lunes, 4 de noviembre de 2013

“Pacheco pertenece a una generación que reivindicó una militancia con alegría”

NOTAS SOBRE KAMCHATKA

Por Daniel Badenes

1-¿Para qué sirve una presentación de libro? ¿Cómo se hace?
Partimos de una situación de desigualdad:  enfrentamos a tres o cuatro personas que leyeron en libro, y a la persona que escribió el libro, con muchos que no lo leyeron.
Entonces:  no podemos hacer una crítica fina del texto porque sería injusto con ellos.



Contarles algunas cosas del libro y del autor.

1.  A Pacheco le gustó Kamchatka                                              (sobre qué trata el libro)

Porque libro tiene muchos otros libros posibles, pero se llama Kamchatka
(Pacheco ya había publicado un artículo con ese título, que no está en el libro).
El libro se llama así por la novela de Marcelo Figueras y la película de Marcelo Piñeiro.
Pero no es un libro sobre cine. Sino le preguntaría sobre el camino que hay de Kamchatka a Infancia Clandestina. Y discutiríamos con ambas películas.
Pero no.
Pacheco no habla de cine. Pacheco habla de Arlt, Freud, Nietzsche.

Kamchatka viene a colación de la frase final de la película. Un consejo dicho al oído, que no escuchamos de boca de quien lo dice.
Kamchatka es el lugar donde resistir.

El lugar de la resistencia es el lugar de la izquierda.   O al menos ese es el origen y el destino de las preguntas de Mariano.
El libro quiere pensar las izquierdas. O mejor, ayudar a pensar las izquierdas.  O mejor, ayudarle a pensar a las izquierdas:   acercarle algunas herramientas teóricas “nuevas” (aunque viejas) a la quienes piensan una política de la emancipación.

Habla de una Nueva Izquierda (Autónoma/Independiente), que tiene a las jornadas de diciembre de 2001 como referencia insoslayable.
Es decir: Pacheco habla de un movimiento político-social del que fue parte, del que es parte, de una generación a la que pertenece.

Su tesis es que una nueva generación intelectual (de izquierda) “viene emergiendo en nuestro país, en nuestro continente” (¿desde cuándo? Pregunta que queda abierta, incontestada)

Y su objetivo: “revisar las coordenadas estéticas, éticas y teórico-políticas que guiaron el accionar de las generaciones precedentes”.

2. No es la primera vez que dialoga con “las generaciones precedentes”

Pacheco tiene un laburo que recomiendo, que por ahora tiene forma de blog pero ojalá en el futuro sea un libro.
Estoy hablando de Montoneros Silvestres. Ahí no recurre al ensayo sino a una reivindicación del folletín. Y lo hace para contar historias de personas que integraron “pelotones autónomos” de Montoneros, que durante la dictadura siguieron resistiendo como pudieron.

Se vuelcan ahí (en unas veintipico de crónicas publicadas por entregas) una serie de conversaciones que empezó en 2005 pero que llevó a textos recién a partir 2011.
Las historias de estos montoneros silvestres –como los llama Pacheco- transcurren en el Conurbano Sur de la provincia. Fueron militantes en su mayoría incomunicados con las instancias orgánicas de Montoneros y sin recursos materiales, que realizaron acciones a nivel barrial o sindical, actos fugaces de propaganda o sabotaje, interferencias y reuniones clandestinas para debatir una situación cada día más adversa.

En el mismo Conurbano Sur Mariano empezó a militar, de pendejo, hace poco más de 15 años, en la Agrupación Juvenil 11 de julio y luego inmerso en la construcción de los MTD, íconos de esa generación del 19/20.
No sin guiños hacia aquella generación. Porque cuando –con Darío Santillán y otros- escribieron sus “Apuntes para la militancia” (título que remitía al texto canónico de Cooke), lo editaron con el nombre de fantasía “Ediciones Estrella Federal”, homenajeando la vieja revista de montoneros de la que algún ex militante les había regalado un ejemplar.
O porque la primera vez que armaron una molotov lo hicieron siguiendo consejos de un viejo manual a Montoneros.

3. Pero se trata de otra generación

Pacheco pertenece a una generación que reivindicó una militancia con alegría.
La generación que pintó “Disfrute y luche”, que valoró de la militancia vasca la consigna
“Lucha sí, risa también”.
Fue parte de un grupo de personas que reivindicó la risa citando a Tuñón[1] y a Cortázar (y a El nombre de la rosa).

“Yo no creo en los revolucionarios de caras largas y trágicas” decía Cortázar:   más de una vez se lo escuché citar tanto a Mariano como a Esteban[2]

(Esteban tiene un texto titulado Abnegación o divertimento. La muerte o la vida para la militancia[3], con un parecido de familia con otro de Mariano: De Ernesto Guevara a Darío Santillán. Notas sobre la risa,  la militancia)

Ahora sigue en la misma línea. Lo hace con más elaboración filosófica, trae a colación a Nietzche, pero el objetivo es el mismo.

Lo principal que retoma de Nietzche es la risa.

Nietzsche dice “¡Demos por perdido el día en que no hayamos bailado al menos una vez! ¡Y sea falsa para nosotros toda verdad en la que no haya habido una carcajada!”

Pacheco encuentra en el filósofo “una figura que pueda aportarnos a repensar ciertos afanes sacrificiales, típicos de la izquierda del siglo XX”
Y que recupera la risa como forma de una actitud demoledoramente crítica.

