miércoles, 30 de mayo de 2018

Lo que un cuerpo puede. Un ensayo sobre (Ricky) Espinosa


Historial de un rebelde


Por Mariano Pacheco



La esquina fue escuela de sobrevivincia al desamparo económico, político y afectivo de la Argentina neoliberal. De allí surgieron bandas como Flema, y emblemas del punk rock local como Ricky Espinosa, el joven que hizo de la frase del filósofo holandés que ilustra este texto, una prágmática.


Es difícil intentar comprender al menos algo de los años noventa en este país sin entender lo que el alcohol significó para la juventud de los suburbios. Al menos lo que la cerveza implicó para el piberío del Conurbano y las barriadas pobres de la Capital Federal (sí, por entonces era la Capital y no la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la CABA, como ahora). El culto de la amistad a través de la cerveza, y el culto a la cerveza cuando las amistades ya no están. La cerveza o el vino, lo mismo da. Nosotros, con los chicos, nos tomamo un litro más de vino (“Borrachos en la esquina”); Porque es, el linyera, se emborracha y no le importa una mierda. Si es botella o es un tetra no le importa una mierda, lo único que quiere es escabiar (El linyera); Ella me atrapó con su blanco cristal, y no puedo estar sin cerveza tomar. Y mis amigos mañana traerán, blancos cristales, para tomar. Más otra más, otra más, otra más, quiero cerveza tomar (“Blanco cristal”); Brindo una vez más por mis amigos, los que sólo están en mi corazón (Vahos de ayer”); Baile sin control, más excitación, cuando sube le alcohol, quiero diversión (“Pogo, mosh y slam”).
La voz inconfundible de Ricky se combina siempre con una buena batería, y el sonido sucio y descontrolado de la guitarra y el bajo en versión punk rock suele aparecer en forma de canciones tristes, a veces, y otras de las más alegres. Lo mismo sucede con las letras: se intercalan algunas crónicas en primera persona con crítica al orden social, y sobre todo, a los estereotipos.
Chicas judías”, por ejemplo, sólo puede entenderse en el contexto de emergencia de una camada de jóvenes que se rapan la cabeza, le ponen cordones blancos a sus borceguíes negros y cuelgan tiradores de sus pantalones, para ir un sábado por la noche, en patota, a provocar a algún pibito punk que quede borracho en algún rincón. Viaje a Israel, un viaje a Israel, chicas judías en Israel, una frase así sólo cobra sentido en la mirada del otro, en el rostro fruncido de algún skind, que no es más que otro estereotipo social, en este caso de la pequeña burquegía queriendo huir de la debacle a través de una salvación imaginaria que los sitúa al otro lado de la brecha social abierta por el neoliberalismo. Algo similar sucede con otras canciones, como “Es sólo un juego más” (El mal nació con él, en algo debía empezar/ sin tener un por que, voluntad de dañar./ Le gusta destruir/ disfruta corromper/ es solo un juego mas/ se ríe al romper/ le excita ver sangrar/ sabiendo que esta mal/ No todo es lo que debe ser, el niño tiene crueldad/con inocencia o no, nació para matar) o como “Hombre vicioso” (Hombre vicioso, engendro de satán/ ritos asquerosos, carentes de moral/ hombre de alma sucia, bandera del mal/ anarco-drogadicto, perdido total/ Mente retorcida, irrecuperable/ que lo lleve la policía./ alma de homicida, cara de culpable/ que lo mate la inquisición/ gente como esta no debe nacer). En ambos casos se apunta a mostrar, como en un espejo, lo trillado de los comentarios que fueron generando el caldo de cultivo para esos micro-fascismos que irán creciendo exponencialmente en los años venideros.
Es esa incomprensión, sobre todo del mundo adulto (careta, hipócrita y “formal” en mundo que cada vez tiene menos de formal), la que se rechaza en este tipo de canciones. Mundo yo, nunca te quise a ti, porque vos, no me entendiste a mi puede escucharse en “Tiempo de morir”. Incomprensión que busca conjurarse en manada en una esquina cualquiera de la ciudad. Porque la esquina fue escuela de sobrevivencia al desamparo económico, político y afectivo de la Argentina neoliberal. 


