domingo, 20 de noviembre de 2011

Taller: Literatura y peronismo- Nuevos encuentros

Miércoles 30 de noviembre/ 7 y 14 de diciembre
19 hs, en Boedo


Cronograma:

 Primer encuentro
La narrativa de Ezequiel Martínez Estrada: entre Kafka y Perón

Segundo encuentro
Operación masacre de Rodolfo Walsh: la politización de la literatura, la peronización del escritor

Tercer encuentro
El grupo Contorno: Los intelectuales y las relecturas del peronismo tras el derrocamiento del gobierno

Para informes e inscripción:
cronicasmenores@gmail.com/ cel: 1138005025

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Comparto reseña del libro de Aldo Casas

Los desafíos de la transición. 
Socialismo desde abajo y poder popular
Herramienta ediciones/ Editorial El colectivo (Bs. As, 2011)


Partiendo de una afirmación de Iván Mézsáros (“en su despliegue, el capital amenaza las posibilidades de supervivencia de la humanidad”), Aldo Casas sostiene en este segundo libro de la colección cascotazos (iniciativa conjunta de ambas editoriales), que nos encontramos ante una crisis que no es una más de las tantas que tuvo el capitalismo a lo largo de su historia. Esta “crisis sistémica”, por el contrario, afecta todos los niveles del orden del capital y, por primera vez, se produce a una escala efectivamente planetaria. Así, la crisis es simultáneamente económica, ecológica-ambiental y civilizatoria.
Ante esta situación, Casas sostiene que se hace necesario librar una batalla no sólo contra el capital, sino también contra las “ortodoxias anacrónicas” y el “conformismo posmoderno”. De allí que, desde la nueva izquierda desde la cual escribe el autor –“independizada de los moldes partidocraticos”– sea fundamental atreverse a desarrollar un pensamiento crítico, que ayude a construir, a fabricar nuevas respuestas ante los nuevos interrogantes planteados para las izquierdas, tanto en el país como en Nuestra América y el mundo. Pensamiento que sea capaz de dar continuidad al audaz e inconcluso proyecto crítico iniciado por Karl Marx (de allí que Casas reivindique un marxismo situado, libertario y abierto), situándose junto y no por fuera y por arriba de las experiencias del movimiento real que vienen pugnando por revolucionar la sociedad (“no puede haber procesos de liberación y emancipación sin la construcción de relaciones sociales que en sí mismas los contengan y debemos ayudar a la forja de instrumentos intelectuales para una práctica que contribuya a que este tipo de nuevas relaciones emerja o se desarrolle”).
Como podemos apreciar, el libro de Casas se sitúa lejos, muy lejos del ridículo lugar de quienes “se creen dueños de la verdad porque son capaces de citar El capital”. Libro, por otra parte, que el autor conoce muy bien.
Y es justamente este conocimiento de los textos fundamentales del marxismo y su propio recorrido biográfico (una militancia de más de tres décadas encuadrada dentro de las filas del troskismo: PRT-La verdad; PST; MAS) lo que hace de Casas un autor que cuenta, a mi entender, con un doble mérito: el de ser capaz de revisar críticamente la experiencia teórico-práctica de la cual proviene, sin desconocer (y reivindicando, a su vez) el legado emancipatorio de aquellas apuestas revolucionarias. En este sentido, el libro y la militancia actual del autor en el marco del Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de la Argentina (COMPA) son un claro ejemplo de que la Nueva Generación de Intelectuales de Izquierda que se viene pariendo en la última década nada tiene que ver con cuestiones de edad, sino con una forma de encarar la construcción de apuestas de transformación radical de nuestras complejas sociedades actuales.
