viernes, 16 de septiembre de 2016

Entrevista a Jorge Falcone


Estoy convencido de que el derecho-humanismo no tiene que obturar lo que fueron las luchas revolucionarias”-


Por Mariano Pacheco


Poeta y documentalista, Jorge Falcone fue militante de Montoneros, organización revolucionaria de la que llegó a ser “oficial”. Es hermano de María Claudia, una de las militantes detenidas-desaparecidas de la denominada “Noche de los lápices”. De paso por la ciudad de Alta Gracia, conversa con revista Zoom sobre los 40 años de aquél episodio trágico, de sus vínculos con el peronismo, su trayectoria como cineasta y las potencialidades y límites de las “políticas d ella memoria”.


En la madrugada del 16 de septiembre de 1976, “las patotas” de los Grupos de Tareas al mando de la Junta de Comandantes del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, secuestraron en la ciudad de La Plata a un grupo de jóvenes militantes, la mayoría pertenecientes a la Unión de Estudiantes Secundarios, la UES, uno de los “frentes de masas” conducidos por la organización Montoneros, de la que Jorge Falcone llegó a ser “oficial” de la “estructura de prensa”. Su hermana, María Claudia, tenía 16 años y fue una de las detenidas ilegalmente por el accionar de las fuerzas armadas. Aún permanece desaparecida, como María Clara Ciocchini y Daniel Racero (18 años), Horacio Ungaro y Claudio de Acha (17), y Francisco López Muntaner (16). Gustavo Calotti (18), Emilce Moler y Patricia Miranda (17), junto con Pablo Díaz (19), sobrevivientes, fueron secuestrados días antes o después de aquella razzia, pero formaron parte del mismo grupo de militantes capturados por el terrorismo de Estado en lo que hoy se conoce como “La noche de los lápices”. La historia cobró relevancia pública luego del testimonio de Díaz en el “Juicio a las Juntas” y tras el film estrenado en 1985 bajo ese nombre, dirigida por Héctor Olivera.

Derecho-humanismo y políticas de la memoria
“Soy partidario de realizar el ejercicio de una memoria no obstructiva. Siempre digo de que para que existieran Madres de Plaza de Mayo, primero tuvieron que existir hijos de Plaza de Mayo”, sostiene Jorge Falcone, poeta y documentalista, a quien en la militancia le dicen “Chiqui”. También dice estar convencido de que el “derecho-humanismo” “no tiene que obturar lo que fueron las luchas revolucionarias”. Y agrega: “fueron luchas anticapitalistas, al fin y al cabo, algo que hoy parece completamente despreciado políticamente. Si podemos retomar ese cauce, porque este sistema está depredando el planeta directamente”
Cuatro décadas después del secuestro de su hermana, Falcone acompaña a “los secundarios” nucleados en la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB) de la ciudad de Buenos Aires, que organizaron un ciclo de actividades durante todo el mes, bajo el lema “Septiembre es de lucha, el futuro es nuestro”. También se llegó hasta la provincia de Córdoba, donde brindó una charla en la ciudad del Tajamar, aquella en donde el niño Ernesto Guevara pasó varios años de su vida. Falcone se muestra muy a gusto entre los muchachos y las chicas de los Centros de Estudiantes, destaca que hoy los jóvenes tienen “muchos menos ticks y prejuicios” que los que su generación tuvo en las décadas del 60 y del 70, a la que caracteriza como muy “formal” y “organicista”, a diferencia de las actuales militancias, inspiradas “en ideales mucho más libertarios”.


LOS SALIERIS DE BIRRI
Falcone cuenta que se inició en la militancia en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional, en la ciudad de La Plata, expresión estudiantil de la organización Montoneros. Luego, tras la fusión de octubre de 1973 entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, integró la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) en el ámbito estatal, hasta que pasó a ser parte del “Área Federal de Prensa” de la organización político-militar, donde llegó a obtener el grado de “oficial”. Esa parte de su historia, en los ámbitos militantes, es bastante conocida, aunque no tanto su devenir cineasta. Entre sus películas se destacan “Hombre bebiendo luz”, del enador argentino Rodolfo Kusch y “El profeta”, ensayo audiovisual sobre el cinesta y escritor Pier Paolo Pasolini.

