miércoles, 14 de diciembre de 2011

Darío y El Perro: Los Santillán

Historia de una foto


 POR: Mariano Pacheco para revista Sudestada
(diciembre de 2011)

Los dos de barba candado, que miran fijo a la cámara, además de las pronunciadas entradas, tienen otras cosas en común. El que lleva una vincha celeste y blanca, con la inscripción del movimiento que entonces lideraba, se llama Carlos, aunque es más conocido por su pseudónimo: El Perro. El que lleva puesta una remera con la cara del Che y una camisa de trabajo se llamaba Darío y le decían El Cabezón. Y ahí, en ese tiempo verbal, encontramos la principal diferencia entre los fotografiados: el primero está vivo y continúa radicado en Jujuy, aunque ya no integra la Corriente Clasista y Combativa desde hace algunos años. El otro, que vivió siempre en el Gran Buenos Aires, ya no está: fue asesinado, el 26 de junio de 2002, junto a Maximiliano Kosteki, en la denominada Masacre de Avellaneda.
Antes de fundar el Movimiento de trabajadores Desocupados en su querido barrio Don Orione (Claypole-Almirante Brown), antes de juntarse con su compañera Claudia y de tomar tierras para construir casas y aportar al desarrollo del MTD en Monte Chingolo (Lanús), antes de todo eso (que fue en los albores del nuevo milenio), Darío estudiaba en el colegio Piedrabuena, en San Francisco Solano, donde organizó el Centro de Estudiantes, encabezando por dos años consecutivos la Lista Roja. En esos años, que van desde 1996 a 1999, Darío participó de asambleas en el colegio, de marchas contra la Ley Federal de Educación impulsada por el entonces presidente Carlos Menem, de la toma de algún colegio de la zona, de tareas de apoyo escolar y recreación con niños en barriadas y asentamientos, de luchas de los sectores que, desde abajo y a la izquierda –como dijeron luego otros sureños, ya no de argentina sino de México– intentaban construir la necesaria organización popular para librar batallas contra el modelo neoliberal.
Una tarde de esas, un día cualquiera que hasta ahora no pude precisar en qué mes, ni en qué año, Darío –por entonces un pibe en pleno proceso de politización– participa de una movilización, en la que se encuentra con quien aparecía con frecuencia en los diarios y en la televisión. Impactado, va a saludarlo, a darle un apretón de manos, un abrazo, a decirle, tal vez, que no están solos allá en el norte, y que en el sur, no del país sino del Conurbano, también hay gente que la está peleando. Le pide a alguien, no sabemos quién, que les saque una foto.
Los fotografiados, decía, tienen en común el apellido: Santillán. Y además, una misma pasión y compromiso: luchar por la dignidad de los de abajo. Como el bravo anarquista apodado El León, a quien los Fabulosos Cadillacs le dedicaron una canción, Darío, y El Perro, los Santillán, han dejado una marca en todos los que nos indignamos ante las injusticias y apostamos por cambios sociales profundos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Vicente Zito Lema en diálogo con Herramienta

Entrevista realizada por Mariano Pacheco, Juan Rey y Diana Hernández


"Un arista, un intelectual, no existe por fuera de la subversión...Diría, más duramente: ¡o sos subversivo o sos canalla!"

Entrevista completa en:
http://www.herramienta.com.ar/herramienta-web-10/vicente-zito-lema-en-dialogo-con-herramienta

martes, 6 de diciembre de 2011

Entrevista al venezolano Roland Denis

Los movimientos sociales y el tema del poder

Por Mariano Pacheco. El ex viceministro venezolano Roland Denis conversó con Marcha en el clásico bar porteño La Giralda, a cuadras del obelisco. Contó sobre su estadía en el país y su impresión sobre la política en argentina, los movimientos populares y el kircherismo....

Nota completa en: 

jueves, 1 de diciembre de 2011

SOBRE LOS TRABAJADORES COOPERATIVOS Y PRECARIZADOS

AGTCAP: Agremiando la dignidad

POR: Mariano Pacheco (FPDS) y Ramón Raggio (R.R-20/12)
                                             (Publicado en Batalla de ideas, revista de debate teórico-político de la izquierda independiente, N° 2, noviembre de 2011)

Presentación
Solidari@s y Combativ@s es el lema bajo el cual más de 3.000 personas se han reunido para dar nacimiento, a partir de marzo de este año, a la Asociación Gremial de Trabajador@s, Cooperativ@s, Autogestiv@s y Precarizad@s, una novedosa experiencia de organización de los de abajo, que se propone defender los intereses de l@s trabajador@s precarizados por los mismos Planes de Empleo que promueve el Estado, a vez que agrupar en un mismo espacio a los proyectos autogestivos que desde hace años se desarrollan en distintos puntos de nuestro país, en la búsqueda por entablar un camino común de agremiación, que les permita  luchar por lograr una mayor estabilidad laboral, así como también reclamar que se cumplan los derechos elementales, conquistados históricamente por nuestra clase y hoy vulnerados por la situación en la que se encuentran prácticamente la mitad de los asalariad@s. Acorde con las nuevas realidades del trabajo en la Argentina actual, surgen también iniciativas como éstas: nuevas búsquedas de organización y de lucha por parte de l@s trabajador@s.

Frente a la precarización: organización
En septiembre de 2011, como hace rato no se veía, más 40 mil personas, nucleadas en alrededor de 50 organizaciones sociales, realizaron de forma coordinada una Jornada Nacional de Lucha, exigiendo que el Estado reconozca que el salario mínimo es un derecho. Así, unas 12.000 se manifestaron frente al Ministerio de Desarrollo Social de La Nación, en la Ciudad de Buenos Aires, y otras 30.000 lo hicieron en 17 provincias, participando de la jornada a través de movilizaciones y cortes de ruta en Salta, Jujuy, La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza, Formosa, Tucumán, Chaco, Santiago del Estero, Córdoba, Misiones, Santa Fe, Rio Negro,  Chubut y Santa Cruz. Dos semanas más tarde, ante la negativa de respuestas por parte de los funcionarios gubernamentales y continuando con el “plan de lucha” votado previamente, este arco de coordinación que incluye desde el Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), hasta la Corriente Clasista y Combativa (CCC), pasando por el Polo Obrero (PO) y el Movimiento de los Sin Trabajo (MST), volvió a las calles a través de un acampe por más de 24 horas en Buenos Aires y una serie de movilizaciones en una veintena de provincias. 
El pliego reivindicativo acordado por este conglomerado de organizaciones plantea:
El pliego reivindicativo acordado por este conglomerado de organizaciones plantea:
1- Haber mensual igual al salario mínimo legal para todos los trabajadores del “Argentina Trabaja” y demás programas  de empleo dependientes del estado.
2- Nacionalización real y efectiva del “Argentina Trabaja” y de todas las políticas de empleo del gobierno nacional.
3- Reapertura del ingreso al plan. Por más puestos de trabajo.
4- Ante el agudo déficit de viviendas que es público y notorio: acceso a la tierra y construcción masiva de viviendas.
5- Trabajo en obras reales y de importancia que apunten a mejorar la infraestructura básica de los barrios y asentamientos más postergados del país.
6- Basta de trabajo precario. Condiciones dignas de trabajo. Acceso efectivo a la obra social, aguinaldo, seguro, entrega de materiales, herramientas y elementos de trabajo en tiempo y forma.

