sábado, 25 de marzo de 2017

RODOLFO WALSH: 40 años después

                   Multiplicar su ejemplo; continuar su lucha

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)



“Si me apuras, te digo que Rodolfo Walsh es mejor escritor que Borges”
(David Viñas).


Cuando se enfrentó a tiros con la “patota” de los Grupos de tareas de la Junta de Comandantes que pretendía capturarlo con vida, aquel 25 de marzo de 1977, Rodolfo Walsh ya tenía 50 años. Hacía apenas dos meses los había cumplido. Y era, más allá de las críticas que recibía –hoy conocidas a través de los denominados “Papeles” o “Notas críticas a la Conducción nacional”–, un Oficial Segundo de Montoneros. No era un integrante más sino el segundo, el que seguía al Oficial Mayor Horacio Campiglia (alias Petrus), en la estructura de inteligencia de la organización guerrillera que llegó a contar con la mayor capacidad de movilización entre sus pares de América Latina.
 Ya había perdido para entonces a su hija María Victoria, de quien conocemos los detalles del final de su vida y parte de su historia a través de esos dos textos desgarradores: “Carta a Vicky” (octubre de 1976) y “Carta a mis amigos” (diciembre de 1976). El Proceso de Reorganización Nacional también le había arrebatado, en esos primeros duros meses, a su amigo y compañero de ruta en la literatura, la militancia y la vida, Francisco Paco Urondo, a quien le dedicó otra de esas estremecedoras cartas que escribió durante ese año, en el marco de sus estrategias comunicacionales para “quebrar el miedo impuesto por el terror” (del Estado). Recordemos que la información, el rumor y la acción psicológica sobre el enemigo fueron las bases de la estrategia comunicacional de resistencia popular ideada por Walsh para enfrentar a la dictadura. Y las cartas, lejos de ser pensadas desde el intimismo, estuvieron desde el vamos inscriptas en esa estrategia que se materializó en dos herramientas de combate comunicacional: Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA) y Cadena Informativa, un organismo más artesanal en su estructura y funcionamiento que ANCLA, donde se buscaba que el estilo estuviera marcado por textos cortos y fácilmente reproducibles, con el claro objetivo de quebrar el miedo, para informar al pueblo promoviendo así la solidaridad horizontal, incitando al receptor a transformarse en emisor.
Hoy una estación de subte lleva su nombre. Es la ex Estación San Juan de la Línea E, cuyas escaleras están en la intersección de las calles Entre Ríos y San Juan.
 Numerosos espacios llevan su nombre, y el periódico Resumen Latinoamericano, cuyo director (Carlos Aznárez) fue compañero de Walsh en los 70, nos visitará en Córdoba el próximo martes 28 de marzo para participar de un Homenaje a la CGT DE los Argentinos en la Casa de los trabajadores (Fragueiro 237, casi esquina Colon).

jueves, 23 de marzo de 2017

24 de marzo: Elogio del olvido


Memorias, olvidos y deseo revolucionario

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)



Con el olvido sucede algo similar a lo que acontece con la seguridad: como son una bandera de la derecha, las izquierdas, el progresismo y las corrientes nacional-populares suelen no saber muy bien qué decir al respecto. Incluso más que con temas como la seguridad (que cuando son abordado por fuera de los postulados conservadores se suele caer en un catálogo de lugares comunes), con el olvido el hecho de quedar “patinando en el aire” suele ser más frecuente.
Por supuesto, ante posturas como las que vienen teniendo los voceros de la “Revolución de la Alegría” respecto al tema, a todas, a todos nos parece que está bien “cerrar filas” en torno a una defensa acérrima de la memoria y una condena abierta y total al olvido. ¿Pero de verdad pensamos que el memorialismo no es un obstáculo a la hora de imaginar/ensayar nuevos mundos posibles? ¿No es otro ejercicio de pereza intelectual pensar que “olvidar está mal”? Suelen ser ese tipo de binarismos morales (Bien/mal) los slogans predilectos de las derechas. ¿Por qué recurrir a ellos, entonces, desde quienes pretendemos conmover el orden, violentar lo dado?