--¿Cómo fue tu ingreso al cine?
--Yo vengo de un hogar en el que se narraba, y en el que había una biblioteca de tres paredes, del piso al techo. La primera banda sonora que recuerdo es la de un relato de ciencia ficción en la voz de mi padre, antes de ir a dormirme y el Gulliver de Max Fleischer de 1939, que estableció en mi vida un antes y un después. Durante mi cursado de la Escuela Superior de Artes de La Plata, en una época en la que parecía que íbamos a tocar el cielo con las manos y en la que estábamos muy estimulados, armé mi primer grupo de cine en super-8 con compañeros de la secundaria, con los que filmamos cine de género: policial, ciencia ficción y terror. El Parque Pereyra Iraola fue mi Transilvania de la infancia, teníamos un personaje que se llamaba “Drágula: ladrón de glóbulos rojos”, con el cual hacíamos un cine bizarro, satirizando esas películas, en consonancia “La danza de los vampiros” de Roman Polanski. Y fomentada esta inclinación por mi padre, en consonancia con la consigna que dice que “hay amores que matan”, me dice: “vos tenes una gran capacidad de relato. Para hacer cine, la mejor forma es contar buenas historias, y para eso es importante conocer el alma humana, así que creo que lo mejor que podes hacer es estudiar psiquiatría”. Mi viejo cirujano, qué más quería que tener en la puerta de mi casa natal otra placa de galeno. Pobre: no se la di y por eso se ofendió mucho. Pero llegué a cursar todo el ciclo de medica, con lo cual en la clandestinidad y durante mi brevísimo exilio, pudo ejercer la medicina rural, en Paraguay, con un médico de la oposición a Stroessner, donde lo asistí en la atención de las Ligas agrarias. Recién con la recuperación de la democracia y al abandonar la clandestinidad y regresar a mi ciudad natal, llegué a convertirme en el representante estudiantil de 150 aspirantes a ingresar a la Escuela de Cine intervenida por el lopez-reguismo y clausurada por la última dictadura, en una lucha que culminó en los albores de la década del 90 con la reapertura de la Escuela de Cine, y comencé a formarme. Primero de manera a-sistemática, con Carlos “Chino” Vallina, tributario del Grupo Cine de la Base impulsado por Raymundo Gleyzer, desaparecido en 1976, el 27 de mayo, fecha que hoy es el “Día del documentalista” en Argentina, a propuesta del Movimiento de Documentalistas del que formo parte. Luego, también me formé con el tucumano Fernando Vallejo, del grupo Cine Liberación, autor de una de las películas que me marcaron, a mi y a mi hermana, “El camino hacia la muerte del viejo Reales”, película que me conectó con otra manera de ser argentino, porque da cuenta de las historias de la argentina profunda protagonizada por los cañeros tucumanos que luchaban contra la dictadura del General Onganía. Con Vallejo remontamos las aguas del Paraná con los obreros de Bragado, conocimos a los obreros de las minas de Río Turbio con una cámara al hombro, filmamos el Parlamento indígena en la provincia de Buenos Aires, el Tantanakuy infantil en la Quebrada de Humahuaca… lo que con los compañeros que venían de Cine de la Base fue una fuente de reflexión y formación teórica, con Vallejo se convirtió en una práctica intensiva. Él siempre decía: “hay que saber reflejar el rostro curtido del trabajador argentino”, y remarcaba que sus dos fuentes de referencia eran la Escuela de Cine de Santa Fé, de Fernando Birri y el Estrella del Norte… que era el tren con el que viaja con los braceros que iban a cosechar la papa en La Pampa o la manzana en el sur… esas fueron las escuelas de mi maestro y las que yo heredé. Así como León Gieco dice que en el rock somos todos salieris de Charly, los documentalistas decimos que somos todos salieris de Birri…

La voz se entrecorta primero y se quiebra después. El grabador se apaga y el silencio se apodera de la habitación donde realizamos la entrevista por unos segundos. Luego Jorge Falcone dice reivindicar el “costado sentimental” de la política y tras una breve pausa continúa la charla. El grabador no se enciende y la conversación por otros carriles. Al rato, la formalidad del reportaje se apodera nuevamente del intercambio de palabras.



PERONISMO: UNA ESCUELA SIN MÁSTIL
Falcone militó varios años en las filas del denominado “peronismo revolucionario”. Como tal, en 1976 y tras un breve exilio, retornó al país integrando las Tropas Especiales de Agitación (TEI) de Montoneros, en el marco de la denominada “Contraofensiva”.

--¿Y de dónde viene tu peronismo?

--Yo siempre digo que los almuerzos y las cenas de la familia Falcone fueron como una suerte de escuela sin mástil, en la que mi padre era la expresión del derecho al acceso a una salud gratuita e igualitaria y mi madre de una educación en los mismos términos. La idea de la justicia social, tanto mi hermana María Claudia como yo, la mamamos en ese contexto. Mis padres eran peronistas históricos: él, el primer comisionado municipal peronista y en 1956 padeció tres meses de prisión en el penal de Olmos, junto con Juan Carlos Livraga, el “fusilado que vive” de la Operación masacre de Rodolfo Walsh. Y fue preso por haber sido parte del levantamiento cívico-militar peronista encabezado por Valle y Cogorno. Mi madre, una aguerrida maestra de escuela pública, fue parte de la lucha encabezada por María Eva Duarte de Perón por el voto femenino y fue delegada de La Plata, Beriso y Ensenada. Con lo cual, el vendaval d ella década del 70, sobre todo con la campaña del “Luche y vuelve” (1972), que fue el pináculo de 18 años de ofensiva popular, con todo lo que implica la acumulación política, ideológica y organizativa, que uno puede comparar con el acto de meter moneditas en una alcancía, que en 1976 hicieron estallar, y nos dejo juntando pedazos. Todo ese proceso no podía menos que llevarnos puestos a mi hermana y a mí, cada uno en sus respectivos frentes de militancia. Y respecto del peronismo, de su legado, creo que ha cumplido un ciclo, sobre todo el peronismo institucional, pero como identidad creo que el peronismo es insoslayable para cualquier perspectiva de emancipación que el pueblo argentino construya de aquí en más, cualquiera sea el “ismo” que adopte, deberá abrebar en la historia del peronismo de las bases. No quiero caer en lugares comunes, pero no podemos dejar de mencionar la resistencia peronista y las experiencias armadas como los Utuuncos, Taco Ralo y las organizaciones posteriores; los programas de la Falda y Huerta Grande, la CGT de los Argentinos… son el ADN sin el cual se torna impensable un proyecto de liberación nacional que haga pie en las grandes mayorías.

