lunes, 18 de noviembre de 2019

Bolivia: el dilema entre la sangre y el tiempo


Por Mariano Pacheco

La entronización de un régimen fascista y el exilio de Evo Morales reflotó un debate sobre el rol de los líderes bajo acoso político y social. Prehistoria de un golpe que dejará marca en la región.


La situación en Bolivia es incierta y la crisis desatada en el hermano país parece tener final incierto. En este contexto, las noticias varían a cada hora y cualquier tipo de afirmación categórica parece evaporarse con la misma velocidad con la que todo lo sólido se desvanece en el aire.

 
La crisis
Evo Morales, el primer presidente indígena de América Latina, se encuentra exiliado en México, junto con su vice, el intelectual de izquierda Álvaro García Linera. Ambos fueron recibidos este martes por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. El presidente López Obrador les ha otorgado el asilo político. “Estoy convencido de que sólo habrá paz cuando se va a garantizar la justicia social y nuestro peor delito o pecado es que ideológicamente somos antiimperialistas”, sostuvo Evo en su discurso al llegar a México.
Luego de varias horas de confusión y vacío de poder absoluto, la vicepresidenta segunda del Senado (la opositora Jeanine Añez) se autoproclamó presidenta e ingresó al Palacio Quemado con una biblia en alto. Según la senadora electa en 2010 por el partido Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional, tras la renuncia de Rubén Medinacelli (primer vicepresidente del Senado por el oficialista Movimiento Al Socialismo), su cargo es el siguiente en el orden de sucesión establecida en la Carta Magna.
Tras un primer momento de parálisis –que aconteció en medio de una “campaña sucia” sostenida por las principales empresas periodísticas del continente y los países centrales—los “ponchos rojos” y sectores masistas del Alto comenzaron a movilizarse en repudio al Golpe de Estado, que fue tal desde el minuto cero, pero que se prestó a confusión en determinados sectores a partir del anuncio de “renuncia” de Evo y Linera.
Con una discusión en torno a si el oficialismo había obtenido o no el 10% de diferencia en los comicios realizados el domingo 20 de octubre, la escalada de violencia y presiones contra el gobierno de Evo fueron en ascenso durante los últimos días. A la figura del ex presidente Carlos Mesa –principal contrincante del oficialismo en las elecciones—irrumpió la figura de Fernando “El Macho” Camacho (el líder ultraderechista del Comité Cívico de Santa Cruz), quien con un discurso religioso comenzó a incentivar la desestabilización del gobierno, mientras desde Estados Unidos, su presidente Donald Trump abalaba el golpe, expresando que los sucesos de Bolivia enviaban una fuerte señal a “los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua”.


América Latina y el Nuevo Orden Mundial
Cuando Evo Morales ganó las elecciones que en Bolivia lo llevaron a la presidencia, desde enero de 2006, lo hizo a través del MAS, que no era un partido más sino la sigla de lo que entonces se entendía como el “Instrumento Político de los Movimientos Sociales”. Dichos movimientos habían sido los grandes protagonistas del ciclo de luchas populares que –desde mediados de la década del noventa del siglo pasado—se expandieron por todo el continente, desde los zapatistas mexicanos hasta los piqueteros argentinos, pasando por las rebeliones indígenas en Ecuador, las ocupaciones de tierras de los campesinos en Brasil y la profundización del proceso político que, con Hugo Chávez Frías a la cabeza, se venía desarrollando en Venezuela desde 1999, y que en 2002 –tras un golpe de Estado fallido derrotado por la movilización popular— se radicaliza en nombre de lo que se conocerá como la “Revolución Bolivariana”.
En la Bolivia indígena serán los acontecimientos conocidos como “La Guerra del Agua” y “La Guerra del Gas” (2000 y 2003, respectivamente), los que llevarán al régimen a una situación de agonía, con la renuncia de varios presidentes. El entonces diputado cocalero Evo Morales, y el intelectual de izquierda Álvaro García Linera se ponen a la cabeza del desarrollo de una estrategia electoral que culmina con un triunfo en 2005, en el contexto regional en el que los gobiernos neoliberales son derrotados en varios países, abriendo paso a lo que se conoce como el “ciclo de los gobiernos progresistas”, muy disímiles entre sí, pero con el denominador común de poner en entredicho el “Consenso de Washington” de la década anterior: el Brasil del Partido de los Trabajadores de Lula Da Silva y Dilma Rousseff (un ex obrero metalúrgico y una ex guerrillera y presa política); el Uruguay del Frente Amplio de Tabaré Vázquez y José “Pepe” Mujica (ex intendente de Montevideo y ex jefe de la guerrilla tupamara, además de emblemático preso político durante la dictadura); el Ecuador de Rafael Correa (); la Argentina de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (provenientes del peronismo que abrazan la causa de las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos ni bien llegan a la presidencia), entre otros procesos.
La historia que sigue es bien conocida: Zelaya es secuestrado “en piyamas” en junio de
2009 y es despachado a Costa Rica tras el golpe militar; Fernando Lugo fue destituido por el Congreso de Paraguay en junio de 2012, cuatro años después de haber asumido; Dilma es destituida por el Congreso de Brasil en agosto de 2016, a cinco años de elección, mientras que el ex presidente Lula es encarcelado en 2018, luego de haber sido presidente por dos mandatos consecutivos (2003-2011); Argentina y Ecuador, que lograron permanecer más allá de los intentos de desestabilización de 2008 y 2010 (respectivamente), perdieron las elecciones en 2015 y 2016, dando paso a gobiernos conservadores como lo son los de Mauricio Macri y Lenin Moreno.
Obviamente, los países con procesos de movilización de masas más radicales previos a
la asunción de los gobiernos progresistas fueron los que tuvieron en mejores condiciones para enfrentar los embates: la Venezuela Bolivariana, aún con todos sus problemas, aún persiste, y la solidez de sus fuerzas armadas auguran una relativa ventaja sobre el resto de los procesos; Bolivia, contando con el apoyo del “Pacto de Unidad” que logró articular un amplio abanico de movimientos sociales, logró frenar la intentona golpista en 2007/2008. Pero desde allí transcurrió una década, numerosos intelectuales de izquierda y organizaciones sociales retiraron su apoyo al gobierno (ruptura del Paco de Unidad) y este golpe de Estado logra imponerse sin muchas dificultades, al no encontrarse con una resistencia abierta que se le oponga desde el minuto cero, e incluso con numerosos intelectuales de izquierda y organizaciones sociales coincidiendo con las derechas en sus reclamos contra el gobierno.
En tal sentido, Jorge Viaña (profesor de la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz) sostiene que no se pudo parar el golpe “porque no hubo capacidad de movilización” popular en apoyo al gobierno.


