viernes, 24 de febrero de 2017

Entrevista a Leonardo Rossi


Hoy la política está atravesada por la agenda que marca la movilización popular”

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)
 
Este miércoles 1° de marzo marcha nuevamente por las calles de Córdoba el pujante movimiento social que surgió en oposición a la Ley de Bosques propuesta por el oficialismo. Zoom conversó con Leonardo Rossi, periodista que viene trabajando el tema desde hace años, autor del libro Córdoba respira lucha. El modelo agrario: resistencias y nuevos mundos posibles.


A mediados del año pasado el joven periodista Leonardo Rossi publicó por la Editorial de la Universidad de Villa María (EDUVIM) su primer libro: Córdoba respira lucha. El modelo agrario: resistencias y nuevos mundos posibles, donde aborda la matriz del modelo del agronegocio presente en la provincia, pero también las resistencias sociales y las alternativas políticas que se van gestando en el mismo suelo.
El libro comienza con un capítulo titulado “Bosques”, donde el autor estudia y denuncia el avance de la frontera agroganadera sobre los bosques nativos. Un tema que cobra relevancia en la actual coyuntura, ya que desde fines del año pasado se ha desatado en Córdoba un masivo y creativo movimiento social (sobre todo en el interior provincial) que logró frenar en diciembre una importante iniciativa del gobernador Juan Schiaretti en la Legislatura. Desde entonces, la “Ley de Bosques” busca ser aprobada por el oficialismo (que co-gobierna la provincia junto al radicalismo desde hace dos décadas), pero hasta el momento se han topado con movilizaciones numerosas de la sociedad civil. Incluso históricos sectores que han levantado estas banderas han confluido con las nuevas experiencias, dando paso a un renovado repertorio de protestas que, el próximo miércoles 1 de marzo, se darán nuevamente cita en la capital provincial.
Rossi, periodista nacido en Catamarca pero criado en el sur del conurbano bonaerense, donde estudió comunicación social en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, conversó sobre este tema con Revista Zoom. En la actualidad Rossi está radicado en Colonia Caroya (norte cordobés) aunque por su oficio de cronista suele viajar por diversos puntos del país dando cuenta de las luchas socioambientales. Es colaborador del diario Página/12 y becario del Concejo Nacional de Investigaciones (Conicet).

Córdoba respira lucha... da cuenta de un proceso estatal de impulso de un modelo de desarrollo centrado en el agronegocio y el boom inmobiliario, con la consecuente expansión de la frontera agroganadera, la introducción de empresas multinacionales y el auge del desierto verde de la soja, pero también de procesos de resistencia que tuvieron momentos emblemáticos. Por otro lado, desde hace dos décadas la provincia está gobernada por la misma alianza y en la última elección Mauricio Macri obtuvo el 70% de los votos. ¿Qué reflexión podes compartir al respecto?
Lo primero que te puedo decir es que la resistencia y la dinámica electoral caminan por vías distintas que se van entrecruzando pero no siempre de la misma manera, o de la mejor forma. Una elección es una suerte de fotografía de un momento determinado. Fotografía con la que se han quedado los grandes medios de comunicación, sobre todo los nacionales. Pero a esa foto le faltan otras tramas que están por debajo y que no siempre se expresan en los medios, aunque por supuesto hay algunos que sí lo hacen, y es eso un poco de lo que se intenta dar cuenta en el libro. Un ejemplo claro del silencio es un registro nacional elaborado durante el gobierno anterior que, asumiendo sus falencias en tanto que relevamiento parcial, admite que a 2013 existían 857 situaciones de conflicto por la tierra que involucraban a 60.000 familias. En Córdoba hay cien mil hectáreas en disputa en 69 casos registrados. De esto no se habla. El caso de Monsanto es muy importante, no solo por lo que implicó en el plano simbólico sino porque además sirve de referencia para otras luchas que se pueden estar produciendo en la provincia o en otros lugares del país, del continente e incluso en el mundo. El caso de Ramona Bustamante en el norte cordobés, la abuela campesina que estuvo resistiendo durante una década los intentos de desalojo de la Federación Agraria, o el caso del fallo vinculado a las fumigaciones en barrio Ituzangó Anexo condenando a un productor agropecuario también marca un precedente muy importante. Y los periodistas no podemos ser ingenuos. Desde nuestros espacios tenemos una responsabilidad respecto de informar o no sobre todo esto que pasa, y desde qué lugar lo comunicamos. 

 

Y respecto del activismo socioambiental y el resto del movimiento popular, ¿cómo ves esa relación? ¿Hay cruces fructíferos?
Yo creo que sí. Y de nuevo, toda la lucha desarrollada contra la multinacional Monsanto en Malvinas Argentinas fue emblemática, también, en ese sentido. Se produjeron una multiplicidad de tácticas de espacios muy diversos, con una estrategia común: expulsar a la empresa. Algunos pusieron más el cuerpo en el bloqueo y enfrentando la intimidación y la represión policial, otros accionaron más en la difusión o la vía judicial, otros en la organización de los vecinos de la zona, pero todos -más allá de su procedencia política- aportaron al proceso de expulsión de la multinacional de la localidad. También está la experiencia de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), que con su diversidad de miradas ha sido una herramienta de lucha muy importante contra el modelo extractivista, que todo indica se profundizará con el modelo de Macri. Y que seguramente encontrará en espacios como estos, y las organizaciones campesinas e indígenas la recreación de herramientas de lucha ante las nuevas avanzadas.