 

Soy de la esquina
No fue el punk de Flema –la banda capitaneada por Ricky Espinosa-- sino el heavy de Hermética el le cantó a la esquina, pero de todos modos vale la invocación. Sobre todo teniendo en cuenta los gustos y la amplitud musical de Ricky. Allí esperan mis amigos en reunión/ Mucho me alegra sentirme parte de vos./ Conversando la rueda, ya se formó/ Y las flores se queman buscando un sentido, cantaba Claudio O´ Connor. El compartir una birra y un porro fueron una forma de gestar comunidad en un contexto de profunda descomposición social. Tu risa amiga alejo mi soledad, esos momentos que viví no he de olvidar, sigue la canción que fue himno entre los heavys --primos hermanos de los punkys, dicho sea de paso-- en la que se aclara que se prefiere la esquina a mirar tele, ya que ésta se encuentra “vacía de realidad”, mientras que en la esquina la verdad “esta latiendo” (resulta pertinente destacar que cuando Juan Fandiño –guitarrista fundador de Flema-- lo contacta a Ricky, éste escuchaba por entonces sobre todo heavy metal. También que en una de sus fotos más conocidas Ricky aparece con una remera de Almafuerte y que el propio Ricardo Iorio graba un audio para introducir una canción del disco Resaca).
Por supuesto, cualquier reivindicación de Espinosa como rebelde social deberá conjurar la imagen del “personaje” que se ha construido en torno a él. De algún modo, podría decirse, todo el libro Ricky de Flema. El último punk (de Sebastián Duarte), podría ser leído en ese sentido: Espinosa, el pibe reventado al que no le importa nada, ni nadie. Imagen que contrasta con los contundentes testimonios de sus amigos (e incluso de su novia, y de su padre) que pueden verse en Ricky Espinosa, el documental, de Juan Pablo Duarte (https://www.youtube.com/watch?v=EN5So4SgiBM). Testimonios entre los que se destaca el de Juan Fandiño, quien señala que lejos de los estereotipos y las miradas condenatorias que se construyeron en torno a su figura, Ricky era una persona muy leída, que podía sostener una conversación sobre temas actuales, históricos, políticos con cualquiera.
Obviamente, Ricky fue un pibe que cultivó tanto la amistad como la soledad. O tal vez podría decirse que porque no le huía a la soledad pudo cultivar de esa manera tan profunda la amistad.
Quítense la máscara y vean la realidad/ El que nunca estuvo solo no conoce la amistad, canta en “Nunca seré policía”, canción que puede ser escuchada en serie con las palabras escritas por Peter Pal Pelbart en su texto titulado “Cómo vivir solos: filosofía de la deserción”, en el que citando a Gilles Deleuze destaca que el problema qie padecemos quienes habitamos el mundo contemporáneo, no es que nos dejen solos, sino que no nos dejan suficientemente solos como para poder atravesar la experiencia de la soledad (la más poblada del mundo, en la concepción deleuziana que tiene sus filiaciones con la nietzscheana. Es decir, aquella que sostiene que ese tipo de soledad el punto a partir del cual es posible multiplicar los encuentros).
De allí que nos resulte poco fecundo pensar la soledad de Ricky separada de sus amistades, esas que nacieron y se desarrollaron al calor de los encuentros en las calles, en una esquina cualquiera.
La esquina, entonces, no debe ser entendida como el lugar de la perdición de un sector de la juventud en la década del noventa, sino el gran albergue de heavys, de punks, y de otras tribus que comenzaron a surgir y pulular por la ciudad. Sea en unos videos (los fichinies), en una plaza o un en un simple escalón, las esquinas fueron en por aquellos años, trincheras de resistencia social de la juventud que no se conformaba, que no estaba dispuesta a resignarse ante el creciente estado de malestar que atraviesa a la Argentina.