El golpismo en Bolivia y los propios problemas
El golpe de estado, en gran medida, lo cambia todo.
Si bien algunos sectores permanecen sin reivindicar a Evo y otros en un silencio que no sintoniza con el repudio popular generalizado que se ha manifestado a nivel internacional contra lo acontecido recientemente en Bolivia, muchas críticas al proceso han pasado a un segundo plano en función de intentar frenar la violencia de la derecha. En tal sentido pueden leerse las declaraciones de numerosos sectores del feminismo boliviano (entre otros, la Asamblea Feminista y Diversa de Santa Cruz, y el Feminismo Comunitario Antipatriarcal), quienes condenaron el “fascismo” del “golpe cívico y religioso”.
En el contexto inmediatamente anterior al golpe, sectores del feminismo boliaviano criticaban las “machistas posturas conservadoras, capitalistas, racistas y religiosas” del gobierno y denunciaban que, “desde que se pactó la Constitución y la permanencia del latifundio con los terratenientes del Oriente”, se desconoció “lo deliberado por una amplia constelación de diputados constituyentes, varones y mujeres, de las diversas nacionalidades que habitan el país”. De la mano de esto, en palabras de Raquél Gutiérrez Aguilar (mexicana que vivió por años en Bolivia, e incluso conoció la prisión como presa política, junto a su compañero Linera), se ha criticado en años anteriores que “la mediación partidaria MASista” sostuviera la representación partidaria como “única forma de la actividad y participación política”.
Otros puntos de crítica a Evo fueron que –en primer lugar-- tras el resultado del “No” en el referéndum realizado el 21 de febrero de 2016 (cuando por cuarta vez el resultado fue negativo ante la consulta sobre las posibilidades de reelección), el gobierno avanzara de todos modos con la contienda electoral con Evo como candidato, y –en segundo lugar— no se contara con la transparencia necesaria el día de la elección del domingo 20 de octubre del corriente (cuando el conteo de votos se detuvo pasadas las 19 horas).
Así y todo, una vez sumergido en la crisis, es cierto que Evo Morales anunció la realización –nuevamente--, de las elecciones, y el llamado fue desconocido, en un camino sin retorno hacia el golpe de Estado, con una policía corrida de sus funciones y unas Fuerzas Armadas ya públicamente reclamando la renuncia del presidente, aun en funciones por mandato constitucional, incluso por un año más.


¿Vientos del sur?
La reciente liberación de Lula de la prisión en Brasil, el triunfo electoral de Alberto Fernández y Cristina Fernández contra Mauricio Macri en Argentina y la rebelión en Chile que aún pone en jaque el régimen político surgido tras la dictadura de Pinochet luego de la rebelión indígena acontecida en Ecuador hace unas semanas, parecían anunciar nuevos aires en Latinoamérica. El golpe en Bolivia, y el exilio de su presidente y vice en México, opacaron con creces cierto entusiasmo que pareció circular en amplias franjas de la ciudadanía.
Esta semana, la discusión sobre Bolivia ocupó no sólo la atención de los medios masivos de comunicación, sino de gran parte de la población argentina, que el martes se manifestó masivamente en las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país, condenando al golpe y manifestando solidaridad activa con el pueblo boliviano y sus autoridades depuestas.
La discusión sobre los devenires neofascitas de un neoliberalismo que durante años enarboló las banderas de la “democracia” contra los autoritarismos de los populismos del siglo XXI y los totalitarismos del siglo XX pone sobre la mesa la inquietud en torno a cómo responder los embates violentos de las derechas cuando los instrumentos democráticos vigentes en los distintos países se muestran insuficientes.

