lunes, 1 de junio de 2020

Montoneros: 5 hipótesis, 50 años después


A 50 AÑOS DEL ARAMBURAZO

Por Mariano Pacheco*


Aspectos políticos, sociales y culturales de una irrupción histórica. Revisiones libres de morbo.

I- Conjurar el morbo y restituir los efectos a las causas
El 6 de septiembre de 1974, en la víspera de conmemorarse el cuarto aniversario del “Día del Montonero” (en homenaje a Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus, caídos el 7 de septiembre de 1970 en la localidad bonaerense de Willian Morris), Norma Arrostito y Mario Eduardo Firmenich brindan en la revista Causa Peronista la que hasta el día de hoy será la versión oficial del “Operativo Pindapoy” del Comando Juan José Valle que ambos integraron junto a otros ocho hombres para secuestrar a Pedro Eugenio Aramburu, someterlo a “juicio revolucionario” y dictaminar a través de un “Tribunal Revolucionario” –en un acto denominado de “Justicia popular”-- que el dictador de 1955 era condenado a muerte. En el Comunicado Nº 3, del domingo 31 de mayo de 1970, Montoneros informa que Aramburu se “reconoce responsable” de cuatro cuestiones: 1) haber “legalizado”, el 9 de junio de 1956, la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada; 2) haber condenado a muerte a 8 militares considerados inocentes por un Consejo da Guerra; 3) haber encabezado la represión del movimiento político mayoritario representativo del pueblo argentino; y, 4) haber profanado y desaparecido el cadáver de Eva Perón.
Corta la bocha”, como dice el dicho popular. Más allá de que se enuncian otras cinco cuestiones que el militar no reconoce, el general antiperonista es condenado a “ser pasado por las armas”, hecho que se consuma al día siguiente, según consta en el 4° comunicado del 1° de junio de 1970.
De allí en más, durante 46 años, el periodismo canalla ha intentado, cada vez, volver sobre el tema en búsqueda de quien sabe qué. Esa es la versión oficial de la organización, aparecida a la luz pública con ese acontecimiento (que pasó a al historia bajo el nombre de “Aramburazo”, apenas un año después de “El Cordobazo”) y no parece tener mucho más sentido que el morbo ahondar en búsqueda de algún otro detalle.
Tanto en la posición de Fernando Vaca Narvaja y Roberto Cirilo Perdía en su entrevista con Bernardo Nestaudt de 1991, como en otras numerosas entrevistas a Mario Eduardo Firmerich que hoy pueden encontrarse en youtube, la hipótesis central que restituye el efecto de la ejecución de Aramburu a sus causas históricas en la voz de la Conducción Nacional de la organización es la del argumento catalogado como “guerra civil intermitente”, fechado su inicio en 1955, cuando el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón es derrocado por un golpe de Estado extremadamente violento, que bombardea población civil en Plaza de Mayo, y luego instaura una dictadura que llega no sólo a encarcelar, perseguir y obligar al exilio a peronistas, sino también a torturar y fusilar, en una dinámica que con sus idas y venidas, su intercalar gobiernos dictatoriales y gobiernos elegidos por el voto pero con el peronismo proscripto y con su líder en el exilio, perdurará hasta 1973, cuando Héctor Cámpora triunfe en las elecciones del 11 de marzo. El obrero metalúrgico Felipe Vallese (desaparecido) y los “Héroes de Trelew” (fusilados), son los nombres más conocidos de ese proceso permanente de violencia política ejercido desde lo más alto del poder del Estado para reprimir a la clase trabajadora y los sectores populares, mayoritariamente identificados con el peronismo.
Algo de todo esto queda plasmado, asimismo, en la introducción a las “Bases para la Alianza Constituyentede una Nueva Argentina”, texto firmado por el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, fechado en enero 1982, que sostiene incluso una temporalidad más larga: “La historia nacional argentina está signada por una intermitente guerra civil a veces encubierta y a veces violentamente desembozada. Este enfrentamiento aún inconcluso se inició en los albores mismos de la independencia en 1810; su persistencia a lo largo de ya más de 170 años a pesar de las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas acaecidas en el país, más aún, la continuidad de los mismos apellidos, como los Mitre, los Paz y los Martínez de Hoz, contra los mismos enemigos, como los montoneros; la reiteración de las mismas falsas opciones como civilización o barbarie, solo puede explicarse por la esencia misma de esta lucha ya casi bicentenaria. Se trata del enfrentamiento entre las fuerzas que pretenden el pseudo progreso del país a partir del capital imperialista venido desde el exterior, y las fuerzas que pretenden el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales expandiendo el mercado interno. Por eso es que con las abismales diferencias que separan a la formación social de hoy, de aquella de hace 170 años, los dos polos de este enfrentamiento aun inconcluso mantienen sus mismos nombres: pueblo y oligarquía”.
En otro lenguaje y temporalidad –por supuesto-- pero en el mismo afán de conectar los efectos con sus causas estructurales podemos situar las más recientes reflexiones del crítico cultural británico Mark Fisher, quien en su libro “Realismo capitalista” sostiene que, sobre “la sospecha pomodernista que se vierte sobre los grandes relatos”, en el siglo XXI suele soslayarse la causa determinante del capitalismo de los diferentes problemas y malestares que se nos presentan por separado.
Tomar al “Aramburazo” como hecho aislado conlleva a un análisis unilateral, que no es otro modo de negar la historicidad en la que dicho acontecimiento se inscribe. Así, y sólo así, nuestra bellas almas progresistas –junto con las reaccionarias-- pueden escandalizarse ante un uso popular de la violencia política.


II- Gestar la propia Máquina de Guerra (Popular y Prolongada)
Lejos del morbo entonces, lo que nos interesa rescatar aquí son una serie de enseñanzas que la “ejecución” del dictador (ya haremos referencia a la importancia de disputar también en el lenguaje los sentidos de la historia) han dejado para las generaciones militantes. Por lo menos, quisiera rescatar cuatro:

1) La importancia de condensar en una figura emblemática, como fue Aramburu, al enemigo del proyecto popular (si bien podría haber sido Rojas, aún más odiado en el peronismo por su acérrimo gorilismo, Aramburu lograba combinar en sí la figura del enemigo histórico –uno de los responsables del derrocamiento del peronismo-- y del enemigo inmediato –posible figura de recambio del régimen--).

2) La elección de un nombre claro de cara a las masas, fácil de recordar, de pronunciar, de gritar en cánticos, a diferencia de esas sopas de letras (FAR, ERP, PRT, FAP, PCML, OCPO, FAL) que confunden más de lo que aclaran (resulta emblemático, y ácidamente gracioso el poema “Siglas”, de Néstor Perlongher).

3) La capacidad de leer en clave “nacional” una tendencia Latinoamericana, e incluso mundial: carácter urbano de la guerrilla, identidad popular local del proyecto emancipatorio (resulta emblemático aquí el aporte en torno a izquierda y peronismo que realiza en 1971 Carlos Olmedo, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en su debate con el Partido Revolucionario de los Trabajadores,).

4) Necesidad de dinamizar la propia justicia, institucionalidad y sistema de defensa popular, la “máquina de guerra”, dirían los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari, para referirse a esa otra justicia, ese otro movimiento, ese otro espacio-tiempo, con un origen y naturaleza radicalmente diferente al del Aparato de Estado (aparato que es necesario tomar en el camino de su disolución –en términos más estrictamente de la teoría crítica del Estado-- para dejar lugar a esas otras formas de institucionalidad popular, más democráticas y participativas).