Seguramente por todo esto es que Casas selecciona algunas líneas imprescindibles para reforzar algunos de estos argumentos. Por ejemplo, cuando cita al francés Daniel Bensaid, quien sostiene que el marxismo “solamente tiene futuro si, en lugar de encerrarse en el ámbito universitario, logra establecer una relación orgánica con la práctica renovada de los movimientos sociales”. O cuando parafraseando a Michael Lowy, afirma que el marxismo debe tener un comportamiento abierto, y ser capaz de enriquecerse aprendiendo a rescatar aportes provenientes de diversos sectores: tanto de otras corrientes emancipatorias, como de los nuevos y clásicos movimientos sociales (ecologistas y feministas, obreros y campesinos, etc.), así como también de tendencias del pensamiento nacidas y desarrolladas por fuera del marxismo.
Finalmente Casas subraya que hoy se hace imprescindible, para todas aquellas experiencias de lucha que promueven la organización autónoma de los oprimidos y explotados, dar pasos en la búsqueda por construir un instrumento político que ayude a sortear la carencia de una perspectiva convocante y aglutinadora, en la línea de aquello que Miguel Vedda, en el primer epílogo, denomina como la capacidad de crear “nuevas instituciones, sustentada en la capacidad insurrecta de las masas populares, y aptas para consolidarse y ampliarse a través del tiempo”.
Estos pasos implican, de alguna manera, entender el carácter procesual (permanente e ininterrumpido) de la revolución. No en términos del viejo “etapismo”, sino más bien de asumir lo complejo y prolongado que suelen ser los cambios sociales. Por eso Casas rescata a István Mézsáros y su planteo de que la lucha por el socialismo del siglo XXI implica desarrollar una teoría de la transición, que sea capaz de efectuar transiciones dentro de la transición. Y la recuperación y resignificación del concepto revolución, podríamos agregar, se torna fundamental en momentos como los que actualmente vivimos en nuestro país, en nuestro continente y en el mundo, donde la discusión sobre si es viable o no continuar viviendo en el capitalismo es parte de los debates y los discursos de los pueblos y hasta es incorporado muchas veces en los propios discursos presidenciales (El capitalismo andino en Bolivia, el capitalismo “en serio” en Argentina o el socialismo del siglo XXI en Venezuela).
Por todo esto, la perspectiva de clase y el internacionalismo se tornan dos elementos centrales para reafirmar, como parte de las reflexiones, de los temas urgentes y necesarios a repensar. Asumiendo entonces el “combate por la autoemancipación de los explotados en términos de un nuevo y concreto internacionalismo, un antiimperialismo consecuente asumido en primer lugar desde la nación y Nuestra América, pero comprometido con los combates de los explotados en cualquier lugar del mundo”. Combate que debe ser librado atendiendo siempre a los cambios de las relaciones de fuerzas, que son siempre relaciones de clases. Porque la “actividad autónoma de los explotados implica una ruptura, al menos parcial, con los comportamientos, valores e ideas que la dominación de los explotadores y su Estado inducen cotidianamente”, este libro convida a “apoyar la autoactividad y autoorganziación de los asalariados, procurando su confluencia con otras vertientes del movimiento popular” (ganando capacidad de lucha del pueblo trabajador en toda su diversidad). De allí que se torne imprescindible promover un socialismo desde abajo, que se construya con plena autonomía de las llamadas políticas de Estado (porque “las razones de estado chocan una y otra vez con las necesidades emancipatorias de los pueblos”).
En fin, estos dos elementos (internacionalismo y perspectiva de clase), tal como señaló Omar Acha en el segundo epílogo, se tornan fundamentales a la hora de resituar la pregunta por la reconstrucción de la estrategia socialista.