Nota publicada en Revista Zoom.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Regreso al futuro


La germinación del triunfo peronista se nutrió con múltiple raíces. De las organizaciones sociales al feminismo, pasando por los gremios y la política de salón: senderos y bifurcadas del país que viene

Por Mariano Pacheco*

Cierta pereza intelectual produjo que mucha gente se sorprendiera del país que habitamos desde diciembre de 2015. Resultó más sencillo poner a circular slogns del tipo “Macri/ Basura/ Vos sos la dictadura”, o apelar a un imaginario dosmilunero que depositara las expectativas en construir la imagen de un Macri huyendo en helicóptero desde la Casa Rosada al par de meses de asumir, que realizar críticamente un análisis riguroso de la situación que estábamos atravesando y esbozar las estrategias necesarias para enfrentar la nueva situación. Sí, nueva, por más que el macrismo reactualizara una imaginación histórica (¡incluso hasta apellidos!) de lo más rancio de la clase dominante argentina, desde la Campaña del Desierto hasta la última dictadura cívico-militar.
Con un sindicalismo oscilante, más allá de su historia y el peso que aún conserva en Argentina (en términos comparativos con otros sitios de Latinoamérica: un peso fuerte), pero con un movimiento social pujante, los años macristas estuvieron signados por una fuerte ambivalencia: por un lado, una profunda ofensiva conservadora; por otro lado, una dificultad notable para construir una nueva hegemonía.
El primer desajuste entre lo empoderada que se suponía estaba la sociedad argentina en 2015 y la realidad vivenciada desde 2016, se expresa con claridad en la facilidad con la que el macrismo avanzó con sus políticas antipopulares durante las primeras semanas de gestión del Estado nacional, pero asimismo, cuando se comenzó a hablar de una “nueva hegemonía de la derecha democrática”, y de un posible ciclo de ocho años de Cambiemos (triunfo electoral de medio término en octubre de 2017), el fantasma de 2001 se hizo presente en un nuevo diciembre y ese 2017 culminó con lo que sería el principio del fin de la Ceo-cracia en el poder.


¿Qué ha pasado?
Demasiado cambiante, y muy acelerada la realidad de este país. Aun cuando parece que “no pasa nada”, suele suceder que en los lugares más imprevistos se está gestando por abajo la próxima revuelta, o al menos, un nuevo proceso en donde amplios sectores del pueblo argentino emergerán para mostrar que no están dispuestos a que los de arriba se lleven puesto el país como si nada.
Y lo inverso también es cierto.
Cuando parece que la insubordinación se puso en marcha, los ánimos se aplacan, y la normalidad retoma sus cauces.
¿Qué es esto? ¿Qué a pasado?, podría preguntarse un extranjero –pongamos por caso el politólogo sueco inventado por el periodista Mario Wainfeld-- que de seguro enseguida pedirá que se le explique el peronismo
Una explicación posible es que 2001 permanecía presente, como memoria, más no como programa. También que la recomposición institucional efectuada durante los años kirchneristas dejaron una huella profunda en los sectores populares y que ante una correlación de fuerzas tan adversas, primó en el sentido común la opción de derrotar por las urnas la ofensiva neoliberal. Cuánto contribuyó el quietismo de las direcciones sindicales y su sumisión constante a la gestión estatal para que esto así fuera no es motivo de esta nota, pero amerita una reflexión profunda que habrá que realizar, sobre todo teniendo en cuenta la identidad mayoritariamente peronista de esas direcciones sindicales, y el carácter abiertamente antisindical y antiperonista del macrismo.


Retrospectiva
El 10 de diciembre de 2015 Mauricio Macri asume la presidencia de la Nación, tras haber obtenido el triunfo contra Daniel Scioli en el ballotage del 22 de noviembre, con 51, 34% de los votos. Y ya el 22 de diciembre, a menos de dos semanas de haber comenzado su mandato, la “Revolución de la Alegría” reprime una protesta de trabajadores de Cresta Roja que defendían la continuidad de sus puestos laborales. El 15 de enero de 2016, como si fuera poco, Cambiemos inicia el año con un dato lejano a la capital política del país, pero de vital importancia en términos de lo que se vendrá para el movimiento popular: detienen en Jujuy a la dirigente social kirchnerista Milagro Sala.
El 2016 también comenzó con una ola de despidos en el sector estatal (que luego se extendió al sector privado), que se justificó bajo el pretexto de que las funciones públicas estaban llenas de “ñoquis” tras la larga década kirchnerista. Sin embargo, abril termina con lo que será la primera gran movilización contra el macrismo, en la que confluyeron las centrales sindicales (las dos CTA y las fracciones de la CGT), sectores del peronismo, el kirchnerismo y la izquierda, y los movimientos sociales. Unidad que volverá a manifestarse en marzo de 2017, con el acto en Plaza de Mayo que culmina con el palco copado por sectores intransigentes que cuestionaron a las direcciones sindicales bajo el cántico “Poné la fecha la puta que te parió” (en alusión al postergado Paro General) y en febrero de 2018, en una multitudinaria manifestación sobre la avenida 9 de julio.
Desde allí, y hasta diciembre del año siguiente, una serie de coyunturas encontrarán al precariado, los feminismos populares y los derechos humanos protagonizando masivas movilizaciones, que resultarán fundamentales para entender la dinámica del movimiento popular argentino, y el resultado electoral de agosto de 2019, donde un auténtico peronazo expresa en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) el fuerte descontento con el macrismo que se vino aculando, a paso lento pero firme, en estos años.


