sábado, 9 de mayo de 2020

La dialéctica de lo nacional y lo internacional en el proceso de radicalización del peronismo


(Primera parte)

Por Mariano Pacheco
(Agencia Paco Urondo)


En este primer texto me propongo repasar algunos de los principales acontecimientos políticos que, tanto en el plano nacional como internacional, acompañaron el proceso de radicalización política de gran parte de las militancias peronistas, desde su nacimiento en 1945 hasta finales de la década del cincuenta.


I-
Es difícil entender el proceso político de cualquier país durante el siglo XX, si no es en el contexto del enfrentamiento que se libra al menos desde 1917 entre los países capitalistas/imperialistas y el proletariado que comienza a protagonizar luchas por su emancipación del capital en casi todos los rincones del planeta. Por algo, historiadores como el británico Eric Hobsbawm se refieren al siglo XX como el “siglo corto” (1914/1991). Así y todo, en cada lugar, los enfrentamientos se libran de acuerdo a características específicas, ligadas a la propia historia de cada país, con los rasgos que cada formación social posee.
En sus clases de 1937 en el Instituto Militar y Político Antijaponés de Yenán, Mao Tse Tung insiste en la importancia que tiene, para el materialismo dialéctico, asumir la tesis de que las “contradicciones internas” son la causa básica del desarrollo de todo movimiento (obviamente, en interconexión e interacción con las causas externas, que constituyen la causa secundaria). Más allá de cierta rigidez, e incluso de dogmatismo de estas “Tesis filosóficas” (“Sobre la práctica”; “Sobre la contradicción”) que tienen ya casi un siglo además (y retoman discusiones del siglo XIX), quisiera rescatarlas aquí para intentar evitar el enfoque unilateral en el tema que nos convoca (el proceso de radicalización del peronismo, de sus militancias) y recordar que, como insiste Mao, las “causas externas actúan a través de las causas internas”. Esto es: no desconocer ni el plano interno de la producción, ni las influencias externas que actúan al interior de aquél.
El capitalismo, por otra parte, es un sistema que se caracteriza por este doble polo de mercado mundial y Estados nacionales, con lo cual, es difícil pensar la historia de un país desconectada del contexto internacional; situación, de todos modos, que no debería llevarnos al error de pensar la lucha de clases en un país determinado sólo como efecto de ese enfrentamiento global


II-
En Argentina, si bien puede pensarse que el peronismo posee rasgos similares al de otros “populismos” o procesos populares del continente, se produce la particularidad de que su líder, Juan Domingo Perón, no sólo enuncia un rasgo distintivo del proceso (“La Tercera Posición”), sino que incluso intenta teorizarlo y darle un respaldo filosófico. Así, a inicios de 1949, se realiza en Mendoza el Primer Congreso Nacional de Filosofía (Gabriel D´ Iorio supo publicar un bello texto al respecto, en algún número de El río sin orillas. Revista de filosofía, cultura y política). En el evento juega un rol fundamental el filósofo Carlos Astrada (discípulo argentino del emblemático filósofo alemán Martín Heidegger), y el propio Perón asiste (junto con Evita) para brindar una conferencia, a modo de cierre de la sesión de clausura (el texto de aquella conferencia será difundido en formato libro, desde los años cincuenta, bajo el título La comunidad organizada).
Duró poco, de todos modos, la idea de que era posible, vía un Estado Benefactor, sostener la alianza de clases. En 1955 el propio Perón promueve el “Congreso de la productividad” (al que la CGT logró imponerle el agregado “Y del bienestar social”). Ya no se trata, para entonces, sólo de los “derechos de los trabajadores”, sino de enfrentar ciertas dificultades económicas (balanza de pagos deficitaria). El poder no sólo de los sindicatos, sino de las Comisiones Gremiales Internas, complica el aumento de la “plusvalía relativa” por parte de los empresarios, quienes –de todos modos-- no pueden revertir una relación de fuerzas que es la más favorable para la clase obrera argentina en toda su historia. No pueden entonces, pero sí a la brevedad, cuando se lleven adelante el golpe de Estado.
La historia es conocida: muerta Eva el peronismo queda no sólo golpeado “espiritualmente”, sino en su materialidad estratégica (el plan de Evita de gestar “milicias obreras” junto a la CGT es desactivado, las propias armas compradas por la “abanderada de los humildes” son entregadas por Perón al Ejército Argentino). Entre la sangre y el tiempo, dice Perón, él elige el tiempo. Pero las luchas de clases nunca dependen de la voluntad de un individuo, y ante su exilio (llevó su tiempo conquistar su retorno: 18 años), sin armas y sin protección garantista del Estado Benefactor, el proletariado argentino se ve expuesto a una ofensiva clasista profunda (al golpe del Estado le sigue una dictadura que no sólo encarcela y obliga a exilios, sino que tortura y fusila, y proscribe, mientras arrebata derechos conquistados). Se inicia así el largo tiempo teñido de sangre obrera.


