miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Existe la hegemonía macrista?

Apuntes para pensar la coyuntura

Por Mariano Pacheco para revista Zoom

El lugar de Cambiemos en el nuevo mapa político. El peso específico del PRO, las tensiones con sus socios radicales y las dificultades de la oposición peronista.

 



A días de las elecciones legislativas, el escenario político argentino es un cúmulo de interrogantes y, como siempre, un campo fértil para las hipótesis. En Santiago del Estero y en el Senado de la Nación, el oficialismo vivió estas semanas una serie de internas entre “amarillos” y radicales que, menos que expresar debilidades en la coalición gobernante, podrían ser leídas como una avanzada del PRO sobre sus socios mayores de la Unión Cívica Radical. Por su parte, el peronismo y el progresismo “nacional y popular” continúan en su laberinto: Cristina Fernández no logra cerrar el frente interno justicialista con vistas a componer un armado amplio que pueda vencer a Mauricio Macri en 2019, pero mantiene, a su vez, una fuerte gravitación en torno a su figura, en tanto no parece emerger un liderazgo alternativo dentro del peronismo “clásico”. ¿Estamos, acaso, ante un nuevo ciclo político en la Argentina, donde Cambiemos no expresaría tanto una alianza entre el PRO y la UCR sino una nueva hegemonía, desplazando a las históricas identidades radicales y peronistas?

El mapa interno de Cambiemos
El triunfo en Corrientes del radical Gustavo Valdés –con foto junto a Marcos Peña y Rogelio Frigerio incluida– trajo paz a las aguas internas cambiemitas, tras unas semanas donde una serie de movimientos –en especial la renuncia del chaqueño Ángel Rozas a manejar el interbloque oficialista en el Senado y las peleas que casi dejan a Cambiemos sin candidatos en Santiago del Estero– volvieron a traer a flote el despecho con que no pocos correligionarios viven una relación que consideran asimétrica con sus socios macristas. ¿Son esos movimientos la antesala de una fractura o se trata simplemente de los pataleos de algunos sectores radicales molestos ante una lógica asociativa interna que no es nueva pero que sí parece ir in crescendo?

Para el sociólogo Gabriel Vommaro, la conformación misma de Cambiemos como coalición muestra un patrón de relación entre socios que, más allá de algunas diferencias, se mantiene hasta el día de hoy. Para el autor del recientemente editado La larga marcha de Cambiemos. La construcción silenciosa de un proyecto de poder y coautor de Mundo PRO, un detallado y previsor estudio sobre el partido fundado por Mauricio Macri, en este mapa interno de Cambiemos se pueden observar, como mínimo, tres aristas principales.

Por un lado, el PRO, una estructura con implantación principalmente local (Buenos Aires), más alguna relevancia en la zona centro del país, que no sólo dispone de figuras de peso y popularidad (como el propio Macri y María Eugenia Vidal), sino que cuenta también con un proyecto político, es decir, “gente que sabe para qué ganar y qué hacer con el poder”.

“Si uno mira el proceso no resultaría extraño –explica Vommaro– que el PRO pueda apostar a dar un nuevo salto cualitativo en su historia y pasar a promover Cambiemos como una nueva identidad en la que quede subsumido el radicalismo”

“Después –continúa Vommaro–, como segundo socio, aparece el radicalismo, un partido centenario con una implantación nacional que sigue siendo importante a pesar de su crisis. Basta ver provincias como Jujuy, Mendoza, Córdoba o Corrientes para ver que Cambiemos tiene una cara bastante radical”, apunta.

Finalmente, la tríada se completa con los socios menores con peso dispar como “el Partido Fe, que conducía el Momo Venegas, una especie de ´pata peronista´ pequeña, y Elisa Carrió, como figura con proyección nacional, que si bien tiene una agenda diferente a la de Macri, por ahora comparten lo esencial, porque los une sobre todo el espanto”, señala Vommaro.

Para el investigador la cuestión central es analizar qué pasó después de las últimas PASO, en donde el PRO “dejó muy en claro” cómo quiere que funcione la dinámica interna de poder en Cambiemos: “el que gana conduce, el que pierde acompaña”. El autor del libro que desentraña cómo se armó Cambiemos, insiste en pensar, a modo de ejemplo de lo señalado, cómo se conformó el gabinete nacional, “constituido básicamente por gente del PRO y del ámbito privado y las ONG en un 80%, y con radicales que están ahí no tanto por ser del partido sino por cierta amistad que supieron cultivar con el presidente”.

Alianzas, votos y perspectivas
Vommaro admite que, hasta hace muy poco tiempo, le resultaba difícil ver al PRO conformándose como una fuerza política nacional porque sus acciones parecían orientadas más a construir gobernabilidad que a edificar una fuerza propia. En el marco de esa estrategia, el macrismo se permitía darle más espacio y autonomía a sus aliados. Sin embargo, tras los resultados electorales de agosto, Vommaro sugiere que esto podría haber mutado, iniciando incluso un proceso que quizás se profundice tras las elecciones de octubre.