jueves, 3 de noviembre de 2011

Nancy, compañera feminista, poeta, piquetera... ¡Hasta la victoria, siempre!




Nancy murió de cáncer el martes 1 de noviembre de 2011. Por celular circuló un mensaje de texto que decía: “Murió Nancy, después de mucho pelearla”. Por mail circuló el texto que sigue, presentado por una compañera con éstas palabras: “Cumpas, acá mandamos un relato sobre el 26 de junio, escrito por Nancy... muchas y muchos no llegamos a compartir espacios de militancia con Nancy, pero siempre estuvo presente su nombre en la historia de los MTD y el Espacio de Mujeres  de la Verón y después del FPDS. Estas palabras nos han acompañado en constantes místicas y seguirán presente en la continuidad de nuestra lucha”.
Los que sí compartimos espacios y días de militancia con ella, no tenemos, tal vez en estos momentos, mucho más por agregar. Sólo que nos llevamos con nosotros, para siempre, una imagen de su look medio hippie, un recuerdo de voz transmitiendo una enorme tranquilidad y su cálida sonrisa.

Palabras de Nancy, la piquetera
Nos llevaron a la comisaria. Fuimos unas de las primeras en llegar. Éramos 7 mujeres, mujeres con hijos pequeños que nos aguardaban en las casas y, a los que nos  había sido  difícil dejar esa mañana.
Salimos de Glew, tuvimos una asamblea antes de hacerlo porque ese corte se venía más duro que  otros Dijimos que  íbamos a  ir  sin chicos y que la que quisiera quedarse, se quedara. Pensé  que lo iban a hacer  muchas de las que  ahora estaban conmigo en la cana.
No me podía olvidar  de cómo entró Evi, me  daba risa, era una de las primeras asambleas en el  campo. Esa tarde, estábamos discutiendo la importancia del panfleto, si era denunciativo o…
Y Lara, diciéndome, Nancy yo me tengo que ir a  buscar al gordito al  jardín, no entiendo  nada de lo que están discutiendo pero  yo  quiero trabajar en el ropero comunitario, necesito darle  de comer a  mis 3 chiquitos, sabés, además el papá se  fue   y no sé  si vuelve…
 Bueno, ese día estábamos llegando al puente y habíamos  hablado de quedarnos en parejas  por si pasaba algo. Ya en el puente se veía raro el ambiente. Caminamos por Pavón y estaban gendarmería, prefectura, la bonaerense, que se  yo. Daba  miedo, realmente, daba  impotencia. Daban ganas, una mezcla de todo. Nosotras íbamos  pedir aumento de los planes, guardapolvos, útiles, comida, medicamentos y el  gobierno decía que pedíamos  mucho.
¿Qué rara balanza  no? ¿Qué  diferente balanza manejan los del poder y los  de guita? ¿Que habrá sido  mucho para ellos? ¿Que será mucho?
 Lo vi a Darío con toda su polenta. Nosotras  estábamos en Glew que formaba parte del MTD de Alte. Brown, que fue el que iniciara Darío a sus 18 años  en Don Orione, junto a un grupo de  vecinos.
Y  lo veo, lo vi a Darío y  me acuerdo de la  primera olla fundadora del MTD en Glew y él hablando, con sus ojos  claros y su abrazote, su sonrisa hermosa al  viento y al  sol. Todas  lo queríamos en Glew; era lindo todo  su  ser. Meses atrás cuando fue el piquete en los super para pedir alimentos  para  las fiestas, para parar la olla, justo unos días antes de los saqueos, Lara se sintió mal, apunto  de desmayarse y la que la ayudó  fue Darío.
 Bueno, avanzamos ese 26 de  junio y, al llegar al puente, estábamos allí, repasando lo que  había que  hacer  y se oyeron los disparos. Las chicas se quedaron paralizadas y  hubo  que sacarlas de allí.
Escuchamos  tiros, sirenas, no  sabíamos que estaba pasando, no se veía  nada, nadie  pensaba que a pesar de esos ruidos y disparos iba a haber muertos ese mediodía. Pensamos que era la represión al piquete, algunos heridos y ya está.
A la hora, subieron los  cabezas de tortuga y uno de los tipos que después fue tristemente famoso, que estaba  de civil en una  camioneta disparando, me  dijo: “te sobran asambleas”, y  me pegó con el palo en la espalda para  bajar las escaleras.
 Nos subieron al  micro y nos llevaron a la comisaria. Como dije, éramos las primeras, y allí fueron cayendo poco a poco compañeras y compañeros. Nos separaron hombres y  mujeres y nos tuvieron por horas paradas, sin movernos, si te movías te pegaban con un palo.
Nos ayudaron los presos comunes que nos acercaban galletas y nos gritaban cosas para darnos ánimo y chistes.
Las chicas estaban blancas pero se la bancaron, su preocupación eran sus hijos, ¿quién se iba a ocupar de ellos si les pasaba algo? ¿Cómo estarían? ¿Qué nos iba a pasar? En el patio de la  comi, se seguían escuchando sirenas, tiros  y las voces de alguna tele perdida que  hablaban del Fiorito y corría el  rumor de que  había  2  muertos.
 A eso de las 19 nos enteramos de que uno de los muertos podía llamarse Darío. Yo no lo podía creer, lloramos, lloramos y gritamos en el patio de la comisaria. Yo pensé que me derrumbaba y las cumpas me dijeron, no  Nancy, por favor.
Sacamos fuerzas todas, sacamos fuerzas, no sé de donde, teníamos que salir  y salimos. La protesta afuera crecía y la unión permitió que fuera un grito que pareció único de justicia, condena a los culpables políticos  y que nos  largaran de la cana. Salimos  muy tarde, me di el gusto  de escupir al tipo que nos encerró. Estábamos muy doloridas, yo  no lo podía creer. En la  puerta había  mucha  gente esperando, peleando…
 Al día siguiente fue una  de las  marchas  más  maravillosas y tristes de mi  vida, éramos muchas  y  muchos  bajo la lluvia , pero  no se sentía la lluvia. Éramos y estábamos juntos y  juntas.
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Palabras sobre Nancy, la feminista
Cumpas: este 1 de noviembre es y será para nosotras un día especial, estuvimos en la calle, en el congreso en una movilización popular luchando por algo que venimos haciendo hace más de 20 años, desde los movimientos de mujeres y feministas:  el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, soberanía sobre nuestros cuerpos.
A la vuelta recibimos el triste mensaje… se había muerto, luego de una larga enfermedad, la compañera Nancy S. Para las que la conocieron será una noticia impactante; para las que no la conocieron les comentamos que se fue una gran mujer, feminista, luchadora, combativa, sensible, la mejor.
Se  está por publicar un libro de su autoría; ya está en la imprenta y lo publica la editorial El Colectivo. Con varias cumpas del espacio de mujeres del FPDS hicimos un prólogo colectivo. Se los mandamos para compartir este momento de tristeza por su muerte y alegría por el nacimiento de este libro.