III-
Si bien la Primera Guerra Mundial ofició como un duro golpe para las expectativas de hacer de la humanidad una experiencia atravesada por la justicia, la libertad, la igualdad y la fraternidad, con la Revolución R de 1917 las esperanzas vuelven a ser renovadas. Al menos parcialmente.
De Rusia al resto del mundo, los procesos revolucionarios irán encadenando una dinámica que llega hasta fines de los años setenta, cuando en Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional tome el poder, destronando a la dictadura de la familia Somoza.
El proceso no es lineal, y la Segunda Guerra Mundial será el otro gran momento trágico del siglo. Tras la muerte de Lenin, en 1924, y el proceso creciente de stalinización de la URSS (con el consecuente exilio de León Trotsky, jefe del Ejército Rojo, el aplastamiento de la “Oposición de Izquierda” y el aniquilamiento de la “Viaja Guardia Bolchevique”, prácticamente solo el triunfo de la República Española, en 1936, oficiará como episodio esperanzador… Pero como sabemos, la guerra civil enterrará los sueños emancipatorios y en España se librará la antesala del conflicto bélico en puertas). Así y todo, con la “degeneración estalinista del socialismo” a cuesta, la URSS –su Ejército Rojo-- logra ser el factor determinante en la victoria frente al eje nazi-fascista.
Con el fin del conflicto bélico interimperialista quedan atrás, sepultados, los intentos revolucionarios en Italia y Alemania, cuyas tempranas derrotas dieron paso al ascenso del fascismo y el nazismo (muerto Antonio Gramsci tras duros años de cárcel; asesinada Rosa Luxemburgo por la socialdemocracia), pero así y todo, la segunda mitad del siglo no será menos convulsionada que la primera, aunque el centro de los conflictos se desplace a las periferias.


