sábado, 9 de julio de 2016

POR LA SEGUNDA INDEPENDENCIA

(CLASE Y NACIÓN, una apostilla)

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


La del 90 fue la década en  la cual el pueblo argentino –que no casualmente comenzó a ser denominado “la gente de este país” – padeció un proceso de enajenación respecto de la Nación. Un momento en el cual, bajo la identidad del último y más importante movimiento nacional y popular, se llevaron adelante las políticas más antinacionales y antipopulares de la historia contemporánea. La resistencia antineoliberal, si bien nacida al calor de las luchas que se libraron ya no desde sino contra el peronismo realmente existente, no resignaron, sin embargo, el centro de gravitación de esa simbología: la bandera nacional. Tanto el proceso de puebladas que se abrieron a partir de Cutral Có, como las jornadas insurreccionales del 19 y 20 de diciembre de 2001, tuvieron a la bandera nacional como principal “trapo” esgrimido por los protagonistas de esas luchas.
Es necesario que las izquierdas, por lo tanto, presten atención a este universo simbólico, que no es nuevo, y que parecieran ser una suerte de “invariante” de las luchas populares de nuestro país. Deseamos contar con izquierdas que antagonicen con las miradas construidas y difundidas por las clases dominantes en cuanto a qué entendemos por Nación. Reducir la Nación a la idea de Estado burgués es, por lo menos, abandonar de entrada un campo de disputa que ha sido  –y nada indica que vaya a dejar de ser– un lugar de importancia en la lucha de clases.
Es necesario –como tan bien lo entendieron los latinoamericanos que realizaron revoluciones reales: los cubanos; los Sandinistas en Nicaragua… pero también, y más cercanos en el tiempo, los zapatistas en México, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil y el Movimiento Bolivariano en Venezuela, por citar los casos más emblemáticos– es necesario –decía– incorporar la vertiente “nacional y popular” a cualquier intento de transformación radical de la sociedad argentina. Es decir, a cualquier proyecto que, con orientaciones socialistas, pretenda construir un poder popular con una fuerte impronta de masas.

En este sentido, la Nueva Izquierda (Autónoma-Independiente), es mucho más permeable a la mezcla, a la yuxtaposición de legados, colores, banderas y figuras, que otros sectores más tradicionales de nuestra izquierda. Es más receptiva a la hora de mirar y de escuchar, y por lo tanto, entiende que lo nacional-popular no se agota en sí mismo, pero tampoco puede quedar afuera.

lunes, 4 de julio de 2016

ESPECIAL RADIAL “MASACRE DE AVELLANEDA” (JUEVES 23/06)-

LA LUNA CON GATILLO: 
Una Crítica Política de la Cultura




ESPECIAL “MASACRE DE AVELLANEDA” 

Conducción y producción general: Mariano Pacheco
Co-Conducción: Carlos Bergliaffa-
Seguinos en Twitter (@GatilloLuna) y en FB: La luna con gatillo.
Jueves de 15 a 17 hs por Eterogenia (www.eterogenia.com.ar)


El programa se desarrolló con la presencia, en estudio, de Leonardo Santillán, hermano de Darío, el joven militante asesinado junto a Maximiliano Kosteki el 26 de junio de 2002, en la denominada “Masacre de Avellaneda”. También se hicieron presentes en las instalaciones del Centro Cultural España-Córdoba el dramaturgo cordobés Jorge Villegas, director de Zéppelin Teatro, autor de la obra KyS ("Kosteki y Santillán") y los integrantes del Frente Organizado Contra el Código de Faltas (FOCCOF), quienes desde su columna mensual trazaron una serie de reflexiones sobre la continuidad de las políticas represivas del Estado entre el 2002 y la actualidad. 


Por su parte, desde Buenos Aires, el cineasta-militante Jorge “Chiqui” Falcone, se metió en su columna mensual de Cine con el "documentalismo" en el contexto de los años 2001-2002
Bonus track: repasaremos las actividades de la “Semana de homenaje a Kosteki y Santillán” que se está desarrollando esta semana en Córdoba y 
por comunicación telefónica, la militante del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), Natalia Revale, adelantó cómo serían las actividades culturales que luego se desarrollaron en Avellaneda durante la tarde y la noche del 25 de junio.

COLECTIVO RADIAL 
Conducción y producción general: Mariano Pacheco.
Co-Conducción: Carlos Bergliaffa
Con Iván Garzón, Carlita Limón y Carla Lorena Lorenzo en redes sociales; “El Turco” Diego Abu Arab en gráfica, Pablo “Pelado” Rodríguez en producción artística y Dante De Noia en la operación técnica.