Palabras sobre Nancy, la poeta
 Nancy es una mujer bonita que sale a luchar, día a día, que se construye y que nos enseñó a organizarnos, a ser colectivo y no individuos, a ser compañeros y compañeras.  Nancy nos ayudó a darnos cuenta de lo desigual que funcionan las cosas para nosotras, que no hay sólo una forma de ser mujer y que tenemos que aceptarnos.
Leyendo sus poemas, escritos y cuentos encontrarán a nuestra escritora no sólo trazando cosas que imagina o describiendo momentos vividos para impedir que queden simplemente transitados en la memoria, sino que nos permite recuperarnos y repensarnos hoy a cada uno y a cada una en estas Pinturas del Alma
No es fácil para nosotras, que no desarrollamos como Nancy  el oficio de organizar palabras cotidianas para que ordenadas, como aparecen en las siguientes páginas, den cuenta de parte de nuestro recorrido como pueblo, de prácticas organizativas, de cómo nos sentimos las mujeres. Escritos que buscan reflejar un cotidiano transitado y nos permiten repensarnos de una forma diferente en esta búsqueda por transformarnos en eso que soñamos.
Todo lo que podamos decir de nuestra querida compañera Nancy  (“Snupy” como varias te decimos hace ya una década), quedan cortas en estas líneas,  en este intento de pensarte como una mujer  que ha logrado trascender en el corazón de todos y todas las que tenemos la satisfacción de conocerte.
Muchas cosas han quedado impresas en nuestra piel, cuerpo y alma: tus abrazos, tu aliento para seguir adelante, tu fuerza, tu alegría que nos sirve para contagiar a los que tenemos alrededor.
Y nos preguntamos: ¿Cómo te encontramos tocando la caja y cantando con las copleras? ¿Era otra Nancy? O era la misma?, enriquecida por la heterogeneidad, el arte, las empanadas diversas, los tamales, el locro en la casona de Humahuaca donde te escuchamos.
Ese ¿Cómo estás Negrita? acompañado por el gran abrazo contenedor y sincero. ¿Cómo están tus cosas? ¿Seguís con tu pareja? ¿y tus hijos/as y tus nietos/a?  Uniendo lo personal y político como hacemos las feministas.
Fuiste impulsora del encuentro de las mujeres, pusiste la semilla en el espacio de mujeres de los MTD y para nosotras estás… no importa si no podés venir a las reuniones o a las actividades. Creemos en las continuidades históricas, somos generosas con las historias, las rescatamos. Somos así, podemos seguir creciendo porque antes hubo mucho. Muuucha lucha, energía, muuuchos abrazos, afectos.
Cada geografía humana tiene sus precipicios y estos requirieron de la atención particular de Nancy en los últimos años, demandaron que su despertar periódico esté atravesado por incentivos como lo es el crecimiento libre de su hija Mailén, su apasionado amor por la lectura y la música,  su siembra digna de amistades y nuestra pelea constante contra el dolor.
Hoy estamos, colectivamente, retribuyendo abrazos.
No pueden con el amor y mucho menos con los sueños. Sueños que nos siguen marcando el camino y a los que no renunciamos. Gracias por enseñarnos a soñar “Snupy”.
Desde algún lugar de Nuestra América, en la primavera de 2011

Yani, Celi, Monchy, Zule, Flor y La Tana.

domingo, 30 de octubre de 2011

Revisitando la polémica Camus-Sartre





Por Mariano Pacheco

Revista Sudestada
(octubre de 2011)


Como en la guerra, en la polémica también es necesario que el agredido responda para que se den por iniciados los enfrentamientos. Eso, precisamente eso, sucedió cuando Jean Paul Sartre decidió responder a los ataques de Albert Camus.

Para cuando se desató este verdadero duelo intelectual, en 1952, ambos autores estaban entre los más reconocidos escritores e intelectuales de Francia. Camus ya había publicado sus novelas El extranjero y La peste, y sus principales obras teatrales: Calígula y El malentendido, Estado de sitio y Los justos. Sartre, todas las novelas que publicaría en vida: La náusea y los tres tomos de Los caminos de la libertad, su primer y único libro de cuentos, El muro, y gran parte de sus más importantes obras de teatro, como Las moscas, A puerta cerrada, Muertos sin sepultura, La mujerzuela respetuosa, Las manos sucias y El diablo y el buen dios. Por supuesto, también era ya un reconocido pensador, en parte por su libro El ser y la nada y el ensayo ¿Qué es la literatura? Pero por sobre todo, Sartre era quien había pronunciado la célebre conferencia “El existencialismo es un humanismo” apenas terminada la segunda guerra mundial, de la que Camus fue un actor destacado, debido a sus importantes tareas desarrolladas en la resistencia antifascista.


