sábado, 29 de diciembre de 2018

Un ensayo sobre Milagro Sala, que retorna a su casa


ACAMPE:
Texto incluido en el libro PRESA: un decálogo del caso Milagro Sala

 
Por Mariano Pacheco 



¡Ah!, esta civilización nuestra puede jactarse de todo, hasta de ser cruel y exterminadora consigo misma. Hay, sin embargo, un título modesto que no puede reivindicar todavía: es haber cumplido con los indígenas los deberes del más fuerte. Ni siquiera clementes hemos sido. Es el peor de los males”.
Todos los americanos tenemos sangre de indio en las venas, ¿por qué ese grito constante de exterminio contra los bárbaros?”
Lucio V. Mansilla, Una excursión a los indios ranqueles.



Sea porque se la acusó de organizar un acampe (lugar provisorio de vivienda) o por el manejo ilícito de fondos para construir viviendas (lugar permanente de morada), el hecho es que Milagro Sala -detenida desde el 16 de enero de 2016- continúa presa en el penal de Alto Comedero, más allá de las denuncias nacionales e internacionales por la irregularidad del proceso judicial y las voces alzadas para reclamar su libertad.
Detención y primera acusación: Milagro Sala fue la “ideóloga” del acampe protagonizado por la Tupac Amaru (y otras 15 organizaciones sociales) en la Plaza Belgrano, frente a la Casa de Gobierno de Jujuy, que se mantuvo durante 52 días. Por tal motivo fue acusada de “ocupación del espacio público, alteración del orden y obstrucción del tránsito vehicular y peatonal”. Sobrevoló asimismo el fantasma de la “instigación a la violencia” por un escrache del que fue blanco el gobernador Gerardo Morales en 2009 (entonces senador), acción directa en la que los testigos presentados en el juicio (“René Arellano y su esposa”) no estuvieron presentes. Respecto de su condena por el acampe Sala declaró: “Después de no haber tenido respuesta de Gerardo Morales, tuve que viajar a Buenos Aires a hacerme cargo de mi candidatura como diputada del Parlasur. Cuando volví, cada organización social había tomado la decisión de acampar. Estaba la decisión tomada. Me llama la atención que únicamente la contravención sea contra la Tupac Amaru, cuando no estaba sola en la plaza. Esto no es de alcahuete ni de botona. Pero hay demasiada indignación hacia la Tupac Amaru. Hay demasiada bronca contra la Tupac Amaru”.

El hedor americano
En su introducción a América Rodolfo Kush destacó que el hedor es “un signo que no logramos entender”, pero que así mismo expresa, de nuestra parte, un “sentimiento especial”, un “estado de aversión irremediable”. El filósofo nuestroamericano, por su parte, también asevera: “la primera solución para los problemas de América apunta siempre a remediar la suciedad e implantar la pulcritud”.
Retomando las reflexiones de don Gunter podríamos pensar que lo que más suele molestar del Acampe como modalidad de lucha no es el ejercicio del derecho a la protesta o los reclamos frente al Estado, sino la modalidad misma, que trae siempre consigo el fantasma del desierto, de las tolderías, de los indios como algo del presente y no como mero pasado Latinoamericano.
El miedo al desamparo y la intemperie suele colocar a las blancas almas argentinas frente a frente con una inseguridad que molesta ante aquello que la civilización suele colocar como un pasado ya superado, y al que -dicho sea de paso- siempre que puede trata de obviar, incluso, como pasado.
Por eso el fastidio ante las marchas y otras formas de protesta, pero por sobre todas las cosas, esa indignación frente a los Acampes, que suelen permanecer en el lugar no solo durante el día sino también durante las noches, en las que se cocina con leña y ollas populares, se canta y se toca la guitarra (como en antaño se hacía en las “pulperías”), se instalan carpas (cual “tiendas de campaña”) para refugiarse del frío y protegerse del viento, descansar e incluso, amar.
Por eso la aversión no es solo racional sino sobre todo afectiva. Hay algo del orden de lo que los cuerpos pueden cuando se juntan y “se dan manija”. Se puede cantar, gritar, morfar con las manos, limpiarse con las mangas del buzo, tomar del pico de la botella o fabricar vasos con pedazos de botellas. Se puede dormir al aire libre, caminar en la noche sin sentido o dirección alguna (siempre dentro de los “límites” que guarda el acampe, porque afuera –se sabe–-- acechan los lobos por doquier).
Según la Real Academia Española “Acampar” significa “instalarse en el campo, al aire libre o en tiendas”. Toldería es una palabra que ni siquiera registra el diccionario, aunque sí “toldo”, a la que otorga dos significados. En primer lugar: “pabellón o cubierta de tela, que se tiende para hacer sombra en algún paraje”. Y luego, aclarando que corresponde a un “sentido argentino”, define: “tienda de indios, hecha de ramas y cueros”.
La aversión por los acampes no es nueva. Las tomas de tierras para construir viviendas, o incluso las casas en las villas han sido siempre una imagen que provocó escándalo en las bellas almas argentinas. Ya en su Facundo Sarmiento hablaba de los “ranchos miserables” de la villa nacional, y los describía como un aspecto general de la barbarie incrustado en la civilización. ¿Será eso lo que tanto rechazo provoca el acampe? ¿Será esa reactualización del fantasma del desierto en la ciudad lo que concentra tanto odio? “Saliendo del recinto de la ciudad todo cambia de aspecto”, describía Don Faustino. ¿Pero qué pasa cuando el aspecto cambia en la misma ciudad? ¿Qué cuando el hedor americano se sitúa frente al centro comercial y el centro del poder político? Entonces allí lo bárbaro-salvaje ya no vaga sin límites en una inmensidad lejana, sino que se sitúa, de cuerpo presente, en la cercanía de esos lugares que dejan ya de vivirse como sitios seguros. El temor al disciplinamiento de la ciudad por la campaña, el miedo a que la civilización sea “domada” por la barbarie (para retomar una metáfora sarmientina) se hace presente con todas sus fuerzas en cada Acampe, donde el “elemento bárbaro” se presenta con toda su desnudez.