“Derribar ídolos. Filosofar con el martillo (Aniquilar la tradición, dice más adelante). Podemos establecer un vinculo estrecho, en Nietzche, entre la risa creadora y la voluntad de batallar”

De poner en cuestión el imperialismo de la razón.

4. Hay una serie de palabras que definen al libro
Que se reiteran, que gozan al ser escritas:

- Inactual[4]
- Inclasificable
- Insurrección
y su verbo:
- Insurreccionar

Un libro –digamos- que es un libro de ensayos.
Que postula al ensayo como género de batalla.
Que lo reivindica como el género que permite un “ir y venir”
Y que afirma a los intelectuales como activistas y trabajadores de la cultura

No es un ensayo con/sobre tres autores. En Kamchatka no sólo están Arlt, Freud y Nietsche.

También está Jean Paul Sartre y con él, Pacheco nos dice que escribir es actuar
Está Benjamin, que es el pilar de sus apologías del ensayo,  es la inspiración de la actitud de copiar citas y comentarios en un cuaderno.
Están Deleuze y Guattari, también Lefebvre
Está Leónidas Lamborghini y, por supuesto, David Viñas.

/
5. Me enojé con Omar Acha

Acha dice:
¿Quién se atreve (hoy) a cuestionar de qué se habla cuando se habla de DDHH?
¿Quién pone en suspenso la virginal impunidad de la ´democracia´?
Y dispara:  estas y otras preguntas “están ausentes de la discursividad vigente”.

Me pregunto: ¿Están ausentes de la discursividad vigente?
Yo no lo creo. No están ausentes ni en la praxis política de los movimientos sociales, ni en la literatura publicada.

…Y al final, Acha llama a “avanzar contra el legado político ideológico de la represión política de la última dictadura:  el progresismo”.
¿Cuántos se definen y se identifican, hoy día, como progresistas? Progresista era (se decía) el Frepaso.
¿Cuándo, en los últimos años,  los movimientos piqueteros, las organizaciones populares autónomas, las marxistas o las nacional populares, se definieron como progresistas?

En algún punto, lo sentí como un prólogo de los 80-90.


6. (Sobre el autor). Ciertas cosas que Pacheco dice sobre autores que cita (concretamente Arlt o Benjamin), valen para sí.

Se dice sobre Benjamin:
- que es un “inclasificable”
- que “se resiste a normalizar su escritura según las reglas de la cultura académica y el mercado editorial”

Se dice sobre Arlt:
- que es inoportuno, polemista, hinchapelotas.
- que tiene un estilo mezclado, crudo  ((estética cruda))
Pacheco lo cita al propio  Arlt defendiéndose:

“se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia´. (…) Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada…”
Arlt, en cambio, dirá: “No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo”.

Y agrega Pacheco, sobre Arlt: “tuvo que hacerse totalmente desde abajo: recorriendo lugares, golpeando puertas para que algún editor se interesara…”, escribiendo en la prensa.

Inclasificable. Resistente. Polemista. Crudo. Tuvo que hacerse totalmente desde abajo.







Si me van a cremar
no hagan un funeral
rian, tosan,
no lloren mares
vayan a nadar!

Comprense unos patines
y anden por los jardines
flores fumen
de beber licores de frambuesa
coman berenjenas
junten ricas fresas
beban cerveza tirada espumosa y cristal
babosas claras batan y merengue
coman en pasteles
FESTEJEN UN DIA MAS
UN DIA MENOS




[1] Una tarde por el ancho rumor de Montparnasse
por ese aire de provincia tan confianzudo y claro
–cada ventana paga su pedazo de sol con una canción,
anduve bebiendo el buen vino rojo y alegre como una canción,
rojo y alegre como una revolución.
[2] Retomando ahora al Cortázar de Rayuela, Pacheco cita: “La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra...".
[3] Debo decir que del libro anterior de Mariano me llamó mucho la atención el título (El militante que puso el cuerpo), que nos retrotrae a una expresión típica de esa militancia abnegada.
Decía Esteban: “La vida, que es la vida que no sobra, la vida que el capitalismo especulativo ha decidido prescindir hasta la exclusión, no podemos darnos el lujo de despilfarrarla también con consignas que inciten a la muerte, cualquiera sea el sacrificio que impongan. Hay que cuidarla, cultivarla. Medirse con la muerte, será suicidarnos otra vez”.
[4] Una discrepancia para charlar en otro momento. Pacheco dice que investigar desde los movimientos sociales (investigación militante) suena inactual.
Es inactual si uno va a buscar eso al CONICET. Sería inactual en cualquier momento de la historia: es pedirle peras al olmo. ¿Es inactual sino uno lo mira en los movimientos sociales?

sábado, 2 de noviembre de 2013

EL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO Y LA CONQUISTA DE LA DEMOCRACIA

La resistencia a la última dictadura cívico-militar, por parte de la clase trabajadora, comenzó el mismo 24 de marzo de 1976. El movimiento obrero se constituyó así en el motor de la resistencia antidictatorial e impulsó a la protesta a otros sectores sociales.