TRINCHERAS RADIOFÓNICAS
El programa también se retrasmite por la FM 99.7 “Che Barracas” (http://chebarracas.blogspot.com.ar/) de buenos Aires y la F.M 99.5 “Zumba La Turba” (http://www.zumbalaturba.com.ar/) de Córdoba, ambas integrantes de la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA). Noticias desde abajo y a la izquierda.


domingo, 3 de julio de 2016

"ES RUDUCCIONISTA LA MIRADA QUE SOSTIENE QUE EN LOS 90 NO PASÓ NADA"

Entrevista a Mariano Pacheco en Radio Estación Sur de La Plata


A propósito de la reedición del libro De Cutral Có a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados" (10 Años de editorial El Colectivo)- 



sábado, 2 de julio de 2016

“Revisitar la experiencia piquetera nos puede ayudar a pensar cómo salir adelante”

 Entrevista a Mariano Pacheco
Por Josefina Figueroa
(Agencia Paco Urondo)


Periodista, amigo y compañero de militancia de Darío Santillán, en el Movimiento de Trabajadores Desocupados. A 14 años de la Masacre de Avellaneda, el Puente Pueyrredón volvió a ser el punto de unión para conmemorar los crímenes de Maxi y Darío.
Mariano Pacheco es escritor y periodista. Además de amistad, compartió una “militancia intensa” con Darío Santillán en la lucha contra la Ley Federal de Educación y en la Coordinadora Aníbal Verón. “Una de las expresiones del Movimiento Piquetero que plantearon con mayor radicalidad las luchas en ese período”, aclara. Aquel 26 de junio de 2002, la decisión de cortar los accesos a la Capital, en el marco de un plan de lucha contra el presidente Eduardo Duhalde, terminaron con el asesinato por parte de las fuerzas policiales de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. “Yo fui parte de la jornada de lucha como integrante del MTD de Almirante Brown. Nunca nos imaginamos una represión tan salvaje”, recordó Mariano.


APU: Se cumplieron 14 años de la Masacre de Avellaneda y como todos los 26 de junio se realizó una conmemoración, ¿cuál fue la consigna de este año?
Mariano Pacheco: La consigna continúa siendo exigir que se abra un proceso judicial para poder investigar, enjuiciar y castigar a los responsables políticos e ideológicos de aquella jornada represiva. Para ello, el sábado hubo una Jornada Político Cultural en la Estación Darío y Maxi, donde estuve presente. Como en años anteriores, el del 26 fue un acto más clásico con integrantes del campo popular donde se marcha hasta puente Pueyrredón con los familiares de Maxi y Darío, quienes cerraron la jornada con un acto.
APU: ¿En qué instancias están esas causas?
MP: Hay una comisión investigadora, la Comisión Independiente Justicia por Darío y Maxi, que integran Alberto y Leonardo Santillán, padre y hermano de Darío. Desde ahí se está intentando abrir indagatoria a por lo menos, si no es a los responsables políticos más visibles, como el ex presidente Eduardo Duhalde o los miembros de su gabinete, a los responsables policiales que actuaron ese día. El ex comisario Alfredo Franchotti y el cabo Acosta están condenados a cadena perpetua a partir del juicio realizado en el 2005. Esa sentencia fue muy importante para nosotros, porque este es un país donde suelen quedar impunes los autores materiales de los crímenes en protestas sociales.
APU: ¿Cómo pensás ese 26 de junio hoy, con la instalación de un gobierno de derecha después de 12 años de gobierno kirchnerista?
MP: Más que nunca aparece la necesidad de revisar críticamente la última década pero sobre todo, de revisitar en términos positivos aquello que fue el período 1996-2002. Etapa que se clausura con la masacre de Puente Pueyrredón y el comienzo de una política más ligada a lo social, a las luchas de base, a los procesos de organización, más participativos. La apertura a otro tipo de democracia. Creo que en este momento, la ofensiva conservadora del macrismo no está encontrando resistencia por parte del campo popular. Si bien hay distintos grupos y sectores que vienen activando, justamente la tarea es poder construir un proceso de resistencia. En ese sentido, hay mucho para pensar sobre ese diciembre de 2001.Las iniciativas populares que se dieron en el marco de la crisis política de representación, de los modos de entender y hacer la política, tienen mucho para dar.