Más allá de estos datos en torno a un fenómeno que, de todos modos, hacía tiempo no se producía (a saber: unidad de las organizaciones populares para garantizar la masividad en el reclamo), nos interesa destacar que, lejos de las concepciones que en las izquierdas suelen separar tajantemente lo político de lo social, nosotros pensamos que las herramientas organizativas que surgen para defender y ampliar los derechos de nuestra clase –aun en los marcos de este modelo de acumulación y de este régimen político– pueden y deben ser, asimismo, instancia de politización cotidiana y experimentación (adelanto en el aquí y ahora) a pequeña (y localizada) escalada, de aquello que pretendemos generalizar en un futuro para una sociedad de otro tipo.
Así, además de cumplir un rol fundamental como barrera de contención de las políticas de las clases dominantes, y de avance en las conquista de los laburantes, los instrumentos gremiales son de vital importancia política porque es desde allí desde donde suelen emprenderse los primeros pasos hacia transformaciones más grandes y de más largo alcance. Sobre todo si tenemos en cuenta que estamos hablando de una experiencia que emerge, que no puede ser comparada con los burocráticos organismos sindicales ni con los límites que impone, en el mejor de los casos, los instrumentos ya integrados al sistema, que pueden en todo caso realizar sus aportes desde una perspectiva reformista. En este caso, estamos ante la emergencia de una nueva herramienta, que tiene todo por delante, y que al mirar hacia atrás tiene una rica y extensa trayectoria de organización y de lucha librada por los trabajadores en el país y en el mundo, a partir de la cual delimitar con claridad qué no se quiere hacer y qué podría servir como insumo para ser resignificado y recreado.
Valga como ejemplo alguno de los planteos de Antonio Gramsci realizó a propósito de la experiencia consejista desarrollada por el movimiento obrero italiano en el Turín del año 19. Nino, analizando los límites del sindicalismo tradicional (aun el de izquierda), supo prestar atención a la forma Consejo, planteando que –a diferencia del sindicato, herramienta nacida en el campo de la democracia burguesa, constituida para librar luchas por mejores salarios y mejores condiciones laborales, pero dentro del capitalismo, sin posibilidades de rebasar al Estado Burgués–, los Consejos de fábrica tenían que funcionar como un modelo actual de la futura sociedad comunista. Porque en el Consejo –escribe Gramsci en un artículo publicado en L´ ordine Nouvo– el obrero consigue inapreciables conquistas de autonomía y de iniciativa.

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Los antecedentes de esta iniciativa podemos rastrearlos hacia fines de 2009, cuando un conjunto de organizaciones territoriales conformaron el Frente de Lucha por Cooperativas Sin Punteros, realizando un acampe sobre la Avenida 9 de Julio, frente al ministerio de Desarrollo Social de La Nación, luego de que el Gobierno Nacional anunciara la creación de 100 mil puestos de trabajo a través del Programa Argentina Trabaja. Desde entonces, varias organizaciones sociales vieron la necesidad de unirse para luchar no sólo por ingresar al programa, sino también para lograr un manejo autónomo de las cooperativas que pasaran a integrar como beneficiarios, defendiendo así la posibilidad de que sean los propios trabajadores los que decidan cómo, dónde y en qué tiempos llevar adelante el trabajo, evitando de este modo quedar rehenes de las redes de punteros políticos que ya comenzaban a repartirse la torta anunciada por el gobierno, aun antes de que se implementara. Por otra parte, estos movimientos reivindicaron su histórico trabajo, buscando incorporar cooperativas ya existentes en los marcos del nuevo programa.
Luego de trabajar subterráneamente durante todo el 2010, la AGTCAP ya ha realizado varios plenarios en lo que va del año, con la presencia de centenares de delegados de distintas organizaciones, a partir de los cuales comenzaron a delinear algunos principios y mecanismos organizativos: crecimiento y consolidación del proyecto desde las bases, promoción de espacios democráticos y asamblearios para tomar las decisiones, entre otros. A estos encuentros asistieron, además, movimientos de provincias en las cuales no se implementa el “Argentina Trabaja”, pero en donde vienen desarrollando desde hace años micro-emprendimientos productivos y proyectos cooperativos sin financiamiento (o con financiamiento circunstancial) por parte del Estado.
Así es como la AGTCAP ha logrado agrupar a gran parte del sector de nuestra clase –la de quienes vivimos de nuestro trabajo– que en los 90 no sólo se quedó sin laburo, sino que además no tuvo a mano ninguna organización gremial que se hiciera cargo de enfrentar las políticas de ajuste neoliberal que dejaban a miles de personas desempleadas (a excepción de algunas zonas en donde la Central de Trabajadores Argentinos promovió la organización territorial, pero con un carácter más barrial que sindical). Ante esta situación, desde este sector aportaron a instituir nuevas dinámicas de participación popular, que buscaran abordar de conjunto las problemáticas que a cada quien se les presentaban como individuales. Gestaron asambleas en las barriadas, las villas y los asentamientos. Realizaron movilizaciones y ollas populares. Cortaron rutas y tomaron edificios públicos. Gestaron un nuevo instrumento de organización de los de abajo: los Movimientos de Trabajadores Desocupados, antecedente directo de esta Asociación Gremial.
En los últimos años, ante una situación política cada vez más compleja para el sector –puesto que en muchos casos sus integrantes consiguieron trabajo, pero en condiciones sumamente precarias y sin representación gremial– estos movimientos profundizaron el trabajo comunitario en los territorios y fueron generando apuestas cooperativas de trabajo, en una Argentina en la cual si bien la economía crecía a ritmos descomunales, aun así quedaban afuera importantes sectores de la población.
Por supuesto –y resulta evidente– que desde 2003 en adelante, primero con la gestión de Néstor y ahora con la de Cristina, el mundo del trabajo se ha visto expuesto a sustanciales modificaciones. Sería de necios negarlo. Claro, no es que la situación estructural se haya modificado. Ni siquiera que se haya esbozado la intención de realizar alguna transformación de fondo, puesto que el kirchnerismo no es –ni ha mostrado intenciones de ser– un gobierno, un movimiento que tienda a definiciones socialistas, ni mucho menos. Por lo tanto, ni la propiedad privada de los medios de producción, ni las extraordinarias ganancias empresarias han sido cuestionadas. Pero indudablemente, para la clase que vive del trabajo, a la hora de contar porotos –¡qué otra cosa es el progresismo, en el plano económico, sino un gran aparato que busca aumentar, simultáneamente, las mega-ganancias empresariales y los porotos de los laburantes!– la situación ha mejorado. En los últimos ocho años ha bajado la desocupación a más de la mitad de lo que estaba, se han incrementado los salarios de la mano del restablecimiento de las paritarias, se ajustan, en marzo y septiembre de cada año –a partir de la Ley 26.417– los haberes de los jubilados, se han ampliado a todos los menores los beneficios del régimen de asignaciones familiares,  través de la asignación Universal por Hijo y para Embarazadas. Todas estas medidas no pueden sino modificar la situación objetiva y subjetiva de nuestra clase.
Así, tras casi una década, las condiciones materiales de existencia de los de abajo han mejorado sustancialmente, sobre todo si el punto de referencia es la calamitosa situación padecida en la década anterior. Y ahí está una de las claves para comprender por qué, con tan poco, parece que se haya hecho tanto. Tenemos, por un lado, una profunda desigualdad social (entre los que más y los que menos tienen), pero por otro lado, estamos ante una fractura gigantesca al interior de nuestra propia clase, ya que más de la mitad de quienes trabajan lo hacen por fuera de las relaciones formales, que implican un horario regular, pago de horas extras, de vacaciones y aguinaldo, plus de horas nocturnas o por insalubridad, por viáticos, días por enfermedad o licencia familiar, entre otros beneficios, además de la estabilidad laboral y la posibilidad de afiliarse a un gremio, a partir del cual defender los derechos conquistados, y pelear por ampliarlos o gestar otros nuevos.
Por todo esto, la conformación de la AGTCAP no es comparable al surgimiento de cualquier colectivo de militantes, sino que expresa un grado de maduración de un sector importante de nuestra clase.

