzo de 2021

Las palabras del Presidente y el desafío de las militancias de los Movimientos Populares

LUNES CON #apuntesdecoyuntura 

 


Por Mariano Pacheco 

(Director del Instituto Generosa Frattasi)

 

7 lineamientos planteados por el Presidente en la apertura de las sesiones ordinarias 2021 del Congreso... y una apostilla para las militancias


Importantes definiciones de Alberto Fernández durante este mediodía. Rescato al menos las siguientes siete:

* Reivindicación del histórico reclamo de Soberanía sobre nuestras Islas Malvinas

* Unidad Latinoamérica (mención especial al Estado Plurinacional de Bolivia y el asilo a Evo Morales que le dio Argentina tras el golpe de Estado al gobierno del MAS,sumado y la gestación del vinculo con el actual gobierno de México para repensar herramientas como la CELAC).

* Denuncia de la cipaya malversación de fondos ejecutada por la Ceocracia que gobernó el país con anterioridad.

* Reafirmación de la insistencia de la prioridad de política sanitaria en los marcos de la pandemia mundial del COVID 19.

* Señalamiento de la necesidad de gestar acuerdos básicos para reconstruir la Argentina en base a un desarrollo integral y sustentable.

* Importancia de sostener la unidad en la diversidad dela coalición de gobierno.

* Insistencia en la importancia del rol que puede jugar el Consejo Económico y social para proyectar un país más allá de lo que acontece en cada coyuntura.

APOSTILLA: fundamental para las militancias, sobre todo de los Movimientos Populares, contribuir desde --como se viene haciendo-- a sostener la organización comunitaria en los territorios, con las y los últimos de la fila,pero también, dinamizar el proceso en cuanto se pueda, con la movilización callejera que nos permita avanzar en un cambio en la correlación de fuerzas, que más temprano que tarde deberá expresarse por arriba en una disputa de espacios al interior del Estado Liberal (y sus lógicas anti populares que debemos transformar). Para ello, fundamental, avanzar en la cualificación de las fuerzas populares, en la formacion de cuadros políticos surgidos de las luchas, con mirada estrategia y vocación de transitar la larga marcha hacia la Justicia Social.



domingo, 28 de febrero de 2021

¿El amor vence al odio?

#ApuntesdeCoyuntura


 

Por Mariano Pacheco

El amor no vence al odio, y la discursividad de la política flu flu no hace más que expresar nuestra impotencia frente a una correlación de fuerzas demasiado adversa en términos estratégicos. No se trata de deprimirse, pero tampoco, de encontrar en el derecho-humanismo la panacea de la buena vida. La defensa de la vigencia de una política sustentada en el respeto de los derechos humanos debe ser arma de autodefensa de los sectores populares y sus militancias, frente a una clase dominante incapaz de respetar sus propias leyes, como históricamente lo ha demostrado. Pero ello no debería llevar a confundirnos, y pensar que es posible arribar a la conquista de una patria con justicia social tan sólo haciendo una declaración de buenas intensiones.

El modo en que nuestras bellas almas progresistas se espantan de las acciones que promueven los denominados “discursos de odio” (el modo mismo en que se sobredimensionan dichos discursos) no hace más que expresar la forma en que hemos introyectado la derrota de las apuestas revolucionarias de los años sesenta y setenta durante todas estas décadas de posdictadura.

En primer lugar, parece que nos sorprendemos ante cada declaración o acción de este tipo, tomándolo como algo nuevo. Si bien hay características específicamente actuales de lo que sucede hoy en Argentina (y el resto del mundo), en nuestro país un amplio porcentaje de la población respaldó la dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976, como antes habían respaldado el accionar homicida del golpismo antiperonista. Más recientemente, durante los gobiernos kirchneristas también se expresaron contra la figura de Cristina de modo bastante poco amable. La resistencia obrera y armada a la dictadura genocida, la férrea pelea por Justicia y contra la impunidad, los procesos de avance en ampliación de conquistas sociales y ciudadanas, son todos procesos que han convivido siempre con profundas oposiciones, que a veces se expresaron de manera ilegal y violenta, y otras, de forma solapada y legal, aunque no menos violenta, al menos en sus intenciones (recordemos que dictadores y torturadores, como Luis Patti y Antonio Bussi, fueron elegidos para funciones estatales en elecciones democráticas.

En segundo lugar, el discurso del amor vence al odio reduce la política al discurso, pensando que los cambios en favor de las mayorías no irritarán a las minorías oligárquicas, o que éstas entenderán nuestras buenas intensiones y por eso nos respetarán, y no que la política es el modo en que se establecen estrategias y tácticas para cambiar relaciones de fuerzas sociales atravesadas por antagonismos irreconciliables, que toda construcción de hegemonía se respalda sobre la fuerza material de la coersión y que en ese camino, en la historia de las luchas de las y los explotadxs y oprimidxs, el odio de clase ha sido motor de rebeldías, insubordinaciones y desobediencias a quienes se pretendieron siempre amos del mundo y, por lo tanto, de las vidas de los demás. Como decía Ernesto Guevara, el revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor, pero también –recordaba el Che-- el odio es un gran motor de las luchas.