Por Mariano Pacheco-Nota publicada en el diario El Argentino


Años difíciles
Durante los primeros tres años de dictadura, la clase obrera protagonizó huelgas parciales y centenares de sabotajes. Luz y Fuerza llevó adelante fuertes luchas, a pesar de la intensa represión. Durante el año 1976 –según indican datos parciales– se produjeron 89 conflictos sindicales, que movilizaron a 190 mil trabajadores, y en 1977 100 conflictos, con 514 mil asalariados movilizados. El ´77 fue, además, un año repleto de “tristezas” (método invisible de lucha, que consistía en trabajar con desgano). En 1978 los conflictos aumentan: 1.300 solo en la primera mitad del año y un total anual de 4.000: portuarios, Fiat, Frigorífico Swift de Rosario, Renault, Firestone, figuran entre los más importantes. Los trabajadores bancarios y del transporte, incluso, llegaron a movilizarse. Así se llega a la Jornada Nacional de Protesta del 27 de abril de 1979.

Avances
Desde 1979, cuando protagonizaron el primer paro general contra la dictadura, los trabajadores argentinos fueron recomponiendo sus fuerzas de manera casi permanente, hasta la reapertura democrática. A las huelgas sorpresivas (inmanejables para las fuerzas represivas), se le sumaron instancias de organización y coordinación clandestinas a nivel nacional. En 1980 se produjeron, aunque parciales, instancias de movilización y hasta toma de fábricas, sobre todo de los gremios de SMATA y la UOM. Los obreros de la ocupada fábrica Deutz, incluso, llegaron a exigir públicamente la renuncia del Ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz.
En noviembre de 1980, a pesar de su ilegalidad explícita, “los 25” reconstituyeron la CGT, que pasó a denominarse “CGT-Brasil”. A mediados del año siguiente, los sindicatos de Luz y Fuerza, SMATA y la UOM protagonizaron una serie de medidas de fuerza y el 22 de julio de 1981 se produjo el segundo paro general al régimen. A diferencia del anterior, ésta vez la adhesión fue realmente masiva, a pesar de que ese mismo día los dirigentes fueron arrestados. Un millón de personas -estimaron fuentes policiales- participaron de la protesta.
A la resistencia obrera se le sumaron reclamos y demandas populares más amplias. En octubre de 1981 el Arzobispado de Quilmes convocó a una “Marcha del hambre”, y al mes siguiente la CGT organizó una movilización a San Cayetano, patrono del trabajo, a la que asistieron 50.000 personas, bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”.
La marcha, la primera verdaderamente masiva contra la dictadura, partió del estadio de fútbol de Vélez Sarsfield, situada en el barrio porteño de Liniers, y culminó en Luján. Además de las reivindicaciones esgrimidas en la consigna, los asistentes a la movilización reclamaban por la aparición de los desaparecidos y en algunos casos entonaban canciones partidarias. Más de un contingente llegó incluso a enfrentarse con las fuerzas represivas que custodiaban la marcha.
La situación siguió en ascenso. En diciembre de 1981, Leopoldo Fortunato Galtieri asumió de manera irregular la Presidencia de la Nación, en lugar del dictador Jorge Rafael Videla. El 30 de marzo de 1982 más de 10.000 personas marcharon a la Plaza de Mayo y a las plazas de las principales ciudades del país, convocadas por la CGT, con el fin de “decir basta a este proceso que ha logrado hambrear al pueblo sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”. Aquel día, en Mendoza, las fuerzas represivas asesinaron al obrero minero Benedicto Ortiz.
Como destaca el historiador argentino Pablo Pozzi, en su libro Oposición obrera a la dictadura, “es indudable que el proceso de resistencia obrera desarrollado a partir de marzo de 1976 y que culminó con la movilización de marzo de 1982 representa la base material de la conquista de la democracia y de la derrota de la dictadura”.
Descripción: http://whos.amung.us/swidget/reemplazovp.png


martes, 22 de octubre de 2013

Una sala para contar la vida de toda una generación

Por Mariano Pacheco-Nota publicada en el diario El Argentino


Vidas para ser contadas es una iniciativa del Archivo Provincial de la Memoria que se propone rescatar la dimensión vital de los detenidos-desaparecidos por la última dictadura cívico-militar. El Argentino visitó el lugar y habló con quienes llevan adelante la propuesta.



 Políticas de la memoria-Familiares de desaparecidos en la ex D2

Humanizar al detenido-desaparecido por la última dictadura cívico-militar. Narrar sus vidas. Sacar a esas mujeres y hombres del exclusivo lugar de “víctima del Terrorismo de Estado”. Recuperar, a través de distintos formatos, fragmentos de sus historias. Estos son algunos de los objetivos de “Vidas para ser Contadas”, el Área del Archivo Provincial de la Memoria que cuenta con una sala de tres habitaciones en el ex Centro Clandestino de Detención conocido como la D2 (el Departamento de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Córdoba). En diálogo con El Argentino, Carina Tumini cuenta que en 2008, cuando todavía no trabajaba en el lugar pero “colaboraba asiduamente”, confeccionó el primer álbum, con fotografías y recuerdos de Mónica Cappelli, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, su madre, que aún permanece desaparecida. Su iniciativa fue, de alguna manera, el puntapié para poner en funcionamiento la nueva propuesta, que busca realizar una “reapropiación pública del espacio”.