--Te referías al peronismo en pasado. ¿Y el presente?

--Creo que lo nuevo que surja tendrá ese componente hereditario, así como la acumulación de experiencias como las de la última dictadura al Proceso de Reorganización Nacional, como la experiencia piquetera, de las asambleas y las fábricas recuperadas, eso que bregó en las dinámicas horizontalistas y autogestivas y que no llegó con fuerza para gestar un proyecto integral por la positiva, pero que dejó como acta de defunción de la democracia formal la consigna del “Que se vayan todos”, que creo que hay que revisarla desde el presente, ya que venimos de una experiencia que acaso tardiamente planteó que se podía humanizar el sistema en el que vivimos, que está literalmente depredando el planeta, el único hogar que tenemos. Bueno, esa operación creo que solo es posible de sostener después de una operación quirúrgica como la que realizaron los genocidas. Incluso, te digo más, algo que pude vivir en carne propia durante mi exilio en Escandinavia, con la socialdemocracia de Olof Palmer. En 1979 nos cagaron alegremente a palos, cuando nos concentramos frente a la embajada de Nicaragua en Estocolmo, para advertir y repudiar la posible invasión yanqui contra los sandinistas. Ahí, todo el derecho-humanismo for export, se convirtió lisa y llanamente en un fascismo que torturó compañeros en las comisarías bajo la consigna “Cabecita negra”, mientras pintaban cruces esvasticas en las comisarías de Estocolmo, incuso manteniendo desaparecidos muchos compañeros por más de 24 horas. Eso podría ser considerado el capitalismo serio. Entonces me pregunto: ¿cuánto más serio puede ser el capitalismo? ¿No es esa su esencia?: los niños fumigados, las poblaciones contaminadas por la minería a cielo abierto; la infinita precarización laboral que está arrodillando a hogares enteros a poner un plato de caldo con sal sobre la mesa y llamar a eso una sopa.

--Históricamente: ¿cuándo te parece que el peronismo deja de ser un camino viable para la emancipación? Es la última dictadura? ¿El menemismo? ¿Una combinación? ¿O es el 2001?

--Yo creo que entre la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, el sistema logra realizar dos operaciones, que funcionan como una bomba neutrónica, dejando la estructura, la reververancia simbólica de una experiencia valiosísima pero destruyendo lo mejor de su esencia. La llamada “década neoliberal” vacía el Estado nacional cantando la marcha peronista; en una alianza entre pequeños sectores aristocráticos y una gran masa desarrapada, se vacía el Estado nacional, todo en nombre peronismo y con consenso de masas. Y en la primera década del siglo XXI, se comete una terrible estafa a todo el potencial subversivo ínsito en la experiencia de las décadas del 60 y del 70, edulcorando nombres que va costar volver a revalorizar en toda su dimensión transgresora, como son los nombres de Francisco Urondo, John William Cooke o el de Rodolfo Jorge Walsh, idealizando esa experiencia, con la clara intención de ofrecerle a las nuevas generaciones una suerte de montonerismo sensato o descafeinado. Uno es un tiro en la frente y el otro es un remate en la nuca de la experiencia subversiva.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Epílogo a "El hereje: apuentes sobre John William Cooke", nuevo libro de Miguel Mazzeo


Cooke es el hecho maldito del “peronismo burgués”

 
Por Mariano Pacheco 


(Precio promocional: $150. Para compra anticipada en Córdoba comunicarse a Mariano Pacheco Facebook o al correo cronicasdesdecordoba@gmail.com)

