Tras los fusilamientos de José León Suárez Rodolfo Walsh traza una línea de fuga, gestando con su proyecto de "Operación masacre" una verdadera “máquina de guerra”, con la invención de un nuevo género en el que se entrecruzan literatura, periodismo y militancia.
La investigación sobre la matanza perpetrada por la dictadura de la autodenominada "Revolución libertadora" (luego rebautizada como "La fusiladora"), produce no solo el testimonio de la experiencia de los resistentes peronistas (¡hay fusilados que viven!), sino también la denuncia de los crímenes de Estado.
La serie literaria se liga ssi no solo con la historia social, sino también con la historia política y va a parir el compromiso de quien escribe con la causa de la justicia y la igualdad.
Como sostuvo alguna vez Ricardo Piglia, en Walsh (a diferencia de la posición neutra del non fiction estadounidense), el acceso a la verdad está trabado por la lucha política. Así, la "investigación-testimonio-denuncia" realiza un doble movimiento que implica, por un lado, rescatar las verdades fragmentarias, las alegorías y los relatos sociales y, por otro lado, desmontar las construcciones del poder y sus fuerzas ficticias.
Como.si fuera poco, al conjunto de notas que se transforma en libro, u a década después y con el "resistente- sobreviviente" Julio Troxler como protagonista y bajo la dirección de Jorge Cedron, "Operación masacre" se transforma en film, que interviene directamente en aquel momento de la lucha de clases en Argentina.
70 años después conviene no olvidar aquello que supo escribir ese otro resistente, el filósofo Walter Benjamin:
"Ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo si este vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer".

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