APU: Darío siempre mencionaba la unidad para alcanzar una transformación más profunda…
MP: Hoy, todos los grupos hablan de unidad, después lo que cuesta es crear procesos reales de articulación por abajo. Creo que en el campo popular hay estrategias políticas muy diferentes y nadie las va a dejar de lado. Eso no debería imposibilitar que haya un proceso de unidad en la lucha para enfrentar políticas antipopulares como las del macrismo. Falta autocrítica respecto de las organizaciones que ante tamaña reconfiguración del país no han logrado todavía, dar respuestas masivas en las calles. Se supone que hoy contamos con mayor militancia pero en aquel entonces se salía a resistir de un modo mucho más intenso. Revisitar esas experiencias nos pueden ayudar a pensar cómo salir adelante porque el macrismo recién empieza y ya hizo bastante
APU: En ese sentido, ¿cuáles serían los desafíos para los movimientos sociales, los organismos de DDHH y también para los trabajadores de prensa, que cumplieron un rol tan fundamental en la causa?
MP: Es importante que el pueblo tome la palabra, que sea protagonista y ponga el cuerpo en la política. Considero que hay que ser rigurosos respecto de no coincidir con las críticas del macrismo hacia el kirchnerismo porque son todas por derecha. A nivel prensa, es un poco triste el balance que uno saca respecto del debate que se abrió con la Ley de Medios y el nivel de poder real que hay hoy respecto de los medios de comunicación comunitarios, populares y autogestivos. Para los organismos de DDHH creo que hay que estar atentos ante el recrudecimiento de las políticas represivas y de tono autoritario, como el Protocolo de Seguridad u otras políticas que lleven a coartar las libertades elementales para la vida cotidiana.
APU: ¿Cree que hay posibilidades de que emerjan movimientos con herramientas de lucha similares a las del Movimiento Piquetero?
MP: Me parece que, como la derecha no gobierna siempre del mismo modo, las expresiones populares no siempre construyen de la misma manera para enfrentar las políticas del poder. Por las características recientes de Argentina, es poco probable porque el Movimiento Piquetero fue un sector que organizó a los trabajadores ante una desocupación inédita. En los trabajadores de la economía popular, que vienen organizando sus actividades en el marco de cooperativas y proyectos autogestivos, creo que hay un sector que tendría una especie de continuidad, de hermano menor de las experiencias del movimiento piquetero. Pero no sé porque en aquel momento, desde los partidos de izquierda y las ciencias sociales, veían como imposible la organización de los desocupados, de un grupo que se presentaba por la negativa. Sin embargo, no sólo que se organizó sino que entiendo que durante esos años ejerció un rol de vanguardia respecto de las luchas populares. Hubo una diversidad de luchas en los 90 y 2001 que fueron muy importantes pero el Movimiento Piquetero marcó un curso con herramientas y formas de entender la política, mucho más radicales. Creo que para pensar esta etapa hay que pensar que no hay construcciones políticas de largo plazo que no se midan con los inmediato, con las pequeñas reivindicaciones, con las pequeñas victorias y con cosas que puedan ayudar a que una organización popular de pequeños pasitos en el día a día no sólo aprendiendo de las derrotas sino que conquistando victorias también.