El punk es expresarse”
Cuando Fandiño formó Flema junto a varios de sus amigos (entre ellos Fernando Cordera, primo de Gustavo de La Bersuit), Ricardo Espinosa aún ni pensaba que podía liderar una banda punk, aunque sí andaba ya en sus búsquedas musicales. Primero Ricky se sumó a la banda como guitarrista. Pero de aquella primera formación que pasó a hacerse conocida luego de grabar dos canciones (“Cáncer” y “Buscando un lugar”) para el disco Invasión 88, solo quedó Ricky, quien más tarde pasaría a ser cantante de la banda, ya compuesta por nuevos integrantes.
En 1992 Flema saca Pogo, mosh y slam, un casete que circuló –como tantos en la época-- grabados en los novedosos grabadores de doble casetera. Así, ciertos temas empezaron a circular de barrio en barrio, viajando en los TDK que uno iba grabando y prestando, o incluso, expandiendo en una práctica todavía no tomada por la lógica neoliberal, que implicaba hacer juntadas entre varias personas para escuchar una banda.
1994 será un año clave para la banda: salen a las calles El exceso y/o abuso de las Drogas y el Alcohol es Perjudicial Para tu Salud. ¡Cuidate! Nadie lo hará por vos, primer álbum en estudio. También sale, en forma de demo, Nunca nos fuimos, que dos años más tarde será lanzado como álbum oficial por Sick Boy Records, el mismo sello que los hizo debutar en la escena punk local con disco propio. De allí en más Flema se transformó en una de las bandas fundamentales de aquella camada, junto con Sin Ley y Dos minutos, ésta última con mayores niveles de difusión.
Ricky se transformó en una máquina de producción artística: en 1997 Flema saca su álbum Si el placer es un pecado, bienvenidos al infierno; Ricky funda Flemita, una formación en donde mezcla músicos de distintas bandas para hacer canciones de otros conjuntos que le gustan, con la cual saca ese año el disco Underpunk y al año siguiente, ¿Raro? Raro tenés el orto. También en 1998 saca desde Flema el álbum Resaka y en 1999 dos discos como solista: Vida Espinoza y Tributo a Sin ley y Embajada boliviana, una banda que sus propios integrantes declaran haberse hecho conocidos gracias a Ricky. El 2000, 2001 y 2002 tendrán a Ricky otra vez sacando discos desde Flema: Caretofobia I y Caretofobia II y, con él ya sin vida, 5 de copas, que llegó a las disquerías tiempo después de su suicidio.
Banda fundamental del punk local, Flema sin embargo, parecía no estar destinada a ser una banda estrella, sencillamente, porque hacían del arte de la provocación no sólo una propuesta estética sino una política para la vida cotidiana. De allí que Ricky dijera, alguna vez, que Flema no era una banda para la masa, sino para quienes estuviesen dispuestos a aceptar el desafío de dejarse interpelar por su mensaje. ¿Cual es tu camino?, con esa pregunta el Zaratustra de Nietzsche responde a quienes le preguntan por el camino. Algo similar podemos pensar que sostenía Ricky a través de su coherencia, su autenticidad.
Incluso entre los punks Flema fue muchas veces una banda menospreciada. Sea por la corriente que supo combinar bandas de punk con ferias de fanzines e intervención militante anarquista, sea por quienes hacían del punk un hábito cerrado sobre sí mismo. De hecho el propio Ricky, en una entrevista radial de 1998, dice, entre risas:
Hay gente que no nos quiere porque a nosotros nos gustan los Rolling Stones, y yo tenia entendido que ser “Punk” era hacer lo que uno se le cantase las bolas. Entonces cuando la gente nos cantó por primera vez “El que no salta es un stone”, no sé, porque lo cantan siempre, y empezamos a hacer temas de los Rolling Stones; hubo gente que nos hizo la cruz, pero me pareció una actitud fachista de ellos, si uno está arriba del escenario para expresarse y hacer lo que tiene ganas de hacer. O sea que por ese lado no los entiendo, y por otro lado, tampoco los entiendo...
Como puede verse, para Ricky, de lo que se trata, es de poder expresarse: la bronca, el dolor, e inclusola celebración y la joda. No son pocas las canciones que aparecen como “raras” para ser una banda punk. Desde la profunda sensación de libertad pero también de jocosidad que expresa “Fernando anda en skate” (Pantalones anchos, zapatillas botitas y su camiseta blanca de death./ con el flequillo largo/ y el skate en la mano/ y su camiseta blanca de death./ Fernando anda en skate…) hasta la mezcla de ritmos de “La sal del mar” (Llegó la ya hora de festejar/ dejar los problemas de la ciudad), donde el punk aparece entremezclado con un rock-nirvanoso, el slam y el skate-californiano.
Por supuesto, también supo cultivar Ricky canciones profundamente tristes, no sólo en sus letras sino también en sus ritmos. Prueba de ello son algunas breves pero contundentes canciones, como “No te dejaré”, dedicada a la cocaína (Mira como cae el techo del ascensor/ todo se derrumba a mi alrededor/ estoy solo a un paso del infierno hoy/ y si sigo así, no te voy a dejar./ Vos sos la nena mas blanca de acá/ la que vuelve locos a los chicos de mi edad/ mil fantasmas invaden mi habitación/ si sigo así, no te voy a dejar./ Cuando caen las sombras de la oscuridad/ la mañana parece nunca llegar/ para mi es difícil no pensar en vos/ si sigo así, no te voy a dejar./ No te dejare... no te dejare), “Quizá” (Me podés ver caer y no comprender porque fue así/Y aunque lo intenté, vos ya no querés confiar en mí/ No sé, vos no querés, no sé./ Hoy cuando desperté no pude recordar lo de ayer/ Ni cuando empecé, ni cuando terminé y te perdí./ No sé, quizás te perdí, no sé/ Quizás vuelva a emborracharme/ Quizás no lo vuelva a hacer/ Quizás vuelva a repetirlo/ Quizás no lo sé) y “Ahogado en alcohol” (¿Sabés? Me estoy sintiendo mal/Y doy mil vueltas sin girar/El sol calienta sin quemar/Tal vez hoy deje este lugar/ Creo que estoy tocando fondo/ de mis actos no respondo/ Se desdibuja mi sonrisa/ La angustia hoy me marchita./ Ahogado en alcohol…), por citar algunas de las más emblemáticas.