III- El ciclo montonero y los lugares comunes
La revisión histórica de la experiencia montonera, tal como el periodismo argentino la ha encarado en estas décadas, tiene el problema de volver una y otra vez sobre los mismos temas. En cada oportunidad en que se ha entrevistado a alguno de los miembros que han quedado vivos de la Conducción Nacional (se comienza por omitir, desde el vamos, la enorme cantidad de cuadros de conducción que han sido asesinados por la represión, o han caído en combate enfrentándola), se les ha preguntado, una y otra vez, acerca de lo mismo. A saber: algún nuevo detalle que pueda “revelarse” del Caso Aramburu (1970); si los sucesos trágicos de Ezeiza fueron realmente una masacre o si Montoneros participó de (o “propició”) un enfrentamiento (1973); si mataron o no a José Ignacio Rucci y el sacerdote Carlos Mujica; por qué se enfrentaron con Perón aquél emblemático 1° de mayo o más bien, qué entienden del hecho de que Perón “los haya expulsado de la Plaza”; qué pasó con el dinero del secuestro de los hermanos Born y qué autocrítica se hace por haber pasado a la clandestinidad durante un gobierno constitucional (todos episodios de ese intenso 1974); por qué atacaron el cuartel de Formosa (1975); por qué se exiliaron los miembros de la CN (1976/1977); por qué “mandaron a los perejiles al muere” durante la Contraofensiva y qué hay de cierto del “pacto con Massera” (1979), hasta desembocar –ya en posdictadura-- en la banalización de la experiencia de la organización guerrillera más poderosa de América Latina reduciéndola a sus exponente más problemáticos: Patricia Bullrich y Rodolfo Galimberti.
Lo peor de todo es que ya casi todos estos temas fueron contestados, incluso tempranamente, al poco tiempo de producido cada uno de los hechos enumerados.
Salirse de estos lugares comunes, entonces, resulta fundamental para poder hacer “decirle algo” a esta experiencia.


IV- El “trabajo” sobre el “archivo”
Tal vez sea la hora de asumir el desafío de promover un interrogante que pueda conducirnos a un debate profundo sobre los modos de revisitar la historia argentina de la segunda mitad del siglo XX: ¿no padecemos de un exceso de periodismo literario?
El abordaje de las décadas del sesenta y del setenta se torna un nudo fundamental para indagar el conjunto del pasado nacional, porque allí se concentran los núcleos centrales del enfrentamiento de los diferentes (antagónicos) proyectos de país. “Trabajar” el archivo, entonces, puede ser una tarea estratégica. El abordaje de los testimonios de quienes protagonizaron esos procesos es aún posible, aunque no por mucho tiempo más (y de hecho ya han partido de este mundo figuras fundamentales de esta historia). También es notable la cantidad de documentos a disposición de quien quiera estudiar, interiorizarse sobre el tema.
Así y todo, resulta sugestivo que sobre la experiencia global de Montoneros siga siendo “Soldados de Perón”, de Richard Gillespie, el libro sobre Montoneros de mayor referencia, publicado en 1982. También que sea de fines de los noventa el último (a su vez, quizás el único) intento por escribir una historia global de las militancias de los sesenta/setenta (los tres voluminosos tomos “La voluntad”, de Eduardo Anguita y Martín Caparrós). Incluso en el plano cinematográfico, es de 1996 lo que entiendo es el único film sobre Montoneros (“Cazadores de utopías, de Eduardo Blaustein), extenso documental que aborda el fenómeno de la organización en el contexto del peronismo, de Perón a Menem (pero incluso esta película, poblada de numerosos e importantes testimonios, no cuenta con la palabra de los miembros de la Conducción Nacional).
Obviamente, se han publicado trabajos específicos, entre los que podríamos mencionar los relatos en primera persona de los propios Perdía, “El peronismo combatiente en primera persona”, y Vaca Narvaja, “Con igual ánimo”, así como “Final de cuentas”, de Juan Gasparini; “Perejiles”, de Adriana Robles; “Recuerdo de la muerte”, de Miguel Bonasso; “Memorial de guerra larga”, de Jorge Falcone; “Los del 73: memoria montonera”, de Jorge Lewinger y Gonzalo Leónidas Chaves (y éste último, también, “Rebelde acontecer”); “Lo que mata de las balas es la velocidad”, de Eduardo Astiz; “La buena historia”, de José Amorín; “La guardería montonera: la vida en Cuba de los hijos de la Contraofensiva” y otros de investigación de personas ajenas a la experiencia, como “El mito de los doce fundadores”, de Lucas Lanusse; “El tren de la victoria”, de Cristina Zuker; “La montonera. Biografía de Norma Arrostito”, de Gabriela Saidón; “Un fusil y una canción. La historia secreta de Huerque mapu, la banda que grabó el disco oficial de Montoneros”, de Ariel Zak y Tamara Smerling; Montoneros y Palestina. De la revolución a la dictadura”, de Pablo Robledo “Noticias. De los Montoneros”, de Gabriela Esquivada; “Ideología y política en El Descamisado”, de Yamilé Nadra y “Fuimos soldados”, de Marcelo Larraquy (incluyo humildemente, en esta enumeración, mi libro “Montoneros silvestres. Historias de resistencia a al dictadura en el sur del conurbano: 1976-1983”, y el listado seguramente podría ser ampliado, sumando otras publicaciones). Muchos trabajos, como puede verse, algunos muy bueno, unos cuántos pésimos. Todo ésto sin contar las numerosos poesías, obras de teatro, cuentos y novelas que, desde la literatura, también abordan la historia montonera (han sido omitidos los libros que abordan biografían de militantes montoneros, y también, aquellos de la industria cultural elaborados directamente con el fin, no de pensar la experiencia, sino de demonizarla, defenestrarla).
Finalmente, no puede dejar de mencionarse el inmenso trabajo de archivo elaborado por Roberto Baschetti, con su monumental obra de compilación de “Documentos del peronismo revolucionario”, que en siete volúmenes aborda el período 1955-1983.