“Si uno mira el proceso no resultaría extraño que el PRO pueda apostar a dar un nuevo salto cualitativo en su historia y pasar a promover Cambiemos como una nueva identidad en la que quede subsumido el radicalismo”, explica, y repasa la historia del PRO: “en 2003 se funda Compromiso para el Cambio, que agrupa pedacitos de expresiones a nivel local bajo el liderazgo de Macri. Luego, en 2005, hace una alianza con Recrear y entre 2007 y 2010 se come a Recrear, luego de la ruptura entre Patricia Bullrich y López Murphy. Y en la fusión de Recrear con Compromiso para el Cambio y la fundación del PRO, el macrismo logra hegemonizar casi todo el espacio de centro-derecha de la Argentina, subsumiendo incluso otras fuerzas como la UCeDé o expresiones provinciales como el Partido Demócrata en Mendoza o el Partido Liberal en Corrientes. Ahí no todos, pero sí la mayoría de los partidos provinciales que habían apostado por constituir una fuerza conservadora nacional, se pliegan al PRO. Ahora, en tal caso, habrá que ver cuál va a ser la postura del radicalismo: si se va a dejar absorber en una nueva dinámica porque hay sectores que creen en la conveniencia de gestar una nueva identidad o si, por el contrario, van a dar una pelea para que Cambiemos sea una coalición con socios claramente identificables”, concluye.

Para el también sociólogo Pablo Semán, sin embargo, lo que expresa Cambiemos políticamente es independiente de las alianzas partidarias, porque tanto su dirigencia como los “formuladores” de su propuesta para interpelar a la sociedad (que es la que enmarca sus políticas públicas) han logrado “captar e inducir un estado de ánimo en la sociedad” que le permite generar un consenso a favor de sus políticas que no necesariamente se traduce en una aprobación de una mayoría electoral.

“Según Grimson, no se podrá salir de ese laberinto sin una representación más plural de la oposición”

“Cambiemos puede tener entre el 40 o el 45% de los votos –explica Semán– y, sin embargo, la imagen positiva de sus dirigentes es superior, e incluso el consenso de buena parte de sus políticas es superior que su caudal electoral y su presencia en instituciones de todos los niveles”.

Semán insiste en la importancia de preguntarse por los actores y los significados de ese consenso. Y arriesga que es la dirigencia de Cambiemos la que se encarga de elaborar una interpelación a la sociedad. “Ese es el trasfondo de pensar en un relanzamiento del ciclo político, pero no por el carácter de las alianzas, que son un subproducto de esa interpelación lanzada a la sociedad”.

Para Semán, no hay que dejar de tener en cuenta que hoy por hoy el PRO es “el dueño del discurso de la alianza que gobierna” e incluso opina que si los radicales quisieran irse eso no importaría tanto, porque lo que importa “es la propuesta de futuro que ha sido lanzada a la sociedad y que en gran medida amplias franjas aprueban”. Y remata: “ese consenso se basa en esa actividad interpretativa formuladora de una utopía de los dirigentes de Cambiemos y también en la forma en que despliega su actividad política Unidad Ciudadana. Porque hoy por hoy la estructura del conflicto político en Argentina se da por la presencia (irritante para una mayoría) de Cristina Fernández de Kirchner y la confianza relativa en las propuestas de Cambiemos. Entonces se produce esta situación de que tenés un 75% de la población que no aprueba la política económica de Cambiemos pero por otro lado tenés un 65% que de ninguna manera querría que vuelva Cristina. Y esos porcentajes, en gran medida, dependen de esa confrontación discursiva que es la que caracteriza el ciclo político, y que sospecho que va a ser más largo, porque el modo de oposición cristinista se va a erosionar, y sólo en ese momento podrá surgir (o no) una alternativa o respuesta real al macrismo”.

Laberintos ciudadanos
Para Alejandro Grimson el escenario post PASO no presenta muchas novedades. El doctor en antropología señala que ya se sabía de antemano que Cristina Fernández tendría un piso alto en los resultados electorales, así como un techo bajo, por lo menos en la provincia de Buenos Aires. Y al respecto señala una paradoja: “por un lado, Cristina obtiene un porcentaje muy alto de votos respecto de otros candidatos, pero esos resultados no parecen ser suficientes como para tener certeza de poder ganarle al gobierno, en un resultado que parece muy disputado”. En ese sentido, agrega, hay ahí “todo un tema con la estrategia política” y destaca el famoso 54% de la elección de 2011. “Si en las PASO de 2017 juntás todas las fórmulas peronistas sumás el 54%. Entonces ahí ves que, desde 2013 en adelante, lo que hubo fue un proceso de divisiones que hoy, al parecer, no podría ser reconstruido sin reconstruir las alianzas que se habían producido en ese momento, lo cual a esta altura tampoco parece posible de reconstruir. Por lo tanto, con la excepción de que se produjera un cambio en la situación política nacional, parece que estamos ante un callejón sin salida, sumergidos en una suerte de laberinto”.

