viernes, 1 de septiembre de 2017

Cordobesismo y fin de ciclo



¿Qué pasó y qué puede pasar con el más macrista de todos los peronismos provinciales?


Córdoba: el triunfo arrollador de Cambiemos (otra vez) y el devenir del cordobesismo tras dos décadas en el poder. De agosto a octubre como radiografía del 17 al 19.


Por Mariano Pacheco
(nota publicada en revista Zoom)




Sin lugar a dudas la novedad de estas últimas elecciones fue la gran capacidad para nacionalizarse que tuvo el macrismo, más allá de la estructura nacional con la que contó (¿cuenta?) Cambiemos a través de sus socios de la Unión Cívica Radical (UCR). Cambiemos obtuvo el primer lugar en la disputa electoral en provincias propias, como Jujuy y Mendoza, pero también en Corrientes, Entre Ríos, Neuquén, La Pampa, Santa Cruz, además de arrasar en Córdoba y San Luis. Por otra parte, quedó en segundo lugar en 8 de las 9 provincias gobernadas por el Partido Justicialista/Frente para la Victoria (también obtuvo el segundo lugar en Misiones, Santa Fe y Provincia de Buenos Aires). Sólo en Chubut obtuvo el tercer lugar, con alrededor de 25% de los votos, según los últimos recuentos.
En la Córdoba, la actual victoria macrista se enlazan con un antiperonismo histórico en el largo plazo, un antikirchnerismo en el mediano y una exacerbación de las posturas reaccionarias en los últimos tiempos. No estaría de más recordar algunos antecedentes previos a la derrota aplastante del kirchnerismo en el ballotage de 2015, en donde Mauricio Macri obtuvo 71, 51% de los votos: en 1955 la autodonominada “Revolución libertadora” tuvo su cuna en Córdoba; en 1974 (aún antes del operativo Independencia en Tucumán), un golpe policial desalojó del Estado al gobierno popular encabezado por Atilio López y Ricardo Obregón Cano (“El Navarrazo”); durante el Proceso de Reorganización Nacional, con Lucio Benjamín Menéndez a la cabeza, la dictadura tuvo en la provincia a su sector más duro en la represión ilegal; y en 2008, durante la confrontación del gobierno nacional con las patronales agropecuarias, la provincia mediterránea supo cosechar los apoyos más activos para éstos últimos.
En las recientes elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), la fórmula Héctor Baldassi-Rodrigo De Loredo obtuvo el 45% de los votos en toda la provincia. Cuatro de cada diez cordobeses que habitan la capital (la ciudad que tiene uno de los índices de pobreza más elevados del país: el 40%), votaron por Cambiemos en estas últimas elecciones. Sin partido, sin aparato con arraigo en la provincia, el ex árbitro de fútbol logró imponerse primero como pre-candidato ante las presiones de un sector de sus aliados radicales, y luego –sufragio de por medio-- obtuvo más votos que Ramón Mestre (hijo), actual intendente de la capital provincial, quien en su mejor momento (2011) lo respaldaron alrededor de 100 mil votos menos que Baldassi en agosto de este año. Situación que, de repetirse, pondría en juego incluso las aspiraciones del joven correligionario para ser la cara de Cambiemos al frente de la boleta que le dispute la gestión del Estado provincial a este peronismo que ya lleva dos décadas consecutivas en el poder.


Para muestra, un botón
Uno de los festejos por el Día del Niño dejó una fuerte polémica en la ciudad cordobesa de Alta Gracia. Es que el lunes pasado un grupo de vecinos del barrio Villa Oviedo denunció que en un evento organizado por un centro vecinal, apoyado por la Municipalidad, se distribuyó una pelota con la inscripción de Martín Llaryora, el vicegobernador y candidato a diputado nacional por Unión por Córdoba. Más que un error, como se apuró a declarar en la prensa un funcionario municipal, parece un acto de desesperación.



No es para menos, si se tiene en cuenta el clima caldeado y de pase de facturas que el peronismo provincial vive puertas adentro (y no tan adentro) en estos días. Es que el triunfo (otra vez), de Cambiemos en la provincia parece venir a suplantar el universo simbólico con el que, hasta ahora, gran parte de la población de estas tierras encontraba para expresar sus posiciones conservadoras.
Algo del fenómeno que recorre la Argentina no estaría leyendo el peronismo cordobés, tan afín a auto-rotularse como “cordobesismo”, una suerte de isla derechosa capaz de marcar su propio ritmo más allá de la coyuntura nacional (así fue, al menos, durante los últimos años, donde el kirchnerismo, por ejemplo, no logró hacer pie en la provincia más allá de haberse perpetuado durante tres mandatos consecutivos en la gestión del Estado nacional).
En Córdoba parece enlazar la idea del cambio con el cambio: frente al kirchnerismo, el delasotismo (o el schiarettismo) eran la permanencia, pero ahora el macrismo se presenta como el cambio por derecha al kirchnerismo en el plano nacional y un cambio con permanencias -de políticas conservadoras- en el plano provincial.
Y si bien el diagnóstico público y tranquilizador del peronismo cordobés repite una y otra vez que el problema fue que la polarización Macri-Cristina se comió la elección (y que los cordobeses votaron para dejar en claro su rotundo rechazo a la posibilidad de un futuro retorno del kirchnerismo), todos saben que en agosto se pusieron en juego cuestiones más de fondo, que de repetirse en octubre resultados similares, comprometen el destino del esquema de poder puesto en juego en la provincia durante las dos últimas décadas. Por un lado, parece quedar claro que el voto conservador se desplazó desde el cordobesismo hacia la revolución de la alegría. Por otro lado, el voto sectorizado del campo acompaña claramente a la gestión nacional del ingeniero. Finalmente, parece quedar claro que la propuesta endogámica aparece desgastada. De allí los pases de facturas. La campaña del oficialismo provincial fue más que confusa: consignas como “El verdadero cambio” o “Defender a Córdoba” no convencieron a casi nadie. Por otra parte parte, las dos figuras fuertes de la política peronista provincial se mostraron prescindentes de jugar fuerte en la campaña, con la diferencia de que José Manuel De la Sota capitaliza de algún modo el hecho de no haber sido él sino el actual gobernador Juan Schiaretti quien cargara (otra vez), con el sabor amargo de la derrota. Recordemos que fue también bajo su gestión, en 2009, cuando el peronismo cordobés  salió tercero en las elecciones legislativas y se quedó sin senador nacional.