IV- Las batallas de la memoria
El proceso abierto con la movilización del 24 de marzo de 1996 ha resituado la discusión sobre
los años setenta, en general, y sobre la experiencia de Montoneros, en particular. Así y todo, los años macristas han sido un duro golpe a todo ese imaginario que durante dos décadas pujó por despenalizar la discusión política respecto del pasado y despejar del debate la “Teoría de los dos demonios”. Se sabe: la derrota electoral de un proyecto de gobierno conservador no implica necesariamente el retroceso social de los microfascismos que puedan circular por la sociedad.
De allí que la memoria siga siendo un campo de batalla, presente en tanto que abordar el pasado nacional implica una posición actual, y un proyecto de país por el que se lucha (soberanía política, justicia social, emancipación) o que se pretende abortar.
Los años progresistas de la larga década kirchnerista implicaron avances en muchos aspectos de la política de derechos humanos, pero también un memorialismo (por momentos moralistas), que en su combate a las más retrógradas miradas sobre el pasado no logró “hincar el diente”, “hundir el cuchillo” como quizás aún haga falta hacerlo para profundizar la discusión en torno a las identidades militantes, las estrategias, los proyectos políticos en pugna antes de la última dictadura, y el rol estructural que el terrorismo del “Proceso de Reorganización Nacional” vino a jugar en la metamorfosis de la Argentina, que en sus trazos gruesos aún padecemos.
El filósofo Walter Benjamin insistió, en sus “Tesis sobre la historia”, respecto de la necesidad de poner a salvo a los muertos cuando el enemigo vence, y también, la importancia que la memoria de los pasados esclavizados tiene para no interrumpir ese secreto compromiso de encuentro que es susceptible de establecerse entre las generaciones del pasado, y cada actualidad. Por su parte, otro filósofo maldito, como lo fue Nietzsche, supo destacar que la historia, en su modo “monumental”, podía empequeñecer la capacidad de creación en un presente determinado, pero también, podía funcionar como imagen inspiradora cuando, en momentos de desánimo, el caminante puede detener la marcha, caminar hacia atrás y decirse: algo así de grande ha existido alguna vez; algo así de grande podrá llegar a existir de nuevo alguna vez, con otros modos, bajo otras condiciones.
Qué duda cabe que con sus aciertos y errores, la de Montoneros es una de aquellas grandes gestas que nuestro pueblo, o al menos franjas de ese peronismo, supieron protagonizar. Si en toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que se propone subyugarla –como insiste Benjamin-- se torna fundamental asumir aniversarios tan emblemáticos como el medio siglo transcurrido desde la aparición de Montoneros, como un desafío para encontrar en ese pasado la chispa que pueda encender toda la esperanza para la gran obra de transformación económica, política y cultural que los condenados de la tierra de este mundo aún se merecen protagonizar.

*Nota publicada en revista Zoom.

viernes, 29 de mayo de 2020

Huerque mapu (o el peronismo montonero hecho canción)


A 50 AÑOS DEL ARAMBURAZO

Por Mariano Pacheco*


Capítulo del libro Cabecita negra. Ensayos sobre literatura y peronismo (editorial Punto de encuentro, 2016), donde se aborda la experiencia de la banda que elaboró un disco para contar la historia de la resistencia peronista.


Una canción puede despertar conciencias y una bala puede apagarlas.”
Andrés Calamaro


Resulta paradójico que el marplatense Juan “Chango” Sosa, quien fuera la punta de lanza del proyecto musical que tomará el nombre de Huerque Mapu (“mensajeros de la tierra”, en lengua mapuche), no haya estado como integrante del grupo ni siquiera en el debut artístico.
Como sea, él –que era amigo de Juan Cedrón desde la infancia, cuando el “Tata” iba a la costa a veranear– fue quien “craneó” con el neuquino Naldo Labrín el armado de una banda. Así fue como el Chango hizo de intermediario para que sus integrantes se pusieran en contacto. Y se subió a los escenarios del “protogrupo”, el 22 de agosto de 1972, dando inicio a una historia que fue narrada en detalle por los jóvenes periodistas Tamara Smerling y Ariel Zak, en el libro que la editorial Planeta publicó en 2014: Un fusil y una canción. La historia secreta de Huerque Mapu, la banda que grabó el disco oficial de Montoneros.
Sin lugar a dudas, la “casona de Mansilla”, situada al 2800 de aquella calle del barrio porteño de Palermo, fue el “cuartel general” donde muchos músicos, pintores, poetas, cineastas, escritores de la época encontraron un lugar, no solo para vivir sino para socializar y proyectar iniciativas de intervención cultural. Allí el Chango le alquiló una pieza a Naldo, y entre mates, charlas y guitarras, surgió esta iniciativa, de la que finalmente el Chango se bajó porque priorizó otros rumbos políticos y laborales (era soldador en los astilleros de Astarsa y militante de izquierda). Eso sí, fue el eje a partir del cual el grupo de música decidió participar del festival que se realizó en el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, el 22 de agosto de 1972, con el objetivo de juntar dinero para los presos políticos, y los obreros de Sitrac Sitram que se encontraban en huelga en la provincia de Córdoba. Mientras tocaban, se enteraron de que un grupo de combatientes de las FAR, el ERP y Montoneros habían sido fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar. Mientras interpretaban la canción “La tonada de Manuel Rodríguez”, realizada sobre un poema de Pablo Neruda, el Chango le cambió la letra, y el guerrillero asesinado ya no fue uno sino varios, y no en Til Til sino en Trelew.
Nueve meses después, con Hebe Rosell en voz, vientos y percusión; Naldo Labrín y Tacún Lazarte en guitarras; Lucio Navarro en charango y Ricardo Munich en violonchelo, Huerque Mapu debutó oficialmente en los escenarios porteños. El Teatro Payró se llenó aquel 24 de mayo de 1973, horas antes de la asunción de Héctor Cámpora a la presidencia de la Nación. Un “acontecimiento musical”, según lo definió en sus páginas el diario La Opinión. Ese mismo año grabaron Hueque Mapu I. Su primer disco, de 11 canciones y 39 minutos, vendió alrededor de 600.000 copias.
En octubre de 1973, el entonces Secretario de la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, Nicolás Casullo, llevó al grupo una propuesta elaborada por la mismísima Conducción Nacional de Montoneros: querían que Huerque Mapu grabara una “versión argentina” de algo así como una mezcla entre las canciones anarquistas italianas y las republicanas de la Guerra Civil Española. El resultado fue la Cantata Montonera, en la que el propio Casullo escribió algunas partes, bajo el seudónimo de H. Suárez. Tal como lo había pedido la Organización, el disco no comenzó el 17 de Octubre de 1945: arrancó con “El Aramburazo”. El objetivo en esa decisión era el de crear un nuevo relato sobre la historia del Movimiento y, a partir de allí, instalar nuevas canciones y consignas para que cantaran los militantes. La idea final era disputarle el protagonismo a la vieja “Marcha Peronista”, relatan Zak y Smerling.
La Cantata” salió bajo el sello “Discos para la Liberación”, y se grabó durante dos meses en el prestigioso estudio Ion, situado en la calle Hipólito Yrigoyen, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Entre los artistas invitados figuran Rodolfo Mederos (bandoneón) y Manuel Picón, Irene Tapia y Olga Manzano en voces, más un grupo de militantes de distintas unidades básicas peronistas que aportaron en los coros.
La voz del “narrador” estuvo a cargo de Eduardo Rodríguez Arguibel, un estudiante de teatro y militante del Movimiento Revolucionario 17 de Octubre, que trabajaba en una empresa telefónica e integraba la Lista Marrón del Sindicato de Telecomunicaciones (enrolado en FOETRA).
Se presentó en el Luna Park el 28 de diciembre de 1973, en el “Festival Peronista por la Liberación y la Reconstrucción Nacional”, organizado por la Juventud Peronista-Regional. Diez días antes, en una nota publicada en El Descamisado (“10 canciones montoneras”), puede leerse que la idea del disco fue basarse en los motivos de la música nacional, como la milonga, el gato, el malambo, la chacarera y la ranchera. En la entrevista que le realiza el periódico, el grupo explica cada una de las canciones. La primera (“Memorias del basural”) es sobre “El Aramburazo”. Una milonga que va contando los sucesos mientras un coro, voces solas sin música, relata el momento en que juzgan, sentencian y ejecutan a Aramburu, cuentan. La segunda (“La ´V´ de La Calera”) es sobre el copamiento de la localidad cordobesa. El motivo de la “V” de la victoria que hace un compañero que cae preso, explican. La tercera (“Fernando y Gustavo”) es sobre la muerte de Ramus y Abal Medina en la localidad bonaerense de William Morris. Acá sentimos que la letra y la música debían ser cálidas, que reflejaran que Fernando y Gustavo no son dos superhéroes sino dos compañeros, señalan los integrantes del grupo, mientras continúan su repaso tema por tema. Respecto de la cuarta canción (“Garín”), que rinde homenaje a los combatientes de las FAR que tomaron esa ciudad para presentarse públicamente, dicen que es un tema “alegre, picaresco”, cuya intención era reflejar como se burló ese día la “aparatosidad militar de la dictadura”. Sobre “Juan Pablo Maestre”, el quinto tema, comentan que la búsqueda, a través de la copla, fue gestar un monólogo ficticio en donde su mujer, Mirta Misetich (detenida junto a él el 13 de julio de 1971, aún permanece desaparecida), le habla al militante asesinado. El sexto tema (“Combate de Ferreyra”) aborda la caída del comandante de las FAR, Carlos Olmedo, junto con otros tres combatientes. El séptimo (“El Negro Sabino”) está basado en una poesía que había publicado El Descamisado para el aniversario de la muerte de El Negro, cuyo autor no figuraba, pero que después se supo que fue Alberto José Molinas Benuzzi, asesinado junto a María Victoria (la hija de Walsh) y otros militantes en el denominado “combate de la calle Corro” (29 de septiembre de 1976). Las últimas tres canciones son “Pueblo peronista”, dedicada a todas las mujeres y hombres que lucharon en el transcurso de esos 18 años; “Trelew” (un “aleluya”) y finalmente “Montoneros”, una marcha. Sobre la anteúltima canción, “Los Huerque” dicen que si bien el hecho de los fusilamientos fue muy “triste, desgarrador”, esos caídos no son pasado sino presente. Y por eso los aleluyas, los “presentes”, que es todo lo que se escucha en la canción, junto con el nombre de los asesinados. Respecto de la marcha de cierre, expresan los músicos, no es más que una arenga –bombos mediante– a la lucha por el socialismo nacional.