Punk-rock de las barriadas
Los Espinoza son una familia de la clase trabajadora típica de las miles que habitan el Conurbano.
Zapatillas de lona, jeans gastados y campera de cuero. O botitas all star, campera de jean y pollera, cuando no la cara pintada y siempre, las uñas pintadas. Se lo puede ver a Ricky con remeras de Los Ramones, pero también de Almafuerte, los Rolling Stone, Dad Religion e incluso del Che Guevara.
La reivindicación de la disidencia y las minorías más allá de su experiencia singular fue una de las políticas de vanguardia de Espinosa en aquellos años. Su asistencia a la televisión con la remera que lleva inscripta la frase del escritor norteamericano Truman Capote (Soy alcohólico, soy drogadicto, soy bisexual, soy un genio) quedará para la historia, así como la respuesta al conductor que le pregunta si leyó el libro, y él le dice que sí, pero que no lo entendió (incluso la frase está cambiada, y donde Capote escribió homosexual Ricky puso bisexual).
Como Kurt Cobain, también Ricky Espinosa tuvo su acústico en televisión. Y dio entrevistas lúcidas para la caja boba. Incluso respondió preguntas estúpidas con lucidez. Como aquella vez que asistió al programa Forum, de Canal Trece (Grupo Clarín) y “defendió” a un adolescente fans, diciéndole al “juez” que su música no iba a “des-educar” al pibe (como planteaba la madre), porque escuchar una de sus canciones era como mirar una película: no se sale a matar después de ver que un actor asesina en un film, remató Ricky.
Ricky, como su fans adolescente, son pibes de los suburbios, de familia laburante. Por eso Flema –como 2 minutos, como Sin Ley-- no tenían esa distancia que suelen tener los integrantes de una banda con su público, también compuesto por hijos de trabajadores, o a lo sumo, por esa clase media baja que con e menemismo comenzó a irse a pique. Ricky, en ese sentido, no es un niño bien que se rebela y se dedica a la música, que pone su capital simbólico acumulado en función de un proyecto que va a contramarcha de su familia. No: Espinosa es un músico autodidacta, un compositor que se hace bien desde abajo y que a través del punk busca hacer que su interior y su entorno estallen (escribir canciones para sacar la rabia y la frustración afuera).