OpoOficialismo
En su clásico libro El arte de la guerra, el milenario estratega chino Sun Tzu advirtió: “conoce a tu adversario y conócete a ti mismo. De esa forma podrás enfrentar 100 batallas sin exponerte a un rotundo fracaso”. Por otra parte, el teórico prusiano Carl Von Clausewitz también había señalado en su libro De la guerra, siglos después, que el hecho de quebrar el frente de alianzas de los enemigos era una parte importante del arte de la estrategia.
Como desoyendo todas las conceptualizaciones al respecto, el peronismo cordobés no estaría pudiendo conocer a fondo a su nuevo adversario, y para mal de males lo estaría dejando agruparse junto a todos sus antiguos adversarios. Así, mientras Unión por Córdoba no sólo que no amplia su base de sustentanción sino que va perdiendo apoyos, Cambiemos logró unir los nuevos aires del Pro con las históricas estructuras radicales, más algunos elementos (entre ellos su principal dirigente) del juecismo, que hace apenas una década atrás se presentaba como la renovación de la política cordobesa ante el “pacto de co-gobierno” peronista-radical.
Al parecer tampoco el schiarettismo calculó bien el juego de acercamientos y oposiciones, y en su afán de presentarse como un gobernador amigo del presidente, no obtuvo reciprocidad que lo beneficiara en modo alguno. Haber logrado acuerdos en temas como la coparticipación, las obras de  gasoductos o por la Caja de Jubilaciones pudieron aparecer como buenos ejemplos de una gestión prolija y un modo de intervención política en la coyuntura responsable, pero muy difícil de traducirse en modos de acumulación frente al discurso de barrer con la pesada herencia, que en Córdoba, claramente podría ser también leída como la herencia pesada de un peronismo eternizado en el poder.
De allí que parte de las estrategias del peronismo cordobés, de ahora en más, se centren posiblemente en algunos ejes que al menos le permitan acortar la distancia de alrededor de 15 puntos de diferencia que sus rivales le sacaron en las PASO, intentando que su cuarto candidato (Daniel Passerini) ingrese al Congreso. Ya habrá tiempo seguramente para pensar en la proyección nacional, pero se sabe: no hay quien mande en el vecindario sin no mantiene la casa mínimamente en orden (y si bien el compañero Juan buscó erigirse como figura fuerte de la liga de gobernadores peronistas, de repetirse los resultados de agosto en septiembre más que pensar en encabezar armados nacionales en el 19 debería trabajar duro por dos años para no perder el frente interno).
De allí que todos los cañones parezcan apuntar hacia la temporalidad corta, la más inmediata. Entre las estrategias del oficialismo cordobés de cara a octubre del 17, en este sentido, parece estar dirigida a que “no se les escape la coneja”, es decir, hacer hablar al ex árbitro de fútbol, primer candidato de la lista de Cambiemos en la provincia mediterránea.
En una nota local reciente, la periodista Eugenia Marengo hizo hincapié en algunos elementos referidos a esta posible estrategia: en primer lugar, la puesta en caja de los intendentes peronistas, ya que Baldassi ganó en ciudades como Río Cuarto, Villa María, Alta Gracia y La Calera, todas de gestión oficialista. Por lo tanto, es probable que se los ponga a jugar a fondo en una campaña de baja intensidad, casa por casa, para recuperar al menos los votos peronistas. En segundo lugar, la estrategia también apuntaría a tratar de aumentar el nivel de participación ciudadana en los comicios de octubre, para que crezcaal menos en un 5% respecto de lo que fue en las PASO (alrededor del 70%). En tercer lugar, intentar visibilizar los problemas económicos que atraviesa la gestión nacional, sobre todo poniendo a jugar a sectores del sindicalismo y los movimientos sociales (una fracción de la CGT; el Movimiento Evita). El gran problema de este último elemento es que el 40% de pobreza en Córdoba sea leído como un problema de administración provincial y no como efecto de una mala gestión de la macroeconomía nacional y el tiro salga por la culata, corroyendo uno de los caballitos de batalla de la actual gestión provincial, o que la pesada herencia kirchnerista presente en el imaginario social se presente también asociada al peronismo cordobés, históricamente antikirchnerista (los “choriplaneros” y los “gremialistas” que ponen palos en la rueda para que el país no avance).


El goleador y el pibe renovador
Algo del discurso del sentido común respecto de lo anquilosado de la política argentina parece ponerse en juego hoy en la coyuntura electoral de Córdoba. La disputa entre las dos fuerzas principales de la provincia (el kirchnerismo “victorioso” salió tercero, allá lejos, con un 10%) se juega entre dos figuras prácticamente desconocidas hasta hace muy poco tiempo por la mayoría de la población cordobesa.


De un lado Martín Llaryora, actual vicegobernador en licencia de sus funciones, dos veces intendente y  presidente del PJ de la ciudad sojera de San Francisco (donde también había sido concejal), ministro de Industria de la gestión última de José Manuel De la Sota tras la crisis de gobernabilidad desatada por la “rebelión policial” de diciembre de 2013. Un gesto de reconocimiento del “Gallego”, luego de que el “joven renovador” (competía en las internas del peronismo provincial bajo el sello de Frente Renovador aún antes de que Sergio Mazza lo empleara en provincia de Buenos Aires) sacara el 22,5% de los votos frente a la lista oficialista que encabezó Juan Schiaretti en las PASO del 11 de agosto de 2013. O un gesto de disciplinamiento y puesta en caja de los díscolos, según como quiera leerse. Dicen que dijo José Manuel que en ese 2013 Llaryora (entonces con 40 años de edad) se recibió de “dirigente provincial”.
También en 2013 Mauricio Macri le dio la venia a Héctor Baldassi, “El Soplapito”, según la mueca burlona con la que lo bautizó “El Turco” Jorge Asís. El ex árbitro de fútbol internacional tenía entonces 47 años, nunca había actuado en política y centró toda su campaña para  las elecciones legislativas del 27 de octubre de 2013 insistiendo en el slogan de “La Coneja”, inentendible de no ser por los videos y spot publicitarios donde se lo veía y escuchaba contando que así le decían de niño, porque asistía al jardín de infantes con una bolsita que tenía una coneja que había sido bordada por su madre...
Gran debut, casi de goleador a pesar de haber obtenido el cuarto lugar: la lista del macrismo en Córdoba sacó 14,40% de los votos y con ese porcentaje logró entrar a la Cámara de Diputados de la Nación. Ahora Baldassi, para sorpresa de propios y ajenos, salió primero en las PASO. De repetirse o incluso de incrementarse ese caudal de votos, estaría ante un triunfo legislativo que lo ubicaría como un impensado candidato a gobernador de Córdoba, quitándole ese puesto a Ramón Mestre.
Dicen que Baldassi es limitado en sus análisis, como orador e incluso, que no tiene dotes para el liderazgo. Así y todo, cuenta con una ventaja de cara a “la gente”: se hizo “fama de justo” en los andares deportivos. 