“Cambiemos puede tener entre el 40 o el 45% de los votos –explica Semán– y, sin embargo, la imagen positiva de sus dirigentes es superior”

Según Grimson, no se podrá salir de ese laberinto sin una representación más plural de la oposición. Y comenta: “si uno mira todas las movilizaciones que hubo durante el último año y medio se puede ver que hay una gran cantidad de identidades políticas allí presentes e incluso mucha gente que no adscribe a ninguna identidad política determinada. Y esa gente te da una pauta de que hoy el descontento no se sintetiza en ninguna candidatura”. De allí el panorama sombrío que visualiza Grimson: “si Cambiemos triunfa en la provincia de Buenos Aires y en Santa Fe, uno puede trazar una perspectiva donde el macrismo esté al frente del gobierno por cuatro años más, salvo que se produzca algún hecho político que no esté en la agenda y modifique la situación. Hay algo que merece ser pensado y es esto de que, durante los primeros tres meses de gobierno de Macri, muchos decían que ese proyecto duraba poco, mientras otros decíamos que no sabíamos cuánto podía durar pero sí afirmábamos que estábamos convencidos de ver ahí una voluntad política muy firme de quedarse por muchos años, que puede rastrearse de alguna manera en esa discusión sobre shock o gradualismo y en su concepción del gradualismo. Lo que hay que tener en cuenta es que la afirmación de que dos de cada tres bonaerenses votaron contra el ajuste es un buen slogan para hacer campaña electoral, pero desde el punto de vista del análisis político es, por lo menos, imprecisa. Porque un gran porcentaje de esos votantes no están de acuerdo con el ajuste pero tampoco están de acuerdo con Cristina, e incluso algunos no están de acuerdo con el ajuste pero igual votan a Cambiemos. Yo creo que gran parte del caudal de votos de Massa, por ejemplo, es de personas que creen que Massa actuó bien en el Congreso en este tiempo. Insisto: está bien dirigirse a esos votantes, y hablarles, pero es muy difícil tener una llegada sin escuchar”.

¿Nueva hegemonía?
Para el periodista y editor de La Izquierda Diario, Fernando Rosso, sin embargo, resulta apresurado hablar de una nueva hegemonía de Cambiemos o del PRO en Argentina. Y argumenta que, en principio, no necesariamente un triunfo electoral implica una nueva articulación hegemónica. Y pone como ejemplo el 54% obtenido por Cristina Fernández en 2011, quien dos años después pierde en la provincia de Buenos Aires.

“Yendo a una definición lo más clásicamente posible del concepto de hegemonía, que es que un sector social, una clase dirigente pueda hacer de sus intereses particulares un interés universal y convencer al resto de los sectores sociales de ese proyecto, diría que se necesitan determinadas condiciones para construir una hegemonía, que hoy por hoy el PRO o Cambiemos no tienen”, comenta Rosso, y enumera: “desde condiciones internacionales (hoy mucho más complejas que las que se dieron durante el auge del kirchnerismo e incluso del menemismo) hasta relaciones de fuerzas entre la clases sociales que no han sido modificadas como para imponer una hegemonía que exprese el espíritu del programa verdadero que tiene Cambiemos, que es imponer un proyecto neoliberal”.

“Para Fernando Rosso, sin embargo, resulta apresurado hablar de una nueva hegemonía de Cambiemos o del PRO en Argentina”

Rosso aclara que sus afirmaciones no quieren decir que Cambiemos no haya avanzado e incluso que pueda confirmar su victoria en octubre en la provincia de Buenos Aires y otros lugares del país, sino que sólo intenta mostrar los límites que un triunfo en las urnas puede tener. Para el periodista, la clave está en pensar la derrota o no que han padecido los sectores populares en los últimos dos años, derrota que él entiende aún no se ha producido.

“Los sectores sociales y las organizaciones que enfrentamos al gobierno debemos marcar cuáles son las contradicciones que éste tiene para tratar de enfrentarlo y ponerle límites a sus proyectos. Si sucede que siguen haciendo ajustes pero con un cierto gradualismo, esto expresará una relación de fuerzas no tan desfavorable, lo que hará que tengan que patear la crisis para más adelante. Y de hacer eso se convertirán en otra cosa, no habrán impuesto su hegemonía sino negociado con una relación de fuerzas determinada, negociación que tampoco hará que solucionen las cuestiones de fondo, que son los desequilibrios políticos y sociales que ya venían de la última etapa del kirchnerismo”, reflexiona Rosso, quien, para terminar, retoma la definición de Juan Carlos Portantiero para decir que, más que ante una nueva hegemonía de Cambiemos, nos encontramos ante una situación de “empate catastrófico” en el cual, “dicho gramscianamente”, aún permanecemos “entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer”, más allá de los sectores que más o menos deformada o distorsionadamente expresan relaciones de fuerzas más profundas en la arena electoral.

martes, 10 de octubre de 2017

Introducción al Pensamiento Político de Karl Marx (Taller)

A 150 AÑOS DE LA EDICIÓN DE EL CAPITAL
 

PROGRAMA DE LECTURAS
Primer encuentro
Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo (V. Lenin)

https://pensaryhacer.files.wordpress.com/2008/06/tres-fuentes-y-tres-partes-integrantes-del-marxismo.pdf 

Segundo encuentro
Karl Marx: “El trabajo alienado” (extracto del Primer manuscrito de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844)
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man1.htm
 
Karl Marx: Tesis sobre Feurbach
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/45-feuer.htm


Tercer encuentro
Karl Marx-Federico Engels: El Manifiesto Comunista
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Karl Marx: “Prólogo a la Contribución de la crítica de la economía política”
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

 
Cuarto encuentro
Karl Marx: La guerra civil en Francia
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm

