jueves, 23 de marzo de 2017

24 de marzo: Elogio del olvido


Memorias, olvidos y deseo revolucionario

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)



Con el olvido sucede algo similar a lo que acontece con la seguridad: como son una bandera de la derecha, las izquierdas, el progresismo y las corrientes nacional-populares suelen no saber muy bien qué decir al respecto. Incluso más que con temas como la seguridad (que cuando son abordado por fuera de los postulados conservadores se suele caer en un catálogo de lugares comunes), con el olvido el hecho de quedar “patinando en el aire” suele ser más frecuente.
Por supuesto, ante posturas como las que vienen teniendo los voceros de la “Revolución de la Alegría” respecto al tema, a todas, a todos nos parece que está bien “cerrar filas” en torno a una defensa acérrima de la memoria y una condena abierta y total al olvido. ¿Pero de verdad pensamos que el memorialismo no es un obstáculo a la hora de imaginar/ensayar nuevos mundos posibles? ¿No es otro ejercicio de pereza intelectual pensar que “olvidar está mal”? Suelen ser ese tipo de binarismos morales (Bien/mal) los slogans predilectos de las derechas. ¿Por qué recurrir a ellos, entonces, desde quienes pretendemos conmover el orden, violentar lo dado?

Contra el memorialismo
Ya hace casi un siglo atrás, desde el psicoanálisis, Sigmund Freud planteó la cuestión con claridad: la memoria y el olvido son términos estrechamente ligados, de modo tal la memoria no debería ser pensada sino como otra forma del olvido, y el olvido, como una forma oculta de memoria. Cuesta imaginar una memoria total que prescinda del olvido. Algo de eso, por otra parte, puede leerse en textos emblemáticos de la literatura argentina. En “Funes, el memorioso” (cuento de Jorge Luis Borges publicado en 1944 en su libro Artificios), por ejemplo, podemos ver el gran drama de su protagonista, quien tiene un serio problema respecto de su capacidad para efectuar una selección. Como lo recuerda todo, Funes no puede seleccionar. Así , podemos leer como el exceso de memoria puede obturar la creatividad del presente, conducir a la inacción transformadora del mundo que habitamos. Algo de lo que el pensador maldito Federico Nietzsche supo trabajar ya hacia fines del siglo XIX, cuando sostuvo, en su Genealogía de la moral, que “sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente”.
Claro, cuando se escucha a funcionarios de Estado o voceros del stablishment poner en cuestión la cifra de los 30.000 detenidos-desaparecidos durante la última dictadura (negando la importancia del símbolo 30.000 más allá de la exactitud del número), o cuando se plantea el olvido en términos de “reconciliación” (negando el carácter terrorista ejercido por el Estado en ese período, que incluye el del Proceso de Reorganización Nacional pero que lo antecede), a modo de reacción, suele salirse al cruce poniendo un especial énfasis en la memoria. Y no se niega aquí la importancia del “trabajo de la memoria”, de sus combates. Sí, trabajo y combate, puesto que la memoria es un “campo de batalla”, tal como supo remarcar el pensador italiano Remo Bodei, no un ejercicio inocente y a-crítico sino un lugar bélico, un proceso social conflictivo puesto que pretende interpretar y dar sentidos colectivos al pasado, desde posiciones, intereses y pasiones atravesadas por las pugnas del presente.
Bien, pero de allí a idealizar el pasado, y paralizarse en las perspectivas de transformación radical de nuestras injustas sociedades, hay un paso, una delgada línea.
¿Porque no debería recuperarse más aquellos proyectos por los cuales los militantes fueron secuestrados, torturados y asesinados? ¿No fue el nivel alzanzado por la lucha de clases en nuestro país -en correlato con el continente y el resto del mundo-- lo que llevó al “partido militar” a desarrollar con tal ferocidad la represión, no solo para cortar de cuajo esos intentos revolucionarios sino para “aleccionar” a las generaciones venideras? Suena al menos un poco raro todo ese discurso y esas imágenes que circulan con tanta frecuencia entre las militancias, donde los setentistas aparecen bien como parte de “una generación de jóvenes con ganas de cambiar el mundo”, así en abstracto, como también esas otras que mecánicamente trasladan consignas y lecturas realizadas hace cuatro décadas sin reparar en los cambios acontecidos en el país, en Nuestraamérica y el mundo.
Si algo tuvo la generación del sesenta y del setenta fue la vocación de cambiarlo todo, pero también, la de abandonar los lugares de comodidad (y no rescato aquí cierto “afán sacrificial” sino la incomodidad de tener que pensarlo todo para accionar de un modo que no sea una obviedad).
Una comodidad que parece haberse instalado para no moverse es la que nos imposibilita procesar el debate sobre la violencia política. Huo algunos intentos, hace ya más de una década, cuando varios intelectuales críticos salieron al cruce de aquellas confesiones de invierno del cordobés Oscar del Barco. Pero al parecer viene siendo una constante de la posdictadura la imposibilidad de construir un proyecto de liberacion nacional y social que retome de la discusión política de los años 70 más allá de su fase represiva o del ya mencionado “protagonismo de la juventud en la política” para poder cuestionar hasta la raíz el sistema de explotación y su correlato en la dominación: las democracias representativas que nos gobiernan.
Si como sostuvo Fedric Jameson en esa frase devastadora, “hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, entonces, las miradas retrospectivas deberían funcionar más como memorias de la resistencia que como memoria sobre lo que Nunca más queremos que suceda. Porque el Nuca más a la represión es un pliegue consciente detrás del cual se oculta uno inconsciente (y por ello más poderoso). A saber: la introyección del discurso del amo. Ese que sostiene el terror después del terror, para advertir que todo desborde será nuevamente tratado de un modo aleccionador.
Un poco de olvido entonces tal vez ayude a recuperar esa fuerza activa que nos permita reafirmar nuevamente esa voluntad de cambiarlo todo sin tantos temores. “Un poco de silencio, un poco de tabula rasa de la conciencia a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo”. Lo escribió Nietzsche, y este cornista lo recupera. Tal vez un poco conciente de que, tal como sostuvo Zaratustra, “quien dice algo diferente marcha voluntariamente al manicomio”.

*Nota publicada en revista Zoom.

martes, 21 de marzo de 2017

Las paradojas de Rodolfo Walsh


A 40 años de su caída en combate: un homenaje del periódico Resumen Latinoamericano