Contra el memorialismo
Ya hace casi un siglo atrás, desde el psicoanálisis, Sigmund Freud planteó la cuestión con claridad: la memoria y el olvido son términos estrechamente ligados, de modo tal la memoria no debería ser pensada sino como otra forma del olvido, y el olvido, como una forma oculta de memoria. Cuesta imaginar una memoria total que prescinda del olvido. Algo de eso, por otra parte, puede leerse en textos emblemáticos de la literatura argentina. En “Funes, el memorioso” (cuento de Jorge Luis Borges publicado en 1944 en su libro Artificios), por ejemplo, podemos ver el gran drama de su protagonista, quien tiene un serio problema respecto de su capacidad para efectuar una selección. Como lo recuerda todo, Funes no puede seleccionar. Así , podemos leer como el exceso de memoria puede obturar la creatividad del presente, conducir a la inacción transformadora del mundo que habitamos. Algo de lo que el pensador maldito Federico Nietzsche supo trabajar ya hacia fines del siglo XIX, cuando sostuvo, en su Genealogía de la moral, que “sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente”.
Claro, cuando se escucha a funcionarios de Estado o voceros del stablishment poner en cuestión la cifra de los 30.000 detenidos-desaparecidos durante la última dictadura (negando la importancia del símbolo 30.000 más allá de la exactitud del número), o cuando se plantea el olvido en términos de “reconciliación” (negando el carácter terrorista ejercido por el Estado en ese período, que incluye el del Proceso de Reorganización Nacional pero que lo antecede), a modo de reacción, suele salirse al cruce poniendo un especial énfasis en la memoria. Y no se niega aquí la importancia del “trabajo de la memoria”, de sus combates. Sí, trabajo y combate, puesto que la memoria es un “campo de batalla”, tal como supo remarcar el pensador italiano Remo Bodei, no un ejercicio inocente y a-crítico sino un lugar bélico, un proceso social conflictivo puesto que pretende interpretar y dar sentidos colectivos al pasado, desde posiciones, intereses y pasiones atravesadas por las pugnas del presente.
Bien, pero de allí a idealizar el pasado, y paralizarse en las perspectivas de transformación radical de nuestras injustas sociedades, hay un paso, una delgada línea.
¿Porque no debería recuperarse más aquellos proyectos por los cuales los militantes fueron secuestrados, torturados y asesinados? ¿No fue el nivel alzanzado por la lucha de clases en nuestro país -en correlato con el continente y el resto del mundo-- lo que llevó al “partido militar” a desarrollar con tal ferocidad la represión, no solo para cortar de cuajo esos intentos revolucionarios sino para “aleccionar” a las generaciones venideras? Suena al menos un poco raro todo ese discurso y esas imágenes que circulan con tanta frecuencia entre las militancias, donde los setentistas aparecen bien como parte de “una generación de jóvenes con ganas de cambiar el mundo”, así en abstracto, como también esas otras que mecánicamente trasladan consignas y lecturas realizadas hace cuatro décadas sin reparar en los cambios acontecidos en el país, en Nuestraamérica y el mundo.
Si algo tuvo la generación del sesenta y del setenta fue la vocación de cambiarlo todo, pero también, la de abandonar los lugares de comodidad (y no rescato aquí cierto “afán sacrificial” sino la incomodidad de tener que pensarlo todo para accionar de un modo que no sea una obviedad).
Una comodidad que parece haberse instalado para no moverse es la que nos imposibilita procesar el debate sobre la violencia política. Huo algunos intentos, hace ya más de una década, cuando varios intelectuales críticos salieron al cruce de aquellas confesiones de invierno del cordobés Oscar del Barco. Pero al parecer viene siendo una constante de la posdictadura la imposibilidad de construir un proyecto de liberacion nacional y social que retome de la discusión política de los años 70 más allá de su fase represiva o del ya mencionado “protagonismo de la juventud en la política” para poder cuestionar hasta la raíz el sistema de explotación y su correlato en la dominación: las democracias representativas que nos gobiernan.
Si como sostuvo Fedric Jameson en esa frase devastadora, “hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, entonces, las miradas retrospectivas deberían funcionar más como memorias de la resistencia que como memoria sobre lo que Nunca más queremos que suceda. Porque el Nuca más a la represión es un pliegue consciente detrás del cual se oculta uno inconsciente (y por ello más poderoso). A saber: la introyección del discurso del amo. Ese que sostiene el terror después del terror, para advertir que todo desborde será nuevamente tratado de un modo aleccionador.
Un poco de olvido entonces tal vez ayude a recuperar esa fuerza activa que nos permita reafirmar nuevamente esa voluntad de cambiarlo todo sin tantos temores. “Un poco de silencio, un poco de tabula rasa de la conciencia a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo”. Lo escribió Nietzsche, y este cornista lo recupera. Tal vez un poco conciente de que, tal como sostuvo Zaratustra, “quien dice algo diferente marcha voluntariamente al manicomio”.

*Nota publicada en revista Zoom.

martes, 21 de marzo de 2017

Las paradojas de Rodolfo Walsh


A 40 años de su caída en combate: un homenaje del periódico Resumen Latinoamericano