En el libro detallás muy bien el avance sobre el monte que se produjo en Córdoba, una provincia que a inicios del siglo XX tenía, de sus 16 millones de hectáreas, tres cuartas partes de bosques nativos, y donde entre 1970 y 2000 se destruyeron un millón de hectáreas, y entre 2006 y 2011, 68.176 hectáreas. Todo este proceso, sin embargo, siempre encontró resistencias, que en la actualidad recobran un nuevo impulso con la emergencia de este movimiento social que busca que no se apruebe la Ley de Bosques impulsada por el oficialismo ¿Cómo ves la situación actual de este movimiento?


El dato interesante de todo este proceso es que la ley, según lo reconocieron incluso algunos legisladores, estaba para aprobarse en diciembre, y tras la movilización popular tuvo que frenarse. Entonces, esta acción de ganar el espacio público, que muchos quieren presentarlo como anacrónico, fue lo que logró frenar la ley. Que haya 10.000 personas en el centro de Córdoba defendiendo ese 3% de bosque nativo que queda en la provincia evidentemente no ha sido un dato menor. Y en paralelo se logró quebrar la hegemonía de un discurso que pretende colocar estos temas como una cuestión marginal. Por un lado ha sido intensa la tematización en redes sociales, y sin dudas que el apoyo a esta causa de figuras populares en la provincia como Doña Jovita, Piñon Fijo o Raly Barrionuevo fisura el discurso hegemónico. Por supuesto, no es un tema nuevo: hay personas que desde hace 30 años vienen trabajando y denunciando estas situaciones pero es marcada la instalación de la defensa del bosque en un abanico amplio y diverso de sectores. Hoy en día, este reclamo hace confluir al Movimiento Campesino de Córdoba y los apicultores (que al perder el monte pierden su cultura, en definitiva, su vida; las familias que se han ido de las ciudades a las sierras en busca de una vida más sana; científicos que están en diálogo con las poblaciones afectadas por el desmonte; las miles de familias afectadas por las recurrentes inundaciones, que en 2015 dejaron una decena de muertos. En otras palabras, el agronegocio tiene serias dificultadas para ocultar la relación entre desmonte e inundaciones; entre desmonte y expulsión de población rural; entre desmonte y desertificación de suelos. Y ante esto muchos sectores políticos quedan descolocados. El primero de ellos es el propio gobierno provincial, pero también el radicalismo. En fin: todos los sectores políticos que acompañan la ley de Bosques ahora se ven en aprietos por una agenda que está siendo marcada por la movilización popular. Me parece interesante ver cómo el radicalismo y el oficialismo cierran filas para que avance el agronegocio. Que hay que recordar tuvo una notable expansión durante el kirchnerismo, reflejando aquello que la socióloga Maristella Svampa denominó “el consenso de los commodities”. Consenso que tiene su correlato en los medios masivos de comunicación, donde ese modelo productivo se presenta como el único posible, como vía y expresión de un supuesto desarrollo inevitable. Ahí tenemos el gran desafío de discutir, y es una deuda de los comunicadores, en sectores mucho más amplios en torno al progreso: ¿Qué es? ¿Para qué? ¿Para quién?

El libro es una contribución al estudio de la temática y también una buena introducción. Hay muchos datos que acompañan las denuncias de los procesos de despojo, y también, numerosos testimonios de quienes vienen protagonizando sus resistencias. El último capítulo se titula “Otros mundos posibles”. ¿Los hay? Circula mucho escepticismo en estos días.


De algún modo el objetivo del libro es poder contribuir a la denuncia de estos temas que, como decía hace un rato, no siempre están presentes en las agendas de la clase política y los medios masivos de comunicación. De allí el trabajo documental respecto del impacto del desmonte, del uso de los agroquímicos o de los desalojos a las familias campesinas para avanzar con la frontera agropecuaria, que ayuden a concientizar sobre lo que está pasando, así como las resistencias que se le oponen. Pero no sólo. Porque al calor de esas luchas también se van gestando otros mundos posibles, y que son bien concretos. Por ejemplo: no es cierto que no exista otra agricultura. Hay una que es histórica, ancestral y que en lugares como el norte cordobés no solo pervive sino que está muy arraigada. Es una agricultura sin agroquímicos, que parte de la mancomunicón del trbajo familiar, con un fuerte anclaje territorial y lógicas más comunitarias. Otros hablamos de la agroecología. Y bajo este concepto se agrupan por ejemplo más de veinte ferias en toda la provincia, más tantas otras experiencias de compra directa, de compras comunitarias, que se plantean otras lógicas de consumo. Todo esto suele ser invisibilizado por ese “consenso de los commodities” que atraviesa a la sociedad desde distintas perspectivas: políticas, comunicacionales, etcétera. Y otras veces no es invisibilizado pero es presentado de un modo tramposo: como una alternativa exclusiva para ciertos sectores con un buen pasar, alto poder adquisitivo, cuando en realidad este tipo de agricultura está muy extendida en muchísimos pueblos y parajes de la provincia de Córdoba. Pero claro: parte de este consenso también incluye a las grandes cadenas de supermercados, que como todos sabemos invierten muchísimo dinero en publicidad, y todos nos quedamos con la idea de que la única forma posible de consumir alimentos es ir a esos supermercados a comprar la comida que está procesada por las grandes industrias, que hoy tienen niveles récords de concentración. Esto nos deja atrapados en toda una red de control biopolítico notable, ante la cual muchos intentan construir otras dinámicas, y a partir de las cuales se intenta –desde el trabajo periodístico, desde libros como este-- mostrar otros caminos posibles, que necesitan del fomento y el apoyo concreto de políticas de Estado, pero también que sectores populares urbanos (que son los más perjudicados por este tipo de alimentación más dañina para la salud) que tomen contacto con estas experiencias productivas para intentar ir gestando además otras formas de distribución y de consumo. Parte de todo esto está presente en el libro y en el trabajo diario que hago, como muchos otros periodistas, en el intento de contribuir con nuestro oficio a que más gente pueda conocer estas experiencias que, para nombrarlos de algún modo y retomando una consigna que es bastante conocida, podrían agruparse bajo el lema de “otros mundos posibles”.