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Desde las bases. Diálogos sobre la organización de la AGTCAP
Ana Villar y Pablo Solana, referentes barriales del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD), en Lomas de Zamora y en Lanús –ambos integrantes del FPDS– nos contaron un poco acerca de esta iniciativa en la que vienen trabajando desde hace más de un año.
Ana destaca que a pesar de su nombre (“Argentina Trabaja”), este programa quedó acotado a Buenos Aires. Por eso, uno de los reclamos de la flamante AGTCAP es su nacionalización, o bien la implementación de más y mejores programas de empleo que logren tener incidencia nacional. De allí que, más que oponerse a estos programas promovidos por el Estado, esta Asociación haya surgido para exigirle que se cumpla con los derechos laborales elementales, burlados por la situación de precarización: salario mínimo que garantice cubrir la canasta familiar, seguro por accidentes y obra social, vacaciones y aguinaldo, indumentaria y herramientas acordes al trabajo realizado, jubilación. Es decir, que le exigen al Estado que garantice sus derechos, como a cualquier trabajador formal.
En cuanto a la nacionalización de los beneficios, si bien se ha avanzado poco, han logrado, por ejemplo, forzar al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para que implemente algunas políticas de empleo. Algo similar se conquistó en la provincia de Chaco.
De todos modos, la nueva Asociación ha comenzado a centrar sus esfuerzos en agrupar a quienes ya han entrado al Programa, y desde hace meses se ven expuestos, cotidianamente, a una situación paradojal: el Estado que dice combatir la precarización laboral, los precariza. Ejemplo de esto es el salario que perciben, que ha quedado muy por debajo del salario mínimo, vital y móvil. Asimismo se les realizan descuentos al sueldo para una obra social y un seguro,  que aún hoy, después de meses de estar trabajando, no les brinda ningún tipo de cobertura. Tampoco cuentan con  indumentaria ni las herramientas necesarias, siendo que la mayoría realiza tareas insalubres (limpieza de basurales, y arroyos, zanjeo) por las que tampoco se les paga un plus salarial.
Anita –como le dicen sus compañeras y compañeros del movimiento– nos cuenta sobre algunos de los desafíos que se les han presentado a partir de esta confluencia entre organizaciones dispuestas a conformar la Asociación gremial, como por ejemplo, “trascender los límites defensivos de la organización propia”. Uno de los desafíos para superar esos límites es emprender la construcción de una herramienta amplia, que les permita tener llegada a l@s millones de trabajador@s expuestos a la precarización laboral, que no cuentan con una estructura sindical en la cual participar y luchar por revertir estas condiciones que, reconoce, no son de ahora, sino que datan de la dictadura miliar del 76´, y las leyes de flexibilización laboral impuestas en los 90´. “Desde nuestra experiencia comprobamos todos los días cómo dichas condiciones de explotación aún siguen vigentes, así como los mecanismos para desmantelar cualquier intento genuino de resistencia y de lucha por trabajo digno”.
Por su parte, Pablo hace hincapié en las modalidades de precarización, de informalidad que implican estos nuevos trabajos. “Porque si bien la cooperativa como figura horizontal y autogestiva es muy interesante, el Estado las impulsa para no hacerse cargo de la contratación de un trabajador en los términos que implica tener todos los derechos laborales”. De allí que la agremiación implique tanto asumirse como trabajadores y no ya como trabajadores desocupados, pero también reclamar como trabajadores, en condición de precarizados. Esta situación implica una doble disputa: por un lado, que el estado se asuma como empleador, pero por el otro, que el Estado no intervenga en los modos en cómo cada cooperativa organiza sus lógicas laborales.
Pablo destaca, asimismo, que a diferencia de los planes sociales anteriores, en éste se hace hincapié en la cuestión del trabajo, no sólo en términos de identidad o de un mayor ingreso, sino además como posibilidad de superar la lógica defensiva, de quebrar la lógica más asistencial, que pone al plan social como única posibilidad ante el hambre, como pasó años atrás, para empezar a poner el foco en que ahora se tiene un trabajo, a través del cual se puede ir fortaleciendo, por ejemplo, la infraestructura propia del movimiento (que antes se hacía sólo con trabajo voluntario), o realizando algún beneficio para la comunidad. Así que el ir peleando por ampliar los derechos (mayor remuneración salarial, mejores condiciones laborales, obra social, etc.), no les implica, necesariamente, abandonar la lógica comunitaria, de fuerte anclaje territorial, que vienen sosteniendo los movimientos desde hace una década.
La relación con el estado –insiste– es siempre problemática, porque todos esos proyectos que están emprendiendo hoy en día, no se podrían concretar si no fuera porque el Estado garantiza el pago, aunque éste sea insuficiente. “Por supuesto, aspiramos a que estos proyectos puedan también asumir trabajos por fuera de los que ofrece el Estado, como por ejemplo en obras, no sólo pública, sino licitar para obras privadas. En el rubro alimenticio, por ejemplo, hemos avanzado en ese sentido, con algunas panaderías, rotiserías o pizzerías. Pero por ahora no hemos pasado mucho más que en tratar de equiparnos y fortalecer la infraestructura necesaria para proyectar esos trabajos. Tengamos en cuenta que tienen que competir en el mercado, no sólo con los productos que pueden traer más baratos de otros lugares, sino también con las condiciones de trabajo esclavo, que en muchos casos como en las textiles, que se vive en el país”.