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


Resulta paradójico, pero poblado de paradojas está la historia argentina. Rodolfo Walsh, un escritor abiertamente anti-peronista, terminó siendo quien escribió los textos más relevantes del peronismo: la investigación-denuncia-testimonio Operación Masacre, el cuento “Esa mujer” y el epitafio que puede leerse en la tapa del diario Noticias del 2 de julio de 1974, cuando se anuncia la muerte de Juan Domingo Perón.
¿Cómo se produjo este viraje? ¿Cómo pasó Walsh de escribir un texto con simpatías hacia uno de los aviadores que arrojó bombas sobre la Plaza de Mayo en junio de 1955 (“2-0-12 no vuelve”) a morir siendo un cuadro de la organización guerrillera peronista más poderosa del país? Este viraje solo puede entenderse realizando un recorrido por su vida y por su obra, desarrolladas en un contexto histórico muy particular, que llevó al peronismo del poder a la resistencia, y a muchos hijos de “gorilas” a integrar las nuevas camadas del peronismo, un cuarto de siglo después de que los descamisados parieran este movimiento. La “rareza” de Walsh, de todos modos, radica en que (aunque no sea el único) es de los pocos de su generación que ya tenían madurez cívica cuando Juan Domingo Perón fue rescatado de la Isla Martín García. Es decir, que su peronización no tiene que ver con un movimiento generacional de “parricidio” (los hijos de gorilas que asesinan simbólicamente a sus padres), sino con un proceso de politización que lo llevarán a cambiar sus puntos de vista respecto de la política nacional y sumarse –con avanzada edad– a un movimiento al cual no adscribió en sus años de juventud.
Tan paradójico es este peronismo de Rodolfo Walsh, que él –que tardó 15 años en pasar del mero nacionalismo hacia la izquierda, como alguna vez declaró-, que se hizo peronista puteando a Perón –cuando “El viejo” enterró la experiencia de la CGT de los Argentinos, cuyo semanario él dirigió-, terminó recomendando que Montoneros se “recostara” en el peronismo, cuando la organización había decidido pasar a ser un partido marxista. “Las masas no se repliegan hacia el vacío, sino al terreno malo pero conocido, hacia relaciones que dominan, hacia prácticas comunes, en definitiva hacia su propia historia, su propia cultura y su propia psicología, o sea los componentes de su identidad social y política”, argumentaba en los escritos en que polemiza con la Conducción Nacional de Montoneros. También decía, en esos documentos escritos en el momento más crudo del terrorismo de Estado, que uno de los problemas que tenían los militantes montoneros era “déficit de historicidad”. Es decir, que estudiaban poco la historia argentina.
Hoy, cuando Walsh pasó a ser un emblema, resulta a veces complejo aceptar el desafío de asumir el legado de su figura, de su obra. Cuando un hombre, cuando un nombre, cuando una imagen se sacralizan, pierden su potencial transformador. Eso tiene de jodida la tradición: impone el pasado como autoridad.
Hoy, cuando tantos jóvenes asumen tan acríticamente el peronismo, muchas veces colocan la cara de Perón junto a la Walsh. Convendría leer más su obra y usar menos su rostro y algunas de sus frases aisladas en remeras, calcos, imanes. Para que sus palabras no sean letra muerta sobre un papel, sino insumos para inspirar nuevas rebeldías, esas que Walsh vislumbró en el peronismo en un momento histórico determinado. Momento histórico y peronismo que la última dictadura barrieron para siempre.
Rebeldías que ya entonces anidaban junto a ese otro peronismo, el de la Triple A (la temeraria Alianza Anticomunista Argentina), esa que el propio Walsh calificó como un adelanto del genocidio perpetrado por las Tres Armas.
Rebeldías, esas tan necesarias para cuestionar lo dado, y abrir paso a nuevos horizontes.

miércoles, 15 de marzo de 2017

De Macri a los 90


Pueblada en Baradero, el paro del 7M de la CGT y un contrapunto entre los 90 y hoy


Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)
 

Baradero: un pueblo que votó masivamente a Mauricio Macri y hoy se puso en pie de guerra contra el ajuste de Cambiemos. La experiencia del ciclo de resistencia antineoliberal. Semejanzas, diferencias y aprendizajes. Los 90 y la actualidad.


Las diferencias de lo que pasa en nuestros días respecto de lo acontecido en el período que va desde las puebladas en Cutral Có y Plaza Huincul, en 1996, hasta la Masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002 son seguramente mayores que las similitudes. De todos modos, no estaría demás reparar, no tanto en los paralelismos, sino en las enseñanzas, que consciente o inconscientemente, están presentes hoy en el campo social.
A diferencia de lo que pasó hace unas semanas en Baradero, donde el pueblo salió a las calles acompañado de las organizaciones gremiales del lugar, el pasado 7 de marzo importantes sectores del pueblo argentino salieron a las calles -sobre todo en Buenos Aires-- pero con un amplio sentimiento de malestar respecto de los dirigentes sindicales. Y eso se hizo sentir con fuerza en el acto en Plaza de Mayo, más allá de las internas, e incluso, más allá de quienes se quedaron e insultaron al triunvirato. La imagen, además de elocuente, no puede sino traer remembranzas de aquella consigna coreada por miles en diciembre de 2001 y el primer semestre de 2002: «Que se vayan todos, que no quede ni uno solo». Más allá de lo polémico de dicho cántico, lo cierto es que en el sindicalismo argentino --parte central de la «crisis de representación» de aquellos días-- es en donde menos se se expresó aquel anhelo. No entraremos en debate aquí respecto de cuánto se fueron o no los integrantes de la «clase política» --la «casta» dicen hoy los españoles-- pero sí, al menos así lo considera este cronista, es innegable que ciertos discursos sociales y determinadas políticas de Estado tuvieron que tomar otros rumbos tras el cuestionamiento y la crisis que estalló en 2001 pero que había comenzado a gestarse varios años atrás.

Baradero en las calles
Baradero es un distrito conformado por cuatro localidades de la provincia de Buenos Aires, situado a unos 15o kilómetros de la Ciudad Autónoma. Según el último censo, cuenta con una población de 32.761 personas de las cuales, en las últimas elecciones nacionales, casi 9.000 votaron por Cambiemos (el 42,3% del padrón electoral) que llevó a Mauricio Macri a la presidencia de la Nación y a Fernanda Antonijevic a la intendencia (una de las 64 intendencias bonaerenses conquistadas por la actual alianza gobernante). A principios de mes, ese mismo pueblo que votó en las urnas por un cambio reclamó en las calles otro cambio, esta vez, respecto de ese mismo oficialismo que salió triunfante en octubre de 2015. 

Alrededor de las siete de la tarde del cuatro de marzo, cuando una nutrida columna de familias trabajadoras arribaron a la Municipalidad de Baradero se toparon con otros miles de vecinos autoconvocados que allí los esperaban. El principal reclamo de la protesta se centró en la escasez de fuentes de trabajo tras el cierre de Atanor S.A Planta Baradero, la preocupación por el preventivo de crisis presentado por Ingredion (que amenaza con despedir unos 80 trabajadores), por la quiebra de Germaiz y otros ajustes en diferentes empresas de la ciudad., como Refinería, Atanor y otras tantas que dieron también de baja a las tercerizadas que contrataban para realizar distintas obras.
Según declaraciones del titular local de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), Miguel Hereñú, son 3.000 los trabajadores de distintas actividades que perdieron sus trabajos en los últimos meses. A esto se suma el anuncio de reducción de turnos en algunas empresas radicadas en la zona (lo que trae aparejado nuevos despidos y suspenciones, precarización de las condiciones laborales, magros aumentos salariales).
Algunos twits que circularon por aquellas agitadas horas dejaban leer: «Que se vayan todos». Y también: «Baradero paró antes que la CGT».
Las diferencias entre puebladas como las de Cutral Có y Plaza Huincul en 1996 (que duraron días en los que la población permaneció en las rutas con barricadas y enfrentó la represión de Gendarmería Nacional) con la recientemente producida en la localidad bonaerense de Baradero son notables. Pero el denominador común es que todo un pueblo salió a las calles, indignado con sus gobernantes y dispuesto a defender su dignidad ante los atropellos del poder. Eso, al menos, no debería subestimarse. Tampoco el «efecto contagio» que este tipo de experiencias suelen tener. No olvidemos que tras aquellas primeras puebladas en el sur, al poco tiempo, prácticamente todas las provincias del país amanecieron algún día con sus rutas cortadas.


Del piquete al movimiento
«A los noventa no volvemos nunca máaaas». La consigna, coreada por amplias franjas de las militancias, tuvo su contrapunto días después del triunfo del Pro-Radicalismo, cuando esas mismas militancias comenzaron a equiparar al nuevo gobierno con el menemista, a Macri con Carlos Saúl y a las protestas emergentes con las de antaño (aún en sus nombres: Marcha Federal, Marcha de la Resistencia, etcétera). 