Justicia racista
En junio 2017 el Juzgado de Control en lo Penal N°3 de Jujuy declaró la nulidad del juicio contravencional contra Milagro por el Acampe, hecho por cual había sido condenada el pasado 29 de diciembre de 2016 por “ocupación del espacio público y alteración del orden”. El juez Isidoro Cruz entendió entonces que la dirigente social no debería haber sido juzgada por el Código Contravencional que entró en vigencia el 1° de enero de 2016, sino por la ley de Faltas anterior, ya que el delito que se juzgó comenzó en diciembre de 2015, aunque la detuvieron el 16 de enero de 2016. Por eso se declaró la nulidad del procedimiento llevado a cabo por el Juez Contravencional N°1, Matías Ustarez Carrillo, “como así también del juicio contravencional y de la sentencia dictada en el mismo”, según puede leerse en la notificación judicial publicada por los diarios.
Si bien la nulidad no altera su situación penal (porque sólo una resolución de la Corte Suprema de Justicia podría liberarla), no provocó si quiera que se haya accedido a cambiar su estadía del penal de Alto Comedero hacia una prisión domiciliaria. Seis meses después, el proceso avanza con el fallo de la Sala IV de Casación confirmó la pena de tres años de prisión por el escrache contra Morales.
Los pedidos de libertad por Milagro Sala se han multiplicado a lo largo y ancho del país e incluso fuera de las fronteras nacionales, y al cierre de este texto, otro hecho de racismo se suma a este “mamarracho jurídico” que tomó a Jujuy como territorio de ensayo de lo que podría ser la patria entera de consolidarse este Cambio de la Revolución de la Alegría (abogados de derechos humanos, como Eduardo Barcesat, Beinusz Szmukler y Pedro Dinani, caracterizaron que “estamos frente a estos tribunales que deshonran el deber de obediencia a la supremacía de la Constitución Nacional” y aseguraron que hoy “lo que está en juego es si tenemos realmente una Justicia que dé garantías a los derechos humanos, al debido proceso, a los derechos y garantías establecidos en la Constitución y los pactos internacionales”). El caso en cuestión es el de Facundo Jones Huala, quien fuera detenido para ser juzgado nuevamente por una misma causa de la que ya fue absuelto. En este caso, a diferencia de Sala, se suma el elemento de ser una persecución conjunta del Estado argentino y el Estado chileno sobre la Comunidad Mapuche.


Precariedades civilizatorias
El problema de Milagro es que es mujer, india y tuvo el tupé de organizar a la indiada y ponerse al frente. No importa lo que podamos pensar respecto de los modos de organización de la Tupak Amaru, su adscripción partidaria, su linaje identitario. Aún sin compartir todos estos elementos es difícil negarse a darse cuenta lo que pasa allí: hay una acción política racista destinada a aniquilar una experiencia en particular, sí, pero también, a poder aleccionar a los de abajo en todo el norte argentino. Evita, Guevara y Tupak Amaru como símbolos de la lucha por una patria liberada. Eso es lo que encoleriza al poder y lo que el stablishment jujeño se propone extirpar del imaginario popular.
La estrategia de “cerco y aniquilamiento” tendida sobre los tupakeros (situación que se expresa descarnadamente en el ensañamiento contra Milagro Sala), apunta a exterminar a la Tupak como organización, un modo ejemplificador de borrar todo gesto de insubordinación de la negrada al poder local, así como también barrer la organización que pueda pelear por nuevos derechos para los cabecitas negra e incluso disputar porciones de poder institucional a las fuerzas conservadoras de la provincia.
Cuando la cuestión ya no es –como antaño-- la conquista del territorio sino su seguridad, cualquier anomalía será tratada como virus extraño en el orden del cuerpo. Esto es lo que ha hecho el contador Morales al ponerse al frente, él mismo, del combate a todo o nada contra Milagro y las tupakeras que la acompañan. Cuando los “desechos de la civilización” se hacen presentes, por ejemplo mediante un acampe en el centro mismo de la ciudad, evidencian con sus cuerpos mismos la situación de precariedad estructural sobre la que se edifican los privilegios de quienes se benefician con esa civilización. Por eso el nombre de Milagro se constituyó en una figura clave para interpretar el único modo de inclusión que el estado jujeño se reserva para los disidentes: la inclusión mediante la vía de la reclusión. El carácter de detenido es el único estatuto de ciudadanía que se reserva para los rebeldes un modo de gestión del gobierno que incluso, para muchos, no sostienen ni siquiera la vigencia del estado de derecho.