Quinto encuentro
Karl Marx: El capital. Crítica de la economía política (Capítulo XXIV: “La llamada acumulación originaria”)

https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm


Sexto encuentro
Karl Marx: El capital. Crítica de la economía política (Capítulo XIII: “Maquinaria y gran industria”)
 http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/13.htm

domingo, 8 de octubre de 2017

Ernesto lector; Guevara escritor. Retomando algunas hipótesis de Ricardo Piglia


A 50 AÑOS DE SU ASESINATO


Por Mariano Pacheco*



La lectura funciona como un modelo general de construcción del sentido”
Ricardo Piglia


En su ensayo titulado “Ernesto Guevara, rastros de lectura”, publicado en su libro El último lector, Ricardo Piglia arroja una hipótesis que quisiéramos rescatar aquí, un poco en homenaje al Che, y otro poco a ese lúcido lector, escritor y militante del pensamiento crítico que fue el propio Piglia. La hipótesis en cuestión, presente en el texto mencionado que recomendamos leer, sostiene que hay, en la vida de guevara, una “serie de larga duración” que recorre su existencia más allá de los cambios bruscos, las metamorfosis, las transformaciones: una persistencia, la lectura.

LA LECTURA
La lectura como serie de larga duración es propuesta en este ensayo a partir de cinco escenas de lectura. La primera es la de “Ernestito”: junto a su madre, en su casa, el niño aprende a leer en una escena privada que le impone sus condiciones adversas de salud. La segunda es la de “Ernesto”, el joven que le escribe a su padre en una carta del 21 de enero de 1947: “tengo doscientos de sueldo y casa, de modo que mis gastos son en comer y comprar libros con que distraerme”. La tercera es en el momento de transición hacia ser el Che, o más bien, el momento en que Ernesto pasa a ser el Che. Guevara, escribe Piglia, es alguien “que encuentra en una escena leída un modelo ético, un modelo de conducta, la forma pura de la experiencia”. Y para ejemplificar lo que escribe, Piglia recuerda que en sus Pasajes de la guerra revolucionaria el Che cuenta que, en un momento en que cree que va a morir, recuerda “Hacer un fuego”, cuento de Jack London en donde un personaje se dispone a “morir con dignidad” cuando descubre que se encuentra ya frente al final. “Se trata de un momento de gran condensación”, insiste Piglia, quien da cuenta del “quijotismo de Guevara”: “la vida se completa con un sentido que se toma de lo que se ha leído” (sus compañeros de la lucha en Sierra maestra recuerdan que él se tendía a leer cuando en una pausa todos se tiraban a dormir). La cuarta escena pertenece al Congo, cuando Guevara escribe en su diario de la guerrilla: “el hecho de que me escape para leer, huyendo así de los problemas cotidianos, tendía a alejarme del contacto con los hombres” (la lectura como adicción, junto con el tabaco). La quinta escena, finalmente (la más conocida), remite a la famosa fotografía de Guevara en Bolivía, sentado en la rama de un árbol, leyendo. “Guevara lee al interior de una experiencia, hace una pausa”, relata Piglia, quien recuerda que Régis Debray contó que la primera caída del grupo guerrillero en Bolivia fue una pequeña biblioteca que habían montado en una gruta junto con una reserva de víveres. De allí el contraste que señala Piglia: mientras el principio de la guerrilla presupone movilidad (y por lo tanto liviandad), Guevara marcha con el peso de sus libros, y el portafolios donde guarda el diario de campaña que va escribiendo. Imagen que abre la puerta a la serie de la escritura.

LA ESCRITURA
De la mano de lectura, entonces, la escritura… y los viajes.
Piglia da cuenta de un fenómeno: Guevara empieza por escribir informes de lo que ha leído, y luego, cartas a sus familiares (porque se encuentra lejos, viajando), y los diarios de sus recorridos. “Entre 1945 y 1967 escribe un diario: el diario de los viajes que hace de joven cuando recorre América, el diario de la campaña en Sierra Maestra, el diario de la campaña del Congo, el diario de Bolivia”, escribe Piglia, quien recuerda la aspiración del joven Guevara por ser escritor (“en aquel tiempo yo pensaba que ser un escritor era el máximo título al que se podía aspirar”, escribió a Ernesto Sábato tras el triunfo de la revolución en Cuba). Pero primero una intuición: para escribir hay, primero, que viajar, tener una experiencia para luego poder escribirla. “Hay que convertirse en escritor fuera del circuito de la literatura. Sólo los libros y la vida. Ir a la vida (con los libros en la mochila) y volver para escribir (si se puede volver)”, relata Piglia, que a su vez subraya: “el Guevara que va al camino y escribe un diario no se puede asimilar ni al turista ni al viajero en el sentido clásico. Se trata, antes que nada, de un intento de definir la identidad; el sujeto se construye en el viaje; viaja para transformarse en otro”.
Pasaje de un sujeto a otro que puede rastrearse siguiendo el itinerario de sus primeros viajes: ajeno al turismo y al dinero, convive con la pobreza, descubre nuevas lecturas, “lee” ciertos tipos sociales (linyera, desclazado, marginal, leproso, pero también minero, campesino, indígena sudamericano). “El viaje se convierte en una experiencia médico-social que confirma lo que se ha leído o, mejor aún, que exige un cambio en el registro de las lecturas para descifrar el sentido de los síntomas”, remata Piglia.
Ernesto lector, entonces; y Guevara escritor rescatado por el autor de Respiración artificial, quien no aborda en “Rastros de lectura” los textos de análisis escritor por el Che, que dan cuenta asimismo de una preocupación que va desde la lectura de textos de literatura como un modo de amplificar la capacidad de imaginación hasta la escritura de la propia experiencia, pasando por la reflexión crítica sobre el mundo que se habita, las luchas que se libran por transformarlo y los desafíos del mundo nuevo que se pretende construir. Ernesto Che Guevara también, entonces, como hacedor del pensamiento crítico Latinoamericano, cuyos textos no pueden sino ser sumados a las bibliotecas construidas o por construir, armas de la crítica fundamentales para cuestionar lo dado.