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Anita, por su parte, dice que la AGTCAP “recoge lo mejor de nuestras experiencias organizativas como movimientos de desocupad@s y se inscribe en la búsqueda iniciada por distintos sectores de trabajador@s de nuestro país por construir un modelo sindical alternativo, basado en un verdadero protagonismo de nuestro pueblo, sin burocracias y con independencia de clase”, y pone como referencias a las experiencias de autogestión en la ex ceramista neuquina Zanón (actual FASIPAT), de construcción de un nuevo sindicato en el Subte, a las luchas de los terciarizados ferroviarios, a las apuestas de confluencia de la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas, entre otras tantas expresiones de este proceso que, desde hace algunos años, se vive en nuestro país. También destaca que conciben a la Asociación “como una herramienta de lucha por las reivindicaciones propias de la clase trabajadora, actuando como un cuerpo organizado con objetivos en común –más allá de las tendencias y corrientes que conviven en su interior–, cimentando nuevas prácticas y formas de relacionarnos –sobre la base de la unidad y la fraternidad– y avanzando hacia la conformación de auténticas estructuras populares y democráticas de Poder Popular real que generen las condiciones para un verdadero Cambio Social”.
De este modo, la AGTCAP busca romper con las lógicas sindicales tradicionales apostando a un crecimiento y una consolidación que sea desde las bases, promoviendo espacios democráticos en la toma de decisiones. “Desde el nivel local, extendiéndose regional y nacionalmente, por medio de mecanismos de elección de delegados, con mandato de la asamblea de base, el cual puede ser revocado por los compañeros y compañeras que lo eligieron. Apuntando a la democracia directa con protagonismo de todos sus afiliados, es decir, una Asociación Gremial construida por todos y para todos sus integrantes”. En la búsqueda por lograr nuclear a nivel nacional la mayor cantidad de trabajadores y trabajadoras de Programas de Trabajo estatales, así como de Cooperativas auto-gestionadas y emprendimientos productivos, de trabajadores desocupados, o de otras expresiones de los trabajadores que comprendan la necesidad de organizarse y luchar por reivindicaciones propias del sector y de la clase, la AGTCAP viene luchando por establecer paritarias, exigiendo que el Ministerio de Trabajo asuma su responsabilidad e intervenga frente a su empleador (el Ministerio de Desarrollo Social de La Nación) en una mesa de negociación por el mejoramiento de sus condiciones laborales.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Taller: Literatura y peronismo- Nuevos encuentros

Miércoles 30 de noviembre/ 7 y 14 de diciembre
19 hs, en Boedo


Cronograma:

 Primer encuentro
La narrativa de Ezequiel Martínez Estrada: entre Kafka y Perón

Segundo encuentro
Operación masacre de Rodolfo Walsh: la politización de la literatura, la peronización del escritor

Tercer encuentro
El grupo Contorno: Los intelectuales y las relecturas del peronismo tras el derrocamiento del gobierno

Para informes e inscripción:
cronicasmenores@gmail.com/ cel: 1138005025

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Comparto reseña del libro de Aldo Casas

Los desafíos de la transición. 
Socialismo desde abajo y poder popular
Herramienta ediciones/ Editorial El colectivo (Bs. As, 2011)


Partiendo de una afirmación de Iván Mézsáros (“en su despliegue, el capital amenaza las posibilidades de supervivencia de la humanidad”), Aldo Casas sostiene en este segundo libro de la colección cascotazos (iniciativa conjunta de ambas editoriales), que nos encontramos ante una crisis que no es una más de las tantas que tuvo el capitalismo a lo largo de su historia. Esta “crisis sistémica”, por el contrario, afecta todos los niveles del orden del capital y, por primera vez, se produce a una escala efectivamente planetaria. Así, la crisis es simultáneamente económica, ecológica-ambiental y civilizatoria.
Ante esta situación, Casas sostiene que se hace necesario librar una batalla no sólo contra el capital, sino también contra las “ortodoxias anacrónicas” y el “conformismo posmoderno”. De allí que, desde la nueva izquierda desde la cual escribe el autor –“independizada de los moldes partidocraticos”– sea fundamental atreverse a desarrollar un pensamiento crítico, que ayude a construir, a fabricar nuevas respuestas ante los nuevos interrogantes planteados para las izquierdas, tanto en el país como en Nuestra América y el mundo. Pensamiento que sea capaz de dar continuidad al audaz e inconcluso proyecto crítico iniciado por Karl Marx (de allí que Casas reivindique un marxismo situado, libertario y abierto), situándose junto y no por fuera y por arriba de las experiencias del movimiento real que vienen pugnando por revolucionar la sociedad (“no puede haber procesos de liberación y emancipación sin la construcción de relaciones sociales que en sí mismas los contengan y debemos ayudar a la forja de instrumentos intelectuales para una práctica que contribuya a que este tipo de nuevas relaciones emerja o se desarrolle”).
Como podemos apreciar, el libro de Casas se sitúa lejos, muy lejos del ridículo lugar de quienes “se creen dueños de la verdad porque son capaces de citar El capital”. Libro, por otra parte, que el autor conoce muy bien.
Y es justamente este conocimiento de los textos fundamentales del marxismo y su propio recorrido biográfico (una militancia de más de tres décadas encuadrada dentro de las filas del troskismo: PRT-La verdad; PST; MAS) lo que hace de Casas un autor que cuenta, a mi entender, con un doble mérito: el de ser capaz de revisar críticamente la experiencia teórico-práctica de la cual proviene, sin desconocer (y reivindicando, a su vez) el legado emancipatorio de aquellas apuestas revolucionarias. En este sentido, el libro y la militancia actual del autor en el marco del Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de la Argentina (COMPA) son un claro ejemplo de que la Nueva Generación de Intelectuales de Izquierda que se viene pariendo en la última década nada tiene que ver con cuestiones de edad, sino con una forma de encarar la construcción de apuestas de transformación radical de nuestras complejas sociedades actuales.
Seguramente por todo esto es que Casas selecciona algunas líneas imprescindibles para reforzar algunos de estos argumentos. Por ejemplo, cuando cita al francés Daniel Bensaid, quien sostiene que el marxismo “solamente tiene futuro si, en lugar de encerrarse en el ámbito universitario, logra establecer una relación orgánica con la práctica renovada de los movimientos sociales”. O cuando parafraseando a Michael Lowy, afirma que el marxismo debe tener un comportamiento abierto, y ser capaz de enriquecerse aprendiendo a rescatar aportes provenientes de diversos sectores: tanto de otras corrientes emancipatorias, como de los nuevos y clásicos movimientos sociales (ecologistas y feministas, obreros y campesinos, etc.), así como también de tendencias del pensamiento nacidas y desarrolladas por fuera del marxismo.
Finalmente Casas subraya que hoy se hace imprescindible, para todas aquellas experiencias de lucha que promueven la organización autónoma de los oprimidos y explotados, dar pasos en la búsqueda por construir un instrumento político que ayude a sortear la carencia de una perspectiva convocante y aglutinadora, en la línea de aquello que Miguel Vedda, en el primer epílogo, denomina como la capacidad de crear “nuevas instituciones, sustentada en la capacidad insurrecta de las masas populares, y aptas para consolidarse y ampliarse a través del tiempo”.
Estos pasos implican, de alguna manera, entender el carácter procesual (permanente e ininterrumpido) de la revolución. No en términos del viejo “etapismo”, sino más bien de asumir lo complejo y prolongado que suelen ser los cambios sociales. Por eso Casas rescata a István Mézsáros y su planteo de que la lucha por el socialismo del siglo XXI implica desarrollar una teoría de la transición, que sea capaz de efectuar transiciones dentro de la transición. Y la recuperación y resignificación del concepto revolución, podríamos agregar, se torna fundamental en momentos como los que actualmente vivimos en nuestro país, en nuestro continente y en el mundo, donde la discusión sobre si es viable o no continuar viviendo en el capitalismo es parte de los debates y los discursos de los pueblos y hasta es incorporado muchas veces en los propios discursos presidenciales (El capitalismo andino en Bolivia, el capitalismo “en serio” en Argentina o el socialismo del siglo XXI en Venezuela).
Por todo esto, la perspectiva de clase y el internacionalismo se tornan dos elementos centrales para reafirmar, como parte de las reflexiones, de los temas urgentes y necesarios a repensar. Asumiendo entonces el “combate por la autoemancipación de los explotados en términos de un nuevo y concreto internacionalismo, un antiimperialismo consecuente asumido en primer lugar desde la nación y Nuestra América, pero comprometido con los combates de los explotados en cualquier lugar del mundo”. Combate que debe ser librado atendiendo siempre a los cambios de las relaciones de fuerzas, que son siempre relaciones de clases. Porque la “actividad autónoma de los explotados implica una ruptura, al menos parcial, con los comportamientos, valores e ideas que la dominación de los explotadores y su Estado inducen cotidianamente”, este libro convida a “apoyar la autoactividad y autoorganziación de los asalariados, procurando su confluencia con otras vertientes del movimiento popular” (ganando capacidad de lucha del pueblo trabajador en toda su diversidad). De allí que se torne imprescindible promover un socialismo desde abajo, que se construya con plena autonomía de las llamadas políticas de Estado (porque “las razones de estado chocan una y otra vez con las necesidades emancipatorias de los pueblos”).
En fin, estos dos elementos (internacionalismo y perspectiva de clase), tal como señaló Omar Acha en el segundo epílogo, se tornan fundamentales a la hora de resituar la pregunta por la reconstrucción de la estrategia socialista.