Los álbumes
En la era de la fotografía digital y la reproducción tecnológica, el acercamiento a un “objeto único e irrepetible” se presenta con una especie de “aura” que es difícil encontrar en otros. Carina comenta que la idea de invitar a los familiares a confeccionar un álbum surgió pensando en la posibilidad de gestar en ese sitio en el que funcionó el horror, un lugar para “sentirse como en casa”. “En las casas –explica– suele haber portarretratos, y también álbumes”. Hay personas que han continuado agregando fotos y otros elementos luego de haberlo dejado en la sala. Otros tienen hojas en blanco, sobres y leyendas que invitan a aportar nueva información. Esto marca el “carácter abierto” de la iniciativa.
Los álbumes contienen fotografías de las personas detenidas-desaparecidas, pero también la página de un libro marcada o firmada por su antiguo dueño; una hoja de cuaderno, con una poesía o canción, un dibujo o una carta de amor; una fotocopia de un boletín escolar, de una partida de nacimiento o un DNI. También hábeas corpus, presentados por sus familiares al momento de ser secuestrados. El de Enrique Valdés, por ejemplo, tiene la tapa de madera, porque su hermana recordó que él “era de buena madera”. Cada álbum concentra una historia, que es a la vez muchas historias. Las de aquellos capturados por la maquinaria del terror. Fragmentos de historia de toda una generación que dio su vida por un cambio social.

La sala
Además del espacio destinado a la consulta de los álbumes, donde hay un lugar para sentarse y una obra de la artista plástica Natalia Colón, que tiene a sus padres desparecidos en Tucumán, en otra de las habitaciones hay sólo retratos con las caras de los desaparecidos, colgados en las paredes. Algunas tienen una cinta de color. Son los rostros de aquellos que actualmente figuran en la Megacausa La Perla. “Fue una forma de darle visibilidad al Juicio”, relata Tumini, y cuenta que al principio “las fotos estaban todas juntas en una lona”, y que luego “surgió la propuesta de darle más intimidad al espacio”, y ponerlas –“como en las casas”– en portarretratos. “Estamos priorizando poner no tanto fotos donde se vea simplemente el rostro, sino imágenes más vitales, de las personas bañándose en el río o subidas a un árbol”. Allí se está comenzando a construir un archivo digital, que el público puede consultar activando algunas de las computadoras instaladas, donde aparece una foto de la infancia y una breve reseña de cada una de las personas que aparecen en los portarretratos.
En el espacio contiguo se ha montado una muestra con objetos que pertenecieron a los detenidos-desaparecidos y que sus familiares y amigos han acercado al lugar. Desde prendas de vestir hasta una motoneta Vespa, pasando por objetos como discos y libros. En una de las paredes puede verse una bandera argentina, con la inscripción “Alberto Losada: Hasta la victoria, siempre”, que Don Américo, su padre, quiso dejar allí colgada. Fue la bandera con la que taparon la urna de cenizas de Alberto, cremadas luego de que recuperaran sus restos.
  
La Sala “Vidas para ser Contadas” permanece abierta, para quienes quieran visitarla, de martes a viernes de 10 a 18. Allí se exhiben los álbumes, las fotografías y algunos objetos personales que pertenecieron a las personas capturadas por el dispositivo represivo.  


viernes, 18 de octubre de 2013

La clase obrera: ¿ya no quiere el paraíso?

Nota publicada en Deodoro, revista cultural de la Universidad Nacional de Córdoba

Mariano Pacheco- Octubre de 2013

El 40 aniversario de la realización del Primer Encuentro Nacional de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) en Río Cevallos (Provincia de Córdoba), puede funcionar como inspiración para un debate urgente de la actualidad: el rol de los trabajadores en las confrontaciones políticas de la Argentina contemporánea.