*Publicada en revista Zoom.

sábado, 18 de febrero de 2017

En qué anda la izquierda argentina

MAPA ACTUAL DE LOS PARTIDOS Y ALIANZAS ELECTORALES*


Por Mariano Pacheco

Las alianzas electorales, la hegemonía del trotskismo y la fragmentación creciente más allá de las declamaciones de unidad.


Cada giro brusco en las coyunturas suele generar realineamientos y reacomodos de los distintos sectores políticos. Así, en la Argentina contemporánea, cada hecho de envergadura provocó no sólo volantazos en el progresismo, el campo de los nacionalismos populares y las izquierdas, sino también rupturas, reacomodamientos y nuevas rupturas.
Lo paradójico es que los fraccionalismos más acérrimos suelen producirse en nombre de la Uni/Dad. El fenómeno no es nuevo, y ya en los años setenta el poeta, sociólogo y ensayista argentino Néstor Perlongher había escrito un poema titulado, precisamente, “Siglas”, en el que hacía un recorrido por las variopinta cantidad de grupos de la izquierda de entonces.
Para caracterizar el mapa actual de la deriva de las izquierdas en el país, no puede obviarse que, tras la derrota de las apuestas radicales de las izquierdas setentistas (incluyendo en ellas a sus vertientes nacionales, populares y revolucionarias), y tras el breve desarrollo del Movimiento Todos Por la Patria en los años ochenta (experiencia que eclosionó tras el asalto al cuartel de La Tablada en 1989), la hegemonía de la izquierda argentina ha quedado en manos de la corriente trotskista, de la que haremos un intento de caracterización en las líneas que siguen.

La excepción a la regla
Una excepción de esta hegemonía del trotskismo en la Argentina de postdictadura fue el relativo auge que tuvo el maoísta Partido Comunista Revolucionario/Partido de los Trabajadores y del Pueblo (PCR/PTP) en la segunda mitad de la década del noventa, con fuerte inserción territorial y estudiantil y contando entre sus filas con algunos dirigentes populares de peso, como el jujeño Carlos “Perro” Santillán al frente del Sindicato Unido de Obreros y Empleados Municipales (SUOEM) y Juan Carlos Alderete liderando la Corriente Clasista y Combativa (CCC), uno de los dos referentes del eje “matancero” del movimiento piquetero. “Los chinos”, como los denomina la militancia, también conducían algunos Centros de Estudiantes en distintas facultades de universidades públicas y participaron activamente de las luchas estudiantiles a través de su Corriente Estudiantil Popular Anti-imperialista (CEPA) y era de las pocas (sino la única) fuerza de izquierda que contaba con un periódico semanal de tirada masiva (Hoy), que se podía comprar en cualquier quisco de diarios de la Ciudad de Buenos Aires. En el plano electoral, más allá de contar con personería para hacerlo, no se presentaron a elecciones, manteniendo una posición abstencionista, al menos desde su intervención de apoyo a la candidatura de Carlos Saúl Menem a la presidencia de la Nación en 1989. Más allá de la reaparición de la CCC como una de las tres patas de la mesa de coordinación de los movimientos sociales (junto con el Movimiento Barrios de Pie y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, la CTEP, donde conviven distintos grupos), desde la emergencia del kirchnerismo este sector de la izquierda tuvo poco o nula intervención política en las distintas coyunturas nacionales.

La rareza argentina
Sin lugar a dudas la emergencia de una izquierda trotskista con cierto peso en las luchas sindicales y las protestas sociales (Kraft y subterráneos, entre otras), con dirigentes reconocidos a niveles masivos (Myriam Bregman, Néstor Pitrola, Cristian Castillo, Jorge Altamira, Nicolás del Caño, Marcelo Ramal) y una intervención en los medios masivos de comunicación ha constituido una rareza en el mapa de las izquierdas, no solo Latinoamericanas sino también a nivel mundial.
Las principales fuerzas políticas del trotskismo en el país, desde abril de 2011 a hoy, confluyen en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), que en la actualidad cuenta con cuatro diputados nacionales y diputados provinciales en Buenos Aires, Salta y Neuquén y diputados, senadores y concejales en Mendoza, además de haber obtenido en elecciones anteriores representación parlamentaria en Córdoba. Integrado por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) e Izquierda Socialista (IS), en el FIT confluyen hoy por hoy dos tradiciones distintas del trotskismo: por un lado el Partido Obrero, cuyo linaje se remonta a Palabra Obrera en los años setenta y por el otro el PTS/IS, ambos provenientes del viejo Movimiento al Socialismo (MAS), conformado en la postdictadura a partir de la experiencia morenista del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), que en los setenta tuvo como figura central a Nahuel Moreno, dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), fracción “La verdad” (la que no ingresó a la lucha armada junto a Mario Roberto Santucho).