viernes, 1 de julio de 2016

Presentaciones del libro “De Cutral Có a Puente Pueyrredón” en Córdoba y Buenos Aires

Escritor y periodista Mariano Pacheco: 
“Ha llegado la hora de decir NO a la democracia parlamentaria burguesa”

Por Resumen Latinoamericano*

Presentación de la reedición del libro “De Cutral Co a Puente Pueyrredon”, en el marco de los 10 años de la editorial El Colectivo. Con Carina Lopez Monja, del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), Miguel Mazzeo y Carlos Aznarez. Además de familiares y amigos, compañeros, la figura de Alberto Santillán y sus calurosas palabras acompañaron la jornada, donde la presencia de varias generaciones aportó su condimento al encuentro.


En el marco de la presentación, este pasado viernes, de la reedición del libro “De Cutral Co a Puente Pueyrredón” y de los diez años de la Editorial El Colectivo, el ensayista Mariano Pacheco (autor también de “Montoneros silvestres” y “Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo”) reivindicó la intelectualidad crítica que se inscribe en una “nueva izquierda autónoma y contestataria”.
Rodeado del talentoso ensayista Miguel Mazzeo, la comunicadora y militante social del Frente Popular Darío Santillán y el director de Resumen Latinoamericano, Carlos Aznárez, Pacheco recordó que “esta presentación es un acto político en todo sentido, donde no por casualidad está inscripto en la semana en que recordamos el aniversario número 14 de la masacre de Puente Pueyrredón donde fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán”. Después de agradecer la presencia de Alberto Santillán, padre de Darío, señaló que “hemos salido un poco agitados de la llamada por algunos ‘década ganada’, y que eso hace que no se le esté dando una respuesta adecuada a la actual embestida macrista. Consideró que visto lo que son los políticos actuales y el fracaso del “progresismo y el neodesarrollismo” ha llegado la hora “ de decir NO a la democracia parlamentaria burguesa y buscar nuevas formas de hacer política desde abajo”.
Por su parte Miguel Mazzeo (autor de “Volver a Mariátegui”, “Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo, “El socialismo enraizado”, entre otros títulos significativos) recordó los orígenes de Mariano Pacheco como escritor que “en un momento en que había mucho que contar, se dedicó a narrar, y ahora que hay poco para contar se sigue afirmando en esta vía de la escritura”. Para Mazzeo, el libro que se presenta es “un testimonio letrado convertido en memoro de la militancia y por ende, se inscribe en el género de la resistencia. Un verdadero aporte, sin dudas”.
Apuntó también que el autor, aparte de ser un buen escritor “es útil por lo que hace”, y en ese sentido consideró como necesario llevar al papel los saberes políticos populares, ya que estos no tienen archivos, y eso es lo que hace precisamente Mariano Pacheco.
Carina López Monja señaló que el libro de Pacheco “permite recuperar la memoria histórica y los símbolos de la misma”, y reivindica a una generación de luchadores y luchadoras que buscaban romper con una concepción de la izquierda vanguardista y suplantarla por concebir “la política desde el hacer”.
Luego destacó que el lugar donde fueron asesinados Maxi y Darío se ha ido convirtiendo con el tiempo, por obra de la militancia social, en un espacio de trabajo voluntario para muchos jóvenes que multiplicaron el ejemplo. “No dejaron a los dos compañeros muertos en un pedestal, sino que rescataron su legado de lucha y lo llevan a la práctica”.
Por último, Carlos Aznárez, apuntó que se hace imprescindible que la militancia actual recupere los valores de compañeros como Maxi y Darío y también de la generación de los 70, donde la ética, la pasión y el espíritu solidario eran aspectos fundamentales para hacer política. Recordó que, “como dice el luchador revolucionario uruguayo Jorge Zabalza, son tiempos en que han de surgir nuevas indulgencias, que enfrente al avance de la derecha regional”.

TAMBIÉN SE PRESENTÓ EN CÓRDOBA Y ALTA GRACIA


Gran jornada Junto a Leonardo Santillán, se presentó el libro en Alta Gracia, en el marco de la “Semana de homenaje a Kosteki y Santillan”, que también tuvo su momento en la capital provincial, en otro charla con Leo Santillán y organizaciones antirepresivas locales, en la Casa Caracol.


*Nota publicada en www.resumenlatinoamericano.or el 25 de junio de 2016.


domingo, 19 de junio de 2016

Crónica del 26 de junio de 2002-

El día que soltaron los perros*

Por Mariano Pacheco

Las balas aturden a la tarde, buscan invadir de silencio/el clamor de voces que cantan rebeldía

Manuel Suárez, “Mano con mano”

“La noche avanza sobre el día, pálida y agónica/La única eternidad que se escucha es el silencio/De los muertos es la quietud de  la muerte/De los vivos la desesperación de la vida”

Vicente Zito Lema, “Agonías in memoriam de Darío y Maxi”