Hace tres décadas Los violadores, banda de punk-rock argenta, cantaba: “fútbol, asado y vino… eran los gustos, del pueblo argentino”. Habrá que ver si Baldassi logra hacer una coctelera propia en la que logre incorporar los vientos de cambio que vienen de Buenos Aires con la idiosincrasia propia del cordobés. Tal vez ahí sí, fútbol, fernet y cuarteto, pueda desplazar al corbobesismo del poder. Por lo pronto ya cuenta con el visto bueno de Cadena 3, la poderosa empresa de comunicación que festejó el Día del niño junto a la banda sonora de la Policía de la provincia de Córdoba, obsequiando regalos a los primeros 30.000 niños y niñas que asistieron al lugar. Niños que tal vez pasen a integrar en algunos años la lista de jóvenes asesinados en casos de gatillo fácil, que Córdoba tiene el triste récord de encabezar en las estadísticas de casos en el país.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Indios, Gendarmes y Fronteras

Conflicto mapuche. Editorial en La luna con gatillo

Por Mariano Pacheco
(La luna con gatillo/Resumen Latinoamericano)
 
 
La historia ya nos resulta tan pero tan conocida que se torna una redundancia volver a contarla. Solo para recordarle a la ministra Patria Bullrich (la piba Luro de Pueyrredón) y para no abundar, recapitular brevemente:
El 1 de agosto Gendarmería Nacional ingresó a la comunidad Pu Lof en Resistencia (Chushamen, provincia de Chubut). Entraron sin orden judicial, reprimieron y, desde ese día -según declararon testigos- Santiago Maldonado permanece desaparecido. El joven había ido al lugar de visita y luego se quedó para solidarizarse con la comunidad agredida, que viene reclamando la libertad de Facundo Jones Huala, actualmente detenido en la cárcel de Esquel por una causa de extradición por la que ya había sido liberado.
Lejos de ponerse a la cabeza de la búsqueda de Maldonado, el Gobierno Nacional se dedicó a erigir toda una estrategia digna de la teoría de los dos demonios contra el pueblo mapuche: insistencia en vincular a Jones Huala con Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), una organización a la que -dicen- le han secuestrado importantes armamentos: serruchos, martillos, alguna hoz y otras herramientas de trabajo;  allanamiento de la vivienda de familiares de Maldonado (colocando a las víctimas en sospechosos), entre otras importantes iniciativas para esclarecer la “desaparición forzada” del muchacho. Por supuesto, a modo de remate: cuando allanaron Gendarmería los vehículos estaban lavados y no encontraron nada sospechoso en las instalaciones.
Mientras tanto Santiago sigue desaparecido y el Estado argentino, jugando a las escondidas (incluso Maldonado ya figura entre las personas buscadas por Interpol). “De acuerdo con las normas del Comité de Naciones Unidas que supervisa el cumplimiento de la Convención contra las desapariciones forzadas, basta la sospecha para que se activen las obligaciones del Estado de investigar el caso, no como si se tratara de una Persona Extraviada (según comunicó el secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, Claudio Avruj) sino como un detenido-desaparecido”, escribió Horacio Verbitsky en una nota publicada el domingo pasado en el diario Página/12.
El rostro de Maldonado se ha transformado en símbolo que inunda las redes sociales, que estuvo presente en numerosas manifestaciones y permanece en muchas paredes de este país, con excepción de la ciudad de Buenos Aires, donde la gestión Cambiemos mandó a “blanquear” los muros donde se veía su rostro o consignas exigiendo su aparición.
De fondo, el proceso de recuperación de tierras iniciado en marzo de 2015 es lo que parece no perdonárseles. Desde entonces, parte de las tierras de la estancia Leleque, propiedad de Benetton, ha retornado a la comunidad mapuche. La multinacional es el mayor terrateniente de Argentina, con un millón de hectáreas bajo su poder.
 