La polémica
La ruptura entre ambos se produjo luego de que el célebre periódico Les Temps Modernes publicara un artículo escrito por Francis Jeanson, donde le reprocha a Camus (que había publicado recientemente El hombre rebelde), que reduzca su rebeldía al plano estético. Camus le contesta a Sartre, que dirige el diario, y no al autor de la nota. Escribe: “empiezo a estar cansado de ver cómo yo, y sobre todo antiguos militantes que nunca eludieron la responsabilidad en los problemas de su tiempo, reciben clases de eficacia de censores que nunca colocaron más que su sillón en el sentido de la historia”.

Frase que lidiaba con lo patético, dice uno de los biógrafos de Sartre (Annie Cohen Solal), que coloca a Camus en un lugar torpe y ridículo, que lo deja con su orgullo apaleado y sus llagas al descubierto, mostrando así su mayor debilidad. Algo que aun recordará Simone de Beauvoir varios años después, cuando redacte uno de los tomos de sus memorias (Las fuerzas de las cosas), y escriba que, más allá del rencor que sentía por alguna de las cosas escritas por Camus, sin embargo, la había conmovido saber “hasta qué punto le habían dolido algunos de los ataques dirigidos contra El hombre rebelde”.

Todo el alboroto se produce, básicamente, porque Camus le reprocha a Sartre que no denuncie los campos de trabajo forzado que funcionan en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). “Ninguna crítica de mi libro puede prescindir de este hecho”, afirma Camus.

Entonces Sartre se enoja, puesto que ante la deshonra que siente frente a un tono tan injurioso –dice– se ve obligado a no callar. Y de allí la carta, también publicada en el legendario diario, con la que replica los dichos de Camus y explica que hubiese preferido que la discrepancia entre ambos se hubiera dado por una diferencia de fondo, y no contaminada por “no sé qué tufillo de vanidad herida”. Y dedica extensas páginas en atacar a Camus en tres frentes, de manera simultánea: en primer lugar, por el dispositivo utilizado (atacarlo a él en vez de a quien ha escrito el artículo). En segundo lugar, por la acusación que realiza (que los integrantes del diario están de acuerdo con “los campos”). Por último, con relación a la posición que cada uno ocupa, en ese momento, dentro del campo cultural francés.
Veamos, entonces, cómo Sartre aborda cada uno de estos tres frentes de batalla.

En cuanto al dispositivo, Sartre desmenuza el escrito desde las primeras dos palabras. “En esta carta resulta difícil distinguir el procedimiento a secas, del procedimiento de mala fe. Me llama usted Señor Director, cuando todo el mundo sabe que nos liga una amistad de diez años; se dirige a mí, con el evidente propósito de refutar a Jeanson; éste es ya un procedimiento de mala fe”. Y lanza allí toda su artillería. Afirma que al no hablarle nunca al autor de la nota, Camus pone a Jeanson al margen de lo humano. “Por momentos llega usted a aniquilarlo del todo, y escribe tranquilamente su artículo, refiriéndose a mí, como si yo fuera el autor… Pero yo me pregunto, Camus, ¿quién es usted para imponer semejantes distancias?”. Y finalmente remata: “porque en resumidas cuentas, ¿a qué viene semejante alboroto? A Jeanson  no le gustó su libro, lo dijo, y usted se disgustó”. Claro, luego Camus utiliza un “hábil empleo del plural”, colocando a Sartre en dos incómodos lugares: como un criminal que está de acuerdo con “los campos” y como aquel que encarga los trabajos sucios a otros (en este caso criticarlo a él a través de la pluma de otro).

En cuanto a la acusación, Sartre expresa, en primer lugar, su disgusto por la forma en que Camus ha abordado el tema. Le dice que, como en las películas, se comporta como el polizonte que camina haciendo crujir sus zapatos (“Vamos hombre, te digo que ya lo sabemos todo. Te estás haciendo más sospechoso con tu silencio. Confiesa de una vez tu complicidad. Conocías esos campos, ¿no es así?”). Luego retruca que así como es justo que él pueda decir que Jeanson no ha hablado en su artículo de “los campos”, también lo es que el otro respondiera planteando que es ridículo que el escritor decida lo que el crítico debe decir. Por otra parte –remata Sartre– usted no se ocupa tanto de los campos en su libro, y no se entiende muy bien por qué exige de pronto que se los ponga sobre el tapete, salvo que algún informante mal informado le hubiera hecho creer que de ese modo nos colocaría en un aprieto”. Y en seguida aclara que el colectivo de Les Temps Modernes planteó el asunto y tomó partido ni bien la opinión pública francesa se enteraba del tema. Y más tarde, nuevamente, tanto en editoriales como en notas y artículos. “La existencia de esos campos puede producirnos indignación, puede causarnos horror, hasta es posible que nos obsesione, pero ¿por qué habría de ponernos en un aprieto? ¿He retrocedido yo alguna vez cuando se trató de decir lo que pensaba de la actitud comunista?”. Escribe finalmente Sartre: “Sí, Camus: convengo con usted en que esos campos son inadmisibles; pero también me parece inadmisible el uso que hace de ellos diariamente la llamada prensa burguesa”.