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


Resulta paradójico, pero poblado de paradojas está la historia argentina. Rodolfo Walsh, un escritor abiertamente anti-peronista, terminó siendo quien escribió los textos más relevantes del peronismo: la investigación-denuncia-testimonio Operación Masacre, el cuento “Esa mujer” y el epitafio que puede leerse en la tapa del diario Noticias del 2 de julio de 1974, cuando se anuncia la muerte de Juan Domingo Perón.
¿Cómo se produjo este viraje? ¿Cómo pasó Walsh de escribir un texto con simpatías hacia uno de los aviadores que arrojó bombas sobre la Plaza de Mayo en junio de 1955 (“2-0-12 no vuelve”) a morir siendo un cuadro de la organización guerrillera peronista más poderosa del país? Este viraje solo puede entenderse realizando un recorrido por su vida y por su obra, desarrolladas en un contexto histórico muy particular, que llevó al peronismo del poder a la resistencia, y a muchos hijos de “gorilas” a integrar las nuevas camadas del peronismo, un cuarto de siglo después de que los descamisados parieran este movimiento. La “rareza” de Walsh, de todos modos, radica en que (aunque no sea el único) es de los pocos de su generación que ya tenían madurez cívica cuando Juan Domingo Perón fue rescatado de la Isla Martín García. Es decir, que su peronización no tiene que ver con un movimiento generacional de “parricidio” (los hijos de gorilas que asesinan simbólicamente a sus padres), sino con un proceso de politización que lo llevarán a cambiar sus puntos de vista respecto de la política nacional y sumarse –con avanzada edad– a un movimiento al cual no adscribió en sus años de juventud.
Tan paradójico es este peronismo de Rodolfo Walsh, que él –que tardó 15 años en pasar del mero nacionalismo hacia la izquierda, como alguna vez declaró-, que se hizo peronista puteando a Perón –cuando “El viejo” enterró la experiencia de la CGT de los Argentinos, cuyo semanario él dirigió-, terminó recomendando que Montoneros se “recostara” en el peronismo, cuando la organización había decidido pasar a ser un partido marxista. “Las masas no se repliegan hacia el vacío, sino al terreno malo pero conocido, hacia relaciones que dominan, hacia prácticas comunes, en definitiva hacia su propia historia, su propia cultura y su propia psicología, o sea los componentes de su identidad social y política”, argumentaba en los escritos en que polemiza con la Conducción Nacional de Montoneros. También decía, en esos documentos escritos en el momento más crudo del terrorismo de Estado, que uno de los problemas que tenían los militantes montoneros era “déficit de historicidad”. Es decir, que estudiaban poco la historia argentina.
Hoy, cuando Walsh pasó a ser un emblema, resulta a veces complejo aceptar el desafío de asumir el legado de su figura, de su obra. Cuando un hombre, cuando un nombre, cuando una imagen se sacralizan, pierden su potencial transformador. Eso tiene de jodida la tradición: impone el pasado como autoridad.
Hoy, cuando tantos jóvenes asumen tan acríticamente el peronismo, muchas veces colocan la cara de Perón junto a la Walsh. Convendría leer más su obra y usar menos su rostro y algunas de sus frases aisladas en remeras, calcos, imanes. Para que sus palabras no sean letra muerta sobre un papel, sino insumos para inspirar nuevas rebeldías, esas que Walsh vislumbró en el peronismo en un momento histórico determinado. Momento histórico y peronismo que la última dictadura barrieron para siempre.
Rebeldías que ya entonces anidaban junto a ese otro peronismo, el de la Triple A (la temeraria Alianza Anticomunista Argentina), esa que el propio Walsh calificó como un adelanto del genocidio perpetrado por las Tres Armas.
Rebeldías, esas tan necesarias para cuestionar lo dado, y abrir paso a nuevos horizontes.

miércoles, 15 de marzo de 2017

De Macri a los 90


Pueblada en Baradero, el paro del 7M de la CGT y un contrapunto entre los 90 y hoy


Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)
 

Baradero: un pueblo que votó masivamente a Mauricio Macri y hoy se puso en pie de guerra contra el ajuste de Cambiemos. La experiencia del ciclo de resistencia antineoliberal. Semejanzas, diferencias y aprendizajes. Los 90 y la actualidad.


Las diferencias de lo que pasa en nuestros días respecto de lo acontecido en el período que va desde las puebladas en Cutral Có y Plaza Huincul, en 1996, hasta la Masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002 son seguramente mayores que las similitudes. De todos modos, no estaría demás reparar, no tanto en los paralelismos, sino en las enseñanzas, que consciente o inconscientemente, están presentes hoy en el campo social.
A diferencia de lo que pasó hace unas semanas en Baradero, donde el pueblo salió a las calles acompañado de las organizaciones gremiales del lugar, el pasado 7 de marzo importantes sectores del pueblo argentino salieron a las calles -sobre todo en Buenos Aires-- pero con un amplio sentimiento de malestar respecto de los dirigentes sindicales. Y eso se hizo sentir con fuerza en el acto en Plaza de Mayo, más allá de las internas, e incluso, más allá de quienes se quedaron e insultaron al triunvirato. La imagen, además de elocuente, no puede sino traer remembranzas de aquella consigna coreada por miles en diciembre de 2001 y el primer semestre de 2002: «Que se vayan todos, que no quede ni uno solo». Más allá de lo polémico de dicho cántico, lo cierto es que en el sindicalismo argentino --parte central de la «crisis de representación» de aquellos días-- es en donde menos se se expresó aquel anhelo. No entraremos en debate aquí respecto de cuánto se fueron o no los integrantes de la «clase política» --la «casta» dicen hoy los españoles-- pero sí, al menos así lo considera este cronista, es innegable que ciertos discursos sociales y determinadas políticas de Estado tuvieron que tomar otros rumbos tras el cuestionamiento y la crisis que estalló en 2001 pero que había comenzado a gestarse varios años atrás.