 
La operación más sencilla a partir de la pueblada en Baradero sería pensar que podría habilitar algo similar a lo que habilitaron las de la Patagonia, pero sería un ejercicio perezoso. Los de entonces fueron estallidos en pueblos petroleros (como también los de General Mosconi en Salta), que vivían alrededor de las plantas de YPF y que quedaron «en pampa y la vía» tras las privatizaciones. Además las del Sur contaron con un protagónico papel jugado por la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) y se dirigieron contra un «poder político» que llevaba décadas en el gobierno: el Movimiento Popular Neuquino (MPN), que contaba con dirigentes como los Sapag, muy acostumbrados a tratar los conflictos sociales como cuestiones domésticas. De allí la sorpresa que implicó la pueblada, en la que ya no solo estaban los ex obreros petroleros sino sus familias enteras, con las mujeres y los jóvenes a la cabeza (lo que aportó radicalidad a las medidas, porque estaba en juego el hambre de los niños, el hartazgo de las promesas y la inexperiencia de las negociaciones gremiales).
Lo paradójico es que tras dos puebladas (en la segunda, de 1997, emergieron los «fogoneros», que acusaron de «traición» a los piqueteros que encabezaron la anterior de 1996) en la zona no emergió un movimiento, pero decenas de grupos de norte a sur del país levantaron el nombre de Cutral Có y Teresa Rodríguez (la joven asesinada cuando pasaba por un piquete de la segunda pueblada) para conformar el suyo, tomaron su ejemplo para hacer de la tríada del emergente movimiento piquetero (asambleas, cortes de ruta y acceso a planes asistenciales del Estado) su gimnasia de acción directa en las calles y organización de base en las puebladas.
Lo revulsivo para el sistema político no fueron sin embargo las asambleas y los piquetes (que tienen su larga historia en el movimiento obrero nacional e internacional) ni los «Planes trabajar» (que en principio surgieron como una respuesta del Estado ante esas lucha y como un modo de contención de eventuales conflictos sociales, más allá de que luego fueron utilizados por las organizaciones territoriales para crecer en número y aumentar su grado de visibilidad pública), sino que lo revulsivo para el sistema político argentino fue que aparecieran nuevos movimientos sociales en los cuales convivían radicales y peronistas, cristianos y ateos, izquierdistas en todas sus variantes, jóvenes anarquistas y otros nunca adscriptos a ninguna identidad social y política, viejos y jóvenes, adolescentes y niñas, todas, todos, reunidos en torno a las nuevas necesidades y los nuevos y muchas veces creativos modos de abordarlos, sea para exigirle respuestas al Estado como para crear de manera autogestiva las suyas propias.
Lo de Baradero, que incluso los dirigentes gremiales del «clásico» sindicalismo argento caracterizaron como «pueblada», puede funcionar como índice de nuevas respuestas ante los nuevos desafíos. No en términos de que podrían sucederse casos iguales o similares (o tal vez sí, nunca se sabe), sino en términos de experiencia que muestra unidad y masividad en las calles en post de objetivos inmediatos concretos, que se respalda en estructuras tradicionales (los sindicatos) apelando a los modos emergentes de expresarse (los autoconvocados) sin ver en ello contradicción. En términos contemporáneos, podríamos pensar que la pueblaba de Baradero haya sido un verdadero acontecimiento político, en tanto nadie se esperaba algo semejante, y ya nadie en el lugar podrá pensar lo que sigue sin tener en cuenta eso que ha pasado.


Un triunvirato a la sombra de la crisis de representación
Como una sombra que se expande por el campo social, hoy dirigentes políticos, sindicales, sociales y «comunicadores» toman nota de la crisis de representación latente en la Argentina. Y el triunvirato de la CGT lo sabe porque lo vivió, porque lo recuerda. El período 1996-2002, la gestación del proceso de resistencia popular antineoliberal mostró que de cierto modo el país podía paralizarse (o al menos complicarse al extremo su «funcionamiento normal»), aún sin huelga general, con piquetes, cortes rutas, movilizaciones, ollas populares, edificios públicos tomados, grandes empresas con sus ingresos bloqueados. También que los «paros domingueros» podían transformarse en «activos» con la participación activa --vaya la redundancia-- de los movimientos sociales.

 A diferencia de la última década del siglo pasado, el movimiento obrero argentino en la actualidad se encuentra fortalecido numéricamente, con una nueva camada de jóvenes activistas de base, con sus dirigentes no tan abiertamente deslegitimados (no, al menos, al punto en el que estaba en los años noventa, cuando al frente de los sindicatos estaban los mismos rostros que habían sido cómplices o socios directos del proceso privatizador) y, lo más importante quizá, con una dinámica que tendía o tiende a la unidad. Una voluntad de unidad que se expresa no sólo en el hecho de mantener la CGT dirigida por un triunvirato sino también en la reunificación de las dos CTA y la apertura de la CGT hacia los movimientos sociales, cosa que en los noventa sólo --parcialmente-- había sucedido con la CTA, además de que expresiones como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), expresan ya desde su nacimiento un salto cualitativo respecto de los movimientos de trabajadores desocupados porque incluyen en su seno dinámicas contradictorias que a veces se parecen más a un sindicato y, otras veces, a las organizaciones sociales de base.
Para bien y para mal, todo lo recientemente descrito muestra enormes diferencias entre los años noventa y la actualidad. Demuestra, asimismo, que cierto olvido transitorio respecto de las experiencias de organización y de lucha popular previas a los años kirchneristas no se han perdido, y se recuperan, más o menos activamente, por amplias franjas del pueblo argentino. 

*Nota publicada en revista Zoom

martes, 14 de marzo de 2017

Con una actividad sobre el 24 de marzo se relanzan este jueves las Cátedras Bolivarianas en Córdoba

LOS 70: UNA HISTORIA QUE SE RE-SIENTE

Con un taller destinado a organizaciones sociales de la provincia, este jueves 16 de marzo se relanzan las Cátedras Bolivarianas en Córdoba. La actividad, que se desarrollará entre las 16 y las 18 horas en la Casa Pueblo Güemes (Pasaje Revol, Casa 52, frente al Paseo de las Artes), estará coordinada por el escritor Mariano Pacheco (integrante de Resumen Latinoamericano), y abordará
el golpe del 24 de marzo de 1976, sus consecuencias y los desafíos actuales respecto a las lecturas del pasado. 


Los objetivos del políticos, económicos y culturales del Proceso de Reorganización Nacional serán trabajados junto con las denominadas “políticas de la memoria” y la lucha de los organismos de Derechos Humanos, periodizadas en cinco fases. En primer lugar, el período propiamente dicho de la última dictadura cívico-militar (1976-1983), poniendo especial énfasis en la creatividad política y la referencia ética de los organismos; la segunda fase (1983-1996), intentando pensar ese momento signado por la Teoría de los dos demonios, por un lado, y la pelea popular por encarcelar a los represores, por el otro. En un tercer momento se abordará el período 1996-2003, con especial énfasis puesto en 2002 como momento de quiebre subjetivo frente al Estado de sitio decretado por el entonces presidente Fernando De la Rúa, la revuelta popular y el rol de los organismos de DD-HH en ese contexto, así como repasar el lento proceso político en relación a cómo se tramó una literatura, una historiografía y un cine que fue recuperando las historias de la militancia de los 70. Como “cuarta fase” se revisitarán los años kirchneristas (2003-2015), deteniéndose en la política de derechos humanos tomada desde el Estado, sus pro y sus contra, los juicios a los genocidas, la creación de los espacios de la memoria. Por último, se trabajará una última fase, la actual, intentando pensar qué pasa con la crítica por izquierda al “memorialismo” (ese exceso de memoria que a veces obtura las posibilidades de cambios radicales presentes) cuando desde el Estado se vuelve a proponer el olvido, la reconciliación y el retorno a la teoría de los dos demonios en el centro de la escena.
En el marco de la actividad también se realizará un “Homenaje a Rodolfo Walsh”, a pocos días de conmemorarse su caída en combate, en el que se presentará el Suplemento de Formación y Debate recientemente publicad por el periódico Resumen Latinoamericano, que cuenta con textos de Carlos Aznárez, Mariano Pacheco, Sylvia Saítta, Luis Alberto Romero, Roberto Baschetti, Lilia Ferreyra, Eduardo Jozami, Osvaldo Bayer, Lucila Pagliai, Ricardo Piglia, Valentina Leites e incluso el propio Rodolfo Walsh.

Próximas actividades del Capítulo Córdoba de las Cátedras Bolivarianas

ABRIL
Presentación del libro Marx, nuestro compañero, de Aldo Casas (editorial Herramienta, 2017). Con la presencia del autor. Presentan: Luis Bazán (sociólogo); Mariano Pacheco (ensayista) y Fernando Aiziczon (historiador).
Viernes 28, 19 horas en La Casa de los Trabajadores (Fragueiro 237, casi esquina Colón).

MAYO
Presentación del libro El hereje. Apuntes sobre John Willian Cooke, de Miguel Mazzeo (editorial El Colectivo, 2016). Con la presencia del autor.
Viernes 12, 19 horas (lugar a confirmar).