La vitalidad de las pibas
En junio de 2016, al conmemorarse un año de la primera movilización del #NiUnaMenos, bajo la consigna #VivasNosQueremos, una enorme cantidad de mujeres toma las calles del país y las muestras de adhesión por redes sociales virtuales multiplica el reclamo. Le sigue el Primer Paro Internacional de mujeres convocado en marzo de 2017 y, de allí en más, una enorme cantidad de mujeres, sobre todo jóvenes, se sumarán al histórico movimiento (que irá tomando cada vez más el nombre de movimiento feminista, junto a lesbianas, tras y no-binaries) que desde 1985 viene organizando los Encuentros Nacionales una vez por año y que en 2005 inicia la Campaña por el Derecho al Aborto Libre, Seguro y Gratuito, que en 2018 se trata en el Congreso y produce la denominada “Ola verde”.

La masividad del las doñas
En agosto, retomando la consigna de la CGT durante el último tramo de la dictadura (“Paz, Pan y Trabajo”), y relacionándola con la actual tríada planteada por el Papa Francisco (“Tierra, Techo y Trabajo”), unas 100.000 personas (cuya columna vertebral son las mujeres de las barriadas populares de las principales ciudades del país) marchan desde Liniers hacia Plaza de Mayo, en lo que será el inicio de un plan de lucha del precariado en acción, que culminará en diciembre, con un acto frente al Congreso de la Nación en donde las organizaciones sociales de matriz territorial encuentran el apoyo de la CGT en un reclamo que termina con la primera gran victoria popular frente al macrismo: la sanción de la Ley de Emergencia Social, que crea entre otras cuestiones, la figura del Salario Social Complementario, un ingreso mensual equivalente a la mitad de un salario Mínimo, Vital y Móvil que el Estado deberá abonar a cada persona que acredite como trabajador de la economía popular y se anote en un registro nacional. Es el inicio de la coordinación entre el Movimiento Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa y un diversidad de organizaciones que confluyen en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), conocido como el Tridente de San Cayetano.


Una fuerza intergeneracional
El macrismo implicó un período de cuatro años de permanente intento oficial por reinstalar la Teoría de los dos demonios. La ofensiva más grosera se produjo primero con el famoso “2x1” (en mayo de 2017), intentona judicial que buscó otorgar un beneficio de reducción de pena a militares condenados por cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. Pero la masiva movilización de repudio en todo el país logró obtener una pequeña pero a la vez inmensa victoria para el movimiento popular argentino, que logró hacer retroceder la medida judicial. Luego (agosto/septiembre del mismo año) el sabor amargo por la impunidad tras los asesinatos cometidos contra Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Si bien la movilización popular fue masiva y el repudio generalizado, el andamiaje estatal-mediático, en conjunción con una serie de microfascismos expandidos por el cuerpo social, mostraron con crudeza que hay una importante porción de la sociedad argentina que en el mejor de los casos calla en determinados contextos, pero que sale con toda su furia a mostrar los colmillos ni bien encuentra un contexto para expresar sus cataratas de odio a todo lo diferente de la norma “occidental y cristiana”.
Teñida por una serie de rumores y de situaciones confusas (confusión promovida por el Estado y repetida de manera a-crítica por las grandes empresas periodísticas, el “Caso Maldonado” junto con el 2x1 mostraron que la lucha en defensa de los derechos humanos es la retaguardia estratégico infranqueable del movimiento popular en Argentina.
Sin este movimiento en defensa de los derechos humanos (que data de fines de los años setenta), sin los feminismos (que tienen larga trayectoria pero un camino ininterrumpido recorrido desde mediados de los años ochenta) y sin el precariado (que se mostró con fuerza en estos últimos años pero que retoma la experiencia del movimiento piquetero de la década del noventa), resulta difícil entender el nuevo triunfo del peronismo en las elecciones nacionales de este año. Salvo, claro está, que quien pretenda entender sea un politólogo sueco, o un sociólogo noruego.

*Nota publicada en Revista Zoom

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Esteban Rodríguez Alzueta en Profanas Palabras


LA VECINOCRACIA EN CUESTIÓN.  
La policía necesita a veces que se le haga bullying”

 No toda la vecinocracia votó a Macri” arriesga Esteban Rodríguez Alzueta en esta conversación que sostiene con Mariano Pacheco, y retoma algunas reflexiones de su último libro (Vecinocracia. Olfato social y linchamientos, editorial EME, 2019), para referirse a la cuestión de la seguridad en la Argentina contemporánea: Alberto Fernández, su foto con Braian, las posibles líneas en el tema en el futuro gobierno, los movimientos sociales, los registros de escritura, y el compromiso y las tareas de quienes se dedican a la docencia y la investigación universitaria. Para el abogado y colaborador de los sitios Cosecha roja, Agencia Paco Urondo y El cohete a la luna, la vecinocracia es “aquella masa deforme, aislada y enclaustrada que los periodistas llaman la gente”.

MARIANO PACHECO (Conducción)
PABLO CERVIGNI (asistente de sonido)

PROFANAS PALABRAS.
Pasado y Presente de la Argentina y El Mundo.