Baradero en las calles
Baradero es un distrito conformado por cuatro localidades de la provincia de Buenos Aires, situado a unos 15o kilómetros de la Ciudad Autónoma. Según el último censo, cuenta con una población de 32.761 personas de las cuales, en las últimas elecciones nacionales, casi 9.000 votaron por Cambiemos (el 42,3% del padrón electoral) que llevó a Mauricio Macri a la presidencia de la Nación y a Fernanda Antonijevic a la intendencia (una de las 64 intendencias bonaerenses conquistadas por la actual alianza gobernante). A principios de mes, ese mismo pueblo que votó en las urnas por un cambio reclamó en las calles otro cambio, esta vez, respecto de ese mismo oficialismo que salió triunfante en octubre de 2015. 

Alrededor de las siete de la tarde del cuatro de marzo, cuando una nutrida columna de familias trabajadoras arribaron a la Municipalidad de Baradero se toparon con otros miles de vecinos autoconvocados que allí los esperaban. El principal reclamo de la protesta se centró en la escasez de fuentes de trabajo tras el cierre de Atanor S.A Planta Baradero, la preocupación por el preventivo de crisis presentado por Ingredion (que amenaza con despedir unos 80 trabajadores), por la quiebra de Germaiz y otros ajustes en diferentes empresas de la ciudad., como Refinería, Atanor y otras tantas que dieron también de baja a las tercerizadas que contrataban para realizar distintas obras.
Según declaraciones del titular local de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), Miguel Hereñú, son 3.000 los trabajadores de distintas actividades que perdieron sus trabajos en los últimos meses. A esto se suma el anuncio de reducción de turnos en algunas empresas radicadas en la zona (lo que trae aparejado nuevos despidos y suspenciones, precarización de las condiciones laborales, magros aumentos salariales).
Algunos twits que circularon por aquellas agitadas horas dejaban leer: «Que se vayan todos». Y también: «Baradero paró antes que la CGT».
Las diferencias entre puebladas como las de Cutral Có y Plaza Huincul en 1996 (que duraron días en los que la población permaneció en las rutas con barricadas y enfrentó la represión de Gendarmería Nacional) con la recientemente producida en la localidad bonaerense de Baradero son notables. Pero el denominador común es que todo un pueblo salió a las calles, indignado con sus gobernantes y dispuesto a defender su dignidad ante los atropellos del poder. Eso, al menos, no debería subestimarse. Tampoco el «efecto contagio» que este tipo de experiencias suelen tener. No olvidemos que tras aquellas primeras puebladas en el sur, al poco tiempo, prácticamente todas las provincias del país amanecieron algún día con sus rutas cortadas.


Del piquete al movimiento
«A los noventa no volvemos nunca máaaas». La consigna, coreada por amplias franjas de las militancias, tuvo su contrapunto días después del triunfo del Pro-Radicalismo, cuando esas mismas militancias comenzaron a equiparar al nuevo gobierno con el menemista, a Macri con Carlos Saúl y a las protestas emergentes con las de antaño (aún en sus nombres: Marcha Federal, Marcha de la Resistencia, etcétera). 