...un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos”. Con estas bellas reflexiones Jean Paul Sartre finaliza esa suerte de autobiografía que tituló Las Palabras. Libro que leí y comenté en su momento con Miguel Mazzeo. Época en la que leímos, ambos, muchísimos libros del filósofo, narrador y dramaturgo francés (¿sería porque la editorial Losada había puesto gran parte de su obra en las mesas de saldo de las librerías de la calle Corrientes?). Recuerdo que una vez, alentando mis lecturas “existencialistas” de entonces, Mazzeo me dijo:
--El que fue un gran lector de Sartre fue John Willian Cooke.
Para entonces ya había leído Cooke de vuelta (el gran descartado de la historia), con ensayos de –entre otros-- Horacio González, Daniel Campione, Robertto Baschetti, Claudia Korol y el propio Mazzeo, y los “Textos traspapelados” de Cooke, que Miguel compiló y presentó, libros publicados -ambos- por La rosa blindada, en 1999 y 2000. También había leído -a instancia de Mazzeo- La rosa blindada: una pasión de los 60, libro cuya compilación y estudio introductorio estuvo a cargo de Néstor Kohan y en el que aparece publicado ese texto impresionante de “El Bebe”: “Bases para una política cultural revolucionaria”, donde repasa con maestría los Manuscritos Económico-filosóficos de 1844 de Karl Marx.
Si comento estas pequeñas anécdotas no es por regodeo narcisista, sino porque veo en el de Mazzeo un gesto setentista que, como una rareza de la época, no tiene que ver con la nostalgia sino con la actualización de las tareas de la intelectualidad revolucionaria, o al menos, de aquella que no niegue su intervención específica en el campo de batalla de la teoría (y por lo tanto de la praxis). Porque Mazzeo, contra los prestigismos académicos primero, y el estrellato mediático-progresista después, supo sostener -bastante en soledad, por cierto- una apuesta por intervenir en un campo bastante desprestigiado en su “ecosistema”. Marcados por un fuerte componente local y reivindicativo, los nuevos movimientos sociales estuvieron impregnados desde sus comienzos por el virus del anti-intelectualismo de los intelectuales pequeño-burgueses que contuvieron en su interior. Más cerca del legado de Marx (pero también del de John Willian Cooke, Carlos Olmedo y Mario Roberto Santucho), y toda la corriente comunista y libertaria, Mazzeo mantuvo de modo estoico su postura sobre la necesidad de construir y sostener un pensamiento crítico, asumiendo que la división entre el trabajo manual y el trabajo intelectual es la base sobre la que se edifica la asimetría política, social, económica y cultural del capitalismo, y retomando a sus impugnadores de tiempos pretéritos, asumió el desafío de no “festejar” los gestos populistas de quienes, en nombre de un pragmatismo sin sentido, buscaban no asumir los desafíos de romper ese destino de oralidad al que, en cada momento histórico, se pretende condenar a los proletarios del mundo.
No en vano en su libro Conjurar a Babel. La nueva generación intelectual argentina a diez años de la rebelión popular de 2001 (2012), plantea -entre otras cuestiones- que la nueva generación intelectual rechaza el “formato sencillo” de los “divulgadores”, que se precian de ser populares porque hablan “para que el pueblo entienda”. Lejos, de todos modos, del iluminismo intelectualista tan típico de las viejas izquierdas, lo que Mazzeo hace es romper la contundencia, buscando siempre que la función intelectual tenga como horizonte “achicar la brecha” pero porque son más quienes pueden asumir esas funciones, y no porque se las diluya. “Ocurre muchas veces que el ´formato sencillo´ no es más que el lenguaje de una escuela política innoble, el lenguaje del dominador, que como es de suponer, suele ser poco apto como despertador de conciencias”.
¿Y qué tiene que ver todo esto con Cooke?, podrá preguntarse el lector de estas líneas. Poco, a simple vista, y mucho, si de lo que se trata es de apropiarse de un “legado Cooke”. Porque Mazzeo se formó, y aportó a la formación de nuevas camadas de “intelectuales orgánicos” no solo con libros y artículos (los que escribió y leyó, los que prestó y recomendó), con sus cursos de formación y “Cátedras libres” (a los que asistió y los que impartió), sino también con las conversaciones.
Guillermo Cieza (autor del prólogo del libro que tienen entre manos) y Jorge Pérez, a través de quienes le llegaron parte de las historias sobre Cooke, mencionados en la presentación de este libro, pero también las intensas y extensas mateadas que -sabe bien este cronista- Mazzeo sostuvo durante algunos años junto a Manuel Suárez, uno de esos militantes polimorfos ya entonces en vías de extinción. O con el propio José Luis Manghieri, a quien tuve el placer de conocer (gracias a Miguel), e incluso -indirectamente- trabajar con él, ya que uno de mis primeros “empleos” fue poner la “mesita” en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, no para una agrupación siendo estudiante, sino para “hacerme unos mangos”, siendo “piquetero”, vendiendo libros de La rosa blindada, a instancia de la triple solidaridad de Mazzeo, Manghieri y la Cátedra Libre de Derechos Humanos, donde estaba (y aún persiste) la para nosotros emblemática Graciela “Vicki” Daleo.
Si cuento estas breves anécdotas, insisto, no es por intimismo, ni por autoreferencialidad, sino para dar cuenta de un modo poco convencional de introducir a las nuevas generaciones a la vida intelectual, que Mazzeo de algún modo heredó -y resignificó- y supo luego retrasmitir hacia los más jóvenes, o sumar a los “nuevos” a ese tránsito junto con los “viejos”.