JUNIO
Presentación del libro Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo (editorial Planeta, reedición, 2017), de Mariano Pacheco, Juan Rey y Ariel Hendler. Con la presencia de sus autores (en el marco de las actividades de conmemoración por los 15 años de la “Masacre de Avellaneda”).
Miércoles 21, 19 horas en La Casa de los Trabajadores (Fragueiro 237, casi esquina Colón).

Las Cátedras Bolivarianas fueron inauguradas en 2003 por Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. A lo largo de más de una década, han significado una importante contribución a la lucha por la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña, y por extensión, a todos los acontecimientos liberadores que se producen en el Tercer Mundo, en la perspectiva internacionalista que da cuenta que nuestros procesos de lucha y organización no son ajenos a la perspectiva de emancipación del conjunto de la humanidad.
Pensadas como una tribuna de formación para contrarrestar el discurso único y la ostensible colonización cultural, en las Cátedras Bolivarianas se ha intentado construir otra visión de la historia nacional, Latinoamericana y del Tercer Mundo, así como abordar, a través del estudio, a numerosos pensadores que forjaron los ideales libertarios en el continente.
Las Cátedras han trabajado de manera continua sobre la importancia de la memoria para ayudar a construir el presente de lucha y resistencia, en el afán por proyectar ideas de enfrentamiento al imperialismo y al capitalismo, en el afán por construir una sociedad sin explotadores ni explotados.

Se lanzó la Cátedra Fidel Castro en Córdoba


Fue en la Clínica Ofmastológica "Dr Ernesto Che Guevara"


Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)


La iniciativa continental de la articulación de los movimientos sociales hacia el ALBA también tuvo su acto de apertura en Buenos Aires y se realizará en otros puntos del país y otras ciudades del continente.


Con la presencia de la educadora popular Cubana Marilin Peña Perez (integrante del Centro Martin Luther King de La Habana); Claudia Gamba, de la Fundación Un Mundo Mejor es Posible (UMMEP) que lleva adelante las Misiones Cubanas en Argentina y Gonzalo Armúa (del Alba movimientos), se llevó adelante el lanzamiento de la Cátedra Fidel Castro en Córdoba.
La actividad, que se desarrolló en de la clínica oftalmológica «Dr Ernesto Che Guevara» de la provincia (donde se desarrolla la «Operación Milagro») comenzó con un sentido homenaje a Berta Cáceres (a un año de su asesinato), con una mística en la que no faltaron las semillas, el agua y los pañuelos del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). «Hoy nos llovió Berta y con la esperada y ansiada agua llovió y se esparció por la ciudad de Córdoba nuestro homenaje a la hermana y compañera», leyó con la voz entrecortada una de las integrantes del Alba movimientos. «Hoy nos llovió Berta y aportó el agua a nuestras ofrendas, el agua-vida, el agua-flujo, el agua-torrente, el agua-gota paciente. Hoy nos llovió Berta y mojó las semillas traídas de las tierras cordobesas de donde el pueblo expulsó a Monsanto, otra trasnacional de la muerte como aquellas contra las que peleaste y continúan hoy dando batalla tus compas del COPINH».


También se homenajeó a Hugo Chávez, a cuatro años de su fallecimiento, quien estuvo presente en la sala a través de un video, en la que destacó con sus palabras la importancia de combatir el capitalismo y avanzar en la construcción del socialismo, pero también, de incomodar a quienes no se definen, a quienes intentan promocionar un «capitalismo con rostro humano» y de dar batalla «contra el reformismo».
Claudia Gamba agradeció al ALBA Movimientos por haber elegido la Clínica como sede para realizar el lanzamiento y aprovechó la ocasión para contar los entretelones de cómo se había organizado la «Operación milagro» junto a Fidel Castro, para «desembarcar» en Bolivia y luego, cómo el grupo de argentinos comenzó la tarea en Córdoba. Destacó la «mirada estratégica de Fidel», su capacidad de liderazgo y puntualizó que Fidel, nunca, dejaba una misión emprendida sino hasta haberse terminado. «Hoy Fidel seguramente estaría conspirando», dijo. «Estaría viendo con quien, con quienes, se podría promocionar un amplio movimiento Latinoamericano para frenar esta ofensiva conservadora que se despliega en el continente».
Gonzalo Armúa, por su parte, recordó los orígenes del ALBA como propuesta de articulación de Estados de la región encabezada por Fidel Castro y Hugo Chávez, y cómo luego, a instancias del MST de Brasil, surgió la propuesta de realizar una articulación continental a nivel todos los movimientos sociales Latinoamericanos, más allá de que sus gobiernos adhieran o no a la propuesta del ALBA. También destacó la importancia de la formación política, de la comunicación popular para contrarestar el discurso de los medios hegemónicos de comunicación, a los que caracterizó como «los partidos de la oposición» y de la solidaridad activa con entre los distintos países. «Una solidaridad», dijo, «que vaya más allá de lo declamarorio, de las firmas de adhesión y de los comunicados, que son necesarios pero que no alcanzan».
Finalmente, Marilin Peña Perez comenzó su intervención proyectando una canción realizada por distintos artistas en homenaje a Fidel tras su muerte y aclaró que era la única canción que llevaba en su celular. En su discurso realizó un recorrido por lo que fueron los años 90 en Cuba, cuando ella era estudiante, en medio de la complicación económica en el país y la debacle política a nivel mundial. Recordó cuando Fidel se reunió con las Federaciones Universitarias para explicar los problemas que atravesaba el país, escuchar a los y las estudiantes y poner en discusión qué hacer con las becas que muchos de ellos recibían del Estado para poder estudiar.
La educadora popular cubana rescató el ejemplo de Fidel en cuanto a la formación, la capacidad de lectura y de procesar información, pero por sobre todo, su intento permanente por analizar cada situación a la luz de resituarla en su historicidad. «Fidel era un gran promotor del trabajo político, del trabajo de masas y también, del trabajo ideológico»., destacó, y recordó que Fidel insistía mucho con eso de escuchar, pero también «con disputar ideas, con el internacionalismo y con la promoción de la unidad, tanto de la unidad popular en cada país como de la unidad continental; de reconocer las debilidades y fortalezas propias y del enemigo, de la necesidad de la formación y de la solidaridad», destacó. Y finalizó, entre calurosos aplausos de los asistentes, diciendo: «Sí se pudo, sí se puede, sí se podrá».

*Nota publicada en el Portal La Tinta.