La indiofobia: una constante de la historia nacional
Mientras seguimos esperando que Santiago aparezca, pasó un nuevo aniversario de la muerte de Don José de San Martín. El mismo general libertador que escribió a los miembros del Ejército de los Andes:
“La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos; si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetita que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada..."
El mismo que, en su “Orden del 27 de julio de 1819”, arengó:
“Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.
Por supuesto, el discurso de la conquista fue mucho más allá y logró imponerse mucho más que las palabras pronunciadas por el “padre de la patria”. Incluso ese discurso no quedó en el lugar de la “antipatria”, sino que encontró sus fundamentos en otros íconos del panteón nacional, como Don Faustino Sarmiento y Julio Asesino Roca. Discurso hegemónico que encontró asimismo, en la “Campaña del desierto” (la “fase superior de la conquista española”, a decir de David Viñas) su momento fundamental e hizo de la indiofobia su estandarte, colocando a la cuestión indígena como “problema del indio”, situado entre dos polos muy claros: sometimiento o supresión. Polos que expresaron de modo cabal la teoría política que justificó la expropiación de sus tierras y que hoy retorna bajo el modo de la sospecha (¿quieren destruir el Estado nacional y fundar un Estado Mapuche en el sur del país?) y de la deslegitimación (además de anti-argentinos son violentos) que los coloca en la ilegalidad (hay que detenerlos porque son violentos).
La misma indiofobia que hoy también se ve expresada en los casos de Milagro Sala y Agustín Santillán, detenidos en Jujuy y en Formosa, respectivamente. La misma indiofobia que se expresa, por otra parte, contra los “negros choros” y los “pendejos merodeadores”, que si van a la cárcel tienen que agradecer y considerarse con suerte, porque en realidad la policía directamente los suele matar. Indiofobia que hace que incluso hoy muchos vean con malos ojos la desaparición de un joven artesano, “blanquito” aunque hippie-pata-sucia, pero que tal vez no dirían nada si la desaparición forzada se hubiese realizado contra un toba, un wichi o un mapuche (“nuestras bellas almas son racistas", sentenció alguna vez Jean Paul Sartre).
Ya no es el Ejército Argentino el que avanza sobre las tierras indígenas en nombre del progreso, extendiendo los límites controlados por el Estado, pero sí es la Gendarmería Nacional, que avanza sobre las tierras indígenas y las tierras recuperadas por otros habitantes de estas tierras para extender el control del capital sobre la soberanía nacional, cada vez más lejos de la soberanía popular. Por otra parte, los Gendarmes avanzan sobre las fronteras sociales que se imponen cada día para segregar a los pobres de los ricos, la gente bien de los que amenazan la bondad.
“El colono, cuando quiere describir y encontrar la palabra justa, se refiere constantemente al bestiario”, escribía Frantz Fanon para describir la situación de violencia colonial en su emblemático libro Los condenados de la tierra. El mismo bestiario que en nuestras tierras se llamó a veces indios, a veces gaucho, a veces cabecita negra y que hoy es también, como decíamos, negro choro, pendejo merodeador o agitador violento. Siempre, más allá de los nombres, lo que se produce es un proceso de desrealización de la marca humana en los cuerpos de los Otros. “La animalización de los indios, masas hirvientes de instintos desencantados, es el mecanismo de deshumanización por el cual la matanza se desrealiza”, nos recuerda Fermín Rodríguez en su libro Un desierto para la nación, en donde también afirma: “no hay allí violencia contra una forma de vida, porque esa vida ya estaba negada al momento en que el enemigo se representa como una fiera sedienta de sangre, fuera del límite de lo humano”.
Ya pudimos ver qué sucede cuando esa posición logra expresarse como terrorismo ejercido desde el Estado. Hace décadas atrás sus fundamentos tuvieron que brotar a punta de fusil desde los cuarteles de esas mismas fuerzas armadas que, más cerca de Roca que de San Martín, refundaron la patria sobre pilas de cadáveres que ni siquiera hoy se han podido encontrar.
Lo más triste, lo más preocupante, es que como la historia nunca se repite hoy no podemos esperar ver los tanques para alarmarnos. La explotación y la dominación es en la actualidad mucho más sutil, lo que no significa que no sea violenta, incluso extremadamente violenta cuando hace falta. Pero las más de las veces circula imperceptible, sin que nos demos cuenta, siendo elegida incluso, muchas veces, al menos por partes de importantes de nuestra sociedad.
Tal vez allí radique lo siniestro. En que probablemente la gestión Cambiemos sea la “etapa superior” del Proceso de Reorganización Nacional. Una reestructuración reaccionaria del país elegida por el voto popular.

*LA LUNA CON GATILLO: Una crítica política de la cultura: jueves de 19 a 20.30 horas en vivo por www.eterogenia.com.ar.
Fanzine digital de actualización diaria: https://lepondregatilloalaluna.blogspot.com.ar

martes, 15 de agosto de 2017

¿Qué tenemos para decir en esta coyuntura aquellos que no intervenimos en la disputa electoral?


De agosto a octubre: apuntes para pensar la coyuntura


Por Mariano Pacheco*
(@PachecoenMarcha)