Por último, y con relación a la posición de los intelectuales en la historia, Sartre acusará a Camus de haber utilizado el sufrimiento que padecen quienes fueron a parar a esos campos para aplastar a un crítico que no le cantó loas, cuestión que le parece inadmisible. “Mi posición personal es muy distinta –refuta–, pienso que el único modo de auxiliar a los esclavos de allá es tomar partido por los de aquí”. Y derriba, como de un mazazo, todo el capital simbólico de su adversario, poniéndolo en jaque con su galardón político más preciado: su rol durante la resistencia. Sartre toma una frase de Cartas a un amigo alemán, donde Camus escribió: “durante años han querido ustedes hacerme entrar en la historia”. Y toma esa frase para decir que si en 1941 Camus ingresó en la Historia, fue un poco forzado por las circunstancias, porque entonces se trataba de impedir “que la locura hitlerista destruyera un mundo en que la exaltación solitaria era todavía posible para algunos”. Pero una década más tarde, cuando ya no se trata de defender el statu quo sino de cambiarlo, ahí sí, Camus, que se cree fuera de la Historia, pone condiciones para reingresar en ella: pide que se le ofrezcan las más seguras garantías. 

Sartre, por el contrario, sostiene que se quiera o no se está dentro de la Historia y, por lo tanto, hay que ser digno de participar en ella. “Puesto que estamos metidos hasta el cuello debemos tratar de darle el sentido que nos parezca mejor, prestando nuestra colaboración, por pobre que sea, a todas las acciones concretas que la necesiten”. Y luego remata: “para merecer el derecho de influir sobre los hombres que luchan, primero hay que participar en su lucha; hay que aceptar muchas cosas, antes de hacer lo posible por modificar algunas”.

Al parecer, ese es el momento en que Sartre está dispuesto a aceptar algunas cosas para poder ser, al menos coyunturalmente, un compañero de ruta de los comunistas.


El largo adiós
“Ignoro lo que será de nosotros: quizá volveremos a encontrarnos en el mismo bando, quizá no… La revista está a su disposición si quiere contestarme, pero yo no lo haré otra vez”, escribe Sartre hacia el final de aquella carta-polémica de agosto de 1952. “Espero que nuestro silencio hará que se olvide esta polémica” es la última oración.
Hasta que Camus murió en un accidente automovilístico, el 4 de enero de 1960,  Sartre se mantuvo encerrado en un profundo silencio respecto del tema. Pero tres días más tarde, bajo el título “Albert Camus”, publica una pieza conmovedora en torno a esa extraña amistad hecha trizas por el debate y olvidada por el paso del tiempo. Allí dice que durante los últimos meses suponían que Camus, como muchos de ellos, estaría cambiando, junto con el mundo. “Esto bastaba para que su presencia siguiera viva”. Y aclara: “Nos habíamos distanciado, él y yo. Un distanciamiento no significa gran cosa, aunque vaya a ser definitivo”.

La muerte, para Sartre, es ante todo imposibilidad de ser. De allí que no pueda conjeturarse que habría hecho, dicho, pensado Camus respecto al mundo convulsionado que se avecinaba. Sabemos, sí, algunas de las cosas que hizo antes de morir. Por ejemplo, que en 1956, estando en Argel, había intentado mantener una posición intermedia, pacifista entre los combatientes del movimiento independentista argelino y el ejército francés –recordemos que Camus nació en el seno de una familia de colonos franceses instalados en Argel y  que allí realizó sus estudios–, lanzando su “Llamada a la tregua civil”, por la cual fue abucheado por una multitud que pedía a gritos su muerte, en un contexto en el cual estar en el medio era mucho más que no posicionarse junto a las víctimas del desastre realizado por las fuerzas de ocupación (véase, a modo de ejemplo, el brillante film de Gillo Pontecorvo, La batalla de Argel). Sabemos, también, que al año siguiente recibió el Premio Nobel de Literatura. Premio que Sartre rechazaría en 1964.

En fin, de alguna manera extraña la polémica entre ambos ha sido leída muchas veces en una clave moralista. Se ha dicho, creo que injustamente, que Sartre se negaba a condenar los campos en la URSS, a diferencia de Camus, para quien los principios éticos primaban por sobre las oportunidades políticas. Injustamente –digo– porque como ya se ha señalado, en Les Temps Modernes había sido denunciado el tema en más de una oportunidad. Fue la pluma de Merleau Ponty, por ejemplo, quien expresara que si bien Rusia seguía siendo “incomparable con las demás naciones” y que no estaba permitido “juzgar  sino aceptando su proyecto y en nombre de éste”, también será él quien afirmará, en relación con los campos de trabajo soviéticos, que eran más criminales que los otros, “puesto que traicionaban la revolución”.