Figuras como el diputado de Neuquén Raúl Godoy (PTS) o el militante asesinado Mariano Ferreyra (PO), fueron referencias de importantes luchas obreras como la de la ex ceramista Zanón, actual FaSinPat (Fábrica Sin Patrón) y la de los trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca. También los partidos integrantes del FIT cuentan o han contado en estos años con una importante presencia en el movimiento estudiantil, como la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y ciertas comisiones internas de los sindicatos docentes, como en el Sindicato Unido de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA).
En las pasadas elecciones, el joven Nicolás Del Caño (PTS), que se impuso en la interna del FIT sobre el histórico dirigente Jorge Altamira (PO), fue uno de los seis candidatos (junto con Daniel Scioli, Mauricio Macri, Sergio Massa, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Saá) que se disputaron la presidencia, aunque su posterior llamado a vota en blanco en el ballotage entre Scioli y Macri les restó un importante apoyo y adhesiones.

No todo lo que brilla es oro
Más allá de lo inédito de esta emergencia del trotskismo en Argentina, lo cierto es que este relativo éxito antes mencionado no deja de expresar un porcentaje muy mínimo de la población y entre los sectores del movimiento obrero los espacios de representación son muy escasos. 
Por otra parte, más allá del apoyo relativo que han obtenido o están en vías de obtener por parte de otras fracciones de izquierda (sobre todo de parte de la denominada “Corriente Independiente” o sectores del guevarismo), lo cierto es que tampoco el FIT expresa, hoy por hoy, a la totalidad de expresiones de izquierda que apuestan por la vía parlamentaria (ni siquiera de la totalidad del trotskismo).
En noviembre del año pasado, por ejemplo, en las vísperas del primer aniversario de gobierno de Cambiemos, se constituyó un espacio de unidad entre el Nuevo MAS y el MST: “Izquierda al frente por el Socialismo”. En su primera declaración pública ya señalan que “el FIT viene actuando para dividir y no para unir”, tanto en el movimiento de mujeres como en el estudiantil, y denuncian que, en el terreno electoral, “el FIT se ha cortado solo, negándose a la unidad con fuerzas de la izquierda como las nuestras y otras que se reclaman anticapitalistas”.
Ni el Nuevo MAS ni el MST lograron en 2015 sortear las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Tanto el Frente Nueva Izquierda impulsado por el MST en la Ciudad de Buenos Aires en 2015 (liderado por el legislador porteño Alejandro Bodart como candidato a senador y el ambientalista Enrique Viale como candidato a diputado), como su principal dirigente Vilma Ripoll, candidata a diputada provincial por la tercera sección bonaerense (en el marco del frente Podemos, que presentaba las candidaturas a diputados de Juan Carlos Alderete de la CCC y la histórica referente de la lucha docente Marta Maffei, con el padrinazgo político de Víctor de Gennaro), quedaron fuera de la contienda electoral de octubre. Aunque sí el Frente Nueva Izquierda cosechó  los votos suficientes para poder presentarse en otras provincias como Entre Ríos, Jujuy, Santa Fe, Santa Cruz y La Pampa, a nivel del imaginario popular la izquierda quedó claramente representada en la sigla y las figuras principales del FIT, el único espacio de la izquierda –por otra parte-- que pudo presentarse no solo en Ciudad Autónoma y provincia de Buenos Aires, sino también en otras 17 provincias, en algunas de las cuales obtuvieron resultados inéditos para el trotskismo en el país: 11,54% en Salta y 9,40% en Jujuy.

La izquierda “no tradicional”

Otra vertiente que proviene del trotskismo, aunque ya no se identifica como tal, es la de Autodeterminación y Libertad, referenciada en la figura de Luis Zamora, quien sí logró superar las PASO en 2015, obteniendo un 3,38% de votos en la ciudad de Buenos  Aires, incluso sin haber organizado prácticamente ninguna actividad proselitista, más allá de algunas charlas con vecinos, o una “mateada” a modo de cierre de lista.
 Los intentos de la denominada Izquierda Independiente, o más recientemente Izquierda Popular, representada en Patria Grande, no logró que la candidatura a jefe de gobierno porteño que impulsó de Claudio Lozano, en el marco de la alianza “Camino Popular”, obtuviera el piso mínimo de votos en las PASO, aunque sí la del economista Itaí Hagman (candidato a legislador de la ciudad). En cambio en otras provincias, como Santa Fe, donde Patria Grande confluyó con otros espacios en el denominado Frente Social y Popular (que candidateó, entre otros, a Celeste Leprati, la hermana de Pocho, el docente asesinado el 19 de diciembre de 2001 en un colegio, quien entró como concejal), sí logró obtener representación parlamentaria, con dos diputados provinciales (Mercedes Meier y Carlos del Frade). En la ciudad de Rosario, además, otra expresión similar (el Frente Ciudad Futura, conformado por el Movimiento 26 de junio y Giros), obtuvo tres concejales.
 También desde el Movimiento Popular La Dignidad (que impulsaron, entre otras acciones, la Carpa Villera en la Ciudad de Buenos Aires en 2013), han lanzado su propio instrumento electoral, “Izquierda Popular” (cuyo nombre fue impugnado por el FIT bajo el argumento de que “se parece demasiado” a su propio nombre), quienes más allá de haber apoyado al FIT en las últimas elecciones (con situaciones particulares como las de Jujuy, donde el referente de la Confluencia del M.P La Dignidad/Katari estaba enfrentado con el principal candidato del FIT en la provincia) hoy se muestran con mayor predisposición, al menos en la zona metropolitana, a confluir con espacios como Ahora Buenos Aires, impulsado por Patria Grande y la agrupación Seamos Libres.
Al margen de esta caracterización que hemos realizado quedan los movimientos sociales y organizaciones de la Izquierda Autónoma que construyen sus políticas desde perspectivas más situadas, por fuera de las lógicas parlamentarias, y que sostienen una estrategia política a distancia del Estado, sin intervenir ni apoyar candidatos en las elecciones.
Como puede observarse, más allá de las proclamas de unidad, las izquierdas en Argentina se encuentran profundamente fragmentadas.
Quedará por verse si, al menos en el plano electoral, 2017 encuentra a estas fuerzas políticas unidas o dominadas por las lógicas de fragmentación.