Parece quedar claro que lo que se juega en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 13 de agosto no es las internas de cada coalición electoral sino la reconfirmación (o no) de las tendencias en las encuestas, de cara a la elección de octubre, que no planteará un cambio en las relaciones de fuerzas parlamentarias sino la validación (o no) en las urnas del proyecto de país instaurado en la Argentina desde diciembre de 2015, y sus posibilidades de profundización y consolidación. También parece haber quedado claro que la ofensiva conservadora en marcha sobre los sectores populares se asentó sobre ciertas bases estructurales de neoliberalismo inscripto en la gestión progresista del ciclo neodesarrollista, así como puso en evidencia las dificultades que los de abajo encontramos para oponer una barrera de contención a este nuevo proyecto de poder. Parafraseando al Colectivo El loco Rodríguez, podríamos afirmar que el triunfo electoral de un proyecto de país que históricamente se había impuesto por medio de la violencia directa implica una “derrota trasversal del campo popular”.
Sobre esta caracterización pensamos que debemos poder proyectar la resistencia popular anti-neoliberal asentada en una perspectiva que exceda las estrategias y las tácticas determinadas por cada grupo en particular. De allí que esconder las diferencias bajo el lema abstracto de la necesidad de la unidad popular, no aporte demasiado. Pensamos que debemos madurar cierto vínculo entre las organizaciones que permita poder asumir las diferencias en post de realizar acuerdos mínimos para cuestiones concretas
¿Qué tenemos para decir en esta coyuntura, entonces, aquellos que no intervenimos en la disputa electoral?
En primer lugar, se impone la necesidad de sostener una posición que remarque que las diferencias en el plano electoral no deberían poner en riesgo las posibilidades de coordinación en otras dimensiones. Por otra parte, asumir que si bien para muchos de nosotros la dimensión reivindicativa y la específicamente política no se nos presentan como escindidas (la lucha política es social y toda lucha social comprende una dimensión política), es necesario profundizar el proceso de politización de las bases de los movimientos sociales desde los cuales construimos. Si algo queda claro como balance de este primer año y medio de gestión Cambiemos es que no da lo mismo quien gobierne. Tampoco que podemos suponer que aquellos que son parte de determinadas luchas luego expresarán en las urnas una posición más o menos coherente con ese proceso de politización que vienen realizando. De allí que, si bien nuestra estrategia se sostiene sobre los pilares de principios como la autonomía y la construcción de poder popular (que implican una confrontación directa con este tipo de democracias –parlamentarias—que nos gobiernan), y nuestra táctica en esta coyuntura implica no disputar porciones del poder instituido participando de las elecciones de este régimen, procuremos de todos modos hacer los mayores esfuerzos porque, a la hora de votar, nuestras compañeras y compañeros no lo hagan por los candidatos de la casta política que concentra los pilares del proyecto de país al que nos enfrentamos. Si bien no realizamos campaña por ningún candidato, resulta fundamental que las bases de los movimientos sociales que integramos puedan discutir políticamente nuestra posición (la promoción de un proyecto sustentado en una democracia participativa y protagónica del pueblo), así como la necesidad de que, a la hora de votar, al menos se haga por los más cercanos, que no siempre son quienes comparten las luchas reivindicativas con nosotros, pero sí quienes comparten ciertas miradas respecto del país que no queremos y algunos rasgos del que anhelamos. O incluso, que puedan hacerlo por quienes consideran que pueden frenar en el ámbito parlamentario esta ofensiva conservadora, más allá de que de fondo nosotros cuestionemos la reducción de la política a la gestión y enfrentemos la concepción del “mal-menorismo”, aquella que sostiene que lo que tenemos que hacer es elegir por lo menos malo.
Por eso, insistimos, debemos desmoralizar al proceso electoral. No se trata de hacer una divisoria de aguas entre los buenos que no nos manchamos interviniendo en las elecciones burguesas y aquellos que declinan ante el canto de las sirenas, sino de entender que como organizaciones populares vamos tejiendo acuerdos y construyendo perspectivas divergentes, en donde algunos entendemos que poco aporta hoy al proceso de acumulación de fuerzas en función de un cambio social profundo participar de las elecciones, y otros, por el contrario, visualizan allí una posibilidad de ampliar su campo de intervención.
La construcción de la resistencia popular es para nosotros, finalmente, lo que podrá poner un freno a las políticas conservadoras en curso y no cómo quede configurado el Congreso o que caudal de votos obtenga cada fuerza política. Pero no podemos negar que la revalidación en las urnas del actual proceso en curso sería un freno a nuestras posibilidades de contagiar la bronca para transformarla en protesta.
Obviamente, si las condiciones socio-económicas empeoran tras octubre (y nada indica que así no vaya a ser), es factible que una porción importante de nuestro pueblo se sume a quienes ya venimos saliendo a las calles. Pero también sabemos que los malos gobiernos se incomodan pero no se sobresaltan si las luchas reivindicativas quedan sólo en ese plano. Por eso se nos impone cada vez más pensar en políticas de articulación popular más amplias que hagan confluir las protestas libradas por cada sector en particular en el camino de obtener algunas pequeñas victorias que mejoren nuestra calidad de vida (o al menos, que no siga empeorando) en pos de construir, alimentar, masificar y potenciar una política activa de resistencia popular anti-neoliberal.
*Editorial de la revista Venceremos, agosto de 2017.