I
El miércoles 26 de junio de 2002 el sol salió temprano. Soplaban vientos leves y la temperatura era de las más bajas del año. Así y todo, alrededor de las 10 de la mañana, la mayoría de los integrantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Almirante Brown se encontraban en el playón de la estación de trenes de Claypole. Varios vecinos provenientes de las barriadas 2 de abril (Rafael Calzada), Cerrito y Don Orione (Claypole), esperaban ansiosos que llegaran sus pares del barrio de Ypona (Glew), para quienes el viaje se tornaba más largo que en otras ocasiones: la decisión era no arribar a la estación de Avellaneda con el “vía Temperley”, sino dar toda la vuelta, con el “vía Quilmes” (al que en la zona llamaban La Chanchita, diferenciándolo así del otro, El Eléctrico).
Por aumento general del salario y una duplicación de 150 a 300 pesos en el monto de los subsidios para los desocupados; alimentos para los comedores populares; mejoras en salud y educación; desprocesamiento de los luchadores populares y en solidaridad con la fábrica ceramista Zanón, de Neuquén –la que corría el peligro de ser desalojada luego de haber sido recuperada por sus trabajadores–, los movimientos de desocupados –por entonces denominado “duros”– se proponían levantar barricadas en los puentes de acceso a la Capital Federal.
El ya mencionado 26 de junio de 2002 fue un día en que las mujeres y hombres “piqueteros” se dispusieron a resistir: a la política económica que con la devaluación pulverizaba salarios; a la oleada creciente de autoritarismo estatal y represión parapolicial. Estaban dispuestos a no aflojar ante las amenazas lanzadas desde el gobierno del entonces presidente Eduardo Duhalde: “prohibir los cortes de ruta”.
Desde José C. Paz, La Plata, Guernica, San Francisco Solano, Lanús, Florencio Varela, Quilmes y Esteban Echeverría, las banderas de los distintos grupos que integraban la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, partían hacia Avellaneda. Los del MTD de Allen, por su parte, se dirigieron hacia el Puente que separa las provincias de Río Negro y Neuquén.
Allí estaban, marchando hacia el Puente Pueyrredón, Darío Santillán (Darío, o El Cabezón), Maximiliano Kosteki (Maxi), Pablo Solana (El Pelado Pablo), Florencia Vespignani (Flor), Nélida Jara (Neka), Alberto Spagnolo (El Cura), Griselda Cugliati (Grillo), Daniela Castellano (Dani), Sergio Nikanof (El Gordo Nika), Marta (La Tota), Mariano Pacheco (Mariano), César Benítez (El Pelado César), Juan Cruz Daffunchio (Lucas), Juan Pablo Nocelli (Gaby), Mariana (La Negrita), Nicolás Lista (El Viejo), Ángel, Marcial, Olga, Orlando, Yolanda, Oscar, Mirta, Gerardo, Nancy, Oscar (Taiwan), Carlos… y tant@s otr@s  decenas de activistas que aparecerán una y otra vez a lo largo de estas páginas, entremezclados con las miles de personas (la mayoría anónimas) que se movilizaban por aquellos días.
Aquel miércoles 26 de junio de 2002 el ánimo estaba caldeado, la predisposición al enfrentamiento, ante la dificultad de desplegar el corte sobre Puente Pueyrredón, se hacía evidente entre muchos de los presentes; sobre todo entre los más jóvenes. Otro sector, como suele suceder, se replegaba. Así había sucedido durante toda la semana previa: ante cada declaración del gobierno, mayor voluntad de batallar por parte de un importante sector de los movimientos. Entre los muchachos dispuestos a resistir se encontraban Darío y Maxi, jóvenes de 21 y 25 años. ¿Se conocían? No. No todavía.

II 


En el playón de Claypole, como siempre lo hacían antes de partir a una medida de  lucha,  los desocupados de La Verón realizaron una asamblea para repasar los objetivos de la jornada y los criterios de seguridad; para darse fuerzas colectivamente. En aquella oportunidad, además, debían darse un poco más de ánimo, ya que la situación se preveía difícil.
Pocas voces se alzaron aquel complicado día. Una de ellas fue la de Mariano, uno de los “referentes”[1] del movimiento. Dijo que no podían permitirse que el miedo se les impusiera, ya que ese era el objetivo del gobierno: evitar que se bloquearan los puentes y accesos a la Capital Federal; forma de lucha que ya en otras situaciones difíciles les había permitido “torcer el brazo del gobierno”, y conquistar las reivindicaciones por las que habían movilizado.
Aunque algunos tengamos hoy, tal vez, que volver con el lomo apaleado, remató, antes de gritar ¡Aníbal Verón!, con todas sus fuerzas. ¡Presente! respondieron casi todos. Luego, cuando gritó más fuerte: ¡Ahora!, nuevamente se escucharon las voces diciendo: ¡Y siempre! Mi voz, recordará más tarde Mariano, ya no era mi voz, sino que se confundía con la del resto. ¡Dónde nos vemos compañeros!, exclamó finalmente; frase que no pronunció como pregunta, ya que todos, absolutamente todos, sabían y compartían la respuesta: ¡En la lucha! Ahí empezaron los cánticos: Piqueteros carajo, gritó Mariano. Piqueteros carajo, gritaron todos. Piqueteros carajo… canción típica ya, que solía acompañar la mencionada arenga.
 Cuando Mariano gritó Aníbal Verón y todos respondieron Presente, ninguno se imaginó que tan solo unas horas mas tarde estarían gritando Presente… luego de nombrar a uno de sus compañeros.