jueves, 3 de noviembre de 2011

Nancy, compañera feminista, poeta, piquetera... ¡Hasta la victoria, siempre!




Nancy murió de cáncer el martes 1 de noviembre de 2011. Por celular circuló un mensaje de texto que decía: “Murió Nancy, después de mucho pelearla”. Por mail circuló el texto que sigue, presentado por una compañera con éstas palabras: “Cumpas, acá mandamos un relato sobre el 26 de junio, escrito por Nancy... muchas y muchos no llegamos a compartir espacios de militancia con Nancy, pero siempre estuvo presente su nombre en la historia de los MTD y el Espacio de Mujeres  de la Verón y después del FPDS. Estas palabras nos han acompañado en constantes místicas y seguirán presente en la continuidad de nuestra lucha”.
Los que sí compartimos espacios y días de militancia con ella, no tenemos, tal vez en estos momentos, mucho más por agregar. Sólo que nos llevamos con nosotros, para siempre, una imagen de su look medio hippie, un recuerdo de voz transmitiendo una enorme tranquilidad y su cálida sonrisa.

Palabras de Nancy, la piquetera
Nos llevaron a la comisaria. Fuimos unas de las primeras en llegar. Éramos 7 mujeres, mujeres con hijos pequeños que nos aguardaban en las casas y, a los que nos  había sido  difícil dejar esa mañana.
Salimos de Glew, tuvimos una asamblea antes de hacerlo porque ese corte se venía más duro que  otros Dijimos que  íbamos a  ir  sin chicos y que la que quisiera quedarse, se quedara. Pensé  que lo iban a hacer  muchas de las que  ahora estaban conmigo en la cana.
No me podía olvidar  de cómo entró Evi, me  daba risa, era una de las primeras asambleas en el  campo. Esa tarde, estábamos discutiendo la importancia del panfleto, si era denunciativo o…
Y Lara, diciéndome, Nancy yo me tengo que ir a  buscar al gordito al  jardín, no entiendo  nada de lo que están discutiendo pero  yo  quiero trabajar en el ropero comunitario, necesito darle  de comer a  mis 3 chiquitos, sabés, además el papá se  fue   y no sé  si vuelve…
 Bueno, ese día estábamos llegando al puente y habíamos  hablado de quedarnos en parejas  por si pasaba algo. Ya en el puente se veía raro el ambiente. Caminamos por Pavón y estaban gendarmería, prefectura, la bonaerense, que se  yo. Daba  miedo, realmente, daba  impotencia. Daban ganas, una mezcla de todo. Nosotras íbamos  pedir aumento de los planes, guardapolvos, útiles, comida, medicamentos y el  gobierno decía que pedíamos  mucho.
¿Qué rara balanza  no? ¿Qué  diferente balanza manejan los del poder y los  de guita? ¿Que habrá sido  mucho para ellos? ¿Que será mucho?
 Lo vi a Darío con toda su polenta. Nosotras  estábamos en Glew que formaba parte del MTD de Alte. Brown, que fue el que iniciara Darío a sus 18 años  en Don Orione, junto a un grupo de  vecinos.
Y  lo veo, lo vi a Darío y  me acuerdo de la  primera olla fundadora del MTD en Glew y él hablando, con sus ojos  claros y su abrazote, su sonrisa hermosa al  viento y al  sol. Todas  lo queríamos en Glew; era lindo todo  su  ser. Meses atrás cuando fue el piquete en los super para pedir alimentos  para  las fiestas, para parar la olla, justo unos días antes de los saqueos, Lara se sintió mal, apunto  de desmayarse y la que la ayudó  fue Darío.
 Bueno, avanzamos ese 26 de  junio y, al llegar al puente, estábamos allí, repasando lo que  había que  hacer  y se oyeron los disparos. Las chicas se quedaron paralizadas y  hubo  que sacarlas de allí.
Escuchamos  tiros, sirenas, no  sabíamos que estaba pasando, no se veía  nada, nadie  pensaba que a pesar de esos ruidos y disparos iba a haber muertos ese mediodía. Pensamos que era la represión al piquete, algunos heridos y ya está.
A la hora, subieron los  cabezas de tortuga y uno de los tipos que después fue tristemente famoso, que estaba  de civil en una  camioneta disparando, me  dijo: “te sobran asambleas”, y  me pegó con el palo en la espalda para  bajar las escaleras.
 Nos subieron al  micro y nos llevaron a la comisaria. Como dije, éramos las primeras, y allí fueron cayendo poco a poco compañeras y compañeros. Nos separaron hombres y  mujeres y nos tuvieron por horas paradas, sin movernos, si te movías te pegaban con un palo.
Nos ayudaron los presos comunes que nos acercaban galletas y nos gritaban cosas para darnos ánimo y chistes.
Las chicas estaban blancas pero se la bancaron, su preocupación eran sus hijos, ¿quién se iba a ocupar de ellos si les pasaba algo? ¿Cómo estarían? ¿Qué nos iba a pasar? En el patio de la  comi, se seguían escuchando sirenas, tiros  y las voces de alguna tele perdida que  hablaban del Fiorito y corría el  rumor de que  había  2  muertos.
 A eso de las 19 nos enteramos de que uno de los muertos podía llamarse Darío. Yo no lo podía creer, lloramos, lloramos y gritamos en el patio de la comisaria. Yo pensé que me derrumbaba y las cumpas me dijeron, no  Nancy, por favor.
Sacamos fuerzas todas, sacamos fuerzas, no sé de donde, teníamos que salir  y salimos. La protesta afuera crecía y la unión permitió que fuera un grito que pareció único de justicia, condena a los culpables políticos  y que nos  largaran de la cana. Salimos  muy tarde, me di el gusto  de escupir al tipo que nos encerró. Estábamos muy doloridas, yo  no lo podía creer. En la  puerta había  mucha  gente esperando, peleando…
 Al día siguiente fue una  de las  marchas  más  maravillosas y tristes de mi  vida, éramos muchas  y  muchos  bajo la lluvia , pero  no se sentía la lluvia. Éramos y estábamos juntos y  juntas.
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Palabras sobre Nancy, la feminista
Cumpas: este 1 de noviembre es y será para nosotras un día especial, estuvimos en la calle, en el congreso en una movilización popular luchando por algo que venimos haciendo hace más de 20 años, desde los movimientos de mujeres y feministas:  el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, soberanía sobre nuestros cuerpos.
A la vuelta recibimos el triste mensaje… se había muerto, luego de una larga enfermedad, la compañera Nancy S. Para las que la conocieron será una noticia impactante; para las que no la conocieron les comentamos que se fue una gran mujer, feminista, luchadora, combativa, sensible, la mejor.
Se  está por publicar un libro de su autoría; ya está en la imprenta y lo publica la editorial El Colectivo. Con varias cumpas del espacio de mujeres del FPDS hicimos un prólogo colectivo. Se los mandamos para compartir este momento de tristeza por su muerte y alegría por el nacimiento de este libro.