***
Si uno hace el ejercicio de juntar, a modo de collage, todos los relatos que aparecen en el disco recitados por la voz en off, puede construir una suerte de cuento o saga de relatos sobre el peronismo, que es lo más cercano que la literatura del período (1945-1975) estuvo de dar cuenta del fenómeno peronista durante esas tres décadas.
A modo de homenaje a Walter Benjamin, quien construyó un inmenso libro solo con citas, glosaremos los recitados de este disco, con el afán de ensayar esta serie de relatos sobre el peronismo. Lo mismo se podría hacer compilando las letras de las canciones, sin los recitados: hacer un gran poemario de amor y de guerra. Pero esa tarea se la dejamos al lector. Aquí nos limitamos a ensayar un esbozo de relato con la transcripción de las partes del disco donde habla la voz en off, que podríamos titular:


El peronismo según los Huerque Mapu”:

I-
1970. El pueblo peronista soporta la dictadura de las botas y monopolios imperialistas.
Pero va gestando su respuesta. Una nueva etapa de la larga resistencia iniciada en 1955, cuando las minorías oligárquicas derrocaron al general Perón.
En 1969 estalla el Cordobazo. Tiempo después, otras puebladas incendian la patria.
Mientras tanto la década del 60 ha traído el definitivo despertar de los pueblos del tercer mundo. La revolución cubana es una luz que persiste. Camilo Torres en Colombia, y la heroica muerte del Che en Bolivia, se suman como señales de un camino hacia la liberación latinoamericana.
Aquí, en nuestra tierra, ese camino tiene el nombre que decidió ponerle el pueblo con su sangre y su combate: movimiento peronista. Un líder: el general Perón. Una compañera inolvidable: Evita. De esta conjunción de vida, lucha y esperanza, del corazón mismo del pueblo peronista, nace una organización político-militar: Montoneros.
Es detenido para ser juzgado el general Aramburu: “Lo llevan prisionero por la tarde del pueblo. Fusil, tacuara y cielo es tiempo despertando. Puede que le pregunten la historia de los muertos allá en José León Suárez, allá lo van juzgando”.

II-
Primero de julio de 1970. Ciudad de La Calera, Córdoba, arriban columnas montoneras.
Son los comandos General San Martín, Eva Perón, Uturuncos y 29 de mayo. La ciudad será tomada y la dictadura militar sufrirá otra de sus grandes derrotas. Un combatiente hecho prisionero por el enemigo levantará su mano como símbolo de victoria…
Y fue esa vez un ejército de pueblo peronista el que tomó una ciudad para convertirla en sueño. En anuncio de alboradas. Fue en aquella ciudad de calles y de córdobas donde se reiniciaban guerras que nunca habían terminado. Que volvían de antiguas edades de la Patria cuando otros hombres se desangraron por el mismo sueño. Un ejército de pueblo golpeando en plena cara de la dictadura, con dos palabras que se repitieron infinitas: Perón Vuelve. Porque los combatientes habían llegado a proclamar primeros bandos de la liberación. Y fue desde tu sangre, Emilio Maza, que escribiste en La Calera la “V” de Venceremos.

III-
El pueblo se va alzando y se agudiza el enfrentamiento con el gobierno militar de los monopolios. Las organizaciones armadas asaltan destacamentos, expropian armas y caudales para el pueblo: brotan en fábricas y barrios ensanchando su horizonte político.
Siete de septiembre de 1970, las fuerzas represivas tienden una emboscada en William Morris. En ella caen, combatiendo, dos comandantes montoneros: Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus.

IV-
Fuerzas Armadas Revolucionarias, las FAR, otra organización político-militar que se rebela en armas contra la opresión y los proyectos del imperialismo. Aunque juntamente con Montoneros y descamisados crecen desde la única bandera de resistencia y triunfo que levanta la lucha popular: el peronismo. Se arman los nuevos combatientes, será el pueblo el que ofrece sus hombres y el resguardo. Treinta de julio de 1970, las columnas de la FAR toman militarmente la ciudad de Garín, provincia de Buenos Aires.

V-
Los proyectos proimperialistas del gobierno encuentran en el pueblo, como siempre, la última frontera, la impasable: FAR y Montoneros, la patria peronista en armas, crecen y se expanden a lo largo y ancho del país. En la dura lucha también sufren derrotas y retrocesos, compañeros muertos y apresados. Impotente el régimen apela al secuestro, a torturas salvajes, al crimen, como Baldú, como Pujals, como los compañeros Verd, también Juan Pablo Maestre y Mirta Misetich, combatientes de las FAR, son asesinados a sangre fría por los comandos armados de la antipatria. Allí mueren los dos: en una conjunción de amor y militancia, que estremecerá al pueblo en lo más hondo de su sentimiento. Juan Pablo y Mirta, Mirta y Juan Pablo. Quizás podamos imaginar que fue ella, esa última noche, la que habló a su compañero, o recordó como nunca aquella frase: en una revolución, se triunfa o se muere.