Este año tiene la característica de estar poblado de importantes aniversarios para los sectores populares de nuestro país, más allá de los sentidos que cada sector político otorgue a cada uno de los acontecimientos: 200 años transcurridos desde la abolición de la esclavitud; 40 del camporismo; 30 del retorno de la democracia; 10 años de kirchnerismo. Por eso resulta sintomático –sobre todo teniendo en cuenta el afán memorialístico de los últimos años- que hayan pasado tan desapercibidos los 40 años de la realización del Primer Encuentro Nacional de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Encuentro que tuvo lugar en la ciudad de Río Cevallos, Provincia de Córdoba, los días 25 y 26 de agosto de 1973.
El “Frente de masas” con mayor relevancia estratégica para Montoneros, aclara que “la JTP nace como una corriente político gremial en el seno del Movimiento Obrero Organizado, haciendo suyas las experiencias y las luchas de la clase obrera argentina y fijándose como objetivos producir el trasvasamiento sindical para el Socialismo Nacional”. En sus lineamientos políticos –definidos en el Encuentro– sostienen que “los trabajadores somos el reaseguro histórico del proceso revolucionario, somos al columna vertebral del Movimiento Peronista y la clase social alrededor de la cual se aglutinan otros sectores populares y la que en forma principal ha protagonizado todos estos años de lucha”.
Cuatro décadas no pasan en vano. La actual composición de la clase obrera argentina – producto de las transformaciones estructurales impuestas tras la ofensiva neoliberal– es heterogénea y está signada por la precarización laboral, la subocupación y sobreocupación masiva, si bien en los últimos años la masa de desempleados ha disminuido considerablemente (4 millones de nuevos puestos de trabajo se crearon desde 2003 a hoy). De la mano de este proceso, el rol económico y político que históricamente ha tenido el movimiento sindical en nuestro país, ha mutado de una manera impensada antes del golpe cívico-militar de 1976. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que la represión se concentró en esta clase (80% de los detenidos-desaparecidos eran asalariados y el 30% obreros industriales) y que las cúpulas de los sindicatos fueron por lo general cómplices y parte de la ofensiva conservadora (el devenir empresario de los dirigentes sindicales no es más que una consecuencia de este proceso). De allí que la reconstitución de experiencias democráticas y participativas al interior del movimiento obrero aparezcan, en los últimos años, como una novedad. Por más que retomen y recuperen el largo historial que cuenta en el haber de la clase trabajadora argentina. Por otro lado, cabe destacar que el protagonismo de la resistencia popular antineoliberal (y las nuevas luchas que surgirán contra los distintos poderes presentes en nuestra sociedad) va a recaer en sectores periféricos al movimiento obrero organizado.
El asesinato de Mariano Ferreyra a manos de una “patota” sindical (el 20 de octubre de 2010, en Barracas, luego de que los obreros ferroviarios “tercerizados” del ramal Roca protagonizaran una protesta sobre las vías) volvió a poner en discusión un tema que cada tanto aparece en la agenda política nacional: que una nueva corriente, desde abajo, viene emergiendo al interior del movimiento obrero. Una tendencia sindical de base que promueve la participación y la democracia desde lógicas que nada tienen que ver con los modos tradicionales. El caso del Cuerpo de Delegados del Subterráneo de Buenos Aires, que luego de una década de enfrentamiento con la dirigencia de la Unión Tranviaria Automotor (UTA), conformó una nueva asociación gremial, es un ejemplo –puntual, pero un ejemplo al fin– de ese proceso.
Por supuesto, las experiencias que han aparecido como una novedad en los últimos años no son generalizables. Y la actual situación del movimiento obrero (con cuatro o cinco centrales sindicales), resulta verdaderamente inédita. Así y todo, no deja de ser llamativo que entre las fuerzas progresistas y de izquierda, por lo general, el desarrollo político al interior del movimiento obrero no sea una tarea política de primer orden. Y eso no significa caer en el reduccionismo “sindicalista”. Entiendo que un proyecto que pretenda transformar la sociedad (la economía y la política), no puede dejar de tener en cuenta la importancia de ir gestando una nueva cultura, donde los valores, las simbolizaciones, los sentimientos y deseos, sean tenidos en cuenta junto con las formas de entender la realidad (la conciencia crítica).
Si rescato algunas experiencias puntuales es porque creo que es a partir del ejemplo y el entusiasmo que contagian que nuevas experiencias podrán abrirse paso. Y el entusiasmo suele contagiarse cuando las luchas y los procesos de organización cambian, al menos parcialmente, el estatus quo. El del subterráneo es uno de los pocos ejemplos en donde un sector del movimiento obrero logró resistir la tercerización y la precarización, y libró luchas por la estabilidad laboral, mejorando las condiciones de trabajo y elevando sus ingresos. Si esto fue posible ha sido, en gran medida, porque han ido avanzando con pasos firmes. El movimiento de la clase trabajadora logra avanzar, por lo general, cuando en sus luchas se van conquistando pequeñas victorias. Por más que éstas sean transitorias, como supo señalar Karl Marx en El Manifiesto Comunista. Esta revalorización de las pequeñas victorias se torna fundamental, ya que como suele afirmar el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, no basta con victorias políticas: las movilizaciones, las luchas deben traer triunfos materiales.
De allí la importancia de construir dinámicas sindicales que libren batallas en el plano político, económico y cultural, al mismo tiempo, buscando cambiar las formas del accionar sindical, recuperando la vasta trayectoria obrera que, en nuestro país, ha buscado tomar en sus manos, también, otras esferas de la vida colectiva. Las tormentosas batallas políticas de la argentina contemporánea reclaman una mayor participación de los trabajadores. Para ello se torna indispensable la irrupción de una nueva manera de entender y practicar la acción sindical. Por supuesto: no hay recetas. Y las experiencias de otros tiempos –como la mencionada de la JTP– solo pueden aportar en tanto inspiración y ejemplo, pero se sabe: no hay réplicas posibles en el accionar político. 
Hubo un pensador (Federico Nietzsche), que supo advertir con lucidez sobre los “perjuicios de la historia para vida”, en la medida en que el ayer obstaculice, obstruya las posibilidades de gestar un espacio para la invención en el presente. Coincido. Pero también recuerdo que Nietzsche rescató las potencialidades de una historia que pueda servir para poder interrumpir el andar, mirar hacia atrás y volver a respirar (“¿De qué sirve entonces al hombre del presente la consideración monumental del pasado, la ocupación con lo clásico y raro de épocas pretéritas? Saca de ellos la consecuencia de que lo grande que alguna vez existió fue en todo caso alguna vez posible y por lo tanto también será posible de nuevo alguna vez; puede seguir con más ánimo su marcha…”).
Más que inscribir las prácticas actuales en una determinada tradición (que nunca deja de ser imposición de un pasado como autoridad), entonces, sospecho que hoy en día resulta más productivo rescatar legados que permitan radicalizar la imaginación política contemporánea.