miércoles, 8 de marzo de 2017

El 8-M en el interior del interior


La tierra también tembló en Alta Gracia

Por Mariano Pacheco y Germán Pighin*



Poder, poder, poder popular, luchar con las compañeras le gusta a usted; ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven; abajo el patriarcado, se va a caer; arriba el feminismo, que va a vencer”. Megáfono en mano, una joven marca el ritmo de la canción mientras el resto de mujeres que encabezan la marcha la acompañan con el cántico, una sonrisa en los labios y una mirada cómplice. La movilización parte del cruce de Belgrano y Doctor Raúl Alfonsín, para atravesar el centro de Alta Gracia hacia la Plaza Solares. “Mujer, escucha, únete a la lucha”, cantan las manifestantes, mientras desde los negocios las empleadas y empleados salen a las veredas, algunos para aplaudir, otros por simple curiosidad.
El 8M no solo se hizo sentir en la capital provincial, sino en otros sitios de Córdoba, como la ciudad del Tajamar donde alguna vez se crío el niño Ernesto Guevara. Convocada por el Colectivo local de #NiUnaMenos, esta marcha inscripta en el Paro Mundial de Mujeres retoma otras movilizaciones que se vienen haciendo desde hace algunos años en el lugar, como ser los 24 de marzo, anteriores 8 de marzo y las dos marchas del Ni Una Menos, en 2015 y 2016.
Este año la movilización de conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora contó con un episodio local que marcó profundamente a todos los asistentes, ya que se realizó el mismo día del entierro de Emi D Ambra, histórica referente de los organismos de Derechos humanos de la ciudad (madre de dos militantes detenidos-desaparecidos por el terrorismo de Estado) fallecida el martes. Su nombre se gritó varias veces, durante la caminata y en la plaza. El ¡Presente! fue acompañado junto con la mención de todas las oradoras e incluso con un cartel en su homenaje. También el nombre de otras mujeres fallecidas, pero asesinadas en casos de femicidio, recibieron su mención en la agitada columna.
Que los femicidas tengan miedo; hay que gritar Ya Basta, Ni Una Menos; seguimos en las calles; los cómplices también son responsables”, podía escucharse cantar a la multitud, entre la que se encontraban muchas maestras y docentes, tanto del oficialismo de la seccional Santa María de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) como de la oposición de la “Multicolor”, así como militantes de partidos políticos, muchas de ellas sin banderas.
Se cuiden los machistas, América Latina va a ser toda feminista”. Varias madres cantan y caminan junto a sus hijos, sus hijas a su lado o llevando cochecitos de bebés. Otras, adolescentes, se ríen y juegan entre ellas mientras avanzan detrás de la bandera violeta con letras blancas que encabeza la movilización. El calor agobiante no impidió que cientos de mujeres y algunas decenas de hombres caminaran por las calles de la ciudad al grito de “Vivas nos queremos”. Además de integrantes de agrupaciones de género, como Mumala (Libres del Sur) o La colectiva, estuvieron presentes las militantes del Frente de Mujeres del Partido Solidario (PSOL) y otras del Partido Socialista y la agrupación La Cámpora.
Sin lugar a dudas, por la cercanía de la fecha de la última multitudinaria movilización provincial contra la Ley de Bosques (realizada el miércoles pasado), se destacó la columna de la “Asamblea Paravachasca: el Monte es Vida”, quienes también dijeron unas palabras durante el acto a través de una de sus voceras. Otras expresiones locales, como el Movimiento territorial Primero de Mayo, o la Biblioteca Popular Sarmiento completaron el mapa diverso de expresiones sociales y políticas presentes en la movilización.
En el documento elaborado por el Colectivo Ni Una Menos de Alta Gracia se denunció el incremento de casos de femicido y la violencia “física, psicológica y obstétrica” que padecen las mujeres de todo el país, aunque también se rescató al movimiento de mujeres como “determinante” en las luchas de resistencia contra las políticas neoliberales implementadas por el actual gobierno nacional, así como en las conquistas históricamente obtenidas y aquellas aún por lograr.


Bajo el lema “Nos mueve el deseo” se reclamó la implementación de una educación sexual integral en las escuelas y mayor participación política de las mujeres en todas las esferas de la vida social. También se exigió la libertad de la dirigente social Milagro Sala (detenida desde hace más de un año en la provincia de Jujuy) y de la lesbiana Eva Analía de Jesús (“Higui”), detenida luego de haber matado a uno de los diez agresores que intentaron violarla; se exigió la absolución de Belén (quien permaneció un tiempo detenida tras haber padecido un aborto espontáneo); se repudió la detención de seis integrantes del Colectivo Ni Una Menos de Buenos Aires por propagandizar el Paro Mundial de Mujeres, así como el asesinato de la dirigente social Berta Cáceres, ocurrido en Honduras hace un año atrás. Entre aplausos, también se reivindicó la lucha de los docentes en reclamo por la reapertura de una paritaria nacional y la del conjunto de los trabajadores argentinos frente al ajuste, que esta semana se expresaron en las calles con multitudinarias manifestaciones los días lunes y martes. “Vivas y libres nos queremos” fueron una de las últimas palabras del texto, leído dúo, que remató expresando: “porque nos mueve el deseo, 2017 es e año de nuestra revolución”.
Tras la lectura del documento subieron al escenario algunos artistas locales, quienes compartieron sus canciones y sus números de danza y baile para adherir desde el arte a esta jornada de lucha que finalizó con la presencia de la reconocida cantautora Paola Bernal.


*La luna con gatillo.

8M: Mujeres y Política


Sobre el Paro Mundial de Mujeres*

Por Mariano Pacheco


Fue hace como 40 años: un grupo de mujeres se reunió para reclamar por sus hijos militantes que habían sido secuestrados por el Estado durante la última dictadura. Les dijeron que estaba prohibido reunirse y se pusieron a caminar, en ronda, fundando una nueva organización (las Madres de Plaza de Mayo), a partir de la cual dinamizaron el movimiento popular de la Argentina, que desde entonces no sería el mismo sin tener en cuenta el protagonismo de los organismos de Derechos Humanos. Veinte años después, la ofensiva neoliberal cerraba su círculo pero con un gobierno surgido de las urnas. Entonces fueron otras mujeres las que dinamizaron el movimiento popular: desde las barriadas más pobres de toda la Argentina salieron a cortar rutas, hacer ollas populares, tomaron edificios públicos, armaron comedores y merenderos, coparon plazas y calles para decir ¡Ya basta! y transformarse en la barrera de contención de las políticas estatales de hambre y represión.
Casi dos décadas después, las nietas de las “viejas locas”, las hijas de las piqueteras salieron con sus madres y abuelas, hermanas y amigas, compañeras de trabajo y estudio, vecinas y miles de desconocidas a decir nuevamente ¡Ya basta! Bajo la consigna #NiUnaMenos parieron con la movilización del 3 de junio de 2015 este nuevo movimiento que se enlaza con tres décadas de Encuentros Nacionales de Mujeres y una trayectoria aún más antigua de luchas feministas, en el país y en el mundo.
Hoy, como cada 8 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El día fue propuesto durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en agosto de 1910 en Copenhague --según un difundido mito-- en homenaje a las obreras muertas dos años antes, durante un incendio intencional producido en la fábrica Cotton en Nueva York (Estados Unidos). Más allá de la exactitud de los datos históricos, todos conocemos la fuerza del mito, y su capacidad de movilización cuando éste se torna verdad en las masas populares. Y también, sabemos lo que sucede cuando las fechas históricas dejan de enlazarse con los problemas contemporáneos.
Como sea, la propuesta de realizarse hoy un Paro internacional de Mujeres entronca con toda una historia de luchas nacionales que tuvieron sus virtuosos momentos de articulación mundial.


La tierra tiembla
En octubre pasado se produjo el Paro Paro Nacional de Mujeres convocado tras el asesinato de Lucía Pérez, producido en Mar del Plata mientras se realizaba el XXX Encuentro Nacional de Mujeres, que congregó 20.000 almas en Rosario. Una audaz iniciativa que en poco tiempo logró politizar la broca y transformarla en acción colectiva como modo de tramitar el duelo y poner en el centro de la escena que esos femicidios no son más que la expresión descarnada de una respuesta violenta y atroz de quienes sienten que comienza a irse de sus manos el poder de la opresión con el que cuentan, respaldado en siglos, y que parecía eterno.
El 19 de octubre, desafiando la lluvia entre tantas otras adversidades, unas doscientas mil personas se movilizaron a Plaza de Mayo. Otras tantas lo hicieron en numerosas ciudades del país. Sus protagonistas centrales: las mujeres.
Desde el vamos la iniciativa tuvo sus repercusiones en América Latina y otros lugares del país. La jornada funcionó claramente como el antecedente más inmediato de este Paro Internacional de Mujeres.
El poder de la creatividad puesta en acción en contra del luto, el silencio y la tristeza también viene funcionando como modo de politizar un tema que pretende ser presentado como drama personal o a lo sumo familiar, y ha permitido la emergencia de un movimiento político que justamente apuesta a politizar desde el cotidiano.
Rosario, Buenos Aires, Córdoba y otras grandes ciudades del país seguramente serán el epicentro de esta lucha de hoy, pero también en otros sitios --en el interior del interior, como suele decirse-- este fenómeno llegó para golpear las puertas y recordar que no hay rincón del país que quede exento de estas problemáticas. En Alta Gracia, por ejemplo, Florencia Longo --de la Coordinación Resistir y Luchar-- cuenta en diálogo con Zoom que se vienen realizando desde hace unos años ya las movilizaciones por el Día de la Mujer. En relación a la importancia de poder marchar “en la ciudad en la que nací, me crié, en la que estudié y ahora trabajo y desarrollo mi militancia, creo que es sumamente necesario y posible visibilizar esta lucha en lugares como éste, ciudades más pequeñas y muchas veces más conservadoras, como en tantos otros lugares sucede que una una gestión municipal a la que poco o nada le importan las reivindicaciones del movimiento de mujeres”. Longo --quien además es fotógrafa y docente-- recuerda que también en la ciudad del Tajamar --donde pasó años de su infancia Ernesto Che Guevara-- marcharon en ocasión de las movilizaciones del Ni Una Menos y se ha conformado el colectivo con el mismo nombre.
Aunque también la iniciativa, impulsada desde Argentina, ha logrado traspasar las fronteras nacionales. Paraguay, Colombia, Guatemala, Brasil, Guatemala y Uruguay (donde la Central Nacional de Trabajadores ha brindado un apoyo activo a la jornada) son países Latinoamericanos que, con su diversidad de problemáticas, dirán presente en esta jornada. También Honduras, donde la medida de hoy estará antecedida por las distintas actividades realizadas por el primer aniversario de la muerte de Berta Cáceres (iniciativa continental que también tuvo su momento de expresión en la Argentina), una de las a líderes y fundadoras del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) asesinada a balazos durante la noche del 2 de marzo de 2016 en la localidad de La Esperanza, provincia de Intibucá, quien contaba con medidas cautelares dictadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) luego de haber recibido una treintena de amenazas.
Y atravesando el Atlántico, también en Italia la medida ha logrado sus adhesiones. En Bolonia, por ejemplo, unas 2.000 personas se reunieron el 4 y 5 de febrero pasado en una asamblea nacional para organizar la medida de lucha y poner por escrito ocho puntos a través de los cuales expresar el rechazo “a la violencia de género en todas sus formas: opresión, explotación, machismo, racismo, homofobia y transfobia”. Interpelando a los sindicatos para que convoquen a una huelga general de 24 horas el 8 de marzo (“Ni una hora menos”), las activistas europeas destacaron el hecho de que convocaran a la huelga para reafirmar su fuerza y que hoy se crucen de brazos “interrumpiendo cualquier actividad productiva y reproductiva”. Los ocho puntos pueden leerse traducidos en el blog argentino Lobo sueto!
(http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2017/02/8-puntos-para-el-8-de-marzo-ni-una-hora.html).