Retomando el libro, quisiera destacar el hecho de que Mazzeo, revisitando a Cooke, contribuye a volver a instalar en el imaginario de las militancias actuales cierta vocación -presente en el período de luchas anterior al de la “década larga”- de pensar en una política desde el llano, plebeya, de base, pero no por eso sin vocación de masas. Desde una izquierda nueva, o que se pretende tal, Mazzeo retoma -a veces sin pronunciarlo de este modo- el inmenso desafío de recrear un imaginario ligado a un nacionalismo popular-revolucionario, que no es más que otro modo de nombrar las apuestas socialistas de manera situada, sin dicotomizar los componentes de la “cuestión nacional” y el internacionalismo (par que incluye, en su seno, el Latinoamericanismo y el anti-colonialismo). Y qué duda cabe que “El Gordo” Cooke fue uno de sus máximos referentes.
Porque a pesar de toda la “vuelta del peronismo” de los últimos años, Cooke es un indigerible, aún para el propio peronismo oficial, que recientemente llegó hasta incorporar los nombres de Alicia Euguren y Juan José Hernández Arregui (ver “Declaración de Formosa” del Partido Justicialista, junio de 2016), pero no el del “Bebe”. Es que Cooke es el hecho maldito del peronismo burgués.
La reivindicación “nacional-popular” (“no populista”) que realiza Mazzeo de Cooke, y a través de él de un costado (el irreverente y con vocación revolucionaria, es decir, socialista) del peronismo, tiene clara coherencia con muchos de sus otros trabajos. No solo de los años dedicados al estudio de ese “tío Latinomaericano” que es José Carlos Mariátegui (recordemos que los formalistas rusos insistían en destacar que la transmisión intergeneracional no se producía de “padres a hijos” sino de “tíos a sobrinos”), a quien Mazzeo consagró lecturas y reflexiones que van desde su primer libro (Volver a Mariátegui, 1995) , hasta una de sus últimas publicaciones (El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su pensamiento, 2013), donde vuelve sobre sus retornos al Amauta, pasando por sus libros donde intentó contribuir a dotar de una “teoría revolucionaria” a determinadas experiencias de la “Corriente Autónoma” de los movimientos sociales de Argentina (o “Nueva Nueva Izquierda”, según él mismo la denominó). ¿No está claramente presente cierta “espíritu cookiano” en muchos de sus trabajos? Me refiero fundamentalmente a la saga ¿Qué (no) hacer? (2005) y El sueño de una cosa: introducción al poder popular (2007), o Poder popular y Nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo (2011).
La nación es un producto activo”, sostiene en el primero de los libros mencionados. Y agrega: “Nosotros consideramos que la nación puede ser (en realidad puede volver a ser) un espacio proyectado de la emancipación, el locus de una dialéctica de la emancipación”. Y agrega en El sueño de una cosa que el “sujeto popular” no es una entelequia, ni una abstracción ajena a contradicciones (léase: el pueblo en el que se “armonizan” los antagonismos de clase), sino una forma de designar “el fundamento que configura una ética d ella liberación, aquello que es sostén y propósito del proyecto emancipador, ese que, por lo general, a algunos nos gusta llamar socialista”.
Planteos que, por su temática, aparecen con mayor nitidez en el último de los libros citados. “La memoria de las antiguas luchas sirve si colabora con la apertura de un nuevo ciclo de la conciencia nacional, popular y revolucionaria; si ilumina la praxis de los que se proponen rediseñar la Nación, el Estado y la sociedad”, comenta a la hora de pensar esa dialéctica que jamás se detiene: la de la historia.
Una década antes, a propósito de El tiempo y sus mudanzas (última novela escrita por Manuel Suárez, publicada en 2004), Mazzeo escribe:
Manuel reacciona al diagnóstico pesimista. Está convencido de que el tiempo muda”.
Tal vez pensando en Cooke, después de leer estas herejías, uno pueda leer (o releer), el libro de Manuel, no el de Cortázar, sino el de Suárez, y meditar sobre su final:
En el patio, el sol es un recuerdo con promesa de retorno, la luna prosigue su balanceo en sus hojas alimonadas, el jazmín brilla salpicado de frescuras; un gallo sin horario saluda el crepúsculo. Hoy casi termina, mañana se anuncia”…
Hemos atravesado el desierto neoliberal con intensa creatividad. Hemos salido de la década neo-desarrollista un poco mareados, tal vez, pero con algunas certezas y unas cuantas convicciones. El crepúsculo de los ídolos se desvanece. ¿Se anuncia el mañana de una Nueva Nueva Nueva Izquierda? No lo sabemos, pero yuxtaponiendo imágenes podemos traer ante nosotros la del último Cooke, agonizante, mientras el destacamento de la guerrilla rural de las Fuerzas Armadas Peronistas se alista en Taco Ralo.
Las continuidades no son lineales y las derrotas no son solo derrotas, sino lo que hacemos con ellas. Lo mismo sucede con los grandes personajes del pasado. No son entes objetivos, sino imágenes sujetas a lo que hagamos con ellas. Sin lugar a dudas el aporte de Mazzeo respecto a Cooke -como ayer fue con Mariátegui- es un insumo insoslayable para las nuevas generaciones de intelectuales y militantes que no deseamos quedar atrapados bajo la sombra nostálgica de un supuesto “pasado glorioso”, sino que buscamos en aquellas palabras intempestivas del Gordo Cooke reactualizar el imaginario revolucionario que nos permita medirnos con la época… y dejarla atrás ante un nuevo amanecer.