 
La operación más sencilla a partir de la pueblada en Baradero sería pensar que podría habilitar algo similar a lo que habilitaron las de la Patagonia, pero sería un ejercicio perezoso. Los de entonces fueron estallidos en pueblos petroleros (como también los de General Mosconi en Salta), que vivían alrededor de las plantas de YPF y que quedaron «en pampa y la vía» tras las privatizaciones. Además las del Sur contaron con un protagónico papel jugado por la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) y se dirigieron contra un «poder político» que llevaba décadas en el gobierno: el Movimiento Popular Neuquino (MPN), que contaba con dirigentes como los Sapag, muy acostumbrados a tratar los conflictos sociales como cuestiones domésticas. De allí la sorpresa que implicó la pueblada, en la que ya no solo estaban los ex obreros petroleros sino sus familias enteras, con las mujeres y los jóvenes a la cabeza (lo que aportó radicalidad a las medidas, porque estaba en juego el hambre de los niños, el hartazgo de las promesas y la inexperiencia de las negociaciones gremiales).
Lo paradójico es que tras dos puebladas (en la segunda, de 1997, emergieron los «fogoneros», que acusaron de «traición» a los piqueteros que encabezaron la anterior de 1996) en la zona no emergió un movimiento, pero decenas de grupos de norte a sur del país levantaron el nombre de Cutral Có y Teresa Rodríguez (la joven asesinada cuando pasaba por un piquete de la segunda pueblada) para conformar el suyo, tomaron su ejemplo para hacer de la tríada del emergente movimiento piquetero (asambleas, cortes de ruta y acceso a planes asistenciales del Estado) su gimnasia de acción directa en las calles y organización de base en las puebladas.
Lo revulsivo para el sistema político no fueron sin embargo las asambleas y los piquetes (que tienen su larga historia en el movimiento obrero nacional e internacional) ni los «Planes trabajar» (que en principio surgieron como una respuesta del Estado ante esas lucha y como un modo de contención de eventuales conflictos sociales, más allá de que luego fueron utilizados por las organizaciones territoriales para crecer en número y aumentar su grado de visibilidad pública), sino que lo revulsivo para el sistema político argentino fue que aparecieran nuevos movimientos sociales en los cuales convivían radicales y peronistas, cristianos y ateos, izquierdistas en todas sus variantes, jóvenes anarquistas y otros nunca adscriptos a ninguna identidad social y política, viejos y jóvenes, adolescentes y niñas, todas, todos, reunidos en torno a las nuevas necesidades y los nuevos y muchas veces creativos modos de abordarlos, sea para exigirle respuestas al Estado como para crear de manera autogestiva las suyas propias.
Lo de Baradero, que incluso los dirigentes gremiales del «clásico» sindicalismo argento caracterizaron como «pueblada», puede funcionar como índice de nuevas respuestas ante los nuevos desafíos. No en términos de que podrían sucederse casos iguales o similares (o tal vez sí, nunca se sabe), sino en términos de experiencia que muestra unidad y masividad en las calles en post de objetivos inmediatos concretos, que se respalda en estructuras tradicionales (los sindicatos) apelando a los modos emergentes de expresarse (los autoconvocados) sin ver en ello contradicción. En términos contemporáneos, podríamos pensar que la pueblaba de Baradero haya sido un verdadero acontecimiento político, en tanto nadie se esperaba algo semejante, y ya nadie en el lugar podrá pensar lo que sigue sin tener en cuenta eso que ha pasado.


Un triunvirato a la sombra de la crisis de representación
Como una sombra que se expande por el campo social, hoy dirigentes políticos, sindicales, sociales y «comunicadores» toman nota de la crisis de representación latente en la Argentina. Y el triunvirato de la CGT lo sabe porque lo vivió, porque lo recuerda. El período 1996-2002, la gestación del proceso de resistencia popular antineoliberal mostró que de cierto modo el país podía paralizarse (o al menos complicarse al extremo su «funcionamiento normal»), aún sin huelga general, con piquetes, cortes rutas, movilizaciones, ollas populares, edificios públicos tomados, grandes empresas con sus ingresos bloqueados. También que los «paros domingueros» podían transformarse en «activos» con la participación activa --vaya la redundancia-- de los movimientos sociales.

 A diferencia de la última década del siglo pasado, el movimiento obrero argentino en la actualidad se encuentra fortalecido numéricamente, con una nueva camada de jóvenes activistas de base, con sus dirigentes no tan abiertamente deslegitimados (no, al menos, al punto en el que estaba en los años noventa, cuando al frente de los sindicatos estaban los mismos rostros que habían sido cómplices o socios directos del proceso privatizador) y, lo más importante quizá, con una dinámica que tendía o tiende a la unidad. Una voluntad de unidad que se expresa no sólo en el hecho de mantener la CGT dirigida por un triunvirato sino también en la reunificación de las dos CTA y la apertura de la CGT hacia los movimientos sociales, cosa que en los noventa sólo --parcialmente-- había sucedido con la CTA, además de que expresiones como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), expresan ya desde su nacimiento un salto cualitativo respecto de los movimientos de trabajadores desocupados porque incluyen en su seno dinámicas contradictorias que a veces se parecen más a un sindicato y, otras veces, a las organizaciones sociales de base.
Para bien y para mal, todo lo recientemente descrito muestra enormes diferencias entre los años noventa y la actualidad. Demuestra, asimismo, que cierto olvido transitorio respecto de las experiencias de organización y de lucha popular previas a los años kirchneristas no se han perdido, y se recuperan, más o menos activamente, por amplias franjas del pueblo argentino. 

*Nota publicada en revista Zoom

martes, 14 de marzo de 2017

Con una actividad sobre el 24 de marzo se relanzan este jueves las Cátedras Bolivarianas en Córdoba

LOS 70: UNA HISTORIA QUE SE RE-SIENTE

Con un taller destinado a organizaciones sociales de la provincia, este jueves 16 de marzo se relanzan las Cátedras Bolivarianas en Córdoba. La actividad, que se desarrollará entre las 16 y las 18 horas en la Casa Pueblo Güemes (Pasaje Revol, Casa 52, frente al Paseo de las Artes), estará coordinada por el escritor Mariano Pacheco (integrante de Resumen Latinoamericano), y abordará
el golpe del 24 de marzo de 1976, sus consecuencias y los desafíos actuales respecto a las lecturas del pasado. 