Mujeres, movimientos sociales y sindicatos
Verónica Gago es investigadora universitaria y activista, profundamente comprometida con el movimiento de mujeres y el Colectivo Ni Una Menos de Buenos Aires. En conversación con revista Zoom aclara que, así como lo afirmaron el 19 de octubre, también para hoy vuelven a insistir en esto de que la forma en que el movimiento de mujeres se ha propuesto ampliar y redefinir la herramienta del paro enlaza la violencia femicida con su trama económica y política. “Llegamos a este paro tras un proceso asambleario que fue capaz de componer realidades y experiencias muy distintas. Desde ahí hemos también interpelado al mundo sindical. Desde el 19 de octubre, estamos reinventando el paro desde el movimiento de mujeres, haciendo un mapeo de las realidades de las trabajadoras asalariadas y no asalariadas, las que cobramos subsidios, las jubiladas y amas de casa, las trabajadoras de la economía popular, las migrantes y las estudiantes. Esto hace que cuando hablamos de violencia contra las mujeres estamos poniendo a debate también las formas actuales de explotación”.
Majo Gerez, de Patria Grande de Rosario, por su parte, destacó el carácter internacional de este paro (al que han adherido al menos 48 países), en un contexto en el que “el mundo se ha vuelto más hostil”, no solo “con la asunción de Trump en Estados Unidos sino también con el giro conservador de los gobiernos de la región”. Situación que, insiste Gerez, “hace que las desigualdades en el mundo aumenten y esto repercuta directamente sobre las mujeres, que somos las más afectadas”. También caracterizó al movimiento de mujeres como el “sector más dinámico”, el que “genera mayores niveles de unidad e interpela a amplios sectores de nuestra sociedad” y puntualizó en la importancia que tuvo el XXX Encuentro Nacional de Mujeres para la ciudad, “que tiene un dinamismo social y político muy fuerte, en donde la unidad del movimiento feminista ya se venía expresando desde antes pero que tras el encuentro el saldo organizativo ha sido muy grande y hoy se articule el paro con las dos CTA y el Movimiento Sindical Rosario (que nuclea 42 gremios), más el trabajo a nivel territorial, donde estuvimos haciendo recorridas por los barrios para que las compañeras salgan a las veredas, se junten con sus vecinas, cuelguen carteles en las puertas de sus casas, en un proceso en el que no solo reclamamos al Estado que se haga cargo de algunas de las reivindicaciones centrales planeadas por el movimiento, sino que estamos actuando para cambiar este sistema, para cambiarlo todo”.
Laura Vilches, legisladora del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en Córdoba, destacó por su parte que entiende que la izquierda partidaria le aporta al movimiento de mujeres “la relación con una tradición anticapitalista que se retoma de la década del 70, relacionada con un cuestionamiento radical a las condiciones de explotación del sistema capitalista llevada adelante por un movimiento feminista socialista, porque entendemos que para terminar con toda forma de opresión, hay que terminar con un sistema que se basa en la explotación de un pequeño puñado de capitalistas sobre la inmensa mayoría de la población y en particular sobre las mujeres. Vilches, también referente de la Agrupación Pan y Rosas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en la provincia, señaló asimismo que por ese motivo impulsan, fundamentalmente, “la organización de las mujeres trabajadoras en los centros de producción, con comisiones que puedan discutir sus condiciones laborales pero también otras problemáticas como el derecho al aborto, la violencia de género, las redes de trata y los agentes del Estado como la policía, los jueces y fiscales” y asume que “si queremos que la tierra tiemble, como dice la consigna de este 8M, necesitamos y queremos que estén nuestros compañeros varones en esta recuperación de un método histórico como es la huelga, y por eso es importante llamar a als centrales sindicales a que convoquen al paro”. Respecto de los límites o contradicciones del movimiento, Vilches remarcó que es un problema que aparezca a veces como una suerte de “moda”, generando una especie de “feminismo cool” en donde las “estrellas del mundo del espectáculo” hablan de estos temas, mientras el sistema “hace un uso particular del patriarcado para mantener el status quo, mientras mantiene a la mayoría de la población femenina y LGTV mundial con trabajo precarizado y bajo la línea de pobreza”.

*Nota publicada en revista Zoom.

sábado, 4 de marzo de 2017

Reseña de Realismo capitalista, de Mark Fisher


Libros para el cambio social


Por Mariano Pacheco


Podríamos pensar todo Realismo capitalista. ¿No hay una alternativa? a partir de una pregunta que ronda dispersa por el texto y que solo por momentos se hace explícita: ¿que pasa con una sociedad cuya juventud ya no es capaz de producir sorpresas? 