El programa se emite en vivo, todos los martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia.

jueves, 31 de octubre de 2019

Especial Chau Macri en Profanas Palabras


LAS BATALLAS CALLEJERAS QUE ABONARON A LA DERROTA ELECTORAL DEL MACRISMO 

 Recapitulación de las luchas populares: de Cresta Roja a la jornada de ñoquis contra los despidos; del Macri pará la mano al Ni Una Menos; del Cayetano del San Precariado a las movilizaciones contra el 2 x 1; Del Paro Internacional de Mujeres a la lucha mapuche; de la Libertad a Milagro Sala a la Ola Verde; de la Batalla de Congreso (DICIEMBRE 17) al Peronazo electoral (AGOSTO/OCTUBRE DEL 19).
Lo que se va del gobierno, lo que queda en la sociedad. ? Micky Vainilla, Peter Capusotto... y sus videos que performatearon al Ingeniero-Presidente.
Homenaje a Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

PROFANAS PALABRAS.
Pasado y Presente de la Argentina y El Mundo.

Programa emitido el 29 de octubre de 2019

MARIANO PACHECO (Conducción)
PABLO CERVIGNI (asistente de sonido)
El programa se emite en vivo, todos los martes de 16 a 17 horas por Radio Eterogenia.




martes, 29 de octubre de 2019

El neoliberalismo agazapado y las mutaciones estructurales de la Argentina


Un análisis detallado de la aritmética electoral que anticipa el país que viene


Por Mariano Pacheco*

Parece que quienes se dedican a las encuestas ingresarán a formar las filas de un nuevo Movimiento de Trabajadores Desocupados, si es que le siguen pifiando tanto con sus aportes estadísticos. Este nuevo traspié en los usos de las reglas del método sociológico llevó a la investigadora argentina Maristella Svampa a ironizar al respecto, desde su muro de facebook, diciendo que se debería pedir “una moratoria nacional de encuestadores” ya que en su “lógica parasitaria” no hacen más que “equivocarse de manera consistente...”.
Este domingo 27 de octubre Mauricio Macri, nuevamente, volvió a sorprender (aún en la derrota). Juntos por el Cambio logró obtener más votos que en las elecciones primarias de agosto, mientras que el Frente de Todos no llegó al 50% que se pronosticaba. De algún modo, hay algo del factor sorpresa en Cambiemos que parece estar en su gen político. Recordemos que en 2015, la coalición había obtenido tan sólo un 23% en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias y un 34% (en primera vuelta), quedando Macri en el segundo lugar, tras Daniel Scioli, que cosechó el 37% de los votos. Pero en el ballotage dieron su batacazo electoral: Macri triunfó por una diferencia de 680.000 votos, arrasando en Córdoba y el histórico bastión peronista de la provincia de Buenos Aires, que lleva a María Eugenia Vidal a la gobernación. Apenas una década antes se había formado el PRO en la ciudad de Buenos Aires, casi como un partido vecinalista. En 2007, post crisis política por la destitución de Aníbal Ibarra tras el escándalo de Cromagñón, Macri llega a la jefatura porteña. Hasta ahí, la comarca. Incluso en 2011 el PRO no tiene peso nacional. Será recién en 2013 cuando logren instalarse en algunas provincias, obteniendo diputados por algunas provincias, entre ellas Córdoba y Santa Fe, de las que hablaremos más adelante.


Pomelo rock
El progresismo rió. Como una estrella de rock, Mauricio Macri logró movilizar miles de fans en todo el país, con sus caravanas, su slogan de autoayuda de #SíSePuede, todo casi que parecía motivo de burla entre sus opositores y opositoras. Nadie le daba dos mangos.
Se sabía que el fenómeno de la polarización iba a jugar sus cartas en el asunto. También que el anticristinismo es muy fuerte en varios lugares del país y que se concentrarían todas las energías en el Frente Antipopulista. Pero los resultados de las PASO fueron alentadores para el peronismo, que había logrado una unidad que no se veía desde el 54% de Cristina en 2011, y se esperaba una diferencia arrolladora para las elecciones del domingo. La realidad fue otra, y los resultados dan que pensar.
Quien realizó un análisis minucioso de los números de esta elección fue el geógrafo mendocino Marcelo Giraud, quien atribuye los 2.660.000 votos adicionales que Macri obtuvo el 27 de octubre respecto del 11 de agosto a cinco factores. En primer lugar, fue mucho más gente a votar (la participación subió de 75,8% a 80,9%). “Eso solo ya implicó unos 1.700.000 votos adicionales, de los cuales buena parte habrían ido a Macri en vez de Fernández”, explica en las redes sociales. En segundo lugar, se redujeron en unos 560.000 los votos en blanco y nulos (de 1.200.000 a 640.000, es decir, bajó de 4,6% a 2,4%), que en su mayoría se habrían volcado a Macri. En tercer lugar, en las PASO quedaron eliminadas cuatro expresiones, tres de las cuales también habrían llevado votos para Macri (128.000 votos cosechados entre el Frente Patriota encabezado por Alejandro Biondini; el Partido Autonomista de Romero Feris y el Movimiento de Acción Vecinal, cuyo candidato fue Raúl Albarracín). En cuarto lugar, Unite y Frente Nos (las expresiones que llevaron como candidatos a José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión) perdieron unos 380.000 votos, que en su inmensa mayoría también jugaron a favor de Macri. Por último, Roberto Lavagna perdió unos 435.000 votos, “principalmente hacia Macri”, remata Giraud, quien explica que –en cambio-- para la Fórmula Fernández/Férnandez sólo se habrían sumado unos 640.000 votos más que en las PASO, procedentes en parte del aumento de participación y la disminución del voto en blanco y nulo, de una parte minoritaria de los votos que perdió Lavagna, más la mayoría de los 140.000 votos que disminuyó Del Caño y los 175.000 que perdió el MAS al quedar eliminado en agosto. Aunque para él, el principal desacierto fue no prever el aumento de participación respecto de las primarias, que fue de 76 a 81% (“en su mayoría votantes antiperonistas que en las PASO se quedaron en sus casas, pero ayer salieron más por rechazo a los Fernández que por adhesión a Macri”).
Cabe recordar entonces algo que ya se ha dicho muchas veces: el antiperonismo,ha sido a lo largo de las décadas una identidad política aún más poderosa que la del propio peronismo