*Nota publicada en la revista Zoom.

martes, 7 de febrero de 2017

Entrevista a Raúl Zibechi


Asistimos al proceso de emergencia de las mujeres”

Por Mariano Pacheco

En la emblemática redacción del semanario Brecha, el periodista y analista uruguayo conversó con este cronista sobre la actual situación política internacional: la era Trump, el declive de los gobiernos progresistas y las luchas de los movimientos sociales en América Latina. De Evita al Ni Una Menos, de las piqueteras a la nueva emergencia juvenil contestataria. Y una perlita: ¿existe una “mística tupamara” en el Uruguay actual?


Una calurosa tarde de verano en Montevideo. Una redacción situada en una antigua casona de la ciudad. Un periodista próximo a jubilarse pero que no deja de viajar, de escribir, de intervenir con sus análisis y opiniones. Raúl Zibechi es conocido por su trabajo en el semanario Brecha, una cooperativa de trabajo periodístico que ya lleva más de tres décadas de existencia, pero también por sus libros, en los que desde hace años viene dando cuenta del devenir de los movimientos sociales del continente. En esta extensa conversación con Zoom, Zibechi repasa el actual escenario de la política internacional, partiendo del reciente triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, pasando por la crisis de los gobiernos progresistas de la región y compartiendo su mirada sobre los movimientos sociales que emergieron en el continente durante las últimas décadas. Como en casa de herrero no puede haber cuchillo de palo, el uruguayo termina el diálogo reflexionando acerca de si puede hablarse o no de que hay vigente del otro lado del charco una “mística tupamara”.



La decadencia del imperio americano

¿Cómo caracterizarías el actual escenario internacional?

Yo creo que el triunfo de Trump es una clara evidencia de la crisis del imperio. Si gana es porque hay una fuerte división en las elites, pero también en la sociedad norteamericana, que es víctima del neoliberalismo, porque quienes lo votaron es claro que estaban re calientes con los halcones de la guerra y de las finanzas. Así que lo primero que tenemos que decir es eso: que hay una sociedad desgarrada, dividida, con una enorme desocupación, subempleo, trabajo precario y una industria que se ha trasladado a Asia, y un empeño en guerras que hartan a la población, que ve además un declive en la calidad de los servicios: viviendas que se pierden pero también el transporte, la salud, la educación. Y en el plano externo, Estados Unidos es una potencia que no solo está siendo alcanzada por otras solo en el plano económico, como China (a quien además no pueden frenar en el terreno militar), sino que no pueden imponer orden en el mundo. Porque la guerra de Siria la perdieron. Y no pudieron contener a Irán. Así que asistimos aún declive imperial importante, con una transición de la hegemonía mundial que estaba en manos de Estados Unidos a otra en donde el mundo pasa a ser multipolar, con cuatro o cinco países-potencias que tienen capacidad de incidir en el escenario internacional y contrarestar la de los otros, como es el caso de Rusia+China. Por otra parte, fue el propio Estados Unidos quien indujo a la crisis a la Unión Europea, que hoy se encuentra sin rumbo, está a la deriva, luego de una serie de situaciones que fueron impuestas por Estados Unidos, como la crisis financiera y la situación de 2014 con Ucrania. Así que diría que el actual período de transición es de caos e incertidumbre y en el que habrá más conflictos, sociales e interestatales. Y de cómo se hagan alianzas dependerá un poco el devenir de toda esta situación, que de seguro no va a durar pocos años.

Nuestraamérica de pie

¿Cómo ves la actual situación de las políticas de cambio social en el continente? Porque por un lado tenemos al zapatismo, que tal vez fue la primera referencia mundial tras la caída del muro de Berlín; también el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, que viene de los años 80. Y ya entrando en este siglo aparecen otras experiencias más estatistas o de movimientos sociales que logran expresarse en el Estado, sobre todo con referencias como las de Bolivia y Venezuela. Sin embargo, uno podría pensar que ninguna de las dos “vías” ha logrado instaurar en el horizonte cambios profundos y extendidos con mayores niveles de estabilidad. En el caso del zapatismo, si bien han tenido numerosas iniciativas, les ha costado salir del sureste mexicano; al MST le cuesta llegar a las ciudades y en Venezuela y Bolivia están atravesando un momento complicado. ¿Cómo ves vos ese panorama?