VI-
Así como las burocracias conciliadoras pactan y ceden ante la dictadura, FAR y Montoneros ya están en el corazón del pueblo. Ya son parte de aquello que anunciara Evita: “el peronismo será revolucionario, o no será nada”. Se lucha por el retorno de Perón a la patria y al poder, se lucha por el triunfo popular. Córdoba: el gobierno lanza sus tanques contra los obreros de la empresa imperialista FIAT: hay represión y cientos de despedidos. Un operativo preparado por combatientes de la FAR, de la FAP y Montoneros fracasa. En el combate de Ferreyra mueren Villagra, Baffi, Teressini, y el comandante de las FAR: Carlos Olmedo.

VII-
Perseguido durante días y días por las fuerzas represivas. Acorralado en tierras de Alta Gracia por cientos de buitres, que siguen sus huellas, se resiste y se desangra el negro Sabino Navarro, peronista y combatiente montonero. Apretá los dientes, negro, “Perón o muerte”, andarás diciendo en el final. A cuerpo y bala te vas confundiendo con el cielo de tu patria. ¡Vamos comandante! ¡Hasta la victoria!

VIII-
Los que dan la vida y los que negocian, los leales al general Perón, y los que conciliaron durante tantos años. Ya lo decía Evita: los descamisados y los alcahuetes, el pueblo peronista y los que traicionan, como si no lo supieran, compañeros. ¿De qué lado estuvieron Valle, Cogorni, Vallese, Mussi, Retamar, Capuano Martínez, Pujadas, Simona, Rasseti? ¿Y dónde estuvieron los otros...?

IX-
Veintidós de agosto de 1972: el pueblo no gasta palabras para esa fecha. Un sólo nombre: “Trelew”. Y toda una historia de luchas se agolpa en dieciséis comandantes que ofrendaron su vida. Esa sangre que el pueblo jamás negociará, ¡porque es su sangre!

X-
Y creció el pueblo montonero. “Perón o muerte” fue su consigna. “Libres o muertos, jamás esclavos”. Fue esa historia de rebeliones y sangre popular. “¡Viva la patria!” fue el saludo y la esperanza. La patria se hizo joven, la juventud se hizo patria. Y el general Perón volvió desde cada uno de los pechos y fusiles peronistas para ponerse al frente de la liberación. Y con el “Tío” reventamos las urnas. Y Perón fue otra vez presidente de su pueblo: se cumplió un sueño, aquél sueño de viejos peronistas que allá por el cincuenta y cinco no se rindieron. El sueño de sus hijos: de Abal Medina, de Olmedo, de Sabino, de tantos compañeros que dieron la vida por su pueblo y por Perón. La lucha no ha terminado. FAR y Montoneros se fusionaron en una sola organización político-militar: Montoneros. Hay que organizarse, pertrecharse, consolidarse y unirse en cada fábrica, en cada barrio, en cada rincón del país, para alcanzar la victoria, y que la clase trabajadora peronista conquiste el poder. Lucharemos entonces por la patria peronista, que será como la quiere el pueblo: ¡montonera y socialista!

***
La síntesis lograda en la grabación del disco, de todos modos, no dejó muy contentos ni a los integrantes de la banda ni a los dirigentes montoneros. Nunca fue fácil el vínculo entre estética y política, entre cultura y revolución, entre creatividad artística y disciplina militante. Y este caso no sería una excepción. El ejemplo más claro, narrado por Zak y Smerling, puede verse graficado en el resultado de la canción dedicada a Ramus y Abal Medina, los dos íconos de la dirección de la organización, caídos en los primeros pasos de la experiencia montonera. En Un fusil y una canción… puede leerse el testimonio de Labrín, quien había pedido ayuda a su amigo Manuel Picón para su composición. También puede leerse, completa, la bella poesía que quedó como resultado… de la que solo se incorpora en la versión final que puede escucharse en el disco (escrita por Casullo)… una sola frase.
De todos modos, y más allá de las diferencias y tensiones que recorrieron el proceso, el resultado logró emocionar ampliamente a la militancia de la Tendencia Revolucionaria.
Como para cerrar el año, tras el festival, “Los Huerque” fueron tapa del N° 31 de El Descamisado, el último de ese 1973 tan intenso y tan particular. “La historia del pueblo cantada para el pueblo”, dicen los grandes titulares, arriba de una foto sacada desde arriba y desde atrás del escenario, en donde puede verse al público y a la banda, con sus pantalones marrones de corderoy de botamangas anchas y ajustados en la parte de arriba (un “look” de época. Una contraseña generacional). Debajo, en letras más chicas, puede leerse:
En un festival organizado por la Juventud Peronista Regional, los Huerque Mapu presentaron diez canciones que relatan la gesta histórica de los Montoneros.
La gesta histórica de un pueblo luchando por su liberación. De un pueblo que entregó a sus mejores hijos para que Perón sea presidente.
De un pueblo que sigue entregando a sus mejores hijos para lograr la definitiva liberación de nuestra Patria”.
La Cantata” se tocó completa, por segunda y última vez, el 11 de marzo de 1974, en el primer aniversario del triunfo peronista en los comicios, luego de 18 años de proscripciones. Fernando Vaca Narvaja y Marcos Osatinsky, ambos de la Conducción Nacional de Montoneros, estuvieron en el escenario. Sus palabras no fueron muy entusiastas. No se equivocaban en los malos augurios que anunciaban: un mes y medio después, Perón los echaba de la Plaza de Mayo. Cuatro meses más tarde, el viejo líder se moría, y los comandos parapoliciales dirigidos por “El Brujo” López Rega comenzaban la estocada.
En 1974, de todos modos, junto al grupo de Teatro Popular de Bahía Blanca, Huerque Mapu presenta en el sur del país la “Cantata de Santa María de Iquique”, y también participa en festivales en Córdoba y Buenos Aires (Cosquín y Baradero). En 1975 graban Huerque Mapu II, su tercer y último disco en el país. Cuatro décadas después, al salir publicada la biografía del grupo, el hermano de una de sus integrantes (Hebe Rosell), el reconocido músico Andrés Calamaro, escribió la frase “Una canción puede despertar conciencias y una bala puede apagarlas”, ya citada como epígrafe de este capítulo. Nada más cerca de lo que pasó. Los integrantes de Huerque Mapu partieron al exilio europeo. Permanecerán en España una década. El retorno fue a otra Argentina. La de los dos demonios. La que aún no podía procesar la derrota de esa gran apuesta por la revolución.

LINK PARA ESCUCHAR EL DISCO:
*Nota publicada en La luna con gatillo

jueves, 28 de mayo de 2020

La pandemia y los desafíos para una salida popular en la Argentina


APORTES A LA DISCUIÓN

Por Mariano Pacheco y Mariano Rodolfo Martín
(Agencia Paco Urondo)


La pandemia y el trastocamiento de los equilibrios en la geopolítica mundial; los descalabros en el Norte Opulento y los desafíos en Nuestro Sur; el impuesto a la riqueza en Argentina, las intervenciones militantes en el Estado y las propuestas políticas para avanzar en una perspectiva popular de salida de la crisis.