La grieta
La grieta está a flor de piel. La Argentina está partida, y si bien el neoliberalismo puro y duro perdió la elección, entre el macrismo, Spert y Gómez Centurión lograron cosechar casi el 44% del electorado, a lo que debemos sumar un 6% que sacó Lavagna más una amplia franja de votos del Frente de Todos que, de no ser porque primó cierta astucia y pragmatismo, hubiesen ido a parar para otro lado (me refiero a líneas que se expresan en figuras como Massa, Solá, gobernadores del PJ, etcétera, tranquilamente podrían expresar una intención de voto neoliberal en otro contexto). Juntos por el Cambio, por otra parte, triunfó en los tres conglomerados urbanos más importantes del país, exceptuando el Gran Buenos Aires (el más destacado, de todos modos): CABA, Santa Fé, Córdoba (debemos agregar la capital bonaerense, Mar del Plata y las provincias de Entre Ríos y Mendoza). Es decir, que aún con la disparada del dólar luego de las PASO y la creciente pauperización general de la vida (la inflación durante el último mes fue la más alta de toda la gestión cambiemista, alcanzando un 5,9%), el macrismo logró ascender del 32 al 40% de votos en los últimos dos meses.
La grieta está intacta. El mapa electoral resultante recompone el panorama que se configuró hace exactamente diez años, con una derecha que domina el centro rico del país y se impone en las grandes ciudades, mientras el peronismo vuelve al poder gracias a su hegemonía en el conurbano bonaerense y en el norte pobre de la nación –puede leerse en la editorial publicada por la revista Crisis--. Resulta previsible entonces imaginar una agudización de la conflictividad durante los próximos meses y una disputa feroz por quiénes serán los principales perjudicados por la crisis económica en curso”.
En este esquema, no está de más recordar que en Córdoba hace veinte años gobierna el peronismo, al igual que en San Luis, donde los Rodríguez Saa ya son leyenda. Y sin embargo, allí, el peronismo perdió, al igual que en Santa Fé, en donde hace tan sólo semanas fue electo Omar Perotti, candidato del Frente de Todos.


El ojo molecular
Más allá de los condicionamientos estructurales que marcarán el rumbo del fernandismo –a diferencia del contexto, nacional e internacional, en el que asume Néstor Kirchner en 2003-- resulta fundamental, para quienes intenten desandar el neoliberalismo, dar cuenta de su inscripción micropolítica. Como señala el ensayista Diego Sztulwark, en su libro La ofensiva sensible. Neolieralismo, populismo y el reverso de lo político (recientemente publicado por editorial Caja negra), es importante dar cuenta que, bajo ese nombre, se reúnen funcionamientos muy diferentes: una dinámica de reestructuración capitalista, una coyuntura identificada con el Consenso de Washintong de los años noventa, unas micropolíticas específicas y un partido político proempresarial. Si, como remarca el autor, la potenia colonizadora del neoliberalismo se despliega sobre todo “en el plano de los hábitos colectivos e individuales” y opera “sobre las zonas ciegas de la razón populista”, resulta vital dar cuenta que el “partido neoliberal” perdió la gestión del Ejecutivo nacional y de la principal provincia del país, pero mantiene una considerable representación parlamentaria (mayoría en la Cámara Baja) y, sobre todo, pervive como “macrismo de base” (según acuñó el analista Martín Mosquera).
Golpeado en Chile y Ecuador, incapaz de derribar las líneas de defensa venezolana y boliviana, pervive con fuerza en Brasil, e intentará dar un paso al frente en Uruguay. En Argentina, el neoliberalismo perdió por arriba, pero pervive por abajo. Agazapado, espera la hora de su próxima llamada. A no olvidarlo. 

*Revista Zoom 

lunes, 28 de octubre de 2019

FESTEJAR, PENSAR, ACUMULAR: Apuntes al paso sobre las elecciones del domingo 27 de octubre en Argentina


La grieta a flor de piel; micro y macropolítica neoliberal; las izquierdas y el peronismo Lo que se viene después de los necesarios y merecidos festejos.