sábado, 9 de julio de 2016

POR LA SEGUNDA INDEPENDENCIA

(CLASE Y NACIÓN, una apostilla)

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


La del 90 fue la década en  la cual el pueblo argentino –que no casualmente comenzó a ser denominado “la gente de este país” – padeció un proceso de enajenación respecto de la Nación. Un momento en el cual, bajo la identidad del último y más importante movimiento nacional y popular, se llevaron adelante las políticas más antinacionales y antipopulares de la historia contemporánea. La resistencia antineoliberal, si bien nacida al calor de las luchas que se libraron ya no desde sino contra el peronismo realmente existente, no resignaron, sin embargo, el centro de gravitación de esa simbología: la bandera nacional. Tanto el proceso de puebladas que se abrieron a partir de Cutral Có, como las jornadas insurreccionales del 19 y 20 de diciembre de 2001, tuvieron a la bandera nacional como principal “trapo” esgrimido por los protagonistas de esas luchas.
Es necesario que las izquierdas, por lo tanto, presten atención a este universo simbólico, que no es nuevo, y que parecieran ser una suerte de “invariante” de las luchas populares de nuestro país. Deseamos contar con izquierdas que antagonicen con las miradas construidas y difundidas por las clases dominantes en cuanto a qué entendemos por Nación. Reducir la Nación a la idea de Estado burgués es, por lo menos, abandonar de entrada un campo de disputa que ha sido  –y nada indica que vaya a dejar de ser– un lugar de importancia en la lucha de clases.
Es necesario –como tan bien lo entendieron los latinoamericanos que realizaron revoluciones reales: los cubanos; los Sandinistas en Nicaragua… pero también, y más cercanos en el tiempo, los zapatistas en México, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil y el Movimiento Bolivariano en Venezuela, por citar los casos más emblemáticos– es necesario –decía– incorporar la vertiente “nacional y popular” a cualquier intento de transformación radical de la sociedad argentina. Es decir, a cualquier proyecto que, con orientaciones socialistas, pretenda construir un poder popular con una fuerte impronta de masas.

En este sentido, la Nueva Izquierda (Autónoma-Independiente), es mucho más permeable a la mezcla, a la yuxtaposición de legados, colores, banderas y figuras, que otros sectores más tradicionales de nuestra izquierda. Es más receptiva a la hora de mirar y de escuchar, y por lo tanto, entiende que lo nacional-popular no se agota en sí mismo, pero tampoco puede quedar afuera.

lunes, 4 de julio de 2016

ESPECIAL RADIAL “MASACRE DE AVELLANEDA” (JUEVES 23/06)-

LA LUNA CON GATILLO: 
Una Crítica Política de la Cultura




ESPECIAL “MASACRE DE AVELLANEDA” 

Conducción y producción general: Mariano Pacheco
Co-Conducción: Carlos Bergliaffa-
Seguinos en Twitter (@GatilloLuna) y en FB: La luna con gatillo.
Jueves de 15 a 17 hs por Eterogenia (www.eterogenia.com.ar)


El programa se desarrolló con la presencia, en estudio, de Leonardo Santillán, hermano de Darío, el joven militante asesinado junto a Maximiliano Kosteki el 26 de junio de 2002, en la denominada “Masacre de Avellaneda”. También se hicieron presentes en las instalaciones del Centro Cultural España-Córdoba el dramaturgo cordobés Jorge Villegas, director de Zéppelin Teatro, autor de la obra KyS ("Kosteki y Santillán") y los integrantes del Frente Organizado Contra el Código de Faltas (FOCCOF), quienes desde su columna mensual trazaron una serie de reflexiones sobre la continuidad de las políticas represivas del Estado entre el 2002 y la actualidad. 


Por su parte, desde Buenos Aires, el cineasta-militante Jorge “Chiqui” Falcone, se metió en su columna mensual de Cine con el "documentalismo" en el contexto de los años 2001-2002
Bonus track: repasaremos las actividades de la “Semana de homenaje a Kosteki y Santillán” que se está desarrollando esta semana en Córdoba y 
por comunicación telefónica, la militante del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), Natalia Revale, adelantó cómo serían las actividades culturales que luego se desarrollaron en Avellaneda durante la tarde y la noche del 25 de junio.

COLECTIVO RADIAL 
Conducción y producción general: Mariano Pacheco.
Co-Conducción: Carlos Bergliaffa
Con Iván Garzón, Carlita Limón y Carla Lorena Lorenzo en redes sociales; “El Turco” Diego Abu Arab en gráfica, Pablo “Pelado” Rodríguez en producción artística y Dante De Noia en la operación técnica.

TRINCHERAS RADIOFÓNICAS
El programa también se retrasmite por la FM 99.7 “Che Barracas” (http://chebarracas.blogspot.com.ar/) de buenos Aires y la F.M 99.5 “Zumba La Turba” (http://www.zumbalaturba.com.ar/) de Córdoba, ambas integrantes de la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA). Noticias desde abajo y a la izquierda.


domingo, 3 de julio de 2016

"ES RUDUCCIONISTA LA MIRADA QUE SOSTIENE QUE EN LOS 90 NO PASÓ NADA"

Entrevista a Mariano Pacheco en Radio Estación Sur de La Plata


A propósito de la reedición del libro De Cutral Có a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados" (10 Años de editorial El Colectivo)- 



sábado, 2 de julio de 2016

“Revisitar la experiencia piquetera nos puede ayudar a pensar cómo salir adelante”

 Entrevista a Mariano Pacheco
Por Josefina Figueroa
(Agencia Paco Urondo)


Periodista, amigo y compañero de militancia de Darío Santillán, en el Movimiento de Trabajadores Desocupados. A 14 años de la Masacre de Avellaneda, el Puente Pueyrredón volvió a ser el punto de unión para conmemorar los crímenes de Maxi y Darío.
Mariano Pacheco es escritor y periodista. Además de amistad, compartió una “militancia intensa” con Darío Santillán en la lucha contra la Ley Federal de Educación y en la Coordinadora Aníbal Verón. “Una de las expresiones del Movimiento Piquetero que plantearon con mayor radicalidad las luchas en ese período”, aclara. Aquel 26 de junio de 2002, la decisión de cortar los accesos a la Capital, en el marco de un plan de lucha contra el presidente Eduardo Duhalde, terminaron con el asesinato por parte de las fuerzas policiales de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. “Yo fui parte de la jornada de lucha como integrante del MTD de Almirante Brown. Nunca nos imaginamos una represión tan salvaje”, recordó Mariano.