¿Qué pasa si el desierto crece?
El desierto ha sido el lugar en donde han habitado, desde siempre, los veraces. El aforismo nietzscheano expresa así una posibilidad: apropiarse del desierto como una imagen del pensamiento (crítico) diferente a la que le han otorgado, desde siempre, las elites dominantes en nuestro país.
Hace unos años, el crítico cultural Fermín Rodríguez publicó un libro en el que invirtió, desde el título mismo, la máxima nacional que se propuso encontrar una nación para el desierto argentino. Así, desde Un desierto para la nación, Rodríguez da cuenta de esta operación fundadora de la nacionalidad. Y sugerentes desafíos no solo de reinterpretación de la narrativa histórica sino de los desafíos del presente.
La figura de Milagro Sala y, su liderazgo de un movimiento social que proyectó construir porciones de poder en disputa con los poderes provinciales (aún, incluso, compartiendo un suelo partidario común), ponen a la experiencia tupakera en un lugar maldito para el poder, e incómodo para quienes no hemos compartido -ni compartimos- sus modos de organización, sus métodos de trabajo, su identidad política, sus apuestas electorales. Así y todo, Milagro y el tupakerismo no dejan de provocar el desafío. ¿Cómo situarse frente al poder cuando se ensaña con aquellos con quienes tenemos profundas diferencias políticas? Una ética, que es por supuesto también una política, marca un camino frente al moralismo reinante hoy en Jujuy: condenar el racismo frente a todas aquellas razas que, cual tribus nómades en el desierto, corroen la legitimidad de un Estado que se empeña en demonizar una forma particular de organización popular, pero que en el fondo, sólo busca conjurar cualquier tipo de puesta en cuestión de sus modos de ser.
El puntapié del Acampe tupakero para ir contra Milagro Sala expresa todo el odio contenido por el poder jujeño, que es un poder no sólo burgués-capitalista sino además patriarcal, racista, xenófobo. Milagro es india y es mujer, y se atrevió a discutir de igual a igual con varones blancos. Eso es imperdonable. No importa su “apariencia masculina”, o más bien, parece que todo lo contrario: parece exacerbar aún más los prejuicios el hecho de que sea india-mujer y ejerza el liderazgo de una organización popular sin los modismos femeninos tradicionales. Tal vez si hubiese sido la “secretaria de acción social” de un movimiento de base indígena pero dirigido por un hombre blanco otro sería el cantar.
Frente a ese embate, entonces, solo podemos recordar la frase fanoniana explicitada en el film de Enrique Juárez Ya es tiempo de violencia: “la verdad es para el pueblo todo aquello que daña a las clases dominantes”.
Sin lugar a dudas el Acampe, como método de protesta, es una forma no solo de expresar los propios modos de vida populares, sino también de poner en entre-dicho la relación entre lo público y lo estatal, y habilitar nuevos interrogantes en torno a los modos de ocupar el espacio.


Apostilla: Las “Barracas” del diario Clarín:
El kirchnerismo hizo de las viviendas sociales una herramienta para otorgar poder. La líder de la Tupac Amaru recibió más de 1.500 millones de pesos que debían destinarse a obras. Esos recursos del Estado la empoderaron. Las casas de Milagro Sala no pertenecían a la gente que las habitaba, nunca les dio los títulos de propiedad. Las viviendas en realidad eran una suerte de conjunto habitacional equivalente a barracas militares en las que ubicaba a sus militantes. Y éstos podían permanecer adentro en tanto y en cuanto cumplieran con sus órdenes, que podían ir desde repartir una copa de leche, hacer un piquete, quemar la casa de gobierno o, incluso, disparar contra algún ´enemigo´ o servir de dama de compañía para su hijo, ´El Reptil´. Si no aceptaban las órdenes o ´La Flaca´ sospechaba alguna deslealtad, previa golpiza, la familia entera era desalojada de la barraca”.

(Diario Clarín, 5/06/2017)


1 comentario:

  1. Acabo de leer el libro Presa. Lástima que en tu escrito solo diste lugar al punto de vista del mercenario Gabriel Levinas sobre la Tupac, lo cual me confirma que más que su condición de mujer, india, negra, pobre, a Sala lo que no le perdonan es su ideología, ni siquiera aquellos que dicen escribir en su defensa. Parece que cuando el preso es peronista no hay aquello de discutir recién afuera las diferencias como te leí en algún otro artículo.

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