Por Mariano Pacheco


UNO (FESTEJAR)
La fiesta, el momento del festejo es algo muy arraigado en las vidas populares, de Argentina pero también de Nuestra América. Ni las sangrientas dictaduras, ni las ofensivas de la derecha en contextos como los actuales han logrado hasta el momento que, cuando se trata de sacar la rabia afuera, y reconocerse con el otro en la mirada (la otra, le otre), el abrazo o el simple saludo, la alegría de saberse o intuirse parte de un mismo proceso se exprese sin tapujos. Sea para gritar un gol de un partido de fútbol, celebrar un nacimiento (de una vida, de una nueva experiencia vital) o un triunfo político puntual (electoral, insurreccional o de una batalla parcial), la música suena, los cuerpos bailan, las bocas putean y ríen, el humo de la parrilla y la bebida corren.
Eso indigna a las bellas almas argentinas, y los argumentos para condenar ese momento suele ser siempre de derecha, por más que se diga bajo una lengua pretendidamente progresista o de izquierda.
Motivos para festejar la derrota electoral del macrismo en la Argentina actual sobran. Hace apenas dos años atrás Cambiemos triunfaba en las elecciones de medio término, y comunicadores progresistas construían hipótesis para argumentar que estábamos ante una nueva derecha, democrática, que estaba construyendo una nueva hegemonía en el país. E decir: teníamos neoliberalismo (puro y duro), para rato.
Pero siempre, en toda estructura de opresión, explotación y dominación, hay algo que fluye, que huye, que escapa a las reglas clasificatorias del orden vigente. DICIEMBRE DE 2017 reactualizó una imaginación rebelde y contestataria y si bien no abrió un proceso que marcara una diferencia en el tiempo, lo cierto es que a la gestión Cambiemos protestas no le faltaron y AGOSTO DE 2019 condensó el momento en el que nuestro pueblo mostró su Ya Basta se expresaría esta vez en los marcos delineados por los proyectos dominantes, es decir, por la vía electoral.
Tras innumerables esfuerzos, el neoliberalismo (puro y duro), fue derrotado en las elecciones de domingo 27 de octubre. La grieta queda, y hay que pensarla. Los desafíos estratégicos para el movimiento popular quedan, y hay que pensarlos. Tras los festejos, entonces, a redoblar la apuesta. Lo que sigue, unas breves reflexiones sobre el neoliberalismo, las izquierdas y el peronismo.


DOS (PENSAR)

A- EL NEOLIBERALISMO
-- Juntos por el Cambio triunfó en los tres conglomerados urbanos más importantes del país (exceptuando Gran Buenos Aires, el más destacado de todos modos): CABA, Santa Fé, Córdoba (debemos agregar la capital bonaerense, Mar del Plata y las provincias de Entre Ríos y Mendoza).
--Aún con la disparada del dólar luego de las PASO y la creciente pauperización general de la vida, Juntos por el Cambio logró ascender del 32 al 40% de votos en los últimos dos meses.
--La grieta está a flor de piel. La Argentina está partida, y si bien se ganó la elección (o más bien, diría: si bien el neoliberalismo puro y duro perdió la elección), entre el macrismo, Spert y Gómez Centurión, suman casi el 44% del electorado, a lo que debemos sumar un 6% de Lavagna más un amplia franja de votos del Frente de Todos que, de no ser porque primó cierta astucia y pragmatismo, hubiesen ido a parar para otro lado (me refiero a líneas que se expresan en figuras como Massa, Solá, gobernadores del PJ, etcétera).

B- LA IZQUIERDA Y EL PERONISMO
--La izquierda que no intervino en el marco amplio del peronismo quedó, o bien con resultados extremadamente marginales (2% de votos cosechó la unidad del FIT –PO, PTS, IS, PP-- y el MST), o bien automarginada en posiciones principistas y de un denuncialismo moralista francamente impotente.
--La izquierda que se sumó, adhirió o apoyó al Frente de Todes, evidentemente, ha sido capaz de tener una táctica concreta para la coyuntura, gestar cierta mística al interior de sus militancias, tener una cierta incidencia en la discusión política hacia sectores amplios dela sociedad. Queda por verse qué capacidad se podrá gestar (si es que hay voluntad de realizar dicho proceso) respecto de delimitar un propio espacio, que combine creativamente flexibilidad táctica con rigurosidad estratégica (es decir no perder el horizonte y las tareas de largo plazo en las urgencias de cada momento puntual)
--Las organizaciones populares peronistas son las que en mejores condicionamientos quedan hoy para poner en pie una voz que marqué una agenda determinada más allá de la gestión del Estado: por su masividad (a nivel de extensión territorial, de movilización en las calles y de militancias estructuradas), su capitalización en figuras que puedan ser una referencia en medios de comunicación, la sencillez con la que pueden explicar a niveles de masas quienes son.

TRES (ACUMULAR)
Resulta fundamental, para las organizaciones populares (peronistas y de izquierda), asumir con rigor (y crudeza):
A- El diagnóstico: del complejo momento que atravesamos (mejor que el de los últimos años, tanto a nivel nacional como internacional), francamente adverso para cualquier política con aspiraciones de cambios profundos: en términos micropolíticos, con un neoliberalismo expandido por el cuerpo social; en términos macropolíticos, con una dinámica prácticamente subsumida en su totalidad a las reglas del juego democrático (democracia de la derrota, democracia castrada, democracia restringida, democracia liberal-parlamentaria o como se la quiera caracterizar, un régimen que en términos generales no facilita que el pueblo sea protagonista). Las recientes rebeliones en Ecuador y Chile, la persistencia de la Revolución cubana, la Revolución Bolivariana en Venezuela y el Proceso de Cambio en Bolivia, sumado a las experiencias desde abajo que vienen resistiendo y creando espacios en Colombia, Brasil, México (por nombrar tan sólo experiencias del continente) brindan puntos de apoyo para seguir repensando estrategias que puedan enfrentar el Nuevo Orden Mundial, en pos de quebrar lo horizontes de sentido que impone la era del realismo capitalista (donde es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo).