Nunca entendiste lo que te dijimos
No necesito modelos para hacer lo que yo quiero hacer, canta Ricky en la canción que abre su disco solista, Vida Espinosa, retomando de algún modo uno de los leit-motiv presente en los primeros temas de Flema: el anti-mensaje. Si yo soy así no es por culpa de las drogas/ si yo soy así no es por culpa del alcohol, se escucha en una de las canciones de los primeros tiempos, “Si yo soy así”, que se transformó en una de los himnos de la banda, junto con “Nunca nos fuimos”, tema en donde la crítica social deja de tener un tono solapado para pasar a primer plano. Si la primera canción opera como un índice de desmoralización, la segunda se presenta como un relato descarnado sobre la Argentina neoliberal; una crónica alucinada de un cambio sistémico que no se realiza pero no deja de anhelarse, y de esbozarse como programa . En ella puede escucharse:
Juventud sin futuro, temprana decepción
drogas y violencia, desocupación
estado de muerte, repre-depresión
salario de hambre, locura y ambición
sabes muy bien que la maquina
sin contemplaciones te va a tragar,
pero te resignes y busca venganza
te tomas mil pastillas, y con eso no alcanza
decime, explicame, ¿cual es tu plan?
Jugar a los videos o aspirar poxirran
nosotros con los chicos no nos aburrimos
planeamos atentados contra el presi y los milicos
o quemar alguna iglesia o robar un banco
cantar una canción que exprese nuestro asco!!!

Cuando nos sobra tiempo después de trabajar
tratamos de hacer lo que se llama pensar
no queremos a nadie si nos querés clasificar
somos de esa gente que nadie quiere abrazar

Nunca nos fuimos pero ahora volvimos
porque nunca entendiste lo que te dijimos
Somos tu muerte o tu nacimiento
nuestra negra bandera se agita con el viento
No cague al sistema pero al menos lo intente.

Si reproducimos completa esta letra es porque de algún modo en ella se concentra con mayor ímpetu la posición que da cuenta del hastío ante el mundo, el país heredado y aparece con lucidez una impugnación al orden y la conciencia de las dificultades para salirse de ese callejón sin salida al que parece condenada esa generación.
Aunque también en otros temas posteriores, como “Zafarla”, aparece la crítica social de manera abierta (En este país tenes que zafar/ Si no zafas te van a pisar/Para terminar con tu dignidad/No van a para hasta acabar…/Las clases sociales están bien definidas/ Se rascan las bolas en la oficina y lo obreros se rompen las manos/ laburando, laburando se les va su vida), es en “Nunca nos fuimos” donde aparece con mayor fuerza todo aquello que los detractores de Flema no pudieron o no quisieron ver.