domingo, 6 de octubre de 2013

Presentación del libro Kamchatka en La Plata y Bs. As

Jueves 10 y viernes 11 de octubre

El ensayo. ¿Un género? En caso de serlo: un género de batalla. Aun con su propio estatuto dentro del sistema literario. Los ensayistas como duelistas. O como partisanos”, sostiene Mariano Pacheco en  Kamchatka. Nietzsche, Freud, Arlt: ensayos sobre política y cultura, su tercer libro, recientemente publicado por la editorial ALCIÓN. Mariano Pacheco, periodista y escritor radicado actualmente en Córdoba, presentará esta semana su libro en La Plata y la Ciudad de Buenos Aires.
El jueves 10 de octubre, a las 21.15 horas, el autor (nacido y criado en el sur del conurbano bonaerense), estará en  ciudad de La Plata, en compañía de Esteban Rodríguez y Julián Axat (revista La Grieta digital), Daniel Badenes (revista La Pulseada) y Verónica Luna (Revista Estructura Mental a las estrellas y Malisia), en La Casona Cultural C´ est la vie, Calle 55, N° 458, entre 4 y 5. Al día siguiente, viernes 11 de octubre, compartirá una mesa junto a Leonardo Candiano (sección cultura del Portal de Noticias Marcha), en la Librería y Centro de Comercialización Popular Libros y Alpargatas, Santiago del Estero N° 866, en el barrio porteño de Monserrat, desde las 19 horas.


Pacheco comenta que “el ensayo es una práctica que se propone conjurar –cuando no enfrentar de manera directa– el terrorismo académico” y también “actualizar (mediante su lectura), los recorridos de lecturas que hemos emprendido en distintos momentos, urgidos por distintas preocupaciones, atravesados por distintos deseos y diferentes coyunturas”.
Desde esa mirada el autor se propone abordar una lectura de estos tres autores.
Nietzsche y Freud -plantea, recordando a Michel Foucault- los grandes intérpretes que, a su vez, han fundado discursos desde los cuales interpretar. “Porque ambos desarrollaron sus postulados en base a las interpretaciones –las construcciones de sentido– ya existentes. En base a, o más bien, insurreccionándose contra los pensamientos hegemónicos. Nietzsche, ejecutando una genealogía de la moral, es decir, realizando una interpretación sobre los discursos que occidente había construido sobre la moral; Freud, construyendo un relato en base a la interpretación que realizaba de otros relatos: los que sus pacientes construían y le transmitían acerca de sus sueños”.
Pacheco también recuerda que “tanto el pensamiento nietzscheano como el psicoanálisis freudiano, se construyeron repeliendo la sistematicidad”. Y luego se pregunta retóricamente: ¿qué duda cabe de que Arlt es el gran periodista, narrador, dramaturgo, etnólogo, sociólogo, psicólogo y pensador de la Argentina? Inoportuno, polemista, hincha pelotas, Arlt vuelve nuevamente a presentarse como un autor a reivindicar por quienes pretendemos afirmar nuestros deseos de producir aportes para redefinir una agenda epocal; para quienes nos sentimos parte de esa comunidad imaginaria que podríamos denominar Proyectos 19/20, y que Omar Acha llamó La nueva generación intelectual, y a la cual atribuyó como signo distintivo el espíritu insurreccional de la jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001”.
Por último, el autor reivindica a Nietzsche, Freud y Roberto Arlt como un “trío diabólico y monstruoso” y sostiene que los “tres pensadores-artistas” fueron “creadores que no siguieron un esquema preconcebido y una sistematicidad”. Y remata: “Freud gestando el psicoanálisis, Nietzsche una nueva manera de filosofar (que ya no podrá llamarse filosofía), y Arlt nuevos vínculos entre la literatura y los emergentes medios masivos de comunicación”. Así, sin antepasados, ni linaje, ni pasado familiar, Arlt fue hijo de su propia obra, al punto de construir su propio mito, adelantándose a la tarea de sus biógrafos. Algo similar podríamos pensarse en torno a Nietzsche y Freud. Por eso el autor rescata hoy a Nietzsche, Freud y Roberto Arlt, la “tríada infernal que ofrece la posibilidad de pensar nuevas coordenadas para el que-hacer artístico e intelectual contemporáneo. Qué nos incitan a no encerrarnos en las lógicas estandarizadas de la academia y el mercado, sino a trasvasarlos, en la búsqueda de nuevos caminos”.
Omar Acha, prologuista del libro, afirma por su parte:
Los ensayos reunidos en este libro de Mariano Pacheco, en mi lectura, confluyen en un nudo problemático, gravitan alrededor de un eje conceptual. Asedian las convicciones básicas del progresismo intelectual afirmado en América Latina durante las últimas décadas. La pulsión de inactualidad respecto al consenso reformista late en la prosa con que Mariano contraviene la serenidad ideológica de la cultura progresista. Lo hace siguiendo los trazos de tres nombres: Nietzsche, Freud y Arlt. Son más que citas oportunas. En verdad, las tres referencias no bastan –ellas solas– para consolidar una posición. Sabemos que las citas de referencias “prestigiosas” son obligadas tanto para las carreras académicas como para las escrituras progres. No es entonces cuestión de citas lo que Pacheco nos propone. Retorno, repetición, traición, son las palabras claves de este libro.
“Las apelaciones que nos propone no son las únicas posibles, pero ciertamente los usos de Arlt, Freud y Nietzsche que nos ofrece convergen en la emergencia de un programa de invención no progresista. Traer esos nombres a la palestra, ya no como citas en mercancías académicas, ni tampoco solo como pimienta para arrojar a los ojos somnolientos del gradualismo intelectual. Más bien, como nutrientes para conversaciones con la nueva generación. Demora, inactualidad y repetición, entonces, son las claves con las que quiero invitar a recorrer los ensayos de Mariano Pacheco. Ejercicios de desavenencia con el tiempo dominante, con todos sus guardianes y sus oportunistas”.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Prosa del piano roto: Recordando a Silvia Inés Urdampilleta


 Palabras escritas en homenaje a Silvia, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y combatiente del Ejército Revolucionario del Pueblo, leídas por por su autor el pasado viernes 20 de septiembre en el ex Centro Clandestino de Detención “D2” (Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia de Córdoba).