* La luna con gatillo/Resumen Latinoamericano.

sábado, 7 de octubre de 2017

Nuestro Guevara



A 50 años de su asesinato

Por Mariano Pacheco


“Siempre quedan rezagados, y nuestra función no es la de liquidar a los rezagados, no es la de aplastarlos y obligarlos a que acaten a una vanguardia armada, sino la de educarlos, la de llevarlos adelante, la de hacer que nos sigan por nuestro ejemplo… el ejemplo de sus mejores compañeros, que lo están haciendo con entusiasmo, con fervor, con alegría día a día. El ejemplo, el buen ejemplo, como el mal ejemplo, es muy contagioso, y nosotros tenemos que contagiar con buenos ejemplos… demostrar de lo que somos capaces; demostrar de lo que es capaz una revolución cuando está en el poder, y cuando tiene fe”.
Ernesto Guevara



Las palabras del Comandante Nuestraamericano extraídas de su texto titulado “Sobre la construcción del partido” y citadas a modo de epígrafe para este breve escrito dan cuenta de una doble preocupación del Che que quisiéramos rescatar, en las vísperas del 50 aniversario de su asesinato. Por un lado, la paciente impaciencia que guía el accionar de los revolucionarios. Por el otro, la voluntad de predicar con el ejemplo y dejar abiertas las puertas de la historia, más allá de que no sepamos si, realmente, somos capaces o no de llevar adelante nuestros propósitos. Con fuertes reminiscencias spinocistas, el final de la frase nos recuerda la advertencia del filósofo holandés, quien sostenía que nunca, de antemano, podemos saber lo que un cuerpo puede.
En medio de una situación nacional, continental e internacional por demás complicada (ofensivas conservadoras por aquí y por allá), el rostro del Guevara derrotado en Bolivia se nos presenta como una imagen a la que debemos poner en serie con la del líder en ascenso, o incluso, con la de la victoria revolucionaria en Cuba. Es que visto a la distancia, y en vínculos con los desafíos de la hora, la política del contagiar con el ejemplo e impulsar para adelante a los más rezagados se convierte en programa y en un modo popular (no populista) de entender el vínculo entre los cuadros y las militancias, y entre éstas y el activismo más destacado de nuestro pueblo. Contra la visión “torremarfilista” que autoproclama para sí la lucidez de los especialistas y la infalibilidad de los convencidos, el legado de Guevara, en esta clave, apunta más a contagiar en base a lo actuado que en convencer, adoctrinar, bajar línea. Porque la militancia, tal como podemos entenderla hoy, no se sostiene en base a pruebas de verdad sino sobre coherencias con apuestas que no se reservan para sí ninguna garantía. “Actuar permanentemente preocupados de nuestros propios actos”, dice. Y hace hincapié en la capacidad de estar abierto, siempre, a las nuevas experiencias. Actuar, señala el Che, con una “gran sensibilidad frente a la injusticia. Espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho”.
Ni desesperanza ni angustia, entonces, sino convicción. Y una ética que sostiene que aún sin certezas de posibles victorias resistir es una opción válida, que se transita con la alegría de saber de la apuesta por la transformación, y conscientes de que todo irá peor si no promocionamos la rebelión. De allí que hoy el Che se rescate por amplias capas de la población, sobre todo de la juventud, más allá de sus “partidarios”. Es que Guevara es también expresión de rebeldía en canchas de fútbol y recitales de rock, y no sólo ideas y prácticas comunistas que, por supuesto, también se han transformado en legado de nuevas militancias.