La aldea global
Un mundo multipolar, atravesado por tensiones y disputas tanto de orden comercial como de posicionamiento geopolítico de las grandes potencias, es el que tenemos ante nuestros ojos.
Superada la crisis global de la burbuja especulativa inmobiliaria de 2008, EE.UU se propuso el autoabastecimiento petrolero, y en poco más de 10 años, logró conquistar dicho objetivo. Por unos pocos meses fue el primer productor de crudo en el mundo, superando incluso a Arabia Saudí, al mismo tiempo que alcanzaba el pleno empleo con recuperación del salario real. Mientras tanto, Europa debatía su devenir ante la salida del Reino Unido de la Unión Europea; China continuaba su crecimiento económico, ininterrumpido año tras año desde 1978, en su camino a convertirse –en poco más de una década-- en la gran potencia económica mundial, superando en PBI a EE.UU; Rusia se ubicó en el papel de país que logra “contener” militarmente a EE.UU (el caso sirio es elocuente en dicho sentido).
Mientras todo este proceso se desarrollaba en dichos países, el Sur experimentó retrocesos notables, tanto en el plano económico (pérdida de conquista de ciertos derechos adquiridos o recuperados en los años del “ciclo de gobiernos populares o progresistas”) como en el geopolítico (UNASUR, CELAC, entre otras).
En ese marco, un Acontecimiento logra en semanas, días incluso, trastocar todo el orden establecido.
La pandemia del Covid19 es un Acontecimiento, inédito y único: la difusión de los contagios de país a país, de continente a continente, se verifica en 12 o 24 horas por vía aérea. Queda más que claro que, en el Nuevo Orden Mundial establecido pos caída del muro de Berlín, el capitalismo está más globalizado que nunca, y no hay país que pueda sustraerse de la lógica que ordena el mercado mundial. A diferencia de otras pandemias, que por motivos de circulación de personas eran más lentas o restringidas, el coronavirus llega de un modo u otro a todas las poblaciones. Efecto del mundo global y la interconecxión actual, es la catástrofe humanitaria, sanitaria y económica más veloz de toda la historia de la humanidad.
Si bien inicialmente EE.UU, el Reino Unido y otros países europeos (también Bolsonaro sumó a Brasil en nuestro continente) privilegiaron la economía en desmedro de la salud pública, no fue motivo suficiente para detener la parálisis de económica.
En siete semanas, desde el primer contagio, EE.UU perdió –según cifras oficiales-- 36 millones de puestos de trabajo (a un promedio de 5.500.000 trabajadores desocupados por semana). La caída del consumo y la parálisis económica empujó a las refinerías a acumular reservas de crudo ante la caída del precio del barril (tras la disputa entre Arabia Saudí y Rusia, a fines de marzo, que ubicó al barril en 30 dolares por unidad). Por exceso de stock acumulado y sin tener compradores (en el ya histórico 20 de abril de 2020) el barril se desplomó un 305% y cotizó al final del día 37 veces por debajo de cero. En las semanas siguientes recuperó cierto valor, entre 15 y 25 dolares el barril.

***
Ante la negligencia o ignorancia asociada a la soberbia de ciertos gobernantes, los países que más padecieron y aún padecen los contagios cuentan por decenas de miles a los fallecidos: no pudieron evitar el colapso del sistema sanitario y las escenas de fosas comunes o camiones frigoríficos en las puertas de los hospitales para resguardar los cuerpos (ya que los servicios fúnebres también colapsaron), resultan dantescas, mientras sus economías continúan estrellándose cada día.
Valga este breve repaso para dimensionar dos elementos fundamentales del actual momento político: por un lado, la velocidad de propagación del virus –del que aún se sabe poco--, a partir del cual podemos dimensionar el impacto catastrófico que sobre el sistema sanitario puede tener si no se toman medidas extremas de “aislamiento social preventivo”; por otro lado, la profundidad de la contracción económica a nivel global, con sus consecuentes impactos en las economías “nacionales”.

¿Y en nuestro Sur?
Resulta casi imposible, hoy, realizar una aproximación a qué tipo de mundo arribaremos en el periodo post-pandemia. Pero independientemente del modo en que cada país encare las formas de sobrellevar las consecuencias sanitarias, humanas y económicas del gran Acontecimiento, Nuestro Sur parece estar en mejores condiciones políticas para enfrentar la misma emergencia, aún sin contar con las mejores condiciones objetivas con las que cuenta el Norte Opulento.
El continente no se encuentra en el mejor de los momentos políticos, sobre todo si tenemos en cuenta que por la pandemia se detuvo el proceso ascendente de luchas populares en Chile y que, muy por el contrario, no se detuvo el también proceso ascendente pero de hostigamiento contra la Venezuela Bolivariana, apenas meses después de que Evo Morales fuera desalojado del gobierno en el hermano Estado Plurinacional de Bolivia por un Golpe de Estado orquestado desde el Norte.
Así y todo, existen en Latinoamérica, entendemos, resquicios de un poder popular capaz de articular políticas ante los tan deslegitimados modos de abordar la crisis en los países centrales, y una memoria del corto plazo en donde se ejercieron poderosas resistencias al neoliberalismo, y se ensayaron durante más de una década formas de gestión estatal que buscaron correrse, al menos un poco, de los dictados imperiales para su patio trasero.
Cabe recordar que Brasil y Argentina encabezaron los países del continente con mayores índices de rechazo a las políticas imperiales cuando, en noviembre de 2003, se realizaron las votaciones impulsadas por la “Campaña Continental Contra el ALCA, la Deuda Externa y la Militarización”, los tres ejes centrales sobre los que se asentó la dominación neoliberal. Dos meses antes, ambos países ya habían oficiado como voceros Latinoamericanos en Cancún, cuando Estados Unidos y Europa reclamaban un comercio unidireccional. De allí en más, es innegable el cambio en materia de política internacional por parte de los países de la región en lo que hemos denominado el “ciclo de gobiernos populares y progresistas”. La reconfiguración del Mercosur y la negociación en bloque tanto en el ALCA como en la OMC dieron cuenta de una voluntad de expresar otro modo de enfrentar el vínculo desde estas latitudes con el poder imperial. La Cumbre de Mar del Plata, en diciembre de 2005, entierran definitivamente las aspiraciones norteamericanas de implementar el ALCA y dan paso a un proceso en el cual Venezuela Bolivariana comienza a ganar terreno y lanzar una serie de iniciativas en las búsqueda por hacer efectivo un suelo mínimo de unidad regional.
Hoy el panomarama es mucho más desalentador en términos de capacidad de actuar en bloque, y tras el Golpe en Bolivia y con Brasil gobernada por la derecha, Venezuela se encuentra mucho más aislada y Argentina mucho más limitada. Así y todo, y si bien la situación también es muy diferente a la de 2005, el gobierno de Alberto Fernández viene dando señales respecto de cómo nuestro país pretende enfrentar el tratamiento de la deuda externa.