III 


El viaje en tren se tornó tenso. En cada parada, más y más piqueteros subían rumbo a la estación Avellaneda. Al llegar a Quilmes, el tren estaba tan lleno que ya no entraba nadie. Abajo, sobre los andenes, Marcial –del MTD de La Cañada–, toca la quena sin parar. “El soplo del aire convertido en viento o soplo del viento convertido en alma –como describen nuestros ancestros el sonido de la quena– nos envolvía con su melodía entremezclándose con nosotr@s formando parte de la concentración dispuestos a enfrentar y dar pelea por nuestros reclamos”.[2] Los muchachos y las chicas de seguridad conversan, arriba del tren, repasan paso a paso el plan de un posible repliegue, ante la eventualidad de que la represión avance sobre las columnas. Un grupo de Indymedia Argentina[3] filma todo: los gestos, los movimientos de las manos, los labios temblorosos de las conversaciones que cada tanto, sólo cada tanto, se intercalan con algunas sonrisas.
 Al llegar a la estación notaron que un  helicóptero sobrevolaba a escasos metros de altura. Hoy se viene complicado, comentó Mariano a Rafael, uno de los compañeros de la CTD de La Plata. Ante tamaña intimidación, el muchacho sólo atinó a responder: parece que sí. Bajaron las escaleras y al pasar el hall de la estación, se ubicaron sobre la avenida Pavón. El de Almirante Brown era uno de los últimos movimientos en ubicarse en la columna. Por eso varios muchachos corrieron para adelante, para ver que sucedía. “Estamos muy atrás”, dijo el Pelado César. Mariano asintió con la cabeza y ambos comienzan a correr hacia la cabecera de la columna. Había rumores de que no los dejaban pasar, pero desde ahí no veían nada.
 Eran las 11.30, 11.40 del ya mencionado 26 de junio. La movilización hacia Puente Pueyrredón se ponía en marcha. Recién entonces la Agencia de Noticias Red-Acción (ANRED) lanzó el primero de una larga seguidilla de comunicados: “Urgente-Las columnas se están movilizando”. La cabeza informativa denuncia: “El gobierno prefiere reprimir a escuchar los legítimos reclamos. Se han detectado tropas de infantería y carros hidrantes bajo el Puente Pueyrredón. La CTD Aníbal Verón cortará ese acceso dentro del plan de lucha coordinado. Si el dólar continúa subiendo se pulverizará el poco valor que les queda a los 150 Lecop”.
Devaluación-represión. Palabras clave durante aquellos días. Sobre todo para estos movimientos, integrados por los sectores más postergados de la población; esos que durante años se vieron expuestos a una situación calamitosa, que algunos hasta llegaron a denominar “genocidio social”. Así y todo, desde el poder se pretendía que no expresaran públicamente su situación. Se les quiso privar de su derecho a la protesta; arrancándole esa herramienta, el piquete, con la cual el conjunto de la sociedad argentina tuvo que toparse cuando los desesperados, por fin, dijeron BASTA.
 Fue ésta una de las razones por las que el mencionado comunicado también denunciaba:  “Las amenazas y los despliegues de las últimas horas son una clara coacción hacia nuestras organizaciones y la ciudadanía en general, amedrentando nuestros derechos constitucionales de petición, es decir del estado de derecho, ante la grave emergencia social en la cual nos encontramos miles de ciudadanos argentinos, cuando en realidad deberían estar preocupados por los reclamos que el pueblo hoy manifiesta”.