Palabras sobre Nancy, la poeta
 Nancy es una mujer bonita que sale a luchar, día a día, que se construye y que nos enseñó a organizarnos, a ser colectivo y no individuos, a ser compañeros y compañeras.  Nancy nos ayudó a darnos cuenta de lo desigual que funcionan las cosas para nosotras, que no hay sólo una forma de ser mujer y que tenemos que aceptarnos.
Leyendo sus poemas, escritos y cuentos encontrarán a nuestra escritora no sólo trazando cosas que imagina o describiendo momentos vividos para impedir que queden simplemente transitados en la memoria, sino que nos permite recuperarnos y repensarnos hoy a cada uno y a cada una en estas Pinturas del Alma
No es fácil para nosotras, que no desarrollamos como Nancy  el oficio de organizar palabras cotidianas para que ordenadas, como aparecen en las siguientes páginas, den cuenta de parte de nuestro recorrido como pueblo, de prácticas organizativas, de cómo nos sentimos las mujeres. Escritos que buscan reflejar un cotidiano transitado y nos permiten repensarnos de una forma diferente en esta búsqueda por transformarnos en eso que soñamos.
Todo lo que podamos decir de nuestra querida compañera Nancy  (“Snupy” como varias te decimos hace ya una década), quedan cortas en estas líneas,  en este intento de pensarte como una mujer  que ha logrado trascender en el corazón de todos y todas las que tenemos la satisfacción de conocerte.
Muchas cosas han quedado impresas en nuestra piel, cuerpo y alma: tus abrazos, tu aliento para seguir adelante, tu fuerza, tu alegría que nos sirve para contagiar a los que tenemos alrededor.
Y nos preguntamos: ¿Cómo te encontramos tocando la caja y cantando con las copleras? ¿Era otra Nancy? O era la misma?, enriquecida por la heterogeneidad, el arte, las empanadas diversas, los tamales, el locro en la casona de Humahuaca donde te escuchamos.
Ese ¿Cómo estás Negrita? acompañado por el gran abrazo contenedor y sincero. ¿Cómo están tus cosas? ¿Seguís con tu pareja? ¿y tus hijos/as y tus nietos/a?  Uniendo lo personal y político como hacemos las feministas.
Fuiste impulsora del encuentro de las mujeres, pusiste la semilla en el espacio de mujeres de los MTD y para nosotras estás… no importa si no podés venir a las reuniones o a las actividades. Creemos en las continuidades históricas, somos generosas con las historias, las rescatamos. Somos así, podemos seguir creciendo porque antes hubo mucho. Muuucha lucha, energía, muuuchos abrazos, afectos.
Cada geografía humana tiene sus precipicios y estos requirieron de la atención particular de Nancy en los últimos años, demandaron que su despertar periódico esté atravesado por incentivos como lo es el crecimiento libre de su hija Mailén, su apasionado amor por la lectura y la música,  su siembra digna de amistades y nuestra pelea constante contra el dolor.
Hoy estamos, colectivamente, retribuyendo abrazos.
No pueden con el amor y mucho menos con los sueños. Sueños que nos siguen marcando el camino y a los que no renunciamos. Gracias por enseñarnos a soñar “Snupy”.
Desde algún lugar de Nuestra América, en la primavera de 2011

Yani, Celi, Monchy, Zule, Flor y La Tana.

domingo, 30 de octubre de 2011

Revisitando la polémica Camus-Sartre

Publicado en la revista Sudestada, octubre de 2011
Por Mariano Pacheco




Como en la guerra, en la polémica también es necesario que el agredido responda para que se den por iniciados los enfrentamientos. Eso, precisamente eso, sucedió cuando Jean Paul Sartre decidió responder a los ataques de Albert Camus.
Para cuando se desató este verdadero duelo intelectual, en 1952, ambos autores estaban entre los más reconocidos escritores e intelectuales de Francia. Camus ya había publicado sus novelas El extranjero y La peste, y sus principales obras teatrales: Calígula y El malentendido, Estado de sitio y Los justos. Sartre, todas las novelas que publicaría en vida: La náusea y los tres tomos de Los caminos de la libertad, su primer y único libro de cuentos, El muro, y gran parte de sus más importantes obras de teatro, como Las moscas, A puerta cerrada, Muertos sin sepultura, La mujerzuela respetuosa, Las manos sucias y El diablo y el buen Dios. Por supuesto, también era ya un reconocido pensador, en parte por su libro El ser y la nada y el ensayo ¿Qué es la literatura? Pero por sobre todo, Sartre era quien había pronunciado la célebre conferencia “El existencialismo es un humanismo” apenas terminada la segunda guerra mundial, de la que Camus fue un actor destacado, debido a sus importantes tareas desarrolladas en la resistencia antifascista.