Raúl Gonzáles Tuñón: Del puerto a la trinchera


(Un homenaje a 43 años de su fallecimiento)



Por Mariano Pacheco (La luna con gatillo)

«El escenario esencial deja de ser el arrabal con sus puertos y sus cafetines para dar lugar a la trinchera. Y si de la vanguardia se deriva hacia eso que solía llamarse ´compromiso´ es porque el viaje estético en dirección a Europa se ha trocado en ´viaje militante´».
David Viñas, «Cinco entredichos con Raúl González Tuñón».




La primera guerra mundial hizo estallar por los aires no sólo los cuerpos de miles de personas, sino también gran parte de las esperanzas de la humanidad en el progreso. A pesar de ello los inicios de la década del 30 serán muy propicios para que la imaginación encuentre sus lugares y se ligue a las perspectivas de transformación radical de la sociedad a escala planetaria.
La debacle, la crisis internacional del capital en 1929 hicieron que el triunfo de los bolcheviques en Rusia, en 1917, se reactualizara una década después, más allá de que no hubiese sucedido en esos años lo que se esperaba. A saber: la extensión de la revolución proletaria a otros países, sobre todo los modernos y desarrollados Estados europeos. Se sabe: donde hay crisis hay posibilidad de un nuevo comienzo.
Raúl González Tuñón, como hombre de letras y con una sensibilidad política de izquierda no estuvo exento, como muchos otros hombres y mujeres de su generación, a estos cambios virulentos que comenzaron a imponerse en el mundo de entonces.
Son años de definiciones y de radicalización política. En julio de 1928 el Congreso de la Internacional Comunista avanzaba en posición de «clase contra clase», rompiendo su anterior política de alianzas con otros sectores de la izquierda y el progresismo no comunista (principios que serán ratificados cuatro meses más tarde, en su Octavo Congreso, por el Partido Comunista de la Argentina). Discusiones y definiciones políticas que van de la mano de otras discusiones estéticas, sobre todo en torno al rol del arte y la literatura en la sociedad, sea en las socialistas como en las capitalistas en el camino hacia la revolución.
Nada de esto puede dejar de tenerse en cuenta si queremos pensar, por ejemplo, el tránsito del Raúl González Tuñón desde La calle del agujero en la media (su tercer libro de 1930), La rosa blindada (homenaje a la insurrección de Asturias y otros poemas revolucionarios), su séptimo libro de 1936, pasando por algunos textos anteriores, como los recopilados en Todos bailan o los poemas publicados en la revista Contra. Es el movimiento que parte primero desde los puertos de Buenos Aires para desembarcar en París, y desde allí a otros puertos imaginarios, para luego desembarcar en un nuevo puerto, ya no estético sino político. Puerto que deviene trinchera y compromiso combatiente, sin por eso abandonar nunca la palabra como lugar de combate.
La calle del agujero en la media
«Ternura de canciones marineras dormidas sobre el vientre verdoso de los puertos… Puertos, partidas, las palabras más lindas que conozco; Todas las vías conocidas por mí, vagabundo de estaciones…».
Raúl González Tuñón, “Petrouchka”.
Es bastante directa la relación que puede establecerse entre texto y contexto, entre poema y experiencia en estos años de Raúl González Tuñón. Resulta difícil no leer los poemas reunidos en La calle del agujero en la media en serie con su visita a París (viaje que se financió con el dinero que obtuvo al salir ganador del Premio Municipal de Poesía en 1928, tras la publicación de Miércoles de ceniza, su segundo libro). En ese viaje, por ejemplo, Tuñón se topó con los surrealistas, entre otros personajes de la cultura europea del momento. Conoció entonces a André Bretón (uno de sus máximos referentes) y leyó su segundo manifiesto. El contacto con este movimiento llevaron a Tuñón, en gran medida, a realizar un proceso a partir del cual logra realizar un proceso de estetización del mundo a través de la palabra. Tal como recuerda Beatriz Sarlo, conviene no olvidar que en París, Tuñón se sitúa en un mundo de códigos culturales que comienza a incluir la política. «El viaje, de este modo, se transforma en una necesidad y en una condición de la literatura”.
Una estética construida a fuerza de mezclar su mirada sobre el mundo con su experiencia de viaje. Importantes técnicas del arte contemporáneo aparecerán entonces: el collage de la pintura y el montaje del cine, principalmente, aunque también otros procedimientos de la escritura, no necesariamente poéticos, como el discurso periodístico (sobre todo la lógica del telegrama). Esa mezcla, entonces, abrirá su perspectiva a una experimentación formal, que hace del montaje desprejuiciado su gran caballo de batalla.
La poesía aparece así como experimentación, pero también, como oficio, similar al del titiritero y el prestidigitador, cuyo arte es la ficción, entendida la poesía como cierta magia de la modernidad, entremezclada con cierto ideal de periodista que mira, da cuenta de lo que ve, juzga y agita sobre lo que piensa. Y será precisamente esa mezcla la que le permitirá a Tutón realizar ese movimiento a partir del cual la magia poética no niegue la inmundicia del mundo, sino que la contenga.
Y si bien el viaje provoca una inflexión que desplaza el imaginario político-ideológico, un movimiento del yo lírico al nosotros, como tan bien supo señalar Davis Viñas, para nada provoca en Tuñón, por ejemplo, un abandono de la palabra por la política, o un desentenderse de las preocupaciones de la composición y de la técnica. La persistencia del personaje Juancito caminador (que fue incorporado a partir de su segundo libro, Miércoles de ceniza) puede ser uno de los engranajes de continuidad entre los planteos anti-burgueses de los primeros libros, y los planteos socialistas de los siguientes. De hecho, Juancito caminador funciona como una figura a partir de la cual Tuñón puede realizar un fuerte desplazamiento textual, desde los bajos fondos porteños hacia el otro margen: el cosmopolita, el de la cultura y la política internacional. Primer alias de Tuñón, Juancito caminador es el poeta irónico, el poeta de los ladrones, él mismo un poco ladrón. Supo contar el propio autor que el personaje existió históricamente: era un mago (Johnnie Walker), a quien conoció actuando en un circo en la Patagonia, de quien se hizo amigo, sobre todo por su voluntad de acercarse al hombre que tenía el mismo nombre que su whisky preferido.
Personajes como este, entonces, le permitirán a Tuñón llevar adelante sus principales operaciones de escritura: mezcla de lenguajes, textos impuros y de procedencia diversa, compuestos a su vez de retazos de otros discursos contemporáneos: diarios, carteles, telegramas, avisos clasificados, publicidades, estribillos de canciones infantiles, y, por supuesto, discursos que realizan una crítica política de la cultura contemporánea.
Corte y pegue
«Anduve bebiendo el buen vino rojo y alegre como una canción, rojo y alegre como una revolución».
Raúl González Tuñón, «Escrito sobre una mesa de montparnasse».
En la serie de poemas reunidos en Todos bailan y La calle del agujero en la media podemos rastrear con claridad como la exaltación del presente y la apología de la ligereza funcionan como marcas distintivas del viaje, donde la risa y la alegría hacen de la poesía una conversación. En su introducción-presentación a una de las ediciones que reúnen estos dos libros, el crítico argentino Daniel Freidemberg aseguró que en estos poemas Tuñón se acerca a lo que Apollinaire llamó alguna vez “poema-conversación”, basado en una “confidencialidad táctica”, en una “complicidad” entre quien habla y quien lee el poema. Y a su vez, destacó que es en La calle… (el “gran libro parisiense”, el de mayor cercanía con el surrealismo), donde aparecen por primera vez personajes obreros, chicos pobres, gente de barrio.