 IV


Al llegar a la base del puente, quienes marchaban por Pavón pudieron ver a los del Bloque Piquetero Nacional (BPN) y Barrios de Pie, llegando por avenida Mitre. Adelante estaban todos los dirigentes: Néstor Pitrola, del Polo Obrero (PO); Roberto Martino, del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR); Beto Ibarra, del Movimiento Territorial de Liberación (MTL); Jorge Huevo Cevallos, del Movimiento Barrios de Pie...
 Si bien la CTD Aníbal Verón nunca armaba cordones con dirigentes, como lo hacía el BPN, por ejemplo, era común que los referentes no marcharan en la columna de los movimientos distritales, sino adelante, en la cabecera, junto a la bandera principal. Cuestión que desmiente las primeras versiones que tanto la policía como el gobierno difundieron por los medios masivos de comunicación: que las fuerzas del orden, a diferencias de otras oportunidades, no tenían con quien dialogar.
 A las 12 horas del mencionado 26 de junio, ANRED lanzó el segundo comunicado:  “Los Movimientos de Trabajadores Desocupados enrolados en la Coordinadora Aníbal Verón resolvimos coordinar el corte de los accesos a la Capital Federal junto con el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), el BPN y Barrios de Pie. Los cortes están comenzando y se ubican en los Puentes Uriburu, Vélez Sarsfield, La Noria, Saavedra, Nicolás Avellaneda y Pueyrredón”.
 “Nos estamos acercando mucho”, dice Gaby, del MTD de Florencio Varela. Mariano responde que no, que no pasa nada, que está todo controlado. No lo sabe, pero en cuestión de segundos todo estará fuera de control. Gaby hace un gesto que puede verse a través de su capucha. Hay algo que no le cierra. Tal vez precaución, quién sabe.
Cuando las columnas que marchaban por ambas avenidas quisieron confluir, ahí, en ese momento absurdo, todo comenzó. Esperen a que nos acomodemos bien, gritó Grillo, una de las chicas que en ese momento, cumplía un rol de seguridad dentro de la columna de La Verón. Es que “las doñas” estaban a punto de sacar los termos y los mates, algunas de ellas hasta las sillitas que solían llevar a las movilizaciones. Esperen compañeras, insistió. Y las doñas, esas que habían sido las primeras en dar batalla en las barriadas, miraron como nunca lo habían hecho antes. Tenían miedo: más que el que habían sentido cuando en las asambleas barriales, algunos de los referentes plantearon que las personas de mayor edad se quedaran, que el horno no estaba para bollos y que la cosa, esta vez, venía jodida en serio. Tenían miedo y, paradójicamente, no era por ellas sino por sus hijos, sus hijas, jóvenes, adolescentes que se encontraban en ese momento a punto de lanzar la primera piedra. Porque entre el “esperen” y el “compañeras”, empezaron las corridas, los balazos de goma, los gases lacrimógenos. Un cordón policial se había interpuesto entre las miles de personas que integraban ambas columnas. El Pelado César abrió su mochila y sacó unas cuantas piedras que había recolectado en el camino, desde la estación al puente. Mariano corrió para atrás unos breves metros, hasta donde estaban sus compañeras y compañeros de la seguridad del movimiento. “Vamos, cumpas”, gritó, “que están reprimiendo”. La Tota lo miró desconcertada. Era ella la había estado participando en las reuniones previas, en las que cada movimiento asumió un rol organizativo dentro del esquema de emergencia. El esquema estaba previsto en caso de que se desatara la represión. Unos enfrentarían la primera línea policial que intentara avanzar. Otros, se quedarían atrás, garantizando la retaguardia, tratando de impedir que la fila policial, apostada a la altura del Viejo Puente Pueyrredón, encajonara a la columna. Ésa era la tarea que le tocaba desempeñar al MTD de Almirante Brown. Por eso, cuando Mariano llegó agitado, gritando que avanzaran, las caras de los muchachos y las chicas fue de puro desconcierto. Todos,  vacilaron... Entre aquella orden y la quietud de La Tota, que con sus escasos 20 años coordinaba la seguridad del movimiento, había una contradicción. “Vamos cumpas”, gritó La Tota, mientras comenzaba a correr hacia delante. Se escucharon entonces unos ruidos tremendos, gritos... Todos comenzaron a sentir una profunda desesperación.
 Desesperación, eso sintió Yamila cuando creyó que se desmayaba y no podía respirar. La represión policial se había desatado, avanzaba ferozmente: a su paso nada quedaba en pie. Por unos instantes, el efecto de los gases se mantuvo flotando sobre el aire. Yamila no podía correr. No podía gritar. No sabía que hacer. Creía que se había congelado: estaba clavada en el suelo. Un muchacho que corría a su lado cayó en el asfalto, luego de que una ráfaga impactara en su pierna derecha. Una inmensa bocanada de aire negro se apoderó del cielo: a escasos metros ardía un colectivo. Decenas de jóvenes continuaban ofreciendo resistencia.
 En esos momentos de desconcierto, sin embargo, un fotógrafo profano de La Plata tuvo la capacidad de captar aquello que el fotógrafo francés Henry Cartier Bressón denominó alguna vez como “el instante decisivo”. Podemos verlos: Kosteki y Santillán –quienes no se conocían– de espaldas a la cámara, de frente a la represión policial. Maxi viste una campera militar de color verde. Tiene puesta una gorra negra, con visera. Una bufanda del mismo color le cubre el rostro. Darío, con una gorra blanca de lana, también se cubre el rostro con una bufanda negra. Lleva una campera de cuero y unos jeans gastados. Juntos, como los otros, corren. Como tantos, a su vez, tiran piedras a las embravecidas fuerzas del orden que avanzan con furia sobre ellos. Algunos sacan sus gomeras; otros simplemente corren a toda velocidad. Tras ellos, una partida policial deseosa de detenerlos no deja de pisarles los talones.