B- Recuperar una dimensión estratégica para las construcciones: el tiempo que se abre en Argentina estará poblado por tensiones de todo tipo. Más allá de lo que se pueda (o no) hacer desde la gestión del Estado, en función de mejorar las calamitosas condiciones de vida en las cuales nos encontramos sumergidos los sectores populares, resultará de vital importancia lo que podamos hacer en términos de una política popular, que no se limite al denuncialismo, y que no se resigne a que lo máximo a lo que podemos aspirar en este momento histórico es a la gestión progresista del ciclo (del capital), vía líneas de reparación e inclusión social, más y mejores derechos ciudadanos, mejor calidad institucional (de este régimen de representación) sostenido por otra parte en base a un modelo extractivo.
La construcción de una infraestructura material e intelectual de los movimientos populares se torna un desafío insoslayable para el tiempo por venir. Acumular (social, cultural, políticamente) un poder popular que pueda mostrar más que enunciar otros modos de hacer, sentir, pensar, experimentar la política (anudamiento micro/macropolítico) es fundamental para cambiar las relaciones de fuerzas, requisito imprescindible no sólo para comenzar a cobrar confianza en torno a un proyecto que se proponga cambiar todo lo que deba ser cambiado, sino incluso para no retroceder, para hacer de cada batalla un momento de una estrategia más general de cambio social.

sábado, 26 de octubre de 2019

LATINOAMERICA REBELDE Y EL TIEMPO POR VENIR


Por Mariano Pacheco

Las rebeliones en Chile y Ecuador, la inminente derrota electoral del macrismo en Argentina y las persistencias de proyectos con vocación de cambios en Bolivia y Venezuela, pero también en México, Colombia y Brasil, dan cuenta de un proceso abierto en la región.

Decían los formalistos rusos que la función de la literatura era desautomatizar la mirada. ¿No podría pensarse lo mismo de la rebelión, respecto de la política, de la vida social de los pueblos?
Las revueltas en Ecuador y en Chile, y la persistencia tanto del proceso encabezado por Evo Morales en Bolivia como de la Revolución Bolivariana en Venezuela permiten, junto con la inminente derrota electoral de Macri en Argentina, pensar en nuevas posibilidades para el continente. Con menos bombos y platillos, pero con el valor de la tenaz persistencia, allí también están el Ejército de Liberación Nacional en Colombia, el zapatismo en México e incluso, en el corazón rebelde del Brasil fascista, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, el MST.

***
La revuelta abre una posibilidad colectiva de pensar y actuar en otra clave que la que propone el estado actual de la situación dominante dentro del Nuevo Orden Mundial. Como momento político permite interrumpir la temporalidad del consenso hegemónico, afirmar una potencia creativa que rara vez aparece cuando las cosas funcionan con normalidad.
La ocupación masiva de las calles permite no sólo trastocar el espacio, sino incluso el tiempo. Otra temporalidad funciona al interior de la rebelión. De allí lo impotente que resulte medir su eficacia por lo que pueda llegar a pasar después, sencillamente, porque el tiempo de la rebelión es el del ahora. Eso no quita que, al interior mismo de la crisis, comiencen –puedan comenzar-- a elaborarse determinadas estrategias, que lejos de aspirar a un retorno a la normalidad, asuman que a todo trastocamiento le sigue un cierto orden, que no tiene por qué –no debería necesariamente tener que ser-- una vuelta al estado anterior de cosas.
¿Cómo hacer –o retomando la pregunta más clásicamente leninista, podríamos decir: ¿qué hacer?-- para que ese estado de excepción que producen las subjetividades de la crisis –como señala Diego Sztulwark en su libro Ofensiva sensible-- se extienda, no se limite sólo a momentos puntuales o espacios claramente delimitados? Nuestra América suele expresarse más o menos en dinámica regional. Así fue el ciclo de luchas autónomas, que se abre en 1994 con el zapatismo y el ciclo de gobiernos progresistas que se inaugura entre 2003 y 2005, así como lo fue la ofensiva conservadora de los últimos cuatro o cinco años.
Hoy los procesos son dispares, van de la ofensiva callejera con posibilidades de insurrección hasta la expresión popular de la bronca por la vía electoral, pasando por la defensa (vía lucha armada y de autoorganización de masas, según los casos) de territorios concretos. Lejos de contraponer habría que pensar en una dinámica de conjunción de tácticas, pero en una elaboración más estratégica de conjunto, si asumimos que las resistencias, que los procesos de creatividad desde abajo y las disputas en los estados se libran todas al interior de un complejo entramado mundial regido por la lógica globalizadora del capital.
Las crisis dan siempre que pensar –escribió alguna vez el viejo Rodolfo Kusch--. Son en el fondo fecundas porque siempre vislumbran un nuevo modo de concebir lo que nos pasa. Irrumpe una nueva, o mejor, una muy antigua verdad".
Esa verdad que late desde el fondo ancestral de la tierra nuestramericana, y las verdades que seamos capaces de imponer en estos nuevos tiempos darán nuevos resultados si somos capaces de ampliar la imaginación política, y permitirnos ir más allá de lo que hoy se nos presenta como posible.