Los objetivos del políticos, económicos y culturales del Proceso de Reorganización Nacional serán trabajados junto con las denominadas “políticas de la memoria” y la lucha de los organismos de Derechos Humanos, periodizadas en cinco fases. En primer lugar, el período propiamente dicho de la última dictadura cívico-militar (1976-1983), poniendo especial énfasis en la creatividad política y la referencia ética de los organismos; la segunda fase (1983-1996), intentando pensar ese momento signado por la Teoría de los dos demonios, por un lado, y la pelea popular por encarcelar a los represores, por el otro. En un tercer momento se abordará el período 1996-2003, con especial énfasis puesto en 2002 como momento de quiebre subjetivo frente al Estado de sitio decretado por el entonces presidente Fernando De la Rúa, la revuelta popular y el rol de los organismos de DD-HH en ese contexto, así como repasar el lento proceso político en relación a cómo se tramó una literatura, una historiografía y un cine que fue recuperando las historias de la militancia de los 70. Como “cuarta fase” se revisitarán los años kirchneristas (2003-2015), deteniéndose en la política de derechos humanos tomada desde el Estado, sus pro y sus contra, los juicios a los genocidas, la creación de los espacios de la memoria. Por último, se trabajará una última fase, la actual, intentando pensar qué pasa con la crítica por izquierda al “memorialismo” (ese exceso de memoria que a veces obtura las posibilidades de cambios radicales presentes) cuando desde el Estado se vuelve a proponer el olvido, la reconciliación y el retorno a la teoría de los dos demonios en el centro de la escena.
En el marco de la actividad también se realizará un “Homenaje a Rodolfo Walsh”, a pocos días de conmemorarse su caída en combate, en el que se presentará el Suplemento de Formación y Debate recientemente publicad por el periódico Resumen Latinoamericano, que cuenta con textos de Carlos Aznárez, Mariano Pacheco, Sylvia Saítta, Luis Alberto Romero, Roberto Baschetti, Lilia Ferreyra, Eduardo Jozami, Osvaldo Bayer, Lucila Pagliai, Ricardo Piglia, Valentina Leites e incluso el propio Rodolfo Walsh.

Próximas actividades del Capítulo Córdoba de las Cátedras Bolivarianas

ABRIL
Presentación del libro Marx, nuestro compañero, de Aldo Casas (editorial Herramienta, 2017). Con la presencia del autor. Presentan: Luis Bazán (sociólogo); Mariano Pacheco (ensayista) y Fernando Aiziczon (historiador).
Viernes 28, 19 horas en La Casa de los Trabajadores (Fragueiro 237, casi esquina Colón).

MAYO
Presentación del libro El hereje. Apuntes sobre John Willian Cooke, de Miguel Mazzeo (editorial El Colectivo, 2016). Con la presencia del autor.
Viernes 12, 19 horas (lugar a confirmar).

JUNIO
Presentación del libro Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo (editorial Planeta, reedición, 2017), de Mariano Pacheco, Juan Rey y Ariel Hendler. Con la presencia de sus autores (en el marco de las actividades de conmemoración por los 15 años de la “Masacre de Avellaneda”).
Miércoles 21, 19 horas en La Casa de los Trabajadores (Fragueiro 237, casi esquina Colón).

Las Cátedras Bolivarianas fueron inauguradas en 2003 por Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. A lo largo de más de una década, han significado una importante contribución a la lucha por la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña, y por extensión, a todos los acontecimientos liberadores que se producen en el Tercer Mundo, en la perspectiva internacionalista que da cuenta que nuestros procesos de lucha y organización no son ajenos a la perspectiva de emancipación del conjunto de la humanidad.
Pensadas como una tribuna de formación para contrarrestar el discurso único y la ostensible colonización cultural, en las Cátedras Bolivarianas se ha intentado construir otra visión de la historia nacional, Latinoamericana y del Tercer Mundo, así como abordar, a través del estudio, a numerosos pensadores que forjaron los ideales libertarios en el continente.
Las Cátedras han trabajado de manera continua sobre la importancia de la memoria para ayudar a construir el presente de lucha y resistencia, en el afán por proyectar ideas de enfrentamiento al imperialismo y al capitalismo, en el afán por construir una sociedad sin explotadores ni explotados.

Se lanzó la Cátedra Fidel Castro en Córdoba


Fue en la Clínica Ofmastológica "Dr Ernesto Che Guevara"


Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


La iniciativa continental de la articulación de los movimientos sociales hacia el ALBA también tuvo su acto de apertura en Buenos Aires y se realizará en otros puntos del país y otras ciudades del continente.