La polémica
La ruptura entre ambos se produjo luego de que el célebre periódico Les Temps Modernes publicara un artículo escrito por Francis Jeanson, donde le reprocha a Camus (que había publicado recientemente El hombre rebelde), que reduzca su rebeldía al plano estético. Camus le contesta a Sartre, que dirige el diario, y no al autor de la nota. Escribe: “empiezo a estar cansado de ver cómo yo, y sobre todo antiguos militantes que nunca eludieron la responsabilidad en los problemas de su tiempo, reciben clases de eficacia de censores que nunca colocaron más que su sillón en el sentido de la historia”.
Frase que lidiaba con lo patético, dice uno de los biógrafos de Sartre (Annie Cohen Solal), que coloca a Camus en un lugar torpe y ridículo, que lo deja con su orgullo apaleado y sus llagas al descubierto, mostrando así su mayor debilidad. Algo que aun recordará Simone de Beauvoir varios años después, cuando redacte uno de los tomos de sus memorias (Las fuerzas de las cosas), y escriba que, más allá del rencor que sentía por alguna de las cosas escritas por Camus, sin embargo, la había conmovido saber “hasta qué punto le habían dolido algunos de los ataques dirigidos contra El hombre rebelde”.
Todo el alboroto se produce, básicamente, porque Camus le reprocha a Sartre que no denuncie los campos de trabajo forzado que funcionan en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). “Ninguna crítica de mi libro puede prescindir de este hecho”, afirma Albert.
Entonces Sartre se enoja, puesto que ante la deshonra que siente frente a un tono tan injurioso –dice– se ve obligado a no callar. Y de allí la carta, también publicada en el legendario diario, con la que replica los dichos de Camus y explica que hubiese preferido que la discrepancia entre ambos se hubiera dado por una diferencia de fondo, y no contaminada por “no sé qué tufillo de vanidad herida”. Y dedica extensas páginas en atacar a Camus en tres frentes, de manera simultánea: en primer lugar, por el dispositivo utilizado (atacarlo a él en vez de a quien ha escrito el artículo). En segundo lugar, por la acusación que realiza (que los integrantes del diario están de acuerdo con “los campos”). Por último, con relación a la posición que cada uno ocupa, en ese momento, dentro del campo cultural francés.
Veamos, entonces, cómo Sartre aborda cada uno de estos tres frentes de batalla.
En cuanto al dispositivo, Sartre desmenuza el escrito desde las primeras dos palabras. “En esta carta resulta difícil distinguir el procedimiento a secas, del procedimiento de mala fe. Me llama usted Señor Director, cuando todo el mundo sabe que nos liga una amistad de diez años; se dirige a mí, con el evidente propósito de refutar a Jeanson; éste es ya un procedimiento de mala fe”. Y lanza allí toda su artillería. Afirma que al no hablarle nunca al autor de la nota, Camus pone a Jeanson al margen de lo humano. “Por momentos llega usted a aniquilarlo del todo, y escribe tranquilamente su artículo, refiriéndose a mí, como si yo fuera el autor… Pero yo me pregunto, Camus, ¿quién es usted para imponer semejantes distancias?”. Y finalmente remata: “porque en resumidas cuentas, ¿a qué viene semejante alboroto? A Jeanson  no le gustó su libro, lo dijo, y usted se disgustó”. Claro, luego Camus utiliza un “hábil empleo del plural”, colocando a Sartre en dos incómodos lugares: como un criminal que está de acuerdo con “los campos” y como aquel que encarga los trabajos sucios a otros (en este caso criticarlo a él a través de la pluma de otro).
En cuanto a la acusación, Sartre expresa, en primer lugar, su disgusto por la forma en que Camus ha abordado el tema. Le dice que, como en las películas, se comporta como el polizonte que camina haciendo crujir sus zapatos (“Vamos hombre, te digo que ya lo sabemos todo. Te estás haciendo más sospechoso con tu silencio. Confiesa de una vez tu complicidad. Conocías esos campos, ¿no es así?”). Luego retruca que así como es justo que él pueda decir que Jeanson no ha hablado en su artículo de “los campos”, también lo es que el otro respondiera planteando que es ridículo que el escritor decida lo que el crítico debe decir. Por otra parte –remata Sartre– usted no se ocupa tanto de los campos en su libro, y no se entiende muy bien por qué exige de pronto que se los ponga sobre el tapete, salvo que algún informante mal informado le hubiera hecho creer que de ese modo nos colocaría en un aprieto”. Y en seguida aclara que el colectivo de Les Temps Modernes planteó el asunto y tomó partido ni bien la opinión pública francesa se enteraba del tema. Y más tarde, nuevamente, tanto en editoriales como en notas y artículos. “La existencia de esos campos puede producirnos indignación, puede causarnos horror, hasta es posible que nos obsesione, pero ¿por qué habría de ponernos en un aprieto? ¿He retrocedido yo alguna vez cuando se trató de decir lo que pensaba de la actitud comunista?”. Escribe finalmente Sartre: “Sí, Camus: convengo con usted en que esos campos son inadmisibles; pero también me parece inadmisible el uso que hace de ellos diariamente la llamada prensa burguesa”.
Por último, y con relación a la posición de los intelectuales en la historia, Sartre acusará a Camus de haber utilizado el sufrimiento que padecen quienes fueron a parar a esos campos para aplastar a un crítico que no le cantó loas, cuestión que le parece inadmisible. “Mi posición personal es muy distinta –refuta–, pienso que el único modo de auxiliar a los esclavos de allá es tomar partido por los de aquí”. Y derriba, como de un mazazo, todo el capital simbólico de su adversario, poniéndolo en jaque con su galardón político más preciado: su rol durante la resistencia. Sartre toma una frase de Cartas a un amigo alemán, donde Camus escribió: “durante años han querido ustedes hacerme entrar en la historia”. Y toma esa frase para decir que si en 1941 Camus ingresó en la Historia, fue un poco forzado por las circunstancias, porque entonces se trataba de impedir “que la locura hitlerista destruyera un mundo en que la exaltación solitaria era todavía posible para algunos”. Pero una década más tarde, cuando ya no se trata de defender el statu quo sino de cambiarlo, ahí sí, Camus, que se cree fuera de la Historia, pone condiciones para reingresar en ella: pide que se le ofrezcan las más seguras garantías. 
Sartre, por el contrario, sostiene que se quiera o no se está dentro de la Historia y, por lo tanto, hay que ser digno de participar en ella. “Puesto que estamos metidos hasta el cuello debemos tratar de darle el sentido que nos parezca mejor, prestando nuestra colaboración, por pobre que sea, a todas las acciones concretas que la necesiten”. Y luego remata: “para merecer el derecho de influir sobre los hombres que luchan, primero hay que participar en su lucha; hay que aceptar muchas cosas, antes de hacer lo posible por modificar algunas”.
Al parecer, ese es el momento en que Sartre está dispuesto a aceptar algunas cosas para poder ser, al menos coyunturalmente, un compañero de ruta de los comunistas.