 
Publicado a mediados del año pasado por la editorial argentina Caja negra, este primer libro del recientemente fallecido escritor y crítico británico Mark Fisher pone crudamente sobre la mesa ese angustiante interrogante, que va de la mano de este otro: ¿cuánto tiempo puede subsistir una cultura sin el aporte de lo nuevo?
Con un interesante vaivén entre lo que podríamos denominar más clásicamente una “mirada marxista” y los aportes de otros teóricos críticos que bordean creativamente aquella tradición (Foucault, Badiou, Zizek –mucho Zizek--), Fisher acude al término “realismo capitalista” para designar el marco ideológico de la época, esta que transitamos –con sus idas y vueltas- desde la caída del muro de Berlín. El autor toma de Fedric Jameson una frase devastadora, a partir de la cual enhebra una serie de reflexiones: “hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.
Marco teórico y reflexión sagaz se cruzan en este libro con una suerte de sociología de la vida cotidiana y, sobre todo, con un cruce fructífero entre lo que cualquier marxista clásico llamaría los aspectos materiales de la vida y sus dimensiones culturales. Así, están presentes los rasgos que hacen a la precarización de la vida en la fase actual del capitalismo, pero también la gerencialización de la vida política, la cultura del consumo desmedido, la crisis de la educación (ir a al escuela para luego conseguir el mismo “McEmpleo” que se hubiese conseguido de abandonar el camino escolar), el estrés y el consumo de psicofármacos (que Fisher saca todo el tiempo de la esfera individual para resituarla en la social, preguntándose cómo puede ser que tanta gente, y sobre todo tantos jóvenes, tengas padecimientos de este tipo), la pulsión por la sobreinformación y el instantaneismo que promueven las redes sociales virtuales (“los adolescentes tienen la capacidad de procesar los datos cargados de imágenes del capital sin ninguna necesidad de leer: el simple reconocimiento de slóganes es suficiente para navegar el plano informativo de la red, el celular y la tv”. Por todo esto, sostiene, el realismo capitalista “no puede limitarse al arte o al modo casi propogandístico en el que funciona la publicidad. Es algo más parecido a una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, y que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuinos”).
Lo interesante es que Fisher no solo piensa los problemas de su generación y los conecta con sus antecesores (nació en el 68, el año del Mayo Francés”, se hizo adulto cuando el “socialismo real” comenzó a caerse a pedazos), sino que intenta pensar la de los que llegaron después, y recién están dando sus pasos hacia la edad de la razón. “Para la mayor parte de los quienes tienen menos de veinte años en Europa o los Estados Unidos, la inexistencia de alternativas al capitalismo ya ni siquiera es un problema. El capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte d ellos pensable”. De allí que diferencia a los jóvenes de ahora de los de apenas hace unos años. “En su lasitud espantosa y su furia sin objeto, Cobain parecía dar voz a la depresión colectiva de la generación que había llegado después del fin de la historia, cuyos movimientos ya estaban todos anticipados, todos rastreados, vendidos y comprados de ante mano”, sentencia al escribir sobre la experiencia de la banda Nirvana.
Con una apelación insistente a ejemplos cinematográficos, Fisher trata de pensar la época no solo para denunciarla sino para enfrentarla. Y si bien tomo como un bloque el proceso histórico que va desde fines del siglo pasado hasta nuestros días, pone especial énfasis en la crisis de 2008, porque detecta que ahí se produjo que la desintegración del sistema bancario se tornó “impensable”. De allí el salvataje del Estado, ante lo cual caracteriza que produjo “el colapso del marco conceptual que proveyó de cobertura ideológica a la acumulación capitalista desde la década del 70”. Y concluye: “con los rescates a los bancos el neoliberalismo se desacreditó totalmente”.
De todos modos, y a diferencia de muchos periodistas, cientistas sociales y críticos culturales de nuestros días, Fhister busca restituir cierta idea de totalidad en la cual conectar los efectos que se padecen en el día a día con sus causas estructurales, con la única causa sistémica: el capital. Este “izquierdismo”, que para muchos puede sonar un tanto clásico, se entrelaza de todos modos con algunos tramos propositivos, en los que argumenta que es necesario que las izquierdas puedan desear algo más que un “Estado grande”. Para esto, insiste, es necesario “resucitar el concepto de voluntad general, revivir y modernizar la idea de que el espacio público no se reduce a un agregado de individuos con intereses particulares”.
Ante esa suerte de asfixia que provoca la descripción del “realismo capitalista”, el autor introduce el interrogante sobre las posibilidades de emergencia de un nuevo sujeto político. Si bien no ofrece muchas pistas al respecto, me quedo para terminar con estas palabras que Fisher escribe en un tramo de su libro:
Tal y como han afirmado muchísimos teóricos radicales, , desde Brecht hasta Foucault y Badiou, la política emancipatoria nos pide que destruyamos la apariencia de todo ´orden natural´, que rebelemos que lo que se presenta como necesario e inevitable no es más que mera contingencia y, al mismo tiempo, que lo que se presenta como imposible se rebele accesible. Es bueno recordar que lo que hoy consideramos ´realista´ alguna vez fue ´imposible´”.

*Nota publicada en el sitio web del periódico Resumen Latinoamericano.

viernes, 3 de marzo de 2017

Sobre el proyecto de Baja en la Edad de Imputabilidad


Los menores responsables

Por Mariano Pacheco
(@PachecoenMarcha)

La baja en la edad de imputabilidad otra vez en debate. El proyecto del gobierno, las opiniones de especialistas y el largo historial de fracasos de una propuesta que siempre regresa.




Primero fue el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, quien pretendió instalar nuevamente el debate acerca de incorporar a los adolescentes al sistema penal. Después fue el propio presidente Mauricio Macri, en las palabras de inauguración del 135 período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el miércoles, quien se refirió nuevamente al tema. Y si bien lo hizo tibiamente (“si queremos combatir la inseguridad tenemos que dar un debate serio sobre una nueva ley penal juvenil”, argumentó), incorporó con sus palabras un agravante a la temática: lo hizo en medio de un discurso transmitido por cadena nacional, en la que mezcló este tema con el conflicto salarial docente. Dijo que había que “cuidar a los docentes” de los chicos que los agreden.

Según ha trascendido durante la última semana en distintos medios de comunicación, aún no queda clara la postura de la gestión Cambiemos respecto de la oportunidad de avanzar o no con esta iniciativa en los próximos meses. Por un lado, el macrismo abrió un espacio de consultas, que le jugó completamente en contra. Aunque por otro lado -saben- el caudal de votos que pueden capturar apelando a la sensibilidad que genera la cuestión de la inseguridad no es para nada despreciable, sobre todo teniendo en cuenta que los niveles de descontento social crecen día a día, al ritmo del aumento de precios y tarifas, con lo cual la demagogia securitaria podría “sumarle algunos porotos” al oficialismo en las elecciones de octubre.

El jueves pasado, sin ir más lejos, en la mesa técnica organizada por el Ministerio de Justicia en la que se debatió el tema, la mayoría de las organizaciones especializadas se mostró contraria a la propuesta oficial de reforma del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, que incluye bajar la edad de imputabilidad de los menores a 14 años para delitos graves. Según establece la actual Ley 22.278 de Régimen Penal de Menores (que data de la época de la última dictadura y son muchos los sectores que dicen que hay que debatir y reformar, aunque no precisamente en el mismo sentido en que lo plantean los voceros del PRO), las personas no son punibles debajo de los 16 años. Incluso establece que entre los 16 y los 18 años, deberían contar con un proceso especial. “Deberían”, porque en general los jueces intervienen dejando a los pibes y las chicas en alguno de los institutos que, según dicen en la jerga, funcionan como “curso de ingreso” a la cárcel y que, al final de cuentas, termina siendo la mayor escuela de delito.
Rechazos y fundamentos
En un debate organizado conjuntamente por la Universidad Pedagógica de la Provincia de Buenos Aires y UNICEF, llevado adelante hace unas semanas, distintos especialistas en la temática de infancia y adolescencia argumentaron por qué la cuestión del delito en Argentina es sobre todo una cuestión de adultos, desmintieron con datos ciertos lugares del sentido común respecto al delito protagonizado por menores de 16 años y reclamaron la presencia de un “Estado fuerte” pero no en cuestiones represivas sino en la promoción, vigencia y garantía de derechos para esta franja etaria.