Es en poemas como “La cerveza del pescador de Schiltigheim”, “Escrito sobre una mesa de Montparnasse”, “La calle del agujero en la media”, “Marionettes” y Petrouchka”, de La calle…, o “George Bancroft”, “Juancito caminador” y “Relato de un viaje”, de Todos bailan, donde la jovialidad puede funcionar como clave de lectura. Jovialidad de los viajes, de las mujeres, del vino y de las drogas; del placer de la conversación y el conocimiento de nuevos lugares; el cruce entre el mundo real, y la imaginación.
Por otro lado, los poemas de Todos bailan (publicado cuando el Frente Popular ya ha triunfado en España y los inicios de una Guerra Civil comienzan a aparecer más como certeza que como posibilidad), dan cuenta de esa politización creciente de Tuñón y otras tantos hombres y mujeres de su generación.
Esa mezcolanza entre su vocación surrealista y su compromiso en ascenso puede verse expresada, por ejemplo, en el ya citado Juancito caminador, personaje que amaba tanto a las muchachas, el vino, el opio y los poemas de Rimbaud, como las bombas. Poema que comienza: “Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente,/ lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad” (palabras que se hacen eco de la de los surrealista, quienes afirmaron, en una encuesta que les realizaron en 1928, que el suyo era el único movimiento que se planteaba cambiar la totalidad de la vida), y termina afirmando: “y mi corazón continúa alegre y violento/ como el corazón alborotado de un mundo nuevo”.
Como puede leerse, aunque la mezcla se sostiene, no está exenta de una profunda tensión. En “Cosas que ocurrieron un 17 de octubre”, por ejemplo, escribe: “A los 20 años sólo creíamos en el Arte, sin la vida, sin la Revolución/ Volveremos a las usinas, al olor de la multitud, a los descarrilamientos…”. Conviene no olvidar, de todos modos, que la mayoría de los joviales poemas de La calle… conviven ya con otros como “Usina” y “Sobre las catedrales, sobre la guerra”, donde Tuñón da cuenta de las penurias del proletariado de las usinas y también, que Europa es «un soldado dormido sobre su mochila». Posición que se va a ir profundizando al compás de los acontecimientos europeos, que tienen pendiente al mundo entero.
Brigadista de choque
“Contra la demagogia burguesa/ Contra la pedagogía burguesa/ Contra la academia burguesa/ Contra/Contra/Contra el fascismo super expresión del capitalismo desesperado...”.
Raúl González Tuñón, “Brigadas de choque”.
Entre La calle… y Todos bailan, de todos modos, está el lanzamiento (el 28 de abril de 1933) de Contra, la revista de los francotiradores, que Tuñón dirige y donde publica incendiarios poemas como “Brigadas de choque”, texto que no podrá incluir luego en la edición de Todos bailan (como sí hizo con otros poemas publicados en esa revista), porque aun dos años más tarde permanecerá abierto un proceso judicial contra él, por el cual de hecho permaneció detenido cinco días y por el cual la revista fue clausurada.
Poema de combate en el que reclama “el puño cerrado frente a la burguesía” y se propone, desde esas “brigadas de choque de la poesía” que él integra, dar “a la dialéctica materialista el vuelo lírico de nuestra fantasía”. Con menos prejuicios que en otras épocas (como las actuales), Tuñón afirma (ya no desde un yo, sino desde un “nosotros los comunistas”, como destaca Viñas) que la constitución burguesa le da risa, y que junto con sus camaradas quiere la dictadura que “asegurará la libertad del mañana”. Es decir, la dictadura del proletariado, central en la teoría marxista, a la hora de pensar la transición del socialismo al comunismo. Poema-manifiesto en el que se expresa el hartazgo frente a la cultura burguesa y se declara la “guerra a las clases dominantes”, en el camino hacia un “arte puro” en una “sociedad sin clases”.
Contra es una revista de intervención política de izquierda que, de todos modos, no se inscribe en los marcos del realismo socialista, sino en oposición a él, promoviendo un proyecto que vincule a la estética vanguardista y a la militancia política, siempre dentro del «restringido-amplio» campo de la izquierda. De allí que la bajada de la revista esgrima: “Todas las escuelas. Todas las tendencias. Todas las opiniones”.
Esta posición de compromiso junto al comunismo se irá acentuando y ya no dejará lugar a dudas, pocos años después, cuando publique La rosa blindada. Allí esta posición se hará explícita, en el prólogo a la primera edición libro (“A nosotros, la poesía”), cuando Tuñón construya esa suerte de «Manifiesto para la coyuntura». Allí afirma, fundamentalmente, que el poema revolucionario debe tener casi siempre ese ritmo de marcha, de himno, que permite a un poema ser cantado. También sostiene que el poeta no debe renunciar a ser poeta, pero tampoco a estar al servicio de los otros, porque en una época intensa, dramática, de negación y creación como las que les toca vivir, deben apostar por confundir lo político y lo artístico, colocándose del lado de la revolución y construyendo un arte de oposición. “Nosotros tendremos la suerte de recibir a la revolución cantando, después de haberla cantado y deseado, sin descuidar la técnica y sin dejar de haber intervenido más o menos concretamente en la lucha”, dice, antes de tomar distancia de sus planteos surrealistas (de los cuales, sin embargo, no se arrepiente, porque según expresa, «sirvieron para sacudir la modorra, ganar la calle y ejercitar la valentía» en un momento dado). Sin embargo, a pesar de todas esas declaraciones de combate antifascista y por el socialismo, cuando culmina su manifiesto expresa que le gustaría estar listo para cuando haya que disparar sobre alguien, que sea con un poema o con lo que sea, así como le gusta charlar en cualquier mesa, y si es delante de un vino mejor. Persisten aquí, como puede verse, los ecos de otros poemas, líneas como las que mezclaban el «rojo y alegre» de un buen vino, con el «rojo y alegre» presentes en una revolución.
1936, por otra parte (además de ser el año en que publica La rosa blindada) es el año en que se inicia la ofensiva franquista sobre la República (la Guerra Civil Española). Punto de inflexión, ya que la lucha que comenzará a desarrollarse en España va a adquirir carácter internacional. Preludio de la Segunda Guerra Mundial, es leída por sus contemporáneos, sin embargo, como un paso hacia el mundo nuevo que vendrá. Lo que vendrá, de todos modos, no será la victoria de la revolución, sino su derrota. Una de las experiencias más potentes y más trágicas de todo el siglo XX, de la que Raúl González Tuñón será no solo contemporáneo sino un comprometido y entusiasta partícipe.
De aquellas andanzas y comabtes surgirá nuevos poemas, que irá escribiendo al fragor de cada batalla, tal como un periodista publica sus artículos, notas y crónicas de cada acontecimiento del que participa o a los cuales asiste. Varios de sus poemas, incluso, serán cantados en las trincheras republicanas, sin que los combatientes sepan a quien pertenecían. ¿Puede pedir algo más grato un poeta revolucionario? Un poema que pierde su autoría para transformarse en himno de combate colectivo por la emancipación de la humanidad.
Por supuesto, en este transcurrir histórico el rojo será cada vez menos el alegre del vino y cada vez más será el enlutado rojo de la sangre… esa que miles de hombres y mujeres, ancianos y niños, españoles y de todas partes del mundo, van a dejar en los campos y ciudades de España, mientras son masacrados por las balas y bombas del fasciscmo, mientras gritan consignas de resistencia y entonan canciones de combate con las letras de Tuñón.