El largo adiós
“Ignoro lo que será de nosotros: quizá volveremos a encontrarnos en el mismo bando, quizá no… La revista está a su disposición si quiere contestarme, pero yo no lo haré otra vez”, escribe Sartre hacia el final de aquella carta-polémica de agosto de 1952. “Espero que nuestro silencio hará que se olvide esta polémica” es la última oración.
Hasta que Camus murió en un accidente automovilístico, el 4 de enero de 1960,  Sartre se mantuvo encerrado en un profundo silencio respecto del tema. Pero tres días más tarde, bajo el título “Albert Camus”, publica una pieza conmovedora en torno a esa extraña amistad hecha trizas por el debate y olvidada por el paso del tiempo. Allí dice que durante los últimos meses suponían que Camus, como muchos de ellos, estaría cambiando, junto con el mundo. “Esto bastaba para que su presencia siguiera viva”. Y aclara: “Nos habíamos distanciado, él y yo. Un distanciamiento no significa gran cosa, aunque vaya a ser definitivo”.
La muerte, para Sartre, es ante todo imposibilidad de ser. De allí que no pueda conjeturarse que habría hecho, dicho, pensado Camus respecto al mundo convulsionado que se avecinaba. Sabemos, sí, algunas de las cosas que hizo antes de morir. Por ejemplo, que en 1956, estando en Argel, había intentado mantener una posición intermedia, pacifista entre los combatientes del movimiento independentista argelino y el ejército francés –recordemos que Camus nació en el seno de una familia de colonos franceses instalados en Argel y  que allí realizó sus estudios–, lanzando su “Llamada a la tregua civil”, por la cual fue abucheado por una multitud que pedía a gritos su muerte, en un contexto en el cual estar en el medio era mucho más que no posicionarse junto a las víctimas del desastre realizado por las fuerzas de ocupación (véase, a modo de ejemplo, el brillante film de Gillo Pontecorvo, La batalla de Argel). Sabemos, también, que al año siguiente recibió el Premio Nobel de Literatura. Premio que Sartre rechazaría en 1964.
En fin, de alguna manera extraña la polémica entre ambos ha sido leída muchas veces en una clave moralista. Se ha dicho, creo que injustamente, que Sartre se negaba a condenar los campos en la URSS, a diferencia de Camus, para quien los principios éticos primaban por sobre las oportunidades políticas. Injustamente –digo– porque como ya se ha señalado, en Les Temps Modernes había sido denunciado el tema en más de una oportunidad. Fue la pluma de Merleau Ponty, por ejemplo, quien expresara que si bien Rusia seguía siendo “incomparable con las demás naciones” y que no estaba permitido “juzgar  sino aceptando su proyecto y en nombre de éste”, también será él quien afirmará, en relación con los campos de trabajo soviéticos, que eran más criminales que los otros, “puesto que traicionaban la revolución”.
¿No podríamos pensar, acaso, que el acercamiento de Sartre al Partido Comunista Francés tuvo que ver con esa coyuntura tan particular, que implicaba una ofensiva conservadora no sólo en el país sino también en Estados Unidos y otros sitios del mundo? Acercamiento, por otra parte, que duró sólo dos años y medios, y que funcionó como una suerte de paréntesis a partir del cual Sartre dejaría de ser para los comunistas ese enemigo acérrimo (el que finalmente nunca dejó de ser), para pasar a ser un compañero de viaje, al fin y al cabo siempre un camarada crítico. Dicho de otro modo, ¿no tuvo que ver esa actitud con realizar un aporte para impedir que el partido fuera silenciado y se terminaran las persecuciones y encarcelamientos a sus militantes?
Porque lo que estaba en juego en la polémica con Camus, no era solamente la condena de los campos en la URSS, sino también la necesidad de preservar, al menos por algún tiempo, la imagen de un país socialista ante un contexto de macartismo en ascenso. Y en ese punto, tanto Sartre como sus camaradas del periódico, no estaban dispuestos a condenar aisladamente a Rusia, es decir, si no era en el marco de una denuncia más general de la opresión realizada por occidente en todo el mundo. Es que no podían dejar de concebir la necesidad de no caer en un anticomunismo indiscriminado, como el que ellos le reprochan a Camus. Anticomunismo que pretendía cerrar las bocas de cualquiera que protestara contra cualquier abuso, simplemente con la pregunta: ¿y los campos?

Sartre y Camus, ayer y hoy
Han pasado casi seis décadas desde aquella polémica. ¿Tiene sentido, entonces, volver sobre aquellos asuntos? ¿No es mera nostalgia, o peor aún, una reaccionaria idealización del pasado? Sospecho que no, en la medida en que entendamos que importantes elementos de aquel debate continúan estando –tal vez a modo de huellas– presentes en muchos de los debates estético-políticos de hoy en día.
Cabe destacar, a modo de cierre, que 1960, además de ser el  año de la muerte de Camus, es el año en que Sartre publica su Crítica de la razón dialéctica. Para entonces, Sartre ya había roto con los comunistas, producto de la invasión a Hungría por parte de la URSS. En uno de los dos tomos de aquel libro ejemplar, Sartre dice, entre otras cuestiones, que “el marxismo, lejos de estar agotado, es aún muy joven, casi está en la infancia, apenas si ha llegado a desarrollarse. Sigue siendo, pues, la filosofía de nuestro tiempo; es insuperable porque aún no han sido superadas las circunstancias que lo engendraron”.
Frase que en este nuevo siglo parece no haber perdido actualidad.


domingo, 2 de octubre de 2011

Abordajes críticos y narrativos en 4 encuentros

Peronismo: “Literatura argentina y realidad política”


Inicio: martes 25 de octubre, 19 hs.


Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Jorge Luis Borges-Adolfo Bioy Casares, Leónidas y Osvaldo Lamborghini, Rodolfo Fogwill, David Viñas, Germán Rozenmacher, Néstor Perlongher, Ricardo Piglia…

Coordina: Mariano Pacheco

(En MU. Punto de encuentro
Hipólito Yrigoyen 1440. Congreso)


Para inscripciones o consultas: 
cronicasmenores@gmail.com
(único abono de $ 100. Descuento para estudiantes)


La propuesta es realizar un recorrido por las representaciones gestadas en torno al fenómeno peronista en la literatura, para desde allí, pensar las relaciones, los vínculos que se establecen entre literatura y política. Desde la perspectiva de sentirse invadidos por los cabecitas negras (Cortázar), o sumergidos en la barbarie (Borges-Bioy), en clara continuidad con El matadero de Esteban Echeverría, pasando por las inversiones y relecturas críticas de estos textos (Rozenmacher y los hermanos Lamborghini), hasta la escritura y la reescritura del fenómeno de Evita, de Perón y sus respectivos funerales. Un abordaje que apunte a que la literatura se mezcle con la política, pero también, con el periodismo de investigación y el testimonio (Walsh), llegando hasta la parodia (Perlongher). Un intento por revisitar  mitos políticos fundamentales de la historia nacional, para desde allí pensar los vínculos entre el pasado y el presente, en la búsqueda de sortear tanto los lugares comunes como los sagrados. En fin, lecturas insumisas por fuera de la lógica académica y el mercado. Lecturas críticas que, en la búsqueda de pensar la realdad política, no dejen a un lado el deseo y el goce por la literatura.

Bibliografía a trabajar
(todos textos cortos. Si querés tenerlos digitalizados, comunicate por mail)

Primer bloque: “Nacimiento y caída del primer peronismo”
Nacimiento del peronismo: El subsuelo de la patria sublevado, de Raúl Scalabrini Ortiz.
El peronismo como falsedad: El simulacro, de Jorge Luis Borges.
El peronismo narrado a partir de la burla y de la reescritura de la barbarie del siglo XIX: La fiesta del monstruo, de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges (H. Bustos Domecq) y El matadero, de Esteban Echeverría.
El peronismo en la transición (del gobierno a la resistencia): Desagravio, de Ricardo Piglia.

Segundo bloque: “La fuerza de las reescrituras”
El peronismo narrado a partir de la reescritura de la paranoia: Cabecita Negra, de Germán Rozenmacher como reescritura de Casa tomada, de Julio Cortázar.
El peronismo como hecho maldito del país burgués horrorizando la lectura del burgués: El niño proletario, de Osvaldo Lamborghini.

Tercer bloque: “La fuerza del mito (en femenino)”
Reescribiendo la versión oficial: Eva Perón en la hoguera, de Leónidas Lamborghini.
Periodismo y literatura (o acerca de los modos de narrar una investigación que se trunca en el camino): Esa mujer, de Rodolfo Walsh.
Del dicho al hecho… largo trecho (la irreverencia de los devenires minoritarios): Evita vive, de Néstor Perlongher.

Cuarto bloque: “El ocaso de los ídolos”
Modos de narrar la muerte: La señora muerta, de David Viñas.
Reescribiendo los modos de narrar la muerte: La cola, de Rodolfo Enrique Fogwill.