VI-
En Argentina, el conflicto armado centrado en Europa posibilitó de algún modo la aparición de un fenómeno como el del peronismo.
Más allá de las acusaciones contra Perón, por su supuesto linaje nazi-fascista, en octubre de 1945 la clase obrera tomó partido, y ese partido se llamó peronismo. El lamentable modo en que actuó gran parte de la izquierda orgánica (fundamentalmente el Partido Socialista y Partido Comunista, puesto que el anarquismo ya llevaba años habiendo perdido la hegemonía dentro del movimiento obrero) fue estudiado, entre otros, por Juan José Hernández Arregui, y puede seguirse su rastro leyendo un libro como La formación de la conciencia nacional.
En el peronismo, se sabe, confluyen algunos elementos católicos, de la derecha nacionalista, incluso alguna tendencia con simpatías nazifascistas, es cierto, tanto como que una importante corriente del radicalismo –sobre todo su ala Yrigoyenista, y grupos como FORJA) darán un sustento popular y antiimperialista, junto con gran parte de las dirigencias medias obreras que poseen ideas de izquierda y se suman al nuevo movimiento, acompañados de algunos cuadros políticos anarquistas, socialistas y comunistas (el cuadro teórico de mayor renombre es Rodolfo Puiggros).
El experimento, como decíamos, no dura siquiera una década. El frente de alianzas de clases estalla por los aires en 1955. El Ejército no queda partido en dos, sino que es mayoritariamente golpista; la Iglesia promueve los bombardeos a civiles en lugares públicos desde aviones que llevan la leyenda “Cristo Vence”; no hay fracción de la “burguesía nacional” que se proponga sostener al peronismo; los sectores medios han sido desde 1945 abiertamente antiperonistas. En fin: es sólo la clase obrera quien se sigue identificando con el peronismo y se propone continuar sosteniendo el grito de guerra de seguir “Combatiendo al capital”.
El proceso de la resistencia peronista es factor determinante del proceso de radicalización de las amplias franjas obreras identificadas con el peronismo, y puede seguirse con atención leyendo la correspondencia entre Perón y Cooke; o libros como Operación masacre, de Rodolfo Walsh. También estudiando los “Documentos” compilados por Roberto Baschetti o viendo films como “Operación masacre”, de Jorge Cedrón, o “Los traidores”, de Raymundo Gleyzer.
De todos modos, no pueden dejar de tenerse en cuenta los cambios que se producen en mundo desde los años cincuenta y, sobre todo, al iniciarse la década del sesenta.


IV-
En 1949, liderado por Mao Tse Tung y el Partido Comunista, triunfa la Revolución en China, dando paso a la construcción de una “República popular”. El término popular, y la base mayoritariamente campesina de China, sumado a la posición “nacionalista” que el PCC supo tener frente a la invasión japonesa, produjeron una de las primeras inflexiones en la ortodoxia del movimiento comunista internacional. El concepto de masas populares toma distancia de cierto obrerismo marxista, y en Argentina el ya mencionado pensador marxista Juan José Hernández Arregui cita Mao para referirse al gobierno peronista como una “democracia autoritaria de masas”.
En 1956 se desata en Hungría una revolución que, a la vez que anticapitalista, se manifiesta contra la burocracia soviética. Habían pasado ya tres años desde la muerte de Stalin y en febrero de ese mismo 1956, un informe es leído en el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), donde se denuncian los crímenes de Stalin. Pero en Hungría la “autocrítica”, así, “por arriba”, parece insuficiente, y se desata todo un proceso de rebelión “por abajo”.
En Argentina, mientras tanto, la brutalidad de la Revolución libertadora, su política antiobrera, su persecución a los dirigentes gremiales y la clausura de los sindicatos van acercando posiciones entre las militancias de izquierda, y el activismo peronista que hace armas de sabotaje en la resistencia.
En enero de 1959, encabezados por Fidel Castro y el argentino Ernesto Guevara, triunfa una revolución antiimperialista y antidictatorial en Cuba, que dos años más tarde va a declararse socialista y enfrentarse a los Estados Unidos. El Che se va transformando en una figura clave de la lucha Latinoamericana, e incluso mundial, y personajes del peronismo (como Cooke) pasan sus días en La Habana, intentando gestar puntos de confluencia entre la dirigencia comunista cubana y el activismo peronista en la resistencia argentina. Incluso Cooke solicita a Parón que deje la España franquista y se instale en Cuba. Cooke, el dirigente peronista que logra escapar de las cárceles de “La fusiladora” (como Walsh denominará a la dictadura de Aramburu), en ese enero del 59 acompaña una acción que será uno de los hitos de la combatividad de la clase obrera argentina: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre. Los “caños” para hacer sabotaje contra las empresas y las tomas de fábrica serán rasgos distintivos de la resistencia peronista, que se organiza clandestinamente a lo largo y ancho del país.






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