APU: Se cumplieron 14 años de la Masacre de Avellaneda y como todos los 26 de junio se realizó una conmemoración, ¿cuál fue la consigna de este año?
Mariano Pacheco: La consigna continúa siendo exigir que se abra un proceso judicial para poder investigar, enjuiciar y castigar a los responsables políticos e ideológicos de aquella jornada represiva. Para ello, el sábado hubo una Jornada Político Cultural en la Estación Darío y Maxi, donde estuve presente. Como en años anteriores, el del 26 fue un acto más clásico con integrantes del campo popular donde se marcha hasta puente Pueyrredón con los familiares de Maxi y Darío, quienes cerraron la jornada con un acto.
APU: ¿En qué instancias están esas causas?
MP: Hay una comisión investigadora, la Comisión Independiente Justicia por Darío y Maxi, que integran Alberto y Leonardo Santillán, padre y hermano de Darío. Desde ahí se está intentando abrir indagatoria a por lo menos, si no es a los responsables políticos más visibles, como el ex presidente Eduardo Duhalde o los miembros de su gabinete, a los responsables policiales que actuaron ese día. El ex comisario Alfredo Franchotti y el cabo Acosta están condenados a cadena perpetua a partir del juicio realizado en el 2005. Esa sentencia fue muy importante para nosotros, porque este es un país donde suelen quedar impunes los autores materiales de los crímenes en protestas sociales.
APU: ¿Cómo pensás ese 26 de junio hoy, con la instalación de un gobierno de derecha después de 12 años de gobierno kirchnerista?
MP: Más que nunca aparece la necesidad de revisar críticamente la última década pero sobre todo, de revisitar en términos positivos aquello que fue el período 1996-2002. Etapa que se clausura con la masacre de Puente Pueyrredón y el comienzo de una política más ligada a lo social, a las luchas de base, a los procesos de organización, más participativos. La apertura a otro tipo de democracia. Creo que en este momento, la ofensiva conservadora del macrismo no está encontrando resistencia por parte del campo popular. Si bien hay distintos grupos y sectores que vienen activando, justamente la tarea es poder construir un proceso de resistencia. En ese sentido, hay mucho para pensar sobre ese diciembre de 2001.Las iniciativas populares que se dieron en el marco de la crisis política de representación, de los modos de entender y hacer la política, tienen mucho para dar.
APU: Darío siempre mencionaba la unidad para alcanzar una transformación más profunda…
MP: Hoy, todos los grupos hablan de unidad, después lo que cuesta es crear procesos reales de articulación por abajo. Creo que en el campo popular hay estrategias políticas muy diferentes y nadie las va a dejar de lado. Eso no debería imposibilitar que haya un proceso de unidad en la lucha para enfrentar políticas antipopulares como las del macrismo. Falta autocrítica respecto de las organizaciones que ante tamaña reconfiguración del país no han logrado todavía, dar respuestas masivas en las calles. Se supone que hoy contamos con mayor militancia pero en aquel entonces se salía a resistir de un modo mucho más intenso. Revisitar esas experiencias nos pueden ayudar a pensar cómo salir adelante porque el macrismo recién empieza y ya hizo bastante
APU: En ese sentido, ¿cuáles serían los desafíos para los movimientos sociales, los organismos de DDHH y también para los trabajadores de prensa, que cumplieron un rol tan fundamental en la causa?
MP: Es importante que el pueblo tome la palabra, que sea protagonista y ponga el cuerpo en la política. Considero que hay que ser rigurosos respecto de no coincidir con las críticas del macrismo hacia el kirchnerismo porque son todas por derecha. A nivel prensa, es un poco triste el balance que uno saca respecto del debate que se abrió con la Ley de Medios y el nivel de poder real que hay hoy respecto de los medios de comunicación comunitarios, populares y autogestivos. Para los organismos de DDHH creo que hay que estar atentos ante el recrudecimiento de las políticas represivas y de tono autoritario, como el Protocolo de Seguridad u otras políticas que lleven a coartar las libertades elementales para la vida cotidiana.
APU: ¿Cree que hay posibilidades de que emerjan movimientos con herramientas de lucha similares a las del Movimiento Piquetero?
MP: Me parece que, como la derecha no gobierna siempre del mismo modo, las expresiones populares no siempre construyen de la misma manera para enfrentar las políticas del poder. Por las características recientes de Argentina, es poco probable porque el Movimiento Piquetero fue un sector que organizó a los trabajadores ante una desocupación inédita. En los trabajadores de la economía popular, que vienen organizando sus actividades en el marco de cooperativas y proyectos autogestivos, creo que hay un sector que tendría una especie de continuidad, de hermano menor de las experiencias del movimiento piquetero. Pero no sé porque en aquel momento, desde los partidos de izquierda y las ciencias sociales, veían como imposible la organización de los desocupados, de un grupo que se presentaba por la negativa. Sin embargo, no sólo que se organizó sino que entiendo que durante esos años ejerció un rol de vanguardia respecto de las luchas populares. Hubo una diversidad de luchas en los 90 y 2001 que fueron muy importantes pero el Movimiento Piquetero marcó un curso con herramientas y formas de entender la política, mucho más radicales. Creo que para pensar esta etapa hay que pensar que no hay construcciones políticas de largo plazo que no se midan con los inmediato, con las pequeñas reivindicaciones, con las pequeñas victorias y con cosas que puedan ayudar a que una organización popular de pequeños pasitos en el día a día no sólo aprendiendo de las derrotas sino que conquistando victorias también.



