martes, 1 de noviembre de 2016

El largo camino hacia diciembre

Macri gato: queremos morfi, chupi y regalos pa´ las fiestas
Por Mariano Pacheco
(www.revistazoom.com.ar)


La emergencia social y laboral que reclaman sindicatos y movimientos sociales. El fin de año que se avecina y un bono que no alcanza.


Siempre, más allá de las afirmaciones de coyuntura, hubo en la historia argentina más penas, y nuevos olvidos. Pero también toma de notas, y pases de factura.
La Confederación general del Trabajo, la CGT, abrió la puerta a los movimientos sociales, realizó una autocrítica por su incapacidad, su despiste o su lisa y llana ignorancia frente a las mutaciones del mundo del trabajo, la nueva composición orgánica de la clase obrera argentina durante el neoliberalismo y la emergencia de nuevos modos de organización popular en el país. Anunció (sin fecha) un primer paro nacional contra Mauricio Macri, que rápidamente pasó de una dilación en la concreción del día a un paulatino olvido. Luego ingresó en un aparente camino sin retorno de diálogo con la gestión Pro. Así y todo, ya anunció su participación activa junto a la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, la CTEP, en la jornada de protesta a realizarse el próximo 18 de noviembre, en reclamo por la aprobación parlamentaria de una Ley de Emergencia Social y laboral. La movilización de 100.000 personas cuyas existencias transcurren en la denominada “informalidad”, y el reciente Paro Nacional de mujeres, convocado por fuera de las dinámicas institucionales del mundo gremial, para sorpresa de muchos, puso sobre la mesa que “los empoderados” no parecía estar entre los vecinos que mate y silleta en mano se reunieron en las plazas de lagunas importantes ciudades del país durante el verano, para idolatrar algunas figuras de la dirigencia política (casi todos ex funcionarios de las tres gestiones anteriores) sino más bien en la emergencia de sujetos políticos con capacidad de trastocar los modos tradicionales de entender y practicar la política.
Francisquismo de por medio, en un país en donde no solo la estructura de la Iglesia Católica supo tener un peso político de importancia, sino –sobre todo todo—en donde el cristianismo abrevó con fuerza en las creencias de los sectores populares, la corriente mayoritaria de estos “nuevos descamisados” busca romper la fragmentación estructural y organizacional de la clase formalmente ocupada y el precariado que labura como puede, en vistas de constituir una dinámica de la clase que vive del trabajo, mientras que otros sectores (feminismos a la cabeza), no deja de señalar el papel reactivo del catolicismo en ciertos modos de entender el mundo y habitarlo, y sobre todo, en el papel moralizador de los postulados de la Iglesia, aún con Jorge Bergoglio-devenido-francisco en su cima. La tensión no es menor, sobre todo si se tienen en cuenta determinadas conquistas ciudadanas obtenidas durante la “década ganada” (leyes de matrimonio igualitario y educación sexual) e incluso sus iniciativas bloqueadas (como el aborto libre, seguro y gratuito).
La resolución de lo que pase con el bendito “bono de fin de año” para los asalariados y un bono de $1.000 (más $200 por cada hijo) a las familias que perciben la Asignación universal por Hijo (AUH) determinará con cuanto descontento o no se ingrese en el último mes del año, el históricamente diciembre caliente.
La “Argentina gatuna” entra finalmente ya en su tramo final del año, y más allá (o más acá), de las encuestas y los anuncios, todo el mundo sabe (todo el mundo: la clase política y empresarial, los movimientos sociales, los sindicatos, “la gente” en general), que en diciembre el ambiente se re-calienta. Y no precisamente por las altas temperaturas, que a cómo viene el clima, ya nadie sabe si guardar o no el pulóver para la navidad. Lo cierto es que se vaya o no a misa, se tenga o no la estampa de la virgencita en la billetera o el poster de Francisco en la casa de uno o en el almacén o negocio familiar, todo el mundo quiere llegar a las fiestas sin grandes sobresaltos, sin angustias basadas en precariedades económicas extremas, y sobre todo, con un resto de guita para poner el morfi, el chupi y los regalos sobre la mesa (porque aún quienes no arman el arbolito clavan un regalito para sus afectos).
Que hay más policía y mucho menos poesía se sabe hace rato en la Argentina. Pero que hay más pálidas que consumo es una novedad (¿cuántos trabajadores no cobrarán aguinaldo ni vacaciones pagas porque han perdidos sus trabajos “formales” durante el último año?). La señora, el joven o el señor podían putear tranquilos a “la yegua” frente al televisor, y dejar salir su gorilismo mientras comían las papas-fritas y bebían el vermut de sus manos, pero no podrán ya –tras doce meses de gobierno—atribuir a la “pesada herencia” aquellos males que lo atravesarán de un modo u otro cuando realice su retrospectiva anual. ¿Cuánto impactará eso en las subjetividades de quienes fueron base de sustentación electoral del nuevo gobierno? ¿Cuántos se sentirán defraudados y pasarán del desinterés o la mirada de reojo a la puteada abierta frente a las actuales políticas económicas? Los interrogantes se multiplican, en una época del año en la que, para bien o para mal, “la gente” suele hacer balances, comparar su situación actual con la que atravesó exactamente un año o dos atrás, etcétera.
Se sabe: “la tercera es la vencida”. O al menos así reza el dicho popular. Tal vez por eso el ingeniero se muestra tan confiado en sus posibilidades de durabilidad. Pero lo diga o no, aunque no podamos saberlo al menos lo sospechamos, diciembre no será un mes que amerite tanta tranquilidad de conciencia. El Tercer Gobierno Radical (como viene denominando Jorge “El Turco” Asís a la gestión Pro) deberá surfear de algún modo su primer diciembre, en un país con 14 millones de pobres. La Argentina del #MacriGato no deja de sobrellevarse a sí misma con el espectro de un fantasma que recorre su historia reciente: el fantasma de los saqueos, el espectro de un desborde social.



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