Por: Vicente Zito Lema


En aquellos tiempos cuando la conocí los cielos se mostraban sin malicia rojos y desnudos, las nubes en su andar de hielo se confundían con los ríos y la tierra retumbaba con nuestros pasos de gigantes. La revolución hablada y bendecida era agua de lluvia flotando sobre las manos abiertas. Así sentíamos el mundo, un tajo de pureza en la espesura, un abismo que se abría desafiante ante la cerrada desmesura de la realidad.
También yo era muy joven por entonces y me creía eterno. Tenía publicado un libro de poemas, tras el título de abogado podía defender a los compañeros presos (belleza y poesía dormían mansas en mis rodillas, pensaba), y aunque no lo dijera estaba orgulloso de un tiro en la pierna y de los golpes que me dieron en un acto donde habló la madre de Ernesto Guevara.
En ese escenario, que se pliega y despliega como un incendio sin fronteras, tal vez pueda entenderse la real conmoción que me produjo entrar en la vida de Silvia Inés Urdampilleta.



Lo que yo –entre balbuceos del destino y la poesía – y otros compañeros con mayor virtud –pero igual sacudidos por avances y retrocesos- intentábamos ser, ella ya lo era: abundante, rauda y absoluta. Me animo a decir que la muchacha de la inmensa sonrisa con cada uno de sus actos construía el alba de una nueva humanidad, aún sin saberlo, o sabiéndolo muy adentro, donde anida el pudor, donde la mirada del otro descubre y habla.
La vi siempre como una luz propia, muy de ella, secreta, y a la par era una luz de todos, que desvela, alienta y desafía.
Así sigue siendo para mí. Así la veo. Ella que iba y venía en los vientos del gran amor, ahogada en un desierto y extendiendo sus brazos, como una estatua de sal que sigue siendo de fuego, aún en la oscuridad y el silencio…
Y uno aquí, sobreviviendo del naufragio entre papeles de escrituras, húmedo de muy viejo ya el papel, amargos de derrotas las palabras que apenas pueden… Y ella que nada dice. Los desaparecidos son el vacío que todavía preludia las palabras, agota la posible densidad…
El viento de la historia apenas mueve las arenas. Toda quietud es mansa, más que cruel por obstinada. Hay una música de piano, quebrada y perpetua…
¿Y ella nada dice?
¿No pregunta por las rosas en las masetas de su balcón?
¿Qué fue de su sueño de construir de cuajo el mundo?
¿Qué se ha hecho con los grandes sueños?
¿En la agonía de la noche quieta y desolada, ya no se sueña…?