viernes, 1 de julio de 2016

Presentaciones del libro “De Cutral Có a Puente Pueyrredón” en Córdoba y Buenos Aires

Escritor y periodista Mariano Pacheco: 
“Ha llegado la hora de decir NO a la democracia parlamentaria burguesa”

Por Resumen Latinoamericano*

Presentación de la reedición del libro “De Cutral Co a Puente Pueyrredon”, en el marco de los 10 años de la editorial El Colectivo. Con Carina Lopez Monja, del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), Miguel Mazzeo y Carlos Aznarez. Además de familiares y amigos, compañeros, la figura de Alberto Santillán y sus calurosas palabras acompañaron la jornada, donde la presencia de varias generaciones aportó su condimento al encuentro.


En el marco de la presentación, este pasado viernes, de la reedición del libro “De Cutral Co a Puente Pueyrredón” y de los diez años de la Editorial El Colectivo, el ensayista Mariano Pacheco (autor también de “Montoneros silvestres” y “Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo”) reivindicó la intelectualidad crítica que se inscribe en una “nueva izquierda autónoma y contestataria”.
Rodeado del talentoso ensayista Miguel Mazzeo, la comunicadora y militante social del Frente Popular Darío Santillán y el director de Resumen Latinoamericano, Carlos Aznárez, Pacheco recordó que “esta presentación es un acto político en todo sentido, donde no por casualidad está inscripto en la semana en que recordamos el aniversario número 14 de la masacre de Puente Pueyrredón donde fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán”. Después de agradecer la presencia de Alberto Santillán, padre de Darío, señaló que “hemos salido un poco agitados de la llamada por algunos ‘década ganada’, y que eso hace que no se le esté dando una respuesta adecuada a la actual embestida macrista. Consideró que visto lo que son los políticos actuales y el fracaso del “progresismo y el neodesarrollismo” ha llegado la hora “ de decir NO a la democracia parlamentaria burguesa y buscar nuevas formas de hacer política desde abajo”.
Por su parte Miguel Mazzeo (autor de “Volver a Mariátegui”, “Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo, “El socialismo enraizado”, entre otros títulos significativos) recordó los orígenes de Mariano Pacheco como escritor que “en un momento en que había mucho que contar, se dedicó a narrar, y ahora que hay poco para contar se sigue afirmando en esta vía de la escritura”. Para Mazzeo, el libro que se presenta es “un testimonio letrado convertido en memoro de la militancia y por ende, se inscribe en el género de la resistencia. Un verdadero aporte, sin dudas”.
Apuntó también que el autor, aparte de ser un buen escritor “es útil por lo que hace”, y en ese sentido consideró como necesario llevar al papel los saberes políticos populares, ya que estos no tienen archivos, y eso es lo que hace precisamente Mariano Pacheco.
Carina López Monja señaló que el libro de Pacheco “permite recuperar la memoria histórica y los símbolos de la misma”, y reivindica a una generación de luchadores y luchadoras que buscaban romper con una concepción de la izquierda vanguardista y suplantarla por concebir “la política desde el hacer”.
Luego destacó que el lugar donde fueron asesinados Maxi y Darío se ha ido convirtiendo con el tiempo, por obra de la militancia social, en un espacio de trabajo voluntario para muchos jóvenes que multiplicaron el ejemplo. “No dejaron a los dos compañeros muertos en un pedestal, sino que rescataron su legado de lucha y lo llevan a la práctica”.
Por último, Carlos Aznárez, apuntó que se hace imprescindible que la militancia actual recupere los valores de compañeros como Maxi y Darío y también de la generación de los 70, donde la ética, la pasión y el espíritu solidario eran aspectos fundamentales para hacer política. Recordó que, “como dice el luchador revolucionario uruguayo Jorge Zabalza, son tiempos en que han de surgir nuevas indulgencias, que enfrente al avance de la derecha regional”.

TAMBIÉN SE PRESENTÓ EN CÓRDOBA Y ALTA GRACIA


Gran jornada Junto a Leonardo Santillán, se presentó el libro en Alta Gracia, en el marco de la “Semana de homenaje a Kosteki y Santillan”, que también tuvo su momento en la capital provincial, en otro charla con Leo Santillán y organizaciones antirepresivas locales, en la Casa Caracol.


*Nota publicada en www.resumenlatinoamericano.or el 25 de junio de 2016.