Yo creo que los diversos movimientos que hemos conocido en los años 90 (indígenas, rurales, urbanos, piqueteros en Argentina), que surgen en pleno proceso neoliberal, todos han sufrido profundas crisis que incluso ponen en juego su futuro. Hay muchos movimientos que se han debilitado, otros que han mutado, como es el caso del movimiento piquetero en Argentina. Por otro lado, hay otros movimientos que han elegido recostarse en el Estado. Y yo no hablo de cooptación, porque en este caso hay una decisión que han tomado estos movimientos. Otros se han mantenido autónomos, pero todos atraviesan una crisis muy fuerte. Visto dos décadas después del surgimiento de algunos de estos movimientos, yo creo dos cosas. En primer lugar, que hubo movimientos que han sido capaces de reinventarse, como el caso del zapatismo (más allá de las limitaciones que antes mencionábamos), donde la mitad de sus integrantes hoy tienen menos de 20 años. Y tienen dinámicas de una sociedad nueva que ya están construyendo, con sus escuelas, colegios, hospitales, espacios de producción y de poder. Y otros, como el MST en Brasil, que siguen como antes, solo que ya ha pasado el ciclo petista, y hoy se encuentran muy limitados. Ninguno puede cambiar el mundo, pero siento que el MST no se ha renovado. Y muchos otros también. Pero es parte de la vida de los movimientos, que nacen con mucha fuerza, luego se estabilizan y tras un período muy largo tienden a decaer, se achanchan, es natural en los seres humanos, y en los movimientos. Pero junto con eso, surgen nuevas conflictividades. Por ejemplo, en toda la zona andina, contra la minería. Capaz no hay mucha gente involucrada, pero son pequeños colectivos que han logrado victorias muy importantes. También tenés una lucha contra la soja y sus efectos, en donde Córdoba es el epicentro de Argentina. Y los nuevos fenómenos de emergencia de movimientos juveniles. Brasil culminó 2016 con mil colegios ocupados. Está bien: tienen miles de colegios, pero no es un dato menor que haya mil colegios ocupados demandando por la educación. Y lo más nuevo, donde también Argentina es el epicentro, con el movimiento de mujeres: los Encuentros Nacionales, el Ni Una Menos, y el movimiento estudiantil chileno y una nueva conflictividad que surge con los Fondos Previsionales Privados que desata un movimiento de millones de familias en las calles. Entonces tenés viejos movimientos que se van quedando, otros que se han pegado a los Estados pero también una renovación muy interesante. La clave, para mí, pasa por ver si los viejos movimientos son capaces de conectar con esta nueva conflictividad, el nuevo activismo más pobre, popular, periférico. La marcha de la gorra, digo, ¿no? Pero hay una situación particular donde aún hay gobiernos progresistas, como es el caso de Bolivia, donde el Pacto de Unidad, que comprendía a cinco grandes organizaciones, se quebró. Y dos de las históricas organizaciones, que en 2011 convocan a la Marcha del Tipnis, son quebradas por el gobierno de Evo. Entonces, a qué voy con esto más allá del caso puntual: que en todos lados los movimientos tuvieron que transitar desafíos muy tremendos y no han logrado salir fortalecidos. En México tenés la guerra, con 200.000 muertos y desaparecidos. ¿Cómo creces en ese contexto? Por supuesto, hubo resistencias puntuales que han surgido y se han fortalecido. Y ahí tal vez esté el futuro, en ver cómo esas nuevas rebeldías que están surgiendo no queden silvestres, aisladas


Recién mencionábamos la lucha de las mujeres, que en Argentina podríamos pensar con una historia más de mediano plazo, que incluye a las Madres de Plaza de Mayo y a las piqueteras. ¿Cuál es el fenómeno de novedad política que vos ves en esta emergencia, tanto en Argentina como en otros países de América Latina?

Yo lo que veo, por un lado, que Argentina es un país muy particular. Porque yendo aún más para atrás de lo que vos recientemente mencionabas, tenés a Eva Perón en los años 50. Y Evita no es cualquier cosa: es la figura del peronismo. Porque si vos vas a las casas peronistas, ¿quién está? Está evita en la cocina, con su altar. E incluso en los gorilas. Porque los gorilas transigían con Perón, pero con Evita no, Evita los odiaba. Después está el feminismo, que en su primer momento fue un feminismo blanco, bienhablado, universitario. Pero después uno puede pensar que aparece el espíritu de Eva a través de Hebe, “La Gorda”, un espíritu plebeyo, rebelde, imposible de frenar. Y de las piqueteras, donde –vos te acordarás-- había una fuerte presencia de mujeres, porque ahí estaba la comida, aunque probablemente en el piquete se vieran más varones, aunque también había mujeres. Yo hace poco estuve en Córdoba, y participé de dos asambleas: una del Encuentro de Organizaciones y otra de la Federación de Organizaciones de Base. En ambas el 80% estaba integrada por mujeres, y además hay asambleas propias de mujeres. Y ya no son mujeres académicas sino plebeyas, de los sectores populares. Claro: uno puede decir que si hay mayoría de mujeres es porque hay comida, por los niños, porque ahí está la posibilidad de la sobreviviencia. Y claro, sí, algo de eso hay. Pero me alegro de ver que son los sectores populares y no la Universidad (aunque en la Universidad también pasa) los que empujan para que haya una paridad. Porque hace treinta o cuarenta años esto también pasaba. Estaban los gordos en los sindicatos, y no las gordas. Pero no puede dejar de tenerse en cuenta que los procesos no son prolijos, avanzan con desequilibrios. Y hoy asistimos al proceso de emergencia de las mujeres. Mirá, te pongo otro ejemplo de allá de tus pagos: cuando fui al norte de Córdoba, en Sebastián Elcano, en un pueblo de 2.000 personas había mujeres que habían asistido al Encuentro Nacional de Mujeres. Entonces uno dice: ¡la pucha! En otro plano, por ejemplo en Brasil, una de las críticas que se le hace al gabinete de Temer es que no hay ninguna mujer. Y en los movimientos sociales son las mujeres pero también sus hijas e hijos, porque no participan ellas solas. Y respecto del feminismo, ya se puede ver que es un feminismo de otro tipo. No es un feminismo de tesis doctoral de la academia, sino uno más plebeyo. Y varios feminismos: uno negro, otros indígenas, comunitarios, como en Bolivia. Este involucramiento masivo de las mujeres en la política debe ser visto por nosotros, los varones, con alegría, porque da cuenta de una multiplicidad de actores y por otra parte tenemos que perder el miedo, pero eso es la vida. También nos desafían nuestros hijos, que nos acusan, y debemos desandar la madeja y no rechazar en bloque. Recuerdo que hace años, un militante de la Coordinadora Aníbal Verón me decía: “si a los pibes que están en la esquina fumando pasta base los metemos en el movimiento es un triunfo. Claro que triunfo que a la vez es un problema, nos metemos en un flor de quilombo, pero es mejor tenerlos adentro, porque afuera son objeto de la represión policial”. Yo creo que eso está bueno, es mejor tener esos líos y no un lío de papel de tesis doctoral. Con eso tenemos que lidiar. En eso estamos. Es como si las capas tectónicas de la estabilidad temblaran.