Juventud Presente
Son precisamente las camadas más jóvenes de luchadores las más receptivas a incorporar entre sus prácticas y desafíos la cuestión de la puesta en cuestión (valga la redundancia) de los modos de vida capitalistas, en el aquí y ahora, más allá de las proyecciones sobre un futuro socialista para toda la sociedad. Puesta en cuestión que requiere no sólo una intensa práctica contrahegemónica, en medio de un mundo tomado por el capital, sino también el abordaje respecto de los problemas de la subjetividad.
Algo de eso supo abordar el Che cuando planteó una serie de preguntas en torno a lo que denominó los “estímulos morales”. Cómo contraponer un tipo diferente de subjetividad a la regla capitalista fundada en la materialidad y el interés, podríamos decir hoy. “Una juventud que no crea es una anomalía”, instó en su momento, y hoy resuenan sus palabras contra todos aquellos que esperan respuestas de liderazgos que los triplican en edad. “Se plantea a todo joven comunista ser esencialmente humano, ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo humano, purificar lo mejor del hombre por medio del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo, desarrollar al máximo la sensibilidad hasta sentirse angustiado cuando se asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo y para sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad”, interpeló a los jóvenes de su tiempo, y nos interpela hoy, en un mundo cada vez más signado (otra vez) por la lógica de “sálvense quien pueda”. Construirnos en la perspectiva de un nuevo internacionalismo (desde abajo y a la izquierda), entonces, es otro de los legados guevarianos.
Algo similar a esto citado de su texto “Qué debe ser un joven comunista” plantea en El socialismo y el hombre en Cuba, cuando dice que la revolución “se hace a través del hombre”, pero insiste en que el hombre “tiene que forjar día a día ese espíritu revolucionario” (“Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo”, remata en sus reflexiones).
Por supuesto, el modo de mencionar las “singularidades existenciales” es digno de su época, y tanto a él como a Jean Paul Sartre se les podría cuestionar el hecho de que hablen de Hombre como sinónimo de humanidad (ya hombres y mujeres denota un binarismo digno de un aplastamiento y homogeneización de los devenires diversos que habitamos y nos habitan), pero toda gran figura (incluso Guevara), no puede ser pensada sino en su contexto.
Quedémonos, de todas formas, con esta idea de que el hombre nuevo (la nueva humanidad) hay que forjarlo ya desde ahora y no pensarlo como resultado de transformaciones futuras. Forjarnos en la actualidad como existencias de nuevo tipo, ese es el gran legado de Guevara. Hay toda una “política menor”, una micropolítica que, enlazada con la macropolítica, se transforma en programa-hipótesis para el accionar en el nuevo milenio.
Cuando la impaciencia nos gana, cuando el desánimo se apodera de nosotros, no tenemos más que voltear la mirada hacia el rostro de Guevara que suele estar presente en pancartas, grafitis, afiches o remeras para tomar ánimo. No para idealizarlo, sino para recordar que Guevara fue un “hombre entre los hombres” y no un gigante inalcanzable. Un hombre sumergido en la historia, en su tiempo. Y por lo tanto, para recordar que así como fue posible que existieran mujeres y hombres de su talla, también es posible gestarlos hoy otra vez. Cuando necesitemos fuerzas para continuar la marcha, no hay más que detenerse y citar nuevamente la emblemática frase del comandante Fidel Castro y gritar: ¡Seremos como el Che Carajo, porque acá.. acá nadie se rinde”.

viernes, 6 de octubre de 2017

Vicente Zito Lema presentó en Córdoba su obra sobre Eva Perón




 No hay nada más material que un sueño”

Mariano Pacheco para La luna con gatillo*


“La historia es un constante devenir”, dice Vicente Zito Lema sobre el escenario del teatro de la Ciudad de las Artes de la capital cordobesa. Y también: “la poesía es el único lenguaje digno para hablar de la muerte”. En su función de relator Zito Lema interviene en varios tramos de Eva Perón resucitada en los tiempos del rencor, obra de su autoría que dirige desde hace un año y que ya tuvo varias presentaciones en las ciudades de Buenos Aires y Mar del Plata. Con la actuación de Nara Carreira interpretando a Eva, la obra cuenta con dos músicos en escena (Federico Olschansky en clarinete y Gabriel Lamberghini en bandoneón, a quienes se sumó un músico cordobés en guitarra) y un cuerpo de veinte mujeres en escena en función de coro (que en la ocasión sumó a todas artistas de la provincia). “Aún se habla de Eva con rencor”, puede escucharse en boca del coro que logra una mixtura entre lo clásico y lo contemporáneo.

Eva la puta, la bastarda, la que merecía el sufrimiento. “¿Qué no dijeron de mí?”, se pregunta Evita arriba de un tacho de YPF. “Las bocas del rencor prohibieron hasta mi nombre”. Eva la humillada. Un rencor sin límite ni fin.

El relator inscribe la violencia antiperonista en una serie larga de la historia nacional y latinoamericana: desde Tupac Amaru hasta Kosteki y Santillán, pasando por los fusilamientos de Manuel Dorrego, los de José León Suárez y los de Trelew, o los bombardeos a Plaza de Mayo, e incluso traspasando tiempos histórico-concretos para plantear al rencor como la más “feroz e implacable” pasión humana.

La Evita de Vicente “va de culo” con la Eva Perón oficial, la de las placas y las ceremonias, la de los cuadros de señora con rodete. Inscripta en la larga serie de la literatura nacional (que va desde la innombrable mujer de Rodolfo Walsh hasta el personaje histórico-novelado de Tomás Eloy Martínez, pasando por la irreverente Eva travesti-punk de Copi y Néstor Perlongher), esta Evita es la de sonrisa y pelo suelto, la que despierta pasiones tan fuertes que llevan a otros seres humanos a festejar su cáncer y secuestrar-mutilar su cadáver; pero también la que logra despertar gestos de amor extremo. Como el del propio Zito Lema que no sólo dedicó unas palabras finales a Santiago Maldonado cuando en medio de los aplausos alguien gritó: “Dónde está Santiago Maldonado?”, sino que también dedicó silencios en medio de una extensa caminata previa a la puesta en escena de la obra, cuando participó de la movilización realizada en Córdoba para reclamar la aparición con vida del joven artesano detenido-desaparecido por la Gendarmería Nacional en Chubut, cuando se solidarizaba con la lucha emprendida por el pueblo mapuche de la Patagonia.