¿No podríamos pensar, acaso, que el acercamiento de Sartre al Partido Comunista Francés tuvo que ver con esa coyuntura tan particular, que implicaba una ofensiva conservadora no sólo en el país sino también en Estados Unidos y otros sitios del mundo? Acercamiento, por otra parte, que duró sólo dos años y medios, y que funcionó como una suerte de paréntesis a partir del cual Sartre dejaría de ser para los comunistas ese enemigo acérrimo (el que finalmente nunca dejó de ser), para pasar a ser un compañero de viaje, al fin y al cabo siempre un camarada crítico. Dicho de otro modo, ¿no tuvo que ver esa actitud con realizar un aporte para impedir que el partido fuera silenciado y se terminaran las persecuciones y encarcelamientos a sus militantes?

Porque lo que estaba en juego en la polémica con Camus, no era solamente la condena de los campos en la URSS, sino también la necesidad de preservar, al menos por algún tiempo, la imagen de un país socialista ante un contexto de macartismo en ascenso. Y en ese punto, tanto Sartre como sus camaradas del periódico, no estaban dispuestos a condenar aisladamente a Rusia, es decir, si no era en el marco de una denuncia más general de la opresión realizada por occidente en todo el mundo. Es que no podían dejar de concebir la necesidad de no caer en un anticomunismo indiscriminado, como el que ellos le reprochan a Camus. Anticomunismo que pretendía cerrar las bocas de cualquiera que protestara contra cualquier abuso, simplemente con la pregunta: ¿y los campos?


Sartre y Camus, ayer y hoy
Han pasado casi seis décadas desde aquella polémica. ¿Tiene sentido, entonces, volver sobre aquellos asuntos? ¿No es mera nostalgia, o peor aún, una reaccionaria idealización del pasado? Sospecho que no, en la medida en que entendamos que importantes elementos de aquel debate continúan estando –tal vez a modo de huellas– presentes en muchos de los debates estético-políticos de hoy en día.

Cabe destacar, a modo de cierre, que 1960, además de ser el  año de la muerte de Camus, es el año en que Sartre publica su Crítica de la razón dialéctica. Para entonces, Sartre ya había roto con los comunistas, producto de la invasión a Hungría por parte de la URSS. En uno de los dos tomos de aquel libro ejemplar, Sartre dice, entre otras cuestiones, que “el marxismo, lejos de estar agotado, es aún muy joven, casi está en la infancia, apenas si ha llegado a desarrollarse. Sigue siendo, pues, la filosofía de nuestro tiempo; es insuperable porque aún no han sido superadas las circunstancias que lo engendraron”.

Frase que en este nuevo siglo parece no haber perdido actualidad.


lunes, 3 de octubre de 2011

Abordajes críticos y narrativos en 4 encuentros

Peronismo: “Literatura argentina y realidad política”


Inicio: martes 25 de octubre, 19 hs.


Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Jorge Luis Borges-Adolfo Bioy Casares, Leónidas y Osvaldo Lamborghini, Rodolfo Fogwill, David Viñas, Germán Rozenmacher, Néstor Perlongher, Ricardo Piglia…

Coordina: Mariano Pacheco

(En MU. Punto de encuentro
Hipólito Yrigoyen 1440. Congreso)


Para inscripciones o consultas: 
cronicasmenores@gmail.com
(único abono de $ 100. Descuento para estudiantes)


La propuesta es realizar un recorrido por las representaciones gestadas en torno al fenómeno peronista en la literatura, para desde allí, pensar las relaciones, los vínculos que se establecen entre literatura y política. Desde la perspectiva de sentirse invadidos por los cabecitas negras (Cortázar), o sumergidos en la barbarie (Borges-Bioy), en clara continuidad con El matadero de Esteban Echeverría, pasando por las inversiones y relecturas críticas de estos textos (Rozenmacher y los hermanos Lamborghini), hasta la escritura y la reescritura del fenómeno de Evita, de Perón y sus respectivos funerales. Un abordaje que apunte a que la literatura se mezcle con la política, pero también, con el periodismo de investigación y el testimonio (Walsh), llegando hasta la parodia (Perlongher). Un intento por revisitar  mitos políticos fundamentales de la historia nacional, para desde allí pensar los vínculos entre el pasado y el presente, en la búsqueda de sortear tanto los lugares comunes como los sagrados. En fin, lecturas insumisas por fuera de la lógica académica y el mercado. Lecturas críticas que, en la búsqueda de pensar la realdad política, no dejen a un lado el deseo y el goce por la literatura.

Bibliografía a trabajar
(todos textos cortos. Si querés tenerlos digitalizados, comunicate por mail)

Primer bloque: “Nacimiento y caída del primer peronismo”
Nacimiento del peronismo: El subsuelo de la patria sublevado, de Raúl Scalabrini Ortiz.
El peronismo como falsedad: El simulacro, de Jorge Luis Borges.
El peronismo narrado a partir de la burla y de la reescritura de la barbarie del siglo XIX: La fiesta del monstruo, de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges (H. Bustos Domecq) y El matadero, de Esteban Echeverría.
El peronismo en la transición (del gobierno a la resistencia): Desagravio, de Ricardo Piglia.