Era poco más que una niña con gracia cordobesa cuando supe inicialmente de ella. Con aires de heroína volaba más que caminaba, se decía. Con paciencia de mandarín escuchaba más que hablaba en las noches del desvelo cuando ocurría su formación política, se decía. Templaba su cuerpo con ardor estético y sin falsa piedad en las prácticas de ataque y sobrevivencia, se decía, en tono más bajo, como corresponde. Todo ello se decía y todo es cierto. La conocieron y la conocí. Doy testimonio, sin cuidados ni usuras.
Hay una destrucción que precede la creación, como un legítimo desorden para que nazca un orden amoroso y fraternal, donde lo humano sea. Por esas prédicas y otras ideas de la misma estirpe convertidas en actos, donde el cuerpo se duele y peligra, fue llevada presa. Era el comienzo de los años setenta y la continuidad de una de las tantas dictaduras del siglo en el país.
Un grupo de mujeres subversivas escaparon de la cárcel del Bueno Pastor, dijeron las radios y diarios. Ella fue la que más rió en la fuga, me contaron tiempo después sus compañeras de aventura. ¿Se debió a que en su corta vida ya había sufrido demasiado? ¿O acaso porque bajo el suplicio, en el medio de las preguntas con sangre, ella sólo fue el silencio, o sea fue el acontecimiento sin olvido de quien pudo ser vista –yo lo siento así- como la hija predilecta de los viejos Dioses de otros cielos con gloria…?
Vino de Córdoba a Buenos Aires con otro corte de pelo, otro color y un nuevo nombre. Rápidamente se convirtió en una leyenda.
Sus ojos verdosos sin sombra brillaban  contra un espejo la tarde ya en ocaso en que Mario Roberto Santucho sin mayor ceremonia nos presentó en el pequeño bar que aún sigue abierto con nuevos dueños y el mismo olor de viejos alcoholes. (Anoche, antes de escribir estuve allí, me sirvieron un café inevitable y no pude distinguir en el recuerdo la voz oscura de los vivos del murmullo de los muertos.)
La compañera está prófuga y en peligro, la buscan mucho, me dijo Santucho al descuido, parco pero amigable. Tendrás que ayudarla, insistió y se fue como un buen vecino del barrio, aunque demasiado serio me pareció, tal vez el sol de otoño ya era muy pobre…
Ella sí sonrió, generosa su boca. Toda la tarde se escurría como un río de llanuras sin fantasmas.
Cuando pregunté titubeando por su vida me dijo que estaba enamorada de Marx y yo le prometí, rápido y sin mayor cuidado, que una tarde pondría en su nombre jazmines en la tumba de Londres, y nos reímos sin saber que alguna vez lo haría, pero ella ya estaría muerta, de la peor manera. Nos fuimos del bar y llovía, como suele suceder en estos casos…
Cuidé de ella lo que pude, tal vez poco. Ella me cuidó mucho más. Cuando volvió a caer presa y aunque la torturaron hasta el hartazgo en Coordinación Federal, calló sin comprometer a nadie, ni siquiera a mí, por más que le encontraron un libro dedicado y otros poemas originales donde también la nombraba. Fui su abogado, la acusaban de todas las maldades del universo. Cuando la visitaba en la cárcel siempre de una manera u otro me hacía un regalo… Pájaros de papel y hasta lápices de colores, para que escribiera pasiones menos tristes, me decía. La revolución será con alegría, me decía. Para ella y otros compañeros no lo fue.
La muerte no es dichosa, la muerte no es amor…
Salió de la cárcel más que por mí, todos los presos políticos tuvieron su amnistía en el tiempo del presidente Héctor Cámpora.
Era de madrugada, éramos miles en la puerta del penal de Villa Devoto. La vi abrazada con otros compañeros, me sonrió, me hizo un gesto de victoria con la mano. Tenía prisa para seguir haciendo el mundo a su hermosa medida.
Se fue de Buenos Aires prontamente. Aumentó sus compromisos políticos. Cada tanto me llegaba alguna noticia más precisa. Su madre me contaba amorosamente de ella.
Tiempo después hubo otra dictadura. A la organización la golpearon cada vez más duro. Santucho cayó en combate. Su cuerpo sigue ausente. A ella la secuestraron, también su cuerpo sigue ausente. Yo acosado me fui al exilio. Busqué no morir del todo. Las glorias se perdieron por el camino. El dolor se volvió más áspero, hasta turbio. Poco pude en la intemperie hacer por ella, escribirle un poema, nombrarla, hacer marchas, actos públicos de Derechos Humanos y gritar todo el grito contra los asesinos por las calles holandesas, con el alma rota, entre soles fríos. Lejos muy lejos quedaron ella y los otros compañeros. Nadie es eterno, y el piano de la tarde perfecta está roto.
Una tarde de invierno viajé a Londres, puse los jazmines en la tumba de Marx. Escuché los murmullos y hasta acaricié ese viento de lluvia que movía suavemente las hojas.
Han pasado casi 40 años del primer encuentro y vuelvo a escribir sobre ella. Apago ahora la luz cruda de mi escritorio. Me cuesta caminar, son cosas de mi rodilla.
Mañana llegará la luz dulce de la mañana…



viernes, 2 de agosto de 2013

Reseña de Marxismo y crítica literaria, de Terry Eagleton

 Publicada este mes en la revista SUDESTADA

No se puede más que saludar y recomendar la reciente publicación de este libro, en su versión en español, que cuenta con un prólogo escrito por el autor el año pasado, en nuestro idioma. Esta edición está además traducida y cuenta con un prefacio de Fermín Rodríguez, un argentino que escribió, según mi parecer, uno de los mejores libros de crítica de los últimos años: Un desierto para la nación.


Inscripto en el legado de su maestro Raymond Williams, quien escribió esa otra obra fundamental (Marxismo y literatura), este ensayo de Terry Eagleton se publicó por primera vez en 1976, y tal como aclara su autor, apenas unos años después, “el clima cultural del que este libro extrajo su fuerza se había alterado drásticamente”.
En medio de la “inmediatez” y la “avidez de novedad” (como diría Martin Heidegger), que caracteriza nuestra “era tecnológica”, un libro como este nos ayuda a abrir una gieta, un paréntesis en nuestra cotidianeidad, teniendo en cuenta, además –como subraya Rodríguez en el prefacio– que “la relación del arte con la realidad socio-política no es directa, ni los efectos políticos ideológicos de una lectura crítica son inmediatos”. Quienes deseamos (y obramos en consecuencia) con la construcción de otro mundo (socialista o como se llame a la sociedad que pueda erigirse luego de la emancipación del capital y las distintas formas de opresión contemporánea), no podemos más que alegrarnos con puesta en circulación de un texto como este, ya que como el propio Eagleton comenta, si bien “el marxismo ha sufrido en nuestros días la derrota más importante de su turbulenta historia”, las ideas marxistas “han sobrevivido tenazmente a la práctica política”.
El mundo ha cambiado notablemente en las últimas cuatro décadas, es cierto, pero así y todo, parece no perder actualidad aquella legendaria frase escrita por Jean Paul Sartre en su Crítica de la razón dialéctica: “el marxismo, lejos de estar agotado… sigue siendo, pues, la filosofía de nuestro tiempo; es insuperable porque aún no han sido superadas las circunstancias que lo engendraron”. Su historia misma está atravesada por reflexión sobre militancia y escritura: los escritos de Marx y Engels, el clásico Literatura y revolución de León Trotsky, los textos de Mao (además poeta); Literatura y vida nacional, de Antonio Gramcsi; Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de José Carlos Mariátegui… Walter Benjamin, Michel Foucault, Gilles Deleuze...
En fin, Marxismo y crítica literaria contribuye fecundamente al ejercicio del pensamiento crítico, tan necesario en nuestros días.
Mariano Pacheco