Independencia económica/soberanía política
El 16 de abril pasado el gobierno argentino presentó su oferta de reestructuración de deuda con los bonistas privados: quita de USD 41.500 millones y tres años de gracia.
La propuesta para la reestructuración de deuda implica una “mayor reducción de intereses que de capital” y, en ese sentido –precisó el gobierno-- se trata de una “reducción de capital de US$ 3.600 millones de dólares, y una reducción del pago de intereses de US$ 37.900 millones, que equivale a una quita de intereses del 62%”.
Según el decreto 250/20, que dio luz verde al canje, la deuda privada bajo legislación extranjera a reestructurar sería de poco mas de 62 mil millones de dólares. “Del otro lado, piden más ajuste fiscal, más rápido y en más cantidad. Eso destruiría las oportunidades de millones de personas en la Argentina y es algo que no vamos a permitir”, definió el ministro de Economía Martín Guzmán. Inicialmente, los bonistas privados rechazaron la oferta y se inició el clásico tira y afloje. Al día de hoy (22 de mayo) es casi seguro de que el plazo de negociación de la deuda sea extendido.
La resolución de la deuda externa en términos favorables para la Argentina resulta crucial respecto de las posibilidades de sortear de la mejor manera posible no sólo esta coyuntura crítica, sino también los próximos tres años y medio. El periodo de gracia que contempla ese período no solo refiere al no pago a los acreedores privados, sino también al FMI, tal como fuera señalado por Alberto Fernández, tanto durante la campaña electoral como una vez asumida la presidencia de la nación. Es el tiempo que el país necesita para recomponer el aparato productivo, severamente dañado tras los cuatro años de gestión macrista, y la emergencia de la pandemia que paralizó aún más la economía durante las últimas semanas. Entre las consecuencias virtuosas esperables pueden enumerarse:
1) La recuperación de trabajo.
2) Una mayor recaudación impositiva y acumulación de Reservas en dólares.
3) Recomposición de la pequeña y mediana empresa.
4) Aumento del consumo interno y mejora de la situación de los sectores más castigados por la crisis, así como de los sectores asalariados, jubilados y pensionados.

Por todo esto la cuestión de la deuda resulta fundamental en esta coyuntura, en tanto que la historia Argentina ha ratificado en más de una oportunidad aquél lema que sostiene que no hay soberanía política sin independencia económica.

No hay Justicia social posible sin afectar otros intereses
En medio de la crisis que el país atraviesa, en el contexto de la pandemia que azota al mundo, una propuesta de “Impuesto a la riqueza personal” –ni siquiera a las empresas-- ha comenzado a circular en las filas del oficialismo, y los sectores de poder han puesto el grito en el cielo. Con la iniciativa se pretende recaudar 3.000 millones de dólares, aportados por alrededor de 12 mil contribuyentes.
Hace más de ocho semanas que empezó la cuarentena, cinco que se comenzó a discutir el Impuesto a la riqueza y tres que la Corte avaló las sesiones virtuales del Congreso, ya que el Ejecutivo no puede crear impuestos. Pasado ya más de un mes desde que Alberto Fernández se reuniera con los diputados del Frente de Todos Carlos Heller y Máximo Kirchner (puntales de la propuesta), esta semana los tres volvieron a juntarse, y el presidente ratificó con mayor firmeza el impulso inicial, tras casi un mes de impasse.
Si bien la medida no modificaría en nada la situación estructural del país, viene siendo fuertemente resistida por los sectores de poder, históricamente reacios a cualquier tipo de reformas en favor de mejorar la calidad de vida de los sectores populares. Esta medida –que podríamos caracterizar como “de mínima”-- podría contribuir a destrabar cierto atolladero en el que el país se encuentra actualmente.
Y así como podemos tener cierta cautela frente a los planteos que desbordan optimismo respecto de la posible crisis del capitalismo en medio de esta pandemia mundial, también cabe llamar la atención sobre la hendija que toda crisis abre.
El desafío está abierto: sobre todo respecto de la creatividad política de la que seremos (o no) capaces de ejercitar en este contexto. Contamos, además, con unas “reservas de dignidad” presentes en la historia corta, mediana y de largo plazo de nuestro pueblo que dan cuenta de un recorrido rico en experiencias. También existen en la actualidad organizaciones populares que han logrado introducir agendas y militancias en la nueva configuración estatal.
Así como en numerosos países del mundo hoy se discute cuánto aumentar el ya existente “impuesto a la riqueza”, en la Argentina está pendiente el debate sobre la posibilidad de implementarlo, y contar con los fondos necesarios para abordar esta crisis con mayor justicia social, en un contexto en donde la extensión de la cuarentena se puede tornar asfixiante para por lo menos la mitad de la población trabajadora del país, que hoy se encuentra ejerciendo su trabajo por fuera de las relaciones formales de empleo asalariado.
La amplitud política y la diversidad social del Frente de Todos que derrotó a Cambiemos en las últimas elecciones expresa claramente una relación de fuerzas que no es de las más favorables para avanzar en los cambios necesarios que los sectores populares necesitan, pero expresa asimismo una determinada capacidad de reacción frente a un neoliberalismo abiertamente antipopular en sus postulados e iniciativas de gestión pasada que hoy se encuentra replegado pero también agazapado, es decir, que no ha sido totalmente derrotado.
Esta relación de fuerzas expresa asimismo –de manera paradojal-- una capacidad de intervención militante de proyectos populares en el Estado como quizás no había sucedido desde 1983 a la fecha, con una docena de Diputados Nacionales, por lo menos, que provienen del sindicalismo y los movimiento sociales, así como la ocupación de espacios tanto en carteras del Estado nacional, como Seguridad y Desarrollo social (donde incluso se creó una Secretaria de Economía Social, y una subárea de las Empresas Recuperadas por sus Trabajadores) como el flamante nuevo Ministerio de la Mujer (gestado tras años de luchas feministas), además de los espacios conquistados en las esferas provinciales y municipales, tanto legislativas como ejecutivas.
Espacios, todos estos, importantes dentro de la restrictiva institucionalidad actual –es cierto-- pero que así y todo pueden implicar un momento de avance en función de cambiar las relaciones de fuerza para avanzar en cambios más profundos, siempre y cuando sean espacios que cuenten con los presupuestos necesarios para que sus postulados no queden en buenas intensiones.
De allí la importancia de avanzar con el Impuesto a la riqueza, para que propuestas como las de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (la UTEP, el nuevo sindicato del precariado que agrupa a una enorme diversidad de organizaciones del sector), puedan ser viables. Entre otras cuestiones, la UTEP ha planteado la necesidad de avanzar en la creación de mil fábricas, un millón de viviendas, y un millón de chacras, como respuesta urgente y complementaria al establecimiento de un “Salario Mínimo Complementario Universal”, para todo trabajador y trabajadora de la economía popular que quede registrado en una nueva base de datos del Estado a partir de la cual se puedan tomar medidas políticas que permitan salir de la crisis actual con una perspectiva popular.

domingo, 24 de mayo de 2020

DEL LIBRO MONTONEROS SILVESTRES: "La Turca y Beto y la Resistencia a la última dictadura"

SEMANA MONTONERA: A 50 AÑOS DEL ARAMBURAZO
Por Mariano Pacheco

El domingo 27 de marzo de 1977 Adriana Lidia Kornblihtt se puso a escribirle una carta a Laura, su hermana mayor, que había militado en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y que ahora se encontraba exiliada en Roma.
La Petisa Pelirroja, como le decía Laura, le escribe además a Vicky, su otra hermana, también militante y exiliada, pero de Montoneros y en Milán. Aquellas líneas fueron garabateadas por la Turca mientras se encontraba refugiada junto a Beto en una casa ubicada en la localidad bonaerense de Hudson. Líneas dirigidas, conjuntamente, a sus dos hermanas, a su cuñado Esteban y sus sobrinos Este y Pauli.
En la carta, la Turca les cuenta de lo mucho que disfruta de esa estadía junto a Beto, descansando, y de lo cansador y mal pago de su nuevo trabajo en un taller textil.