Con la presencia de la educadora popular Cubana Marilin Peña Perez (integrante del Centro Martin Luther King de La Habana); Claudia Gamba, de la Fundación Un Mundo Mejor es Posible (UMMEP) que lleva adelante las Misiones Cubanas en Argentina y Gonzalo Armúa (del Alba movimientos), se llevó adelante el lanzamiento de la Cátedra Fidel Castro en Córdoba.
La actividad, que se desarrolló en de la clínica oftalmológica «Dr Ernesto Che Guevara» de la provincia (donde se desarrolla la «Operación Milagro») comenzó con un sentido homenaje a Berta Cáceres (a un año de su asesinato), con una mística en la que no faltaron las semillas, el agua y los pañuelos del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). «Hoy nos llovió Berta y con la esperada y ansiada agua llovió y se esparció por la ciudad de Córdoba nuestro homenaje a la hermana y compañera», leyó con la voz entrecortada una de las integrantes del Alba movimientos. «Hoy nos llovió Berta y aportó el agua a nuestras ofrendas, el agua-vida, el agua-flujo, el agua-torrente, el agua-gota paciente. Hoy nos llovió Berta y mojó las semillas traídas de las tierras cordobesas de donde el pueblo expulsó a Monsanto, otra trasnacional de la muerte como aquellas contra las que peleaste y continúan hoy dando batalla tus compas del COPINH».


También se homenajeó a Hugo Chávez, a cuatro años de su fallecimiento, quien estuvo presente en la sala a través de un video, en la que destacó con sus palabras la importancia de combatir el capitalismo y avanzar en la construcción del socialismo, pero también, de incomodar a quienes no se definen, a quienes intentan promocionar un «capitalismo con rostro humano» y de dar batalla «contra el reformismo».
Claudia Gamba agradeció al ALBA Movimientos por haber elegido la Clínica como sede para realizar el lanzamiento y aprovechó la ocasión para contar los entretelones de cómo se había organizado la «Operación milagro» junto a Fidel Castro, para «desembarcar» en Bolivia y luego, cómo el grupo de argentinos comenzó la tarea en Córdoba. Destacó la «mirada estratégica de Fidel», su capacidad de liderazgo y puntualizó que Fidel, nunca, dejaba una misión emprendida sino hasta haberse terminado. «Hoy Fidel seguramente estaría conspirando», dijo. «Estaría viendo con quien, con quienes, se podría promocionar un amplio movimiento Latinoamericano para frenar esta ofensiva conservadora que se despliega en el continente».
Gonzalo Armúa, por su parte, recordó los orígenes del ALBA como propuesta de articulación de Estados de la región encabezada por Fidel Castro y Hugo Chávez, y cómo luego, a instancias del MST de Brasil, surgió la propuesta de realizar una articulación continental a nivel todos los movimientos sociales Latinoamericanos, más allá de que sus gobiernos adhieran o no a la propuesta del ALBA. También destacó la importancia de la formación política, de la comunicación popular para contrarestar el discurso de los medios hegemónicos de comunicación, a los que caracterizó como «los partidos de la oposición» y de la solidaridad activa con entre los distintos países. «Una solidaridad», dijo, «que vaya más allá de lo declamarorio, de las firmas de adhesión y de los comunicados, que son necesarios pero que no alcanzan».
Finalmente, Marilin Peña Perez comenzó su intervención proyectando una canción realizada por distintos artistas en homenaje a Fidel tras su muerte y aclaró que era la única canción que llevaba en su celular. En su discurso realizó un recorrido por lo que fueron los años 90 en Cuba, cuando ella era estudiante, en medio de la complicación económica en el país y la debacle política a nivel mundial. Recordó cuando Fidel se reunió con las Federaciones Universitarias para explicar los problemas que atravesaba el país, escuchar a los y las estudiantes y poner en discusión qué hacer con las becas que muchos de ellos recibían del Estado para poder estudiar.
La educadora popular cubana rescató el ejemplo de Fidel en cuanto a la formación, la capacidad de lectura y de procesar información, pero por sobre todo, su intento permanente por analizar cada situación a la luz de resituarla en su historicidad. «Fidel era un gran promotor del trabajo político, del trabajo de masas y también, del trabajo ideológico»., destacó, y recordó que Fidel insistía mucho con eso de escuchar, pero también «con disputar ideas, con el internacionalismo y con la promoción de la unidad, tanto de la unidad popular en cada país como de la unidad continental; de reconocer las debilidades y fortalezas propias y del enemigo, de la necesidad de la formación y de la solidaridad», destacó. Y finalizó, entre calurosos aplausos de los asistentes, diciendo: «Sí se pudo, sí se puede, sí se podrá».