Alguna vez Vicente me contó que el primer texto que escribió fue cuando estaba en los primeros años de la escuela primaria: un poema para un concurso escolar. Comenzó bien sus andanzas por la escritura porque obtuvo el primer premio: una bicicleta que le entregó la propia Eva Perón. Aquella vez, en un homenaje a Eva realizado en un centro comunitario de una organización territorial, Zito Lema comentó al pasar: “tal vez de allí mi enamoramiento de Evita, y mi fastidio por Perón”. Sus palabras dan cuenta del trasfondo artístico de una creación pero también del drama de toda una generación. Drama que en esta obra seguramente exprese su punto más alto cuando Vicente el relator abra una carpeta con viejos papeles y recite su poema “Hablar de Eva”. Zito Lema lee y se pregunta desde dónde hablar de Eva. Pregunta que queda retumbando en los oídos de todos nosotros, si queremos dejar de ser espectadores de una obra para pasar a ser protagonistas de una historia. 
 
*LA LUNA CON GATILLO: Una crítica política de la cultura
Jueves de 19 a 20.30 horas en vivo por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar), la radio del Centro Cultural España Córdoba.
Fanzine digital de actualización diaria: 

miércoles, 4 de octubre de 2017

Reseña de “El marxismo de Gramsci. Notas sobre los Cuadernos de la cárcel”, de Juan Dal Maso (y entrevista con su autor)


Libros para el cambio social

Por Mariano Pacheco*


Juan Dal Maso destaca el hecho que exista una “sobreproducción” en torno a Antonio Gramsci, así como la importancia de leerlo para “repensar ciertos núcleos teóricos del marxismo clásico”. De allí que la escritura de este libro esté pensada en torno a una serie de reflexiones despertadas tras la lectura y relectura de los Cuadernos de la cárcel durante más de una década.
El autor vuelve sobre algunas pistas del marxismo para reintroducir algunos debates esenciales y, a los ojos de este cronista, fundamentales para repensar las teorías emancipatorias en el siglo XXI (en general) y los argumentos teóricos del reformismo (en particular), pero por sobre todo, para reintroducir en los debates intelectuales contemporáneos la cuestión del vínculo entre filosofía y política. Dal Maso recuerda que la tríada “filosofía-política-economía” son constitutivas de la “concepción del mundo” propugnada por el comunista sardo, quien por otra parte recomendaba buscar la explicación de la filosofía de los hombres políticos más en sus escritos sobre política que en los de filosofía. “Para el caso del pensamiento de Gramsci no se trata tanto de buscar su verdadera filosofía en sus escritos políticos, sino de que el conjunto de la reflexión carcelaria tiene un carácter político, en el marco de que son ´traducibles´ los registros de filosofía, política y economía”.
Más allá de la coincidencia (o no) con los planteos explicitados en este libro y el trasfondo teórico-político que maneja el autor, no puede dejar de destacarse que se trata de un libro de intervención militante, publicado por las ediciones del Instituto del Pensamiento Socialista (IPS), como parte de las iniciativas de políticas culturales impulsadas por el Partidos de los Trabajadores Socialistas (PTS), una de las tres fuerzas que componen el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) que, por otra parte, es uno de los agrupamientos de la izquierda argentina (la “tradicional” y la “nueva”) que más viene insistiendo en crear estructuras que disputen los sentidos hegemónicos y abran debates puertas adentro de las fuerzas que propugnan cambios sociales radicales (en el mismo sentido pueden mencionarse otras intervenciones, sostenidas y permanentes en el campo cultural, como son el Portal La Izquierda Diario, la Revista Ideas de Izquierda y la iniciativa de TV-PTS).
Seguramente este carácter “militante” de la publicación sea lo que haya llevado a su autor a transitar simultáneamente los andariveles de la divulgación (prueba de ello es la introducción con apuntes biográficos y de contextos, y varias explicitaciones de términos y conceptos utilizados a lo largo del libro) y la rigurosidad en la elaboración teórica.
Por tratarse de un trotskista argentino, integrante de una de las corrientes que más reivindican la ortodoxia, no deja de ser llamativo este “prestar atención” a la figura y las ideas del comunista sardo que, dicho sea de paso, no se posicionó junto a León Trotsky en las polémicas internas de la Internacional Comunista, y que por lo general fue rescatado por otras tradiciones del marxismo, más ligadas a la historia (crítica) del Partido Comunista (el emblemático grupo cordobés de Pasado y Presente o más recientemente por intelectuales como Daniel Campione) o incluso de las “nuevas izquierdas (Mable T.Rey; Hernán Ouviña; Aldo Casas, por mencionar algunos). Sobre algo de esto conversamos con Juan Dal Maso en la entrevista que nuestros lectores podrán escuchar ingresando al link que se comparte al final de esta reseña.
De todos modos, las referencias a la “ortodoxia” no dejan de hacerse explíticas en este libro, tanto cuando el autor recuerda la perspectiva de Gramsci al respecto como cuando hace referencia al movimiento comunista internacional previo al ascenso marcado del stalinismo. “En la perspectiva de Gramcsi, la ´ortodoxia´ reside esencialmente en la comprensión del carácter histórico del marxismo y en la tentativa de reconstruirlo como pensamiento unitario e independiente de las corrientes del pensamiento filosófico burgués”, puede leerse en un tramo del libro, previo a una cita del propio Gramsci, quien escribe: “una teoría es ´revolucionaria´ precisamente en la medida en que es elemento de separación y distinción consciente en dos campos, en cuanto es un campo inaccesible al campo adversario”. Apuntes a los que más adelante Dal Maso agrega: “antes de la burocratización no existían los ´puntos de vista oficiales´ por lo menos totalmente establecidos en filosofía y por el contrario, la tradición de la Tercera Internacional se destacaba por su riqueza teórica”. Postura desde la cual puede entenderse un poco más estos esfuerzos realizados por cruzar ciertas reflexiones de Gramsci con las de Trotsky.