Segundo bloque: “La fuerza de las reescrituras”
El peronismo narrado a partir de la reescritura de la paranoia: Cabecita Negra, de Germán Rozenmacher como reescritura de Casa tomada, de Julio Cortázar.
El peronismo como hecho maldito del país burgués horrorizando la lectura del burgués: El niño proletario, de Osvaldo Lamborghini.

Tercer bloque: “La fuerza del mito (en femenino)”
Reescribiendo la versión oficial: Eva Perón en la hoguera, de Leónidas Lamborghini.
Periodismo y literatura (o acerca de los modos de narrar una investigación que se trunca en el camino): Esa mujer, de Rodolfo Walsh.
Del dicho al hecho… largo trecho (la irreverencia de los devenires minoritarios): Evita vive, de Néstor Perlongher.

Cuarto bloque: “El ocaso de los ídolos”
Modos de narrar la muerte: La señora muerta, de David Viñas.
Reescribiendo los modos de narrar la muerte: La cola, de Rodolfo Enrique Fogwill.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ideando la fuga: acerca de Kanones y Recontracanones

Publicado en Revista La Grieta, versión digital. Número o en: http://lagrietadigital.blogspot.com/




“Esta es mi idea de la política literaria: allí donde hay un canon, hay que cargar contra él, cualquiera sea el canon. No se trata de cambiar un paradigma por otro, sino de derribar la idea misma de paradigma. Si para mí tiene algo de interesante la literatura, es que permite derribar las jerarquías”.
Damián Taborovsky, Literatura de izquierda

Si por canon entendemos las formas de catalogar (de reglamentar, de regimentar) las prácticas y discursos de un modo tal que la normativa sea la línea divisoria entre lo puro e impuro, entre lo incorrecto y lo correcto, en fin, la que determina qué o quienes poseen las cualidades para ser-pertenecer a un mundo que es el verdadero, diría que la tarea de todas aquellas, de todos aquellos que intentamos insubordinarnos ante el mundo tal cual está, es precisamente la de derribar esos sitios. Sean los de los antiguos rituales de la izquierda vieja o los viejos o nuevos lugares comunes del neopopulismo dietético. Por supuesto, la Nueva Nueva Izquierda no está exenta de repetir las taras de unos y de otros, sumadas a las taras que pueda ir creando, pensando que lo nuevo, por sí mismo, puede ser un antídoto contra la estupidez.
En fin, de lo que se trata, seguramente, es de tener la capacidad de crear una dinámica tal que no necesite de ese tipo de tablas de valores. Construir un martillo tan grande que hasta el propio Nietzsche pueda reírse desde el más allá, es decir, desde el más acá en el que ya no se encuentra. Un martillo capaz de derribar esos viejos y nuevos lugares comunes que pretenden establecer, a partir de esa ingeniosa vara de medir comportamientos, si estamos o no haciendo, diciendo, pensando, sintiendo, imaginando, deseando lo correcto.
Por supuesto, las críticas gorilas (de derecha, de izquierda o “peronista”) al actual modo de manifestarse del progresismo nacional-popular-democrático, me generan urticarias. Me alegro, aunque no comparta el proyecto, es decir, sus estrategias de intervención (defender el modelo, como se dice ahora), cuando se esgrimen momentos de creatividad que uno puede rastrear en frases como “Avanti morocha”, junto a un esténcil con la cara de Cristina. O uno similar pero con la frase Kris/Pasión. Del mismo modo que escuchar cantar con sentimiento “somos la mierda oficialista” hace rememorar, al menos por un instante, el clásico de clásicos Cabecita negra o Descamisados. El problema es cuando los momentos de imaginación devienen deber ser oficial, y tras las repeticiones hartantes pueden verse las mismas operaciones que uno desprecia desde siempre, pero ahora pintarrajeadas con coloridos y adornados ornamentos.  
A la mierda entonces con el canon: sea el que pretende encuadra todo dentro de la tradición Marx/Engels/Lenin y (puede ser Trosky, Guevara o Mao… o tantos otros más) como la que ahora, creyéndose recuperar sin repetir la historia (sea Evita, Cámpora, Perón o Cooke… o los que quieran), intenta encuadrar lo políticamente correcto en la lista que implica ver 678, leer página/12, festejar los dichos de Florencia Peña y seguir alguno que otro blog K, mientras se escucha un trillado tema de León Gieco o –porque sino, en el fondo, no se respeta el Kanon- por supuesto, uno de Los Redondos, o de Andrés Calamaro, ahora que por twiter podemos saber que son músicos admirados por el cibergladiador, un progre por excelencia.