*Nota publicada en el Portal La Tinta.


miércoles, 8 de marzo de 2017

El 8-M en el interior del interior


La tierra también tembló en Alta Gracia

Por Mariano Pacheco y Germán Pighin*



Poder, poder, poder popular, luchar con las compañeras le gusta a usted; ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven; abajo el patriarcado, se va a caer; arriba el feminismo, que va a vencer”. Megáfono en mano, una joven marca el ritmo de la canción mientras el resto de mujeres que encabezan la marcha la acompañan con el cántico, una sonrisa en los labios y una mirada cómplice. La movilización parte del cruce de Belgrano y Doctor Raúl Alfonsín, para atravesar el centro de Alta Gracia hacia la Plaza Solares. “Mujer, escucha, únete a la lucha”, cantan las manifestantes, mientras desde los negocios las empleadas y empleados salen a las veredas, algunos para aplaudir, otros por simple curiosidad.
El 8M no solo se hizo sentir en la capital provincial, sino en otros sitios de Córdoba, como la ciudad del Tajamar donde alguna vez se crío el niño Ernesto Guevara. Convocada por el Colectivo local de #NiUnaMenos, esta marcha inscripta en el Paro Mundial de Mujeres retoma otras movilizaciones que se vienen haciendo desde hace algunos años en el lugar, como ser los 24 de marzo, anteriores 8 de marzo y las dos marchas del Ni Una Menos, en 2015 y 2016.
Este año la movilización de conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora contó con un episodio local que marcó profundamente a todos los asistentes, ya que se realizó el mismo día del entierro de Emi D Ambra, histórica referente de los organismos de Derechos humanos de la ciudad (madre de dos militantes detenidos-desaparecidos por el terrorismo de Estado) fallecida el martes. Su nombre se gritó varias veces, durante la caminata y en la plaza. El ¡Presente! fue acompañado junto con la mención de todas las oradoras e incluso con un cartel en su homenaje. También el nombre de otras mujeres fallecidas, pero asesinadas en casos de femicidio, recibieron su mención en la agitada columna.
Que los femicidas tengan miedo; hay que gritar Ya Basta, Ni Una Menos; seguimos en las calles; los cómplices también son responsables”, podía escucharse cantar a la multitud, entre la que se encontraban muchas maestras y docentes, tanto del oficialismo de la seccional Santa María de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) como de la oposición de la “Multicolor”, así como militantes de partidos políticos, muchas de ellas sin banderas.
Se cuiden los machistas, América Latina va a ser toda feminista”. Varias madres cantan y caminan junto a sus hijos, sus hijas a su lado o llevando cochecitos de bebés. Otras, adolescentes, se ríen y juegan entre ellas mientras avanzan detrás de la bandera violeta con letras blancas que encabeza la movilización. El calor agobiante no impidió que cientos de mujeres y algunas decenas de hombres caminaran por las calles de la ciudad al grito de “Vivas nos queremos”. Además de integrantes de agrupaciones de género, como Mumala (Libres del Sur) o La colectiva, estuvieron presentes las militantes del Frente de Mujeres del Partido Solidario (PSOL) y otras del Partido Socialista y la agrupación La Cámpora.
Sin lugar a dudas, por la cercanía de la fecha de la última multitudinaria movilización provincial contra la Ley de Bosques (realizada el miércoles pasado), se destacó la columna de la “Asamblea Paravachasca: el Monte es Vida”, quienes también dijeron unas palabras durante el acto a través de una de sus voceras. Otras expresiones locales, como el Movimiento territorial Primero de Mayo, o la Biblioteca Popular Sarmiento completaron el mapa diverso de expresiones sociales y políticas presentes en la movilización.
En el documento elaborado por el Colectivo Ni Una Menos de Alta Gracia se denunció el incremento de casos de femicido y la violencia “física, psicológica y obstétrica” que padecen las mujeres de todo el país, aunque también se rescató al movimiento de mujeres como “determinante” en las luchas de resistencia contra las políticas neoliberales implementadas por el actual gobierno nacional, así como en las conquistas históricamente obtenidas y aquellas aún por lograr.


Bajo el lema “Nos mueve el deseo” se reclamó la implementación de una educación sexual integral en las escuelas y mayor participación política de las mujeres en todas las esferas de la vida social. También se exigió la libertad de la dirigente social Milagro Sala (detenida desde hace más de un año en la provincia de Jujuy) y de la lesbiana Eva Analía de Jesús (“Higui”), detenida luego de haber matado a uno de los diez agresores que intentaron violarla; se exigió la absolución de Belén (quien permaneció un tiempo detenida tras haber padecido un aborto espontáneo); se repudió la detención de seis integrantes del Colectivo Ni Una Menos de Buenos Aires por propagandizar el Paro Mundial de Mujeres, así como el asesinato de la dirigente social Berta Cáceres, ocurrido en Honduras hace un año atrás. Entre aplausos, también se reivindicó la lucha de los docentes en reclamo por la reapertura de una paritaria nacional y la del conjunto de los trabajadores argentinos frente al ajuste, que esta semana se expresaron en las calles con multitudinarias manifestaciones los días lunes y martes. “Vivas y libres nos queremos” fueron una de las últimas palabras del texto, leído dúo, que remató expresando: “porque nos mueve el deseo, 2017 es e año de nuestra revolución”.
Tras la lectura del documento subieron al escenario algunos artistas locales, quienes compartieron sus canciones y sus números de danza y baile para adherir desde el arte a esta jornada de lucha que finalizó con la presencia de la reconocida cantautora Paola Bernal.


*La luna con gatillo.