 V


Corrían, esquivando balas que, a esa altura, sospechaban ya, no eran de goma. O no simplemente (uno de ellos era Sebastián Conti, Seba, del barrio 2 de Abril, del MTD de Almirante Brown, quien minutos después será herido gravemente, cerca del supermercado Carrefour. Seba corre, dolorido, un poco fatigado, asfixiado). 
Pasaron fugazmente el Viejo Puente –donde se encontraba apostada la Prefectura–, doblaron por Pavón y siguieron corriendo. Una chica, aterrada, paralizada, lloraba en un costado de la avenida. Vamos cumpa, le gritó uno de los muchachos que pasó a su lado. Yamila logró entonces reaccionar, desclavarse del suelo y comenzar a correr, como todos los demás. Algunos continuaban arrojando piedras, los palos con los que se cierran las columnas...carteles publicitarios, bolsas de basura; todo lo que encontraban al alcance de sus manos, intentando frenar lo que días después, hasta el propio presidente Duhalde tuvo que calificar públicamente como “una verdadera cacería”.
 “Las organizaciones intentaban marcar la calle con una valla de cuerpos y delimitar un territorio, lejano al corte del Puente Pueyrredón, pero con el mismo sentido: hacer en la ordenación social un lugar para la afirmación del derecho a una vida digna. La retirada ordenada da cuenta de un poder político, de un lazo que no se deja romper sin ofrecer resistencia, ni aun en los peores momentos. Pero así como el corte no fue tolerado y se impidió la transformación del puente en un territorio de lucha de los piqueteros por medio de su ocupación policial, tampoco se toleró una retirada organizada. Podemos decir, que el territorio de la organización mismo, en el que una muchedumbre de desocupados con sus familias se constituye en ´movimiento piquetero´, fue un objetivo de la represión”. [4]
 “Ofrecer resistencia”, eso hacían los muchachos y las chicas de los movimientos. Impedir que los lazos solidarios se resquebrajaran, que los más temerosos se paralizaran, que los más arrojados perdieran la serenidad, que la represión desarticulara “el cuerpo político de la movilización en una multiplicidad de cuerpos individuales”, como bien señala Gómez.
 A las 12.50 horas del mencionado 26 de junio, los manifestantes que se replegaron por avenida Pavón y llegaron a la Estación de Avellaneda. Entre ellos Mariano, quien pasó por la vereda, pero no entró: en esos escasos segundos, en los que casi no se puede pensar, se le cruzó por la cabeza que, si cortaban el servicio de los trenes, serían fácilmente detenidos en los andenes, donde no tendrían lugar para correr. Por eso siguió a un grupo que, delante de él, continuaba corriendo por la Avenida. Otro de los muchachos que pasaron frente a la estación era Darío Santillán. Por alguna razón, nunca sabremos cual, volvió al lugar... y entró.


*Primer capítulo del libro De Cutral Có a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (El colectivo, 2010, reedición 2016), de Mariano Pacheco.



[1] La cuestión de los referentes se retoma en el apartado “Reflexiones IV: Notas sobre las bases, la militancia”.
[2] Olga, “El himno de la Verón…”, en 400 Golpes y Cría Cuervos (Comp.), Yo, habiendo creado y resistido, habiendo puesto el cuerpo, fui asesinado por las fuerzas de seguridad del Estado Argentino y vivo en cada lucha. Darío y Maxi, somos nosotros, El aura del sauce, Buenos Aires, 2009.
[3] Algunas de esas imágenes fueron utilizadas en el video PIQUETE, Puente Pueyrredón, realizado por este grupo en julio de 2002 (Formato original: Mini DV, Digital 8, VHS-C/color). Duración: '35 minutos.
[4] Gómez, Joaquín, “Represión y Justicia en la masacre de Avellaneda”, en www.prensadefrente.org.

miércoles, 15 de junio de 2016

De Cutral Có a Puente Pueyrredón, Por Miguel Mazzeo

Escribe Miguel Mazzeo en el prólogo a la reedición del libro de Mariano Pacheco


“Mariano inició su práctica militante siendo un adolescente, mientras promediaba la ofensiva neoliberal y cuando el fracaso de las viejas narrativas y prácticas de la izquierda aparecía como notorio. De este modo, Mariano (como Darío) se fue amasando en el barro de una praxis que venía a romper amarras con la cultura política de izquierda previa: con el vanguardismo, el elitismo, el paternalismo, las lógicas super-estructurales, las prácticas delegativas, despóticas, etc. Una praxis que, entre otras cosas, reivindicaba el arraigo territorial de la política; el trabajo político molecular e intermitente; la pedagogía de los cuerpos solidarios en acción, la pedagogía que apuesta a la politización de las intervenciones cotidianas y que se preocupa por los procesos y no sólo por los resultados. Una praxis orientada a erradicar las subculturas de aparato para no quebrar artificialmente por arriba lo que espontáneamente (en ciertas condiciones históricas) se une por abajo. Una praxis cuyo mérito principal consistía en tratar, por todos los medios posibles, de infundir libertad en la necesidad. Una praxis que construye la legitimidad de una “conducción”, de un liderazgo. De este modo, Mariano desarrolló una predisposición a aceptar que las creencias y las prácticas podían cambiar en paralelo, bajo la presión de la experiencia colectiva. Supo detectar saberes políticos emancipatorios nuevos y, además de contribuir a gestarlos, con el oficio de escritor contribuyó también a sistematizarlos. Escribir porque se entiende. Entender porque se escribe. Una multiplicidad de lecturas –desordenadas, como corresponde– enriqueció su lenguaje y su pensamiento. Su mirada se tornó más escudriñante...”.