También se expresó una nutrida participación en las mesas de debate que habilitó el Ministerio de Justicia de la Nación durante el mes de febrero, con el fin de discutir la iniciativa del gobierno respecto de avanzar con la reforma del régimen penal de menores. La última de las ocho mesas fue la más concurrida. En ella el gobierno se llevó la mayor sorpresa: 34 de los 40 oradores presentes se opusieron a bajar la edad de punibilidad de 16 a 14 años, cuatro se mostraron indefinidos y sólo dos defendieron la postura del oficialismo.
Muchos de los argumentos en contra de esta iniciativa se sostienen en números. Por ejemplo: que la condena a los menores de 18 años disminuyó de 4,2 en 2010 a 3,5 en 2015. También que, según los datos que surgen del “Informe 2015” elaborado por UNICEF Argentina, la incidencia de delitos graves es ínfima entre los adolescentes hoy punibles (franja de los 16 a los 18 años). En su reverso, las estadísticas muestran que el 35,2% de los adolescentes judicializados no tiene estudios o tiene estudios primarios incompletos y sólo el 35% terminó la primaria.
En la mesa técnica organizada por el Ministerio de Justicia en la que se debatió el tema, la mayoría de las organizaciones especializadas se mostró contraria a la propuesta oficial de reforma del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil”
Según otro estudio, realizado por el Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema (con datos actualizados hasta 2012), los delitos graves cometidos por la franja de adolescentes que tiene entre 16 y 14 años no pasan del 5% del total. En cuanto a los delitos más graves (asesinatos), no superaban el 2% en la Ciudad de Buenos Aires y el 4% en la de La Plata y el Conurbano bonaerense (además de que los homicidios cometidos en situación de robo y protagonizado por personas de todas las edades, en total, apenas ocupan un 14% del total de los casos). También el Instituto de Investigaciones del Consejo de la Magistratura supo señalar que, en la Ciudad de Buenos Aires, hubo 198 muertos en homicidios intencionales durante 2014, de los cuales el grupo mayor de victimarios iba de los 18 a los 25 años (44% de los casos). Y sólo 10 casos fueron protagonizados por personas de 16 y 17 años y 5 casos por menores de 16. Todos los casos se produjeron en un contexto de conflicto intrafamiliar o en situación de discusión, riña o venganza. Ningún menor de 18 mató para robar durante 2014. Según los registros del Centro de Admisión y Derivación de Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal de la Ciudad de Buenos Aires, la mayoría de los ingresos se producen por delitos contra la propiedad, pero sin la utilización de armas. En la mitad de esos casos, los robos no llegan siquiera a concretarse. En 2016 ingresaron por homicidio doloso seis adolescentes. Solo uno era menor de 16 años: el acusado del crimen de Brian Aguinaco. Hecho trágico sobre el que se montó toda la pulsión securitaria que llega hasta nuestros días.
A todo esto, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires informó que durante el primer semestre de 2016 murieron 36 personas en accidentes de tránsito. Más del doble que las víctimas de los menores de 18 punibles y no punibles. No hay cifras oficiales pero puede verse con frecuencia en los medios de comunicación los asesinatos llevados adelante por algún vecino contra otro. Como dice el investigador Esteban Rodríguez Alzuelta, “hay que tener cuidado con la vecinocracia”, porque en la Argentina actual, “hay más probabilidades de que te mate un auto que te pise o un vecino que un adolescente en un robo”.
#NoalaBaja
Producto de todos estos debates presentes en la Argentina contemporánea se conformó la red “Argentina no Baja”, integrada por especialistas en la temática, organizaciones sociales y referentes culturales comprometidos con la defensa de los derechos humanos. Desde este espacio, entre otros, vienen realizando una serie de acciones de propaganda y concientización, en la búsqueda por poner en cuestión las ideas punitivistas y obtener consensos para intentar bloquear la propuesta oficialista.
También expresiones académicas como el Observatorio de Adolescentes y Jóvenes (OAJ) y el Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos (GESPyDH) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se han pronunciado en contra de la iniciativa oficial, así como también lo hizo la Iglesia Católica, quien través de un documento emitido por la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia de la Conferencia Episcopal Argentina, ha reclamado no convertir a los chicos en “enemigos sociales”. Desde la comisión episcopal, que coordina el sacerdote José María “Pepe” Di Paola, han advertido sobre los “usos electorales” de este tipo de propuestas.
Entre Blumberg y Macri, una variopinta acuarela de expresiones políticas han plateado el mismo tema, siempre ligado a discusiones en los medios y cercano a coyunturas electorales”
Santa Fe es otro de los lugares en donde distintos actores sociales y políticos hoy se encuentran resistiendo ante los intentos de expansión y de aumento de la severidad del sistema penal. En diciembre del año pasado obtuvo media sanción en Senadores de la provincia de Santa Fe un Proyecto de Reforma del Código Procesal Penal (que será tratado en diputados próximamente en sesiones extraordinarias) que obtuvo durísimas críticas por parte de algunos legisladores, de académicos y de múltiples organizaciones sociales, porque consideraban que se trataba de una “vieja receta” para intentar resolver los problemas de inseguridad, apelando otra vez “a la mano dura y la demagogia punitiva”. En ese sentido, la socióloga Luciana Ghiberto destacó en diálogo con Zoom que ahora en la misma línea pero en un embate a nivel nacional, Macri vuelve a instalar en la agenda pública el debate respecto de la baja en la edad de punibilidad, que es una idea “que la derecha regurgita cada tanto, aprovechándose de la construcción mediática de que los jóvenes que cometen delitos son el problema social más grave por resolver”. “Contra ese mito es que nos unimos activistas populares, organizaciones sociales, artistas y trabajadoras involucradas en las problemáticas de la infancia y la adolescencia en la ciudad de Santa Fe”, comenta Ghiberto, que también es militante de la “Antirrepresiva”, organización que impulsará el Festival de No a La Baja el 18 de marzo y que también participó de otro Festival Cultural en febrero, organizado por la Mesa de Santa Fe Contra la Baja. “La medida de la baja de la edad de punibilidad, es demagógica, es reduccionista e invisibiliza el sufrimiento que produce para los jóvenes entrar en contacto con el sistema penal, y no considera las tremendas consecuencias que trae el encierro en las cárceles. Y estas son discusiones que urge que mantengamos, no sólo en el ámbito legislativo, sino también en los barrios, en los espacios públicos y culturales y en los lugares que habitamos cotidianamente”, remató Ghiberto.
Microfascismo, participación popular y políticas de Estado
Impulsada por los colorados en contra de las posturas del oficialismo del Frente Amplio, la propuesta de bajar la edad de imputabilidad fue plebiscitada en octubre de 2014 en la hermana República Oriental del Uruguay. La consulta popular se realizó conjuntamente con las elecciones presidenciales y parlamentarias, en una dinámica de participación donde democracia participativa y democracia representativa se combinó, como en otras oportunidades, en una cultura política bastante diferente a la de la Argentina. En una elección en la que participaron el 90% de las personas en condiciones de hacerlo, la propuesta del No a la Baja en la edad de punibilidad cosechó el 58% de los votos. El resultado, si bien “no estaba cantado”, expresó de todos modos la enorme militancia desarrollada por quienes integraron aquel movimiento denominado “No a la Baja”, que hoy sirve de inspiración en nuestro país para abordar un tema que, de todos modos, no es nuevo.

El asesinato de Brian Aguinaco (el chico de 15 años muerto el 24 de diciembre pasado en el barrio porteño de Flores) reavivió el debate sobre el delito juvenil y la seguridad. Pero la cuestión tiene sus antecedentes, al menos, hace una década atrás, cuando el falso ingeniero Blumberg enarboló la bandera tras el asesinato de su hijo Axel. Se recordará que las masivas movilizaciones instalaron con fuerza el tema en la agenda de la política nacional.

Entre Blumberg y Macri, de todos modos, una variopinta acuarela de expresiones políticas han plateado el mismo tema, siempre ligado a discusiones en los medios y cercano a coyunturas electorales. En 2009 tuvo media sanción en el Senado, con la mayoría kirchnerista, un proyecto que bajaba la edad de imputabilidad, pero la iniciativa no prosperó porque no consiguió su aprobación en Diputados. En 2013 Martín Insaurralde, entonces primer candidato a diputado por el kirchnerismo, tomó para la campaña la consigna de bajar la edad de imputabilidad de los adolescentes de 16 a 14 años. En las elecciones de octubre de ese año perdió. La consigna, más no el candidato, sería tomada desde entonces por Sergio Massa. Y también, como era de esperar, fue un tema central en la plataforma (¿la performance?) del “Colorado-hoy-olvidado” Francisco de Narváez. Por supuesto, las distintas empresas periodísticas se encargaron de fogonear el tema cada vez que pudieron.

La cuestión del sentido común, sin embargo, no es un dato menor a la hora de tener en cuenta, por ejemplo, la posibilidad de gestar alguna salida plebiscitaria al asunto, ya que las políticas punitivas que hoy se promueven desde la cima del Estado enlazan con el discurso dominante de los medios de comunicación hegemónicos, pero también, con toda una serie de micro-fascismos que hemos sabido alimentar como sociedad. Y “como sociedad” quiere decir en todos los estratos sociales, cuestión que pone en entredicho el discurso bien pensante de nuestras izquierdas, los progresismos y las corrientes nacional-populares respecto de la ecuación “facho=clase alta” (o media, media alta). Así y todo, la posibilidad de que como sociedad podamos discutir sobre temas centrales de nuestro devenir seguramente nos sacaría -al menos un poco- del simple lugar de “la gente”, para restituirnos nuevamente en un lugar de pueblo.

*Nota publicada en revista Zoom.