Cuando me entrevisté con su hermana Vicky, en septiembre de 2005, todavía recordaba el día en que le llegó a Italia aquella carta que Adriana no terminó nunca de escribir. De repente se paró, buscó una caja, la abrió y entre fotos y recortes de diario apareció la correspondencia de aquellos años. Luego de acariciar suavemente el rostro de Adriana, quien la miraba desde un portarretrato, Vicky leyó en voz alta: “A mí también, me parece muy raro tener tan solo 15 años y llevar la vida que hago…”. Luego agregó: si querés, Mariano, podés irte hasta la fotocopiadora de acá la vuelta y sacarle una copia. Moví dos veces mi cabeza, dando a entender que sí, que luego lo haría.
Vicky me cuenta entonces la historia de su hermana, con paciencia y con una voz muy suave. Empieza desde el principio:
Cuando éramos chiquitas, cuando tenía 6 años, Adri -que era la menor- trataba de imitarnos en todo, todo el tiempo: era muy agrandada y muy inteligente. Aprendió a sumar en el jardín y, por eso, la adelantaron un año. ¡Era una adelantada y encima, siempre quería ser más grande! Así empezó a militar, en 7° grado, en el Frente de Lucha de los Secundarios, que respondía -creo- a las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación). Y ella se acercó a eso, imagínate que estaba en 7° grado… pero ya era discutidora. Para que te des una idea: escuchaba a Viglieti en vez de a Palito Ortega.
Adriana cursó sus estudios primarios en el Colegio Las Heras, ubicado en la intersección de las calles Julián Álvarez y Las Heras, en la Ciudad de Buenos Aires. Vivían, en ese entonces, a una cuadra de allí. Después, al igual que sus dos hermanas, entró a cursar el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Fue entonces cuando la Turca ingresó en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). En ese momento, su hermana Vicky militaba en la misma agrupación, junto a su novio (su compañero, como se decía) que era el responsable de la UES Capital.
Tiempo más tarde, luego de que las movilizaciones obreras de junio-julio del 75 desbordaran a la burocracia sindical, fortaleciendo los cuerpos de delegados y las comisiones internas nucleadas en las Coordinadoras Interfabriles, cuando la movilización popular logró desbaratar el plan económico del gobierno de Isabel Perón y expulsar del país al ministro de Bienestar Social, el “Brujo” José López Rega (organizador de las bandas parapoliciales de la Alianza Anticomunista Argentina, las 3 A), después de todo ese proceso -decía-  Montoneros fortaleció su estrategia de priorizar sus vínculos con los trabajadores industriales de los grandes centros urbanos del país a la vez que promocionó la incorporación de los militantes de las agrupaciones de superficie (Juventud Peronista, Juventud Trabajadora Peronista, Juventud Universitaria Peronista, entre otras) a la estructura militar de la Organización.
Y allí marchó la Turca: a vincularse con los estudiantes de los colegios técnicos del Conurbano, semillas de los futuros obreros que protagonizarían la revolución socialista en Argentina. Por eso fue una de las más decididas a la hora de abandonar sus tareas en un colegio de alto nivel, en la metrópoli, para pasar a cursar sus estudios en un colegio del Gran Buenos Aires. No le importó tener que viajar todos los días, cursar por un tiempo en dos colegios, dejar a Laura, Gabriela, Moira, su grupo de amigas, y cambiar de ambiente social. La convicción militante pudo más que todo. Tenía, entonces, 14 años. Pasó a la UES Avellaneda, primero, y luego a la de Lanús, donde conoció a Beto. Así transitó, rápidamente, de la UES a la estructura del Ejército Montonero. De la casa de sus padres a la convivencia con su compañero. Un pibe divino Beto -me cuenta Vicky-, un pibe de la villa, de ahí de zona sur. Era de una familia grande, como de ocho hermanos.
Ahora es 1977. La cosa está más complicada que nunca en el país. Hace ya un año que los militares golpean y golpean. De allí que la percepción de la situación política que Adriana expresa en su carta no sea muy alentadora: “Por acá, las cosas andan más o menos jodidas, como siempre”. Poco alentadora, sí, pero de todos modos, eso no la convence para dejar Argentina y marchar al exilio, como sus hermanas y tantos de sus compañeros. “Las cosas siguen -escribe-, ando con muchas ganas de seguir adelante”.
Cosiendo bombachas, al son de la recta, el overlock y el zig-zag, Adriana y Beto comenzaron a buscar una “sorpresa”. Aunque en la carta aclara: “todavía sin novedad”. La novedad, por supuesto, nunca se produjo. Ambos murieron, jóvenes, muy jóvenes. Como tantos, sin tener la oportunidad de conocer algunas de las maravillas de este mundo: tener un hijo, verlo crecer, meterse en su cama una mañana cualquiera, salir a pasear una soleada tarde de domingo.
Vicky habla de su hermana y parece, por la expresión de su rostro, que no hubiese pasado el tiempo. Pero si ha pasado, y ella es muy conciente. Casi una vida, dice. Y me cuenta que hace apenas un año, en octubre o noviembre de 2004, el Equipo de Antropología Forense encontró, entre otros 400 cuerpos, el de la Turca. Estaba en una fosa común, en el Cementerio de Avellaneda. Su rostro cambia nuevamente:
El cuerpo estaba entero. Recuperaron el cuerpo entero, una bombacha y un par de medias. Fue fuerte, porque del cuerpo sólo quedaban los huesos. Identificaron su cuerpo y el de una compañera, que yo conocía de Barracas.
Luego de tomar un mate continúa:
Mi hermana quería cremarla, pero dije: en este caso, no. Estuve 27 años buscando el cuerpo. Aunque la creme el año que viene, ahora no. Ahora necesito enterrar los huesos y tener un lugar de homenaje. En ese sentido -insiste- el entierro fue muy emotivo. Me sorprendió tanta gente que vino. Fue el homenaje de la gente que la conocía y la quería. Y también me llegaron cartas, de gente que la conocía y me agradecía. Se ve que cada uno recompone también un poco de su propia historia en esto. Para mucha gente era como si se hubiera muerto el día anterior. Porque congelaste el dolor y ese día volvés a ser aquella, aquel que fuiste. Porque encima te ves rodeado de la misma gente, más grande pero la misma.
Han pasado siete años desde que realicé aquella entrevista. Leo la transcripción que hice alguna vez, mientras escucho nuevamente la cinta. No es posible transcribir los tonos, pienso. Y continúo escuchando y leyendo lo que escucho. Vicky me cuenta que aquella mañana de 2004, en el Cementerio de la Chacarita, cada uno hizo su homenaje desde su lugar.
Mi hermana, por ejemplo, que vive lejos y no va mucho a verla, así y todo quiso hacerle un jardín, por si va alguien a verla, dice, que se encuentre con ella en ese jardín. Son maneras distintas de vivir lo mismo, ¿no? A mí, por ejemplo, no me importa si hay un jardín o no. Pero eso depende de cómo lo vive cada uno. Porque el duelo, la forma en que lo aborda cada uno, es muy personal. En el entierro fue lo mismo: estaban los familiares y los amigos de cuando era chica, que hicieron el homenaje desde un lugar determinado, no sé, desde el recuerdo que tenían de ella; pero también sus compañeros de militancia y las Madres de Plaza de Mayo, con un homenaje desde otro lugar, desde la lucha.
En fin, para el fin de este relato, quisiera quedarme con esas líneas que Beto, al final, le agregó a la carta inconclusa de Adriana: “No la sientan como a una hermana sino como a una compañera; así los sentimientos son mucho más integrales y sepan valorarlo. Sus 16 años son un ejemplo”.