Para cerrar y más allá de la política actual del Frente Amplio, quería preguntarte si considerás que en Uruguay hay algo así como una “mística tupamara”. Digo, viste que en Chile se habla de una “mística MIR”. ¿Puede pensarse algo así acá?

Es muy buena tu pregunta, aunque muy difícil de responder. Creo que por supuesto existió una mística tupamara hasta el golpe de 1973. Después renació en 1985. El entierro de Sendic fue un momento muy importante en ese sentido. Él murió en Francia, lo trajeron y para el sepelio había gente que ni siquiera era de izquierda y que salió a las calles, porque Sendic fue un síntoma de dignidad, un símbolo el tipo entregado a una causa, que no se rinde, muy querido sobre todo entre los sectores populares del campo, muy austero. Un hecho de los más importantes de la post-dictadura en Uruguay. Y si bien no es santo de mi devoción, por más de que lo conozca y haya tenido con él un buen trato, creo que Pepe Mujica basa algo de su enorme prestigio internacional en parte de esa mística tupamara, que yo la resumiría en la austeridad. Y la austeridad no es un tema menor en la política revolucionaria. Y Sendic fue el ejemplo máximo de esa austeridad. Yo, cuando me crié en la militancia del MLN, en esos años la consigna era “Ser como el Che”, y Sendic era eso. Y el Pepe recupera algo de eso: porque vive austeramente en una chacra, porque anda siempre con el mate, porque tiene un perro de tres patas, porque no le molesta que se rían de él. Y con todo lo que implica ser presidente, donde la mística tupamara no se hizo política de Estado, sí está el prestigio del Pepe, que comparado con otros presidentes de la región, uno ve un culto a la vida sencilla. Recuerdo una vez que tuvo una polémica pública con Cristina, donde ella insistía en que había que consumir y el Pepe se opuso e hizo un llamado contra el consumismo. Así que si se puede hablar de una mística tupamara en ese sentido, creo que a nivel de Estado el que mejor lo ha encarnado fue el Pepe. Pero después, en los barrios, hay miles de pequeños tupas. Te pongo un ejemplo en ese sentido. Hace un tiempo fui a Paysandu, que había unos productores rurales en huelga en la puerta de una planta. Y había una mujer, María Elia, que es la hermana gemela de Lucía Topolansky, una de las fundadoras del MLN. Y cuando nos vamos, después de estar ahí como dos horas, la veo a María Elia con una bolsita de alimentos y en vez de ir y entregárselos delante de todos, llama a un militante de los naranjeros en huelga y le arrima su solidaridad. Eso para mí tiene que ver con la ética tupamara, que tiene que ver mucho con la mística. A nivel macro, de política de Estado, esa mística se perdió, aunque el Pepe la recoge. Pero a nivel de la gente que está en la base, sean viejos militantes o jóvenes, retoman esa ética, esa mística tupamara que creo que hay que cuidarla y preservarla, porque no quedó encerrada en la organización, sino que está presente en miles de pequeños lugares. Yo creo que está bien que esa parte, esa parte buena de la ética de los años 70 siga presente, y que lo haga bajo la forma de una ética de la vida.