Como también supo decirnos el gran Eduardo Pereyra Rossi, en su poema “Convocatoria”, hay que saber “dar vuelta el pullóver, pegarle al prepotente y escupir en la cara a los que no han sido convocados”. Porque todo proyecto de cambio social es para hacer un mundo donde quepan muchos mundos, pero la experiencia histórica ha demostrado que no hay clase dominante que se suicide para perder sus privilegios. La justicia y la libertad –decía Perón-- no se declama, se conquista, se defiende. Y esa defensa implica confrontación, enfrentamientos. Es inevitable. Ojalá no lo fuera. Por eso Carlón nos convocaba a ser sinceros, pero también, a “amar sin límites y a odiar”.

viernes, 26 de febrero de 2021

Reseña de Fundidor, novela de Emiliano Scaricaciottoli

 

 Por Mariano Pacheco


Fundidor: un poco de aire fresco para la literatura nacional, en medio de tanta paquetería bienpensante, tanta cuidada, prolija y correcta narrativa contemporánea.

La poesía y el sucio rock (ese que incluye o pivotea sobre el metal y el punk), pero también, la crítica literaria, la docencia y la militancia (la militancia como docencia; la docencia como militancia). Y la incorrección, por sobre todas las cosas, la incorrección: política, ética, literaria. La parte maldita de los años progresistas, y más aún, la parte podrida de la democracia castrada (amputada, restringida, en fin, de la derrota).

En la novela de Emiliano Scaricaciottoli suenan los ecos revolucionarios de los años setenta, pero a través de la voz del psicoanálisis hegemónico, ese que nos quedó cuando los ecos revolucionarios dejaron de sonar, y todos –todes, todxs, todos y todas-- nos sumergimos en la cultura de masas: chetos caretas y jipis reventados; metaleros y militantes; escritores y lumpenes, artistas y buscas, todxs giles trabajadorxs; o simples transeúntes de la ciudad neoliberal, como a ustedes les parezca.

Las calles de Quilmes recorridas a pie en la época de Pumper Nic se entremezclan en el libro con el ingreso al consultorio de la psicoanalista (en Palermo, o Recoleta, lo mismo da), y las tensiones proliferan con el avanzar de la narración: las tensiones o diferencias de género y etarias; políticas y estéticas y el abismo entre concepciones existenciales, que crecen, como crece el desierto nietzscheano (donde, recordemos, “habitan desde siempre los veraces”). Transcurrir narrativo que va recolectando las huellas de los referentes realistas que aparecen en el texto, marcas del paso del tiempo y de la extensión de la decadencia contemporánea (el mítico bar de Carabobo y Rivadavia, que se transforma en un comercio de zapatillas, por ejemplo).

En fin: pienso que la de Emiliano es una narrativa potente, que contiene la digna violencia que puede rastrearse en los choques entre las brigadas metálicas y la cana en los años ochenta, o en una piedra arrojada en diciembre de 2001 por un pibe cualquiera en plena revuelta en la ciudad de Buenos Aires; o por un estudiante del conurbano que enfrenta una patota sindical al solidarizarse con trabajadores precarizados (obviamente, se nos vienen a la mente los rostros de Mariano Ferreyra, de Pocho Leptrati y de Darío Santillán); o de una piba que en años recientes grita Ni Una Menos/ Vivas Nos Queremos (como lo hizo seguramente Micaela García, antes de perder –ella misma-- la vida a manos de un femicida). La misma digna violencia que contiene una oración que funciona como verdadero equivalente de un cross a la mandíbula, para decirlo parafraseando a Roberto Arlt.

Pero la de Scaricaciottoli es también una pluma que expresa risotada y burla. Y eso, eso no es un dato menor en la era del realismo capitalista.


Ciclo #LibrosyAlpargatas

Conversaciones sobre literatura con escritorxs de este lado del mundo


 

El libro de Emiliano Scaricaciottoli, recientemente publicado por la editorial Barnacle, se presentará el próximo viernes 26 de febrero, de 18 a 20 horas, en el marco del “Ciclo de charlas sobre Literatura”. La actividad se podrá seguir por las redes sociales Pacheco Escritor Cabeza en Facebook y @pachecomariano.ok en Instagram o de manera presencial asistiendo al Bar Cultural Despertándonos de Quilmes (situado en Alvear 726, entre Humberto Primo y Garibaldi). Por la situación sanitaria actual, el espacio está acondicionado para mantener la distancia social acorde a los potocolos establecidos tras la expansión del COVID 19, con lo cual, sólo puede asistirse reservando previamente mesa por wsp al número 1156932028