La tríada bolchevique
Los estudios sobre los Cuadernos de la cárcel en particular, y las ideas de Gramsci en general, son puestos en relación en este libro con las ideas de los dos grandes referentes de la Revolución Rusa de 1917: Lenin y Trotsky. Conceptos leninistas como el de “situación revolucionaria” son puestos en diálogo con conceptos gramscianos como el de “crisis orgánica”, o con el de hegemonía, que Dal Maso relaciona con el de “revolución permanente”.
También Trotsky y Lenin son puestos a dialogar en este libro a través de conceptos como el mencionado de “revolución permanente”, y algunos planteos de Vladimir presentes en las Tesis de abril. Aunque en donde más fructíferos resultan esos cruces, a los ojos de este cronista, es en la puesta en relación de los análisis que Gramsci realiza a propósito del “momento estratégico de la hegemonía” (momento económico-estructural, momento político y momento militar de las relaciones de fuerzas) y las reflexiones realizadas por Trotsky a propósito de la guerra civil, tomada de “Los problemas de la guerra civil”, conferencia del jefe del Ejército Rojo dictada en la Academia de Ciencias Militares de Moscú en 1924. “La hegemonía aparece, en su acepción específicamente estratégica, como un momento ubicado entre la lucha social y la guerra civil”, comenta Dal Maso a propósito de Gramsci, para recordar que en Trotsky la insurrección es un momento de la revolución, previo a la toma del poder, que no detiene la guerra civil sino que hace que ésta cambie de carácter.

Los “usos” de Antonio Gramsci
El autor realiza un recorrido histórico de los usos de Gramsci en Argentina, partiendo del “momento inaugural” de fundación del grupo Pasado y Presente (1963), pasando por los años 60 y 70 (apropiación del guevarismo, el maoismo, el obrerismo, las guerrillas latinoamericanas y las nuevas izquierdas) hasta llegar al “Gramsci de la derrota” rescatado en los años 80 para resignificar sus ideas en una “clave democrática”. De allí el salto a la actualidad, en una búsqueda por dar cuenta de la presencia del dirigente comunista tanto en los nuevos movimientos sociales como en ciertos ideólogos de algunos gobiernos “posneoliberales”.
En ese recorrido, resulta llamativo el cruce, nuevamente, entre Gramsci y Trotsky, esta vez, situado en coyunturas más cercanas, si bien no temporalmente al menos sí geográficamente. Dal Maso trae ante los lectores, nuevamente, la tan conocida metáfora gramsciana de “Oriente y Occidente”, y arriesga la hipótesis de que sólo reconociendo el carácter “peculiar y contradictorio” de América Latina se puede hablar de una “condición occidental” presente en estas tierras. “Y este carácter peculiar y contradictorio está dado por la precariedad que se desprende de una óccidentalización´ en los marcos de una condición estructural semicolonial. Esta precariedad no depende únicamente de factores políticos sino en primer lugar económicos, es decir, de la posición subordinada de nuestro subcontinente en la división internacional del trabajo y de las configuraciones concretas de las relaciones de nuestros países, y de el o los imperialismos, según los distintos momentos históricos”, señala, antes de pasar a revisitar las reflexiones de Trostky en torno a la relación “Estado/sociedad civil” en América Latina.
Repasando los Escritos Latinoaméricanos del fundador de la IV Internacional, Dal Maso recuerda esta paradoja del poder de los Estados Latinoamericanos que, en determinado momento de su desarrollo, tuvieron que garantizarse una base de apoyo en la clase obrera para sostenerse, en ausencia o con fuertes debilitamientos de una burguesía que se erigiera como clase nacional. Reflexión de Trosky que rescata para repensar un problema que persiste hasta la actualidad: el rol de los sindicatos “estatizados” como “proceso orgánico”, más allá de la “ampliación”o “restricción” del Estado en políticas públicas denominadas “progresistas” en las distintas coyunturas. En este contexto –insiste Dal Maso, citando a Trotsky-- la burocracia sindical constituye un “aparato paraestatal” que actúa como “sociedad civil” cuando tiene que contener y como Estado (“banda paraestatal”) cuando tiene que apuntalar la represión.
Inscribiendo los aportes teóricos de Gramsci en la tradición trotskista, Dal Maso concluye con una serie de interrogantes en cuento a las posibilidades de reconstruir un marxismo revolucionario en la actualidad que pueda determinar cual es la “forma actual” que puede adoptar la “revolución permanente”, entendida en su “sentido virtuoso” de progresión de revolución “democrática a socialista” y de “nacional a internacional” en una perspectiva de “transición” hacia otro tipo de sociedad, sin explotados y dominados.

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