martes, 25 de julio de 2017

Julio 26: Evita, Copi y la ortodoxia peronista recargada


(Bloque “Libros y Alpargatas” en La luna con gatillo*)


Por Mariano Pacheco**


Año 2017, mes de julio. El Teatro Nacional Cervantes estrena dos obras de Copi. Una de ellas es la ya hace tres décadas polémica “Eva Perón”, en esta oportunidad dirigida por Marcial Di Fonzo Bo y protagonizada por el chileno Benjamín Vicuña.


Tras los anuncios, la Juventud Sindical Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGT), que conduce Juan Pablo Brey (también secretario de Juventud y Protección de la Niñez de la central obrera), repudió la obra argumentando que la pieza teatral exhibe “una imagen irreal” de Evita y representa “una deshonra a su vivo recuerdo”. Para Brey, la puesta en escena se parece más a lo descripto por quienes en su momento alzaron la consigna “Viva el cáncer” (ante la enfermedad de Eva) que a lo que representó es mujer para los más humildes.


***
En 1969, al publicar Eva Perón, Copi hace ingresar por primera vez en la literatura argentina a una Evita viva y con su propia voz. Lo hace de un modo extraño, puesto que la obra es escrita en francés, y en su estreno en París, el 2 de marzo de 1970, es protagonizada por un hombre. No en vano la obra de Copi como se hizo llamar, tomando el apodo de su padre, el historietista, dramaturgo y escritor argentino Raúl Damonte Botana–- sufrió un atentado en el Teatro L`Epée-de-Bois.
No quisiera, de todos modos, hacer un recorrido exhaustivo de esta obra en la cual Evita en una línea casi borgeana de interpretación del peronismo aparece como simulacro: no es mujer sino hombre (o, más bien, un travesti); no tiene cáncer sino que aparenta la enfermedad; no le importan sus descamisados sino sus camisas, joyas y vestidos; y, finalmente, no muere sino que mata a su enfermera, colocando el cadáver en su lugar y dándose a la fuga.
Me interesa de Copi, sí, que abra la puerta para que una Evita con vida y voz propia ingrese en la literatura. Porque por primera vez aparece una pieza que ya no se titula con evasivas, como en Juan Carlos Onetti (“Ella”), David Viñas (“La señora muerta”) o Rodolfo Walsh (“Esa mujer”), sino que lleva su nombre y apellido. Y posee, además, ese componente subversivo de presentar a Evita como un travesti.
En su libro dedicado a Copi, César Aira destaca que, en realidad, no hay nada que indique en la obra que el personaje es un travesti, más allá de ser interpretado por un hombre. Pero que, de todos modos, “su travestismo se sostiene en el sistema mismo: si no es la Santa de los humildes, la Abanderada de los Trabajadores (y esta Evita harto demuestra no serlo), tampoco necesita ser una mujer. La representación de la mujer es una mentira”.
Tengamos en cuenta que la del sesenta es la década en que aparecen las primeras cirugías para realizar cambios de sexo. Hace pocos años que el concepto de travestismo ha ingresado en la literatura y el psicoanálisis, y todavía pesa en cierto sentido común instalado en la sociedad la interpretación vigente en el campo de las ciencias médicas de comienzos del siglo, que planteaba básicamente que el travestismo, la transexualidad y la homosexualidad eran prácticas anómalas que se desviaban del modelo normal de conductas.
Es decir, que eran tal como plantea la antropóloga argentina Josefina Fernández en su libro Cuerpos desobedientes. Travestismo e identidad de género prácticas caracterizadas como enfermedades, “aberraciones sexuales” que era necesario tratar para corregir, conocer para curar.
De todos modos, tal como remarcó Marilú Marini, Copi no entraba en la “ideología gay”, ya que rechazaba los ámbitos que “guetificaban” (lo que no significa que no validara protestas o condenara injusticias. Algo similar a lo que sucede con la “condición gay” pasa con la “cuestión nacional”. Alguna vez Copi rescató la importancia de la educación argentina: “Nunca pensé en una sola carrera. Forma parte de mi educación, es así, una educación argentina. La educación del norte de América es mucho más especializada; si es ingeniero no sabe hablar de otra cosa que no sea la ingeniería, si es pintor no sabe hablar de otra cosa que no sea de pintura; las personas no saben más que una sola disciplina; se especializan; mi disciplina es un papel en blanco, es mi imaginación”, supo decir en una entrevista con José Tcherkaski, publicada luego en libro, bajo el título Habla Copi. Homosexualidad y creación. Pero también, en la misma entrevista, remarcó que trabajaba muy bien, en general, con “argentinos internacionales”. Es que tal vez Copi era de esos autores que tenían “algo” con el ser argentino. O más bien: que concebían al ser argentino como un no ser nacional. Sí, tal como destacó María Moreno en su artículo “La patria torcida”, publicado el 6 de julio de 2012 en Soy (el suplemento del diario Página/12), el ser argentino, como el yo freudiano, es “el producto de la repulsa y exclusión de toda diferencia” –bárbaros, mujeres, homosexuales, inmigrantes, disidentes políticos–, si el ser nacional es “no ser puto, ni torta, ni trans, ni inter, ni extranjero, ni pobre, ni loco, ni mujer”, bueno, entonces por qué rescatar el ser nacional.
Si a esa pregunta le sumamos el dato del ferviente antiperonismo de su familia (que se fue de la Argentina cuando Copi era aún un niño, “perseguidos” por el primer gobierno peronista), bueno, entonces tal vez la “Eva Perón” de Copi puede entenderse un poco más.

***

Alguna vez Walter Benjamin sostuvo que, aquel intelectual crítico que no pudiese posicionarse debía callar. En tiempos de pastiche y mediocridad puede sonar “centrista” no quedarse ni en una posición ni en otra, pero tratándose del peronismo, ¿quien podría cuestionar una tercera posición?
Desde la trinchera radiofónica, que cada jueves sostenemos en vivo desde Córdoba (Argentina), para sumar nuestra mirada y nuestra voz al torrente de crítica política de la cultura contemporánea que intentamos sostener desde cada transmisión por internet, no queremos quedarnos ni en una posición ni en otra: ni en el festejo a-crítico de un peronismo que hoy se parece más a los mediocres contra los que desprotricaba Evita que al hecho maldito del país burgués que anunció John William Cooke, ni en el frívolo posicionamiento que hace del arte una expresión tan autónoma de la vida social que pareciera ser cosa de otro mundo.
Por el contrario, este “escritor cabeza” quisiera quedarse con una reivindicación del genio artístico de Copi, con la alegría de saber que hoy el teatro argentino vuelve a ponerlo en escena y con la convicción de que, en la historia de la literatura argentina, es mucho más interesante aquello que “los contreras” han producido sobre el peronismo que lo que el propio movimiento supo producir desde su interior (salvo algunas pocas y honrosas excepciones).
Que el arte provoque a la política y la haga pensar (así sea más allá de su escándalo) siempre es parte de un movimiento que, desde el pensamiento crítico, es importante saludar.

*LA LUNA CON GATILLO: Una crítica política de la cultura (jueves de 19 A 20.30 horas en vivo por Radio Eterogenia: www.eterogenia.com.ar). Fanzine digital de actualización diaria:
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**Autor de Cabecita negra, ensayos sobre literatura y peronismo (editorial Punto de Encuentro, 2016).