sábado, 4 de febrero de 2017

El #4F: 25 años después y la Venezuela Bolivariana



El chavismo sigue siendo el nombre de una inspiración Latinoamericana*

Por Mariano Pacheco


Si bien los orígenes de esta experiencia pueden rastrearse en los inicios de la década del 80 del siglo pasado (en 1983, para el bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar, se conforma el Movimiento Bolivariano Revolucionario, el MBR-200), tal vez el hecho de que su visibilidad primera se deba a un frustrado intento de golpe de Estado, casi una década después (con la sublevación del 4 de febrero de 1992), pueda ayudarnos a entender por qué este movimiento no tuvo eco en el ámbito de las izquierdas latinoamericanas hasta 2002, o incluso después, más allá de que la revuelta popular de 1989, conocida como el “Caracazo”, suela ser contada entre las batallas (de hecho, una de las pioneras) libradas en el continente contra el “Nuevo Orden Mundial”. Seguramente la sombra del “Plan Cóndor” y las huellas de los procesos de Terrorismo de Estado todavía estaban muy frescas en el Cono Sur, como para mirar con buenos ojos el accionar de algún grupo de militares nacionalistas. El hecho es que –la bibliografía al respecto es abundante– el “caso venezolano” fue un poco a contramarcha de ese proceso de dictaduras que partió en dos la historia reciente de nuestros países, dejando a sus espaldas una verdadera fosa de sangre, huesos maltrechos y cadáveres aun sin enterrar.
Con una composición social proveniente mayoritariamente de los sectores populares, muchos de ellos empobrecidos (en la década del 90 los hogares pobres del país llegaron a abarcar el 40% de la población), sin intervenir como en otros sitios de la represión interna y con una formación de los miembros de sus Fuerzas Armadas atravesada por el “profesionalismo” y el tránsito por los claustros universitarios (donde los cuadros militares se familiarizaron con los estudios económicos y políticos, pero también sociológicos y culturales), lejos –muy lejos– de la de sus pares latinoamericanos (cuya formación estuvo centrada en la doctrina promovida por la Escuela de las Américas), la oficialidad joven venezolana creció con un ideal ligado al orgullo nacional de sus ancestros patriotas, en clara contradicción con su realidad más inmediata, signada por un contexto de profundas asimetrías económicas y sociales y una intensa degradación política.
Esta “rareza” puede explicar entonces, en algún punto, por qué recién con el golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente constitucional Hugo Chávez Frías, la experiencia bolivariana aparece como interesante ante la mirada de las izquierdas –sobre todo las “nuevas”–, hasta entonces referenciadas casi exclusivamente con el desarrollo alcanzado en Brasil por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierras (MST) y los indígenas alzados en armas el 1 de enero de 1994 en las montañas del sures mexicano, cuyos pasamontañas, junto con nombre –Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) –, se transformaron en un emblema, en una marca identitaria de las rebeldías y ansias de transformación política y social de las nuevas camadas de jóvenes militantes de todo el continente.
Por supuesto, con la declaración de diciembre de 2004 junto a Fidel Castro, donde se lanza la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el rol del “chavismo” en las batallas contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la posterior asunción de la Revolución Bolivariana como socialista (además de nacionalista-anti-imperialista), este proceso se acentúa, al punto de colocarse –Venezuela– a la cabeza de las referencias continentales.

Genealogías
El chavismo (el propio Chávez) fue un verdadero hacedor en el trazado de genealogías. Basta recordar la historia, relatada por el propio Chávez, en la que cuenta cómo su bisabuelo pasa de ser un bandido que huía de la autoridad, a prácticamente un héroe de la independencia, todo mediante una investigación que él mismo realiza para desmentir las versiones que circulaban en su familia. El chavismo como movimiento, desde el vamos, buscó tender puentes entre la experiencia que comenzaban a transitar, con figuras de la talla de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.
“Que los pueblos se gobernasen por sí mismos” (Bolívar), que “aprendan a gobernarse por sí mismos” (Rodríguez) y “Tierras y hombres libres; elección popular; horror a la oligarquía” (Zamora), son lemas que el chavismo supo encontrar en la historia nacional, y ponerlos a jugar en nuevas coyunturas, en esa operación típicamente benjaminiana, tan frecuentemente repetida, que sostiene que “un secreto compromiso de encuentro” se teje entre las generaciones del pasado y las actuales. “¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga del aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?”, se preguntaba Walter Benjamin en sus Tesis sobre el concepto de historia. Siguiendo al autor de “La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica”, podemos decir entonces que la valentía y el humor, la confianza en sí mismo están presentes en la lucha de clases de modo tal que ponen en cuestión “los triunfos que alguna vez favorecieron a los dominadores”, porque “quienes dominan en cada caso son los herederos de todos los que vencieron alguna vez”. Valentía, humor y confianza en sí mismo que Chávez supo cultivar en vida, y que hoy se presenta como legado en el chavismo, es decir, en el pueblo venezolano encolumnado para sostener, defender y profundizar la Revolución Bolivariana.
Por supuesto, no es por afán historicista que Chávez apeló, y hoy el chavismo sigue apelando, a esas figuras y momentos clave del pasado nacional. Se sabe: rescatar una historia tiene sentido si sirve para poder interrumpir el andar y mirar hacia atrás, para tomar aliento y continuar con la marcha. Entonces, si sirve, poner el foco en que lo grande que alguna vez ha existido para pensar que puede existir otra vez, sean los momentos de la independencia o los mejores tramos del chavismo. La nostalgia chavista, la idolatría chavista, puede asimismo ser el peor enemigo del chavismo, en tanto apuesta por una revolucionar de manera permanente el proceso bolivariano. Entonces, junto con una consideración monumental de la historia, una “consideración crítica de la historia”, esa que de tanto en tanto toma el martillo para despedazar el pasado, porque todo lo que fue, también, en algún punto, merece ser sentenciado: disolución del ayer por la fuerza, dejando espacio para la invención en el presente. 

*Extracto del ensayo “El chavismo es el nombre de una inspiración Latinoamericana”, publicado en el libro Chavismo por argentin@s (editorial El perro y la rana, Caracas, 2016, versión digital).