Lo que puede un cuerpo
A Ricky lo velaron en la casa de su tío aquella tarde lluviosa del 30 de mayo de 2002, luego de que se tirara por la ventana de un departamento, mientras se encontraba jugando a la play con algunos miembros de la banda.
La casa y la vereda incluso se llenaron de punks que en un silencio profundo fueron a despedir a quien supo ser, tal vez, el último refrente punk de la Argentina. En medio de ese silencio su padre se preguntó cuánto más respetuoso podría haber sido ese velorio. Silencio, respeto que venía a tirar por la borda los prejuicios de la sala de velatorios que no aceptó el cuerpo de Ricky para que sus padres y fans le dieran su último adiós, por miedo a que los punkys rompieran todo.
Otra vez los estereotipos, aunque ésta vez ya no estaba Ricky para escribir sobre ellos.
¿Qué pasó que aquel día Espinosa cumplió aquello que habían anunciado por años en algunas de sus canciones, que solía repetir de tanto en tanto en medio de una ronda de escabio? ¿Qué sucedió? ¿Se taponó la madriguera? Nunca encontraremos respuestas satisfactorias, más que hipótesis que intenten explicar lo inexplicable más que para cada singular existencia: el motivo profundo que lleva a una persona a quitarse la vida. El hecho es que la línea de fuga de aquella máquina de guerra artística devino de pronto línea de muerte.
Quedó el personaje, sus leyendas, pero también su obra.
Con las palabras que Curly –histórico guitarrista de Sin Ley-- comparte en el documental sobre Ricky nos despedimos, porque de algún modo expresa lo que hoy podemos pensar muchos sobre Espinosa, no el filósofo que afirmó que nunca se sabía lo que un cuerpo puede, sino del artista, el que experimentó en su propia singularidad aquella premisa.
¿Qué le puedo decir a la gente de Ricky? --sostiene Curly--. Que lo escuchen. Que lo escuchen y que no lo canten solamente por cantar. Creo que él nos dejó un mensaje para que nosotros podamos vivir mejor y más libres. Y que no nos dejemos amedrentar ni influir por cosas que no son lo nuestro. Creo que eso Ricky lo tenía muy claro y lo trasmitió en todo momento.



POSDATA
La primera vez que vi a Flema, Ricky no fue. Fue una lluviosa y fría noche del invierno de 1994.
Aquella vez pude sentir el ritmo dionisíaco de los Flema en vivo, pero no verme atravesado por la voz impactante de su cantante. Todavía no había cumplido catorce años, pero los recitales de punk –como tiempo antes los de hardcore-- eran mi gran pasión (podría decir que entonces la semana sólo tenía sentido porque eran los momentos previos a los recitales de los fines de semana). Así que aquella noche volví feliz a mi casa, a pesar de la ausencia.
Tiempo más tarde, con el Tweety –un viejo punk de Quilmes-- armamos una banda: Tiempos de lucha le pusimos. Con esa banda tuvimos la oportunidad de tocar una vez junto a Flema y Sin ley, en un antro situado debajo del Puente Pueyrredón, en Avellaneda, a metros de donde tiempo después sería asesinado Darío Santillán. Pero para aquel entonces aún no había conocido a Darío. De todos modos es poco probable que hubiese asistido al recital, porque si bien compartíamos la pasión por Hermética a él nunca le gustó el punk rock, al resto de pibes y pibas que supieron cultuvar entonces la pasión por la militancia y la música con letras rebeldes y sonido sucio.
El hecho es que esa noche pude ver a Flema en su formación completa, pero de Ricky no conservo ningún recuerdo. Fueron las únicas dos veces, de todas las que fui a ver a Flema, en que podría haber cruzado unas palabras con Ricky. La primera porque eramos tan pocos en ese pub situado en algún lugar perdido del distrito cervecero –donde Quilmes se cruza ya con San Francisco Solano-- que músicos y público pasamos la noche cara a cara, entre mesas y un escenario improvisado en el piso que no marcaba distancias entre ambos; la segunda por el hecho de compartir escenario. Aunque ahora que recuerdo bien hubo una noche en que cruzamos palabras, aunque no mantuvimos una conversación. Fue en un micro que habíamos alquilado con los chicos de los Videos de Alsina de Quilmes para ir a ver a Flema –en realidad a Sin ley, banda que seguíamos a todos lados y que casi siempre tocaba junto a Flema-- a Campana, en la otra punta del Conurbano Bonaerense. Ya de vuelta, casi en el amanecer del día siguiente, mientras cabeceaba en el siento trasero, escucho de repente que alguien me dice algo al oído: Era ricky, sentado a mi lado junto a una chica. Haceme la gamba de pasarte padelante. Creo que me levanté y ni le respondí. O sólo atiné a decirle: dale.
Así era Ricky, o al menos así lo recuerdo: desprejuiciado, a-moral, en el mejor sentido de la palabra (el placer es un pecado).


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